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Fósiles del Plioceno de Argentina:

El Periodo/Epoca Plioceno comprende entre los últimos 5 y 2,5 millones de años de la tierra. En la Republica Argentina se encuentra dividido en tres edades principales.

Sedimentos del Plioceno de Miramar.

La edad mamífero "Montehermorense" comprende un lapso intermedio entre el Mioceno tardío y el Plioceno temprano. Tiene una antigüedad entre 6 y 4 millones de años. Los depósitos sedimentarios afloran a unos 15 kilómetros al sur de la localidad de Pehuen-co, Provincia de Buenos Aires, Argentina. La edad "Chapadmalalense" es tal vez la más importante del Plioceno por la abundancia de restos fósiles y evidencias ambientales. Tiene entre 4 y 3,2 millones de años y corresponden a sedimentos del litoral marítimo pampeano, ubicados entre la ciudad de Mar del Plata y Miramar, Provincia de Buenos Aires. Durante el Final del Plioceno ocurrieron tres fenómenos naturales, los cuales decidieron la suerte del 80 % de las especies endémicas y autóctonas. Una de ellas fue el Gran Intercambio Biótico Americano, que fue la migración de los mamíferos al restablecerse la unión entre América del Norte y Sur, provocando la llegada de la fauna invasora. Otro de los fenómenos fue el impacto de un Asteroide, el cual ocurrió hace 3,3 millones de años. Ha esto se le suma, hacia el final del Plioceno, una estrella del grupo de estrellas O y B de la Asociación estelar de Scorpius-Centaurus a unos 380 a 470 años luz de la Tierra, explotó como supernova, lo suficientemente cerca de la Tierra como para provocar un gran deterioro en la capa de ozono, lo que pudo haber sido la causa de una extinción masiva en los océanos. Para ello se basaron en las anomalías del isótopo de esa época encontradas en los fondos oceánicos. << Principales sitios de Argentina.

Recientemente se incluyó la edad "Marplatense", la cual se encuentra dividida en tres sub-edades (sanandresense, vorohuense y barrancalobense) que tienen una antigüedad entre 3,2 y 1,9 millones de años, ubicadas principalmente al sur de la ciudad de Mar del Plata hasta Miramar. En el continente se produjo un evidente desplazamiento de distintos grupos de vertebrados hacia condiciones más favorables existentes al norte de Patagonia. A partir del Plioceno el registro fósil pertenece exclusivamente a algunas localidades del norte y centro del territorio argentino, a diferencia de las anteriores (del Mioceno al Paleoceno) que se encontraban principalmente en Patagonia. Existía un gradiente decreciente de humedad en dirección al oeste. En el territorio se desarrollaron las llanuras, con extensas praderas bajo un clima templado - cálido y húmedo. Ingresaron provenientes de Norteamérica numerosas especies de carnívoros placentarios. Posteriormente al elevarse las Sierras Pampeanas se produce una "sombra de lluvias" al este de las mismas, con lo cual se produjo la desertización de las áreas sub-andinas. Este periodo coincide con un deterioro en el clima, con un enfriamiento a nivel global, fenómenos de glaciaciones, un aumento en el gradiente térmico latitudinal, y un descenso en el nivel del mar, lo que provoco la disminución de especies.


Mesembriornis milneedwardsi. Moreno, 1889.                                   

Tizziana Magnussen, con el cráneo y pico Mesembriornis milneedwardsi en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Ave Carnívora. Como ya se había aclarado anteriormente, las aves carnívoras, tanto corredoras como voladoras, alcanzaron durante el Terciario dimensiones extraordinarias y se convirtieron en los principales depredadores debido a la ausencia de mamíferos competidores de gran tamaño. Mesembriornis milneedwardsi fue un ave corredora y carnívora que superaba los 1,8 metros de altura. Sus restos fósiles fueron hallados por primera vez en la Farola de Monte Hermoso (Montehermosense–Chapadmalalense) por Moreno y Mercerat en 1891, y depositados en el Museo de La Plata. Posteriormente, en 1908, se colectó un esqueleto casi completo procedente de la misma zona, actualmente preservado en el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires. La punta del pico dirigida hacia abajo, similar a la de las aves rapaces, revela hábitos carnívoros; sus principales presas habrían sido animales de talla media y pequeña, como Paedotherium o Pseudotypotherium, a los que perseguía hasta alcanzarlos para golpearlos con el pico y, una vez detenidos, sujetarlos con sus poderosas patas, clavando las garras hasta someterlos por completo. No desaprovechaba la carroña, especialmente durante períodos de escasez. Sus alas eran muy reducidas y con musculatura atrofiada, lo que le impedía volar. El cráneo superaba los 45 centímetros de longitud. Se extinguió durante el Plioceno, hace unos 3 millones de años, sin dejar representantes actuales; su nicho ecológico fue luego ocupado por numerosos mamíferos placentarios que ingresaron al continente tras la formación del istmo. Algunos restos proceden de sedimentos de Monte Hermoso y Barranca de los Lobos. La especie Hermosiornis rapax podría corresponder a Mesembriornis milneedwardsi según algunos estudios. Géneros y especies relacionados: Psilopterus colzecus, Palaeopsilopterus itaboraiensis, Chunga incerta, Hermosiornis australis y Hermosiornis rapax.


Psiloterus s.p. Moreno y Mercerat, 1891.
     

Cráneo de Psiloterus sp en el Museo de Cs Nat. de Miramar.

 

Ave Carnívora. Es un género extinto de forusrácidos (“aves del terror”) que vivió desde mediados del Oligoceno hasta fines del Mioceno en Argentina. En comparación con otros forusrácidos, sus representantes eran relativamente pequeños y gráciles. Un cráneo hallado en las cercanías de la ciudad de Miramar pertenece a uno de los últimos integrantes de la subfamilia Psilopterinae y procede del Plioceno tardío, hace unos 3 millones de años, correspondiente a la Edad Chapadmalalense de la provincia de Buenos Aires, aunque los registros más antiguos del género provienen del Mioceno temprano–medio (Santacrucense) de Patagonia. El cráneo conserva una longitud aproximada de 23 centímetros sin el pico. A pesar de no encontrarse completo y haber sido sepultado en condiciones ambientales desfavorables, presenta una característica excepcional: la preservación de la esclerótica ocular, formada por delicados huesecillos ubicados en la órbita. Asimismo, se observan marcas atribuibles a un par de caninos en su superficie superior. Esta ave habría alcanzado una altura cercana a 1,6 metros. En la actualidad existen representantes emparentados con esta familia en Argentina: los dos únicos miembros de la familia Cariamidae, la chuña de patas rojas (Cariama cristata), de unos 95 cm de altura, y la chuña de patas negras (Chunga burmeisteri), de aproximadamente 78 cm. Su dieta incluía principalmente pequeños mamíferos como Paedotherium o Dasypus, aunque existía una amplia diversidad de presas disponibles en ese momento. Especies y especies relacionadas: P. bachmani, P. lemoinei, P. affinis y P. colzecus.


Heterorhea dabbenei. Rovereto, 1914.

Pata recreada completa de un Rheiforme, en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar. Aspecto de Heterorhea. Por MarMag.2025.

Ave. Rheiformes. Se trata de un ave del orden Rheiformes, nombre que reciben dos aves sudamericanas similares al avestruz, emparentadas con el género Rhea del Pleistoceno y con el ñandú actual. Era de mayor tamaño que los representantes actuales de Sudamérica y, al igual que ellos, poseía tres dedos en cada pata. La cabeza y el cuello estaban completamente cubiertos de plumas. La cola no se encontraba desarrollada, pero presentaba largas plumas que colgaban y cubrían la parte posterior del cuerpo. Probablemente incubaban los huevos de manera similar a las formas actuales, en las que varias hembras utilizan un mismo nido y un solo macho puede incubar hasta 50 huevos, aunque este comportamiento no puede confirmarse con el registro fósil. Heterorhea era un corredor veloz gracias a sus largas patas y a la proporción de sus huesos, que le permitían alcanzar altas velocidades. Es posible que se desplazara en grupos familiares, salvo durante la época reproductiva, cuando se congregaría en grandes bandadas, volviéndose más vulnerable frente a depredadores marsupiales. Su dieta habría sido variada, incluyendo pastos, insectos y frutos. Aunque se trata de un género poco frecuente, algunos restos proceden del Terciario bonaerense y tucumano, representados por huesos aislados y cáscaras de huevo atribuidas tentativamente a Heterorhea. El primer registro, en 1914, se basó en un tarsometatarso proveniente de la Formación Monte Hermoso, y posteriormente se describió un nuevo género y especie a partir de un fémur hallado en los mismos niveles de los barrancos de Monte Hermoso (provincia de Buenos Aires). Estos constituyen los únicos registros pliocenos conocidos y corresponden a formas más grandes y robustas que los géneros actuales de Rheiformes. Géneros y especies relacionados: Heterorhea dabbenei, Rhea anchorenensis, Rhea americana, Rhea fossilis y Pterocnemia pennata.


Nothura parvula. Tambussi, 1989.

 

Restos fósiles del humero y sacro de un Nothura s.p, del Plioceno de Miramar. Museo de Ciencias Naturales de Miramar y reconstrucción por MarMag.2025.

Ave, Ratites. Los tinámidos son aves terrestres cuyo registro fósil se conoce principalmente en el Plioceno y Pleistoceno de Argentina. La familia Tinamidae es endémica de la región Neotropical y, vulgarmente conocidos como inambúes, se caracterizan por su escasa capacidad de vuelo y hábitos terrícolas. Si bien se han hallado restos fósiles en Brasil y Perú, la mayor parte del registro procede de Argentina, donde el resto más antiguo fue descubierto en el Mioceno tardío de la provincia de La Pampa. Los tinamúes pertenecen a los Paleognathae, tradicionalmente divididos en dos linajes: tinamúes y ratites; a diferencia de estas últimas, los tinamúes conservaron la capacidad de volar. Probablemente presenten un aspecto similar al de los ancestros voladores de las ratites. Estas últimas se distribuyen en Nueva Zelanda (kiwis), África (avestruces), América (ñandúes) y Australia y Nueva Guinea (emúes y casuarios), mientras que los tinamúes son exclusivos del Neotrópico. Las relaciones filogenéticas dentro de los paleognatos han sido debatidas durante décadas, existiendo consenso únicamente sobre la monofilia del grupo, la de los tinamúes y la del clado emú-casuario. Respecto a su radiación evolutiva, se proponen dos hipótesis: una sugiere una diversificación gondwánica durante el Cretácico, con la posterior deriva continental explicando la distribución actual; la otra plantea una radiación posterior al evento de extinción Cretácico–Paleógeno, a partir de ancestros voladores, de los cuales sólo los tinamúes conservaron esa capacidad. El género Nothura Wagler, 1827 incluye actualmente cinco especies que habitan ambientes abiertos con parches de vegetación arbórea en Sudamérica. Solo se conocen dos especies fósiles: Nothura parvula Tambussi, 1989 del Plioceno, y Nothura paludosa Mercerat, 1897 del Pleistoceno, ambas halladas en la provincia de Buenos Aires.


Vultur messii. Degrange, F. et al. 2023.

 

Femur de Vultur messii, del Plioceno de Catamarca.

 

Aspecto del cóndor Vultur messii. Por Santiago Druetta.

