MegaFauna Web. Gigantes Prehistóricos del Periodo Plioceno.
 
   

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Gigantes Prehistóricos del Periodo Plioceno.

El Plioceno es la quinta y última división del periodo terciario dentro del cenozoico en la escala de tiempos geológicos: se extiende desde hace 5,2 millones de años hasta 1,64 millones de años atrás. Como el mioceno precedente, el plioceno fue denominado y definido por el geólogo británico Charles Lyell basándose en el porcentaje de moluscos y crustáceos modernos encontrados en los registros fósiles de esta época.

Durante el plioceno, en el oeste de Norteamérica, la subducción de la placa tectónica del Pacífico contribuyó a la elevación de sierra Nevada y de la cordillera volcánica de las Cascadas. En Europa, los Alpes continuaron su ascensión apoyados por el movimiento de la tectónica de placas que empujaba y combaba la corteza en una región amplia de este continente. Al final del mioceno, la colisión de las placas africana e ibérica había formado el sistema bético-rifeño y cortado la comunicación entre el Mediterráneo y el Atlántico, con lo que se produjo la desecación del primero, en cuya cuenca se instaló un clima árido depositándose grandes cantidades de sales. Al iniciarse el plioceno se volvió a abrir el paso y el Mediterráneo se llenó de nuevo. El clima se hizo más frío y seco con la aproximación de los periodos glaciales del pleistoceno. Los mamíferos se habían establecido desde hacía tiempo como la forma de vida vertebrada dominante y es durante el plioceno cuando se produce la evolución de un grupo de primates, los homínidos, con diversas especies, desde los Australopitecinos al Homo habilis y al Homo erectus, consideradas antepasados directos del Homo sapiens.

 
América África Europa Asia Oceanía
Cuvieronius Ramapithecus Kvabebihyrax Hipparion  Sphenodon
Blastomerix Paracolobus * Anancus    
Synthetoceras Theropithecus Aepyornis    
Titanotylopus   Cheirogaster    
Osteoborus   Platalearostrum    
Epigaulus   Nuralagus    
Syndyoceras        
Josephoartigasia        

Cuvieronius cordillerion.

Cuvieronius Cuvieronius Cuvieronius Cuvieronius Cuvieronius CuvieroniusCuvieronius Cuvieronius Cuvieronius

 

Reconstrucción de Cuvieronius, esqueleto en el Museo de Tarija (Bolivia) y resto mandibular.

América del Norte (Arizona, Florida) y América del Sur (Argentina). Tenia 2,7 metros de altura Cuvieronius recibió su nombre del barón Georges Cuvier (1769-1832), el gran natura­lista francés, creador de la anatomía compa­rada y de la paleontología. Cuvieronius fue un gonfotérido bastante pequeño, cuya ca­racterística más destacada eran los colmi­llos, que estaban retorcidos en espiral, como los del narval. Por lo general, no asociamos al continente sudamericano con los elefantes. No obstan­te, se han hallado restos de Cuvieronius en zonas montañosas tanto de América del Norte como de América del Sur, un hecho que se refleja en su sinónimo cordillerion, que significa «el de la cadena montañosa». Cuvieronius apareció en el oeste de Amé­rica del Norte en el final del Mioceno y emigró a América del Sur durante el Pleistoceno, es decir, alrededor de 2 millones de años. Se dis­persó por las pampas cubiertas de hierbas, en el este, hasta las cumbres de los Andes, en el oeste, y llegó incluso hasta Argentina. La caza provocó su extinción y es probable que sobreviviera hasta el año 400 de nues­tra era, aunque esto genera algunas controversias.


Synthetoceras tricornatus. Stirton, 1932.

Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras

               

América del Norte (Texas). Tenia 2 metros de  longitud. La ornamentación de la cabeza de los protocerátidos alcanzó su momento culminante con Synthetoceras, que fue el último miembro de la familia y también el más grande. El cráneo era largo y bajo y tenía un par de cuer­nos frontales curvos, como los de Syndyoceras. Sin embargo, el cuerno del hocico era largo y con forma de «Y», crecía hacia adelante y hacia arriba como una lanza fuerte y gruesa y se bifurcaba en un par de ramificaciones, cerca de la punta. Como ocurre en los demás miembros de la familia, esta pre­sentación extravagante sólo estaba presente en los machos y se utilizaba para luchar. Igual que la mayoría de los protocerátidos, Synthetoceras ramoneaba y es probable que lo hiciera en manadas.


