MegaFauna Web. Gigantes Prehistoricos del Periodo Mioceno.
 
   

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*** Paleontología Internacional ***

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Gigantes Prehistóricos del Periodo Mioceno.

El Mioceno es la cuarta división del periodo terciario del cenozoico, que comenzó hace 23,3 millones de años y finalizó hace 5,2 millones de años.

La elevación de las grandes cordilleras montañosas que había comenzado como resultado de la colisión entre placas tectónicas durante el oligoceno, siguió adelante. Entre estas cordilleras, las principales fueron los Alpes en Europa, el Himalaya en Asia y las cadenas montañosas del continente americano. Los sedimentos producidos por la erosión de estos sistemas se depositaron en cuencas marinas poco profundas, para terminar convirtiéndose en la localización de ricos depósitos petrolíferos en California, Rumania y la costa oeste del mar Caspio.

El clima del mioceno era más fresco que el de la época precedente. En el hemisferio sur se había establecido ya un sistema circumplanetario de corrientes oceánicas, que aislaba a la Antártida de las corrientes más cálidas del resto del mundo.

Esto favoreció la aparición de un gran casquete de hielo antártico. En el hemisferio norte, grandes áreas antes cubiertas por espesos bosques se convirtieron en grandes praderas. La fauna del mioceno incluía una serie de mamíferos, entre ellos el rinoceronte, el camello, el gato y el caballo. El mastodonte hizo también su aparición, al igual que el mapache y la comadreja. Durante esta época, los grandes simios, relacionados con el orangután, vivían en Asia y en la parte sur de Europa; estos simios del mioceno son los parientes más próximos de los simios humanoides que aparecieron en el plioceno.

América

África

Europa

Asia

Oceanía

Purussaurus Platybelodon Paramachairodus Archaeotherium Bullockornis
Desmostylus Agriotherium Stegotetrabelodon Hemicyon Nimbacinus
Baguatherium Percrocuta Deinotherium Megantereon Heracles
Pliohippus Ictitherium  Cetotherium Desmatophoca  
Phlaocyon Simbakubwa Cheirogaster Eurhinodelphis  
Enaliarctos   Chalicomys    
Gomphotherium   Amphiperatherium    
Amebelodon   Morenocetus    
Thalassoleon   Megalodon    
Stupendemys        
Aguascalientia        
Pelagiarctos        
Livyatan        
Barinasuchus        
Panamacebus        
Phorusrhacos        
Kelenken        
Argentavis        
Gryposuchus        
Boidae        
Borhyaena        
Patagosmilus        
Astrapotherium        
Diadiaphorus        
Oxyodontherium        
Homunculus        
Glyptatelus        
Pelecyodon        
Nematherium        
Phoberomys        
Megapiranha        
Ophiocrossota        
 

Panamacebus transitus.  Bloch et al., 2016. 
 

             

América Central. Los monos del Nuevo Mundo (platirrinos) forman parte de los ecosistemas tropicales modernos tanto del norte como del sur de América. Sin embargo, estas dos gigantescas masas de tierra estaban separadas por un océano hasta que el istmo de Panamá los unió hace unos 3,5 millones de años. Estimaciones genéticas sugerían que los monos no llegaron a América Central, la parte más meridional de la masa continental de Norteamérica, hasta este momento, pero la ausencia completa de fósiles había limitado el conocimiento de su historia. Los nuevos fósiles del Panamacebus fueron encontrados en la formación Las Cascadas gracias al trabajo de los investigadores, que se vieron obligados a correr detrás de los ingenieros de las obras cada vez que dinamitaban las empinadas orillas del canal. Creemos que el Panamacebus estaba relacionado con el capuchino (también conocido como mono cariblanco) y con los monos ardilla que se encuentran en América Central y del Sur en la actualidad.


Desmostylus hesperus.  Marsh, 1888

Desmostylus Desmostylus Desmostylus Desmostylus Desmostylus Desmostylus Desmostylus Desmostylus Desmostylus Desmostylus

    

Asia (Japón) y América del Norte (costa del Pacífico). Era un ungulados, y tenia 1.8 m de longitud Desmostylus  era un miembro típico de este grupo. Tenía la forma de un hipopótamo y tal vez su comportamiento también fuera similar; e! cuerpo era grueso y las patas robustas, con pies anchos y cuatro dedos ungulados en cada uno. Los huesos de la parte inferior de las patas estaban fusionados, formando un pilar sólido, lo cual significaba que para girar el pie tenía que dar la vuelta a toda la extremidad. Debajo del agua, es probable que el animal se fuera impulsando, como hacen los hipopótamos modernos cuando «caminan» sobre el lecho de los ríos. La parte anterior de las mandíbulas, tanto superiores como inferiores, era alargada y portaba una serie de colmillos que apuntaban hacia adelante, formados por los incisivos alargados y por los caninos. La cabeza del animal debió de parecerse a la de los elefantes de colmillos en forma de paleta, que vivían en esa época. Desmostylus debía de tener una forma de vida anfibia, impulsándose por las aguas poco profundas cercanas a la costa y arrancando moluscos de las rocas con sus colmillos delanteros. También es posible que se haya zambullido hasta e! fondo del mar en busca de alimentos. Algunos paleontólogos suponen que en medio de las mareas se ali­mentaba de algas marinas.


Purussaurus brasiliensis. Barbosa-Rodrigues, 1892.

Purussaurus Purussaurus Purussaurus Purussaurus Purussaurus Purussaurus Purussaurus Purussaurus Purussaurus Purussaurus

Perú. Una expedición de investigadores peruanos encontró fósiles de un cocodrilo de unos 14 metros, el mayor depredador que acechó en la Amazonia, cuando en lugar de la espesa selva había un gran mar tropical, hace 15 millones de años.  Fueron hallados restos del gigantesco esqueleto del cocodrilo, así como la mandíbula y la dentadura, bajo el fango a unos 480 kilómetros al noreste de Lima. El cocodrilo pesaba unas nueve toneladas y la cabeza tenía una longitud de 1.3 metros, mientras que el cuerpo tenía una envergadura de unos 14 metros. Este es el segundo fósil de este tamaño y características que descubren los científicos en las tres últimas décadas, según afirmó Rodolfo Salas, responsable del área de paleontología del Museo de Historia Natural de Perú. Los expertos creen que el cocodrilo se alimentaba de tortugas gigantes, y en el museo de Lima ya hay al menos un fósil de una tortuga de estas características con las marcas de una mordedura del depredador. “El hallazgo del fósil del Purussaurus ayudará a reconstruir su ambiente y a recuperar así un poco del tiempo perdido en el pasado”, dijo Salas. Cerca de los restos del cocodrilo los científicos también encontraron fósiles de otros reptiles más pequeños, así como de perezosos y armadillos gigantes.


Baguatherium jáuregui. Salas, Sánchez & Chacaltana, 2006.

Baguatherium Baguatherium Baguatherium Baguatherium Baguatherium Baguatherium Baguatherium Baguatherium

     

Bagua Chica, Perú. Gracias a unos restos fósiles hallados en Bagua, se ha podido confirmar la existencia en el territorio peruano de esta terrible bestia a quienes los científicos conocen como piroterio. El implacable sol causaba estragos sobre su espalda, pero ni el calor ni el sudor lograban detener sus manos que sujetaban el cincel y la picota de geólogo con firmeza, como si vaticinaran que la brújula y su antiguo localizador satelital (GPS) lo conducirían al tesoro más codiciado entre sus colegas paleontólogos. "Los geólogos a veces tenemos ojos infrarrojos. Nos llama la atención cualquier piedra y nos lanzamos a buscar", rememora y a las pruebas se remite. Ante sus ojos y los del equipo que colaboraba en la excavación, desarrollada en el sector El Milagro, a diez minutos de la ciudad de Bagua Chica, aparecieron el maxilar, algunas vértebras y dientes de un piroterio, uno de los mamíferos menos estudiados del continente, debido a los escasos vestigios de su tipo descubiertos a la fecha. Con los restos desenterrados en Bagua, la comunidad científica pudo finalmente estimar el tamaño del animal, casi tres metros de largo y 2,5 toneladas de peso. Igualmente se verificó que su morfología era similar al 'Pyrotherium romeroi', especie del que se conocía gran parte del esqueleto. Pero ni siquiera son parientes. A diferencia del romeroi, el piroterio de Bagua, 'Baguatherium', era más pequeño y primitivo. Para el hombre contemporáneo parecería un híbrido entre rinoceronte y sachavaca, con una pequeña trompa, colmillos y patas de elefante. Estos fósiles son de una época muy especial en la evolución de la Tierra porque fue entonces cuando se extinguieron los dinosaurios. Hace 60 millones de años Sudamérica semejaba una isla, alejada del resto de tierra firme formada por lo que hoy se conoce como América del Norte, África, Europa, Asia y Oceanía. Mientras animales como los primitivos caballos y camélidos empezaban su evolución en el hemisferio norte, un peculiar grupo de mamíferos se diversificaba miles de kilómetros al sur, durante el período de aislamiento geográfico cuyos resultados aún concitan interés. Los huesos fosilizados de estas especies, que se encuentran entre rocas del período Terciario, pertenecen a linajes ausentes en los demás continentes, razón por la que cuentan con una historia evolutiva propia. Siempre que se habla de los animales representativos del Perú nos referimos a los camélidos, al oso andino y al puma. Casi nadie sabe que estos animales invadieron Sudamérica hace relativamente poco tiempo y que los verdaderos mamíferos nativos de nuestro territorio fueron animales totalmente distintos", dijo. "El de Bagua fue el más grande que existió en su época. Hasta hace 10 años sus fósiles eran prácticamente desconocidos en territorio peruano. Hubo hallazgos en Argentina, Brasil, Colombia y Bolivia, pero limitados. Sin embargo, gracias a los restos encontrados recientemente en nuestro país, ahora se sabe que existieron diversas especies, muchas de ellas nuevas para la ciencia. Decididos a que la reconstrucción paleontológica peruana abandone de a pocos su anonimato, cinco especialistas del Museo de Historia Natural elaboraron un modelo a escala real del piroterio de Bagua, que esperan sea reconocido como 'Baguatherium jáuregui' en homenaje al lugar donde se descubrió y al funcionario del INC que colaboró con las excavaciones.


Stupendemys geographicus. Wood, 1976.

Stupendemys Stupendemys Stupendemys Stupendemys Stupendemys Stupendemys Stupendemys Stupendemys Stupendemys

      

Urumaco, Venezuela. Corresponde a un género extinto de tortugas de agua dulce. Sus fósiles han sido encontrados en el norte de América del Sur, concretamente en Venezuela, en rocas que datan de fines del Mioceno al inicio del Plioceno, hace aproximadamente 6 a 5 millones de años. De la cantidad de fósiles hallados en la expedición de 1972 a Urumaco, se encuentra el caparazón de 23 dm de largo y 19,5 dm de ancho, que dio origen a una nueva especie bautizada con el nombre científico de Stupendemys geographicus que proviene de la combinación de "estupenda", cualidad atribuida a la especie, y el nombre de la organización "National Geographic". En Venezuela se conoce a esta especie bajo el nombre afectivo de uruma, tal como la bautizó el Museo de Ciencias de Venezuela. Según el Dr. Roger Wood, la uruma es el género y la especie de tortuga más grande que haya existido sobre la faz de la Tierra y se cree que se extinguió hace aproximadamente 6 millones de años atrás. De los estudios realizados al fósil, se pudo conocer que se trataba de una tortuga acuática y seguramente ovípara. Su alimentación debió ser de material vegetal y de invertebrados acuáticos. De las tortugas actuales, la Arrau es hasta el momento la más parecida a Uruma, siendo la más grande de las aguas continentales de Venezuela, llegando a medir el especímen hembra hasta 9 dm y 5 dm el macho.