Ave. El registro fósil de cóndores (Aves, Cathartiformes) en América del Sur es escaso y, particularmente en Argentina, la mayoría de los restos asignados a este grupo han sido objeto de debate. La presencia de una especie fósil del género Vultur, recuperada de depósitos de casi 5 millones de años de antigüedad, coincide con el levantamiento de los cerros pampeanos y de los Andes, así como con el inicio de la aridificación regional. La existencia de cadenas montañosas incipientes sugiere que el centro de origen de este género estaría vinculado a la cordillera de los Andes, lo que implica una llegada temprana y una posterior diversificación de los cóndores en Sudamérica. En la actualidad, el género Vultur está representado únicamente por Vultur gryphus, el cóndor andino, considerado el ave voladora más grande del mundo por la combinación de un peso cercano a los 15 kg y una envergadura de hasta 3,3 metros. Es principalmente carroñero y prefiere cadáveres de gran tamaño, como los de ciervos o ganado. Alcanza la madurez sexual entre los cinco y seis años y nidifica en formaciones rocosas inaccesibles, a altitudes de entre 3000 y 5000 metros sobre el nivel del mar. La posición taxonómica exacta del cóndor andino y de las restantes especies de buitres del Nuevo Mundo continúa siendo debatida, ya que, aunque similares en apariencia y función ecológica a los buitres del Viejo Mundo, evolucionaron de ancestros distintos. Una nueva especie fósil fue hallada en afloramientos geológicos del noroeste argentino y homenajea al futbolista Lionel Messi, a casi un año de la histórica obtención de la Copa del Mundo.


Ceratophrys ameghinorum. Fernicola, 2001.

Esqueleto de un Ceratophrys ornata viviente en el MACN. Cráneo de Ceratophrys ameghinorum y reconstrucción en vivo. Museo de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar.

Anfibio. Anura. Los escuerzos del género Ceratophrys conforman un peculiar grupo de anuros neotropicales caracterizados por su notable robustez corporal y una cabeza desproporcionadamente grande. Actualmente se reconocen seis especies vivientes asignadas a este género, de las cuales solo dos se distribuyen en la República Argentina. En las regiones chaqueña y central del país se encuentra Ceratophrys cranwelli Barrio, 1980, mientras que Ceratophrys ornata Bell, 1841 restringe su distribución a la región pampeana. Estos animales poseían una cabeza ancha, hidrodinámica y cubierta por ásperas molduras óseas; las mandíbulas eran amplias y semicirculares, provistas de una hilera de pequeños dientes aserrados, con ocho dientes premaxilares y entre 30 y 40 maxilares, mientras que la mandíbula inferior carecía de dentición pero presentaba un borde extremadamente afilado. Excavaban cuevas utilizando tubérculos córneos de bordes agudos presentes en las patas posteriores. Probablemente se desplazaban con torpeza en tierra firme, pero en el agua eran rápidos y eficientes depredadores, capaces de capturar pequeñas aves, mamíferos, insectos, peces e incluso individuos juveniles de su propia especie. El registro fósil de este grupo es muy escaso; sin embargo, recientemente se realizaron hallazgos significativos al norte de la ciudad de Miramar, incluso dentro de una crotovina junto a otros vertebrados del Plioceno superior. El resto más antiguo de la subfamilia Ceratophryinae corresponde a W. gerholdi del Mioceno medio de Ingeniero Jacobacci, noroeste de Río Negro, considerado afín al género Ceratophrys. Recién en el Plioceno tardío reaparecen registros fósiles de esta subfamilia en el sur de la provincia de Buenos Aires (Monte Hermoso, Formación Montehermosense). Los primeros hallazgos fueron realizados por Ameghino en 1899, quien los asignó a Ceratophrys prisca. Durante el Plioceno se registra Ceratophrys sp. tanto en el noroeste argentino (Catamarca) como en el sur bonaerense. La fauna de la región subandina de este período presentaba un marcado carácter subtropical, lo que sugiere condiciones ambientales similares a las actuales del oeste del distrito chaqueño, que aparentemente también se extendían hacia el sudoeste bonaerense. El levantamiento final de las Sierras Pampeanas durante el Plioceno tardío habría bloqueado los vientos húmedos del nordeste, provocando la desertificación de las áreas occidentales. En el Piso Chapadmalalense se registran ejemplares diploides en Miramar, Punta Lobería y Punta Vorohué, y tetraploides en Quequén Salado y Chapadmalal. En el Piso Barrancalobense, hacia el final del Plioceno, se documenta un fósil diploide. Durante el Pleistoceno, a lo largo de la costa atlántica, se hallaron nuevos restos asignados a Ceratophrys (Piso Ensenadense). También se conocen materiales del Pleistoceno superior de Bolivia, en Ñuapua y Tarija, así como restos coetáneos de Brasil, en Lagoa Santa, Minas Gerais.


Salvator (Tupinambis) teguixin. Daudin, 1802.

 

Fragmento de cráneo y maxilar de Tupinambis exhibido en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

  Reconstrucción en vivo del genero Tupinambis teguixin del Plioceno pampeano. Por MarMag.2025.

Reptil Squamata. Es el lagarto de mayor tamaño de la familia Teiidae, registrado desde el Mioceno temprano de Patagonia y con presencia continua en Argentina durante todo el Mioceno, extendiéndose hasta el Holoceno. Los reptiles escamosos (Squamata) constituyen el segundo grupo más numeroso de vertebrados terrestres, con más de 8200 especies, superados únicamente por las aves; sin embargo, pese a su actual diversidad y abundancia, han sido tradicionalmente relegados en la literatura paleontológica. En la actualidad, el género Tupinambis, hoy reconocido como Salvator sp., está representado por al menos seis especies: T. duseni, T. longilineus, T. merianae, T. quadrilineatus, T. rufescens y T. teguixin, todas restringidas al territorio sudamericano al este de los Andes. Recientemente fue descripta una forma extinta, T. uruguaianensis, procedente del Pleistoceno de Brasil, de mayor tamaño que cualquiera de las especies actuales. En 1914, Rovereto describió cuatro especies fósiles de Tupinambis (T. preteguixin, T. prerufescens, T. brevirostris y T. multidentatus) provenientes de Monte Hermoso, a unos 60 km al este de Bahía Blanca, sobre la costa atlántica del sur bonaerense. Su registro paleontológico en sedimentos pampeanos se extiende desde el Mioceno tardío hasta el Holoceno temprano, aunque su mayor abundancia corresponde al final del Plioceno. Se caracterizaba por una marcada diferenciación dentaria, con incisivos, dientes caniniformes y otros aplanados similares a molares. Podía superar el metro de longitud total, aunque la cola representaba más de la mitad del cuerpo. Los machos presentaban la cabeza más ancha debido al desarrollo de los músculos mandibulares. Su dieta incluía anfibios, gusanos, reptiles y pequeños mamíferos, como cricétidos y algunos marsupiales. Sus restos aparecen ocasionalmente articulados dentro de paleocuevas excavadas por el propio animal o reutilizadas tras haber sido realizadas por otros vertebrados. Importantes hallazgos para la paleofauna pampeana proceden del “Uquiense” del arroyo Las Brusquitas y Barranca de los Lobos, así como de sedimentos modernos y sitios arqueológicos. En la región pampeana se lo registra en las formaciones Monte Hermoso, Chapadmalal y Vorohué.


Amphisbaena sp. Linnaeus, 1758.

Cráneo de un Amphisbaena (*). Vértebra del Plioceno encontrada cerca de Miramar. (autores). Aspecto de un Amphisbaena (*).

Reptil Squamata. Es un género de reptiles anfisbénidos de la familia Amphisbaenidae, comúnmente conocidos como culebras de dos cabezas, morronas o lagartijas gusano. Estas especies presentan un cuerpo cilíndrico, sin extremidades, con una cola corta y redondeada poco diferenciada del resto del cuerpo; la cabeza también es redondeada y apenas distinguible, con ojos pequeños semiocultos bajo la piel y sin aberturas auditivas externas. La piel está conformada por anillos subdivididos en pequeñas escamas cuadrangulares. Las especies del género Amphisbaena pasan la mayor parte de su vida bajo tierra, excavando galerías en busca de alimento, compuesto principalmente por insectos y otros invertebrados del suelo. Restos fósiles de Amphisbaena sp. fueron identificados en sedimentos chapadmalalenses (Plioceno temprano–medio) en las cercanías de la ciudad de Miramar, constituyendo hasta el momento el registro más antiguo del grupo en América del Sur. En la región costera de Miramar se encuentra actualmente A. angustifrons, mientras que A. heterozonata habita áreas próximas, por lo que la presencia del género en el Plioceno resulta coherente con su distribución actual.


Phrynops sp.  Schweigger, 1812.

Placas del caparazón de Phrynops, del Plioceno de la prov. de Entre Ríos. Museo de La Plata.

Cráneo de un ejemplar actual de Tortuga de laguna del genero Phrynops. (*)

Aspecto del Quelonio Phrynops geoffroanus. Por MarMag.2026

Reptil Testudines. El género Phrynops está registrado desde el Mio-Plioceno de Argentina y el Mioceno superior de Uruguay. Los antecedentes fósiles atribuidos a este género se restringen, por el momento, a sedimentos del noroeste argentino (Catamarca y Tucumán), a la región mesopotámica argentina y al departamento de San José, en Uruguay. También se mencionan restos asignables a Phrynops en sedimentos pleistocenos del Carcarañá, provincia de Santa Fe. Desde mediados del siglo XIX, la existencia de placas fósiles y material fragmentario fue señalada por Bravard, Burmeister y Ambrosetti, quienes realizaron determinaciones específicas pese a la fragmentación del material. Wieland, en 1923, citó para la región del Paraná a Parahydraspis paranaensis como un nuevo taxón de pleurodiro, aunque posteriormente Mlynarski lo consideró sinónimo de Phrynops geoffroanus. En el Mesopotamiense se han registrado numerosas tortugas, principalmente de la familia Chelidae y del género Phrynops. Los quélidos, considerados excelentes indicadores paleoambientales, sugieren condiciones subtropicales y húmedas, con ambientes bajos, inundables y con abundante vegetación, lo que explica la elevada diversidad de tortugas acuáticas y otros reptiles en estas regiones.


Colubridae. Oppel, 1811.

Vértebras y costillas de un Colubridae recreados in situ. Museo de Miramar.

Vértebra del Pleistoceno. Museo de San Pedro. Prensa. Aspecto del pequeño  Colubridae. (*).

Reptil, Serpentes. Los colúbridos o culebras (familia Colubridae) constituyen un amplio grupo de serpientes caracterizadas por presentar la cabeza recubierta por grandes escamas dispuestas de forma típica. Las escamas dorsales y laterales del cuerpo son aproximadamente romboidales, mientras que en la región ventral poseen una única fila de escamas ensanchadas. Generalmente son diurnas, con ojos bien desarrollados y pupila usualmente circular. Los registros fósiles de serpientes en depósitos pliocenos son extremadamente escasos y suelen consistir en elementos aislados, como vértebras o costillas, razón por la cual resulta más apropiado referirse a la familia Colubridae en lugar de asignaciones genéricas o específicas. El origen de la fauna colubrídica sudamericana se ha interpretado tradicionalmente como resultado de un ingreso pasivo desde América del Norte, previo al establecimiento definitivo del puente centroamericano, probablemente durante el Mioceno temprano o incluso antes. Algunos hallazgos relevantes proceden de la Formación Chapadmalal, en la localidad fosilífera de Las Brusquitas, a unos 5 km al norte de la ciudad de Miramar. Estos ofidios resultan de gran importancia para la paleontología, ya que permiten realizar inferencias paleoambientales. Al igual que sus parientes actuales, se habrían alimentado de pequeños vertebrados y principalmente de insectos.