Titanotylopus nebraskensis.  Barbour & Schultz, 1934.

Titanotylopus Titanotylopus Titanotylopus Titanotylopus Titanotylopus Titanotylopus Titanotylopus Titanotylopus Titanotylopus

   

América del Norte (Nebraska). Tenia 3,5 metros de altura a la cruz. Durante el Plioceno, entre 5 y 7 millones de años atrás, aparecieron en América del Nor­te varios camellos enormes. Sin duda, esta­ban muy relacionados con Procamelus, e incluso es posible que hayan derivado de él. Entre ellos se encuentra Titanotylopus, que debía de ser más alto que los elefantes de esa época. Por lo demás, era muy similar a los camellos modernos, con un hocico estrecho que carecía de incisi­vos superiores, un cuello largo y dos dedos abiertos en las patas. Sin embargo, es casi seguro que no pre­sentaba un rasgo característico de los came­llos modernos: la joroba. Ésta es una adap­tación "para hacer frente a la escasez de alimentos y agua en ambientes de extrema arides. Es cierto que, en América del Norte, el clima se fue volviendo más frío y más seco durante todo el Tercia­rio; estos cambios motivaron el que los bos­ques cedieran su puesto a zonas boscosas mas abiertas y después a tas praderas. Pero e! clima todavía era lo bastante uniforme para permitir la supervivencia de gran can­tidad de mamíferos de diferentes tipos. Por el momento, no era necesaria la existencia do sistemas para almacenar alimentos, como ¡as jorobas.


Osteoborus cyonoides.  Martin, 1928.

Osteoborus Osteoborus Osteoborus Osteoborus Osteoborus Osteoborus Osteoborus Osteoborus Osteoborus Osteoborus Osteoborus

     

América del Norte (Nebraska). Tenia 80 cm de longitud. Osteoborus pertenecía a los borofáginos, un grupo de perros carroñeros que apareció por primera vez a fines del Mioceno, hace alrededor de 8 millones de años. Por su corpulencia y su frente abultada, se parecía más a los osos, pero sus hábitos hiénidos se reflejaban en parte en los inmensos premolares, capaces de triturar huesos, que le recubrían las mandíbulas. El cráneo se había acortado para dar cabida a los enormes músculos que se necesitaban para poner en funcionamiento unas mandíbulas tan potentes, que le permitían astillar los huesos de los animales muertos para llegar hasta la médula nutritiva que había en su interior. Ostecborus estaba muy difundido en América del Norte, donde ocupaba el mismo ni­cho que las hienas contemporáneas de Euro­pa, Asia y África, alimentándose de animales muertos o robando presas a otros predadores. Con el tiempo, lo sustituyeron en su papel de carroñero otros perros más típicos, como Canis dirus.


Epigaulus hatcheri. Gidley, 1907.

Epigaulus Epigaulus Epigaulus Epigaulus Epigaulus Epigaulus Epigaulus Epigaulus Epigaulus Epigaulus Epigaulus Epigaulus

     

Estados Unidos. Los roedores, corresponden a un gran grupo de mamíferos, que han sido muy exitosos incluyendo formas de vida tan comunes, como los  ratones, ratas, ardillas, castores y  puerco espines entre otros. En el pasado, hubo algunos roedores extraños, entre los que el Epigaulus debe ser el más peculiar. Probablemente se parecía mucho a un castor, pero tenía un par de cuernos en la nariz. El Epigaulus vivía en las áreas boscosas de la región de la gran depresión, en el medio oeste de Estados Unidos, donde cavaba madrigueras con las largas garras de las patas. ¿Para qué necesita cuernos un roedor que cava madrigueras? Quizá para peleas entre machos, dado que algunos esqueletos parecen tener cuernos y otros no (tal vez de hembras). El Epigaulus tenía molares de raíces profundas que se empleaban para romper plantas duras. Este grupo se extinguió cuando los bosques del área fueron reemplazados por pastizales abiertos.


