Los Dinosaurios del Grupo Neuquén. ¿A qué época se remonta la presencia humana en la Argentina?. Las Huellas del Pasado. Algunas curiosidades de la fauna triásica (Therapsida, Archosauria y Labyrinthodontia) de Ischigualasto. Los Xenarthros Pilosa o Perezosos Gigantes, en el registro fosilífero de la costa bonaerense. PaleoArgentina Web.
 
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Un perezoso gigante junto a su cría. Algunos datos sobre su estudió.

Mariano Magnussen Saffer. Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar. Fundación Argentavis. Grupo Paleo. marianomagnussen@yahoo.com.ar

Tomado de; Magnussen Saffer, Mariano (2014). Un perezoso gigante junto a su cría. Algunos datos sobre su estudió.  Paleo Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año XII. 107: 19-22.  

 Ilustraciones y fotografías de Daniel Boh, Paleoartista, museólogo y titular del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar.

Recientemente, y por medio de un trabajo científico, se dieron a conocer estudios realizados a un ejemplar adulto y un juvenil de Scelidotherium leptopcephalum en el interior de una paleocueva colapsada del Pleistoceno superior, en la cual, se realizaron observaciones tafonomicas sobre ambos individuos y el contexto en donde y como fue hallado.

El material procede de la localidad balnearia  de Mar del Sud, Partido de General Alvarado, Provincia de Buenos Aires, Argentina, y recuperado, restaurado, estudiado y depositado en el Museo Municipal “Punta Hermengo” de la ciudad de Miramar.

La Tafonomía es la parte de la Paleontología que estudia los procesos de fosilización y la formación de los yacimientos de fósiles. Se puede ayudar de disciplinas como la Ecología, la Geoquímica, la Sedimentología, etc. Junto a la Paleobiología y la Biocronología, la Tafonomía es una de las tres divisiones de la Paleontología.

Los fósiles que podemos encontrar en un estrato no tienen por qué provenir de organismos que vivieron juntos, que compartieron el mismo ambiente e interactuaron, ni siquiera ser de la misma edad geológica.

Los estudios tafonómicos nos pueden permitir analizar la historia y procedencia de los diferentes elementos de una asociación fósil, para ello hay que tener en cuenta todos los parámetros observables posibles, características de la matriz rocosa, rellenos, alteraciones, encostramientos, abrasiones, erosiones, mineralizaciones, deformación y rotura, posición y orientación, disgregación de partes, selección de tamaños, colonización, etc.

Cuando en un mismo estrato se pueden distinguir agrupaciones de fósiles que comparten algunos de estos factores en común se pueden establecer «familias» tafonómicas con los restos que han compartido una historia común, lo que indicaría una evolución tafonómica compleja, y hay que estudiar, por tanto, cada agrupación separadamente.

Como en otras disciplinas, lo complejo del análisis tafonómico, exige un lenguaje específico, preciso, que exprese inequívocamete los conceptos involucrados y necesarios para las interpretaciones paleobiológicas, paleoecológicas, bioestratigráficas y paleogeográficas. Por otra parte, los fósiles no son los organismos que vivieron en el pasado, aunque fueran producidos directa o indirectamente por ellos, y destacar esta obviedad es crucial para evitar errores y falsas interpretaciones del registro fósil.

En las tareas de campo realizadas por el museo miramarense, se recuperaron del espécimen adulto prácticamente todo el esqueleto, pero carece de los miembros traseros debido a la erosión, en cambio del juvenil se encuentra completo. Este ultimo, se encontraba apoyado sobre la cabeza del adulto.

El análisis del contexto sedimentario y los atributos tafonómicos observados permitieron tener una amplia información del material exhumado. Los datos aquí reunidos son congruentes con los antecedentes disponibles, indicando la ocupación de grandes madrigueras ha sido principalmente postulada como producto de la actividad cavadora de los grandes Mylodontidae (perezosos gigantes como Lestodon, Glosotherium y Scelidotherium).

El paquete sedimentario de la paleocueva se encuentraba compuesto por limos arcillosos pardo-rojizos y limos arenosos de igual coloración, generalmente macizo y litológicamente similares al sedimento hospedante.

Sus límites pueden ser distinguidos a pesar de la poca diferencia estructural, granulométrica y cromática entre el relleno y el sedimento hospedante, características previamente citadas para la identificación de este tipo de icnofósiles.

Se considera como sedimento de relleno aquel, que ingreso a la cueva, tanto por el derrumbe, o por medio de agua u otro agente. Así mismo, se considera sedimento hospedante aquel que se encuentra por debajo, por encima o laterales de la cueva, por lo general mas consistente.

No se observan indicios de meteorización (expuesto al sol, lluvia o agentes ambiéntales) o fragmentación ósea, surcos o marcas de actividad depredadora, desmembramiento postmortem o transporte (desplazados por agua, otros animales etc).

Los restos postcraneanos (esqueleto) se encuentran articulados y asociados a los elementos craneanos. Ambos animales se hallaban un una posible cámara, sin evidencia de galerías debido a la erosión.

El diámetro de la estructura que contenía el material, de 1.80 a 2,20 mtrs correspondiendo al morfotipo ya conocidos de Scelidotheriinae. La asociación de estos individuos permite postular que pertenecen al mismo grupo familiar (madre y cría), y que encontraron la muerte al derrumbarse la estructura sobre ellos, señala el estudio.

Los primeros restos fósiles atribuidos a Scelidotherium fueron descubiertos por Charles Darwin en su viaje del Beagle en la localidad de Bahía Blanca. Basados en restos del cráneo, vértebras y costillas, Richard Owen lo bautizo como Scelidotherium en 1840.

De tamaño menor y del grupo de los Xenarthros (perezosos) mencionados anteriormente fueron los mamíferos mas comunes del paisaje del Pleistoceno, ya que sus restos fósiles son muy abundantes en los depósitos sedimentarios de este periodo. Tenía 1,7  metros de alto y 3,5 de largo. Su peso estimado es de una tonelada. El cráneo es alargado, bajo y estrecho, con un rostro proyectado hacia adelante.

Su alimentación consistía de vegetales que hallaba en áreas secas. Investigadores del Museo de La Plata, habían realizado estudios biomecánicos en los huesos de las patas delanteras de Scelidotherium, concluyendo que estos extintos animales estaban plenamente capacitados para emplear sus fornidos brazos para cavar. La robustez de cada uno de sus huesos, así como las amplias manos en forma de palas, son coherente con este comportamiento de superexcavadores.

Recientemente se pudo saber por varios hallazgos realizados por el Museo de Ciencias Naturales de Mar del Plata que estos enormes mamíferos cavaban madrigueras, las cuales realizaban para refugiarse, o bien para invernar, ya que es posible que tuvieran un metabolismo muy bajo, logrando una temperatura constante de 15° c en su interior.

Una de ellas media 40 metros de largo con un diámetro de 1,8 de donde se rescataron numerosos moldes de las garras entre otras evidencias. El autor encontró en Agosto de 2002 en el Pleistoceno de Miramar una Paleocueva similar y de menor espectaculidad, la cual se encuentra en estudio.

El género Scelidotherium, básicamente diferenciable de Scelidodon por la presencia de ciertos caracteres más derivados a nivel de los miembros y cráneo, cuenta con al menos dos especies pleistocenas: S. floweri y S. leptocephalum. Las especies de este género habitaron en espacios abiertos, parcialmente arbolados, de climas templados.

Durante el Pleistoceno más tardío se lo encuentra también en ambientes de altura, compatibles con condiciones ambientales templado-frías, entre 2.000 y más de 3.000 m, específicamente en las localidades de Las Juntas, Catamarca y Lauricocha, Perú, aunque es importante mencionar que en este último sitio existen evidencias que los restos fueron llevados allí por el hombre. Geográficamente, se habría distribuido en los territorios de Argentina, Perú, Uruguay y Paraguay.

Bibliografía sugerida.

Imbellone, P. & Teruggi, M. 1988. Sedimentación crotovínica en secuencias cuaternarias bonaerenses. II Reunión Argentina de Sedimentología, Actas, p. 125-129.

Magnussen Saffer, Mariano (2008). Una cueva realizada por mamíferos gigantes en el Pleistoceno de Miramar. Paleo, Boletín Paleontológico. Año 6. Numero 29: 30-34

M. Magnussen Saffer, D. Boh y C. Estarli. (2014). Asociación de un ejemplar juvenil y uno adulto de Scelidotherium leptocephalum Owen, 1839  (Xenarthra, Mylodontidae, Scelidotheriinae ) en una paleocueva en el Pleistoceno del Partido de General Alvarado. Aspectos Sistemáticos y Tafonomicos. XXVIII Jornadas Argentinas de Paleontología de Vertebrados. Zapala – Villa El Chocon, Neuquén. Mayo del 2014. Libro de Resumenes. , p 38.

Scillato-Yané, G.J.; Carlini, A.A.; Vizcaíno, S.F. & Ortiz Jaureguizar, E. 1995. Los xenartros. In: Alberdi, M.T.; Leone, G. & Tonni, E.P. (eds.) Evolución biológica y climática de la región pampeana durante los últimos cinco millones de años, Un ensayo de correlación con el Mediterráneo occidental. Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid, Monografías, 12:181–209.

Zárate, M.A.; Bargo, M.S.; Vizcaíno, S.F.; Dondas, A. & Scaglia, O. 1998. Estructuras biogénicas en el Cenozoico tardío de Mar del Plata (Argentina) atribuibles a grandes mamíferos. Revista de la Asociación Argentina de Sedimentología, 5:95-103.

 

Fósiles marinos en la cima del cerro Otto.

Por Ari Iglesias. Paleontólogo del INBIOMA (CONICET-UNCOMA). Algunas fotos han sido procesadas o de archivo para ser adaptadas al sitio. Fuente; anbariloche.com.ar

Diversos estudios dan cuenta de que Bariloche estuvo sumergida en agua salada de mar. La presencia de caracoles, almejas, erizos y corales respaldan esta teoría. Un recorrido por la historia.

Es bastante frecuente que barilochenses y turistas que recorren las montañas y las playas de la región se acerquen al Museo Paleontológico de Bariloche consultando por extrañas formas y colores que hallaron dentro de las rocas.

Muchas de estas rocas revelan la presencia de caracoles, almejas, erizos y corales que evidencian que en algún momento, la región de Bariloche estuvo sumergida en agua salada de mar. Analizando detenidamente estas formas fósiles dentro de la roca, los afortunados descubridores asienten con la evidencia indiscutible de que se trata de organismos marinos, pero seguidamente se quedan atónitos al pensar que, para que estos fósiles existieran, el nivel de mar debería haber pasado por arriba de la cima del cerro Otto (o lo que es aún más impresionante que la cima del cerro Otto sea el fondo de un gran mar).

¿Es que el nivel del mar puede haber subido tanto en períodos de tiempo de hace millones de años, simulando un evento de diluvio universal? o es que alternativamente, ¿los depósitos marinos del fondo del mar fueron transportados al lugar que hoy se encuentran en la cima de una montaña?