Bothrops alternatus.  Duméril, Bibron & Duméril, 1854.

 

Vértebras fósiles de Bothrops encontradas en el Plioceno de Monte Hermoso, comparadas con las vértebras de una Yarará viviente.   Aspecto de Bothrops, del Plioceno bonaerense, indistinguible de Bothrops alternatus. Por MarMag.2025.

Reptil, Serpentes. Dentro de Colubroidea, el grupo monofilético de serpientes más avanzadas, en Sudamérica están representadas actualmente las familias Elapidae, Colubridae y Viperidae. En relación con esta última, en años recientes se han intensificado los estudios sobre la sistemática y evolución biogeográfica de géneros como Crotalus, Lachesis, Bothriopsis, Bothriechis y Bothrops. Este último incluye serpientes de mediano a gran tamaño, de cuerpo robusto, que pueden alcanzar alrededor de 1,5 metros de longitud y habitaron el Plioceno bonaerense en ambientes abiertos, cerrados y de pastizal. Al igual que sus representantes actuales, eran altamente venenosas y se alimentaban de pequeños mamíferos. Un equipo conjunto del LACEV, la Fundación Azara y el Museo Municipal “Carlos Ameghino” de Mercedes dio a conocer restos fósiles correspondientes a una serie de once vértebras del tronco de una especie indistinguible de Bothrops alternatus (yarará grande o víbora de la cruz). Este hallazgo, procedente de la Farola de Monte Hermoso, en la provincia de Buenos Aires, constituye el registro más antiguo conocido de yararás en el continente. Hace unos 3 millones de años, la región estaba habitada por manadas de megamamíferos como gliptodontes y perezosos gigantes, junto con fauna típica de ambientes chaqueños, como chuñas, escuerzos, boas de las vizcacheras y pecaríes. Hacia los 2,5 millones de años, el clima se volvió más frío y seco, marcando el inicio del Pleistoceno y provocando el desplazamiento progresivo de esta fauna hacia latitudes más septentrionales. Estudios de ADN mitocondrial sugieren que el primer vipérido habría ingresado a Sudamérica durante el Mioceno, entre 23 y 10 millones de años atrás, utilizando un puente terrestre entre América Central y del Sur; este ancestro, denominado Protobothrops, habría dado origen a todas las especies actuales de Bothrops, en concordancia con el ingreso documentado de diversos linajes de mamíferos durante ese mismo intervalo temporal.


Trigodon gaudryi. Ameghino, 1887.
     

 

Cráneo y Mandíbula de Trigodon, exhibido en el Museo de La Plata. Hallado en Monte Hermoso, Prov. Buenos Aires.

Cráneo de un genero afín, Paratrigodon s.p. Prov. Buenos Aires. Museo de La Plata.

Aspecto de la cabeza de Trigodon. Por MarMag.2025.

Mamífero Notoungulado. Es el último género gigante de los Haplodontheriinae, al menos en la región pampeana. Fue uno de los representantes del orden Notoungulata, un grupo que se diversificó en América del Sur colonizando una amplia variedad de ambientes. Existió desde hace aproximadamente 11,6 millones de años hasta hace 3 millones de años, durante el Mioceno superior y el Plioceno. Se trataba de animales de patas y cuello cortos, que aún no habían desarrollado una cruz en forma de joroba como los toxodontos posteriores. Presentaban adaptaciones semiacuáticas y se alimentaban de vegetación abundante en las orillas de cuerpos de agua. La presencia de una gran fosa en el cráneo de este gigantesco animal llevó a los paleontólogos a suponer que poseía un cuerno córneo curvado, utilizado para defenderse de los carnívoros de su época, como las grandes aves corredoras y los marsupiales de caninos muy desarrollados. Su cuerpo era voluminoso y macizo, cubierto por una piel gruesa. Las extremidades, cortas y robustas, no estaban adaptadas para la carrera. Su peso se estima entre 1,5 y 2 toneladas. Los principales restos provienen de los acantilados marítimos de la costa bonaerense y de algunos sitios del interior de la provincia de Buenos Aires. Se extinguió a fines del Plioceno, siendo reemplazado ecológicamente por Toxodon, muy abundante durante el Pleistoceno, y es considerado un fósil característico de la Edad Montehermosense. Su distribución incluyó la ladera oriental de los Andes en Bolivia y Perú, las llanuras de Uruguay, la Formación Solimões en el alto río Acre (Brasil) y la provincia de Buenos Aires (Argentina). Géneros y especies relacionados: Toxodon chapalmalensis, Toxodon darwini, Toxodon ensenadensis, Toxodon platensis, Toxodon gezi, Toxodon gracilis, Xotodon prominens, Xotodon ambrosetti, Trigodon minus, Alitoxodon vetustum, Mixotoxodon larensis y Nonotherium hennigi.


Paedotherium typicum.  Ameghino, 1887.
     

Esqueleto preservado en el Museo "Punta Hermengo" de Miramar.

Cráneo y mandíbula en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Reconstrucción en vivo. Por MarMag.2025.

Mamífero Notoungulado. Paedotherium fue el representante más pequeño de un grupo particularmente abundante. Sus dimensiones y aspecto en vida recuerdan a la liebre patagónica o mara (Dolichotis australis). Presentaba un cráneo corto y robusto, con cierta semejanza al de los roedores, incisivos muy prominentes de crecimiento continuo, cortos y cincelados, ausencia de caninos, y premolares y molares alargados, bilobulados, seis por cada mitad del maxilar y la mandíbula. Poseía órbitas grandes, lo que sugiere hábitos crepusculares o nocturnos, así como un aparato auditivo muy desarrollado, indicativo de posibles costumbres terrestres y subterráneas. Los miembros anteriores eran digitígrados, mientras que los posteriores, más largos, eran plantígrados. Se alimentaba de vegetación abrasiva, dura y rugosa, y probablemente vivía en madrigueras excavadas por el propio animal. Fue una especie muy exitosa, con una distribución temporal que abarca desde el Mioceno hasta el Pleistoceno inferior. Su extinción se asocia a cambios ambientales que afectaron drásticamente a sus poblaciones. Es uno de los notoungulados mejor conocidos de la región pampeana debido a la abundancia de sus restos fósiles, particularmente en las edades Montehermosense y Chapadmalalense. Algunos investigadores sostienen que Paedotherium typicum y Paedotherium insigne serían descendientes del representante mioceno Paedotherium minor. Géneros y especies relacionados: Paedotherium typicum, Paedotherium bonaerense, Paedotherium insigne y Tremacyllus impressus.


Xotodon catamarcensis. Ameghino, 1887.

 

Cráneo de Xotodon del Plioceno de Catamarca. Ejemplar depositado en Museum für Naturkunde, Berlin. .   Posible aspecto del toxodontido Xotodon. (*).

Mamífero Notoungulado. Fue un género perteneciente a la familia extinta del suborden Toxodonta, dentro del también extinto orden de ungulados sudamericanos Notoungulata. El ejemplar descubierto en el Plioceno de Catamarca correspondía a un gran herbívoro, de tamaño comparable al del actual rinoceronte negro, con tres dedos en cada pata. La radiación adaptativa de los ungulados paleocenos de América del Sur fue temprana y rápida, lo que dificulta la elaboración de modelos filogenéticos completamente explicativos. Derivados de pequeños herbívoros primitivos sin competidores, evolucionaron de manera independiente y aislada del resto de los ungulados durante gran parte del Cenozoico. Los mamíferos originarios de Sudamérica evolucionaron en un contexto de continente-isla. Hacia 1900, Florentino Ameghino inició un extenso catálogo que incluye clasificaciones, estudios comparativos y descripciones de más de 9000 animales extintos, muchos descubiertos por él mismo. Los notoungulados comprenden más de 100 géneros agrupados en cuatro subórdenes. Los ungulados sudamericanos representan un caso de aislamiento geográfico tan notable como el de los marsupiales australianos. Los meridiungulados, comúnmente denominados ungulados sudamericanos, incluyen a los toxodóntidos, animales con dientes de coronas excepcionalmente altas y curvadas, con raíces abiertas de crecimiento continuo que compensaban el desgaste producido por el consumo de hierbas duras de la pampa. Otros géneros y especies relacionados son Pericotoxodon, Trigodon, Toxodon, Nesodon, Adinotherium, Haplodontherium y Dinotoxodon.


Seudotypotherium hystatum. Cabrera, 1904.

 

Cráneo de Pseudotypotherium s.p del Plioceno de la Prov. de Buenos Aires. Museo de La Plata.

 

Posible aspecto de Pseudotypotherium. (*).

Mamífero Notoungulado. Se trata de un mamífero notoungulado perteneciente a una antigua estirpe que evolucionó a partir del Paleoceno sudamericano. Era un animal de tamaño mediano, ligeramente mayor que una oveja actual, con una cola algo más larga, patas relativamente desarrolladas y una cabeza cuya fórmula dentaria recuerda a la de los roedores. Presentaba un cuello corto, un cuerpo robusto y, en el extremo de sus patas, garras muy conspicuas. Su dieta era herbívora, basada principalmente en pasturas y hojas, abundantes en la llanura pampeana. Sus hábitos podrían compararse con los del carpincho o capibara, siendo cursorial y semiacuático. Es característico de la Edad Montehermosense, y en áreas comprendidas entre el sur de Mar del Plata y el norte de Miramar se han recolectado numerosos restos fósiles asignables a este género. Géneros y especies relacionados: Protypotherium antiquum, Typotheriopsis chasicoensis, Protypotherium australe, Pseudotypotherium histatum y Mesotherium cristatum.


Promacrauchenia chapadmalense. Kraglievich, 1930.

Craneo y parte del esqueleto de Promacrauchenia, Colección Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Icnitas atribuidas a Macrauchenichnus rector. Icnogenero de Promacrauchenia. Conicet de Mendoza.

Aspecto de un Macraucheniidae (*).

Mamífero Litopterno. Es un género extinto de mamíferos perteneciente a la familia Macraucheniidae, dentro del orden Litopterna de los meridiungulados, y de menor tamaño que Macrauchenia del Pleistoceno. Su cuerpo recordaba al de un camélido, con una trompa corta, alcanzando aproximadamente 1,6 metros de altura, 2,5 metros de longitud y un peso cercano a una tonelada. Esta trompa habría funcionado como un labio prensil, permitiéndole alimentarse, acondicionar el aire inhalado y posiblemente permanecer parcialmente sumergido, complementada por una lengua larga y prensil. Aunque compartía numerosas adaptaciones morfológicas con los jiráfidos, no existía parentesco entre ambos grupos. Los fósiles de Promacrauchenia proceden de estratos miocenos y del Plioceno temprano de Argentina. Los macrauquénidos evolucionaron en total aislamiento en el continente sudamericano a partir de herbívoros primitivos. Los promacrauquenios no estaban altamente especializados, poseían una cola de tamaño medio, patas relativamente largas —aunque no tanto como las de sus descendientes—, tres dedos por pata y un cerebro bien desarrollado. Habitaban ambientes de matorral, alimentándose de hojas, brotes, tallos, frutas, helechos y hongos, siendo capaces incluso de consumir vegetación espinosa y coriácea. Tras su extinción, su nicho ecológico fue ocupado por litopternos de mayor tamaño y, en la actualidad, en parte por el guanaco. En la costa norte del golfo San Matías, en Punta Bermeja (Río Negro), se hallaron icnitas correspondientes al Plioceno temprano, con huellas de hasta 4 cm de profundidad que se extienden a lo largo de 1,30 metros, atribuidas a macrauquénidos del género Promacrauchenia. Otras especies relacionadas incluyen Epitherium laternarium, Eoauchenia primitiva, Diplasiotherium robustum, Neolicaphrium recens, Promacrauchenia antiqua, Promacrauchenia kraglievichi, Promacrauchenia chapadmalense, Windhausenia delacroixi, Pseudomacrauchenia yepesi y Macraucheniopsis ensenadensis.


