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Huellas del pasado miramarense. Un nuevo sitio Paleoicnologico.

Por Mariano Magnussen Saffer y Daniel Boh. Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar.  marianomagnussen@yahoo.com.ar

El hallazgo de un nuevo yacimiento paleoicnologico fue dado a conocer por el personal del Museo Municipal Punta Hermengo de la ciudad de Miramar, a unos 450 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, sobre la costa atlántica.

El yacimiento paleontológico rico en restos óseos de enormes criaturas prehistóricas que alguna vez habitaron la región pampeana, ahora sorprende al mundo científico al revelar un fabuloso yacimiento paleoicnologico, es decir, un yacimiento con huellas o pisadas de enormes y pequeños animales que habitaron esa zona durante el Pleistoceno tardío, hace unos 100 mil años antes del presente.

El sitio fue bautizado como “punta verde” y se encuentra ubicado dentro del sitio paleontológico mundialmente conocido como “Punta Hermengo”, estudiado desde principios del siglo XX por el mismo sabio Florentino Ameghino y explorado por numerosos científicos durante décadas, principalmente del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires y Museo de La Plata, como así también en las ultimas tres décadas por el Museo Municipal de Miramar, dependiente de la Secretaria de Turismo y Cultura de la Municipalidad de General Alvarado.
   

El hallazgo fue presentado a la comunidad científica, técnicos y aficionados durante las XXX Jornadas Argentinas de Paleontología de Vertebrados en la ciudad de Buenos Aires, que reúne especialistas de todo el mundo, como Brasil, Uruguay, Suiza, Estados Unidos, Bolivia, Paraguay y China. Actualmente el estudio se encuentra en proceso de edición para una importante revista científica europea.

El descubrimiento consiste en el hallazgo de huellas fosilizadas (también conocidas como paleoicnitas) de al menos cuatro especies, aunque no se descartan algunas sorpresas mas, argumento Daniel Boh, coautor de la publicación y director del museo miramarense.

Entre ellas, encontramos huellas de Rheidae, un ave de gran tamaño y corredora, que llegaba a una altura de 1,50 metros. También se recuperaron icnitas de un enorme roedor Hidrochoeridae que podrían llegar hasta 1,30 metros de largo y pesar 65 kg.

El hallazgo mas novedoso corresponde a cuatro huellas pertenecientes a dos individuos de un tigre dientes de sable. Es la primera vez que se encuentran huellas fósiles de esta increíble criatura. El Smilodon superaba el peso y tamaño que el león actual; sin embargo, sus proporciones corporales diferían de las de cualquier félido moderno. Las extremidades posteriores del Smilodon populator eran más cortas y robustas, su cuello proporcionalmente más largo, y el lomo más corto. La extraordinaria peligrosidad de este félido se debía al gran desarrollo de la parte anterior de su cuerpo y al tamaño asombroso de sus caninos superiores, que llegaban a sobresalir más de quince centímetros.

Los autores llegaron a la conclusión de que se trata de las huellas de un Smilodon populator al cual bautizaron como “Smilodonichnum miramarensis”, luego de la comparación con otras huellas de especies fósiles y vivientes de la familia Felidae, datos biométricos entre otras. La huella de la pata anterior tiene un ancho de de 19,2 cm y un largo de 18 cm, señalaron las fuentes.

Las observaciones geológicas para poder interpretar en que circunstancias un grupo de animales dejaron sus huellas y como estas se preservaron en ese ambiente, estuvo a cargo del Dr. Cristian Favier Dubois de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires. El investigador pudo determinar que las huellas de aves y mamíferos aquí recuperados fueron creadas en sedimentos que pertenecían a las orillas de un antiguo pantano o de áreas inundadas, de poca y pobre profundidad, alimentado por un arroyo.

Las huellas fueron descubiertas en pleno sector turístico costero de Miramar, por lo cual motivo la recuperación de las mismas, debido a que corrían peligro por la depredación y la erosión. El material será debidamente registrado para complementar la Ley 25.743 y la ordenanza municipal 248/88 que reglamentan el patrimonio paleontológico nacional y municipal.

A poca distancia del centro turístico de la ciudad balnearia de Miramar (Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina), personal del museo local dio a conocer un yacimiento paleoicnotologico (con huellas de animales prehistóricos) única en su tipo, por su asociación icnologica y la presencia de un gran depredador. A continuación se contestan las preguntas frecuentes que se hacen sobre este hallazgo, dando un mejor panorama a estudiantes e interesados en general.