Livyatan melvillei. Lambert et al., 2010.

Livyatan melvillei Livyatan melvillei Livyatan melvillei Livyatan melvillei Livyatan melvillei Livyatan melvillei

      

Región de Ica, Perú y Argentina. Es un género y especie extinto de odontoceto, perteneciente a la familia Physeteridae conocido por un único ejemplar que habitó en lo que ahora es Perú. Se encontró en el desierto de Pisco, Región de Ica, en rocas de hace 12-13 millones de años. Se han encontrado restos fósiles del 75% del cráneo y grandes fragmentos de los maxilares, así como varios dientes (los mayores medían 36 cm de longitud, mucho más que el actual cachalote). Su cráneo medía unos 3 metros de largo y la longitud total debió ser de 13,5 a 17,5 metros. La ballena más parecida a Livyatan melvillei es el actual cachalote (Physeter macrocephalus), aunque la diferencia consiste en que Livyatan poseía dientes en ambos maxilares. Se supone que era un predador agresivo y posiblemente cohabitó y tal vez luchó con otro superdepredador, Carcharodon megalodon, un tiburón que pudo llegar a medir hasta 16 metros de longitud.[ Restos fósiles de muchos animales como ballenas barbadas, zifios, delfines, marsopas, tiburones, tortugas marinas, focas y aves marinas se hallaron en el mismo sitio donde los fósiles de L. melvillei se extrajeron. L. melvillei pudo haber sido el superdepredador de su tiempo, junto con el tiburón gigante, Megalodon, contemporáneo de L. melvillei en el mismo hábitat, y probablemente tenía gran impacto en la estructura de las comunidades marinas del Mioceno. La aparición de cachalotes depredadores en el registro fósil coincide con una fase de diversificación e incremento del tamaño y rango de distribución de los misticetos (ballenas barbadas) en el Mioceno.

Barinasuchus arveloi. Paolillo & Linares, 2007.

Barinasuchus Barinasuchus Barinasuchus Barinasuchus Barinasuchus Barinasuchus Barinasuchus Barinasuchus Barinasuchus

        

Parángula, Venezuela. Pertenece a un grupo extinto de reptiles crocodiliformes venezolano clasificado en la Infraorden Sebecosuchia, descubierto en la Formación de Parángula en el estado Barinas. Su nombre deriva del término “Barinas”, denominación del estado en Venezuela al que pertenece la localidad donde fue hallado y de la latinización en masculino del término griego “souchos”, que significa cocodrilo. El cráneo de 70 cm que comparativamente con otras especies su largo total pudiera llegar hasta 6 m de longitud. Era carnívoro y carroñero. Vivió en el Mioceno medio entre 13 y 15 millones de años, en Sudamérica. Pudo haber alcanzado una velocidad aproximada a los 20 km/h a cuatro patas y un poco más rápido si lograba una marcha bípeda en cortos trayectos. El Barinasuchus arveloi tenia narinas que se ubican en la punta de la cabeza, lo que sugiere que pudo haber vivido más en tierra que en el agua, hay que recordar que las narinas de los crocodiliformes acuáticos actuales normalmente se encuentran de lado a lado sobre una prominencia en la cima del hocico, para respirar sin tener que exponer toda la cabeza fuera del agua y de esa manera emboscar a sus presas en el momento que necesiten el preciado líquido. Motivado a todas las características anteriormente descritas, se conjetura que el Barinasuchus arveloi debió haber habitado en bosques tropicales y subtropicales.


Phorusrhacos longissimus.  Ameghino, 1887.

Phorusrhacos longissimus Phorusrhacos longissimus Phorusrhacos longissimus  Phorusrhacos longissimus

Cráneo en el Museo Jacobacci, San Antonio Oeste, Rió Negro aportado por la Fundación Azara.

Cráneo exhibido en el  Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires Reconstrucción en vivo  (*)

Argentina. Durante mucho tiempo, los carnívoros más exitosos en América del sur fueron aves gigantescas como los Phorusrhacos. Es un género de gigantescas aves depredadoras no voladoras que habitaron la Patagonia, de la familia de las Phorusrhacidae, conteniendo una sola especie; el Phorusrhacos longissimus. Sus parientes más cercanos en la actualidad son los de la familia Cariamidae, llamados también Seriemas o Chuñas, pero su tamaño era mucho mayor que el de éstos; siendo su aspecto más parecido al de un avestruz. Estas aves habitaron en bosques y pastizales. Entre los huesos hallados en el estrato de la Formación Santa Cruz (ahora considerado como principalmente de mediados del Mioceno fecha) fue la pieza de una mandíbula que Florentino Ameghino descubierto a principios de 1887 y el mismo año en que describió por primera vez como una de desdentados mamífero que él nombró Phorusrhacos longissimus. El nombre específico significa "muy largo" en latín , de nuevo en referencia a las mandíbulas inferiores. El holotipo es el ejemplar mandíbula, MLP-118 (Museo de La Plata). En 1889 Ameghino corrigió el nombre a una más correcta gramaticalmente Phororhacos pero el nombre más temprana tiene prioridad. En 1891, fue reconocido por él como un pájaro. Los restos se conocen de varias localidades de la provincia de Santa Cruz , Argentina. Phorusrhacos situó en torno a 2,5 metros de alto y pesaba unos 130 kilos. Fue apodado el "Terror Bird" por razones obvias: es uno de los mayores carnívoros aves que jamás haya existido, y sus alas rudimentarias formadas como estructuras de brazo con garras en forma de un gancho de carnicero para presa frente, que fue asesinado luego con el pico enorme. El ave mataba de dos maneras. En primer lugar sujetando a su presa con su pico y romper contra el suelo varias veces al igual que sus parientes modernos, los chuñas.  En segundo lugar, y más espectacularmente, al golpear hacia abajo con la punta hacia abajo agudo en la parte delantera de su pico superior. Si en la posición correcta, la serie especulado, la espiga podría penetrar en el cráneo y matar instantáneamente. Tenía un cráneo enorme de hasta sesenta centímetros de largo, armado con un poderoso gancho con punta de pico. La estructura del pico y las garras grandes en los dedos demostrar que se trataba de un carnívoro.


Kelenken guillermoi. Bertelli et al., 2007.

Esqueleto de  Kelenken recreado por la Fundación Azara a partir de los restos conocidos.

Cráneo de Kelenken guillermoi, descubierto en Comallo, Provincia de Rió Negro, mide 70 centímetros de largo. (*)

Posible aspecto de Kelenken guillermoi  (*).

Argentina. Es una especie extinta de ave gruiforme de la familia Phorusrhacidae o aves del terror. Es el ave predadora conocida más grande de la historia. Vivió en el Mioceno, hace unos 15 millones de años. Midió más de tres metros de altura, su cabeza (incluyendo el pico) llegó a medir más de 70 cm de longitud, siendo el ave conocida con el cráneo más grande, llegaban a pesar los 160 kilogramos. Kelenken era ágil y podía cazar y devorar roedores, reptiles y pequeños mamíferos; las crías de estas aves alcanzaban los 100 km/h pero los adultos sólo llegaban a los 60 km/h. Su fósil fue encontrado en la Patagonia, concretamente en la estación de tren de Comallo, cerca de la ciudad de Bariloche, Argentina por Guillermo Oscar Aguirrezabala. Los restos constan de un cráneo y fragmentos de un pie y de una pata y se encuentran en el "Museo Paleontológico de Bariloche. Antes del descubrimiento de su cráneo, los científicos interpretaban las cabezas de las grandes aves del Cenozoico como versiones a mayor escala de las de las aves de menor tamaño. Los huesos de la pata y el pie tienen un parecido superficial con los del ñandú, un ave no voladora actual de América del Sur.


Argentavis magnificens. Campbell & Tonni, 1980.
     

Cráneo de Argentavis magnificens. Foto gentileza de Paleogenesis.

El Paleontólogo Rosendo Pascual, comparando el humero de Argentavis y un cóndor.  (Discovery Channel).

Argentavis magnificens  atacando a un Thylacosmilus atrox. (*)

Mariano Magnussen Saffer del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar, junto al ala de Argentavis magnificens, recreada para esta institución a partir de los pocos restos conocidos.

Argentina. Un esqueleto parcial de este enorme teratornítido se encontró de la provincia de La Pampa, Argentina. Es la mayor ave voladora que haya existido. Es también el teratornítido más antiguo encontrado, ya que data de fines del Mioceno, entre 6 y 8 millones de años, y uno de los escasos teratornítidos encontrados en América del Sur. El primer descubrimiento incluyó porciones del cráneo, un húmero incompleto y varios otros huesos del ala. Incluso los cálculos conservadores estiman su envergadura en por lo menos 6 metros, y podría haber llegado hasta los 8 metros. Su peso se estima en alrededor de 80 kg. Su peso y su envergadura rivalizan entonces con los de los más grandes pterosaurios. Por su tamaño, seguro que fue un ave planeadora, limitando el aleteo al carreteo y posterior despegue, aprovechando las fuertes corrientes térmicas para su majestuoso vuelo que provenían del océano Pacifico, antes de que las cordilleras llegaran a las alturas que presentan en la actualidad. Por lo tanto, Argentavis magnificens resulto ser hasta el momento el ave voladora de mayor tamaño del mundo.


Gryposuchus neogaeus. Burmeister, 1885. 

 

Cráneo exhibido en el Museo de La Plata.

 

Paleoreconstruccion. (*)

Argentina y Venuzuela. Es un género extinto de crocodiliano gavialoide. Es el género tipo de la subfamilia Gryposuchinae. Sus fósiles han sido hallados en varios países de Suramérica, como Argentina, Colombia, Venezuela, Brasil y Perú. El género existió durante principios y mediados del período Mioceno. Una especie recientemente descrita, G. croizati, tiene una longitud estimada de 10 metros. La especie tipo de Gryposuchus es G. neogaeus. Especimenes de esta especie fueron descritos inicialmente de Argentina en 1885, aunque fueron referidos al género Ramphostoma.No fue sino hasta 1912 que se le asignó su propio género con la descripción de una nueva especie de Brasil, G. jessei. Algunos gaviales griposuquinos como Siquisiquesuchus y Piscogavialis han sido hallados en localidades que se cree eran depósitos de ambientes costeros. La presencia de Gryposuchus en la formación Urumaco de Venezuela, que incluye estratos marinos, le da crédito a la idea de que los griposuquinos pueden haber vivido en ambientes costeros. Sin embargo, ciertas localidades donde se recuperó material perteneciente a la especie G. colombianus, como la zona de La Venta, Colombia , claramente eran depósitos de ambientes de agua dulce, lo que indica que la hipótesis de un estilo de vida costero para los griposuquinos no puede generalizarse.