Los estudios geológicos y paleontológicos en la región evidencian que ninguna de estas dos preguntas es correcta. Varios estudios sobre el nivel de los mares indican que aún en aquellos momentos de máximo calor en la Tierra (cuando no existían glaciares ni hielo ni siquiera en los polos), todo el agua en estado líquido en los mares del mundo, no llegaría a superar en 100 metros el nivel del mar actual.

Si consideramos que Bariloche se encuentra a 800 metros sobre el nivel del mar, podemos estar seguros de que por más catástrofes que puedan ocurrir en el mundo o que podamos ver en alguna película taquillera, jamás el mar llegará a Bariloche (al menos en los próximos millones de años hacia adelante)

Pero entonces, ¿cómo es que podemos encontrar fósiles marinos en Bariloche?

Los geólogos y paleontólogos sabemos que los procesos de cambio de los paisajes pueden tomar mucho tiempo (millones de años). Hoy existen diversas formas para saber la edad de las rocas, saber la especie animal que el fósil representa es una. También se puede saber la edad de formación de una roca al analizar los elementos radioactivos que poseen algunos cristales dentro de ellas. Mediante estos métodos sabemos que las rocas marinas que se hallan en Bariloche son de un rango de tiempo que van de los 20 a 30 millones de años.

En ocasiones, el movimiento de las placas tectónicas hace que regiones de grandes proporciones se muevan a lugares remotos, por ejemplo la India se movió desde Antártida hasta chocar con Asia, o nosotros mismos (América del Sur) nos separamos de África a una velocidad promedio de 3 cm. por año (aunque en un terremoto grande podemos movernos varios metros en poco tiempo). Pero sabemos que las rocas marinas en Bariloche siempre estuvieron aquí (no fueron transportadas grandes distancias).

El estudio de los fósiles marinos en nuestra región, ha permitido saber que las aguas marinas que bañaban las costas de Bariloche, en realidad, eran del océano Pacífico. Las especies de los océanos de uno y otro lado de Argentina son muy diferentes.

En base a los estudios geológicos también sabemos que la Cordillera de los Andes para ese momento del tiempo geológico (correspondiente a lo que denominamos Oligoceno Tardío y Mioceno Temprano), no tenía las elevaciones que hoy conocemos. Y entre volcanes de pequeña altura (uno de ellos el Cerro Leones, en la salida hacia el Río Limay), el mar ingresaba hasta cubrir la región de Villa La Angostura, Bariloche, El Bolsón y llegó a Esquel.

El estudio paleontológico de fósiles de cangrejos tipo Paromola y corales solitarios hallados en la región de el Río Foyel y Península Llao Llao, ha permitido reconocer especies muy raras de fondos marinos de alta profundidad. La presencia de estos organismos permite saber que la región de Bariloche se encontraba sumergida a más de 200 metros abajo del nivel del mar (condiciones de oscuridad y temperaturas frías).

Pero, seguimos sin entender ¿cómo es que ahora encontramos las rocas y los fósiles en la cima del cerro Otto?

Lo que ocurrió posteriormente al gran desarrollo de un mar epicontinental (por encima del Continente Sudamericano), fue aún más espectacular. Luego de depositarse una importante cantidad de sedimentos en el fondo de una gran cubeta marina (preservando los fósiles que hoy conocemos), el aumento en la velocidad de convergencia (choque) entre la placa tectónica del Pacífico con la Placa Sudamericana, realizó un fenómeno orogénico de tamaño descomunal.

Se elevan gigantescas montañas desde Tierra del Fuego hasta Colombia. La región de Bariloche también lo hace, lo cual provoca un retiro del mar y genera que lo que antes era el fondo marino, se eleve a más de 2.000 metros por sobre el nivel de mar y comience un lento proceso de meteorización y erosión que genera las montañas. Si bien en términos geológicos esto pasó rápidamente, en realidad tomó 20 millones de años en dejar las rocas donde hoy las vemos. Las rocas marinas de la cumbre del Cerro Otto son evidencia de que ese fondo marino fue sobreelevado hasta los 1800 metros de altura y posteriormente la erosión alrededor del cerro produjo la forma que tiene hoy.

Fenómenos climáticos y de erosión en los últimos 3 millones de años y 10.000 años, generar una acumulación de nieve de formidables proporciones, en lo que se conoce como la Edad de Hielo.

Gigantescos glaciares bajaban desde lo más alto de las montañas produciendo anchos valles glaciarios en los cuales hoy se encuentran todos los grandes lagos de nuestra región. Estos grandes glaciares arrastraron como monumentales topadoras todas las rocas que hoy faltan alrededor del cerro Otto (que antes eran continuas con el Cerro Ventana y el Catedral).

Existen evidencias que demuestran que aún por encima del cerro Catedral ocurrían más de 1000 metros de estas rocas marinas, pero que los glaciares se las han llevado en su movimiento continuo hacia la región del Río Limay y el Río Pichileufu, pero eso pertenece a otro momento de la historia geológica de la región de Bariloche.

 

Algunas curiosidades de la fauna triásica (Therapsida, Archosauria y Labyrinthodontia) de Ischigualasto.

 Por Mariano Magnussen Saffer. Presidente de la Asociación Amigos del Museo Municipal Punta Hermengo. Grupo Paleo. marianomagnussen@yahoo.com.ar.

La fauna triásica de Ischigualasto, constituida principalmente por cinodontes gonfodontes (Familia Traversodontidae) y rincosaurios, y en la que abundan también dicinodontes, arcosaurios basales rauisúquidos y aetosauridos, y algún laberintodonte, cuenta además con dinosaurios. En ella se ha comprobado por primera vez y de manera inobjetable, la asociación de dinosaurios y cinodontes. Sin lugar a dudas, Ischigualasto encierra valiosa información sobre la evolución de variados grupos de Therapsida, Archosauria y Labyrinthodontia, así como también sobre los antiguos dinosaurios saurisquios conocidos como Eoraptor lunensis y Herrerasaurus ischigualastensis y el ornitisquio más antiguo Pisanosaurus mertii, que serán mencionados en artículos posteriores.

Ischigualasto, conocido turísticamente como "Valle de La Luna", fue declarado Parque Provincial por iniciativa del Gobierno Provincial y de la Universidad Nacional de San Juan. A principios de esta década se llevaron a cabo expediciones conjuntas entre investigadores argentinos y extranjeros, participando así el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de San Juan, el Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" y la Universidad de Chicago (Estados Unidos).

La Formación Ischigualasto es el sector más bajo de la Hoyada que lleva ese mismo nombre. Está rodeada por la Formación Los Rastros al oeste y la base de la Formación Los Colorados al este. La misma se extiende hasta la Hoyada del Cerro de Las Lajas, cercana a la ruta nacional número 40. Cubre un área trazada por unos 25 km. de largo y 5 km. de ancho. Los afloramientos fosilíferos están ubicados en el departamento de Valle Fértil, aproximadamente 70 kilómetros al noroeste de la cabecera de ese departamento.

En escala cronológica esta Formación es más moderna que la Formación Los Rastos (parte superior del Triásico Medio) y más antigua que la Formación Los Colorados, ubicándose en la parte baja del Triásico Superior, de unos 210 millones de años de antigüedad.

Tiene entre 500 y 600 metros de espesor y está conformada por tobas, tufitas, areniscas finas y limoarcillitas, obteniendo un paisaje donde predominan por excelencia los tonos grisáceos. Estos estratos presentan una inclinación aproximada a los 8 grados respecto de la horizontal, lo cual permite tener acceso a diferentes niveles.

Durante el Triásico Superior, la actual zona abarcada por esta Formación correspondió a un paleoambiente pantanoso, con lluvias de cenizas y material piroclástico, alternado con depósitos fluviales arenosos. La coloración grisácea de los sedimentos contrasta con las capas rojas de la Formación Los Colorados. El paisaje de Ischigualasto está compuesto por pequeñas elevaciones, valles, planicies de erosión y barrancas con distinta pendiente.

La majestuosa vista panorámica de Ischigualasto, con caprichosos y fantásticos relictos de erosión, nada tiene que ver con el paisaje que presentó en aquellas épocas remotas, cuando tuvo lugar el depósito de los sedimentos. Se trata de una marcada depresión "hoyada", en continua erosión, surcada por una cantidad de arroyos secos que desaguan en épocas de lluvia.

Los vertebrados triásicos de la Formación Ischigualasto representativos son: Labyrinthodontia: Promastodonsaurus belemanni Bonaparte, 1963 y Pelorocephalus ischigualastensis Bonaparte, 1975. Therapsida: Ischigualastia jenseni Cox, 1964. Cynodontia: Exaeretodon frenguellii Cabrera, 1943. Ischignathus sudamericanus Bonaparte, 1963. Chiniquodon sp. Bonaparte, 1966. Probainognathus sp. Bonaparte y Crompton 1995. Rynchosauria: Scaphonix sanjuanensis Sill, 1970. Archosauria: Saurosuchus galilei Reig, 1959. Aetosauroides scagliai Casamiquela, 1960. Venaticosuchus rusconii Bonaparte, 1970. Trialestes romeri Reig, 1963 y Proterochampsa barrionuevoi Reig, 1959.

Gualosuchus reigi. Las características de este genero son muy parecidas a aquellas citadas para Chañaresuchus bonapartei. Su cráneo posee un hocico bajo y alargado, compuesto de una buena cantidad de dientes cónicos y aserrados para capturar presas. Es muy probable que pasaría un tiempo muy importante dentro de los espejos de agua, alimentándose de peces como el descrito mas abajo, o de las tortugas acuáticas. El largo de esta especie esta calculado entre los 1,5 a 2 metros de largo y unos 45 centímetros de altura.

Gracilisuchus stipanicicorum. De esta especie se conocen varios ejemplares relativamente completos, caracterizados por presentar un tarso cocodriloide (de cocodrilo). Su tamaño era de pequeñas dimensiones, ya que media 70 centímetros de largo por 30 centímetros de largo. El cráneo de este pequeño reptil Arcosaurio es proporcionalmente bajo y alargado. Su vista dorsal es triangular, con el extremo anterior muy angosto y la región posterior ancha.

Las grandes orbitas tienen una amplia expresión dorsal, por lo que los ojos se proyectarían laterodorsal y anteriormente, tal vez con considerable superposición de campos visuales. Su mandíbula es algo mas corta que la longitud del cráneo, llegando solo a la mitad del pre-maxilar. Poseía dos vértebras sacras, mientras que su larga cola poseía unas 45 vértebras de tamaño decreciente. La extremidad posterior del tarso es derivado en relación a tecodontes mas antiguos como Euparkeria, registrado en el triasico inferior de África.

En Gracilisuchus podemos observar a simple vista que el miembro anterior es 40% menor que las extremidades posteriores, lo cual es algo muy frecuente entre los los Ornitosuquidos. Se trato de un pequeño depredador con ciertas habilidades, cuyo alimento estaría constituido principalmente de insectos y vertebrados pequeños. Para culminar, podemos decir que Gracilisuchus es un interesante ejemplo de la diversidad de Tecodontes que surgieron o se diferenciaron durante el triasico medio, como producto de una gran radiación adaptativa operada en este grupo de Arcosaurios, y que culminaria con la diferenciación de ambos ordenes de Dinosaurios (Saurisquia y Ornitisquios), de los cocodrilos y eventualmente de los Pterosaurios, que prosperaron a fines del triasico (?) y principios del Jurasico.