Eoauchenia primitiva. Ameghino, 1889.

Algunos de los restos de un proteroterio hallados en Termas de Río Hondo. Museo Rincón de Atacama.

Un grupo de Eoauchenias perseguidos por un ave del terror.Por MarMag.2026

Mamífero Litopterno. Se trata de un mamífero de pequeño tamaño, superficialmente similar a los caballos actuales, aunque sin parentesco alguno, perteneciente a la familia Proterotheriidae, una estirpe primitiva originaria de América del Sur. Durante aproximadamente 50 millones de años de aislamiento casi total, los mamíferos de Sudamérica y la Antártida evolucionaron en un contexto de continente-isla, extinguiéndose en la Antártida antes que en Sudamérica debido al enfriamiento climático y la glaciación iniciados hace unos 37 millones de años. Los proteroterios constituyen uno de los ejemplos más claros de convergencia adaptativa o evolución paralela, al desarrollar rasgos similares a los caballos de otros continentes pese a su aislamiento biogeográfico. Estos pequeños “falsos caballos” eran animales gráciles, de lomo relativamente corto, extremidades alargadas con pezuñas y un rostro no particularmente largo, con ojos grandes. En conjunto, recuerdan más a gacelas u otros herbívoros pequeños o medianos que a caballos modernos. Las proporciones de sus miembros sugieren que habitaban ambientes más boscosos, lo que permite realizar inferencias paleoambientales y paleoclimáticas. Un rasgo compartido con los caballos es la presencia de un mecanismo de trabado en la rodilla, que les habría permitido permanecer de pie con menor gasto energético, característica propuesta para varios mamíferos sudamericanos extintos. En 2015 se dieron a conocer los primeros restos de esta familia en el Mio-Plioceno de la provincia de Santiago del Estero, procedentes de la Formación Las Cañas, en una de las márgenes del río Dulce, cerca de la localidad de Río Hondo, y depositados en el Museo Municipal Rincón de Atacama. Otra localidad clásica para el hallazgo de Eoauchenia primitiva es Monte Hermoso, en la provincia de Buenos Aires. Otros géneros y especies conocidas son Diplasiotherium robustum y Epitherium laternarium.


Actenomys latidens. Ameghino, 1888.
     
 
Ejemplar en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar.   Ilustración del extinto roedor Actenomys. Por MarMag.2025.

Mamífero Roedor. Fue un roedor caviomorfo muy común en la región pampeana y considerado un fósil guía. Se trata de un género extinguido a comienzos del Pleistoceno, emparentado con el actual género Ctenomys (tucos-tucos), ampliamente diversificado en Sudamérica. Probablemente presentaba hábitos subterráneos, ya que sus restos suelen hallarse en antiguas madrigueras. Su alimentación era herbívora, basada principalmente en raíces y bulbos. Las extremidades anteriores poseían falanges ungueales muy desarrolladas, adaptadas a la excavación. El cuerpo era relativamente corto pero ancho, con vértebras cervicales cortas y escasa movilidad, por lo que Actenomys debía girar completamente el cuerpo para mirar hacia atrás. Su tamaño duplicaba ampliamente al de sus parientes actuales y, durante el Plioceno, fue una presa frecuente de numerosos depredadores. En algunos casos, sus dientes aparecen junto a huesos triturados dentro de excrementos atribuidos a marsupiales y prociónidos. Su extinción estaría asociada a la desaparición de otros taxones contemporáneos. Su origen fue alóctono, con antecesores que habrían ingresado al continente durante el Oligoceno medio. Se han recuperado centenares de restos, incluidos esqueletos, cráneos y mandíbulas, en las formaciones Chapadmalal y Vorohué, entre Mar del Plata y Miramar, así como en otros puntos de la provincia de Buenos Aires. Géneros relacionados: Abolosia castellanosi, Ctenomys (Paractenomys) chapadmalensis, Eucelophorus cabrerai, Phtoramys homogenidens, Pseudoplateomys formosus, Actenomys latidens, Ctenomys talarum y Xenodontomys ellipticus.


Phugatherium novum. Ameghino, 1908.

Ramas mandibulares de Phugatherium novun del Plioceno, en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar., Reconstrucción en vivo de Phugatherium novun.  Por MarMag.2025.:

Mamífero Roedor. Se trata de una forma primitiva de los actuales carpinchos o capibaras, aunque de mayor tamaño, con una contextura comparable a la de un tapir asiático. Sus primeros registros corresponden al Mioceno, hace aproximadamente 9 millones de años, y se extiende hasta el Plioceno, hace unos 3 millones de años. El cráneo presenta un rostro alargado y estrecho, con una longitud que duplica la del carpincho actual, superando los 50 centímetros. El fémur y el húmero mantienen proporciones similares a las del género moderno, pero el cúbito, radio, tibia, peroné y otros huesos de las extremidades eran considerablemente más largos y desarrollados, lo que le confería un aspecto de carpincho de patas largas. Esta morfología sugiere afinidades con mamíferos corredores y un peso que superaba los 200 kilogramos. La dentición era típica de los roedores, con incisivos largos y desarrollados y una serie molariforme laminada, mostrando marcadas diferencias entre individuos juveniles y adultos, lo que durante décadas llevó a confusiones taxonómicas y a la creación de géneros y especies hoy considerados sinónimos. Su dieta se basaba principalmente en vegetales de zonas pantanosas, aunque algunos paleontólogos descartan hábitos anfibios estrictos. Los restos más importantes provienen de afloramientos pliocenos de la provincia de Buenos Aires, como Miramar y Monte Hermoso. El carpincho actual (Hydrochoerus hydrochaeris) no posee registros fósiles en esta región y su presencia es muy reciente y con poblaciones reducidas. Géneros y especies relacionadas: Anchimysops villalobosi, Anchimysops ultra, Phugatherium cataclisticum, Protohydrochoerus perlurbidus, Chapalmatherium novum y Neochoerus sp.


Eumegamys paranensis. Kraglievich, 1926.

Cráneo del gigantesco Eumegamysops exhibido en el Museo de La Plata, procedente de la localidad de Paraná, comparado con el cráneo del roedor viviente mas grande del planeta, el carpincho.

Carlesia sp (=eumegamys) mandíbula del Mioceno de Chasico (Prov. de Bs As). Museo La Plata.

 Tamaños comparativos con un humano y un carpincho, el roedor viviente de mayor dimensión.  Por MarMag.2025.

Mamífero Roedor. Eran roedores gigantes que habitaron la región pampeana principalmente durante el Plioceno temprano a tardío, entre hace 4 y 2 millones de años, aunque también se han registrado restos aislados en otros sectores de Sudamérica. Poseían incisivos de varios centímetros de longitud, mientras que los molares eran relativamente pequeños, lo que sugiere una dieta basada en vegetales tiernos, frutos o plantas acuáticas. En la actualidad, el mayor roedor viviente es el carpincho, que alcanza unos 60 kilogramos, mientras que Eumegamys superaba los 150 kilogramos. Existió durante el Plioceno temprano a tardío, con hallazgos importantes en la Mesopotamia argentina (Entre Ríos, Buenos Aires) y otros lugares de Sudamérica. Este género también ha sido conocido bajo otras denominaciones taxonómicas, tales como Megamys, Isostylomys, Carlesia, Diaphoromys, Rusconia y Protomegamys.


Telicomys giganteus. Ameghino, 1904.

 

Mandíbulas de Telicomys en la exhibición de roedores fósiles del Museo de Ciencias Naturales de Miramar. Copias.  

Posible aspecto del gigantesco roedor Plioceno Telicomys. (*).

Mamífero Roedor. Es un género extinto de roedores sudamericanos que alcanzó un tamaño extraordinario durante el Plioceno, con especies que llegaron a dimensiones comparables a las de una vaca doméstica. Uno de los representantes más conocidos fue Telicomys giganteus, que poseía extremidades alargadas y probablemente estaba adaptado a la carrera. Las mandíbulas presentaban grandes incisivos, con una cara anterior de hasta 3 centímetros de ancho, acompañados por cuatro molares en cada maxilar y rama mandibular. Se presume que habitaba ambientes secos con vegetación abundante, aunque la evidencia fósil disponible es limitada y no permite reconstrucciones biológicas detalladas. Algunos restos significativos fueron descubiertos a mediados de la década de 1940 en las cercanías de la ciudad de Miramar, en la provincia de Buenos Aires. Algunos autores sugieren que pudo haber superado los 2 metros de longitud corporal. Su pariente viviente más cercano es la pacarana (Dinomys branickii). Géneros y especies relacionados: Telicomys gigantissimus y Telicomys amazonensis (especie considerada dudosa).


Paleocavia impar. Ameghino, 1889.

 

Cráneos de cavidae del Plioceno. Museo de Miramar.

 

Aspecto de Paleocavia. (*).

Mamífero Roedor. Fue un género muy abundante desde el Mioceno hasta el final del Plioceno, aunque esta familia aún requiere estudios más profundos. Como roedores cávideos, pueden considerarse indicadores de ambientes templado-cálidos. Presentaban una cabeza grande y de forma rectangular, con una cola muy reducida o ausente. Poseían cuatro dedos en las extremidades anteriores y tres en las posteriores, un cuerpo alargado y extremidades delgadas y cortas, que sin embargo les permitían desplazarse con notable rapidez. Habitaban zonas con vegetación abundante y condiciones relativamente húmedas. Alcanzaban unos 25 centímetros de longitud y estaban emparentados con los actuales conejillos de Indias, cuises y el carpincho, el mayor roedor viviente. Otros géneros relacionados incluyen Microcavia, Pascualia, Dolicavia, Caviodon, Palaeocavia, Allocavia y Galea.


Eumysops gracili. Ameghino, 1906.

 

Cráneo de Eumysops. Hallado por Francisco De Cianni. Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

 

Aspecto que presentaría Eumysops. Por MarMag.2025.

