Historia y revisión de los Cetáceos Fósiles de la Republica Argentina. Un enorme Asteroide impacto en Argentina hace tres millones de años. El  Chocón hace 100 millones de años. Los fósiles en Bariloche que atestigüen la conexión con otros continentes. PaleoArgentina Web.
 
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Un pequeño escarabajo sobreviviendo entre gigantes del Pleistoceno.

Por Mariano Magnussen Saffer. Integrante de Grupo Paleo, Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar y Fundación Argentavis. marianomagnussen@yahoo.com.ar  Ilustración del Paleoartista Daniel Boh.

La región pampeana argentina, es ampliamente conocida en forma mundial por la diversidad en restos fósiles de vertebrados de fines del Plioceno y Pleistoceno, desde grandes criaturas, como de otros tan minúsculos como los de un pequeño roedor.

Si bien gran parte de la región pampeana los rastros fósiles de grandes como el Megatherium (de 4,4 metros de altura y el peso superior de un elefante moderno) y pequeños vertebrados como Calomys (como los de un pequeño roedor) abundan a lo largo de su litoral marítimo (mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces y otros). Esto se debe a que característicamente los vertebrados están constituidos por un esqueleto óseo interno mas resistente al tiempo y a otros agentes, compuesto por minerales, principalmente fosfato cálcico, lo cual favorece la preservación de sus vestigios en el registro fósil. Otros son tan infrecuentes como los insectos y los vegetales.

Durante las III Jornadas Regionales del Centro en la ciudad de Olavarria se presento un interesante trabajo titulado “Primer registro de un Tenebrionidae (Arthropoda, Coleoptera) asociado a restos del cráneo de un Mylodontidae (Mammalia, Xenarthra), en el Pleistoceno Superior de Punta Hermengo, Miramar, Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina”, donde se da a conocer el icnofosil de un escarabajo que vivió hace miles de años.

En algunos casos excepcionales, se logra identificar moldes de algunas partes de un organismo invertebrado. Los moldes se forman tiempo después del que el organismo se incorpore en el sedimento, perdiendo todo contacto con el exterior cuando las bacterias y otros organismos del suelo acumulan minerales. Al desintegrarse las partes orgánicas, estas paredes revestidas de minerales se rellenan de sedimento o solamente quedan totalmente huecas, preservando la forma original, e incluso, detalles muy íntimos de la estructura.

Durante el Cenozoico, el número de géneros de escarabajos con representantes actuales fue aumentando paulatinamente. Así, en el ámbar báltico del Eoceno más de la mitad de los géneros registrados han sobrevivido hasta la actualidad y en el Mioceno la mayoría de los géneros existen en la actualidad y ya empiezan a existir especies que han sobrevivido hasta nuestros días. Los fósiles del Cuaternario son en su mayoría perfectamente adjudicables a especies actuales y prácticamente no se conocen extinciones o especiaciones durante este período, pero sí grandes cambios en la distribución geográfica de muchas especies en consonancia con los cambios climáticos.

En diciembre de 2002, se recupero la mandíbula y parte del cráneo de un Scelidotherium leptocephalum, un perezoso gigante extinto de unos 3,5 metros de largo y de una tonelada de peso, por debajo de sedimentos lacustres de la localidad fosilífera de Punta Hermengo, sobre la zona sur de la ciudad de Miramar, históricamente conocida por el aporte de material paleontologico de vertebrados del Pleistoceno medio-superior.

Cuando el personal técnico del Museo Municipal de Miramar se encontraba en las tareas de limpieza del cráneo, se retiro un fragmento de sedimento, que al quebrarse expuso dos moldes negativos de un individuo coleóptero.

La presencia de Scelidotherium leptocephalum es un buen referente estratigráfico y cronológico, por lo cual, lo consideramos como un espécimen fundamental para conocer la antigüedad de los terrenos donde se recupero el escarabajo. Se pudo reconocer en dos fragmentos de sedimentos que se unían a la perfección, los moldes de los elitros por un lado, y los ventritos por otro del escarabajo. El molde natural del animal seguramente se formo poco tiempo después de la muerte del coleoptero.

Debido a la ausencia de la cabeza y patas del mismo y de las condiciones tafonomicas observadas, en el molde solo se conservaron los restos que fueron sepultados. La exposición del cráneo del perezoso gigante a la intemperie durante un buen tiempo, podría ser un indicador de que ambos organismos estuvieron a la intemperie antes de ser cubiertos por sedimentos.

Luego de varias comparaciones y consultas bibliografiítas, se determino que el coleóptero pertenece a la Familia: Tenebrionidae (Latreille, 1802).

Los Tenebrionidae, en la actualidad, es una gran familia de coleópteros, conocida por unas veinte mil especies descritas. Su tamaño oscila entre 1 y 80 mm; son predominantemente de coloraciones oscuras, de donde deriva su nombre. Son básicamente detritívoros, ósea, se alimentan de los desechos tardíos en descomposición de un cadáver, como cuero pegado en los huesos, tendones etc, y especialmente diversos en ambientes esteparios y desérticos. Los detritívoros constituyen una parte importante de los ecosistemas porque contribuyen a la descomposición y al reciclado de los nutriente

Tenebrionidae es una familia con gran diversificación cuyos miembros podrían ser mal identificados dentro de otros grupos de Coleoptera, incluyendo familias tan distantemente relacionadas como Carabidae y Curculionidae. Como son definidos hoy en día, los Tenebrionidae incluyen a los antes Alleculidae, Lagriidae y Nilionidae.

Según los datos obtenidos en estudios comparativos, se determina que el molde recuperado junto a los restos del cráneo y mandíbula de un Mylodontidae corresponde a un escarabajo coleóptero de la familia Tenebrionidae cuya presencia en la región es conocida en la actualidad.

Por ahora, no se ha identificado correctamente el género y especie del mismo, cuyos estudios y observaciones se harán en un futuro próximo, debido a la pobreza del registro fósil en la región pampeana argentina sobre la presencia de vestigios fósiles al respecto, y cuya presencia es un indicador importante en aspectos paleobiologicos y paleoclimaticos.

Lo que se puede especular sobre estos dos organismos, es que el escarabajo Tenebrionidae podría haberse alimentado de los restos de materia orgánica del perezoso gigante, siendo los datos aquí reunidos, congruentes con los antecedentes disponibles sobre esta familia de coleópteros y el primer registro en su tipo sobre la asociación faunistica durante el Pleistoceno.

Bibliografia sugerida.

Allsopp, P.G. 1980. The biology of false wireworms and their adults (soil-inhabiting Tenebrionidae) (Coleoptera): a review. Bulletin of Entomological Research, 70:343-379.

Cione, A. & Tonni, E. 2005. Bioestratigrafía basada en mamíferos del Cenozoico superior de la provincia de Buenos Aires, Argentina. In: R.E. de Barrio; R.O. Etcheverry; M.F. Caballé & E. Llambías (eds.) Geología y Recursos Minerales de la Provincia de Buenos Aires. 16° Congreso Geológico

Lawrence, J. F. & Newton, A. F., Jr. 1995. Families and subfamilies of Coleoptera (with selectes genera, notes, references and data on family-group names). In: Pakaluk y Slipinski (Eds.). Biology, phylogeny and classification of Coleoptera: Papers celebrating the 80th birthday of Roy A. Crowson. Muzeum i Instytut Zoologii PAN, Warszawa. Pp. 779-1006

Laza, Jose H. 1995. Signos de actividad de insectos. In: Alberdi, M.T.; Leone, G. & Tonni, E.P. (eds.) Evolución biológica y climática de la región pampeana durante los últimos cinco millones de años, Un ensayo de correlación con el Mediterráneo occidental. Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid, Monografías, 16:341–361.

Magnussen Saffer, Mariano (2012). Hallan e identifican un milenario escarabajo prehistórico en Miramar.  Paleo, Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año 10. 78: 09-11.   

Pomi, L. H. y Tonni, E P. 2010. Marcas de insectos sobre huesos del Pleistoceno tardío de la Argentina.

Tonni, E. P. Y Fidalgo, F. 1982. Geología y Paleontología de los sedimentos del Pleistoceno en el área de Punta Hermengo (Miramar, prov. Bs. As, Repub. Argentina); Aspectos paleoclimaticos. Ameghiniana 19 (1-2): 79-108.

Tschinkel, W. R. 1981. Larval dispersal and cannibalism in a natural population of Zophobas atratus (Coleoptera:


Los fósiles en Bariloche que atestigüen la conexión con otros continentes.

Por Ari Iglesias, paleontólogo del INBIOMA (CONICET-UNCOMA). Columnista ANB. Algunos contenidos modificados para la adaptación en este medio.

En esta región, así como en muchos otros lugares de la Patagona, existen indicios marinos y terrestres que avalan la teoría de la deriva continental.