Aetosauroides scagliai. Los diversos ejemplares disponibles de Aetosauroides corresponden a especimenes desde unos 80 centímetros hasta 2,50 metros de largo, en algunos casos con muy buena información sobre el cráneo y poscraneo, aunque no totalmente completo. El cráneo de esta especie parece ser mas primitivo que en los Aetosaurios de Europa y América del Norte, especialmente por ser mas alargados, bajo y ramas mandibulares extensas y débiles.

Sus dientes también son algo mas primitivos, ya que son pequeños y agudos en lugar de gruesos y subcilindricos como en el caso de Typothorax del Triasico superior de U.S.A. Poseían a lo largo de su columna vertebral una tipo de coraza, formadas de placas paramedianas rectangulares, dispuestas transversalmente en el sector dorsal, y una hilera de placas cuadrangulares en el borde o costado lateral.

Las mismas presentan en sus proporciones según correspondan a la región cervical, dorsal o caudal, pero poseen una decoración uniforme, constante, de pequeñas fosetas. Algunos huesos de sus extremidades presentan características propias de los cocodrilos, demostrando que se podían mover a cierta velocidad. Esta especie de la fauna de Ischigualasto, compilo un rol muy importante en su nicho ecológico, ya sea necrófago u omnívoro - herbívoro, que no poseía ningún otro Tetrápodo de esa fauna.

El Doctor Casamiquela, quien estudio los primeros restos de Aetosauroides, decidió dedicarle a la especie como "scagliai", en honor a Galileo Juan Scaglia, ex-director del Museo de Ciencias Naturales de Mar del Plata, por formar parte de unos de los primeros grupo de investigadores que exploraron el "Valle de la Luna" en la Provincia de San Juan. 

Ischigualastia Jensini. Posee un cráneo voluminoso, con la mandíbula gruesa, masiva, que sugiere una fuerte capacidad para cortar y triturar vegetales. Sus ramas mandibulares se encontraban recubierta por unos fuertes músculos. La  parte mas anterior del hocico era proporcionalmente angosta, lo que sugiere que seleccionaría de alguna manera los vegetales de que se alimentaba.

El esqueleto recuperado y montado en el Museo Pedagógico de la Fundación "Instituto Miguel Lillo" en la ciudad de Tucumán, nos muestra que su estructura esqueletaría era muy fuerte, gruesa, conformando un animal de robustez comparable o posiblemente mayor a la de un rinoceronte africano actual. Se destacan las cortas y gruesas extremidades anteriores, con el humero en una posición casi horizontal y dirigida hacia afuera, lo que posibilito a este animal apoyar su cuerpo sobre cinco dedos muy fuertes.

Las extremidades posteriores eran totalmente lo contrario, tomando una posición totalmente vertical, lo que hace pensar a los Paleontólogos que habría sido mas esbelta en la región posterior y mas voluminosa y pesada en su mitad anterior, con el cuello corto, grueso y una pesada cabeza en posición baja, tal vez con algún parecido general a los búfalos actuales. Procede de los niveles inferiores de la formación Ischigualasto, ubicado en el "Valle de la Luna", Provincia de San Juan, Republica Argentina.

Exaeretodon frenguelli. Se conocen numerosos restos procedentes de la formación Ischigualasto, y pertenecen por lo menos a tres o cuatro especies distintas con características morfológicas ampliamente diferenciales en las mandíbulas. Los cráneos coleccionados de este genero oscilan entre 18 y 60 centímetros de largo total.

Observando el cráneo podemos decir que es bastante mas largo que ancho, con un hocico largo. Posee tres incisivos en cada pre-maxilar, un canino relativamente grande y una hilera de pos-caninos. Entre los restos mas importantes rescatados, podemos mencionar un esqueleto completo de la sección media de la formación Ischigualasto, el cual tiene unos 2 metros de largo (incluido el graneo y la cola que son muy cortas).

Poseía un tórax voluminoso y huesos de la cintura escapular y pélvica muy modestos. Estos datos sugieren que era un animal muy robusto, de patas cortas y gruesas, y de unos 60 centímetros de alto. Era un animal de movimientos lentos, aunque si era acechado por algún carnívoro podía ser algo mas ágil pero por breve tiempo. Es una de las especies mas representativas y abundantes del Triasico Argentino.

Scaphonyx sanjuanensis. Se trata de una especie cuyo largo total oscilaba en los 2 metros hasta los 2,5 metros de largo, y una aproximada de 45 a 50 centímetros. La posición de las extremidades era primitiva, o sea con el humero y el fémur próximos a la posición horizontal, lo que contribuía a la poca altura de los ejemplares.

En la formación Ischigualasto, especialmente en el terciario inferior, la frecuencia de Scaphonyx es notable e incluye ejemplares de diversos tamaños que presentan, muy probablemente, estadios de desarrollo de individuos de la misma especie. En el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de San Juan se encuentra montado un magnifico ejemplar de esta especie. Es indudable que Scaphonyx sanjuanensis era una especie totalmente herbívora, y que eventualmente seria una de las presas de los grandes carnívoros como Saurosuchus o aun Herrerasaurus.

Los vegetales que probablemente se alimentara este Rincosaurio es mas difícil estimar. Tal vez la adaptación de su pico estaba dirigida a arrancar raíces, o eventualmente para triturar frutos de cicadales según los autores. 

Ischigualasto es un reservorio excepcional de flora y fauna triásica de ambiente continental, siendo el más importante en su tipo a nivel mundial, ya que los cuatro millones de años iniciales del Triásico Superior que están muy bien documentados en los citados afloramientos, no están registrados, hasta el momento, en ninguna otra parte del mundo y si lo están han brindado restos muy incompletos.

Bibliografía Sugerida.

ALCOBER, O.A., 1993. Geología de La Formación Ischigualasto. Tesis inédita. FCEFN-UNSJ. San Juan.

BONAPARTE, J.F., 1969. Los tetrápodos triásicos de Argentina. I Simposio de Gondwana, La Estratigrafía del Gondwana. UNESCO.

BONAPARTE, J.F., 1969. Datos sobre la evolución paleoecológica en las Formaciones triásicas de Ischigualasto-Villa Unión. Acta Geológica Lilloana, 10 (9). Tucumán.

BONAPARTE, J.F., 1978. El Mesozoico de América del Sur y sus tetrápodos. Opera Lilloana, 26: 1-596. Tucumán.

BONAPARTE, J.F., 1996. Dinosaurios de América del Sur. Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia". Buenos Aires.

CABRERA, A., 1943. El primer hallazgo de terápsidos en la Argentina. Notas del Museo de La Plata, Paleontología, 55: 317-331. La Plata, Provincia de Buenos Aires.

CASAMIQUELA, R., 1960. Noticia preliminar sobre dos nuevos estagonolepoideos argentinos. Ameghiniana, 2 (1): 3-9. Buenos Aires.

MONETTA, A.M., 1995. Ischigualasto-Talampaya, tiempo de dinosaurios, time of dinosaurs. Manrique Zago, 200 páginas.

NOVAS, F.E., 1986. Un probable terópodo (Saurischia) de la Formación Ischigualasto, Triásico Superior, San Juan, Argentina. IV Congreso Argentino de Paleontología y Bioestratigrafía, 2: 1-6.

REIG, O.A., 1961. Acerca de la posición sistemática de la Familia Rauisuchidae y del género Saurosuchus, (Reptilia-Thecodontia). Publicación del Museo de Ciencias Naturales de Mar del Plata, 1 (3): 73-114. Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires.

 

Los Dinosaurios del Grupo Neuquén.

Por Juan Manuel Morales, Colaborador Centro Paleontológico Barreales. Neuquén, Argentina. Publicado el Sábado 12 de Abril de 2003. Contacto por e-mail: jamorales@neunet.com.ar

Introducción:

El Grupo Neuquén se le llama a los estratos rojos que contienen fósiles de dinosaurios y se encuentran en esta provincia, los cuales ya son conocidos desde hace muchos años en norpatagónia.

Este grupo es uno de los más importantes del mundo en lo que respecta a fósiles de dinosaurios y de otros animales del Mesozoico ya sea por su variedad de especies  como por su importancia paleobiogeográfica.

El Grupo Neuquén se divide en tres formaciones: Río Limay (350 metros de espesor), Río Neuquén (150 metros de espesor) y Río Colorado (200 metros de espesor). Estos, a su vez se dividen en miembros: Mb.Candeleros, Mb. huincul, Mb. Lisandro (R. Limay), Mb.Portezuelo, Mb. Plottier (R. Neuquén) y Mb. Bajo de la Carpa y Mb. Anacleto pertenecen a la formación Río Colorado.

Las edades que abarca van desde el Albiano superior hasta el Campaniano inferior.

Río Limay.

Andesaurus delgadoi: Miembro Candeleros, 100 millones de años. Fue el primer dinosaurio encontrado en el Chocón. Este se considera un titanosaurio primitivo debido a que sus vértebras caudales anteriores tienen la cara anterior cóncava y la posterior convexa mientras que las vértebras caudales medias y posteriores tienen sus ambas caras planas .También las espinas neurales laminares en las vértebras caudales y una estructura primitiva llamada hipósfenohipantro en las vértebras dorsales demuestran que no es un titanosáurido común del Cretácico superior. Medía 16 metros de longitud y pesaba alrededor de 20 toneladas          

Rebbachisaurus tessonei: Es uno de los saurópodos más completos de Sudamérica. También es el diplodócido más primitivo encontrado hasta ahora. Esto esta demostrado debido a caracteres primitivos como: sus vértebras  cervicales y dorsales no tienen la espina neural en forma de "v" sino  en forma simple y recta como una "I''. Otra característica primitiva es la forma curva de sus dientes a diferencia de los dientes más rectos del diplodocus.Otra característica muy importante de este saurópodo es su parentesco con el Rebbachisaurus garasbae de Marruecos ya que permite suponer una posible conexión terrestre entre estos dos continentes hace 100 millones de año. Rebbachisaurus compartió su entorno con el Andesaurus y Giganotosaurus. Su medida se calcula alrededor de los 17 metros y pesaba unas 10 toneladas.  

Giganotosaurus carolinii: Considerado como el mayor depredador del periodo cretácico con sus casi 14 metros de longitud, con la cabeza a una altura de 8 metros y con un peso de 10 toneladas Giganotosaurus es el depredador terrestre más grande encontrado hasta hoy. Este debía alimentarse de los saurópodos Rebbachisaurus y Andesaurus con los cuales convivía diariamente. Giganotosaurus pertenece a la familia de los carcharodóntidos a la cual pertenece el gigante carcharodontosaurus saharicus del norte de África y según estudios muy recientes el Megaraptor namunhuaiquii (de la formación R. Neuquén y Miembro Portezuelo). Se cree que Giganotosaurus era un cazador porque a diferencia de el famoso Tyranosaurus rex los dientes de este carcharodóntido eran estrechos y estaban diseñados para arrancar y/o cortar carne, no como  los del T. rex que eran anchos diseñados para triturar huesos.