Boidae. Gray, 1825.

 

Argentina. Los boidos o boas son una familia de serpientes constrictoras, es decir que matan a sus presas por constricción, encerrándolas en sus anillos. A diferencia de sus cercanas parientes, las pitones (Pythonidae), son ovovivíparas. A ambos lados de la cloaca presentan espolones, que son vestigios de las patas posteriores locomotoras. Entre las boas se encuentran algunas de las especies de serpientes más grandes. Pero en el actual desierto patagónico, hace unos 15 millones de años existía una exuberante selva, semejante a la amazónica, con grandes lagartos, perezosos, monos y mucho más. Hace algunos años atrás, un Paleontólogo del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires se encontraba revisando las colecciones de dicha institución, hallo el fragmento de una enorme vértebra que, en un principio, fue atribuida a restos de un Dinosaurio. Al consultar los registros del inventario del Departamento de Paleontología de Vertebrados "Florentino Ameghino" del Museo, se dieron cuenta los investigadores de que se trataba de un enorme vertebrado que vivió durante el Terciario, mucho después de la desaparición de los grandes reptiles de la Era Mesozoica. La pieza en cuestión fue hallada por el Geólogo Roberto Ferello en el año 1953, en sedimentos de origen continental de la zona comprendida entre los lagos Musters y Colhue Huapi, al sur de la Provincia de Chubut. Hoy sabemos que esta vértebra pertenece al Ofidio (Serpientes y víboras)  mas grande de todos los tiempos. Calculamos después de hacer varias comparaciones con especies vivientes y extinguidas, este enorme animal midió unos 20 metros de largo. Su cráneo tuve que medir unos 70 centímetros, con lo que la abertura bucal le permitía engullir presas de mas de un metro de circunferencia, como los Astrapotherios y otros Notoungulados de la época.


Borhyaena macrodonta.  Ameghino, 1897.
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Esqueleto de borienido, en el MEF. Cráneo y mandíbula en el Museo de La Plata. Aspecto. Tomado de Prehistoric Fauna.

Argentina. Era parecido a un oso, con las patas planas. Fue un marsupial carnívoro del orden Sparassodonta del tamaño de un lobo, de 1,5 metros de longitud. Eran depredadores muy importantes durante el Mioceno de la patagonia Argentina, los cuales se alimentaba de mamíferos notoungulados y armadillos. Las patas cortas señalan que no era un animal corredor, pero seguro que asechaba a sus victimas en los antiguos bosques que existían hace 20 millones de años en los actuales desiertos de la provincia de Chubut.


Patagosmilus goini.  Forasiepi y Carlini, 2010.

 

Fragmento de cráneo con molares y canino de Patagosmilus goini. Colección Museo de La Plata. (*)

 

Aspecto de Patagosmilus goini, cazando un Huayqueriana (*).

Argentina.Es un género extinto de mamífero carnívoro metaterio de la familia Thylacosmilidae que vivió a mediados del Mioceno en América del Sur. Al igual que otros representantes de esta familia, como Thylacosmilus atrox y Anachlysictis gracilis, se caracterizaba por sus enormes colmillos en la mandíbula superior, similares a los conocidos felinos "dientes de sable" (Machairodontinae), de los que eran equivalentes ecológicos sin parentesco algunos. La morfología general de Patagosmilus sugiere que era anatómicamente menos especializado que Thylacosmilus del Plioceno, pero la morfología de los dientes, sin embargo, sugiere que probablemente estaba más estrechamente relacionado con este último, que con el más primitivo Anachlysictis de Colombia. La especie Patagosmilus goini, que debe su nombre al paleontólogo argentino Francisco Goín, especialista en marsupiales, y fue descrita a partir de los restos de un cráneo aplastado y parte de una falange ungual que se descubrió en sedimentos que datan del Mioceno Medio en la orilla oeste del Río Chico, en la provincia de Río Negro en la Patagonia, Argentina y depositados en el Museo de La Plata. Este es el primer representante de Thylacosmilidae del que se han encontrado restos en la Patagonia, y el primer género reconocido aparte de Thylacosmilus y Anachlysictis que es un miembro indiscutido de esta familia. Seguramente un un importante marsupial depredador.


Astrapotherium magnum. Owen 1853.
Astrapotherium magnun Astrapotherium Astrapotherium magnun Astrapotherium magnun Astrapotherium

 

Cráneo y mandíbula de Astrapotherium magnun en el Museo Egidio Feruglio (MEF).

Reconstrucción en vivo del extraño Astrapotherium magnun. Imagen Sergey Krasovskiy.

Mandíbula inferior. Colección Museo de La Plata.

Argentina. Mientras los Marsupiales evolucionaban, los Notoungulados hacían lo mismo para colonizar todos los ambientes. Astrapotherium es un género extinto de mamíferos placentarios del orden Astrapotheria, superorden Meridiungulata propio de Sudamérica. Eran del tamaño de un rinoceronte y probablemente tenían una trompa corta y flexible. Su nombre significa "animal estrella" o "bestia del rayo". El astrapoterio mejor conocido es Astrapotherium magnum del periodo Mioceno Inferior-Medio, cuyos restos provienen de las rocas denominadas Formación Santa Cruz en Argentina, que tienen unos 15 millones de años. Gracias a que estaban atrapados en cenizas volcánicas, ha sido posible reconstruir varios esqueletos completos de astrapotéridos. Un esqueleto casi completo de este animal se encuentra en el Museo MEF de Trelew. La preservación de la columna vertebral casi completa y articulada, hizo imposible extraerla con seguridad. De este modo el ejemplar fue montado con las extremidades flexionadas, como si estuviera echado sobre su vientre. El esqueleto permite apreciar que los astrapoterios eran criaturas bastante distintas a ninguna otra. Astrapotherium era un animal grande, quizás tanto como un búfalo africano (800 Kg) o un rinoceronte indio (1000 Kg), su cuerpo era largo, de cerca de 2,7 metros de longitud y una altura a la cruz de 1,40 metros, con patas relativamente cortas, muy similar en proporciones a un hipopótamo. El cráneo de Astrapotherium era corto pero la mandíbula inferior era larga, los caninos eran largos y los molares macizos; los molares de los astrapoterios recuerdan vagamente a los de los rinocerontes.


Diadiaphorus majusculus.  Ameghino, 1887.

Diadiaphorus Diadiaphorus Diadiaphorus Diadiaphorus Diadiaphorus Diadiaphorus Diadiaphorus Diadiaphorus

Cráneo y mandíbula de Diadiaphorus del Mioceno de Chubut. Al lado, detalle de la estructura de la extremidad. (*)

Aspecto de equino que presentaba el extinto Diadiaphorus, un notoungulado extinto de Sudamérica. (*)

Argentina. La difusión de las planicies abiertas por todo el continente sudamericano contribuyo a la evolución de unos animales corredores de estructura ligera. Los proteroterios (primeras criaturas) eran animales con aspecto de caballos, que vivieron entre el final del Paleoceno hasta el final del Plioceno. Estos han experimentado cambios evolutivos y adaptaciones paralelas a los verdaderos caballos de Norteamérica, incluso mucho antes que en cualquier otro sitio. El Diadiaphorus debió tener un aspecto muy semejante al antílope de cuello corto o un poney. Tenia el tamaño semejante al de una oveja, pero con las patas de un caballo de tres dedos. Aunque los huesos pares de las extremidades (cubito, radio y tibia, peroné) nunca llegaron a fundirse, como ocurrió después con los caballos auténticos, las patas eran largas y delgadas. El digito central (el tercero) era muy grande y soportaba todo el peso del animal, mientras que los dos situados en cada lado (el segundo y el cuarto) se habían atrofiado. La cabeza era corta y gruesa, y la caja craneal era bastante grande. Debido a que las coronas dentarias eran bajas, es probable que Diadiaphorus ramoneara la vegetación mas blanda, los arbustos y los árboles de las planicies patagónicas. Otra especie conocida; Diadiaphorus caniadensis (Kramarz & Bond, 2005).


Oxyodontherium zeballozi. Ameghino 1883.

 

Cráneo de Oxyodontherium zeballosi, exhibido en el Museo de Cs Naturales y Antropológicas de Mendoza.   Aspecto de un macrauquénido, por el paleoartista Daniel Boh.

Argentina. Era un animal más robusto y corpulento que un caballo, de miembros largos, con tres dedos en cada pie, como los tapires, un cuello largo como el de una jirafa, cuyo nicho ecológico ocupaba con formas intermedias que recuerdan al okapi y un cráneo pequeño y provisto, en vida, con una corta trompa parecida a la de un tapir. Estos macrauquénidos son una familia extinta de mamíferos placentarios del orden Litopterna perteneciente al superorden Meridiungulata. La dentadura de todo el grupo presenta la dotación de los primeros mamíferos, con 44 dientes. El nicho ecológico fue posteriormente ocupado por litopternos de mayor tamaño y en la actualidad en parte por el guanaco. 


Homunculus patagonicus. Ameghino, 1894.

Homunculus patagonicus Homunculus patagonicus Homunculus patagonicus Homunculus patagonicus Homunculus patagonicus

Cráneo del primate Homunculus in situ en el sedimento. (*)

Cráneo de Homunculus patagonicus depositado en el Museo de Paleontología de Córdoba.

Reconstrucción en vivo. (*)

Argentina. Es la única especie del género monotípico extinto de primate platirrino Homunculus, el cual vivió en la Patagonia argentina, en el sur de América del Sur, durante el Mioceno inferior. Fue un primitivo primate (monos) aloctono, cuyos ingreso al continente fue hace 30 millones de años según la evidencia fósil reunida hasta el momento. Vivió en el Rió Pinturas, en la Patagonia Argentina durante la edad Santacrucense. El hallazgo de estos mamíferos indican que durante parte del Mioceno temprano, el sur Argentino tenia condiciones ambientales muy semejantes a las que hoy podemos observar en la selva misionera y amazónica. Su tamaño es muy pequeño y no pesarían mas de 1 kilogramo. Al igual que sus representantes vivientes, su dieta era omnívora. Comían insectos, frutos, pequeños mamíferos etc. Lo que mas llama la atención de estos primates es su "encefalizacion progresiva", es decir, el aumento de la corteza cerebral a comparación de su tamaño, lo que le permitiría retener información e inteligencia, pero en este periodo algo muy remoto. La especie tenía el rostro relativamente corto y órbitas de moderado tamaño, lo cual sugiere que se trataba de una especie con hábitos diurnos. El cráneo era grácil y carecía de cresta sagital. Tenía una masa corporal de alrededor de 2,7 kilogramos. Basándose en la morfología dental, se trataba de una especie frugívora que complementaba con hojas para suplir su dieta. De acuerdo a los restos postcraneales probablamente se trataba de un cuadrúpedo. sinonimo Anthropops perfectus.


Glyptatelus tatusinus.  Ameghino, 1897.