Hoy en día estudiamos los movimientos de las placas tectónicas desde nuestros primeros inicios en la escuela primaria. Numerosas son las evidencias irrefutables de que la Tierra se encuentra constituida de fragmentos de corteza sólida que se mueven unas respecto de otras, gracias a la fluidez de roca en estado fundido que se encuentra en capas profundas de El Manto.

Como prueba solo hace falta ver la generación de grandes cordones montañosos en los sectores de choque de placas (como es la Cordillera de los Andes, desde Tierra del Fuego hasta Colombia), o como surge el magma (o lava) en los bordes divergentes de placas en el fondo del Océano Atlántico, o donde es que se ubican la mayoría de los terremotos (entre bordes de placas). 

A principio del 1900, Alfred Wegener (astrónomo y meteorólogo alemán) no tenía las herramientas  ni la tecnología con la que contamos en nuestros días, como para poder probar que es lo que ocurría por debajo de la superficie de la Tierra, ni por debajo de los océanos. No se conocía como era la base de un volcán, ni como era el fondo bajo el agua de los mares.

Sin embargo la presencia de fósiles muy similares (o casi los mismos) en rocas de los continentes Sudamericano y Africano le llamó muchísimo la atención, ya que no existían en otros lados del mundo. En aquel momento se pensaba en la existencia de puentes entre los continentes, por donde la fauna y flora habría podido conectarse, y que luego quedaban bajo agua. Pero para Wegener, ocurrían formas de animales y plantas netamente terrestres que no podrían sortear un Océano Atlántico tan extenso entre regiones tan distantes, como para haber existido tal puente. 

En 1915, Alfred Wegener, basado en la silueta de los bordes de los continentes y en la presencia de fósiles de reptiles y plantas, publicó la teoría de que todos los continentes se encontraban unidos en un supercontinente denominado Pangea. Fue muy criticado, ya que nunca pudo explicar como es que esos continentes se movieron a la posición actual. Hoy sabemos que la respuesta es por Tectónica de Placas y la propia estructura interna de la Tierra. 

Wegener utilizó la presencia de reptiles terrestres y marinos, así como la presencia de fósiles de un grupo de plantas extinto (las Glossopteridales). Uno de esos reptiles fue Cynognathus, cuyo nombre quiere decir mandíbula de perro y fue hallado en rocas de 240 millones de años en Argentina (Provincia de Mendoza), en África y en Antártida. La particularidad de ese reptil es que la morfología de su cráneo, mandíbula y dientes los acerca al origen de los mamíferos.

Eran reptiles muy raros, de un metro de largo, cuadrúpedo, carnívoro con mandíbulas muy fuertes y poderosos músculos masticatorios. Otro de los reptiles fósiles que utilizó fue Mesosaurus, una especie de apariencia cocodriliforme, adaptada a la vida acuática en zonas costeras durante el periodo de tiempo Pérmico y Triásico (270-250 millones de años). Para Wegener, no había explicación para que un animal de aguas someras pudiera nadar a través de tan extenso océano. Restos de Mesosaurus fueron hallados en Argentina, Uruguay, Brasil y en Sudáfrica.

Las Glossopteridales son un grupo de plantas arbóreas con conos o piñas (Gimnospermas) que son conocidas por la abundancia en la producción de hojas durante el tiempo del Pérmico (300-250 millones de años). Por ellas, es que se denomina la "Flora Fósil de Glossopteris", que se encuentra en América del Sur, África, India, Australia y Antártida.

Poseían hojas muy particulares con patrones de venas parecidas al de los helechos, pero se hallaron vinculadas con semillas y conos (a diferencia de los helechos que poseen solo esporas).

El grupo que contiene a las Glossopteridales se denomina Pteridospermas, y corresponde al grupo de transición entre los helechos y que luego diera origen a las araucarias, pinos y cipreses (coníferas) e inclusive, se piensa, habría dado origen a las plantas con flores (Angiospermas). 

Luego de la publicación original de Wegener, numerosas otras investigaciones en el campo de la geología, paleontología y la física (incluyendo geología tectónica y acústica de los fondos oceánicos) siguieron produciendo importantísima información sobre la deriva de los continentes. Gracias a esta información sabemos que hacer durante los sismos y donde se generan, cómo actuar si cae ceniza volcánica y ¿por qué?, qué afección tiene en la vida de los animales y como cambia el clima en el tiempo. Esta información nos da las herramientas para entender sucesos del pasado y cómo predecir situaciones en el futuro. 

En la región de Bariloche, así como en muchos otros lugares de nuestra Patagonia, ocurren muy importantes fósiles tanto marinos como terrestres. En el Museo Paleontológico Bariloche se exponen varios de estos interesantes fósiles. 

Uno de los registros más interesantes y únicos que pueden verse, son varias ranas en estado de desarrollo desde renacuajos a grandes adultos, que corresponden a un grupo particular denominado pípidos. Los pípidos son ranas de aspecto plano, totalmente adaptadas a vivir en el agua, con largos dedos con membranas y que carecen de dientes y una larga lengua. Con sus dedos realizan una corriente de agua que al pasar por su boca, filtran pequeños organismos para la alimentación. Estas extrañas ranas, curiosamente, hoy viven en el norte del Amazonas y en el centro y sur África. No existe posibilidad alguna de que estas ranas adaptadas a condiciones de agua dulce en climas tropicales hallan podido atravesar un gigantesco océano de agua tan salada para poder estar presentes en un continente y en otro. Tampoco existen posibilidades de conexión por medio de otros "puentes continentales".

La presencia de pípidos fósiles en Bariloche de 50 millones de años es la evidencia de que este grupo de ranas vivió hace muchísimo tiempo atrás, lo suficiente como para que 1° el clima  en el pasado de Bariloche halla sido muy cálido y húmedo (subtropical calido) y 2° que los continentes de Sudamérica y África hallan estado conectados por ambientes acuáticos de agua dulce. 

Otro ejemplo pero esta vez con otra placa tectónica y también expuesto en el Museo Paleontológico Bariloche, corresponde al Megatherium americanum, hallado en las costas del Lago Nahuel Huapi.

Fue un perezoso gigante que existió hasta hace 15.000 años. El grupo de los perezosos (conocido científicamente como Pilosa) evolucionó y se desarrolló en el Continente Sudamericano.

Como muchos otros mamíferos solo existió en este continente, no obstante cuando la placa tectónica de América del Norte se puso en contacto con varias microplacas de Centro América se estableció un puente continental por donde estos perezosos migraron hacia el norte avanzando hasta el sur de los Estados Unidos. Por ese mismo pasaje en Centro América, invadieron América del Sur varios otros animales incluyendo pumas, tigres, zorros, ciervos, caballos, guanacos, conejos y hasta elefantes -que llegaron de América del Norte y no de África- y ahora son extintos. Todos los perezosos gigantes se extinguieron, pero sus "primos" arborícolas aún existen en las selvas amazónicas. 

Muchas historias como esta son capaces de ser explicadas a partir de los fragmentos de madera fósil, marcas o huesos petrificados de animales prehistóricos en sedimentos y rocas de Argentina, solo aguardan ser encontrados. Las suerte de llegar a manos del investigador indicado que se encargue de desentrañar esa información, muchas veces depende de la voluntad de mostrarlo por parte de los descubridores de los fósiles (que no siempre son paleontólogos). 

La Argentina tiene un reconocimiento internacional muy importante a nivel de la Paleontología; no solo por los importantes materiales fósiles que en ella se descubren y publican sino también por el importante desarrollo científico que ha tenido y tiene la Paleontología desde sus comienzos en el país. Argentina ha tenido y tiene muy prestigiosos paleontólogos con relevancia internacional y muchos estudiantes e investigadores han sido formado con ellos. Fuente; ANB.


Nidos, huevos, embriones y grandes Sauropodos (Dinosauria- Saurischia -Titanosauria) en el yacimiento de Auca Mahuida, Neuquén, Argentina.

Tomado de: Magnussen Saffer, Mariano (2011). Nidos, huevos, embriones y grandes dinosaurios (Sauropóda-Titanosauridae) en el yacimiento de Auca Mahuida, Neuquén, Argentina. Paleo, Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año 9. 59: 18-22. marianomagnussen@yahoo.com.ar

Los dinosaurios fueron ovíparos y los huevos a menudo se preservan como fósiles. El primer gran campo de nidificación de estos dinosaurios fue reconocido en su gran extensión en el Bajo Santa Rosa, Provincia de Río Negro, unos 100 Km. al oeste de la ciudad de Lamarque y dentro de la Estancia de la familia Berthe.

Pero al pie del volcán Auca Mahuida, se extiende una zona de suelo arcilloso y agrietado. Es posible observar unas especies de manchas color gris, distantes unos dos o tres metros entre sí. Se trataría de acumulaciones de cáscaras de huevos de dinosaurios. El lugar, apodado Auca Mahuevo, se encuentra a unos 145 kilómetros al norte de la ciudad de Neuquén y a 100 kilómetros al sudeste de Rincón de los Sauces y es el lugar donde se hallaron los primeros huevos del mundo con restos de embriones y piel fosilizados. Aunque varios se hallaron rotos, hay otros en estado adecuado de conservación.