Mamífero Roedor. Los equimíidos son una familia de roedores histricomorfos distribuida en Centro y Sudamérica, con un rico registro fósil desde el Mioceno tardío en Patagonia, Mendoza y Catamarca, y especialmente abundante en el Plioceno de Buenos Aires y Entre Ríos. El género Eumysops incluyó una gran diversidad de especies de octodontoideos. La mayoría de los equimíidos se encontraba restringida a ambientes con abundante disponibilidad de agua, mostrando escasa adaptación a regiones áridas. Eran casi exclusivamente herbívoros; algunas especies eran terrestres o cavadoras, mientras que otras presentaban hábitos arbóreos. Poseían un pelaje fuerte y espinoso que actuaba como mecanismo de defensa. Muchos equimíidos podían desprenderse de la cola al ser atacados, lo que distraía al depredador el tiempo suficiente para escapar, aunque dicha estructura no se regeneraba. Otras especies conocidas son Eumysops laeviplicatus, Eumysops formosus y Eumysops chapalmalensis.


Thylacosmilus atrox. Riggs, 1933.
   

Thylacosmilus recreado in situ en el Museo de Miramar, por el Técnico Mariano Magnussen Saffer. Presentado en las JAPV. 2014 Aspecto de Thylacosmilus. Nótese el detalle del cachorro asomando del marsupio (*).

Mamífero Marsupial. Fue un importante carnívoro marsupial perteneciente a los Sparassodonta de la Era Terciaria, muy similar en aspecto al denominado “tigre dientes de sable”, aunque sin parentesco alguno, ya que este último es un mamífero placentario. Constituye un claro ejemplo de evolución paralela: dos linajes totalmente distintos que nunca coexistieron en el mismo continente desarrollaron morfologías semejantes al ocupar un rol ecológico equivalente. Thylacosmilus poseía largos y afilados colmillos, proyectados hacia abajo y hacia adentro, de aproximadamente 15 centímetros de longitud, y un tamaño corporal algo menor al de un puma actual. Los primeros restos fósiles de este impresionante carnívoro fueron hallados en la década de 1920 en áreas de Entre Ríos, así como en el valle de Santa María y Puerta de Corral Quemado, en el departamento de Belén, provincia de Catamarca. A diferencia de Smilodon, Thylacosmilus carecía de incisivos y de una vaina protectora para los caninos, los cuales crecían de manera continua, como los dientes de los roedores. Es muy probable que sus presas fueran grandes mamíferos notoungulados, a los que abatía mediante una mordida certera en el cuello. Sus caninos habrían provocado heridas profundas que ocasionaban una rápida hemorragia, llevando a la muerte del animal en pocos segundos. En Sudamérica se han recuperado escasos restos, procedentes de Entre Ríos, Córdoba y Catamarca; el cráneo más completo proviene del Plioceno de Chapadmalal, y se conocen restos de un esqueleto parcial del Plioceno de Miramar. Su extinción se asocia a los profundos cambios ambientales ocurridos hacia el final del Plioceno y a la desaparición de las grandes presas que acechaba. Thylacosmilus atrox habría tenido una masa corporal estimada entre 90 y 140 kilogramos. Géneros relacionados: Thylacosmilus lentis y Achlysictis lelongi.


Thylatheridium cristatum. Reig, 1952.
     

 

Mandíbula de Thylatheridium. Museo de Ciencias Naturales   de Miramar "Punta Hermengo".

 

Aspecto de Thylatheridium cristatum. Por MarMag.2025.

Mamífero Marsupial. Fue un animal perteneciente a la familia de los marsupiales didélfidos. Su cráneo era relativamente grácil y pequeño, con una caja cerebral estrecha, y un hocico puntiagudo. La cola era larga y prensil, como en otros didélfidos actuales. Este grupo presentaba una notable capacidad de adaptación a distintos ambientes, aunque probablemente prefería zonas arboladas cercanas a fuentes de agua. Necesitaba disponer de refugios seguros que le brindaran protección durante el día y abrigo en invierno, estación especialmente crítica, ya que no toleraba bien las bajas temperaturas. Sin embargo, no excavaba madrigueras propias, sino que utilizaba refugios naturales, como cuevas en rocas o troncos de árboles, o bien ocupaba refugios abandonados por otros animales. El registro fósil sugiere que Thylatheridium tenía hábitos mayormente solitarios. Era omnívoro y poseía una dieta muy variada, lo que le permitía adaptarse a distintos hábitats. Consumía frutos maduros, brotes y tallos tiernos, así como invertebrados, insectos, lombrices y, con frecuencia, pequeñas aves, especialmente durante la época reproductiva. Se han recuperado restos bien preservados de este género en los afloramientos del litoral marítimo bonaerense, en Barranca de los Lobos, Chapadmalal y Miramar, así como en sedimentos terciarios del Quequén Salado y Monte Hermoso. Géneros relacionados: Didelphis albiventris, Didelphis crucialis, Didelphis reigi, Hyperdidelphys inexpectata, Lestodelphys halli, Lestodelphys juga, Lutreolina crassicaudata, Lutreolina tracheia, Monodelphis dimidiata, Thylamys pusillus, Thylamys contrerasi, Thylatheridium pascuali, Thylophorops perplata y Thylophorops chapadmalensis.


Argyrolagus palmeri. Ameghino, 1904.   

Cráneo de Argyrolagus de la Col. del Museo de La Plata.

Esqueleto de Argyrolagus recreado a partir de los fósiles conocidos. Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Aspecto de Argyrolagus. Ambas recreaciones de Mariano Magnussen. Por MarMag.2026

Mamífero Marsupial. Fue un mamífero marsupial de pequeño tamaño, comparable al de un ratón grande, con una longitud aproximada de 40 centímetros, emparentado con los actuales canguros de Australia y las zarigüeyas de América del Sur. Su aspecto recuerda notablemente al de las ratas canguro modernas. Poseía largas patas traseras y extremidades anteriores cortas, con mandíbulas de aspecto roedoriforme. Es posible que tuviera orejas largas, aunque estas no se han preservado en el registro fósil. Se alimentaba de vegetales e insectos y probablemente tenía hábitos crepusculares o nocturnos. Argyrolagus formó parte de una notable radiación evolutiva independiente que tuvo lugar en Sudamérica durante los últimos 60 millones de años, cuando el continente permaneció aislado del resto de las masas continentales y desarrolló una fauna única. Estos marsupiales ocuparon nichos ecológicos que en otros lugares del mundo estaban dominados por mamíferos placentarios. El primer hallazgo de este género se realizó en el yacimiento de Monte Hermoso, al sur de la provincia de Buenos Aires. Resulta llamativo que el nicho ecológico ocupado por Argyrolagus no haya sido reemplazado por otra especie tras su desaparición. Géneros relacionados: Argyrolagus palmeri (Edad Montehermosense), Argyrolagus scagliari (Edad Chapadmalalense) y Microtragulus reigi (formaciones Chapadmalal, Vorohué, Barranca de los Lobos y San Andrés). También se han recuperado restos en sedimentos pliocenos de Miramar, Quequén Grande y Pehuen Co.


Thylophorops chapadmalensis. Ameghino, 1908.

Coprolitos y otros desechos escatológicos atribuido a Thylophorops. Plioceno de Miramar.

Rama mandibular de Thylophorops. Colección Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Posible aspecto de Thylophorops. Por MarMag.2025.

Mamífero Marsupial. Es un género extinto de marsupiales didelfimorfos de la familia Didelphidae, estrechamente emparentado con las zarigüeyas modernas de los géneros Philander y Didelphis. Sus fósiles proceden de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Una de sus especies, Thylophorops lorenzinii, es el mayor didélfido conocido, con un peso estimado entre 4,7 y 7,5 kilogramos, superando al actual Didelphis virginiana. Un hallazgo publicado recientemente sugiere que un ejemplar de Thylophorops chapadmalensis habría sido depredado por Cyonasua lutaria, ya que ambos fueron encontrados asociados a otras especies dentro de una cueva o crotovina atribuida a un gran armadillo. A este género también se le atribuyen varios coprolitos fósiles hallados en el interior de dicha estructura.


Hyperdidelphys inexpectata.  Ameghino, 1889.

 

Mandíbula inferior de Hyperdidelphys del Plioceno de Miramar.

 

Aspecto de Hyperdidelphys junto a sus crías.  Por MarMag.2025.

Mamífero Marsupial. Es un género extinto de marsupiales didelfimorfos de la familia Didelphidae cuyos fósiles, datados entre el Mioceno Superior y el Plioceno Superior, proceden del centro y noreste de Argentina. Las adaptaciones carnívoras de las especies de Hyperdidelphys se vinculan con el proceso de declinación de los Sparassodonta durante el Mioceno tardío y el Plioceno en América del Sur, previo a la llegada de los carnívoros placentarios de origen holártico tras la formación del istmo de Panamá. Probablemente acechaba y atacaba dentro de madrigueras, depredando pequeños roedores, armadillos, notoungulados y anfibios, entre otros vertebrados.


Lutreolina tracheia. Rovereto 1914.

 

 

Restos recreados in situ del genero Lutreolina sp. de Ciencias Naturales de Miramar.

 

Aspecto general del genero Lutreolina sp del Mioceno - Holoceno.  Por Carlos C. Wiedner.

Mamífero Marsupial. Es un género de mamíferos marsupiales conocido en América del Sur desde el Terciario. Los registros más antiguos corresponden al Mioceno tardío (Edad Huayqueriense) del noroeste y centro de Argentina, mientras que Lutreolina tracheia se conoce en niveles pliocenos de las edades Montehermosense y Chapadmalalense en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Catamarca. Al igual que sus parientes actuales, probablemente habitaba pastizales asociados a humedales de tierras bajas. Presentaba una cabeza pequeña, patas cortas y un cuerpo alargado. Su dieta incluía pequeños mamíferos, aves y sus nidos, anfibios, reptiles, peces, moluscos e insectos, complementada en menor medida con alimentos de origen vegetal. El género también está representado durante el Pleistoceno y el Holoceno. En la actualidad se reconocen dos especies vivientes: Lutreolina crassicaudata y Lutreolina massoia.


Chapalmalania altaefrontis. Ameghino,1908.
   

Cráneo de Chapadmalania superponiendo las marcas dentales en hueso de Eosclerocalyptus. Tomado de Paleo Electrónica.

 Reconstrucción de Chapadmalania. Por MarMag.2025.

Mamífero Carnívoro. Fue un procionido que llegó a América del Sur durante el Gran Intercambio Biótico Americano, ocurrido en el Plioceno, aunque su registro se extiende desde fines del Mioceno hasta comienzos del Pleistoceno, entre 6,8 y 1,8 millones de años. Se adaptó rápidamente a las nuevas condiciones ambientales, diversificándose ampliamente en el continente. Chapalmalania altaefrontis debió asemejarse a un mapache gigante, alcanzando cerca de 2 metros de longitud, 1,5 metros de altura y un peso aproximado de 160 kilogramos. Su tamaño era tal que, en los primeros hallazgos, fue interpretado erróneamente como un oso prehistórico. Su dieta habría sido variada, incluyendo plantas, frutos, huevos, peces, insectos y carroña. El cráneo era ancho y recordaba al de un lobo, con una dentición completa: incisivos curvados y robustos, caninos cortos y fuertes, y molares con amplias superficies de trituración. Su similitud con el panda gigante constituye otro ejemplo de convergencia evolutiva. Este gran carnívoro desaparece del registro fósil hace unos 3 millones de años y se conocen muy pocos restos diagnósticos. En 2014 se dio a conocer el hallazgo de restos fósiles en Olavarría que evidencian la depredación de un Eosclerocalyptus lineatus por Chapalmalania.


Cyonasua lutaria.  Cabrera, 1936.