 

Fragmentos de placas óseas de Glyptatelus. (*)

 

Aspecto en vida de Glyptatelus por Julio Lacerda. (*).

Argentina y Uruguay.  Pertenecen a una familia muy particular de Xenarthros extinguidos, los "Glyptodontidae". Tenían una coraza ósea (Cingulata) autóctonos de América del sur, de tamaño mediano, alcanzando una notable diversificación durante el Plioceno y Pleistoceno. Su caparazón óseo, espeso y rígido, formado por placas soldadas entre si, con dentición especializada para la dieta herbívora, alimentándose principalmente del pastoreo se convirtieron rápidamente en animales exitosos para los pronunciados cambios climáticos que se aproximaban. Su coraza no les permitía realizar grandes movimientos ni realizar cuevas, ya que estas no presentaban bandas móviles como los peludos y mulitas actuales. Su cola probablemente estaría provista de unos anillos óseos y un tuvo largo al final de la misma, como los ejemplares mas recientes extintos, pero la ausencia por ahora de estos restos no afirma de que sea así. Su cráneo era grande y tosco, cubierto en la parte superior por un escudete de placas, lo que protegía al animal cuando era atacado por predadores de la época, como las gigantescas Aves o los Marsupiales dientes de sable. Sus patas eran muy cortas y robustas como para soportar el peso del animal. Su fémur totalmente desproporcionado a comparación a otros huesos largos, y la pelvis soldada al caparazón del animal. El mismo vivió durante el Mioceno de Chubut, Argentina.


Pelecyodon cristatus. F. Ameghino, 1891.
 

Cráneo y mandíbula de Pelecyodon cristatus, hallado en el extremo austral de Patagonia, Estrecho de Magrallanes. Museo de Paleontología de la Universidad de Córdoba.

Cráneo completo y mandíbula inferior de Pelecyodon del Mioceno temprano de Santa Cruz. Museo de La Plata.

Aspecto en vida de Pelecyodon cuando la Patagonia era una selva tropical. (*)

Argentina. Durante el Mioceno, hace 20 millones de años, los Xenarthros estaban representados y adaptados en América del sur, el cual, en el Mioceno se encontraba geográficamente bien distribuido por la actual patagonia Argentina. Pelecyodon era de tamaño chico, media hasta un metro de largo, a diferencia de sus gigantescos parientes del Pleistoceno que superaban los cuatro metros de altura. Tenia garras muy desarrolladas y curvas (una característica común entre los mamíferos edentados) seguro debe haberse visto desplazarse sobre sus nudillos anteriores. Es muy probable que pasara la mayor parte de su tiempo en las copas de los árboles, sujetándose de sus garras y alimentándose de frutos suculentos en los tupidos bosques sub tropicales del Mioceno. Como todos los edentados,  Pelecyodon tenia pocos dientes y sin esmalte. Sus mandíbulas solo tenían cuatro pares de dientes. Si bien hoy en día la Patagonia Argentina es un gran desierto, durante el Mioceno estaba constituida por grandes y extensas selvas, evidenciado por la diversidad faunistica y botánica recuperada. Este animal esta emparentado con el Perezoso de Tres Dedos (Bradypus), que vive actualmente desde el norte de Argentina a Nicaragua. Otras generos relacionados; Eucholoeops ingens y Pseudhapalops s.p.


Nematherium angulatum. Ameghino, 1887.

 

Cráneo de Nematherium sp en el Royal Ontario Museum. (*)

 

Aspecto en vida de Nematherium. (*)

Argentina. Los pilosos son un orden de mamíferos placentarios que incluye los osos hormigueros, los tamandúas y los perezosos. ​ En la actualidad existen únicamente en el continente americano. El origen del orden se remonta a principios del Terciario (hace alrededor de 60 millones de años, poco tiempo después de la extinción de los dinosaurios). El género  Nematherium de tamaño algo mayor a otros xenarthros, unos 2,5 metros de largo, aunque la ausencia de fósiles, no ayuda a tener la suficiente información. Serían de ambientes cerrados, consumidores de hojas, frutos y posiblemente tubérculos o raíces gracias a su mayor capacidad cavadora. Probablemente era de movimientos lentos, usando sus garras delanteras como arma defensiva. Aunque se consideró vegetariano, algunos científicos plantean la posibilidad de que hubiese consumido alternativamente carroña., tema aun en  discusión.  Posiblemente al igual que otros perezosos, exhibe la interesante característica de poseer pequeños osteodermos, huesos insertos en la piel, que presumiblemente añadirían alguna protección al animal. Sus restos fueron recuperados en Formación Santa Cruz, Mioceno temprano de la Patagonia Argentina. Otras géneros relacionados; Analcitherium Ameghino (Mylodontidae) y  Prepotherium Ameghino (Megatheriidae).


Phoberomys burmeisteri. Ameghino, 1886.

Fragmento de rama mandibular de Phoberomys en el Museo de La Plata.

Cráneo de Phoberomys recreado en cartón con interesantes detalles, realizado por Luciano Reuil.

Tamaños comparativos con un humano y un carpincho, el roedor viviente de mayor dimensión. (*)

Argentina, Colombia y Venezuela. Era un roedor caviamorfo endémico y autoctono (?) de América del sur, de tamaño grande. Generalmente cuando hablamos de roedores nos imaginamos las ratas o lauchas. Phoberomys burmeisteri era algo mas grande que un cerdo domestico y superaría los 200 kilos de peso. Esta emparentado con el súper roedor del Plioceno "Telicomys" (ver). Su cuerpo era grande y de aspecto rechoncho. Sus extremidades eran largas y angostas. Su maxilares y ramas mandibulares estaban provistas por cuatro molares y incisivos con 2 centímetros de espesor. Su dieta estaría adaptada a los follajes mas duros de la región. Estos ejemplares son solo conocidos por piezas aisladas que no aportan mucha información sobre su morfología.


Palaeospheniscus bergi. Moreno y Mercerat, 1891

Aspecto de como seria el esqueleto del pingüino mioceno Palaeospheniscus. (*). Cráneo de Palaeospheniscus  comparado con un pinguino actual de tamaño promedio (*).

Aspecto de Sphenisciforme en estudio. Imagen prensa.

Argentina y Peru. El género Palaeospheniscus fue nombrado por François Moreno y Alcide Mercerat en 1891 para designar una serie de especímenes fósiles procedentes de la Patagonia argentina. La especie tipo del género corresponde a Palaeospheniscus patagonicus, cuyo holotipo consiste en un tarsometatarso aislado que se encuentra depositado en el Museo de La Plata, Argentina y proceden de la Formación Gaiman (Mioceno temprano). Capas portadoras de fósiles marinos del Cenozoico medio afloran en cerro Plataforma en la Provincia del Chubut. Aquí fueron hallados restos de pingüinos y un diente de tiburón bien preservados, además se encontraron fósiles de invertebrados se incluyen corales, briozoos, abundantes moluscos, equinoideos y cangrejos. Muchos de los fósiles de pingüinos hallados en Patagonia han sido asociados a este género, al punto que en 1946 George Gaylord Simpson mencionaba nueve especies (la mayoría de las cuales Simpson consideraba sinónimos de la especie tipo). El mismo autor, en una revisión posterior realizada en 1975, solo consideraba validas cuatro especies. En la actualidad solo se incluyen tres especies en el género: Palaeospheniscus patagonicus, Palaeospheniscus bergi y Palaeospheniscus biloculata. Igualmente, los géneros patagónicos Paraspheniscus, Trelewdyptes, Chubutodyptes y Perispheniscus han sido actualmente incluidos en alguna de estas tres especies. Los análisis recientes sugieren que Palaeospheniscus se encuentra más próximo a los pingüinos vivientes que a los pingüinos gigantes del Paleógeno o al género Paraptenodytes. Seguramente fue un gran nadador y se alimentaba principalmente de peces. Llego a medir unos 80 centímetros de altura.

 

Pliohippus mirabilis. J. Leidy, 1858.

Pliohippus Pliohippus Pliohippus Pliohippus Pliohippus Pliohippus Pliohippus Pliohippus Pliohippus Pliohippus Pliohippus

Califórnia, Texas, Estados Unidos. Uno de los últimos en la gran línea de evolución de los caballos fue el Pliohippus, un caballo que se extinguió hace unos cinco millones de años. El Pliohippus evolucionó en América del Norte hace unos 15 millones de años. Fue el primer caballo en tener un solo dedo en cada pata. Los caballos más primitivos sólo tocaban el suelo con un dedo, pero aún tenían dos dedos laterales en forma de pequeñas sobrecañas. El Pliohippus era ligeramente más pequeño que los caballos modernos, y sus dientes no estaban tan profunda­mente enraizados. Es una forma importante puesto que se extendió por América del Norte y dio lugar a una forma que invadió América del Sur (y que ya se extinguió) y al verdadero caballo moderno que se extendió por el mundo y fue domesticado más tarde por los humanos.


Miohippus validus. Osborn 1894. 

 

      

Estados Unidos. Es un género extinto de équidos de la subfamilia Anchitheriinae. Los fósiles se encuentran en Norteamérica; parece haber evolucionado del género Mesohippus, con el que coexistió durante cuatro a ocho millones de años. Los ejemplares pesarían entre 40 y 55 Kg, siendo más grandes que la mayoría de los primeros équidos del Eoceno, pero menores que los caballos actuales. Era algo más grande que Mesohippus, y con el cráneo ligeramente más largo. También tenía una cresta adicional en sus molares superiores, lo que le permitía masticar hierba con mayor efectividad. Algunas especies estaban adaptadas a la vida en los bosques, y otras a la vida en las praderas. Miohippus fue nombrado por Marsh en 1874 y su especie tipo es Miohippus annectens. Fue asignado a la familia Equidae por Marsh en 1874. Fue sinonimizado subjetivamente con Mesohippus por Matthew en 1899.


Pelagiarctos thomasi.  Barnes, 1988.

Pelagiarctos Pelagiarctos Pelagiarctos Pelagiarctos Pelagiarctos Pelagiarctos Pelagiarctos Pelagiarctos

Califórnia, Estados Unidos. Las investigaciones que se han realizado gracias a este nuevo fósil,  revelan que este animal era un diestro depredador de otros animales marinos gracias a sus robustas mandíbulas con grandes caninos. Además, este tipo de morsa, conocida como Pelagiarctos y que ya se extinguió, era capaz, gracias a su morfología, de devorar grandes presas sin discriminar: se alimentaba de peces, invertebrados y, en ocasiones, podía también comer presas de sangre caliente. Lo más característico de las mandíbulas de esta morsa asesina es que son muy grandes y sus huesos se fusionan en la barbilla, como en el caso de los hombres. Los grandes dientes son parecidos a los que tienen los animales 'rompe-huesos' como las hienas. Esta morsa vivió hace 15 millones de años, en un momento de calentamiento global en la Tierra.

Morenocetus  parvus. Cabrera, 1926.

 

Cráneo de  Morenocetus parvus de la colección del Museo de La Plata. Prensa.  

Aspecto en vida de Morenocetus parvus por el paleoartista Jorge Gonzalez.