Los huevos fueron cubiertos por un aluvión de barro y, por ese motivo, sobrevivieron hasta nuestros días. En Auca Mahuida, se pueden observar en las bardas las huellas inconfundibles de las distintas eras geológicas. En la parte superior, de color más verdoso, pasó el mar. Y las capas inferiores, de mayor antigüedad, corresponden a la arcilla del período Cretácico. Los huevos encontrados en Auca Mahuida pesan aproximadamente un kilogramo, tienen una capacidad de 800 cm3 y sus cáscaras tienen poros de ventilación muy similares a los de las aves actuales.

Auca Mahuida es un lugar olvidado, de temperaturas extremas y que está lejos de todo. Pero también es un lugar fantástico que esconde las leyendas de los mineros y los secretos del nacimiento y de la muerte de los dinosaurios saurópodos.

En 1997, los paleontólogos Luis Chiappe del Museo de Ciencias Naturales de Los Angeles y Rodolfo Coria del museo Carmen Funes de Plaza Huincul iniciaron la primer campaña científica por esta zona, luego de analizar cuidadosamente los mapas geológicos de la región. Este descubrimiento en la Patagonia Argentina, nos colocó definitivamente entre los tres países del mundo que más aportan al conocimiento de la secuencia evolutiva de la vida de los vertebrados durante el "reinado" de los dinosaurios.

En una zona de la Patagonia donde cientos de generaciones de dinosaurios iban a encubar, se ha hallado una serie de embriones de la última familia de Saurópodos herbívoros. Los ejemplares jóvenes de dinosaurios se ahogaron dentro del cascarón justo antes del momento en que estaban maduros para nacer cuando un río se desbordó hace unos 80 millones de años en lo que es ahora el sur de la Argentina.

Los Saurópodos se reunían en grandes números, cientos de miles, para encubar en este sitio. Y volvían a él una y otra vez durante generaciones. Los Saurópodos tenían cuellos largos rematados en cabezas pequeñas. Su cuerpo abultado terminaba en una cola muscular. Los animales comían follaje de las copas de los árboles y estaban entre las variedades más exitosas de dinosaurios, ya que aparecen en los vestigios fósiles en casi todos los continentes a partir de hace 200 millones de años.

Los Saurópodos se reunían en grandes números, cientos de miles, para encubar en este sitio. Y volvían a él una y otra vez durante generaciones. Los Saurópodos tenían cuellos largos rematados en cabezas pequeñas. Su cuerpo abultado terminaba en una cola muscular. Los animales comían follaje de las copas de los árboles y estaban entre las variedades más exitosas de dinosaurios, ya que aparecen en los vestigios fósiles en casi todos los continentes a partir de hace 200 millones de años.

La importancia de este hallazgo consiste en que, por primera vez, se dispone de información concreta y numerosa de los caracteres anatómicos embrionarios de los grandes dinosaurios saurópodos que habitaron el supercontinente de Gondwana, integrados hoy por Sudamérica, África, India, Australia y Antártica, pocos millones de años antes de su global extinción al finalizar el período Cretácico.

El primer titanosaurio fue encontrado en 1842. A partir de ese año, nuevos fósiles de este tipo fueron hallados en todos los continentes excepto la Antártida y Australasia. Los huevos fosilizados contienen embriones de dinosaurios, e incluso hay piel fosilizada contra la cáscara. También hay un huevo que tiene el cráneo y los dientes de la criatura que jamás nació. El nido con huevos fosilizados que durante más de 80 millones de años se mantuvo armado tal cual lo dejaron sus padres, el estudio de este nido reveló muchísimos secretos sobre los hábitos reproductivos de los saurópodos, que al nacer medían 15 centímetros de largo pero que en la adultez superaban los 20 metros.

Diversos son los aportes paleontológicos de estos hallazgos. Los gigantescos saurópodos y también los de mediano porte, tenían el hábito gregario de construir sus nidos en apretada conjunción, como lo hacen en la actualidad numerosas aves marinas, seguramente para defenderlos de los numerosos predadores. Este hábito tiende a reforzar el concepto de vínculos filogenéticos entre dinosaurios en general y aves, aunque bien podría tratarse también de un carácter adaptativo adquirido convergentemente por algunas especies modernas ante requerimientos similares de protección.

Pero es muy difícil encontrar los cráneos bien preservados, porque los huesos que conforman la cabeza son muy frágiles. Pero seis huevos que contienen fósiles de bebés dinosaurio fueron encontrados en el Cretácico de Argentina. Los cráneos, que están muy bien preservados, pueden dar nuevas pistas sobre cómo se desarrollaban y evolucionaban las cabezas de los antiguos dueños del planeta.

Los embriones de saurópodos aportan información morfo-anatómica sobre los caracteres del cráneo y postcráneo, para conocer las transformaciones ocurridas durante la ontogenia de estos saurópodos. Uno de esos caracteres es que, en estado embrionario, los pescuezos eran muy cortos y que su gran alargamiento, típico de los saurópodos, se lograba con el crecimiento de los individuos.

Finalmente el estudio de las condiciones de sepultación revela un episodio brusco de asfixia por haber quedado cubiertos por una espesa capa de aluvión que impidió su nacimiento.  Otra de las singularidades de Auca Mahuevo es, apunta Coria, la aparición de muchos huevos patológicos, que "corresponden a períodos de estrés que afecta a la población y que, como sucede en la actualidad con las aves, provoca la reabsorción del huevo antes de ser puesto".

Los dinosaurios herbívoros de la zona de Auca Mahuida nacían con un "diente de huevo", un cilindro óseo sobre su hocico que les servía para romper las cáscaras de los huevos y similar al que tienen las actuales aves, cocodrilos y tortugas para poder eclosionar. Así lo determinó un estudio realizado por el joven paleontólogo Rodolfo García, de Cipolletti, Río Negro, para rendir su tesis doctoral en la Universidad de La Plata. El trabajo no es un estudio aislado: forma parte de las investigaciones que se realizan en Neuquén y en Los Angeles, EE.UU., sobre los cientos de huevos y embriones de dinosaurios encontrados en el yacimiento de Auca Mahuida, en el desierto del Nordeste de Neuquén.

Si bien hasta ahora se estimaba que los dinosaurios podrían utilizar un sistema similar a algunos animales actuales para poder romper la cáscara de los huevos, nunca se había podido confirmar. Para hacerlo, García pasó meses observando los embriones. Así descubrió que sobre las fosas nasales tenían un pequeño promontorio óseo. Luego lo comparó con esqueletos de dinosaurios adultos para establecer que en ellos el promontorio había desaparecido.

Pero, según los estudios de García, los "dinos" tenían una diferencia fundamental con los animales actuales: su "diente de huevo" era óseo (estructura mesodérmica) y en los pájaros, cocodrilos y tortugas es córneo (estructura ectodérmica).

Sucede que se ignora si a esos embriones les faltaban días para nacer —y, por lo tanto, no habían formado su estructura córnea sobre la piel— o estaban a punto de salir y no la tenían porque podían romper el huevo sólo con el diente óseo. Incluso se ignora si la parte córnea ya estuvo formada y no se conservó.

Leonardo Salgado, paleontólogo de la Universidad Nacional del Comahue —quien trabajó en Auca Mahuida desde la década pasada.— aclaró que la diferente composición entre los dientes de huevos de los animales actuales y los de estos dinosaurios demuestra que hay una "convergencia" en el sistema evolutivo. Las estructuras tienen diverso origen, pero poseen una forma similar y una misma función.

Se ignora también si los dinosaurios rascaban primero la cáscara del huevo para poder comer calcio y recién rompían el huevo, como hacen las aves actuales. Pero sí está claro que ese hueso en forma de "diente de huevo" no se caía como los de estructura córnea (estaba abajo de la piel), sino que luego quedaba absorbido por el mismo hueso del hocico. Hay que tener en cuenta que esos animales crecían rápido.

Los huevos de Auca Mahuida o Auca Mahuevo tienen entre 12 y 15 centímetros de diámetro, con cáscaras de hasta 2 milímetros de espesor. Los pequeños dinosaurios tenían entre 25 y 30 centímetros de largo cuando nacían.

Estos herbívoros —saurópodos titanosaurios— vivieron en la zona, cuando todavía no se había levantado la Cordillera de los Andes y la región era una zona plana, por la que corrían ríos que venían de la actual provincia de La Pampa, con destino al Océano Pacífico. Eran ríos tranquilos, con zonas de lagunas y abundante vegetación como para poder alimentar a semejantes animales.

Bibliografía Sugerida:

José Bonaparte. Los dinosaurios de la Patagonia argentina. Buenos Aires. Asociación Herpelógica Argentina, 1985, Serie de Divulgación Nº 3, 31 páginas.