Syndyoceras cooki. Barbour, 1905.

Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras Syndyoceras

       

América del Norte (Nebraska). Tenía 1,5 metros de longitud. Syndyoceras se parecía más al ciervo que su predecesor Protoceras, en cuanto a que las elegantes patas corredoras ahora sólo te­nían dos dedos, cada uno con una pezuña es­trecha y puntiaguda. La forma de los huesos de la nariz indica que tal vez el animal hinchara el hocico, igual que la saiga. Como en los demás procerátidos avanzados, no quedaba ningún inci­sivo en la mandíbula superior. Sin embargo, habla un par de colmillos caninos que tal vez se emplearan para escarbar el suelo en bus­ca de alimentos. La cabeza presentaba un par de cuernos en el hocico y otro par largo por encima de los ojos. Los cuernos del hocico se unían por la base pero crecían hacia adelante, separándose y girando hacia arriba y hacia atrás. El otro par de cuernos se doblaba ha­cia arriba como los de los bóvidos. Tal vez no fueran cuernos auténticos y lo más probable es que estuvieran recubiertos de piel. Mientras que la presentación de los cuernos de Protoceras debía de verse mejor des­de el costado, es muy posible que Syndyoceras y los demás protocerátidos avanzados presentaran un aspecto más espectacular visto de frente. Esto indica que se utilizaban para agredir, y no sólo como adorno.


Titanis walleri. Brodkorb, 1963.

Titanis walleri Titanis walleri Titanis walleri Titanis walleri Titanis walleri Titanis walleri Titanis walleri Titanis walleri Titanis

                        

América del Norte. El Titanis fue un genero de aves no voladoras que vivió en el periodo Plioceno, hace 4 millones de años. Las alas eran pequeñas y no podrían haber sido utilizadas para el vuelo. Tenia huesos articulados en un inusual conjunto de estructuras similares, lo que sugiere que podrían ser flexibles hasta cierto punto. También tuvo una relativamente rígida de muñeca, que no han permitido a la mano para doblar la espalda contra el brazo en la misma medida que otras aves. Esto llevó a un científico, R.M. Chandler, que sugieren que las alas pueden tener el apoyo de algún tipo de recuperación, similar a la parte móvil de las manos de los dinosaurios. Sin embargo, posteriormente se señaló que esta ala de la estructura común y la muñeca no es de hecho único, y está presente en seriamas (modernos miembros del mismo grupo de aves a la que pertenecía Titanis), que no tienen ninguna especializados agarrar las manos. En general, Titanis era muy similar al de Phorusrhacos y Devincenzia de Sudamérica, sus parientes más cercanos. Poco se sabe de su estructura corporal, sino que parece haber sido menos amplia pata que Devincenzia, con una proporción mucho mayor medio dedo del pie. (Onactornis ahora se considera un sinónimo junior de Devincenzia).


Josephoartigasia monesi. Blanco & Rinderknecht, 2007.

Josephoartigasia Josephoartigasia Josephoartigasia Josephoartigasia Josephoartigasia Josephoartigasia Josephoartigasia

          