Argentinosaurio huinculensis: Miembro Huincul, 95 millones de años. Titanosaurio de unos 40 metros de longitud y unos 15 mt. de altura, hoy considerado como el dinosaurio más grande del mundo. Se han encontrado muy pocas partes de este titanosaurio, solo un 10% ha sido rescatado. Pero para tener una idea del tamaño total de el animal solo hay que imaginar el tamaño de una vértebra de 1,60 metros de alto y 1,40 metros de ancho. Argentinosaurus vivió en lo que actualmente es Plaza huincul y Cutral Có.

Anabisetia saldiviai: Pequeño dinosaurio terópodo de no más de 2 metros de longitud y 60 centímetros de altura. El rasgo más importante de Anabisetia es que permite corroborar la teoría planteada por Salgado y Coria acerca del origen de los ornitópodos como Gasparinisaura en territorio Sudamericano y no como animales procedentes de América del norte que inmigraron  hacia el sur al formarse el istmo de Panamá. Esta teoría fue propuesta  junto con el hallazgo del Gasparinisaura (70 millones de años), pero la edad de este dinosaurio coincidía justamente con la formación del istmo de Panamá (el cual genero un intercambio faunístico de Sudamérica y Norteamérica) por lo cual se creía que estos animales habían llegado a  la Patagónia desde América del Norte. Para comprobar la teoría de Salgado y Coria se necesitaba hallar un ornitópodo emparentado con Gasparinisaura, pero de formaciones geológicas más antiguas y esto es precisamente el Anabisetia saldiviai.

Probablemente este pequeño dino vivía en manadas alimentándose de la vegetación que crecía al nivel del suelo, al igual que Gasparinisaura tenía un complejo aparato de masticación con unas hileras de  apretados dientes ideales para triturar todo tipo de materia vegetal. Su única defensa contra los depredadores eran sus ágiles extremidades posteriores que le permitían a estos escapar a toda velocidad de sus depredadores.

Río Neuquén.

Futalongkosaurus dukei: Miembro Portezuelo. Saurópodo, titanosaurio de 35 o 40 metros  de longitud y aproximadamente 15 metros de alto. Se encontró en el Centro Paleontológico los Barreales en la provincia de Neuquén. Se ha rescatado 3 ejemplares muy completos (uno grande y dos pequeños). A pesar de tener un tamaño similar al Argentinosaurus no están estrechamente emparentados entre si. Probablemente Futalongkosaurus como todos los saurópodos  tenían  algún comportamiento del tipo  gregario que les permitía tener una mayor seguridad ante los depredadores que compartían su ambiente como Megarraptor. Estos titanosaurios vivieron hace unos 87 millones de años en lo que era un ambiente  en el cual abundaban lagunas y lagos pequeños que contenían gran variedad de fauna y flora.

Megaraptor namunhuaquii: Dinosaurio terópodo de 6,50 metros aproximadamente. Hasta hace poco sólo se conocía por una garra de unos 27 centímetros, pero el hallazgo reciente de una mano de 70cm articulada en el Centro Paleontológico los Barreales nos permiten aprender nuevas características de este animal: su garra gigante no estaba ubicada en el pie (similar a los raptores)  como se suponía sino en la mano, esto no solo cambia de lugar la garra del Megaraptor sino al la de todos los raptóridos (del pie a la mano) y la otra novedad es que según indica la anatomía de la mano del Megaraptor este dinosaurio se incorporaría a la familia de los carcharodóntidos.

Unenlagia comahuensis: dinosaurio con características avianas de 2.30 metros de longitud t 1.20 mt. de alto. La peculiaridad de este dinosaurio es la forma en que articula el húmero y la escápula permitiendo que el brazo o proto ala (nombre que se le da a los brazos del Unenlagia por ser parecidos a las alas actuales de las aves, pero más primitivas y que no  servían para volar) se pueda elevar con mayor amplitud que el de los otros dinosaurios terópodos . Este movimiento sería muy similar al que realizan las aves voladoras de la actualidad con sus alas cuando están volando. Según el descubridor del Unenlagia , el doctor Fernando Novas, mientras corría este dino daba saltos cada vez más altos ayudados por los ''aleteos'' que realizaban sus proto alas. También lo ayudaban a incrementar su velocidad y a mantener el equilibrio.

Patagonykus puertai: dinosaurios encontrado a las afueras de Cutral Có con una edad aproximada de unos 90 millones de años. Es un terópodo aviano de 1.80 metros de longitud muy emparentados con Alvarezsaurus calvoi (de Neuquén) y Mononykus olecranus (de Mongolia), juntos forman la familia Alvarezsauridae. Estos se caracterizan por tener una garra muy desarrollada en la mano. La anatomía de el brazo es muy similar a la de los actuales mamíferos cavadores, pero en casi imposible que los Alvarezsauridae utilizaran su garra para esto porque las extremidades anteriores son muy pequeñas en relación a cuerpo y les resultaría imposible cavar una cueva relativamente grande. Hasta hoy la función de sus garras es desconocida, pero quizás sirvió para extraer raíces o cortezas de las plantas. A pesar de sus dientes probablemente no comían carne

Río Colorado.

Patagopteryx deferrariisi: Ave no voladora encontrada en las bardas de la ciudad de Neuquén. Esta ave cuenta con unos miembros anteriores muy reducidos, pero sus patas  son muy robustas y están adaptadas a la carrera, también fueron utilizadas para la construcción del nido. Era un ave pequeña ya que medía aproximadamente unos 40 cm de longitud y pesaba 3 Kilogramos. Vivió hace unos 85 millones de años.

Alvarezsaurus calvoi: Dinosaurio terópodo encontrado por el paleontólogo Jorge Calvo y descripto por  el Doc. José Bonaparte. Este dinosaurio encontrado en las bardas de Neuquén capital es un miembro de la familia Alvarezsauridae por lo cual es muy similar al Patagonykus y al Mononykus.

Sólo se ha rescatado un 40% del esqueleto total, pero es suficiente como para describirlo  en su totalidad. La familia Albarezsauridae está muy emparentada con Archaeopteryx (la ave más primitiva conocida hallada en  Alemania). Alvarezsaurus vivió hace 85 millones de años, no superaba el metro de longitud y de altura estaba entre los 70 centímetros.

Velolocisaurus unicus:  dinosaurio terópodo de porte pequeño que habito la ciudad de Neuqúen hace unos 85 millones de años. Este dinosaurio esta representado  solo por una extremidad posterior, esta es muy particular y está muy bien adaptada a la carrera, cuenta con una anatomía no registrada en otros terópodos ya que tiene solo un metatarso para sus tres dedos. Probablemente Velocisaurus era un animal muy agil y de movimientos ligeros. Se supone que no habría tenido dietes y que comía insectos y pequeños animales.

Antarctosaurus wichmannianus: titanosáurido de 30 metros de longitud aproximadamente. Vivió en Río Negro y en Neuquén hace un poco más que 80 millones de años. Contaba con cráneo corto pero aplanado en la parte anterior, tenía dientes como tachuelas que sólo se ubicaban en la parte anterior de la mandíbula y que utilizaba para arrancar las hojas y el follaje que deseaba comer. La trituración estaba destinada a las gastrolitas (o piedras estomacales) como en la mayoría de los saurópodos, ya que estos necesitaban comer mucha cantidad de alimento pero sus mandíbulas no estaban diseñadas para triturar.

Neuquenornirs  volans: ave voladora de la ciudad de Neuquén. Según las sinapomorfías del húmero, radio, unla, fémur, tarsometatarso y las vértebras pertenecientes a la región del tórax, Neuquenornis pertenece a un grupo de aves extintas llamadas Enantornites. También podemos decir que según características de el tarsometatarso Neuquenornis pertenece a la familia del cretácico tardío llamadas Avisauridae. Se caracteriza por tener rasgos primitivos en los miembros posteriores y rasgos modernos en los miembros anteriores y cintura escapular notándose así la temprana diferenciación de las aves, en el miembro posterior rasgos primitivos mientras que en el miembro anterior y cintura escapular sufrieron rápidas modificaciones adaptadas para el vuelo.

Neuquensaurus australis: Titanosaurido que rondaba los 9 o 10 metros de longitud. Fue muy común en patagónia hace unos 85 millones de años, este dino al igual que Saltasaurus estuvo cubierto por un escudo óseo que probablemente utilizaba como defensa ante los depredadores de esa época.

Aucasaurus garridoi: terópodo de 7 metros de longitud, 2 metros de alto y un peso de 3 toneladas era un cazador activo, veloz y eficaz. Aucasaurus pertenece a la familia de los Abelisauridos siendo este uno de los más completos registrados hasta la fecha. Se hallo en la zona de Auca Mahuevo (famosa por anteriores hallazgos de huevos fósiles, de embriones en perfecto estado y hasta piel embrionaria).Como es frecuente en los Abelisáuridos, Aucasaurus también poseía algún adorno en su cráneo, una pequeña protuberancia ósea sobre los ojos que no llegaban a ser cuernos.

Titanosaurus araucanikus: Titanosauridos muy comunes. Estos, al igual que muchos saurópodos poseían una articulación fuertemente convexa en las vértebras caudales que le permitían una mayor movilidad en la cola.

Titanosaurus australis: Titanosáurido de 8 metros de longitud. Debido a la cantidad de ejemplares hallados pertenecientes a este género, se ha podido estudiar con mucha exactitud, también se han encontrado huevos pertenecientes a esta especie tan abundante. 

Reconstrucción de Patagopteryx deferrariisi, en la Exhibición del Museo de Geología y Paleontología del Comahue. Imagen: Proyecto Dino.

Reconstrucción de la cabeza de Unenlagia comahuensis. Ilustración de la Pagina Web Proyecto Dino.

LECTURAS SUGERIDAS:

Salgado L.& Pasquali R., ’’El cómo, cuando y donde de los dinosaurios de la Argentina’’ revista Ciencia Hoy Volumen 11 - Nº 65- Octubre/Noviembre 2001.

Chiappe L. M. & Calvo J. O., ’’Neuquenornis volans, a new late cretaceous bird (enantiornithes: avisauridae) from Patagonia, Argentina’’. Journal of Vertebrae Paleontology. June 1994. 14(2): 230-246.

 

Chiappe L. M & Calvo J. O.,’’ El primer enantiornithes (aves) del Cretácico de la Patagonia’’. VI jorn, Arg, de Paleontología de Vertebrados. San Juan. Argentina. 1989. pp 19-21.

Bonaparte J, 1996, ‘’Dinosaurios de América del Sur’’, Buenos Aires, Museo Argentino de Ciencias Naturales ‘Bernardino Rivadavia’.

Calvo J. O. & Gazzera C. E. ,‘’Paleoecología en el sector Inferior del Miembro Candeleros (Fm. Río Limay, Grupo Neuquén, Cretácico) en el área del lago Exequiel Ramos Mexía, Prov. del Neuquén, Patagonia, Argentina’’. VI jorn, Arg, de Paleontología de Vertebrados. San Juan. Argentina. 1989. pp 3-5 

 


¿A qué época se remonta la presencia humana en la Argentina?