Que son las paleoicnitas y cual es su importancia?

Se denomina paleoicnita a cada huella producto de la pisada dejada por un vertebrado en tiempos remotos. La disciplina que estudia las icnitas se denomina Paleoicnología para el caso particular de las huellas fosilizadas. Estudiando estas pistas, los paleontólogos obtienen datos sobre los animales que las dejaron, como su comportamiento, si eran bípedos o cuadrúpedos, su constitución, manera de desplazarse, patologías entre otras. Además las paleoicnitas nos muestran de cierta manera a un animal prehistorio “vivo”, es decir, nos cuenta otros detalles que los huesos no nos pueden mostrar, pues, los huesos fosilizados nos ayuda conocer el animal ya muerto, mientras que las huellas muestran una actividad en vida del animal. Se conocen huellas de distintos animales prehistóricos, como dinosaurios, reptiles, tortugas, mamíferos, aves e insectos.

Quienes encontraron las huellas y como?

Las huellas fósiles (paleoicnitas) fueron halladas por los autores de su presentación;  Mariano Magnussen Saffer y Daniel Boh, técnicos del Museo Municipal Punta Hermengo, que vienen con varios años de notables y mediáticos hallazgos paleontológicos entre otros.

El hallazgo comenzó en una tarde de “mates” en familia a pocos metros del sector turístico costero luego de una serie de sudestadas en el año 2015. En esa oportunidad con los sedimentos descubiertos, se observo un par de huellas de gran tamaño morfológicamente similares a la familia de los felinos.

En ese momento se registro fotográficamente. Días posteriores se acercaron preparados para una tarea de campo, se limpio la zona y se encontraron huellas de otros animales que sustentaban el hallazgo del sitio paleoicnologico, el primero para el Partido de General Alvarado. Se realizaron unas seis campañas paleontológicas para estudiar el lugar, fotografiar y retirar el material. Los mismos fueron retirados con las mismas técnicas paleontológicas que se utilizan para restos óseos y llevados al museo para su preservación.

Se planteo si era necesario retirarlo del lugar, pero como es una plataforma de erosión continua, y por star en pleno sector turístico, su preservación in situ tenia poco futuro. Además es necesario tenerlas preservadas en el museo, no solo para que el publico las observe, sino para que estén a disposición de investigadores y científicos de todo el mundo, y poder asignar nuevos icnogeneros o icnoespecies con material depositado.

Que son los Icnofosiles y las paleoicnitas?

Los icnofósiles son estructuras etológicas fósiles individualmente identificables que reflejan en mayor o menor grado la morfología del organismo productor. Una pista puede estar formada por un sólo elemento (por ejemplo, una madriguera o una pisada) o por varios elementos físicamente separados pero en conexión etológica. Los icnofósiles son objeto de estudio por parte de la Paleoicnología. Presentan características propias que los hacen identificables y permiten su clasificación como parataxones: icnogéneros e icnoespecies, y de esta manera se los asigna a un organismo en particular. Por ejemplo las huellas de un Macrauchenia patagonica en paleoicnologia se lo clasifica como Eumacrauchenichnus patachonicus. Es raro que se puedan relacionar de manera inequívoca y precisa con el organismo que los originó, pero en general es posible inferir al menos la categoría taxonómica superior a la que pertenecía el organismo productor.

En que ambiente se crearon las huellas de Miramar?

Para comprender como las huellas fueron preservadas durante milenios, se observaron y estudiaron la estructura sedimentaria que las preservo, textura, color, geometría y contenido fosilífero conocido previamente.

Las observaciones geológicas para poder interpretar en que circunstancias un grupo de animales dejaron sus huellas y como estas se preservaron en ese ambiente, estuvo a cargo del Dr. Cristian Favier Dubois de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires.

El investigador pudo determinar que las huellas de aves y mamíferos aquí recuperados fueron creados en sedimentos que pertenecían a las orillas de un antiguo pantano o de áreas inundadas, de poca y pobre profundidad, alimentado por un arroyo por donde caminaron animales dejando sus huellas, cuyo pantano seguramente sufría modificaciones estaciónales en su espesor y extensión. El mismo arrastraba material desde las sierras, pues se encontró depósitos arenosos y sedimentarios, con presencia abundante de fragmentos de cuarzo. Las huellas observadas presentan en mayor o menor medida, un enterramiento rápido con poca exposición a la intemperie.

Como se preservaron las huellas durante miles de años?