Uruguay, San José. Aunque se extinguió hace entre dos y cuatro millones de años, ha dejado sus restos fósiles en el actual continente Suramericano. El hallazgo de un cráneo excepcionalmente bien conservado ha permitido a los paleontólogos y físicos uruguayos describir como era este gigante roedor del Plioceno-Pleistoceno que llegaba a pesar unos 700 kilos. El roedor ha recibido el nombre de 'Josephoartigasia monesi' y pertenece a la familia de 'Dinomydae', del grupo de los roedores gigantes extintos, de los que no quedan más que dos especies mucho más pequeñas: la capibara, presente en casi todo el continente, de aproximadamente 60 kilogramos y la pacarana, con un máximo de 15 kilogramos. La investigación se publico en 'Proceedings of the Royal Society'.El orden de los roedores es el grupo más abundante de los mamíferos vivos con casi el 40% de las especies conocidas. Sin embargo, a excepción de los dos mencionados, su peso no suele superar el kilogramo y su tamaño se mide en centímetros. Por tanto, la comparación ha dejado sorprendidos a los científicos, que hasta ahora tenían constancia de otro roedor gigante, el 'Phoberomys', pero que no superaba los 200 kilogramos de peso. El hallazgo de los restos fósiles del cráneo, de más de medio metro de longitud, ha tenido lugar en San José, Uruguay, en lo que fue un ecosistema de estuario y delta con comunidades boscosas. Hasta el momento, las descripciones de los grandes roedores suramericanos era muy compleja puesto que los materiales fósiles estaban muy deteriorados y dispersos. Normalmente se hallaban dientes sueltos y fracciones de las mandíbulas. Pero en el caso del 'Josephoartigasia monesi', se han encontrado prácticamente casi intactas ambas mandíbulas y todas las cavidades craneales, a partir de las cuales se ha podido determinar el tamaño y el peso del roedor. Algo parecido pasa con los agujeros de las cavidades ópticas, que son extremadamente reducidos para el tamaño del cráneo. También ocurre algo similar con los orificios auditivos que son más pequeños de lo que se pensaba para las gigantescas dimensiones de este roedor. El estudio se decanta por una dieta compuesta básicamente de plantas acuáticas, ya que el hábitat que ocupaban estos roedores gigantes eran los estuarios y los deltas, cubiertos de bosques en sus orillas. La fauna asociada al 'Josephoartigasia monesi', incluye otros roedores, grandes felinos, aves carnívoras gigantes y grandes ungulados. Entre las conclusiones de la investigación se señala que el roedor gigante se puede considerar en la segunda gama de tamaño de los grandes mamíferos del Plioceno-Pleistoceno, justo detrás de los grandes marsupiales. Los restos tendían una antigüedad de 2,5 millones de años.


Ramapithecus.  Pilgrirn,1910.

Ramapithecus Ramapithecus Ramapithecus Ramapithecus Ramapithecus Ramapithecus Ramapithecus Ramapithecus

Turquía; India y Pakistán. Todas las primeras etapas en la evolución de los monos sin cola y los humanos tuvieron lugar en África. El mono sin cola más antiguo, Aegvptopithecus, se remonta has­ta hace unos 30 millones de años, cuando múlti­ples líneas de monos sin cola surgieron en el Mioceno, entre ellos el Proconsul y el Ramapithecus. Si se pudiera viajar al oriente de África de hace unos 10o 15 millones de años, se encontrarían docenas de especies de monos viviendo en los bosques y las sabanas abiertas. Los ejemplares más antiguos de Ramapithecus son de África, pero al parecer este mono sin cola pronto se extendió a muchas partes del mundo, entre ellas el sur de Europa, el Medio Oriente. India, el sur de Asia y China. Esta gran distribución de los monos primitivos sólo pudo suceder en eI Mioceno Medio, hace unos 13 millones de años, pues África había sido una isla hasta entonces. En esa época una estrecha faja de tierra se formó entre Egipto y Arabia, y los animales podían entrar y salir de África. Hasta la década de 1980 sólo se conocían los dientes y la mandíbula del Ramapithecus. Tales piezas parecían ser ''eslabones perdidos" entre los dientes y las mandíbulas de los monos sin cola y los humanos modernos, y caer en la línea humana. Entonces en 1983 se encontraron ejemplares más completos en India, e incluían un cráneo. Este mostraba una gran mandíbula es­trecha, dientes largos, un hocico largo como de mono y una cavidad craneana relativamente pequeña. Evidentemente el Ramapithecus no era una forma humana primitiva, sino que ahora parecía caer cerca del principio de la línea que condujo a los orangutanes, monos que hoy viven en el sureste de Asia. Las características "humanas" de los dientes deben contemplarse como desarrollos paralelos.


Paracolobus.  Leakey 1969.

Paracolobus Paracolobus Paracolobus Paracolobus Paracolobus Paracolobus Paracolobus Paracolobus Paracolobus Paracolobus

           

África. Es un género extinto de primates en la tribu Colobini, que también contiene los monos colobos. Vivió en África oriental a principios y finales del Plioceno. Viuvian en bosques húmedos y matorrales costeros. La mayoría son monos arbóreos de tamaño medio y se hallan en muy diversas zonas intertropicales. Son herbívoros y su gestación dura 6 ó 7 meses. Con alguna excepción, la mayoría son arbóreos, presentan una larga cola y atrofia en los pulgares. A diferencia de la subfamilia Cercopithecinae (que comparte junto a Colobinae la familia Cercopithecidae), tienen las patas traseras más largas que las delanteras. Son esencialmente folívoros y una de las características más llamativas es la presencia de un largo estómago multicameral, precisamente para permitir el procesamiento de las hojas por bacterias simbióticas.