Argentina. Se puede distinguir del único otro balaenido mioceno, Peripolocetus, por tener un proceso cigomático expandido. La longitud del cuerpo de Morenocetus se estima en unos 5 metros, alimentándose de pequeños invertebrados marinos. El primer balaenido reconocido es el Mioceno temprano Morenocetus parvus en Argentina. Se describió brevemente a partir de dos cráneos incompletos, una mandíbula y algunas vértebras cervicales recogidas de la Formación Gaiman del Mioceno inferior de la Patagonia. Desde entonces no ha sido revisado, por lo que sigue siendo un cetáceo fósil frecuentemente citado pero enigmático con gran potencial para arrojar luz sobre la historia temprana de la corona Mysticeti. Pero estudios recientes, demuestran que Morenocetus es el balaenido extinto más antiguo hasta ahora, aunque un espécimen chaeomysticete de depósitos marinos del Oligoceno tardío en Nueva Zelanda como un posible representante en la línea evolutiva de los balaenidos. La optimización de la longitud corporal en nuestra filogenia de Balaenidae sugiere que la condición primitiva fue una longitud corporal relativamente pequeña representada por Morenocetus, y que el gigantismo se ha adquirido de forma independiente al menos dos veces (en Balaena mysticetus y Eubalaena spp.) con la aparición más temprana de este rasgo en el Plioceno tardío Mioceno-temprano representado por Eubalaena shinshuensis.


Carcarocles megalodon.  Agassiz, 1843.

Carcarocles megalodon Carcarocles megalodon Carcarocles megalodon Carcarocles megalodon Carcarocles megalodon

Mandíbula de Megalodon recreada a tamaño natural en el Museo Paleontológico de Bariloche.

Diente del tiburón Carcarocles megalodon, común del Mioceno de Patagonia y Entre Ríos, Argentina. (*)

Reconstrucción del gigantesco Carcarocles megalodon. (*)

América, Asia, Europa, Africa y Oceania. Durante el periodo Mioceno, en lo que hoy es el Cerro Gualicho en la Provincia Patagonica de Rió Negro, entre 10 y 12 millones de años atrás, el mar ingreso numerosas veces al continente, depositando sedimentos con restos fósiles de vertebrados e invertebrados marinos muy llamativos, sobre todo por sus dimensiones. Carcarocles megalodon, fue un Selaceo (Tiburón) del cual solo se han preservado como fósiles sus enormes dientes, ya que al igual que sus descendientes tenían un esqueleto cartilaginoso, el cual no se preservo en los sedimentos. Pero los estudios de anatomía comparada realizados en los últimos años brindaron muchos datos importantes. Carcarocles pudo tener unos 20 metros de largo y pesar hasta 50 toneladas. Los paleontólogos creen que se extinguió hace 2,5 millones de años, durante el inicio del Pleistoceno. Otros piensan que podrían vivir en la actualidad en aguas muy profundas, al igual que las especies de tiburones descriptas recientemente. Carcarocles megalodon, tenia unos 45 kilogramos de dientes, los cuales variaban su tamaño desde unos pocos centímetros hasta los 20 centímetros y cada uno pesaban 300 gramos. Se alimentaban principalmente de ballenas, lobos marinos primitivos y grandes peces. Sinonimia: Procarcharodon megalodon Casier, 1960 y Megaselachus megalodon Glikman, 1964.


Megapiranha paranensis.  Cione et al. 2009.
     

Fragmento mandibular. (*) Fragmento mandibular. (*) Reconstrucción. (*)

Argentina. En el Museo de La Plata revelan un enigma paleontológico. El ejemplar medía más de un metro. Que hace unos 10 millones de años los ríos de la Mesopotamia Argentina, estaban habitados por una megapiraña -un pez carnívoro de más de un metro de largo- era algo que se suponía desde hace tiempo. Sin embargo hasta el momento no había pruebas de su existencia. Fue un investigador platense quien las halló; no en un trabajo de campo, sino revisando antiguas cajas con fósiles indiferenciados en los depósitos del Museo de Ciencias Naturales de La Plata. La reciente publicación de su hallazgo despertó gran interés, tanto en el ámbito de la paleontología como en el de la divulgación científica. Revistas como la National Geographic se hicieron eco del descubrimiento del doctor Alberto Cione, paleontólogo del Museo de La Plata e investigador del Conicet. Es que su hallazgo vino a resolver además un misterio paleontológico: el del salto evolutivo que separa a las pirañas actuales con el pacú, un pariente herbívoro mucho más primitivo. Aunque se conoce ahora, la historia del descubrimiento se remonta a fines de los '80, cuando Cione -a cargo de la colección de peces de la división de Paleontología de Vertebrados- revisaba antiguas cajas con material fósil sin identificar. Esas piezas habían sido desenterradas de las barrancas del Río Paraná, cerca de la localidad de Villa Urquiza, hacia el 1900, y desde entonces permanecían guardadas. Ancestro directo de las actuales pirañas, aunque de un tamaño cinco veces mayor, las megapirañas habrían habitado los ríos, y quizás también las lagunas, de la mesopotamia hace entre 8 y 15 millones de años. Nadie está seguro, sin embargo, de qué se alimentaban exactamente. Es posible que su dieta fuera diversa, como la de las pirañas actuales, que si bien son eminentemente carnívoras, también comen plantas y frutos. Lo que sí se sabe es que coexistían con enormes bagres, delfines de agua dulce, tortugas y cocodrilos de muy diversos tipos, incluso uno labial de rostro alargado; toda una fauna que se extendía por una amplia región geográfica hasta el Amazonas. Pese a que las únicas pruebas de su existencia se hallaron en nuestro territorio, es muy probable que las megapirañas hayan llegado a habitar también gran parte de los ríos de Sudamérica. Por entonces las temperaturas globales eran mucho mas altas que ahora, y las cuencas del Paraná y el Amazonas no estaban, como hoy, aisladas una de otra.


Ophiocrossota kollembergorum. Caviglia, Martínez & del Río, 2007.

 

Ophiocrossota kollembergorum, hallado en Punta Maqueda. Formación Chenque, en la provincia de Chubut. (*)

 

Aspecto de un Ophiuroidea. (*)

Argentina. Los ofiuroideos son una clase de equinodermos). Presentan simetría pentarradial y tienen un aspecto parecido a las estrellas de mar (asteroideos), con cinco brazos que salen de un disco central. Seguramente, ofiuroideos y asteroideos son grupos hermanos.  Un fósil muy interesante corresponde justamente a Ophiocrossota kollembergorum (Ophiuroidea), Punta Maqueda. Formación Chenque , en la provincia de Chubut. Tienen el cuerpo pequeño y aplanado formado por un disco redondeado por cinco brazos articulados muy finos y largos que surgen bruscamente del disco central y pueden estar ramificados. La boca está compuesta por cinco placas móviles que actúan como mandíbulas. Carecen de ano, por lo que su tubo digestivo es incompleto. Los materiales no digeridos se expulsan por la boca. El esqueleto es de gran similitud al de las estrellas de mar, salvo por la presencia de vértebras esqueléticas en los brazos, que reducen u obliteran completamente la cavidad celomática.


Phlaocyon leucosteus.  Matthew, 1899.

Phlaocyon Phlaocyon Phlaocyon Phlaocyon Phlaocyon Phlaocyon Phlaocyon Phlaocyon Phlaocyon Phlaocyon Phlaocyon

   

América del Norte (Nebraska). Tenia 80 cm de longitud Así como Phlaocyon tenía un parecido su­perficial con los felinos, Phlaocyon se ase­mejaba más a los mapaches (prociónidos). Sin embargo, por varios rasgos del cráneo resulta evidente que pertenecía a la familia de los perros (cánidos), si bien era un miembro muy primitivo. Es probable que Phlaocyon leucosteus viviera de una forma bastante similar a los mapaches actuales. Si bien tenía las patas típicas de los perros, los miembros estaban adaptados para subir a los árboles, más que para correr. Tenía la cabeza corta y ancha, con los ojos dispuestos en la parte anterior. La mandíbula superior de esta criatura era curva, como la del mapache, y tanto los premolares como los molares estaban he­chos para moler, y no incluían las cuchillas para desgarrar la carne que caracterizan a los perros. Esta dentadura permite suponer que Phlaocyon era omnívoro y que tenía una dieta combinada de semillas, frutos, insec­tos y huevos de aves, además de mamíferos pequeños y aves.


Enaliarctos mealsi. Mitchell & Thedford, 1973.

Enaliarctos Enaliarctos Enaliarctos Enaliarctos Enaliarctos Enaliarctos Enaliarctos Enaliarctos Enaliarctos Enaliarctos

     

América del Norte {costa del Pacífico).Tenia 1,5 m de longitud. Este mamífero marino de aspecto primitivo representa una de las primeras etapas de la adaptación de un carnívoro terrestre a una forma de vida marina. Enaliarctos mealsi, se encuentra casi a mitad de camino entre la nutria y el león marino. Sus muelas todavía tenían cuchillas para desgarrar la carne (carniceras), como las de los perros terres­tres. El cuerpo era fusiforme y bastante pa­recido al de la nutria, con patas definidas y cola, aunque los pies ya se habían modificado para convertirse en aletas. Es probable que Enaliarctos tuviera una manera de vivir bastante parecida a la de la nutria de mar moderna, pasando parte del tiempo sobre la tierra, además de en el mar, y consumiendo una variedad de animales marinos, incluidos tanto los peces corno los crustáceos. Sin embargo, ya habían aparecido algunas de las características de los leones marinos, como los ojos grandes, los sen­tidos complejos asociados con los bigotes y la especialización del oído interno para de­tectar la dirección del sonido debajo del agua. Todos estos sentidos le servían a Enaliarctos para localizar a sus presas. Es probable que el olfato tuviera un papel insignifi­cante para cazar, como ocurre en los pinnipedos actuales.


Aguascalientia panamaensis.  Rincón et al, 2012.

 Aguascalientia Aguascalientia Aguascalientia Aguascalientia Aguascalientia Aguascalientia Aguascalientia Aguascalientia

         

Panamá. América Central. El hallazgo reciente de fósiles muestra que pequeños camellos con grandes hocicos deambularon por la selva tropical de Panamá hace unos 20 millones de años. Un estudiante de doctorado de geología de la Universidad de Florida encontró los fósiles de camello cuando analizaba el sedimento de una zona de obras en el Canal de Panamá. La especie no tiene joroba, a diferencia de los actuales rumiantes y una de las dos especies encontradas al parecer se levantaba en dos patas. Los investigadores creen que los camellos, Aguascalientia panamaensis y Aguascalientia minuta, posiblemente utilizaron sus afilados dientes para masticar follaje exuberante y fruta. El hallazgo está despertando dudas sobre hace cuánto tiempo se creó el istmo y el descubrimiento de un fósil de mamífero puede ayudar a los científicos a entender mejor qué sucedió cuando las Américas del Norte y el Sur finalmente se conectaron. Aunque es un país relativamente pequeño, Panamá tiene gran importancia científica porque sirve como el puente terrestre que une al continente. Cuando se creó esta puerta entre los continentes, hubo un cambio global en los mares: los océanos Pacífico y Atlántico se separaron y comenzó un gran intercambio de animales, llevando a algunas especies a la extinción y otras a adaptarse. Los científicos pensaron durante mucho tiempo que el istmo se creó hace 3,5 millones de años, pero ahora han descubierto especies de camellos que vivieron en el área unos 17 millones de años antes


Gomphotherium angustidens.  Burmeister, 1837.