Para que se preserve algo tan frágil como una huella, deben darse una serie de circunstancias poco frecuentes en el tiempo y con un orden especifico.

Hace milenios, algunos animales caminaban por el borde de esta zona pantanosa, como una laguna alimentada por un arroyo y lluvias. En algunos momentos el agua se retraía, dejando un suave y húmedo sedimento, por el cual los animales que se desplazaron por esta orilla dejaban sus huellas impresas en el barro.

El sedimento comenzaba a secarse, preservando fielmente las huellas. Posteriormente, el arroyo crecía inundando estas zonas bajas, llevando sedimentos arcillosos con estructuras diferentes y tapando paulatinamente a las huellas dejadas allí, haciéndolas eternas al estar preservadas y no expuestas a las condiciones ambiéntales, como el sol, la lluvia, nuevas inundaciones o al pisoteo de otros animales.

Estas huellas halladas en Miramar y tal vez muchas mas aun por descubrir quedaron excepcionalmente preservadas entre “capas de barro” sin sufrir grandes modificaciones, hasta que en un momento (en la actualidad) la sutil erosión del agua del mar y la lluvia retiraron grano por grano, capa por capa de sedimento, trasportando el “relleno” que en algún momento tapo la huella.

Al principio el agua destapa y deja al descubierto las pisadas de animales que alguna vez transitaron la región. Luego la misma mecánica de limpieza natural se vuelve agresiva, dañando los contornos, hasta eliminar la huella en forma total. Antes que sucediera esto último, intervino el Museo de Miramar para recuperarlas y preservarlas, retirándolas y llevándolas al laboratorio, para ser procesadas y estudiadas.

Que antigüedad tienen las huellas y que animales vivieron en esta época?

Los depositaos sedimentarios donde han quedado las impresiones de las patas de estos antiquísimos animales corresponden a la Edad Pleistoceno superior hace unos 100 mil años antes del presente, caracterizados por capas esencialmente arcillosas, laminadas, con delgadas intercalaciones de arenas y restos fósiles de roedores e improntas vegetales.

El Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar ha recuperado en los últimos 25 años un sin fin de materiales óseos correspondientes a las criaturas prehistóricos que alguna vez habitaron estos pantanos. Los fósiles recuperados corresponden a toxodontes, macrauchenias, lestodontes, celidoterios, megaterios, gliptodontes, hippidiones, mastodontes, ciervos, camélidos, roedores entre otros.

Muchos de ellos se pueden observar en la sala de paleontología del Museo de Miramar y en su propia pagina web. También es justo mencionar que esta área es explorada y estudiada desde fines del siglo XIX por el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires y principalmente por el Museo de La Plata.

Quienes dejaron sus huellas halladas en Miramar?

Los autores de la presentación del hallazgo de las huellas halladas en Miramar, comenzaron una serie de estudios comparativos, tomando principalmente como guía estudios previos en distintas partes del mundo y de Argentina, con la intención de presentarlas en las XXX Jornadas Argentinas de Paleontología de Vertebrados y en revistas científicas especializadas.

Se tomaron medidas biométricas y se mapearon la ubicación de las huellas para saber como se encontraron en su momento inicial. De esta manera se las compara con especies vivientes o ya extintas. Asi podemos saber a que grupo animal pertenecían. El poder determinar como fue el ambiente ayuda mucho a los investigadores, y diferenciar si el organismo productor fue un mamífero, un reptil, un ave etc.

Por ahora, tenemos al menos cuatro icnotaxones identificados. Dos de ellos aun viven en nuestra región.

Una de ellas,  es ave no voladora Rheidae, caracterizadas por aves sudamericanas similares al avestruz, emparentada con el genero Rhea del Pleistoceno y el ñandú actual. En estos sedimentos se recuperaron dos bloques sedimentarios, uno con dos huellas del mismo individuo, y el otro con cinco huellas, posiblemente de dos individuos. Estos animales miden entre 1,50 y 1,80 metros de altura (la hembra es un poco más pequeña), la presencia de tres dedos en cada pie coincide con las aquí halladas.

Además su comparación con formas vivientes demuestran gran similitud, aunque en este caso parecen ejemplares más bien jóvenes que aun no alcanzaron su máximo desarrollo. En la región pampeana se registran restos óseos y cáscaras de huevos fósiles desde el Plioceno, hace 3 millones de años.