Theropithecus.  Rüppell, 1835.

Theropithecus Theropithecus Theropithecus Theropithecus Theropithecus Theropithecus Theropithecus Theropithecus

   

África, Europa y Asia. Es una especie de mono del Viejo Mundo, encontrado sus descendientes únicamente en las tierras altas de Etiopía y Eritrea. Al igual que los babuinos, son terrestres y pasan el tiempo alimentándose en las praderas. se conocen fósiles del género procedentes de Sudáfrica, Malawi, República Democrática del Congo, Tanzania, Uganda, Kenia, Etiopía, Argelia, Marruecos, España e India. Probablemente al igual que sus actuales representantes, vivían en pequeños grupos compuestos por un macho, varias hembras y sus crías. Se alimentaban preferentemente de hierbas, comiéndose la planta entera, incluidas semillas, raíces y tallos. Tenían los pulgares oponibles más desarrollados de los monos del Viejo Mundo, lo que les permite separar con gran destreza las hierbas para encontrar las partes más nutritivas. Se sabe que también comían fruta.


Nuralagus rex.  Quintana et al. 2011.

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Menorca, España. Era un conejo enorme e incapaz de saltar. Tenía las orejas cortas y los ojos pequeños. Vivía en Menorca hace 3-5 millones de años y se pasaba los días remoloneando y comiendo con toda la tranquilidad del mundo. Los científicos los han apodado como el Rey de los Conejos. Los fósiles de este conejo tan particular se hallaron en 1989 en Punta Nati en una pared rocosa situada al lado de un pozo vertical comunicado con el mar. n 1994 encontraron un nuevo yacimiento. Los huesos estaban muy fragmentados y se encontraban en el interior de una roca muy dura. Fueron necesarios cuatro años para recuperar suficientes huesos para iniciar el estudio científico del conejo. Köhle explica con humor a que "ha sido un trabajo de chinos". Los fósiles estaban situados en un terreno calcáreo de difícil acceso. "Cortábamos los trozos de terreno y nos los llevábamos en carretillas", comenta por teléfono. Luego, en el laboratorio el trabajo continuaba. Ahora, el paleontólogo con sus estudios terminados en la Universitat Autònoma de Barcelona ha centrado su tesis en el superconejo. La revista Journal of Vertebrate Paleontology ha publicado el estudio de los fósiles y le dedica su portada. El Rey de los Conejos, cuyo nombre científico es Nuralagus rex, es muy diferente a los conejos que conocemos hoy en día. Estos sienten las amenazas de los depredadores por aire y por tierra. Por eso tienen los sentidos agudizados y son rápidos. Sin embargo, el conejo prehistórico de Menorca vivía en un ambiente libre de depredadores, así que su físico era muy distinto. Pesaba unos 12 kilogramos, era seis veces más grande que los actuales conejos silvestres europeos. El esqueleto era robusto y su columna tenía poca capacidad de flexión y extensión. Por eso los científicos creen que el superconejo no podía saltar. "Creo que era un conejo torpe… algo así como un castor fuera del agua", comenta Quintana. Así que el Rey de los Conejos pasaba el tiempo, caminando y cavando en busca de raíces y tubérculos para comer.  Las partes del cráneo relacionadas con los sentidos ocupaban un área bastante pequeña. Los investigadores sugieren que el superconejo perdió su agudeza visual y parte de la capacidad. Así que sus orejas no debieron ser eran altas con pabellones auditivos enormes como los conejos silvestres que viven hoy en día sino bajitas y pequeñas. Las cuencas de sus ojos también eran también más pequeñas en comparación con los conejos actuales así que sus ojos eran pequeños. No necesitaba ver demasiado. El Rey Conejo no era el único ser enorme en la Menorca prehistórica. Convivía tranquilamente con otros animales gigantes como el lirón Muscardinus cyclopeus, el murciélago Rhinolophus cf. Grivensis y la tortuga Cherirogaster gymnesica.