Por Gustavo G. Politis - Facultad de Cs. Sociales (Olavarria, Prov. Buenos Aires, Argentina) Universidad Nacional del Centro. Publicado originalmente en la revista Ciencia Hoy Vol1 N° 2 . Ilustrado por PaleoArgentina Web.

Desde una posición extrema que llegó a sostener el mismo origen de la humanidad en la pampa, se pasó luego, como contrapartida, a creer que el poblamiento de América era un fenómeno relativamente reciente. Hoy, a la luz de nuevos hallazgos arqueológicos, se ha replanteado también la última postura; en la Argentina, las evidencias demuestran que en algunos casos, como el de las llanuras bonaerenses, el hombre coexistió hace milenios con una fauna extinguida, que en parte explotó para su supervivencia.

Cuando a fines del siglo pasado el célebre investigador Florentino Ameghino propuso que la cuna de la humanidad se encontraba en la pampa argentina, la atención de la comunidad arqueológica mundial se volcó sobre la región. ¿Era posible que, contrariando a la mayoría de los hallazgos de la época, los fragmentarios cráneos y otros restos óseos exhumados en la llanura pampeana pertenecieran a los primeros hombres que poblaron el planeta? El cúmulo de información expuesta por Ameghino era importante y mereció una discusión internacional. De esta manera, en 1910 llegó a la Argentina el paleoantropólogo (especialista en la evolución biológica del hombre) Ales Hrdlicka, de la Smithsonian Institution de Washington; luego de un rápido análisis de los materiales y de las evidencias presentadas por el científico local, destruyó las propuestas del mismo, concluyendo además que no había razón para creer que el hombre en América del Sur tuviese más que unos pocos milenios de antigüedad. Tampoco era probable, según su opinión, que hubiera convivido con los grandes mamíferos del Pleistoceno.

La contundencia del modelo del prestigioso Hrdlicka, excelentemente presentado en su EARLY MAN IN SOUTH AMERICA (1912), no sólo derrumbó las hipótesis ameghinianas, sino que condujo al abandono de la búsqueda sistemática de rastros de los primeros americanos en las pampas argentinas junto con Ameghino, toda una línea de investigación fue condenada al descrédito. Los enigmáticos hallazgos de bolas de boleadoras y otros artefactos aparentemente muy antiguos, que entre 1910 y 1930 efectuó el aficionado Lorenzo Parodi, en las barrancas de Miramar (partido de General Alvarado, provincia de Buenos Aires), fueron sospechados de fraude y con ellos se fue diluyendo la idea de un poblamiento muy remoto de la región. Sobre la base de múltiples métodos de datación del pasado con que ahora se cuenta, la cronología actualmente propuesta para el poblamiento de América es bastante distinta de la que hace casi un siglo suponía Ameghino.

Hoy, una gran cantidad de hallazgos arqueológicos apoya la hipótesis de que el hombre llegó a este continente, cruzando el estrecho de Behring, entre Siberia y Alaska, hace 20 o 30 mil años. Incluso los recientes hallazgos efectuados por Tom Dillehay, de la Universidad de Kentucky, en el sitio de Monte Verde (Chile) y por Niede Guidón, de l'Ecole de Hautes Etudes en Sciences Sociales, en el estado de Piauí (Brasil), han dado fechados que remontarían el poblamiento de América del Sur hasta casi 35 mil años atrás. Sin embargo, y a pesar de sus exageraciones cronológicas, varias de las hipótesis de Ameghino han vuelto a considerarse seriamente. Por un lado, el descubrimiento en 1927 de puntas de proyectil clavadas en huesos de bisontes extinguidos en Folsom (Nuevo México, EE.UU.), llevó a que se aceptara que efectivamente el hombre había coexistido con especies animales extinguidas en América del Norte. Poco después, el arqueólogo norteamericano Junuis Bird encontró en el otro extremo del continente, en cuevas de la patagonia chilena, otras puntas de proyectil, asociadas con restos de caballo americano y de milodonte, ambos también extinguidos. Por otra parte, algunas de las mismas evidencias presentadas por Ameghino, como el cráneo humano denominado por él como Diprothomo recuperado a casi 15 m. de profundidad durante la construcción del puerto de Buenos Aires, o el "esqueleto de Fontezuelas" hallado en el interior de la caparazón de un gliptodonte, no se explicaban dentro del modelo de Hrdlicka de poblamiento de América en épocas post-glaciales.

Las Extinciones Pleistocénicas.

La primera parte del período Cuaternario, el Pleistoceno ha sido caracterizado como la época de las glaciaciones, es decir por el avance de grandes masas de hielo sobre los continentes debido a un descenso de las temperaturas del planeta. El comienzo de esta época ha sido estimado entre dos y dos millones y medio de años, mientras que su finalización llegaría hasta hace diez mil años. Esta última fecha, convencionalmente aceptada por los investigadores de distintas disciplinas, marcaría el fin de la última glaciación y el paso hacia las condiciones climáticas más benignas que caracterizan al período posterior en el cual aún nos encontramos: el Holoceno o Reciente. Durante el Pleistoceno se produce en África el origen y la dispersión del género humano, como resultado de un proceso de hominización que habría comenzado algunos millones de años antes. Esta época tuvo además una fauna característica, cuyos representantes más conspicuos se extinguieron abruptamente en América en el lapso que media entre los 12.000 y 8.000 años antes del presente.  

En América del Sur, la fauna del Pleistoceno incluía algunos representantes nativos, aquellos que se habían originado y desarrollado por decenas de millones de años en el subcontinente, junto a otros "recién llegados"  provenientes de América del Norte, cuando en la época anterior, el Plioceno, se formó el istmo de Panamá.

Entre los primeros se encuentran los perezosos terrestres como el megaterio, el milodon y el glosoterio, los gliptodontes, lejanos parientes de los armadillos actuales, el toxodonte, un gran mamífero parecido al hipopótamo y la macrauquenia. Entre el segundo grupo se destacan tanto especies extinguidas (caballos americanos, mastodontes y tigres "dientes de sable") como vivientes (zorros, pumas, guanaco, venados y ciervos). Gran parte de esta fauna desapareció hacia fines del Pleistoceno debido probablemente a los drásticos cambios climáticos que se produjeron durante esta época.

Sin embargo, en América del Norte la presencia recurrente de huesos de mamut y bisonte extinto en los sitios arqueológicos más antiguos llevó a pensar que la presión de caza de los primeros pobladores americanos podría haber causado, junto a otros factores, la extinción de estas especies. En América del Sur, varios sitios presentan también huesos de caballos americanos, lo que plantea la posibilidad de que el hombre también haya contribuido de alguna manera a la desaparición de estas especies. años en el subcontinente, junto a otros "reciénllegados"  provenientes de América del Norte, cuando en la época anterior, el Plioceno, se formó el istmo de Panamá. Entre los primeros se encuentran los perezosos terrestres como el megaterio, el milodon y el glosoterio, los gliptodontes, lejanos parientes de los armadillos actuales, el toxodonte, un gran mamífero parecido al hipopótamo y la macrauquenia. Entre el segundo grupo se destacan tanto especies extinguidas (caballos americanos, mastodontes y tigres "dientes de sable") como vivientes (zorros, pumas, guanaco, venados y ciervos). Gran parte de esta fauna desapareció hacia fines del Pleistoceno debido probablemente a los drásticos cambios climáticos que se produjeron durante esta época.

Sin embargo, en América del Norte la presencia recurrente de huesos de mamut y bisonte extinto en los sitios arqueológicos más antiguos llevó a pensar que la presión de caza de los primeros pobladores americanos podría haber causado, junto a otros factores, la extinción de estas especies. En América del Sur, varios sitios presentan también huesos de caballos americanos, lo que plantea la posibilidad de que el hombre también haya contribuido de alguna manera a la desaparición de estas especies.

 


Las Huellas del Pasado.

Por: Cristina Bayon, Universidad Nacional del Sur y Gustavo Politis, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. Fragmento de la publicación original de la revista de la Asociación Ciencia Hoy, Volumen 8 N° 48.

Desde el comienzo de las investigaciones arqueológicas, se ha procurado establecer la antigüedad y las características de las ocupaciones indígenas en la costa de la región pampeana. El tema ha tenido un desarrollo complejo, con grandes controversias e intensos debates, sobre todo a principios del siglo, cuando Florentino Ameghino postuló una antigüedad geológica terciaria para los materiales encontrados en los sitios costeros. Las explicaciones han variado según las posturas teóricas de los diferentes investigadores; para algunos arqueólogos, como Osvaldo Menghin y Marcelo Bórmida, los yacimientos se formaron por la presencia de los indígenas que vivían y explotaban los recursos del litoral; por el contrario, William Holmes y Francisco de Aparicio creían que los sitios eran la evidencia de las periódicas visitas a la costa atlántica de los indígenas que habitaban la llanura pampeana. Sin embargo todos debieron hacer frente a una misma dificultad: en el litoral bonaerense los restos arqueológicos se encuentran sobre la superficie del terreno. Por lo general, los materiales aparecen apoyados en la arena de las hoyadas que forman los médanos o sobre los afloramientos de sedimentos más compactados. Hay dos casos excepcionales de depósitos arqueológicos estratificados: por un lado, están los controvertidos descubrimientos realizados en la década de los veinte por Lorenzo Parodi, que nunca han sido convalidados por los científicos, y por otro, las sepulturas del llamado "Túmulo de Malacara", que no han podido ser correlacionadas con los abundantes materiales de superficie. Estos son, en realidad, lo poco que ha llegado hasta nosotros de conjuntos mucho más ricos y variados que, de haber estado protegidos bajo la superficie del terreno, no hubieran sufrido el importante deterioro producido por la acción de los agentes naturales: viento, lluvia o sol. Por ejemplo, los materiales orgánicos no se conservan a la intemperie; la piedra y la cerámica, al quedar expuestas, se mezclan permanentemente con los restos de ocupaciones posteriores; en el caso de la alfarería, a pesar de ser un material relativamente resistente, la erosión termina por desintegrarla. Tampoco es posible obtener fechas absolutas mediante la aplicación del carbono catorce pues han desaparecido materias orgánicas com el hueso, carbón vegetal o restos de plantas.

La situación cambió notablemente en 1984 cuando se descubrió el sitio arqueológico La Olla 1 y, posteriormente, otros cercanos y estrechamente relacionados: La Olla 2 y Monte Hermoso 1. El conjunto ha revelado datos sumamente novedosos para la región, pues se han podido documentar centenares de pisadas humanas, de aves y mamíferos, recuperar restos óseos de varias especies de animales, artefactos de piedra y, además, restos vegetales en un estado excepcional de conservación. Los tres yacimientos mencionados están a seis kilómetros al Oeste de la localidad de Monte Hermoso (provincia de Buenos Aires), donde los depósitos del fondo de una laguna de la época holocénica (unos 7.000 años antes del presente) aflorán en la playa actual y dos veces al dia los cubre la marea. Se trata de sedimentos estratificados de láminas intercaladas de arcilla y arena, que se extienden unos 1.100m a lo largo de la playa (figura 1); en el pasado formaban parte del borde de una antigua laguna litoral, hoy desaparecida, y que durante su proceso de formación fue visitada en varias oportunidades por indígenas cazadores-recolectores pampeanos que acamparon cerca de sus márgenes.