José Bonaparte. Dinosaurios de América del Sur. Buenos Aires. Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, 1996, 174 páginas.

Jorge Orlando Calvo. Los dinosaurios del período Cretácico de Patagonia. Neuquén. Universidad Nacional del Comahue, 1995, 31 páginas.

Rodolfo Coria Y Leonardo Salgado. “Dinosaurios carnívoros de Sudamérica”. Investigación y Ciencia, Nº 237 (1996), páginas 39-40.

Alfredo Monetta. Ischigualasto. Valle de Luna y dinosaurios. San Juan. Editorial Fundación Universidad Nacional de San Juan, 1993, 66 páginas.

Fernando E. Novas. “Origen de los dinosaurios”. Investigación y Ciencia, Nº 217 (1994), páginas 52-59.

Fernando E. Novas. Guía de los dinosaurios de la Argentina. Buenos Aires. Edición del autor, 1996, 24 páginas.

Leonardo Salgado y Rodolfo Coria. Los ornitópodos en Patagonia. Neuquén. Universidad Nacional del Comahue, 1993, 21 páginas.

Mariano A. Magnussen Saffer. Los primeros hallazgos de Dinosaurios Sauropodos (Saurischia - Sauropoda) durante la primera década del siglo XXI en el Cretácico de Argentina. Paleo, Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año 9. 56: 17-28. 2011.

 


Historia y revisión de los Cetáceos Fósiles

de la Republica Argentina.

Por Laureano Clavero. Integrante de Natural History Museum of Los Angeles County. Barcelona, 2 Diciembre de 2002. laureanoclavero@yahoo.com.ar

Introducción:

Una parte muy importante y poco conocida de la paleontología de la República Argentina son los cetáceos fósiles. El siguiente trabajo tratará básicamente de las diferentes especies de este orden halladas en nuestro territorio, su clasificación, historia evolutiva, etc. Concluyendo con la importancia de estos yacimientos y sus temáticas pendientes.

Generalidades de los cetáceos.

Los cetáceos (Brisson, 1762), son mamíferos marinos que en la actualidad habitan casi la totalidad del mundo, mares, lagos, ríos, etc. Se dividen en tres subórdenes, uno extinto, y  otros dos existentes en la actualidad.

El primero es el suborden extinto de Archeoceti (Flower, 1883), que incluye tres familias y tres subfamilias. Este grupo tiene características morfológicas particulares de  Mysticeti y Odontoceti (los otros dos grupos existentes, Barnes, 1994). Los dientes son muy arcaicos, con unos miembros muy diminutos que no utilizaban para la natación, su cavidad nasal estaba en una posición mas anterior en el cráneo que en los cetáceos actuales. El largo de sus vértebras cervicales permitiría una mayor movilidad de la cabeza. Su registro fósil solo se encuentra en el Eoceno (Barnes, 1994).

Aspecto de Cetotherium.

El otro grupo de los existentes es Mysticeti, su principal diferencia morfológica con los otros subórdenes sería la presencia de barbas en el maxilar superior y la ausencia de dientes, las primeras le permiten filtrar microorganismos en grandes cantidades para su alimentación. Este grupo se divide en nueve familias. En actualidad la de mayor tamaño es la ballena azul (Baleonoptera musculus), con casi sesenta metros de largo. En el registro fósil son muy abundantes, el género mas común es el Cetotherium. Se encuentran desde el Eoceno superior en adelante (Barnes, 1994).

También se han encontrado barbas fosilizadas en sedimentos marinos del Mioceno medio en México (Gascón-Romero, 1994).

A diferencia de los archeocetidos, estos tienen las vértebras cervicales comprimidas lo cual produce una movilidad casi nula de la cabeza. Tienen un sistema de ecolocación muy desarrollado, basado en la emisión de ondas de sonido las cuales rebotan en diferentes objetos y son devueltas a través de los maxilares inferiores que están conectados en su parte posterior a las bullas timpánicas, produciendo una visualización del tamaño y de la distancia del objeto captado por este sonido.

Pontoplanodes sp. Parte anterior de Mandíbula (Vista superior). Oligoceno superior de Paraná, y resto mandibular incompleto de Pontinegra fischeri del Mioceno de Paraná.

Por último esta el suborden de los Odontoceti. Este, es el mas numeroso y diversificado de todos. Cuenta con diecisiete familias y una cantidad considerable de subfamilias. Sus características principales son la presencia de dientes en ambos maxilares, con excepción del Cachalote actual . Su premaxilar y maxilar es estrecho y alargado. Los géneros mas conocidos de este grupo son la “Ballena Orca” (Orcinus Orca), y gran diversidad de delfines. El sistema de ecolocación es similar al de los mysticetos. En el registro fósil, los mas antiguos que se han encontrado son del Oligoceno tardío.

 A medida que los odontocetos fueron evolucionando hasta la actualidad sufrieron algunos cambios considerable. La asimetría facial se incrementó como así también la elevación del cráneo con respecto al rostrum (maxilar, premaxilar, etc.).

Registro de los cetáceos fósiles mas importantes del territorio Argentino.

Suborden: Odontoceti Flower, 1864

Familia: Delphinidae Gray, 1821

Los delphinidos están, ecológicamente en la actualidad muy diversificados. Algunos de ellos llegan al extremo de ser cosmopolitas como el género Orcinus (Barnes, 1994), este grupo posee dos o mas vértebras cervicales fusionadas. El registro fósil mas antiguo de los delphinidos se encuentra entre el Mioceno medio y Mioceno tardío.

En el territorio argentino encontramos al Argyrocetus patagonicus del Terciario de la Patagonia nombrado por Richard Lyddeker, (Rusconi, 1967).

Familia: Physeteridae Gray, 1821

El único miembro actual de esta familia es el Physeter macrocephalus clasificado por Linnaeus (1785).Su registro fósil es muy diversificado.  El desarrollo de sus dientes en el maxilar superior fue disminuyendo hasta la actualidad. Los miembros mas antiguos de esta familia se encuentran en el Mioceno inferior de la región Patagónica (Barnes, 1985). En el territorio argentino encontramos a Diaphorocetus poucheti (Moreno, 1892), del Mioceno inferior.

 Éste, fue descrito nuevamente por Kellog (1925). Otro de los odontocetos descritos por R. Lyddeker es el Idiorophus patagonicus , en 1894; también del Terciario patagónico. Un género y especie nueva descrita por Caviglia & Jorge (1980), es Preaulophyseter gualichensis. Gondar (1975), nombra a una nueva especie, Aulophyseter rionegrensis, que juntos con P. gualichensis provienen del Terciario de la provincia de Río Negro, Patagonia. Cabrera (1926), nombra una nueva subespecie, Hoplocetinae.

Familia: Iniidae Flower, 1867 

Inia geoffrensis es el único iniido existente, este habita el Río Orinoco y Amazonas. La evolución de I. geoffrensis esta relacionada con los movimientos tectónicos de la Cordillera de los Andes (Grabert, 1983). Su registro fósil se halla a partir del Mioceno tardío en Argentina, Brasil y Venezuela.

Hay varias formas típicas de este grupo. Una es Saurodelphis argentinus nombrada por Burmiester (1866-1867), encontradas en el “paranense” de Entre Ríos. Era de rostro alargado, provisto de dientes grandes, comprimidos lateralmente y distanciados entre sí, especialmente los posteriores (Rusconi, 1967). Otro de los nombrados por Ameghino, es el Ischyrorhiynchus vanvenedeni, que tiene molariformes de corona cónica; paladar ancho y ha sido descubierto en el Mioceno de Entre Ríos (Rusconi, 1967). Cozzuol (1985) hizo una revisión de los géneros Ischyrorhynhcus y Saurodelphis, catalogando muchos otros géneros y especies de iniidos nombrados como sinónimos. El género menos caracterizado de este grupo es el Anisodelphis brevirostratus, nombrado por Rovereto.         

Familia: Ziphiidae Gray 1865

En la actualidad esta familia cuanta con cinco géneros vivientes. Su tamaño es mediano y la base de su alimentación son los calamares. Poco se sabe de ellos dado que viven en aguas profundas. Los datos obtenidos provienen de animales varados.

El registro fósil comienza en el Mioceno medio (Mead, 1975). Los ziphiidos fueron también clasificados con physiteridos  en una súper familia Phyteroidea. En las formaciones argentinas encontramos géneros como Notocetus vanbenedeni, Moreno (1892), de la Patagonia y otra especie del Pleistoceno de Bahía Blanca Notocetus romerianus nombrada por Ameghino (Rusconi, 1967).

Familia: Pontoporidae Gill 1871

Se caracterizan por ser delfines de río. En la actualidad la única especie viviente es Pontoporia blainvillei en el este del Océano Atlántico Sur. Este es el de menor tamaño.

Su registro fósil es conocido a partir del Mioceno medio.