Platalearostrum hoekmani.  Post & Kompanje, 2010.

Platalearostrum hoekmani Platalearostrum hoekmani Platalearostrum hoekmani Platalearostrum hoekmani Platalearostrum

                    

Holanda. Un nuevo tipo de delfín jamás identificado hasta el momento, de nariz corta en forma de cuchara y un bulbo en la cabeza como si fuera un balón, ha sido descubierto por un grupo de científicos tras analizar un fósil que apareció en el Mar del Norte. El animal, que tenía una longitud aproximada de unos seis metros, vivió hace dos o tres millones de años, según explican los científicos en la revista especializada Deinsea, del Museo de Historia Natural de Rotterdamn, en Holanda. Creen que su pariente vivo más cercano es la ballena piloto. La especie ha recibido el nombre de «Platalearostrum hoekmani» en honor de Albert Hoekman, un pescador holandés que en 2008 recogió del fondo del mar el cráneo de la criatura, bastante bien conservado. Ahora, ese hueso se expone junto a una recreación de este tipo de delfines en el museo holandés. Según explican los investigadores Klaas Post y Kompanje Erwin, el Mar del Norte se ha convertido en una rica fuente de fósiles en las últimas décadas. La pesca de arrastre ha rescatado decenas de miles de huesos antiquísimos, algunos de los cuales no han podido ser clasificados aún. El fósil muestra una caractarística única en la cabeza, una zona de punta insualmente grande con seis dientes que sugiere la existencia de un hocico grande y contundente.


Kvabebihyrax kachethicus. Gabunia & Vekua, 1966.

Kvabebihyrax  Kvabebihyrax  Kvabebihyrax  Kvabebihyrax  Kvabebihyrax  Kvabebihyrax  Kvabebihyrax  Kvabebihyrax 

     

Europa (Cáueaso). Todas las formas extintas de damanes del principio del Terciario están comprendidas dentro de esta familia conocida como Pliohiracidos. Los damanes fósiles posteriores y todos los representantes de este orden que siguen existiendo pertene­cen a la familia de los procavidos. Tenia 1.6 m de longitud. La enorme diferencia entre los tipos fósiles de damanes y los animales modernos se pue­de apreciar en Kvabebihyrax. Con su cuerpo robusto y los ojos pequeños. Kvabebihyrax debía de parecerse más a un hipopótamo pe­queño que a un damán. El hocico era corto: hacia abajo se proyectaba un par de incisi­vos muy largos. Los dos pares de incisivos inferiores eran aplanados y horizontales y el par superior encajaba dentro de las puntas cuando cerraba las mandíbulas.


Anancus arvernensis. Aymard, 1855.

Anancus  Anancus  Anancus  Anancus  Anancus  Anancus  Anancus  Anancus   Anancus  Anancus  Anancus  

Europa y Asia. Tiene 3 m de altura. Con su mandíbula inferior corta y su trompa prensil larga, Anancus  se parecía mucho al elefante moderno: pero sus patas eran más cortas y poseía un par de colmillos suma­mente largos. Estos colmillos, situados en la mandíbula superior, eran rectos y, con sus 3 metros de longitud, eran casi tan largos como el resto del animal. Parece que Anancus se había adaptado a la perfección a la vida de los bosques y era tan capaz de ramonear entre las ramas mas altas como de escarbar entre las hojas caí­das sobre el suelo del bosque. Anancus se extinguió cuando las praderas sustituyeron a los bosques en donde vivía.


Hipparion gracile.  Kaup, 1833.

Hipparion  Hipparion  Hipparion  Hipparion  Hipparion  Hipparion  Hipparion  Hipparion  Hipparion  Hipparion  Hipparion

   

América del Norte, Europa, Asia y África. Tenia 1.4 m de altura en la cruz. Después de evolucionar, los caballos que vi­vían en las praderas y se alimentaban hierbas también se dividieron en muchos ti­pos diferentes, todos los cuales han desapa­recido, salvo la especie Equus. Hipparion representado de los numero­sos caballos que comían hierba que aparecieron durante el Mioceno, hace unos 15 millones de años. Fue especialmente próspero y durante el Mioceno se difundió desde América del Norte hasta Asia, Europa y África. En este ultimo continente sobrevivió hasta el Pleistoceno, hace unos 2 millones de años. Esta criatura se parecía al caballo moderno, pero, al igual que Merychippus tenía tres dedos, dos de los cuales estaban muy reducidos y no llegaban a tocar el suelo.