¿Qué se ha conservado y cómo?

Los restos materiales preservados en estos sitios son muy variados. En La Olla 1 y 2 se han recuperado cientos de huesos de lobo marino, guanaco y venado, valvas, caracoles marinos, fragmentos de huevos de ñandú, restos vegetales, artefactos de piedra y un objeto de madera decorado (figura 2). Vicente Di Martino, director del Museo Municipal de Monte Hermoso, descubrió en diciembre de 1983 el yacimiento denominado La Olla 1. Por lo general el sitio está tapado por la arena de la playa y excepcionalmente queda expuesto; en esas ocasiones los materiales arqueológicos se hacen visibles, pues afloran en los sedimentos lagunares más compactados. Cuando la arena lo vuelve a cubrir, es muy difícil excavarlo de manera sistemática: el oleaje continuo y la arena suelta imposibilitan mantener el área destapada. Di Martino y Luis Guzmán, entonces director del Museo "José A. Mulazzi" de Tres Arroyos, pudieron concretar a comienzos de 1984 una excavación rápida. Hubo que esperar hasta 1993 para que el sitio quedara expuesto y hacer una nueva recolección y un estudio más detallado de los perfiles geológicos. En el verano del 1995 los movimientos de arena del litoral dejaron al descubierto un yacimiento de características similares (La Olla 2), pero su exposición fue tan breve que impidió cualquier tipo de trabajo sistemático: sólo se recuperaron algunas piezas óseas de lobo marino y unos pocos artefactos. En ambos sitios de La Olla los huesos de lobo marino pertenecen a las especies de uno y de dos pelos, y hay una alta proporción de restos de los miembros anteriores de los animales, especialmente húmeros y radiocúbitos, mientras que son escasas las partes del esqueleto axial. Esto sugiere que los lobos marinos fueron despostados en el lugar donde los cazaron, probablemente a la orilla del mar, y sólo el cuero y algunos pedazos de carne fueron llevados para preparar y consumir a la orilla de la laguna.

Para confeccionar los instrumentos de piedra se usaron, principalmente, rodados costeros y, en menor cantidad, cuarcita y arenisca. En algunos casos por talla se redujo la roca a un tamaño y forma convenientes, mientras que otros fueron trabajados por desgaste o pulido, e incluso algunos tomaron forma por el uso. El hallazgo más notable es un instrumento de madera con decoración: se trata de una especie de espátula larga adornada con líneas rectas y en zig-zag incisas. Este espécimen, junto con dos estacas o puntas, son los únicos artefactos arqueológicos de madera conocidos procedentes de sitios pampeanos, y hasta ahora no hay en el Cono Sur registro de objetos similares preservados por el agua del mar.

En otro sector de la orilla de la laguna, en el sitio Monte Hermoso 1, se ha conservado una notable evidencia de la presencia humana. Se trata de centenares de pisadas humanas (figura 3), de aves (figura 5) y mamíferos, junto con restos de plantas, semillas, algunas estacas o puntas de madera, caracoles, cáscaras de huevo de ñandú y unos pocos huesos de lobo marino. El sitio fue descubierto en 1990 por el geólogo Rodolfo González, quien reconoció las pisadas humanas en los sedimentos consolidados que afloraban a lo largo de 800 metros en la playa actual. Las huellas son claramente visibles en cuatro sectores principales y, por ejemplo, en un área de 420m2 hay impresas más de 400 improntas humanas, 20 de aves y dos de artiodáctilos .

Además, las pisadas quedaron impresas en por lo menos tres superficies antiguas diferentes, es decir que la orilla de la laguna fue transitada por los indígenas pampeanos en tres momentos distintos.

¿Cuándo fue?

La excelente conservación del material orgánico en los sitios ha permitido realizar varios análisis de carbono catorce y, en consecuencia, conocer cuándo ocurrieron los distintos eventos que han quedado registrados en la laguna. Hasta el momento disponemos de siete fechados radiocarbónicos que ubican los acontecimientos entre 6.640 y 7.400 años antes del presente, es decir a mediados del período Holoceno. Para el sitio de La Olla 1 se hicieron dos análisis sobre colágeno (proteína ósea) de fémur de lobo marino, y dio una edad de 7.315 ± 55 años antes del presente (AA-7972) y 6.640 ± años antes del presente (LP-303). En La Olla 2 se utilizó una vértebra también de lobo marino, y el resultado fue de 7.400 ± 95 años antes del presente (AA-19292). Existen cuatro dataciones radiocarbónicas obtenidas de muestras asociadas con las pisadas en el sitio Monte Hermoso 1; una es una semilla de una planta acuática (Ruppia sp.), extraída de las fases arcillosas inferiores y dio una edad de 7.125 ± 75 años antes del presente (AA-7974). De la segunda, hecha sobre una escápula de lobo marino incluida en los bancos de areniscas, se obtuvo una antigúedad de 7.030 ± 100 años antes del presente (LP-271). El tercero y cuarto análisis proceden de los niveles estratigráficamente más altos, se hicieron sobre un fragmento de rama de una especie indeterminada y de unas semillas de Ruppia sp. Las fechas obtenidas fueron 6.795 ± 120 años antes del presente (AA-8699) para el fragmento de rama, y 6.705 ± 80 años antes del presente (AA-8700) para las semillas.

¿Cómo era la laguna hace 7.000 años?

Carlos Zavala fue el responsable de los estudios geológicos que se hicieron para determinar el ambiente, el modo de depositación y la evolución geológica de la laguna. Para esto se definieron y estudiaron los cambios en el aspecto de los depósitos mediante el análisis de las características internas de los cuerpos de roca: estructuras sedimentarias primarias, textura, contactos, color, geometría y contenido paleontológico. Las características cambian a lo largo del perfil, tanto vertical como lateralmente, debido no sólo a las transformaciones ocurridas durante la evolución de la charca y la formación del depósito, sino también a las ligeras diferencias del ambiente en que tuvo lugar la depositación.

Pisada humana en el yacimiento paleoicnologico de Pehun-co en la Prov. Buenos Aires.

Recorrido de enormes pisadas de Megatherium en el mismo yacimiento único en el mundo.

Los sedimentos que contienen las pisadas están apoyados sobre depósitos de edad pleistocénica -hace más de 10.000 años- expuestos en la zona intermareal de la playa. La unidad que corresponde al Holoceno se inicia con capas esencialmente arcillosas de color gris claro, laminadas, con delgadas intercalaciones de arenas y restos de peces, roedores y vegetales. Aquí es donde se observa la mayor densidad de pisadas. Por encima se disponen sucesivos bancos de arena, entre los que se intercalan delgadas láminas de arcillas. Es en estos contactos donde se han detectado las pisadas mejor preservadas, que son poco profundas y muchas conservan aún sus rellenos.

La reconstrucción ambiental estuvo a cargo de Silvia Grill y Dina Martínez, investigadoras de la Universidad Nacional del Sur, a través del estudio del polen y de organismos microscópicos acuáticos (ostrácodos). Los análisis sugieren la presencia de una vegetación de dunas costeras y cuerpos lagunares tranquilos de interduna, con abundante material nutritivo y buena oxigenación, que periódicamente sufría episodios de inundación y de retracción. A pesar de situarse muy cerca de la costa, la laguna excepcionalmente tuvo comunicación con el mar. Si bien se ha identificado paleomicroplancton marino (dinoflagelados y acritarcas) en los sedimentos, su pobre estado de conservación sugiere que se trata de material redepositado. Los resultados del estudio del polen señalan que la flora del lugar se caracterizaba por una vegetación herbácea de médanos que coexiste con plantas acuáticas típicas de las depresiones intermedanosas.

La identificación de cuatro taxa de ostrácodos no marinos (Sarsc ypridosis aculeata, Lymnocythere sp1, sp2, Cyprinotus salinus), indican que la laguna era continental aunque salobre. El estado de conservación, el número de especies y la asociación faunística estaría evidenciando un cuerpo de aguas tranquilas. En tanto que la precipitación de carbonatos dentro de las valvas en algunas etapas, es un indicador de importantes episodios de desecamiento y de un ambiente inestable. La estratigrafía indica que además de estas pulsaciones periódicas, la laguna era más grande al principio, y que a lo largo de los siglos paulatinamente se fue reduciendo. Hay indicios de que hace unos 6.500 años la laguna era apenas un cuerpo de agua somero de interduna y que estaba próxima a desaparecer.

¿Por qué se conservaron?

Para que se conserve un registro arqueológico tan frágil como el de las pisadas humanas, deben darse una serie de eventos en un orden adecuado. En el caso estudiado, un ambiente de relativa quietud (de baja energía), como las aguas de una laguna costera, favoreció la preservación

El orden de los eventos fue el siguiente:

1.- Debajo del agua se depositó una capa de grano fino que fue importante para registrar los detalles con mayor fidelidad.

2.- El sedimento de las márgenes, al quedar expuesto al aire, perdió parte del agua de los poros y adquirió cierta plasticidad, deformándose parcialmente con el peso de los caminantes.

3.- Luego de impresas las pisadas, el agua debió cubrirlas rápidamente pero con baja energía. Las huellas que se conservaron no quedaron expuestas por mucho tiempo, pues en caso contrario se hubieran borrado. De este modo, perduraron las más cercanas al borde de la laguna, y es lo que determina que los sitios con pisadas estén, casi siempre, en las márgenes de antiguos cuerpos de agua.

4.- Con posterioridad a su enterramiento, el depósito no sufrió grandes transformaciones hasta que fue erosionado por un agente "sutil" como el agua. En este caso, el mar al penetrar entre la huella y su relleno hizo que se separaran dejando a la vista la impronta. Sin embargo, en la medida en que la erosión marina actúa sobre los sedimentos con pisadas, las destruye. Al principio remueve el relleno y la marca del pie queda a la vista; luego, como la acción abrasiva continúa, comienza a afectar la huella hasta que la borra totalmente. Este proceso es casi imposible de detener, pero en la medida en que el mar va erosionando algunas pisadas, deja otras tantas al descubierto.

¿De quién son las huellas?

Se han hecho distintos trabajos para conocer cómo se distribuyen en el sitio las improntas y los restos materiales. Las tareas de investigación se iniciaron en el extremo oriental, porque es el más expuesto a la destrucción. Para un estudio de este tipo, el terreno fue cuadriculado en áreas de 1 metro de lado y luego, tomando el reticulado como referencia, se midieron todas las pisadas. Hubo que tener en cuenta varios datos: si se trataba del pie izquierdo o derecho, el largo, el ancho, la profundidad y la orientación de cada huella. Cuando se reconocía un rastro, es decir una serie de huellas producidas por la marcha de una misma persona, se tomó también la distancia entre los pasos. Sobre la base de estos datos se mapearon todas las pisadas, aisladas o formando rastros . Con el objeto de hacer un análisis estadístico que permitiera inferir los grupos de edad que estaban representados, E. Navarro seleccionó un conjunto de huellas que se estudiaron utilizando el análisis multivaríado de componentes principales. El análisis quedó restringido a aquellos casos que estábamos seguros de que eran relativamente sincrónicos. El sector elegido fue el área que estaba cruzada por el rastro más extenso y todos estaban impresos en una única superficie. De las huellas, cinco son de pisadas pequeñas (14 a 17cm de largo) que seguramente corresponden a niños; otras cinco están formadas por improntas entre 19 y 23cm, que podrían corresponder a jóvenes o mujeres; sólo una pertenece a un adulto de cierta estatura.