Gomphotherium Gomphotherium Gomphotherium Gomphotherium Gomphotherium Gomphotherium Gomphotherium Gomphotherium

Europa (Francia), África (Kenia), Asia (Pakistán) y América del Norte (Nebraska). Tenia 3 m de altura Este mastodonte de cuatro colmillos estaba muy difundido y sus fósiles han aparecido en cuatro continentes. Como consecuencia de esto, el mismo animal fósil ha recibido varios nombres, entre los que se incluyen Trilophodon y Tetrabelodon. La mandíbula inferior, con sus colmillos paralelos, era muy larga. Probablemente se utilizaba en combinación con una trompa igual de larga, situada en la mandíbula su­perior. Hubo una reducción progresiva de la can­tidad de dientes, pero los que quedaron de­sarrollaron una cantidad de rebordes elevados, o cúspides, para aumentar la superficie donde se molía. Esto era necesario para procesar las enormes cantidades de alimentos vegetales que se necesitaban para satisfacer a un animal de semejante corpulencia. La mayoría de los miembros del género Gomphotherium comían las hojas de los ar­bustos, pero una especie vivía en las ciéna­gas y se aumentaba de plantas acuáticas tiernas.


Amebelodon britti.  Barbour, 1927.

Amebelodon Amebelodon Amebelodon Amebelodon Amebelodon Amebelodon Amebelodon Amebelodon Amebelodon

      

América del Norte (Colorado, Nebraska). Tenia 3 m de altura. Amebelodon era un miembro típico de !a familia de los gonfotéridos, alto y con colmillos en forma de paletas, que ramoneaba por las praderas de América del Norte, durante el final del Mioceno. Hace alrededor de 10 millones de años, los bosques se habían convertido en vastas praderas secas, un ambiente más adecuado para los anima­les corredores ungulados, como los caballos. Pero también atravesaban las planicies muchos ríos sinuosos en los que abundaban las plantas acuáticas exuberantes. En este nicho se desarrolló Amebelodon. Por el tamaño de su cuerpo y la apariencia general, Amebelodon se parecía a los elefantes modernos; aunque el cráneo y los colmillos eran muy diferentes. Los colmillos aplanados de la mandíbula inferior, alargada, estaban el uno junto al otro, formando una especie de pala que se proyectaba más de 1 m y tenía un borde cortante como el de una espada. Se supone que Amebelodon sujetaba las plantas acuáticas que le servían de alimento entre la trompa aplanada y los colmillos, las arrancaba del barro del fondo del río y des­pués las empujaba con la trompa a lo largo de la pala, hasta introducirlas en la boca.


Thalassoleon mexicanus.  Repenning y Tedford, 1977.

Thalassoleon Thalassoleon Thalassoleon Thalassoleon Thalassoleon Thalassoleon Thalassoleon Thalassoleon Thalassoleon

México y Estados Unidos. Las focas, los leones marinos y las morsas evolucionaron de antepasados similares a osos en el oligoceno (33,7-23,5 millones de años atrás). Los primeros tipos se parecían a las nutrias, pero tenían manos y pies con forma de aletas y grandes ojos que les permitían ver mejor dentro del agua. Para fines del mioceno, las focas se habían diseminado por el mundo, mientras que las morsas y los leones marinos, como el Thalassoleon, evolucionaron en el hemisferio norte.


Amphiperatherium frequens. Von Meyer, 1846.

Amphiperatherium Amphiperatherium Amphiperatherium Amphiperatherium Amphiperatherium Amphiperatherium Amphiperatherium

         

España, Europa. Este grupo de mamíferos, que se caracterizan porque las crías completan su desarrollo en el interior de la bolsa marsupial materna (o marsupio), habitaron también en épocas pasadas en África, Asia y Europa. En estos tres continentes, los marsupiales se fueron extinguiendo a lo largo del Terciario, y el último registro en Europa data del Mioceno. La especie fósil hallada en tierras castellonenses, cuyo nombre científico es Amphiperatherium frequens, está emparentada con los marsupiales americanos, ya que forma parte de la familia de los didélfidos, a la que también pertenecen las zarigüeyas actuales. El ambiente donde vivían estos animales debió tratarse de una zona boscosa subtropical, en las cercanías de un gran lago que abarcaba los actuales términos municipales de Alcora y Ribesalbes. En la parte profunda del lago se depositaron los sedimentos que constituyen el clásico yacimiento paleontológico de conservación excepcional de Ribesalbes, que ha proporcionado "magníficos" fósiles de plantas, insectos y anfibios. En una etapa posterior, en los fangos de las riberas del lago se acumularon los restos esqueléticos de mamíferos que constituyen los yacimientos de Araia. Para su obtención, se tuvieron que procesar varias toneladas de sedimento, que fue tamizado para eliminar las arcillas y los limos. Posteriormente, se procedió a triar el residuo grano a grano para extraer los fósiles, que consisten sobre todo en dientes aislados. Para su estudio se requieren técnicas de microscopía electrónica, ya que estas piezas dentarias poseen un tamaño que no suele superar el milímetro.

Cheirogaster bolivari. E. Hernández-Pacheco,1917

Cheirogaster Cheirogaster Cheirogaster Cheirogaster Cheirogaster Cheirogaster Cheirogaster Cheirogaster Cheirogaster

            

Murcia, España. Es una especie de tortuga terrestre gigante, cuyos caparazones superan el metro de diámetro y pesan más de una tonelada, que datan de hace más de seis millones de años. El hallazgo de los cuatro caparazones, dos de ellos todavía sin extraer, se produjo el pasado octubre durante las obras de construcción del tercer carril de la autovía A-31, que une el Puerto de la Cadena con el polígono de San Ginés, por parte de la empresa constructora, y fue certificado por la Asociación Cultural Paleontológica Murciana. Los trabajos llevados a cabo por los técnicos han conllevado también la recuperación de 35 fragmentos de fósiles y huesos de bóvidos y caballos, entre otros animales, como falanges, vértebras, dientes o costillas. La hipótesis de que hace más de 11 millones de años la zona estaba cubierta por el mar, poco a poco fue saliendo a la superficie y surgió un delta que fue introduciendo sedimentos desde el mar que arrastraron los caparazones de las tortugas muertas al lugar donde se han encontrado.


Platybelodon grangeri. Osborn, 1929.

Platybelodon Platybelodon Platybelodon Platybelodon Platybelodon Platybelodon Platybelodon Platybelodon Platybelodon

Europa (Montañas del Cáucaso), Asia (Mongolia) y África (Kenia). Tenía 3 m de altura. Platybelodon era otro animal con colmillos en forma de paletas, similar a Amebelodon, que vivió en Europa y Asia. Tenía las paletas mas cortas y mas anchas estaban hendidas a ambos lados para dejar lugar a los colmillos de la mandíbula superior. Es evidente que el estilo de vida de Platybelodon era muy parecido al de Amebelodon: se bañaba en aguas poco profundas y arrancaba plantas acuáticas. El hecho de que en esta época vivieran en Eurasia y América del Norte distintos tipos relacionados de proboscídeos indica la existencia de una ruta migratoria entre estas dos masas continentales, que atravesaba un istmo que había donde hoy está el estrecho de Bering. Los animales con colmillos en forma de paletas presentan una espedaliíadón exce­siva para un tipo determinado de alimentación. Como ocurre con las demás criaturas demasiado especializadas, eran sumamente vulnerables a los cambios ambientales y no vivieron durante demasiado tiempo.


Simbakubwa kutokaafrika. Borths & Stevens, 2019.

África (Kenia). Es una especie y género extintos de mamífero perteneciente a la familia Hyainailouridae, comprendida en el orden Hyaenodonta. Vivió a principios del Mioceno y sus restos fueron hallados en Kenia. El espécimen tipo fue recuperado de depósitos datados en 23 millones de años de antigüedad. Con un peso estimado en alrededor de 1,500 kilogramos, puede haber sobrepasado al actual oso polar en tamaño. Los fósiles de Simbakubwa fueron descubiertos originalmente por Matthew Borths y Nancy Stevens cuando estaban examinando los fósiles alojados en el Museo Nacional de Nairobi en Kenia. Simbakubwa, como otros hienailoúridos, probablemente era un depredador y carroñero especializado que se alimentaba de grandes mamíferos como rinocerontes y proboscídeos primitivos. Parece haber estado algo menos adaptado en triturar huesos que parientes suyos posteriores tales como Hyainailouros. Sin embargo, al igual que este último, Simbakubwa poseía bordes cortantes girados en sentido lingual en sus dientes carnasiales, lo que aseguraba que el borde cortante se mantuviera constante a través de su vida.


Chalicomys batalleri. Casanovas et. Al, 2008.

Chalicomys Chalicomys Chalicomys Chalicomys Chalicomys Chalicomys Chalicomys Chalicomys Chalicomys Chalicomys

              

Anoia, Catalunya, Europa. Paleontólogos del Institut Català de Paleontologia (ICP) han descubierto una nueva especie de castor que vivió en Hostalets de Pierola (Anoia, Catalunya) hace doce millones de años. La nueva especie descrita, Chalicomys batalleri, ya tiene el fémur como el del castor actual, que le permite impulsarse usando las patas posteriores y así se puede mover con rapidez en el agua. Los castores son los roedores más bien adaptados a vivir en el agua, hasta el extremo que, mediante la construcción de presas con troncos, llegan a inundar extensas áreas de bosque para no tener que alejarse para alimentarse. No obstante, los primeros castores, que vivieron hace unos 30 millones de años, eran animales terrestres que excavaban madrigueras, y no fue hasta hace unos 25 millones de años que aparecieron algunas formas adaptadas a vivir en el agua pero que nadaban de una manera mucho menos eficiente que las actuales, usando las cuatro patas a la vez. La especie se ha denominado Chalicomys batalleri en memoria del padre Ramón Bataller, uno de los pioneros de la paleontología en Catalunya que, además, fue uno de los primeros especialistas que estudió los fósiles encontrados en los Hostalets de Pierola ya en la década de 1930.

Agriotherium africanum. Wagner, 1837.

Agriotherium Agriotherium Agriotherium Agriotherium Agriotherium Agriotherium Agriotherium Agriotherium Agriotherium

África (Namibia), Asia (China) y Europa (Francia). Tenia 2 m de longitud Si bien ya no quedan osos en África, sí los hubo en el pasado. Agriotherium vivió en el sudoeste de África, que entonces era un continente completo, separado de Europa y de Asia. Agriotherium era un oso muy grande, mayor incluso que el oso gigante de Kodiak. También era muy primitivo y se parecía bastante a los perros, en algunos sentidos. Sin embargo, los dientes se ajustaban al modelo típico de los osos. Por consiguiente, parece seguro suponer que se trataba de un omnívoro.


Percrocuta gigantea. Soria, 1980.