Aepyornis maximus.  Geoffroy Saint-Hilaire, 1851

Aepyornis maximus Aepyornis maximus Aepyornis maximus Aepyornis maximus Aepyornis maximus Aepyornis maximus

Vista comparativa del huevo del ave-elefante (Aepyornis maximus).

Tamaño comparativo del esqueleto.

Aspecto que presentaría el ave-elefante (Aepyornis maximus).

Elche, España. Esta especie debe su nombre a que está considerada por la literatura científica internacional como el ave de mayor envergadura que ha existido sobre el planeta, con un peso que llegaba a alcanzar la media tonelada (hoy se conocen otras especies de aves mas grandes). Se trata de un ave corredora que guarda un gran parecido con la actual avestruz y que tenía una altura cercana a los 3 metros. Sus huevos, de unos 30 centímetros de longitud que permitían albergar un volumen de unos 9 litros, son los de mayor tamaño conocido, superando incluso a la mayoría de huevos de dinosaurio que han sido descritos hasta ahora. Se conocen numerosos fósiles en toda Europa. Varios cientos de fragmentos de cáscara de huevo con una antigüedad de entre 5 y 6,5 millones de años pertenecientes a un ejemplar de ave-elefante Aepyornis maximus, especie extinguida, han sido hallados en Elche por un grupo de paleontólogos ilicitanos. Cerca de 500 fragmentos del huevo fueron trasladados a la unidad de Paleontología del departamento de Biología de la Autónoma de Madrid, dirigida por José Luis Sanz, donde se ha efectuado el estudio científico de las piezas. El responsable del Grupo Paleontológico de Elche, José Manuel Marín, anunció que se han encontrado «en buen estado de conservación» un total de 497 fragmentos fosilizados de la cáscara de, al parecer, un único huevo de ave-elefante que vivió en el periodo Mesiniense. La paleontóloga de esta unidad Ana Bravo explicó que en los últimos meses ha analizado la estructura de estos fragmentos de cáscara, que tienen un grosor de entre 2,13 y 3 milímetros y una superficie entre 1 y 3 centímetros cuadrados. La cáscara es de color crema y tiene la superficie lisa, aunque se encuentra «un poco erosionada» por haber permanecido a la intemperie. Uno de los caracteres que presentan estas cáscaras y que permiten asignarlas a la misma familia del ave-elefante (Apyornis) es la presencia de unas pequeñas ranuras alargadas donde abren los poros. Bravo señaló que los estudios sugieren que los restos provienen de un único huevo y no de una puesta mayor, mientras que tampoco se han hallado elementos que permitan determinar que en ese lugar había un nido. Además de Elche, anteriormente se han descubierto restos de huevos de esta especie en la península Ibérica en yacimientos de Canarias y Teruel, así como en otros países del Mediterráneo como Marruecos y Turquía. Sin embargo, Madagascar se convirtió en el verdadero santuario para esta especie ya que gracias a su condición de isla separada del continente africano el ave-elefante sobrevivió allí durante millones de años más, al igual que ha sucedido con otras especies animales que lograron subsistir en un terreno fértil y aislado. Esta gran ave podría haber sobrevivido hasta la llegada de los primeros seres humanos a la isla, dando lugar a la leyenda del mítico pájaro gigantesco que, se pensaba, una vez habitó en la India, y se popularizó en Las mil y una noches. El pájaro elefante adulto medía entre 2,4 y 2,7 m de altura y era tan voluminoso que su peso quizás alcanzara los 450 kg; con diferencia, el ave más pesada de todas las conocidas. Sus huevos se han encontrado fosilizados en el lodo de pantanos.


Cheirogaster bolivari.  Hernandez-Pacheco 1917.