Otra característica importante es que ninguna muestra una dirección determinada, ni son paralelas. Esto indica que el sector de la orilla no fue una senda, sino más bien un área por donde la gente recorría una superficie amplia, no un camino lineal y estrecho.

Imágenes del pasado

La interpretación propuesta a partir de los datos actualmente conocidos, es que hace siete mil años esta laguna tranquila de agua salobre, cercana al mar, fue visitada periódicamente por indígenas cazadores-recolectores de la región pampeana. El paisaje costero formaba parte de su territorio y era frecuentemente visitado ya que en las cercanías se podían cazar lobos marinos, recoger rocas para confeccionar instrumentos y, quizás, también recolectar conchas de caracoles para hacer adornos. En distintas partes de la antigua laguna han quedado las evidencias de las diferentes actividades llevadas a cabo. La Olla 1 y 2 muestran los lugares donde se terminaban de procesar los cuerpos de los lobos marinos. Las presas eran capturadas en la costa marítima cercana y acarreadas ya despostadas hasta la laguna. Allí se terminaba con el trozamiento y, en parte, se consumían. La selección de las porciones esqueletarias, las marcas de corte sobre los huesos y los mismos huesos quemados testimonian estas actividades. Es probable que también se procesaran vegetales, lo que se infiere del tipo de instrumental descartado en el lugar: rocas con caras alisadas y pulidas usadas para moler o machacar semillas y frutos. Las pisadas humanas de Monte Hermoso 1 muestran que las orillas de la laguna eran recorridas por niños, jóvenes y, tal vez, mujeres que deambulaban en forma tranquila, sin una dirección definida. El hecho de que sólo este segmento de la población esté representado, es consistente con una actividad de recolección en las márgenes de la laguna para proveerse de los típicos recursos lacustres: plantas, aves, huevos y peces. Entre los cazadores-recolectores esa actividad la desempeñan, precisamente, mujeres y niños. Hasta ahora no se ha podido determinar el emplazamiento del campamento, aunque la gran cantidad de huellas de niño indica que este debía estar próximo pues en esas sociedades los ni-ños no suelen alejarse solos a grandes distancias de la vivienda. Estas evidencias arqueológicas de la costa atlántica han permitido reconstruir algunos aspectos poco conocidos de las antiguas sociedades indígenas de la región pampeana. Sin embargo aún no han aclarado un problema que desde principios de siglo es largamente debatido: ¿estaban estas poblaciones adaptadas a un único ambiente o, por el contrario, la costa constituía un componente dentro de un amplio circuito de nomadismo?

Sitios en peligro

Los yacimientos de Monte Hermoso y La Olla se encuentran en peligro de destrucción porque son sumamente frágiles frente a la acción del mar y de la gente. La erosión marina es constante pues los afloramientos se ven afectados diariamente por la marea, y es aún mayor durante las frecuentes sudestadas. Por el lado de la acción humana, el tránsito de vehículos es el principal responsable de la destrucción, ya que permanentemente circulan por el lugar desde tractores hasta triciclones, y todos ellos de fuerte tracción; así, las láminas que forman el depósito se resquebrajan y el agua encuentra material fácil para erosionar. El mar y los seres humanos se potencian en la destrucción

Otros sitios con huellas fósiles.

Desde los comienzos del siglo XIX se conocen en la literatura científica sitios de distintos períodos geológicos con huellas de vertebrados. Sin embargo, las pisadas humanas son poco frecuentes. Las más famosas y, probablemente, más antiguas son las de Laetoli, en Tanzania, al este del África, que corresponden a homínidos que vivieron hace unos 4 a 5 millones de años.

En América hay también huellas humanas pero mucho más modernas; están, por ejemplo, las de Acahualinca, Nicaragua, que fueron dejadas por cazadores-recolectores a comienzos del Holoceno (unos 6.000 años antes del presente) en la orilla del lago de Managua. Una gruesa capa de cenizas volcánicas de varios metros de espesor cubrió las pisadas y permitió entonces una excelente preservación.

Otra impronta famosa es la dejada por un niño en el piso arcilloso del sitio de Monte Verde en el sur de Chile. Tom Dillehay, arqueólogo de la Universidad de Kentucky (EE.UU.), estima que la antigüedad de esta huella se corresponde con la de la ocupación del sitio: aproximadamente 12.500 años antes del presente. También se han registrado huellas y rastros humanos en la zona de mareas de las costas de Inglaterra, y cuya preservación se debe a procesos similares a los de Monte Hermoso. En Formby Point, estuario de Mersey al noroeste de Inglaterra, se registraron pisadas aisladas y rastros que correponden a dos períodos distintos: unas al neolítico (c. 4.000 a.C.) y otras a la edad del bronce (c. 1.500 a.C.). Asimismo, en el sudeste inglés se han hallado huellas humanas en el estuario de Severn que corresponden al período mesolítico (c. 6.000 a.C.), junto con otras de ganado vacuno: un animal que en los milenios posteriores adquiriría vital importancia para los seres humanos.

En la Argentina, por su parte, la costa del suroeste bonaerense posee un abundante registro de pisadas antiguas y en Pehuencó se ha descubierto el yacimiento paleoicnológico [paleo=antiguo; icno= traza o huella; logos=ciencia] más importante. Este sitio ha sido investigado por S. Aramayo y T. Manera, quienes han registrado centenares de pisadas de mamíferos y aves del Pleistoceno Superior (12.000+/-110 años antes del presente) a lo largo de más de 2km de afloramientos. La fauna representada es notablemente variada y las pisadas son atribuibles, por una parte, a animales que se han extinguido: megaterios, milodontes, gliptodontes, camélidos de gran talla y proboscidios; por otra, a especies actuales como cérvidos, pumas, guanacos, un carnívoro semejante al aguará guazú, ñandúes, flamencos, perdices y aves acuáticas

Lecturas sugeridas

BAYON, C. Y POLITIS, G., 1996, "Estado actual de las investigaciones en el sitio Monte Hermoso 1 (Prov. de Buenos Aires)", en Arqueología (Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofia y Letras, Universidad de Buenos Aires), 6:83-116.

POLITIS, G., 1989, "¿Quién mató al megaterio ?", en Ciencia Hoy; 1,2: 26-35


 

Los Xenarthros Pilosa o Perezosos Gigantes, en el registro fosilífero de la costa bonaerense.

 Por Mariano Magnussen. Laboratorio Paleontológico del Museo de Ciencias Naturales de Miramar. Fundación Azara. Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados.  marianomagnussen@yahoo.com.ar . Tomado de Magnussen, Mariano. 2024. Los Xenarthros Pilosa o Perezosos Gigantes, en el registro fosilífero de la costa bonaerense. Paleo Revista Argentina de Divulgación Paleontológica. Boletín Paleontológico. Año XVII. 182: 51-55.

La historia evolutiva de los Xenarthros, edentados sudamericanos, o también conocidos como perezosos, es extensa e increíble. Algunas criaturas eran muy pequeñas y simples (perezas, perezosos de dos dedos u osos hormigueros), a gigantes bestias del pasado (megaterios y lestodontes), incluyendo a aquellos de piel acorazada (gliptodontes y armadillos), único entre todos los mamíferos extintos y vivientes en todo el mundo. El único carácter externo que tienen en común entre ellos, son las uñas en formas de garra grandes y robustas, adaptadas para funciones diversas, tanto en las formas terrestres (excavar) como en las arborícolas (agarrarse a las ramas).

Los Xenarthros, están representados por los del Orden Pilosa. Casi todos los taxones de este grupo de mamíferos se registran en América del Sur desde el Paleoceno tardío, hace 56 millones de años, hasta la actualidad. También existen varios registros en la Antártida que pueden ser considerados dentro del grupo de los Xenarthros en la época del Eoceno, hace unos 40 millones de años antes del presente, y algunos pocos en Norteamérica, que llegaron allí hace 2 millones de años, durante el Gran Intercambio Biótico Americano, luego de la unión de ambas Américas, generando asi, un intercambio faunístico.

En el área de la costa bonaerense, sobre todo de Miramar y alrededores, el registro más antiguo (por la juventud de los sedimentos) corresponden al Plioceno medio, unos 4 millones de años. El Museo de Ciencias Naturales de Miramar, ha recuperado fósiles de Proscelidodon, Glossotheridium y Scelidotheridium, antecesores de aquellos de mayor tamaño que vivieron durante el Pleistoceno. Estos eran más pequeños (pero no tanto) de las formas posteriores.

Así mismo, en estos sedimentos Terciarios, hemos observado crotovinas, es decir, antiguas madrigueras rellenas de sedimentos que de depositaron en su interior con un diámetro superior al metro y medio, lo que coincidiría a estas formas de Pilosas, cuyas estructuras son mejores conocidas y estudiadas durante el Pleistoceno regional.

Además, en 2021, un equipo conformado por la Fundación Azara, el Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados y del Museo miramarense, presentaron el hallazgo de un cráneo juvenil del Megaterio (Megatherium sp) más antiguo de Argentina, encontrado en las proximidades de Miramar, en sedimentos del Plioceno, que, junto a otros restos de Bolivia, son los más antiguos del mundo para el presente género. Sin dudas se trata de una versión anterior al gigante del Pleistoceno, pero al tratarse de un individuo juvenil, no se le pudo nombrar como nueva especie.

Durante el Pleistoceno, entre 2,5 millones de años a 11 mil años antes del presente, el orden Pilosa, tiene una gran variedad de tamaños y formas. Se caracterizan por sus dientes simples sin esmalte  (como el marfil), para triturar plantas semiduras y fibrosas, y en algunas especies, presentaban dientes modificados con forma de caninoformes (colmillos) en su extremo frontal, largas lenguas prensiles, articulaciones adicionales en las vértebras, huesos largos robustos y miembros dirigidos hacia adentro, estructura osteodermica, es decir, huesecillos esféricos y redondeados separados entre sí, formando un escudete defensivo imperceptible en la piel, además, de garras enormes para realizar madrigueras para refugio o protección de juveniles, búsqueda de raíces y tubérculos, y control en la temperatura corporal.

Entre sus representantes, que conformaron la Megafauna, es decir, animales que superaban la tonelada de peso, encontramos en su máximo exponente, el Megatherium americanum, el más grande de todos los mamíferos terrestres de la Era Cuaternaria. Superaba los 4,5 metros de altura cuando se paraba sobre sus patas y con un peso estimado de esta especie es de 4 toneladas. Si bien era herbívoro, nuevos hallazgos muestran que consumían proteínas de origen animal, los cuales cazaba, o tal vez, por su tamaño, robaba presas a otros mamíferos depredadores, o se alimentó ocasionalmente de carroña.