En Argentina encontramos especies fósiles como Pontises rectiform nombrada por Burmiester. Otra es Pontivaga fischeri nombrada por Ameghino (1904). Otros géneros de este grupo del Mioceno tardío-Plioceno, son Pontoporia y Pontistes que proviene de sedimentos marinos (Cozzuol, 1985).

Suborden: Myisticeti Flower 1864    

Familia: Cetotheriidae (Brandt 1872) Miller 1923 

Los cetotheridos mas antiguos que se conocen son del Oligoceno tardío. Cuenta con mas de treinta géneros y más de 60 especies desde Oligoceno tardío al Plioceno tardío. Hoy en día esta familia esta completamente extinta. Tiene similitudes mofologicas con los Baleonopteridos en sus ancestros.

En Argentina existe el Cetotherium moreni (Lyddeker, 1894) uno de estos especimenes esta en el Museo de la Plata y el otro en el Field Museum of Natural History en Chicago, este fue encontrado en “Pampa del Castillo en frente de Trelew, Provincia de Chubut, Patagonia. Hay un tercer cráneo de esta especie que proviene del sur-oeste de Pico Salamanca, Provincia de Chubut, Argentina y las excavaciones estuvieron a cargo E. S. Riggs, que fue descrito como Aglaocetus moreni, también por Lyddeker. Todos estos especimenes proviene del Mioceno inferior de las formaciones marinas de Patagonia (Kellog, 1934). <<<Vista dorsal del cráneo de Aglaocetus moreni.

Familia: Balaenidae Gray 1825

Este grupo se caracteriza por ser lentos nadadores y tener un cráneo muy arqueado. Comprende tres especies actuales importantes. No tiene aleta dorsal y sus siete vértebras cervicales están soldadas. Su registro fósil se remonta a el Mioceno inferior.

Una de las formas fósiles de esta familia es Morenecetus parvus (Cabrera, 1926), hallada también en el Mioceno inferior de Pampa del Castillo, en Trelew, Provincia de Chubut. Es el balaenido mas antiguo que se conoce y revela ciertas conexiones para el origen de la “Ballena Franca” actual.     

Conclusión.

El registro fósil de cetáceos del territorio argentino es muy extenso, su abundancia y diversidad es considerable en las formaciones Mio-Pliocénicas de la Patagonia; la zona de Chubut, margen del Río Negro, Trelew, etc. El registro en la Provincia de Buenos Aires es básicamente de Balaeonopteridos. Podemos encontrar algunas especies en el Pleistoceno. La información sobre material extraído de formaciones estuaricas, holocenas, es muy escasa. Se han extraído algunas vértebras y costillas de balaeonopteridos no clasificadas de la formación “Querandinense”, Partido de General Alvarado (nota del autor). Ameghino (1918), nombra un balaeonopterido encontrado en un islote del Delta del Paraná, que indicaría provenir de un estrato Holoceno se sedimento removido. Pero el Holoceno necesita ser mas estudiado en profundidad. 

Agradecimientos:

A la biblioteca del Museo de Geología de Barcelona por el préstamo de diferente bibliografía importante para la realización de esta publicación; a Lawrence G. Barnes curador de la sección de paleontología del Natural History Museum of Los Angeles County por sus consejos sobre el tema y a Belén Roca por el soporte técnico informático.    

Bibliografía Sugerida:

-Ameghino, F. 1904. Paleontología Argentina. Publicaciones de la Universidad de La Plata. Pag. 19-21.

-Ameghino, F. 1918. La antigüedad del hombre en el Plata. Buenos Aires, Argentina.

-Barnes, L. G. 1994. The evolutionary history of the whales and dolphins. Annu. Rev. Earth Planet. Sci. 1994. 22: 419-455.

-Barnes, L. G. 1985. Status of studies on fossil marine mammals. Marine  Mammals Science, 1(1): 15-53. Society for Marine Mammalogy.

-Cabrera, A. 1926. Cetáceos fósiles del Museo de la Plata. Revista del Museo de la Plata 29: 363-411

-Caviglia, S. E. & Jorge, R. E. 1980. Preaulophyseter gualichensis Gen. Et. sp. nov. (Cetacea ; Physeteridae), en el Terciario marino de Río Negro, Republica Argentina. Actas del Segundo Congreso de Paleontología y Bioestratigrafía y Primer Congreso Latinoamericano de Paleontología. 2: 363-368.

-Cozzuol, M. A. 1985. The Odontoceti of the “Mesopotamiense” of the Paraná Riverravines. Systematic review. Investigation Cetacea 7: 39:53.

-Cozzuol, M. A., Humbert-Lan G. 1989. On the systematic position of the genus Prosqualodon Lyddeker, 1893 and some commentson the odontocete family Squalodontidae. Fifth  International Theriol. Congr. Abstr. Pap. And Posters, Rome, Italy. 1: 483-484.

-Fidalgo, F. & Tonni, E. P. 1983. Geología y Paleontología de los sedimentos encauzados del Pleistoceno tardío y Holoceno de Punta Hermengo y Arroyo la Brusquitas (Ptido. De Gral. Alvarado y Gral. Pueyrredón, Pcia, de Buenos Aires). Ameghiniana. Nros. 3-4 : 281-296.

-Gascón-Romero, G; Aranda-Manteca, F. J; Barnes, L. G. 1994. Nuena evidencia de la evolución de las ballenas barbadas en Baja California. Rev. Cient. Vol. 2 (No. Esp. SOMEMMA 2), UABCS.  

-Grabert, H. 1983. Migration and speciation of the South American Iniidae (Cetacea, Mammaia). Z. Säugetierkd. 49(6): 334-341.

-Kázar, E. 2002. Revised phylogeny of the Physeteridae (Mammalia: Cetacea) in the light of Placoziphius Van Beneden, 1869 and Aulophyseter Kellog, 1927. Bulletin de l`institut royal des sciences naturelles de Belgique. Sciencies de la terra, 72 : 151-170.

-Lyddeker, R. 1894. Cetacean skulls from Patagonia. Anales del Museo de la Plata, Paleontología Argentina, vol. 2 for 1893, art. 2, pag. 2-4, pl. 1.

-Kellog, R. 1934. The Patagonian fósil whalebone whale. Cetotherium moreni. Reprinted from Carnegie Institution of  Washington Publication. Nro. 447.

-Mead, J. G. 1975. A fossil beaked whale (Cetacea: Ziphiidae) from the Miocene of Kenya. J. Paleontology. 49 (4): 745-751.

-Moreno, F. P. Noticias sobre algunos cetáceos fósiles y actuales. Revista del Museo de la Plata. 3: 383-400.

-Rusconi, C. 1967. Animales extinguidos de la Argentina. Edic. Especial, Mendoza, Argentina.

-San Gil, L. D. 1997. Ballenas y Delfines, Vida y Secretos. Ediciones Durandeu, Buenos Aires, Argentina.

-Gondar, D. 1975. La presencia de cetáceos Physeteridae en el Terciario Superior (“Rionegrense”) de La Provincia de Río Negro. Actas del Primer Congreso Argentino Paleontología y Bioestratigrafía, Universidad Nacional de Tucumán, Asociación Paleontológica Argentina. 2: 349-356.

 


Un enorme Asteroide impacto en Argentina 

hace tres millones de años.

Catástrofe Paleoambiental en el hemisferio sur.

 

Por Mariano Magnussen Saffer, Integrante del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar, Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina. marianomagnussen@yahoo.com.ar .- Tomado de; Magnussen Saffer, Mariano. 2016. Un enorme asteroide afecto parte de América del Sur durante el Plioceno. Paleo Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año XIV. 145: 20-23.

Un grupo de investigadores reveló recientemente que un gran Asteroide impacto contra la tierra, hace unos 3,3 millones de años, provocando un desequilibrio ambiental de proporciones catastróficas, logrando la extinción de numerosas plantas y animales que vivieron en el continente Sudamericano durante la Era Cenozoica, como las gigantescas aves corredoras o los marsupiales Dientes de Sable.

La presencia de rastros geológicos abonan esta teoría, de rocas modificadas por altas temperatura “escorias” y la presencia de “vidrios” producidos por calentamiento y enfriamiento rápido de silicatos, parecen ser un indicio serio. En el año 1993, Peter Schultz de la Universidad Brown en Providence, fue el primero en atribuir este origen al material hallado en las costas del sur de la Provincia de Buenos Aires, en un radio comprendido de al menos 50 Km., que pocos meses después Theodore Brunch especialista en meteoritos y cráteres de la NASA, sostuvo que la hipótesis planteada de un impacto de un meteorito en Argentina es por lo mas correcta, teniendo en cuenta la evidencia obtenida.

Según el estudio publicado en la prestigiosa revista científica Science presentada el día 11 de diciembre de 1998, sostiene las nuevas evidencias geológicas y paleobiologicas, que en un punto no precisado correctamente en la Republica Argentina, habría chocado un meteorito de tamaño considerable, situando el área de impacto entre las localidades de Mar del Plata y Miramar, ubicadas sobre la costa atlántica al sudeste de la Provincia de Buenos Aires de este país.