Esqueleto parcialmente completo de Cyonasua lutaria. Colección del Museo de Ciencias Naturales de Miramar.. Cráneo de Cyonasua, en las colecciones del Muso de La Plata. Reconstrucción en vivo del prociónido Cyonasua del Plioceno bonaerense.  Por MarMag.2025.

Mamífero Carnívoro. Es una especie extinta de carnívoro sudamericano cuyo nombre, de origen griego, significa “coatí-perro”. Fue un procionido, al igual que Chapalmalania, aunque de menor tamaño, y estaba emparentado con el actual género Nasua, presente en la selva amazónica y misionera. Formó parte de la fauna alóctona cuya estirpe evolucionó en Sudamérica desde el Mioceno, hace aproximadamente 10 millones de años, siendo uno de los primeros carnívoros placentarios en colonizar el continente. Sus restos han sido hallados en sedimentos de las provincias de Catamarca, Mendoza, Córdoba, Buenos Aires y La Pampa. A diferencia de otros carnívoros, Cyonasua lutaria poseía caninos muy desarrollados y robustos, y probablemente se alimentaba de pequeños mamíferos, como Paedotherium o los antecesores de los armadillos actuales, aunque también consumía frutos, huevos y larvas. Sus primeros fósiles fueron descritos en Argentina en 1885, y la especie habría vivido entre 3,6 y 2,5 millones de años. Fue un componente relevante del Gran Intercambio Biótico Americano, ya sea mediante el puente terrestre del istmo de Panamá o a través de dispersión insular. En Miramar se ha recuperado parte de un esqueleto, actualmente preservado en el Museo de Ciencias Naturales de esa localidad.


Conepatus altiramus. Reig, 1952.

 

Recreación in situ del genero Conepatus. Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

 

Posible aspecto del genero Conepatus del Plio- Pleistoceno de la región pampeana (*).

Mamífero Carnívoro. Los zorrinos de América del Sur, tanto fósiles como actuales, son asignados al género Conepatus. La familia Mephitidae agrupa carnívoros pequeños a medianos, de cuerpo alargado, patas cortas y cola bien desarrollada, caracterizados por la presencia de glándulas anales que producen secreciones de olor intenso. En sedimentos referibles al Plio-Pleistoceno temprano y medio de las barrancas de la costa atlántica, cerca de Miramar, se ha registrado la especie Conepatus altiramus, considerada posiblemente ancestral de los zorrinos sudamericanos actuales. Antiguamente, los mefítidos eran incluidos dentro de la familia Mustelidae, pero estudios filogenéticos recientes demostraron que Mephitidae constituye un grupo hermano de Mustelidae y Procyonidae, motivo por el cual fue elevada al rango de familia independiente. Los registros más antiguos de mefítidos provienen del Ensenadense (Pleistoceno temprano-medio), y restos fósiles de Conepatus se conocen en Venezuela, Perú, Bolivia, Brasil y Argentina.


Pyramiodontherium bergi. Moreno & Mercerat, 1891.

Femur de Pyramiodontherium sp. Museo Paleontologico de San Pedro.

Huellas de Pyramiodontherium sp, atribuidas al icnofosil Megatherichnum oportoi, Mioceno de Carmen de Patagones (provincia de Buenos Aires).

Posible aspecto del perezoso gigante del Mio-Plioceno Pyramiodontherium sp. (*):

Mamífero Xenarthro. Se trata de un xenartro emparentado con los Megatheriinae, frecuentes representantes fósiles en los afloramientos geológicos del Mioceno tardío–Plioceno temprano de las provincias de Catamarca y Tucumán. Restos muy completos y de alto valor paleontológico fueron rescatados recientemente en niveles informalmente denominados “Araucarense”, en el Bajo de Andalhuala, Catamarca. Su cráneo presenta un rostro más ancho que largo. Este interesante perezoso extinto poseía falanges ungueales muy desarrolladas, al igual que otras especies extintas y vivientes. Su dieta habría estado constituida por la vegetación abundante en la región durante el Terciario, aunque también podría haber incluido carroña, tal como se ha demostrado en otros representantes del infraorden Pilosa. El fémur era corto y robusto, recordando fácilmente a los gigantes del Pleistoceno. En esta región también vivió otro gran taxón emparentado con el género en cuestión, denominado Plesiomegatherium hansmeyeri, y Megatherium sp. fue un típico megamamífero del noroeste argentino. En el Mioceno tardío, en el norte de la Patagonia, cerca de Carmen de Patagones (provincia de Buenos Aires), se han registrado numerosas huellas de Megatherichnum oportoi Casamiquela, 1974, atribuidas al género Pyramiodontherium sp.


Proscelidodon patrius.  Ameghino, 1888.

 

Cráneo de Proscelidodon patrius del Plioceno argentino, Col. Museo Municipal de Miramar.

 

Reconstrucción de Proscelidodon, por el paleoartista Jorge Blanco. 

Mamífero Xenarthro. Es tal vez el xenartro más característico de los sedimentos del Terciario superior de la región pampeana, con un parentesco cercano a Scelidotherium y Scelidodon del Pleistoceno. Se trata de un enorme Pilosa que habitó estas llanuras durante el Plioceno tardío. Se caracterizaba por un cráneo macizo y alargado, un cuerpo rechoncho y de aspecto robusto, y extremidades cortas y poderosas. Probablemente estaba cubierto por una larga pelambre, como en otros perezosos mejor conocidos. Su alimentación habría incluido pastizales extensos, vegetación palustre y, posiblemente, carroña. Es probable que pudiera erguirse sobre las patas traseras y también excavar largas galerías subterráneas para refugiarse. Sus restos son hallados con frecuencia en las cercanías de las localidades fosilíferas de Chapadmalal y Monte Hermoso, en la provincia de Buenos Aires. Géneros relacionados incluyen Proscelidodon patrius, Scelidotherium floweri, Scelidotherium parodi, Scelidodon patrius, Scelidotherium leptocephalum y Scelidodon capellini.


Megatherium sp. Cuvier, 1796.

 

Cráneo de Juvenil de Megatherium sp del Plioceno. Museo de Cs Naturales de Miramar. Es el mas antiguo de Argentina.

 

Reconstrucción de Megatherium sp del Plioceno. (*).

Mamífero Xenarthro. Se trata de otro Pilosa de gran tamaño, que alcanzaba aproximadamente 4,5 metros de longitud y un peso cercano a los 500 kilogramos. Su hábitat habría estado conformado por bosques de algarrobos y quebrachales, bajo un clima más cálido y húmedo que el actual. Carecía de enemigos naturales importantes, ya que los principales carnívoros de la época eran marsupiales de tamaño similar al de un perro grande. Posiblemente se trataba de mamíferos poco sociables y de hábitos mayormente vegetarianos. Eran animales netamente terrestres, ya que su gran tamaño les impedía llevar un modo de vida arborícola como el de sus parientes actuales. Se alimentaban en posición bípeda. Este Megatherium presentaba un rostro más ancho que largo, y los molares superiores tenían una sección cuadrangular. Los perezosos terrestres, como otros xenartros, evolucionaron en aislamiento en Sudamérica, que durante el Paleógeno funcionó como un continente-isla. Durante el Plioceno, la formación del istmo de Panamá desencadenó el Gran Intercambio Biótico Americano y una extinción masiva de buena parte de la megafauna autóctona. Sin embargo, los perezosos terrestres se vieron relativamente poco afectados y continuaron prosperando, incluso migrando hacia Norteamérica, donde subsistieron hasta fines del Pleistoceno. El reciente hallazgo de Megatherium sp. del Plioceno, dado a conocer por investigadores del CONICET, Fundación Azara, LACEV y el Museo de Ciencias Naturales de Miramar, corresponde a los restos fósiles más antiguos conocidos para este género, junto con materiales de Bolivia y Perú. El cráneo pertenece a un ejemplar juvenil, lo que impidió determinar si se trata de una nueva especie. Con el tiempo, las especies de megaterios aumentaron progresivamente su tamaño, alcanzando su máximo desarrollo en el Pleistoceno tardío con Megatherium americanum, que llegó a dimensiones comparables a las de un elefante africano. Sus poderosas mandíbulas poseían 16 molares carentes de esmalte. Es posible que las formas pliocenas también recurrieran a la carroña, como otros perezosos gigantes extintos.


Myrmecophaga carolaameghinoi. Kraglievich, 1934.

 

Esqueleto de Myrmecophaga tridáctila, en el Museo Argentino de Ciencias Naturales. Ilustrativo.

 

Aspecto de Myrmecophaga. Por MarMag.2025.

Mamífero Xenarthro. Se trata de un integrante extinto de la familia Myrmecophagidae, correspondiente al Plio-Pleistoceno bonaerense. Se lo conoce a partir del hallazgo de un metacarpiano procedente de la localidad de Monte Hermoso, de tamaño algo menor al de los ejemplares actuales. Por analogía con su representante viviente, Myrmecophaga tridactyla, Myrmecophaga caroloameghinoi habría poseído un hocico alargado y convexo, especialmente adaptado para su tipo de alimentación. Presentaba una cola prensil, peluda en la base y desnuda en el extremo, cuatro garras largas y poderosas en las extremidades anteriores y cinco más pequeñas en las posteriores. Un ejemplar adulto pudo haber alcanzado 1,5 metros de longitud total, con una lengua de hasta 50 centímetros. Su visión habría sido débil, compensada por sentidos más desarrollados, aunque estas inferencias son hipotéticas debido a la escasez de restos. Carecía de dientes y se alimentaba de hormigas y termitas. Sus parientes filogenéticos más cercanos son los armadillos y los perezosos arborícolas. La presencia de un oso hormiguero en el sur de la provincia de Buenos Aires indica condiciones climáticas muy distintas a las actuales, probablemente templadas a cálidas, con ambientes abiertos similares a los del Chaco paraguayo. Esta especie fue descripta originalmente en 1934 por Lucas Kraglievich bajo el nombre Nunezia caroloameghinoi, siendo posteriormente reasignada al género Myrmecophaga en 1976 por Sue E. Hirschfeld, quien destacó su menor tamaño respecto de la especie viviente.


Ringueletia simpsoni. Bordas, 1933.

 

Conjunto de restos fósiles de Ringueletia simpsoni, del Plioceno de Miramar. Museo Punta Hermengo.

 

Posible aspecto de Ringueletia simpsoni. asechado por Thylacosmilus en el Plioceno bonaerense.

Mamífero Xenarthro. Fue un armadillo de gran tamaño cuyos restos, recuperados recientemente en el Plioceno de la ciudad de Miramar y asociados a otros vertebrados contemporáneos, constituyen la primera evidencia directa que vincula a estos grandes armadillos extintos con paleocuevas o crotovinas de esta edad geológica. Su masa corporal fue estimada en aproximadamente 40 kilogramos. Aunque su paleobiología aún no ha sido estudiada en profundidad, el marcado desarrollo de las crestas de inserción muscular del húmero, junto con la presencia de falanges ungueales carpales comprimidas y acuminadas, sugiere un marcado hábito cavador. En este contexto, el conjunto de evidencias disponibles permite postular a Ringueletia simpsoni como el constructor de grandes galerías subterráneas, utilizadas tanto como refugio como para la protección de su descendencia, aunque en algunos casos pudieron convertirse en trampas mortales. Presentaba una dieta variada. Entre las especies relacionadas se incluyen Holmesina paulacoutoi, Kraglievichia paranensis, Scirrotherium, Vassallia y Plaina.