Cheirogaster bolivari Cheirogaster bolivari Cheirogaster bolivari Cheirogaster bolivari Cheirogaster bolivari

        

Murcia, España. Era una especie de tortuga terrestre gigante, cuyos caparazones superan el metro de diámetro y pesan más de una tonelada, que datan de hace más de seis millones de años. Hace más de 11 millones de años, esta región de España estaba cubierta por el mar, poco a poco fue saliendo a la superficie y surgió un delta que fue introduciendo sedimentos desde el mar que arrastraron los caparazones de las tortugas muertas al lugar donde se han encontrado.


Sphenodon.

Sphenodon Sphenodon Sphenodon Sphenodon Sphenodon Sphenodon Sphenodon Sphenodon Sphenodon Sphenodon

                      

Nueva Zelanda, Oceanía. El fósil de un lagarto que ha sido identificado por un equipo de científicos de la UCL (University College, Londres), Universidad de Adelaida, y el Museum de Nueva Zelanda, Te Papa Tongarewa. El fósil, que data de hace 18 millones de años, ha dado lugar a nuevos argumentos sobre si el continente estuvo totalmente sumergido  hace unos 25 millones de años atrás. Hoy en día, el peligro del Nueva Zelanda tuatara (Sphenodon) es un lagarto, reptil único sobreviviente de un grupo que muy difundido a nivel mundial en la época de los dinosaurios. La tuatara vive en 35 islas diseminadas por toda la costa de Nueva Zelanda, la población continental debe haberse extinguido con la llegada de los seres humanos y los animales hace unos 750 años Sphenodon el fósil más antiguo conocido y data de la época del Pleistoceno (alrededor de 34.000 años), mientras que el nuevo descubrimiento data del Mioceno Temprano unos 19 a 16 millones de años atrás. El fósil, de mandíbulas y dentadura muy parecida a las del tuatara de hoy en día, hay una brecha de casi 70 millones de años en el registro fósil del grupo entre el Pleistoceno de Nueva Zelanda y el Cretácico Tardío de Argentina. En un documento publicado en los Proceedings of the Royal Society, el equipo dice que sus resultados ofrecen una prueba más de que los antepasados de los tuatara estuvieron sobre la superficie terrestre, que se separo del resto de los continentes del sur (Gondwana). Sin embargo, la diversidad de ahora que se conoce de los fósiles del Mioceno (Grupo San Bathans Fauna de la Manuherikia) sugiere que es muy probable que parte de la superficie se mantuvo sobre el agua para asegurar la supervivencia de un número de especies, como ranas, árboles y varios Kauri insectos modernos de agua dulce, como así el tuatara. Los fósiles también proporcionan la primera evidencia directa de que los antepasados de los tuatara han sobrevivido en Nueva Zelanda a pesar de importantes cambios climáticos y ambientales, tales como una caída de la temperatura global de unos ocho grados centígrados alrededor de 14 millones de años (Mioceno Medio). Entre el Oligoceno tardío y antes del Mioceno (35 a 22 M.A) una elevación del nivel del mar sumergió gran parte de Nueva Zelanda, pero la pregunta es, ¿cuánto? Si el continente de Zelanda estaba completamente sumergido, el Sphenodon habría tenido que recolonizar rafting por el océano. Si nos fijamos en la capacidad de la moderna transoceánico Sphenodon, se puede nadar, pero sólo las distancias cortas, es capaz de sobrevivir sin alimentos durante varios meses, pero la deshidratación sería un grave problema para un largo viaje por altas tasas de pérdida de agua a través de la piel. Además, actualmente no hay pruebas de una población fuera de Nueva Zelanda en ese momento. “Parece más probable que algunos lugares de la superficie terrestre han persistido durante el anegamiento del continente y permitió a los antepasados de los tuatara junto con las ranas, aves y mamíferos (conocido desde el Mioceno, pero ahora extinta) sobrevivir a la transgresión, aunque el grado de el resto de la superficie terrestre en el momento está abierta a la especulación. Sin embargo, incluso si Zealandia se redujo a sólo el uno por ciento de la actual superficie que todavía representan más de 2500 kilómetros cuadrados, más de 1000 veces la superficie de la Isla de Esteban (1,5 km al cuadrado), donde más de 30.000 tuatara viven actualmente”.


Bibliografía sugerida.

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Ver los principales fósiles del Plioceno de Argentina.

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