Reconstrucción del impacto del asteroide durante el Plioceno de América del Sur.

Al comentar el posible choque de una roca espacial y sus posibles consecuencias, no podemos dejar de recordar aquel hecho similar ocurrido a fines del periodo Cretácico, que tuvo como epicentro la península de Yucatán, en la costa de México y que provoco la extinción de los grandes Saurios, por entonces las formas de vida más exitosas y fabulosas de la evolución biológica. De aquí salió una tesis similar que contestaría décadas de preguntas incesantes sobre ciertas características estratigráficas en Argentina en particular, y su asociación con la desaparición de algunos grandes vertebrados representativos de la Era Terciaria Sudamericana.

Si bien el meteorito que se estrello en Argentina fue de proporciones menores al que extinguió a los Dinosaurios, fue lo suficientemente fuerte para provocar una cicatriz a la superficie terrestre y a la historia natural del hemisferio sur.

La tesis que sostuvo la presente investigación, partió en la observación de distintos fenómenos geológicos que aparecían en la estratigrafía de los afloramientos sedimentarios pertenecientes al litoral marítimo de estas localidades bonaerenses. Estos materiales colectados en la región, denominados “escorias y tierras cocidas” son frecuentes de observar, llamando la atención de la comunidad científica desde principios del siglo XX. Fue así, que el sabio Florentino Ameghino interpreto estos restos como vestigios de antiguas culturas humanas, proponiendo el “Origen Terciario del Hombre Americano”, hoy en día totalmente descartada. Pero el antecedente más antiguo de estudio corresponde a 1865, la cual sostenía una confusa teoría utilizada hasta hace poco tiempo, que atribuía el aspecto cristalino y contraído de las escorias a un posible origen volcánico, probablemente  Patagonico.

Según lo que revelo la investigación realizada por los científicos Schultz, Hames y King de Estados Unidos de América y Zarate y Camilion de la Republica Argentina la naturaleza de estas rarezas se habrían originado a partir de un fenómeno poco frecuente para los habitantes de este planeta, y que suceden cada miles de años.

Fue, posiblemente, la tremenda energía liberada en el impacto de un asteroide o de un cometa la que fundió los materiales del suelo y provocó la aparición de las escorias, unas formaciones vesiculares, que varían de 5 centímetros a 2 metros, compuestas por una amalgama de metales de apariencia cristalizada que solo se forman por choques de gran velocidad, llamados Baddleyitas, con un color variante, desde una grisáceo oscuro a un verde muy vivo, con huecos y burbujas, formadas por altas temperaturas. También se obtuvo pequeñas esferas de vidrios con alto contenido de Níquel y Cromo.

Vista microscópica de una escoria donde se observan sus propiedades.

 

Se calcula que al instante de estrellarse el asteroide contra la superficie terrestre en este punto de Argentina, la temperatura paso de 0° a una variaron instantáneo de 1720° a 1900°, provocando además de extensas nubes de polvo y escombro en la atmósfera circundante, con gravísimos incendios a cientos de kilómetros a la redonda, lo que se evidencia con la presencia de tierra cocida de color ladrillo, lo que demuestra a simple vista el desastre ecológico ocurrido.

Los análisis radiométricos y magnetoestratigráficos realizados en Geochron Laboratories, Cambridge, Massachussets, sugieren que se formaron hace 3,3 millones de años, en el período denominado Plioceno Medio – Superior de la Era Terciaria, que para entonces los Dinosaurios ya habían desaparecido, pero el continente Sudamericano estaba ocupado por aves de gran tamaño como el Argentavis magnificens, con una envergadura de 8 metros, o las feroces aves corredoras y carnívoras como Onactornis depressus que superaban los 2 metros de altura y 200 kilogramos de peso. Otros representantes faunisticos eran los mamíferos marsupiales como Thylacosmilus atrox o los notoungulados con aspecto hipopótamos primitivos, llamado Chasicotherium rothii.

Por ahora no existe referencia exacta que aclare en dónde puede estar situado el cráter principal del impacto del asteroide, debido a que toda la región Pampeana Argentina es una zona de aluvión, que durante millones de años ha ido depositando los materiales volcánicos de la cordillera de Los Andes. Aparte hay que decir que estas dos localidades balnearias de la costa bonaerense, hasta hace unos 200 mil años atrás se hallaban en el centro del continente, y las orillas marítimas se encontraban donde hoy en día se halla el comienzo de la plataforma submarina, es decir, a unos 200 kilómetros adentro de su ubicación actual, pero por los cálculos obtenidos en el estudio, el posible área de impacto seria en la línea costera, originada a partir de una roca espacial menor a 1 kilómetro de diámetro, produciendo un cráter de unos 20 kilómetros de circunferencia.

El área concreta en donde aparecen las escorias y las tierras cocidas, corresponden a una estratigrafía denominada Formación Chapadmalal (Edad Chapadmalalense), una capa sedimentaria que varia en un espesor de 5 centímetros a 1 metro según la zona, muy rica en material fosilífero, la cual aloja en su interior las evidencias de una gran fuente de calor que, de improviso, hubiera fundido los materiales del suelo a temperaturas increíbles de experimentar, integrado por lo que se denomina "Loess", depósitos piroclásticos.

Sedimento plioceno de Miramar, con un conjunto de "escoreas" concentradas por el impacto de un asteroide. Foto Museo de Miramar.

 

El impacto produjo un cambio climático que alteró la circulación oceánica, según revelan también algunos estudios realizados en los depósitos de oxígeno marino de la costa atlántica y pacífica, en los que se han estudiado los isótopos del oxígeno contenido en el agua, confirmando la instantáneo baja de la temperatura en unos 2° centígrados. El cambio de circulación de mareas, es lo que provoco los graves deterioros climáticos que afecto al hemisferio sur durante el final del Plioceno y principios del Pleistoceno.

En el Terciario más reciente, antes de las glaciaciones, esta región de Argentina estaba habitada por una flora y fauna autóctonas que, probablemente fueron dañadas por el impacto del asteroide.

En el caso de Argentina, aunque el área de impacto y el tamaño del asteroíde fueran más reducidos que la ocurrida en la peninsula de Yucatán y que provocara un desastre universal, la potencia de la explosión debió enviar al aire cientos de miles de toneladas de escombros, polvo y fuego que, según creen los expertos en paleoastronomía, pudo ocultar el cielo durante varios años en una región de cientos de kilómetros a la redonda.

Esto acabó con gran parte de la vida vegetal y, por extensión con la animal, que hasta entonces se los podía considerar como formas biológicas exitosas, ya que evolucionaron aisladas del mundo durante unos 40 millones de años, ya que, para el periodo Paleoceno, América del Sur se convirtió en un continente isla, como es Oceanía en la actualidad, obteniendo de esta forma el desarrollo gradual de formas vivientes únicas y que no se repitieron en otros continentes, como por ejemplo, los fabulosos y populares Gliptodontes, armadillos del tamaño de un automóvil.

Tal vez el impacto situado entre las ciudades de Mar del Plata y Miramar ocurrido hace mas de 3 millones de años, no creo una crisis global como en otros casos previos, pero no hay duda que sí hicieron sentir sus efectos en el ámbito regional, exponiéndose rápidamente al resto del continente Sudamericano.

Es importante aclarar, que gran parte de la paleofauna de América del sur correspondiente al Cenozoico superior, es decir, de los últimos 4 millones de años, proceden de los afloramientos geológicos ubicados en el sudeste bonaerense, y que estos son los depósitos fosilíferos más completos y claros en todo el mundo para esta época. Es por ello que justo en esta parte del continente los investigadores pudieron obtener resultados precisos de este apocalíptico hecho natural, que no se apoya solamente de evidencia geología, sino también de elementos paleobiológicos, teniendo en cuenta que se extinguen por lo menos unos 36 géneros de grandes vertebrados, mas las especies representativas de cada uno de estos, lo que da una idea general de lo que paso por entonces en la región Pampeana de la Republica Argentina.

Mas allá de todo, sabemos que esta investigación recién comienza, y que por lo menos necesitaremos una década para lograr interpretar en forma absoluta sobre el choque del asteroide y sus posibles consecuencias en el ambiente prehistórico de esta parte del planeta, ya que se tendrán que revisar y recolectar nuevas pruebas paleontológicas para corroborar de mejor manera la influencia del impacto con la extinción de numerosos organismos y los cambios de corrientes oceánicas y ambientales.

Yacimiento fosilífero de Miramar, Provincia de Buenos Aires, donde se hallan restos de escorias provocadas por el impacto de un Asteroide.