En 2019, nuestro Museo miramarense junto a colegas del Lacev (Macn - Conicet) y Fundación Azara, presentamos nuevos restos de Megatherium filholi, una especie de Megaterio enana. Los fósiles nos muestran, tal como sospechó el Perito Moreno, quien descubrió los primeros restos de esta especie en 1888, que el Megatherium filholi era un enano entre los gigantes, porque, pese a que medía unos tres metros de largo y pesaba poco más de una tonelada, es muy pequeño al ser comparado con su pariente más cercano, el Megatherium americanum. Desde entonces se sospechaba de la validez de esta especie, que fue ratificada por los hallazgos de sus restos en las proximidades de Miramar.

Otro de los gigantes con mayor registro en Miramar, fue Lestodon arnatus, es el segundo perezoso de mayor tamaño. Aunque resientes restos fósiles hallados cerca del muelle de pescadores de nuestra ciudad, demuestra la existencia de grandes individuos, con talla similar o tal vez superior al anterior. El Lestodonte, al igual que sus parientes era un herbívoro, el cual recogía su comida a orillas de los pantanos o cauces fluviales. Median aproximadamente unos 4 metros de longitud. Su cráneo tenía una región rostral muy ensanchada. Los huesos de sus miembros eran grandes y gruesos. Su dentición era simple, pero resaltaban hacia afuera de la boca unos caniformes muy grandes, lo que se convertía en una defensa contra los posibles depredadores. Su masa estimada es de 2,5 toneladas.

Otro Piloso gigante fue Catonyx tarijensis, un Pilosa de hábitos terrestres, corpulento, con cabeza grande y una cola larga y pesada. Los pies largos y con garras envueltas hacia adentro al igual que los otros Pilosa ya descriptos, por lo tanto, caminaba apoyando sus nudillos. Es probable que pudiera ponerse en dos patas y mantener el equilibrio con la cola, utilizando sus garras para llevarse el alimento a la boca. Tenía 3.50 metros de largo y 1,70 de alto. Su masa estimada fue de una tonelada. Es sumamente escaso en toda Argentina, y más frecuente en el centro – norte de Sudamérica.

El Scelidotherium leptocephalum, era de tamaño menor al resto de los perezosos, pero no dejaba de ser un gigante. Sin dudas, fueron los mamíferos más comunes del paisaje en el Pleistoceno miramarense, ya que sus restos fósiles son muy abundantes en los depósitos sedimentarios de esta edad geológica. Tenía 1,70 metros de alto y 3,50 de largo.

Su peso estimado es de una tonelada. El cráneo es alargado, bajo y estrecho, con un rostro proyectado hacia adelante. Su alimentación consistía de vegetales que hallaba en áreas secas.

En el año 2002 se halló en Miramar una paleocueva con galerías, dos cámaras y garras marcadas en paredes y techos. Su extensión superaba los 26 metros de largo y un diámetro que llegaba a los 1,90 metros, y se podía observar su antigua conexión con la superficie. En esta, se pudo recuperar marcas de garras pares que coinciden con la anatomía de Scelidotherium. Así mismo, en 2004, personal de este Museo de Ciencias Naturales de Miramar, recupero en la localidad de Mar del Sud (15 kilómetros de Miramar) el esqueleto de un adulto, abrazando a un juvenil.  La hipótesis, es que se trata de una hembra junto a su cría, que murieron en su madriguera hace más de 100 mil años antes del presente, siendo al día de hoy, un registro único. En este museo se conservan decenas de restos de Celidoterio, mientras que en exhibición se pueden observar un cráneo, una mano completa, y un esqueleto completo.

Mientras tanto, Mylodon darwinii, es otro de los grandes perezosos registrado en la zona, menor que Megaterio y Lestodonte. Se alimentaba de vegetales. Se calcula que medía aproximadamente 2,50 metros a la cruz, y pesaba unas 2,5 toneladas. Un singular hallazgo, fue realizado a fines del siglo pasado. Proviene de una caverna en el Seno de la Ultima Esperanza, llamada también como "Cueva del Mylodon" donde fueron encontrados excrementos del animal y huesos de gran tamaño diseminados en sedimentos que incluían restos de carbón.

Lo asombroso de este descubrimiento, es que la pieza única permitió conocer la estructura del cuero de estos animales, que en su interior alojaba pequeños huesecillos subesfericos (osteodermos) que, si bien permitían flexibilidad a la piel, convertían al Milodonte en un verdadero acorazado imperceptible. Esta característica se repitió en otros edentados, pero tal vez, con menos densidad.

El Glossotherium robustum, poseía gran tamaño y hábitos terrestres, corpulento, con cabeza grande y una cola larga y pesada. Tenía 3.50 metros de largo y 1,70 de alto. Su masa estimada fue de una tonelada y su extinción ocurrió durante el Holoceno medio, hace 8 mil años antes del presente. Su cuerpo estaba cubierto por una espesa y densa pelambre y embebidos en la piel se encontraba un gran número de huesillos (osteodermos), en forma y tamaño variables, generalmente superiores a un centímetro de diámetro.

Su hábito alimenticio era variado, constituido de hojas de graminias, arbustos, árboles y posiblemente carroña. Hace poco tiempo, personal del Museo de Ciencias Naturales de Miramar y Fundación Azara, recupero la pata trasera de un ejemplar joven (pelvis, fémur, tibia etc) recubierta de centenares de huesesillos dérmicos, lo que significa que la pata estaba cubierta por el cuero al quedar sepultada.

Otra especie, con menor frecuencia de hallazgos, la conforma Scelidodon copei, el cual, posee un cráneo pequeño, alargado, estrecho y bajo; con las mandíbulas alargadas, pero con los premaxilares más cortos. Sus dientes, en la superficie masticatoria, son elípticos o levemente triangulares, con la serie dentada paralela y continua, siendo tanto las superiores como las inferiores casi del mismo tamaño, lo que denota su dieta herbívora, consumiendo arbustos, hojas y raíces.

Su cuerpo era masivo y probablemente cubierto de un grueso pelaje. Midió unos 2.50 metros de largo por 1 metro de altura, con un peso cercano a la tonelada. Sus extremidades posteriores son largas y robustas, las anteriores son más cortas, terminando ambas en fuertes garras curvadas hacia el interior, por lo que se desplazaba sobre el dorso de sus manos y pies.

El estudio de estos ejemplares permite comprobar que durante el Pleistoceno existieron marcadas variaciones en la composición y distribución de la fauna pampeana en general, y de los Xenarthros en particular, hecho íntimamente relacionado al Gran Intercambio Biótico Americano y a las variaciones climáticas producidas durante el Pleistoceno, sumado a un declive y empobrecimiento ambiental. A comienzos del Holoceno, los gigantes perezosos se habían extinto para siempre.

Bibliografía sugerida.

Alberdi, G. Leone y E.P. Tonni (eds)- Evolución biológica y climática de la región pampeana durante los últimos cinco millones de años. Un ensayo de correlación con el mediterráneo occidental. Monografía del Museo Nac. Cs. Nat. Consejo superior de investigaciones científicas. Madrid. pp. 77-104.

Bonaparte José. 2014. El origen de los mamíferos. Fundación de historia natural Felix Azara.. ISBN 978-987-29251-8-5.

Borrero L. 2009. La evidencia evasiva: el registro arqueológico de la megafauna extinta sudamericana. En: Haynes G. (Ed.), Extinciones megafaunales americanas al final del pleistoceno: 145–68. Springer Science, Dordrecht.

Esteban, G.1996. Revisión de los Mylodontinae cuaternarios (Edentata, Tardigrada) de Argentina, Bolivia y Uruguay. Sistemática, Filogenia, Paleobiología y Paleozoogeografía y Paleoecología.

Esteban, G.1996. Revisión de los Mylodontinae cuaternarios (Edentata, Tardigrada) de Argentina, Bolivia y Uruguay. Sistemática, Filogenia, Paleobiología y Paleozoogeografía y Paleoecología. Tesis Doctoral, Instituto Miguel Lillo, Facultad de Ciencias Naturales, 235 p. Tucumán.

Fidalgo, F. y Tonni, E.P. 1983. Geología y paleontología de los sedimentos encausados del pleistoceno tardío y holoceno de Punta Hermengo y arroyo Las Brusquitas (Partido de General Alvarado y General Pueyrredon, Provincia de Buenos Aires). Ameghiniana 20 (3-4): 281-296.

Giacchino, A., Bogan, S., Boh, D., Magnussen, M. y Meluso, J. M. 2020. La creación del Museo de Ciencias Naturales de Miramar “Punta Hermengo” y sus antecedentes (General Alvarado, provincia de Buenos Aires, República Argentina). Historia Natural (3ra serie), 9

Graham RW y Lundelius EL 1984. Desequilibrio coevolucionario y extinciones del Pleistoceno, en: Martin P. Klein y RG (eds.), Extinciones cuaternarias: una revolución prehistórica, pp. 223–249; Prensa de la Universidad de Arizona (Tucson).

Magnussen Saffer, M. 2005.  La Gran Extinción del Pleistoceno.  Boletín de divulgación Científico Técnico. Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar, Prov. Buenos Aires, Argentina. Publicación 3: pp 3 – 10 (Sec.Pal).

Magnussen Saffer, Mariano. 2015. Los Mamíferos Xenartros más característicos del Plioceno de la República Argentina. Paleo Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año XIII. 129: 12-13.

Nicolás R. Chimento, Federico L. Agnolin, Diego Brandoni, Daniel Boh, Mariano Magnussen, Francisco De Cianni y Federico Isla (2020). A new record of Megatherium (Folivora, Megatheriidae) in the late Pliocene of the Pampean region (Argentina). Journal of South American Earth Sciences.

Pascual, R. y O. E. Odreman Rivas. 1971. Evolución de las comunidades de los vertebrados del Terciario argentino. Los aspectos paleozoogeográficos y paleoclimáticos relacionados. Ameghiniana 8: 372-412.

Quintana, C. A. 2008. Los fósiles de Mar del Plata. Un viaje al pasado de nuestra región. Buenos Aires, Argentina. Fundación de Historia Natural “Félix de Azara”. 242 pp.

Reig, O. A. 1958. Notas para una actualización del conocimiento de la fauna de la Formación Chapadmalal. I. Lista faunística preliminar. Acta Geol.  Lilloana 2:241-253.

Scillato-Yané, G.J.; Carlini, A.A.; Vizcaíno, S.F.; Ortíz Jaureguizar, E. 1995. Los Xenarthros. In Evolución biológica y climática de la región pampeana durante los últimos cinco millones de años. Un ensayo de correlación con el Mediterráneo occidental (Alberdi, M.T.; Leone, G.; Tonni, E.P.; editores). Museo de Ciencias Naturales, Consejo de Investigaciones, Monografías, p. 183-209. Madrid.

Sebastian Apesteguia y Roberto Ares. 2010. Vida en evolución: la historia natural vista desde Sudamérica. Ed. Vázquez Mazzini, 382 pp.

Simpson, G.G. (1940). Review of the mammal-bearing tertiary of South America. Proceedings of the American Philosophical Society, 83: 649-710.

 

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