Paraeuphractus sabateri. Esteban, G. 2006.  

Ejemplares de Paraeuphractus sabateri en el Museo Municipal Rincón de Atacama, Termas de Rió Hondo, provincia de Santiago del Estero, e ilustración de su posible aspecto. Por MarMag.2025.

Mamífero Xenarthro. Es un mamífero cingulado representado por los quirquinchos o armadillos actuales de gran parte de Sudamérica, un grupo muy característico de la fauna neotropical. Se distinguen por poseer un caparazón dorsal formado por placas yuxtapuestas, generalmente dispuestas en filas transversales, una cola relativamente larga y extremidades cortas. El nuevo taxón amplía la distribución geográfica del género más allá de los valles de altura de Catamarca y Tucumán y es considerado una especie montehermosense del Plioceno temprano. Paraeuphractus sabateri procede de la Formación Las Cañas, en las proximidades de la ciudad de Las Termas de Río Hondo, provincia de Santiago del Estero. Se recuperaron tres ejemplares, dos de ellos con el caparazón dorsal casi completo, además de dos cráneos, una hemimandíbula y diversos restos postcraneanos. El epíteto específico honra a su descubridor, Sebastián Sabater, director del Museo de Termas de Río Hondo. Su alimentación habría sido variada, como en otros armadillos. Entre las especies relacionadas se incluyen Paraeuphractus prominens, Doellotatus chapalmalensis, Macrochorobates chapalmalensis, Chorobates recens, Tolypeutes sp., Chaetophractus villosus y Zaedyus pichiy.


Macroeuphractus retusus.  Ameghino 1887.

Cráneo de  Macroeuphractus s.p (*).

Fragmento de coraza de Macroeuphractus s.p del Mio-Plioceno de Termas de Rió Hondo. Aspecto del armadillo depredador Macroeuphractus.

Mamífero Xenarthro. Es un género de armadillos extintos registrado desde el Mioceno tardío hasta el Plioceno tardío de Sudamérica. Se caracteriza por su gran tamaño, ya que Macroeuphractus outesi es el armadillo no pampatérido ni gliptodonte más grande conocido. Una de sus principales especializaciones es su dieta carnívora, única entre los armadillos. Actualmente se reconocen tres especies: M. outesi, M. retusus y M. moreni. La especie tipo, M. outesi, se conoce a partir de un espécimen del Plioceno tardío de la provincia de Buenos Aires, compuesto por un cráneo bien conservado y numerosos elementos del esqueleto, con un peso estimado cercano a los 100 kilogramos. Macroeuphractus retusus se conoce únicamente por una mandíbula inferior de la Formación Cerro Azul, en el centro de Argentina, mientras que M. moreni ha sido registrada en diversas formaciones del Mioceno tardío y Plioceno de Argentina y Bolivia. Como la mayoría de los armadillos, era fosorial y probablemente excavaba para capturar mamíferos pequeños y medianos, como roedores caviomorfos, pequeños notoungulados y argirolagoideos. Debido a su tamaño, especies como M. outesi habrían ocupado un rol de depredador dentro de sus comunidades faunísticas, tal como señalaron Sergio F. Vizcaíno y Gerardo De Iuliis.


Chorobates recens.  Ameghino 1887.

Cráneo y coraza cefalica de Chorobates recens del Plioceno bonaerense. Museo de La Plata.

Fragmento de coraza de Chorobates s.p del Mio-Plioceno de Termas de Rió Hondo. Santiago del Estero.

Aspecto de Chorobates recens. Por MarMag.2025.

Mamífero Xenarthro. En 1887, Florentino Ameghino reconoció una nueva especie de Dasypodidae, a la que denominó Proeuphractus recens, basándose en placas del caparazón dorsal provenientes de sedimentos pliocenos de Monte Hermoso, provincia de Buenos Aires. Construía amplias madrigueras que eran reutilizadas por otros mamíferos y reptiles, encontrándose en algunos casos restos fósiles de estos ocupantes en su interior. Su alimentación habría sido variada, como en otros armadillos, siendo probablemente insectívoro y omnívoro, con hábitos necrófagos característicos de ambientes tropicales y subtropicales de Sudamérica.


Chlamydotherium paranense. Ameghino, 1883.
 

Fragmento de cráneo de Pampatheriidae Houston Museum of Natural History. Ilustrativo.

Pata delantera de Pampatheriidae. Houston Museum of Natural History.  Ilustrativo.

Aspecto de Chlamydotherium paranense, MarMag.2025.

Mamífero Xenarthro. Fue un pampatérido de gran tamaño, algo menor que Pampatherium del Pleistoceno. Presentaba un caparazón con escudetes escapular y pelviano bien diferenciados, siendo el anterior corto y el posterior más prolongado, separados por pocas bandas móviles. Estaba compuesto por placas grandes con una figura central amplia, típica de la familia. Su cráneo era proporcionalmente más robusto que el de Pampatherium y poseía 36 dientes. Tenía extremidades relativamente largas en comparación con otros dasipódidos, aunque igualmente anchas y robustas, y una cola protegida por placas y escamas óseas y córneas. Su dieta era muy variada, desde vegetales hasta carroña en distintos estados de descomposición. Entre Miramar y Mar del Plata se observa una notable abundancia de paleocuevas atribuidas a este género o a formas morfológicamente similares. Desde el siglo pasado, diversos investigadores han debatido su relación filogenética, planteando si los pampatéridos están más próximos a los gliptodontes que a los dasipódidos. Entre los géneros relacionados se incluyen Holmesina, Kraglievichia, Scirrotherium, Vassallia y Plaina.


Vassallia máxima. Castellanos, 1946.

Placa u osteodermo de Vassallia maxima del Plioceno de Miramar. Museo de Ciencias Naturales de Miramar. Cráneo de Vassallia maxima (*).

Posible aspecto del enorme armadillo  Vassallia maxima  tomado de Prehistoric Fauna.

 
Mamífero Xenarthro. Los Pampatheriidae forman parte de los Xenarthra (Cingulata) nativos de América del Sur. Tradicionalmente se los consideró estrechamente emparentados con los armadillos actuales, aunque existe evidencia que sugiere una relación más cercana con los gliptodóntidos. Evolucionaron en Sudamérica durante su prolongado aislamiento cenozoico, y géneros como Holmesina y Pampatherium colonizaron Norteamérica tras la formación del istmo de Panamá. Finalmente, los pampatéridos se extinguieron en ambos subcontinentes durante el Pleistoceno. Vassallia maxima fue un representante plioceno registrado en las formaciones Chiquimil y Andalhuala, en Catamarca, y constituyó un importante herbívoro, posiblemente carroñero, con el cuerpo, la cola y el cráneo protegidos por un caparazón. Poseía grandes garras para excavar madrigueras, cuyas paleocuevas aún pueden reconocerse. Otros pampatéridos del Mio-Plioceno incluyen Scirrotherium, Chlamydotherium paranense, Kraglievichia paranensis, Plaina y Vassallia, esta última con dos especies reconocidas. En el Pleistoceno, el máximo exponente de la familia fue Pampatherium typum.

Paraglyptodon chapadmalensis.  Ameghino y Rovereto, 1914.

 

Fragmento de rama mandibular atribuido tentativamente a  Paraglyptodon. Museo de Miramar.

 

Reconstrucción en vivo de Paraglyptodon chapadmalensis, común en estratos Pliocenos de la región pampeana. MarMag.2025.

Mamífero Xenarthro. Es un gliptodonte cuya familia está mejor representada durante el Pleistoceno. Fue una especie típica de la antigua Pampasia y de tamaño considerablemente menor que Glyptodon. Se caracterizaba por una coraza formada por placas óseas y córneas de origen epidérmico, con un escudete cefálico que protegía la cabeza. Su cráneo era pequeño en relación con el cuerpo, con ramas mandibulares muy desarrolladas y una compleja hilera de dientes sin esmalte. La cola estaba compuesta por anillos óseos y podía utilizarse como defensa frente a carnívoros marsupiales de la época, como Thylacosmilus. Alcanzaba unos dos metros de longitud y un peso aproximado de 350 kilogramos, alimentándose principalmente de vegetales duros. Sus restos fósiles suelen ser fragmentarios y aislados. Se extinguió hacia fines del Plioceno, hace unos tres millones de años, siendo reemplazado por especies más exitosas que se diversificaron durante el Pleistoceno.


Plohophorus figuratus.  Ameghino, 1887.

Tubo caudal de  Plohophorus figuratus procedente de la localidad de Monte hermoso. Museo de La Plata.

Fragmento de coraza de Hoplophorus euphractus, con detalles de las placas dorsales. Genero similar.  

Imagen ilustrativa. Publicada por Derf.

Mamífero Cingulata. Fue un gliptodonte de aproximadamente dos metros de longitud, un metro de altura y un peso cercano a los 300 kilogramos. Como otros gliptodontes, tenía una dieta herbívora y hábitos pastoreadores, desplazándose en ambientes abiertos dominados por vegetación herbácea. Se destacaba por su caparazón macizo y rígido, un escudo cefálico del mismo material y una cola robusta. Durante el Cuaternario, algunos gliptodontes migraron hacia el norte, alcanzando regiones centrales de los actuales Estados Unidos. Estos animales se extinguieron hace menos de dos millones de años, junto con gran parte de la megafauna. En la Edad Chapadmalalense, los Plohophorini están representados por Plohophorus figuratus y Plohophorus conterminus, mientras que en el Montehermosense se distinguen Plohophorus ameghinoi y Plohophoroides castellanos. Otra especie relacionada es Plohophorus paranaensis.


Eosclerocalyptus lineatus. Ameghino, 1888.

Coraza de Eosclerocalyptus lineatus, del Plioceno de Olavarria. Tomado de Paleontología Electrónica. Coraza y restos varios de un posible Eosclerocalyptus sp, del Plioceno Temprano. Museo Rincón de Atacama. El Neosclerocalyptus del Pleistoceno, era relativamente semejante a su representante Plioceno. Ilustración de Carlos Montefusco.

Mamífero Cingulata. Son uno de los mamíferos herbívoros cenozoicos más reconocidos de América del Sur, aunque durante el Plioceno eran relativamente escasos, y llegaron a América del Norte durante el Gran Intercambio Biótico Americano. En 2013, un equipo de paleontólogos argentinos dio a conocer el hallazgo de una coraza y diversos elementos del esqueleto de Eosclerocalyptus lineatus cerca de Olavarría, en la provincia de Buenos Aires, en sedimentos poco conocidos denominados “Cantera Avellaneda”. Lo más notable del hallazgo fue la presencia de marcas de mordedura en varios restos, compatibles con la dentición del procionido plioceno Chapalmalania. Durante gran parte del Cenozoico, los carnívoros placentarios estuvieron ausentes en Sudamérica, siendo su nicho ocupado por marsupiales y aves corredoras. Este descubrimiento permitió reconstruir aspectos clave de la muerte de este gliptodonte y su ambiente. La evidencia de depredación sobre grandes mamíferos acorazados es extremadamente escasa, limitada a pocos registros del Plioceno y Pleistoceno, y a casos de consumo humano tardío.


Eleutherocercus sp. Koken 1888.

Mazo del tubo caudal de Eleutherocercus setifer, en el Museum für Naturkunde, Berlin.