 

No obstante, el hecho ocurrido entre las ciudades de Mar del Plata y Miramar hace 3,3 millones de años, no fue el único, ya que a partir de este estudio sabemos que existieron en Argentina la caída de cuerpos celestes, diando a luz otros tres impactos de meteoritos menos espectaculares, como el que ocurrió en Chasico (Tomquist) durante el Mioceno, hace 10 millones de años, al sur del paraje de Centinela del Mar (Partido de General Alvarado) durante el Pleistoceno, hace 600 mil años y uno mas reciente en el Holoceno de Rió Cuarto, Provincia de Córdoba hace apenas 4 mil años, ante la presencia de antiguos grupos humanos que transitaban la región.

La referencia más conocida y estudiada en vivo del impacto de un asteróide sobre la superficie terrestre se produjo a mediados de siglo XX en la antigua Unión Soviética, en el territorio de Siberia. La explosión de un pequeño cuerpo estelar de pocos centímetros de diámetro destruyó cientos de kilómetros cuadrados de bosques nevados, que quedaron convertidos en un seco desierto en donde murieron millones de seres vivos, hecho documentados con imágenes de alta calidad.  

Bibliografía Sugerida:

P. H. Schultz, M. Zarate, W. Hames, C. Camilion y J. King. A 3.3 – Ma Impact in Argentina and Posible Consequences. 11 dicember 1998, Volumen 282. pp. 2061 – 2063.

J.C Heusser and G. Claraz, Neue Denk. (Nov. Mems) der Allgemeine Schweiz. Gessell. XXI 27. Zurich (1865).

M. A. Zarate and J. L. Fasano, Palaeogeogr. Palaeoclimatol. Palaeoecol. 72, 27 (1989).

M. Magnussen Saffer. Un gran impacto desde el cielo. Miramar Prehistórica. Serie de publicaciones independientes (2001-2002) Multimedios Sol.

M, Magnussen Saffer. Un Impacto de Meteorito entre Mar del Plata y Miramar. Boletín de divulgación Científica Técnica. Publicación 2: pp 3 - 8 Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar, Prov. Buenos Aires, Argentina.

M. Magnussen Saffer. 2005. Naturaleza Pampeana, pasado y presente. Libro Digitalizado. Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar, Prov. Buenos Aires, Argentina.

 


El  Chocón hace 100 millones de años.

    Juan Manuel Morales. Colaborador Centro Paleontológico Los Barreales, Neuquén, Argentina. Publicado el día 26 de Abril de 2003. Contacto por e-mail: jamorales@neunet.com.ar 

El Chocón es reconocido por sus grandes hallazgos paleontológicos, de los cuales se destacan los dinosaurios: Andesaurus delgadoi, Rebbachisaurus tessonei y Giganotosaurus carolinii.

Los estudios sedimentológicos indican que en El Chocón existieron dos tipos de facies alternantes: La Asociación ‘’A’’  que consistió en cuerpos de agua poco profunda tipo ‘’barreales’’ que podían llegar a ocupar centenares de metros, estos eran alimentados durante los periodos de lluvia por canales poco profundos y no confinados (asociación ‘’B’’).

En la Asociación ‘’A’’ se han hallado numerosas huellas pertenecientes a distintos tipos de dinosaurios, dentro de las huellas de terópodos podemos encontrar huellas dejadas por carnosaurios y coelurosaurios, mientras que de herbívoros podemos hallar huellas dejadas por  ornitópodos y saurópodos. Algunas de estas huellas tenían rebabas, lo que significa que el suelo era sumamente húmedo.

Sus dinosaurios.

Entre los dinosaurios más conocidos se encuentran el Giganotosaurus carolinii, Andesaurus delgadoi y Rebbachisaurus tessonei. Estos animales vivieron en un ambiente muy rico en fauna (dinosaurios) , esto está comprobado debido a la cantidad y variedad de huellas encontradas en esta área.

Los saurópodos mejor representados en esta zona son:

Andesaurus delgadoi: titanosáurido de 16 metros de longitud y un peso de unas 20 toneladas. Este mediano saurópodo es un titanosáurido muy primitivo ya que presenta algunas características ausentes en los titanosáuridos más evolucionados del cretácico superior

Rebbachisaurus tessonei: se lo considera hoy como el diplodócido más primitivo  conocido. Esta atribución se debe a que las espinas neurales  de las vértebras cervicales y dorsales tienen forma simple y recta, similar a una ''I'' mientras que las del diplodocus son en forma de ''V''. También los dientes son más curvos en el Rebbachisaurus que en el diplodocus.

Huella de un gran Teropodo del Cretácico hallada en las inmediaciones de Villa El Chocon, Provincia de Neuquén, Republica Argentina.

El terópodo más reconocido de El Chocón es famoso Giganotosaurus carolinii, se lo considera como el mayor terópodo hallado hasta la fecha. Sus medidas eran:  14 metros de longitud, 8 mts. de alto y un peso de unas 10 toneladas. Probablemente era un cazador (debido a sus dientes diseñados para cortar y arrancar carne), sin embargo  aún queda  mucho por estudiar de este animal y lo que se sabe es muy poco. Este gigante pertenece a la familia de los carcharodóntidos, a la cual también pertenece otro gran terópodo: Carcharodontosaurus saharicus de el norte de África y Megaraptor namunhuaiquii de la provincia de Neuquén, pero a diferencia de Giganotosaurus, este vivió hace 90 millones de años.

Lecturas sugerida

Calvo, Jorge O. & Gazzera, César E. ''Paleoecología en el sector Inferior del Miembro Candeleros (Fm. Río Limay, Grupo Neuquén, Cretácico) en el área del lago Exequiel Ramos Mexía, Prov. del Neuquén, Patagonia, Argentina.''VI jorn, Arg, de Paleontología de Vertebrados. San Juan. Argentina. 1989. pp 3-5

Juan Manuel Morales.''Los dinosaurios del Grupo Neuquén.''Página web www.paleontología.deargentina.net.ar" (PaleoArgentina)

Salgado L.& Pasquali R.,’’El Cómo, cuándo y dónde de los dinosaurios de La Argentina’’.Revista Ciencia Hoy, Volumen 11-N* 65- Octubre/Noviembre 2001.

 


Los meridiungulados característicos del Pleistoceno de Argentina.

Por Mariano Magnussen Saffer. Grupo Paleo. Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar. Fundación Argentavis. marianomagnussen@yahoo.com.ar

Son un superorden extinto de mamíferos placentarios originarios de Sudamérica, donde evolucionaron independientemente en dicha isla-continente. Se conocen a menudo como los ungulados sudamericanos. No sería un grupo natural, pero se lo mantiene para diferenciar a los ungulados sudamericanos de otros grupos.

La clasificación como superorden del grupo Meridiungulata, fue propuesta por Malcolm C. McKenna en 1975 para agrupar a los cinco órdenes extintos de mamíferos placentarios ungulados únicos de Sudamérica. Este taxón no sería monofilético, sin embargo se utiliza principalmente para diferenciar a los ungulados sudamericanos de otros grupos de ungulados. Al no ser posible en la actualidad la extracción de material genético de fósiles de épocas tan antiguas, no se han realizado los análisis moleculares de ADN para intentar comprender su filiación taxonómica exacta.

El Periodo Pleistoceno abarca los desde los 2,5 millones de años hasta los 10 mil años antes del presente. Se halla representado por cuatro edades. La edad "Marplatense" se encuentra en un lapso intermedio con el Plioceno, abarca de los 3,3 a 1,9 millones de años, cuyos afloramientos se pueden observar en las barrancas costeras entre la ciudad de Mar del Plata y Miramar. La edad "Ensenadense" corresponde a sedimentos cuyas antigüedad es son de 1,8 millones de años a 700 mil años. La edad "Bonaerense" corresponde a un lapso entre 700 mil a 130 mil años atrás.

La ultima edad del Pleistoceno es la "Lujanense", con una antigüedad entre 130 mil a 8 mil años, ya ingresando al Periodo Holoceno, época donde se extingue las grandes mamíferos y sobreviven los actuales. Todas las edades ya numeradas están representadas en las formaciones geológicas entre las localidades de Santa Clara del Mar y Monte Hermoso, Provincia de Buenos Aires, Argentina, cuyo registro fosilífero y estratigráfico son unos de los mas importantes del Cenozoico de todo el Mundo.

Durante los últimos 2 millones de años se produjo un descenso del nivel del mar hasta alcanzar su actual nivel, después de varios sucesos significativos. En este periodo vivieron tal vez, las criaturas más grandes y raras de toda la Era Cenozoica. Pero presenta una paradoja, pues se extinguen el 96 % de la Megafauna Sudamericana y aquellas de origen norteamericano, ocurrido en un lapso de tiempo entre los 12 y 10 mil años.

La causa de este fenómeno de extinción no se conoce a ciencia cierta, pero uno de los sospechosos es la llegadade otra especie invasora y de caminar bípeda, conocida como Homo sapiens, quienes pudieron cazar a estos enormes animales, pero en realidad no hay evidencia de cacerías abruptas y discriminadas para señalar al hombre como la mayor amenaza para estos gigantes. Los cambios climáticos muy marcados pudieron ayudar, ya que hay notable información de un evento agudo ocurrido entre los 8 y 6 mil años.