Percrocuta Percrocuta Percrocuta Percrocuta Percrocuta Percrocuta Percrocuta Percrocuta Percrocuta Percrocuta

    

África. Asia y Europa. Tenia 1,5 metros de longitud. Las hienas del género Percrocuta fueron las más grandes que existieron. Una de las especies, Percrocuta gigantea, oriunda de China, era tan grande como el león actual. A pesar de su enorme tamaño, Percrocuta era muy similar a la hiena manchada, Crocuta crocuta, que vive actualmente en África. Esta criatura estaba mucho más difundida durante el Pleistoceno que en la actualidad; se han encontrado fósiles por toda África, Europa y Asia. Como su familiar moderno, Percrocuta tenía una cabeza grande y unas mandíbulas muy poderosas, armadas con unos dientes enormes, capaces de triturar huesos. Adoptaba la típica postura inclinada de sus familiares actuales, con las patas delanteras más largas que las traseras.

Ictitherium viverrinum. Wagner, 1848.

Ictitherium  Ictitherium  Ictitherium  Ictitherium  Ictitherium  Ictitherium  Ictitherium  Ictitherium  Ictitherium  Ictitherium 

  

África (Marruecos), Europa (Grecia) y Asia. Tenia 1,2 metros de longitud. Aunque las hienas modernas puedan parecerse más a los perros que a los gatos, pertenecen al mismo grupo de carnívoros que éstos. Las características esqueléticas muestran que las hienas primitivas eran similares a las civetas y jinetas. Estas hienas moledoras de huesos evolucionaron en el mioceno y se diseminaron por África, Asia y Europa. Las hienas primitivas, como el Ictitherium, eran mucho más pequeñas que las modernas. Seguramente fue un gran depredador y un carroñero oportunista muy tenaz. Ictitherium fue una de las hienas más primitivas y es probable que se pareciera más a la civeta, por su estructura y su aspecto. Sus dientes también eran como los de la civeta, adecuados para una alimentación a base de insectos, en lugar de los formidables dientes de las hienas, que les servían para destrozar huesos. Junto con sus familiares primitivos, Ictitherium fue uno de los cazadores más difundidos de la época. Incluso, durante una etapa del Plioceno, sus restos fósiles superan en número a los de todos los demás carnívoros en conjunto. A menudo se encuentran grupos de animales que se han fosilizado juntos, lo que indica que una inundación los ha arrastrado al mismo tiempo. Es probable que esta hiena primitiva ya hubiese desarrollado un orden social bastante avanzado y que cazase en manadas, como hacen las hienas actuales.

Paramachairodus ogygia. Pilgrim, 1913.

Paramachairodus Paramachairodus Paramachairodus Paramachairodus Paramachairodus Paramachairodus Paramachairodus

   

Torrejón de Velasco, España. Fueron depredadores dominantes hace 9 millones de años, pero su propia especialización los llevó a la extinción. Fósiles hallados en el Cerro de Batallones ayudan a explicar la evolución de los «tigres con dientes de sable de europa» o macairodontinos. Son criaturas extinguidas desarrollaron un método de caza más rápido y seguro, con ventajas sobre el de los felinos que matan a sus presas por asfixia. Y es que, como afirma Salesa, «los grandes dientes y otros rasgos de los primeros macairodontinos les permitieron cazar empleando menos tiempo y energía, y con menos riesgo de sufrir heridas o fracturas durante la inmovilización de la presa». Dada la escasez de restos fósiles de félidos macairodontinos, el yacimiento de Batallones es un filón que poco a poco va ofreciendo a la comunidad científica pistas y datos sobre el origen evolutivo de una especie que, a pesar de su nombre común, no es antepasada de ningún felino. Para Salesa, investigador de la anatomía, filogenia, biomecánica y paleoecología de fósiles del Neógeno, especialmente félidos macairodontinos, el estudio de los 24 fósiles de Paramachairodus ogygia -uno de los macairodontinos más primitivos y del tamaño de un puma- hallados en Batallones desvela lo que hasta ahora suponía uno de los grandes misterios de la especie: cuál era su anatomía, cómo se movían y cómo mataban a sus presas. Así, el análisis de los fósiles revela el inicio del desarrollo de grandes caninos aplanados, unido a una serie de modificaciones craneales, mandibulares y cervicales. Por ello, los Paramachairodus ogygia inmovilizaban a sus presas y con una fuerte flexión de la cabeza les clavaban los caninos de sable en la garganta, lo que suponía el desmayo y una muerte rápida al cortar el suministro de sangre al cerebro. Como reconocen los investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales de España, esta táctica les convirtió rápidamente en cazadores dominantes que siguieron evolucionando para poder apresar animales del tamaño de cebras, jirafas y ñúes. Pero esa misma especialización pudo ser la causa de su extinción. En palabras de Salesa, «una de las posibles causas fue un cambio en las faunas de herbívoros, que hizo que durante cierta época del año las presas migraran, como hacen los ñúes en África. Los macairodontinos tendrían problemas para alimentarse de animales más pequeños y así fueron haciéndose más escasos y desaparecieron. El último de los «tigres con dientes de sable» fue el Smilodon, que vivió en América hasta hace 10.000 años. Sin embargo, los fósiles de Batallones eran sus antepasados, por lo que este hallazgo abre nuevas vías de investigación y podría revelar nuevas claves sobre los orígenes de otros grandes depredadores.


Stegotetrabelodon syrticus. Khalaf, 2010.

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Elche, España. Los restos del animal, que posee cuatro colmillos de dos metros, fueron hallados cerca de Elche y podrían desvelar una nueva especie. Paleontólogos del Museo Paleontológico de Elche (MUPE) excavaron entre julio y octubre de 2006 en el sur de Alicante los restos de un elefante prehistórico completo de 8,5 millones de años que, con cuatro colmillos, podría pertenecer a una especie nueva. El coordinador del equipo de excavaciones, el paleontólogo Enrique Peñalver, informó de que podría tratarse de un ejemplar de Proboscidio del género hallado en un yacimiento del sur de la provincia de Alicante. Se trata de un animal de tamaño similar a un elefante africano actual pero con cuatro colmillos o defensas, de unos dos metros de longitud cada una de ellas. Este ejemplar parece ser que vivió durante el periodo Mioceno, concretamente en la fase Vallesiense de esta época glaciar. En el yacimiento se encuentra el animal completo aunque algo disperso, según Peñalver. En esta línea, el coordinador indicó que estos animales llegaron a la actual Península Ibérica procedentes del continente africano “a través del estrecho de Gibraltar que, por aquel entonces, no estaba cubierto por el mar”, a lo que añadió: “invadieron España y Europa, así como la provincia de Alicante, que era un área muy cálida pero que tenía también cursos de agua, por lo que presentaba un paisaje similar a las actuales partes áridas de Africa”. Por su parte, el director del MUPE, José Manuel Marín, afirmó que este importante hallazgo servirá para ampliar las investigaciones y la información que se tiene actualmente sobre ese periodo geológico. En ese mismo yacimiento ya se hallaron en el pasado restos de animales de la misma época, como tigres de dientes de sable, tortugas de gran tamaño y puercoespines prehistóricos, a los que se une ahora los restos de este gran elefante.


Deinotherium giganteum. Arambourg, 1934

Deinotherium Deinotherium Deinotherium Deinotherium Deinotherium Deinotherium Deinotherium Deinotherium Deinotherium

     

Europa  (Alemania y  Bohemia), Asia (India) y África (Kenya). Tenia 4 m de altura. La característica más destacada de este elefante eran sus colmillos, aunque todavía se sigue discutiendo su utilidad. No había ningún colmillo en la mandíbula superior, pero la inferior estaba doblada hacia abajo, en ángulo recto, y de allí surgían dos inmensos colmillos curvos. Esta forma parecía tan poco probable que, cuando en la década de 1820, los científicos trataron de realizar las primeras reconstrucciones de Deinotherium, le pusieron la mandíbula al revés. Es posible que el animal utilizara los colmillos para arrancar la corteza de los árboles o para desenterrar tubérculos. Si logró sobrevivir casi sin cambiar durante 20 millones de años es evidente que Deinotherium era un animal muy próspero.


Cetotherium riabinini. Brandt, 1843.

Cetotherium Cetotherium Cetotherium Cetotherium Cetotherium Cetotherium Cetotherium Cetotherium  Cetotherium Cetotherium

   

Europa (Bélgica y URSS) y Argentina. Tenía 4 metros de longitud. Cetotherium pertenecía a una familia de ballenas primitivas que evolucionó a fines del Oligoceno y alcanzó su auge durante el Mioceno, hace unos 15 millones de años. Tenía un parecido sorprendente con la ballena gris actual del Pacífico Norte, aunque tenía menos de la tercera parte de su longitud. Es probable que sus placas fuesen bastante cortas, aunque esto resulta difícil de determinar, ya que las ballenas, como los cuernos y los pelos, no se fosilizan. Sin embargo, los cráneos conservan las marcas de los vasos sanguíneos que aumentaban a las ballenas durante su vida, y a partir de es­tos restos se pueden averiguar muchas cosas. Cetotherium riabinini y sus familiares eran, probablemente, presas de una especie de enorme tiburón blanco, Carcharodon, que, a juzgar por el tamaño de los dientes que a menudo se encuentran fosilizados, alcanzaba un tamaño similar al de una ballena pequeña.


Archaeotherium mortoni. Leidy, 1850.

Archaeotherium Archaeotherium Archaeotherium Archaeotherium Archaeotherium Archaeotherium Archaeotherium Archaeotherium

   

América del Norte, Europa y Asia.  Al principio de su historia, los cerdos eran mucho más variados y estaban más extendidos que ahora. Uno de los primeros grupos, de los bosques de América del Norte, Europa y el oriente de Asia de hace 25 a 50 millones de años,  fue el de los entelodontes, como el Archaeotherium mortoni. El cráneo era largo y tenía dientes afilados al frente, entre ellos dos colmillos y muchas muelas anchas detrás. Las mandíbulas eran profundas, lo que muestra que debían tener músculos fuertes. También tenía grandes protuberancias óseas en la mandíbula inferior cuya función se ignora. El Archaeotherium probablemente se alimentaba de plantas duras y raíces. La zona del cerebro relacionada con el sentido del olfato estaba muy desarrollada, por lo que el Archaeotherium tal vez era capaz de oler raíces desde la superficie. Tenía cuello corto por el gran tamaño de su cabeza: cabezas grandes requieren grandes músculos para moverlas . Las patas eran lo suficientemente grandes como para correr entre los árboles. Los entelodontes se extinguieron cuando las praderas se extendieron en América del Norte, Europa y Asia, pues probablemente no estaban adaptados para vivir en terreno abierto.


Hemicyon sansaniensis. Lartet, 1851.