Posible cráneo de Eleutherocercus sp, in situ. recuperado por el Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Aspecto de un Doedicurino como Eleutherocercus por Peter Schouten.

Mamífero Cingulata. Este animal, relacionado con los armadillos actuales, estaba cubierto por un caparazón y poseía un gran mazo caudal utilizado como defensa frente a depredadores como Thylacosmilus o Chapalmalania. Se cree que estos mazos, posiblemente más desarrollados en los machos, también habrían intervenido en disputas territoriales o reproductivas, de forma análoga a lo observado en el anquilosaurio, un dinosaurio acorazado del Cretácico. Alcanzaba cerca de 1,5 metros de altura y unos 3 metros de longitud. Era herbívoro y habitaba bosques y praderas, con una visión probablemente deficiente. Los gliptodontes constituyen un clado de Cingulata caracterizado por una coraza dorsal rígida formada por osteodermos, y actualmente se los incluye dentro de la familia Chlamyaphoridae. Eleutherocercus fue descripto originalmente a partir de un tubo caudal del Plioceno de Uruguay, al que luego se sumaron caparazones parciales y osteodermos aislados. Sus placas presentan una superficie externa lisa con grandes perforaciones, similares a las de Doedicurus, aunque de menor tamaño. Una cavidad esférica en la región pélvica del caparazón dorsal probablemente alojaba una glándula principal, una estructura casi única entre los Chlamyaphoridae. Vivió principalmente entre el Plioceno tardío y el Pleistoceno temprano de Uruguay y Argentina.


Platygonus chapadmalensis. Castellanos, 1927.

 

Cráneo y mandíbulas de un representante de los  tayasúidos en el Museo de Cs Naturales de Miramar.

 

Aspecto agresivo de un Platygonys. Por MarMag.2025.

Mamífero Artiodactyla. Es un género extinto de pecaríes herbívoros de la familia de los tayasúidos, que fue un endémico de Norteamérica del periodo Mioceno al Pleistoceno, ingresando durante el Plioceno medio a Sudamérica, conquistando ambientes abiertos y de pastizales. Algunas especies del Plioceno, superaban los 65 kilogramos de peso. Platygonus era un animal gregario y, como los modernos pecaríes, posiblemente se movía en grupos. Se extendió desde el sur de Canadá a México y de California a Pensilvania, y llegando a las pampas de Argentina. Platygonus era mayor que los actuales pecaríes, con cerca de 1 metro de longitud corporal, y poseía largas patas, permitiéndole correr rápidamente. También tenía un hocico similar al de un cerdo y largos colmillos que probablemente usaba para defenderse de los depredadores. La familia Tayassuidae está representada en América del Sur por tres géneros: Platygonus, Catagonus Tayassu. La mayor cantidad de restos fósiles provienen de Argentina, Uruguay y Brasil. Los tayasuidos (Catagonus y Tayassu) aparecen por primera vez en Uruguay, en sedimentos posiblemente correspondientes al Pleistoceno medio al Holoceno temprano. Platygonus se registra en el Plioceno medio al Pleistoceno medio de Argentina, Bolivia y Colombia.


Succinea aff. meridionalis. d’Orbigny, 1837.

 

Ejemplar de Succenea sp. Colección Museo de Miramar.

 

Aspecto de un ejemplar viviente del genero Succenea sp.

Invertebrado, Gasterópodo. Es un género de pequeños caracoles terrestres, gasterópodos pertenecientes a la familia Succineidae, que generalmente habitan ambientes húmedos como pantanos y zonas anegadas. El sedimento portador de estos organismos refleja la existencia de un cuerpo de agua dulce de escasa extensión y poca profundidad, con variaciones hídricas, desarrollado bajo un clima cálido y húmedo dentro de la Región Neotropical, lo que indica condiciones ambientales locales temporarias durante el lapso estimado, hace aproximadamente 3 millones de años antes del presente. Si bien sus restos han sido hallados en distintas regiones del país, se destacan especialmente en sedimentos de la Edad Chapadmalalense, entre las ciudades de Mar del Plata y Miramar, así como también en la Formación Andalhuala (Plioceno temprano) del valle de Yocavil, en la provincia de Catamarca.


Paraalbizioxylon caccavariae. Martínez, L., 2014.

 

Algunas de los numerosas maderas fósiles halladas en la localidad de Termas de Rió Hondo, atribuidas al Plioceno temprano. Colección del Museo Municipal de Paleoantropología "Rincón de Atacama".

Paleobotánica. La familia Leguminosae o Fabaceae se distribuye actualmente en todos los continentes, con excepción de la Antártida, y comprende aproximadamente 720 géneros y unas 18.000 especies, lo que la convierte en la tercera familia de angiospermas en cantidad de representantes. Estos materiales constituyen el primer registro fósil para la provincia de Santiago del Estero y permitieron obtener valiosa información sobre el contexto ambiental de la época a partir de leños fosilizados hallados en la Formación Choya (Mio-Plioceno), siendo además el primer registro fósil de maderas de leguminosas. Los hallazgos se localizaron a orillas del río Dulce, en las cercanías de la ciudad de Termas de Río Hondo, fueron recuperados por Sebastián Sabater y forman parte de la colección del Museo Municipal Rincón de Atacama. En estas investigaciones participaron el doctor en Geología Rafael Herbert, la doctora Alexandra Crisafulli y la profesora Mercedes Martínez, integrantes de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Agrimensura de la Universidad Nacional del Nordeste y del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CONICET), con sede en Corrientes. Estos restos vegetales fósiles, registrados en distintos sectores del departamento Río Hondo, presentan troncos bien preservados y tejidos leñosos reconocibles, lo que permitió su estudio mediante técnicas adecuadas. Gracias a ello fue posible inferir el tipo de árboles que integraban estos ambientes, la fisonomía de los bosques, montes o áreas más abiertas, así como las condiciones climáticas y la composición florística de aquel período.


Rizolitos. Klappa, 1980.

Rizolitos (molde vegetales) del Plioceno de Miramar. Colección Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Rama mandibular de un camélido gigante (Pleistoceno) con rizolitos sobre las mismas. Colección Museo de Miramar.

Paleobotánica. El término rizolito describe a aquellas rocas cuyos rasgos estructurales, texturales y genéticos son el resultado total o predominante de la actividad de antiguas plantas. Estas trazas de raíces presentan morfologías y concentraciones variables, y constituyen estructuras de bioturbación diagnósticas de procesos de diagénesis meteórica y exposición subaérea, típicas de ambientes continentales. El hallazgo de restos fósiles vegetales es relativamente poco frecuente, ya que las plantas están compuestas principalmente por celulosa, una sustancia que se descompone con facilidad en condiciones normales. Los moldes de raíces se forman durante la vida del vegetal, cuando bacterias y otros organismos del suelo precipitan minerales sobre las paredes radiculares como resultado de su actividad metabólica. Tras la muerte de la planta y la desintegración de sus tejidos orgánicos, estas paredes mineralizadas se rellenan con sedimentos, preservando la forma original de la raíz. Los rizolitos pueden encontrarse asociados a otras estructuras radiculares intrasedimentarias, como rizotúbulos y rizoconcreciones, lo que evidencia una intensa pedogénesis. En diversos yacimientos fosilíferos de Miramar y Centinela del Mar se han registrado centenares de estas evidencias de origen botánico, correspondientes tanto al Plioceno como al Pleistoceno.


Procornitermes. Emerson, 1949.

 

Detalles en restos de un Toxodontidae con marcas realizadas por termitas. Museo Paleontológico de San Pedro.

 

Nido de Termitas fósiles del Plioceno de la ciudad de Miramar. Foto del Museo Municipal Punta Hermengo.

Insecto, Isoptero. Es un género de termitas perteneciente a la familia Termitidae, un grupo de insectos sociales caracterizados por la construcción de nidos o termiteros. Se alimentan de la celulosa contenida en la madera y sus derivados, que degradan gracias a la acción de protozoos simbiontes presentes en su sistema digestivo. La mayoría de las termitas habita climas tropicales y subtropicales, aunque algunas pocas especies se adaptan a regiones templadas. En la actualidad, la familia Termitidae se ha retirado casi por completo de la provincia de Buenos Aires, ocupando principalmente áreas al norte del paralelo 32, donde predominan condiciones climáticas subtropicales. Sólo persisten pequeñas poblaciones en las sierras de Tandil y en la península Valdés, Chubut, interpretadas como posibles relictos de épocas pasadas. La desaparición de las termitas en la provincia de Buenos Aires habría ocurrido durante la Edad Lujanense, entre los 8.500 y 128.000 años antes del presente. Sin embargo, a fines del Plioceno, durante la Edad Chapadmalalense de la costa atlántica argentina, particularmente en Miramar, se han hallado nidos fósiles de termitas y hormigas. Los géneros identificados incluyen Procornitermes y Acromyrmex, actualmente asociados a ambientes abiertos, húmedos, no inundables y de clima templado. Para el Uquiense se registra el género Termes. En 2016, el Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres” de San Pedro dio a conocer restos fósiles de un toxodóntido del Pleistoceno con marcas de forma estrellada, atribuidas a la actividad alimenticia de termitas.


Coprinisphaera. Sauer, 1955

 

Nido de escarabajo con molde de la larva. Plioceno de Miramar. Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

 

Aspecto de un escarabajo pelotero. Por MarMag.2025.

Insecto. Las icnoespecies conocidas de Coprinisphaera se han vinculado principalmente con escarabajos peloteros de hábitos necrófagos, característicos de ambientes dominados por pastizales habitados por grandes herbívoros, los cuales proporcionan el estiércol necesario para la construcción de las bolas de cría. En el Plioceno y el Pleistoceno bonaerense se ha recuperado evidencia de la presencia de estos insectos mediante el hallazgo de nidos fósiles en sedimentos fosilíferos, los cuales son raramente identificados por los especialistas debido a su característica forma circular. En 2014, personal del Museo de Ciencias Naturales de Punta Hermengo de la ciudad de Miramar recuperó un nido en sedimentos del Plioceno tardío que contenía el molde de una larva de escarabajo. Los coleópteros presentan una enorme diversidad morfológica y ocupan prácticamente todos los hábitats, incluidos los de agua dulce, aunque su presencia en ambientes marinos es mínima. Son insectos holometábolos, ya que experimentan una metamorfosis completa con estados bien diferenciados de larva, pupa e imago, siendo frecuente que la larva atraviese múltiples mudas. Otros icnofósiles semejantes han sido registrados en la zona de Las Grutas, en sedimentos del Pleistoceno superior de la ciudad de Necochea. Estudios detallados sobre estos icnofósiles se desarrollan en el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, donde se ha determinado que las evidencias más antiguas de este tipo se remontan al Cretácico. Entre las icnoespecies conocidas se incluyen Coprinisphaera akatanka, Coprinisphaera kraglievichi y Coprinisphaera tonni.


 

Otros Vertebrados del Plioceno Argentino: Sparassocynus, Pseudohalmarhipus, Nuñezia, Dankomys, Cholomys, Proctenomys, Eucoelophorus, Pseudoplataeomys, Pithanotomys, Abrocama, Neoepiblema, Dabbenea, Isomyopotamus, Neoreomys, Cardiomys, Caviodon, Ocnerotherium, Xotodon, Xyophorus, y Nonotherium. 

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