Prácticamente, todas las localidades del país poseen sedimentos del Pleistoceno, aunque algunas son más ricas en fósiles que otras.

Alrededor de 1900, Florentino Ameghino inició un catálogo que contiene clasificaciones, estudios, comparaciones y descripciones de más de 9.000 animales extinguidos, muchos de ellos descubiertos por él, procedentes de la Argentina continental: Buenos Aires y Patagonia. El número de meridiungulados encontrados desde entonces, ha aumentado mucho. Los meridiungulados descubiertos hasta la fecha se han incluido en cuatro órdenes, siete subórdenes, 25 familias y más de 200 géneros. Se han identificado como fauna de varias ecorregiones y épocas distintas, en Río Negro, Brasil, Colombia, Ecuador, y la Antártida.

Dentro del superorden del grupo Meridiungulata, encontramos en el Pleistoceno de Argentina dos maximos referentes. En el Orden Notoungulata, con toxodontes. Eran animales grandes con patas macizas provistas de tres dedos protegidos por pezuñas, siendo el tercero el mayor de ellos; Toxodon, que sobrevivió hasta el Pleistoceno medía 3 metros de longitud y tenía una cabeza enorme, y las patas delanteras más cortas que las traseras.

En cambio el orden Litopterna, evoluciono a formas similares a las de algunos mamíferos actuales con los que no guardan ninguna relación; es un fenómeno de evolución convergente, tan parecidos a camélidos y jiráfidos, fue Macrauchenia.

Toxodon platenses. Owen, 1837.  

Su nombre significa "diente de arco". El aislamiento geográfico de América del sur, permitió el desarrollo gradual de mamíferos muy extraños, los cuales se diversificaron ocupando  distintos ambientes.

El Toxodon llego a medir unos 3 metros de largo y una masa estimada de una tonelada. El cráneo de este animal tiene un tamaño de 70 centímetros y sus mandíbulas provista de  incisivos de crecimiento continuo, cuyos esmaltes se representan en fajas longitudinales. Se asemejaban a los actuales hipopótamos y rinocerontes, pero sin parentesco alguno, es otro ejemplo de evolución paralela o convergencia adaptativa, es decir, cuando dos especies totalmente aislados comparten nichos ecológicos similares, desarrollando algunos rasgos morfológicos notablemente parecidos.

Su hábitat estaba conformado por llanuras abiertas y frondosos pantanos, alimentándose principalmente de vegetales, los cuales, podían ser extraídos con sus mandíbulas en forma de "pala". Otros autores sostienen que se tratan de animales de condiciones semiáridas, ya que se han reportado en sedimentos de origen eólico del Pleistoceno tardío, como por ejemplo: en la localidad de Sayape, Provincia de San Luis y Caleufu en La Pampa. Así mismo, en la localidad de Tres Arroyos en la Provincia de Buenos Aires se ha descubierto la presencia del genero Toxodon asociado a restos culturales en un sitio Arqueológico, cuya antigüedad se remonta a unos 8500 años antes del presente.

También, se dio a conocer en el año 1916, el hallazgo de un fémur de Toxodon con una punta de proyectil incrustada en el, descubierta en la ciudad de Miramar y generando hasta nuestros días notables polémicas entre la comunidad científica, considerado un fraude de la época.

Este género tiene una amplia distribución estratigráfica ya que se extiende desde el Plioceno tardío hasta el Holoceno temprano. Su distribución geográfica, parece hallarse en Venezuela y llega hasta el sur de la Provincia de Buenos Aires. Además, sus restos han sido hallados en Paraguay, Brasil, Bolivia y Venezuela. Otras especies relacionadas: Toxodon chapalmalensis, Toxodon darwini,  Toxodon ensenadensis, Toxodon platensis, Toxodon gezi y Toxodon gracilis. En este sentido, es de destacar que algunos autores opinan que tanto T. platensis como T. gezi podrían representar, en realidad, una única especie, sin embargo, no se ha llevado a cabo, hasta el momento, una revisión del género Toxodon.

Macrauchenia patachonica. Owen, 1838.

Los primeros restos de la Macrauchenia fueron hallados por Charles Darwin en su histórico viaje a bordo del "Beagle" a comienzos de la década de 1830. Proceden de sedimentos del Pleistoceno tardío aflorantes en los alrededores de Punta Arena, en el sur de la región patagónica; fueron dados a conocer por el paleontólogo inglés Richard Owen en 1838.

Su aspecto en vida es digno de una película de ciencia-ficción. Su nombre significa "cuello largo" y es otra especie del orden "Notoungulata". Sus dimensiones eran semejantes al de los camellos actuales, pero los orificios nasales y una gran fosa elíptica señala la presencia de una trompa, algo mas larga que la del tapir actual. Poseía largas patas y pies ungulados, provistos de tres dígitos. Es probable que no corriera con mucha velocidad, ya que las proporciones de las patas traseras estaban invertidas, como ocurren con los animales no corredores, por ejemplo, la jirafa.

Su alimentación estaba basada en vegetales de zonas pantanosas donde pasaba la mayor parte de su tiempo, y del pastoreo. Algunos autores han formulado la hipótesis de que estos mamíferos estaban adaptados a una vida semiacuática. Sin embargo, sus restos han sido hallados no sólo en depósitos asociados a cuerpos de agua sino también en eólicos correspondientes a ambientes áridos y semiáridos.Los molares superiores son de sección cuadrangular de corona alta. Se extinguió a fines del Pleistoceno y principios del Holoceno.

En la actualidad el hallazgo de fósiles de Macrauchenia son muy escasos en todo América latina. Macrauchenia patachonica se halla en sedimentos del Pleistoceno tardío de Brasil, Paraguay, Chile, Bolivia, Uruguay y la Argentina.

Los primeros antecesores aparecen en Montehermorense (Plioceno) representado por Promacrauchenia antiqua. Por ultimo debemos agregar que restos recientes de Macrauchenia proceden de la "Cueva del Mylodon" con una antigüedad de 11 mil años, mientras que en el Sitio 2 Arroyo Seco (Prov. Buenos Aires), poseen una antigüedad de 8 mil años. Otras especies relacionadas: Epitherium laternarium, Eoauchenia primitiva, Diplasiotherium robustum, Neolicaphrium recens, Promacrauchenia antiqua, Promacrauchenia  kraglievichi, Promacrauchenia chapadmalense, Windhausenia delacroixi,  Pseudomacrauchenia yepesi, Macraucheniopsis ensenadensis.

Bibliografía sugerida.

A. E. Zurita, A. A. Carlini, G. J. Scillato-Yané and E. P. Tonni. 2004. Mamíferos extintos del Cuaternario de la Provincia del Chaco (Argentina) y su relación con aquéllos del este de la región pampeana y de Chile. Revista geológica de Chile 31(1):65-87.

Ameghino, F. 1889. Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina. Actas de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, 6:1-1027.

Berton, Michael. (1992). Dinosaurios y otros animales prehistóricos. Ediciones Lrousse Argentina S.AI.C.

Bonaparte, J. F. & bobovnikov, J. 1974. Algunos fósiles pleistocénicos de la provincia de Tucumán y su significado estratigráfico. Acta Geológica Lilloana, 12(11):171-183.

Gelfo, J.N., López, G.M. y Bond, M. (2008). «A new Xenungulata (Mammalia) from the Paleocene of Patagonia, Argentina.». Journal of Paleontology 82 (2): 329–335.

Cione, A.L. & Tonni, E.P. 1995a. Bioestratigrafía y cronología del Cenozoico superior de la región pampeana. In: Alberdi, M.T.; Leone, G. & Tonni, E.P. (Eds.), Evolución climática y biológica de la región Pampeana durante los últimos cinco millones de años. Un ensayo de correlación con el Mediterráneo occidental. Museo Nacional de Ciencias Naturales, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Monografías, 12:47-74.

Novas, F. 2006. Buenos Aires hace un millón de años. Editorial Siglo XXI, Ciencia que Ladra. Serie Mayor.

Welker, F.; Collins, M. J.; Thomas, J. A.; Wadsley, M.; Brace, S.; Cappellini, E.; Turvey, S. T.; Reguero, M.; Gelfo, J. N.; Kramarz, A.; Burger, J.; Thomas-Oates, J.; Ashford, D. A.; Ashton, P. D.; Rowsell, K.; Porter, D. M.; Kessler, B.; Fischer, R.; Baessmann, C.; Kaspar, S.; Olsen, J. V.; Kiley, P.; Elliott, J. A.; Kelstrup, C. D.; Mullin, V.; Hofreiter, M.; Willerslev, E.; Hublin, J.-J.; Orlando, L.; Barnes, I.; MacPhee, R. D. E. (18 de marzo de 2015). «Ancient proteins resolve the evolutionary history of Darwin’s South American ungulates». Nature.

 


 

 

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