Hemicyon Hemicyon Hemicyon Hemicyon Hemicyon Hemicyon Hemicyon Hemicyon Hemicyon Hemicyon Hemicyon

   

Asia (Mongolia), Europa (Francia y España) y América del Norte (Estados Unidos). No obstante su enorme tamaño, Hemicyon era bastante ligero para ser un oso. En realidad, se parecía más a un perro pesado; su nombre quiere decir «medio perro». Probablemente, era más carnívoro que la mayoría de los otros osos y se supone que era un cazador activo. Tenía piernas fuertes y la estructura de los pies indica que corría sobre los dedos (una adaptación para correr a toda velocidad) en lugar de hacerlo apoyando todo el pie en el suelo, como los osos actuales. De estas características se deduce que Hemicyon era un cazador de vastas planicies y es posible que vagara en grupos.


Megantereon nihowanensis. Teilhard de Chardin & Piveteau, 1930.

Megantereon Megantereon Megantereon Megantereon Megantereon Megantereon Megantereon Megantereon Megantereon

África (Sudáfrica), Asia (India), Europa (Francia) y América del Norte (Texas). Tenia 1,2 metros de longitud. Megantereon era un auténtico felino de " dientes de sable primitivo, y es probable que fuese el antepasado de otras formas. Los dientes no eran lo bastante largos como para parecer verdaderos sables; más bien parecían dagas, por su tamaño y su forma, y a esto se debe el que Megantereon y sus familiares inmediatos a menudo se conozcan con el nombre de felinos de dientes de daga. Gracias al desarrollo de largos caninos, estos predadores poderosos podían matar a los mamíferos de piel gruesa que pacían en el mismo hábitat que ellos. Megantereon prosperó en la región mediterránea durante el final del Plioceno y el principio del Pleistoceno, entre tres y dos millones de años atrás. También se difundió por África y América de! Norte, desde su origen, en el norte de India, a fines Mioceno.


Desmatophoca brachycephala. Barnes, 1987.

Desmatophoca Desmatophoca Desmatophoca Desmatophoca Desmatophoca Desmatophoca Desmatophoca Desmatophoca

Asia (Japón) y América del Norte (California y Oregón). Tenia 1.7 m de longitud. La típica forma fusiforme del león marino actual había comenzado a aparecer con Desmatophoca. Igual que en sus familiares vivos, los miembros anteriores eran más poderosos que los posteriores, y los pies estaban modificados para formar aletas, con los dedos alargados, desplegados y unidos mediante unas membranas de piel, para producir una superficie amplia para nadar. Todos los huesos de las extremidades se habían acortado para darles más fuerza. Aunque Desmatophoca brachycephala todavía tenía cola, en contraste con los leones marinos, ésta se encontraba muy reducida y no era más larga que el cráneo del animal. Como su antepasado Enaliarctos, tenía unos ojos enormes, lo cual indica que la vista era el sentido más importante para cazar. Es posible que no tuviera el oído totalmente adaptado para percibir los sonidos submarinos, pero no hay duda de que le servía cuando se encontraba en tierra.


Eurhinodelphis bossi. Kellogg, 1925.

Eurhinodelphis Eurhinodelphis Eurhinodelphis Eurhinodelphis Eurhinodelphis Eurhinodelphis Eurhinodelphis Eurhinodelphis

 

Asia y América del Norte (las costas del Pacífico). Eurhinodelphis tenia 2 metros de longitud. Los odontocetos se dividieron en varios grupos durante el Oligoceno, hace unos 30 millones de años. Eurhinodelphis era un miembro típico de la familia de los rabdosteidos, que incluye a las marsopas de hocico largo. La estructura de los oídos se había vuelto mucho más compleja que la de los odontocetos más primitivos, de modo que es probable que esta ballena hubiese desarrollado el complejo sistema de detección a través de ultrasonidos que se observa en las ballenas dentadas actuales. Las ballenas vivas utilizan una forma de sonar ultrasónico; emiten sonidos ligeros de alta frecuencia que rebotan en los objetos y los ecos se analizan en su enorme cerebro para determinar, con sorprendente precisión, el tamaño, la forma, la distancia y la velocidad de un objeto y, por supuesto, si es comestible o no. Al igual que el del delfín moderno, el cráneo de Eurhinodelphis se ha vuelto un poco asimétrico y las estructuras que aparecen en uno de los lados son diferentes a las que aparecen en el otro. Esta distribución se podría vincular al desarrollo de nuevas capacidades, como la de perseguir presas de movimientos rápidos y navegar con mayor exactitud. Sin embargo, la característica mas peculiar de Eurhinodelphis era su hocico alargado. No tenía dientes en el extremo y el posible que empleara la «espada» del pez espada actual para golpear y aturdir a sus presas, que entonces quedaban atrapadas en las mandíbulas del animal.


Bullockornis planei.  Rich, 1979.

Australia, Oceanía. Es un género extinto de ave no voladora de la familia Dromornithidae que vivió a mediados del Mioceno, hace aproximadamente 15 millones de años, en lo que ahora es Australia. Bullockornis medía aproximadamente 2,6 metros de altura, y puede haber llegado a pesar 500 kilogramos. Las características del cráneo de Bullockornis, incluyendo un enorme pico adaptado a cortar, indican que el ave puede haber sido carnívora. Dicho cráneo es mayor que el de muchos caballos pequeños. Varios paleontólogos, incluyendo a Peter Murray del Museo Central Australiano, creen que Bullockornis estaba relacionado con los gansos y patos. Esto, unido al enorme tamaño del ave y a sus posibles hábitos carnívoros, han originado su notorio apodo. Por su parte, el nombre científico del género significa "ave buey".


Heracles inexpectatus. Digno, Mano, Arquero,  Scofield  y De Pietri, 2019.

 

     

Nueva Zelanda. Un equipo de paleontólogos australianos ha descubierto los restos fósiles del loro más grande del mundo hallado hasta ahora. Se calcula que este singular animal tenía una altura de un metro de altura y pesaba 7 kilos. Los restos del ejemplar de la nueva especie han sido encontrados en el centro de Otago, Nueva Zelanda, concretamente en una zona muy conocida por albergar diferentes tipos de aves de gran tamaño. Los expertos lo han llamado Heracles inexpectatus, nombre que surge de su gran tamaño y fuerza hercúlea y del carácter inesperado del hallazgo. Los restos tienen una antigüedad de unos 19 millones de años. Sus dimensiones son el doble de grandes que las del Kakapo neozelandés (Strigops habroptilus), que es el loro más grande que se conocía hasta ahora y que está en peligro crítico de extinción. Según los expertos, el Heracles inexpectatusvivía en un bosque subtropical donde había muchas especies de laureles y palmeras.


Nimbacinus dicksoni.  Muirhead & Archer, 1990.

Australia, Oceanía. La especie Nimbacinus dicksoni forma parte de una familia extinta de carnívoros marsupiales australianos y de Nueva Guinea, la Thylacinidae. Si exceptuamos a una especie extinguida en tiempos modernos, la mayor parte de la información conocida sobre las especies de esta familia procede de fragmentos de cráneos recuperados, lo que limita el análisis de su diversidad y su ecología. Gracias al hallazgo de un cráneo conservado de N. dicksoni de aproximadamente 16 a 11,6 millones de años de antigüedad, procedente del yacimiento paleontológico de Riversleigh, declarado Patrimonio de la Humanidad, y ubicado en el noroeste de Queensland, en Australia, unos especialistas de la Universidad de Nueva Inglaterra y la Universidad de Nueva Gales del Sur, ambas en Australia, han resuelto finalmente el enigma de si el N. dicksoni era capaz de cazar presas grandes o solo pequeñas. Las similitudes en cuanto a rendimiento mecánico del cráneo entre el N. dicksoni y el Dasyurus maculatus (quol de cola moteada o gato tigre) son mayores que con respecto al tigre de Tasmania. Attard y sus colaboradores sugieren que el N. dicksoni, un marsupial de tamaño medio y un peso de unos 5 kilogramos, poseía una fuerza de mordedura superior para el tamaño que tenía, era sobre todo carnívoro, y probablemente era capaz de cazar vertebrados que excedían su propia masa corporal. El hallazgo sugiere que el Nimbacinus dicksoni era un cazador oportunista, cuyas presas potenciales incluían a pájaros, ranas, lagartos y serpientes, así como un amplio surtido de marsupiales.


(*) Imagen de autor u origen desconocido. Ver sobre nuestras Políticas de uso de imágenes.

Bibliografía sugerida.

Barnes, Lawrence G. (1988-03-18). "A New Fossil Pinniped (Mammalia: Otariidae) from the Middle Miocene Sharktooth Hill Bonebed, California". Contributions in Science (Kansas: Natural History Museum of Los Angeles County) (396): 1–11. 

Berta, A. 1991. New Enaliarctos* (Pinnipedimorpha) from the Miocene of Oregon and the role of "Enaliarctids" in Pinniped Phylogeny. Smithsonian Contributions to Paleobiology 69.

Lambert, W. D., and J. Shoshani, 1998. The Proboscidea. In Janis, C., K. M. Scott, and L. Jacobs (eds.), Evolution of Tertiary Mammals of North America, Volume 1. Cambridge University Press: Cambridge, UK.

Magnussen Saffer, Mariano (2013). Algunos representantes característicos de la fauna del Mioceno.  Paleo, Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año 11. 95: 25-31.

Magnussen Saffer, Mariano (2010). Algunos integrantes de la paleofauna del Terciario del territorio argentino.  Paleo, Boletín Paleontológico. Año 8. 47: 22-23.

Magnussen Saffer, Mariano. 2015. Los mamíferos dientes de sable y su paso en la historia biológica. Paleo Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año XIII. 132: 13-18. 

Magnussen Saffer, Mariano (2013). Vertebrados del Mioceno en distintos continentes. Paleo, Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año 11. 96: 32-40.  - Magnussen Saffer, Mariano (2013). Algunos representantes característicos de la fauna del Mioceno.  Paleo, Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año 11. 95: 25-31. 

Palmer, D., ed (1999). The Marshall Illustrated Encyclopedia of Dinosaurs and Prehistoric Animals. London: Marshall Editions. p. 312.

R. L. Carroll. 1988. Vertebrate Paleontology and Evolution. W. H. Freeman and Company, New York 1-698R. L. Carroll. 1988. Vertebrate Paleontology and Evolution. W. H. Freeman and Company, New York 1-698.

Rich, P. (1979) The Dromornithidae, an extinct family of large ground birds endemic to Australia. Bureau of National Resources, Geology and Geophysics Bulletin 184: 1–196.

Rodolfo Salas, José Sánchez, César Chacaltana. 2006. A New Pre-Deseadan Pyrothere (Mammalia) From Northern Peru And The Wear Facets Of Molariform Teeth Of Pyrotheria. Journal Of Vertebrate Paleontology, 26(3):760-769

Rodrigues, J.B. 1892. "Les reptiles fossils de la Vallée de L’Amazone". Vellosia, Contribuições do Museu Botânico do Amazonas 2:41-60.

W. D. Lambert y J. Shoshani. 1998. Proboscidea. In C. M. Janis, K. M. Scott, and L. L. Jacobs (eds.), Evolution of Tertiary mammals of North America 606-621  

Ver mas bibliografía utilizada para hacer la presente Pagina; AQUÍ.            Ver bibliografía de divulgación sugerida; AQUÍ.

 

Video;  National Geographic Documentary - Prehistoric Predators: Killer Pig
 

Ver los principales fósiles del Mioceno de Argentina.

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