Otra especie registrada corresponde a un gran roedor semiacuatico de la familia Hydrochoerinae, representante fósil de los carpinchos o capibaras. Se recuperaron dos huellas de las patas anteriores entremezcladas con las huellas del Rheidae. Pueden crecer hasta 1,30 metros de largo y llegar a pesar 65 kg. Presenta pies ligeramente palmeados. En nuestra zona hemos rescatados varias mandíbulas y huesos aislados de este grupo. Se conocen en sedimentos Pliocenos, mas de 3 millones de años.

Luego tenemos una gran huella algo erosionada, pero muestra claramente tres dedos, compatible con un Macraucheniidae. En estos mismos sedimentos hemos recuperado restos mandibulares de Macrauchenia patagonica, a cuya especie se le atribuye esta huella. Sus dimensiones eran semejantes al de los camellos actuales, pero los orificios nasales y una gran fosa elíptica señala la presencia de una trompa, algo más larga que la del tapir actual. Poseía largas patas y pies ungulados, provistos de tres dígitos.

El hallazgo mas novedoso del sitio paleoicnologico “Punta Verde” corresponde a cuatro huellas pertenecientes a dos individuos de un tigre dientes de sable. Es la primera vez que se encuentran huellas fósiles de esta increíble criatura. El Smilodon superaba el peso y tamaño que el león actual; sin embargo, sus proporciones corporales diferían de las de cualquier félido moderno. Las extremidades posteriores del Smilodon populator eran más cortas y robustas, su cuello proporcionalmente más largo, y el lomo más corto. La extraordinaria peligrosidad de este félido se debía al gran desarrollo de la parte anterior de su cuerpo y al tamaño asombroso de sus caninos superiores, que llegaban a sobresalir más de quince centímetros.

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Kraglievich, J.L. 1952. El perfil geológico de Chapadmalal y Miramar, Provincia de Buenos Aires. Revista del Museo Municipal de Ciencias Naturales de Mar del Plata 1: 8-37.

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La llegada del Hombre Prehistórico y su forma de Vida.

Magnussen Saffer, Mariano (2002). Publicado en el Suplemento de Ecología y medio Ambiente del Semanario El Sol. marianomagnussen@yahoo.com.ar

Consideraciones generales.

Los restos culturales y zooarqueologicos nos dicen que la llanura pampeana ha sido el escenario de un proceso cultural cuyos protagonistas fueron, durante muchísimos años, los aborígenes. 

Las investigaciones sobre el hombre antiguo y la arqueología en la región comenzaron hace más de un siglo, pero toma impulso con la obra del sabio paleontólogo Florentino Ameghino, si bien ha sido muy difícil lograr conclusiones inobjetables, sus estudios e investigaciones, y los de quienes le siguieron permiten afirmar que el hombre pampeano llegó a coexistir con los grandes mamíferos del final del pleistoceno cuando estos estaban a punto de desaparecer hace varios miles de años, y a los cuales cazaba para procurarse su alimentación. Algunas de las numerosas pruebas fueron colectadas en distintas localidades fosilíferas de la Provincia de Buenos Aires, como el el Partido de Olavarria, Necochea entre otros. Pero sus orígenes se remontan a muchos años atrás, fundamentadas principalmente por el hallazgo de un fémur de Toxodon platensis (conocido en entonces como Toxodon chapadmalensis) con una punta de proyectil incrustada en el, realizado por el polémico itinerario Lorenzo Parodi en 1914 en la ciudad de Miramar.

Teniendo en cuenta que el Pleistoceno culminó hace unos 10.000 años, con la última glaciación, nos es posible establecer que ya desde entonces hubo seres humanos habitando en esta zona, a partir de hallazgos de coexistencia con mamíferos extintos datados entre 11 y 9 mil años antes del presente. Con la culminación del pleistoceno y el subsiguiente comienzo del holoceno se produjo un cambio general en el clima y del paisaje, los grandes mamíferos (Toxodontes, Gliptodontes y Megaterios) se extinguieron y las pampas se transformaron en el paisaje por el que transitarían la fauna sobreviviente y el hombre. 

Cabe suponer que en tanto hubiera con qué alimentarse no habría razón para moverse de la región, el hombre de aquella época dependía para su sustento del alimento que lograba, básicamente, por medio de la caza, cuando los grandes mamíferos se extinguieron su búsqueda se orientó hacia animales de porte grande, como el guanaco, el ciervo o los lobos marinos sobre la costa atlántica, de los cuales obtenían carne para su dieta y cuero para vestir y construir sus viviendas, procesando de la mejor manera posible su sustento económico.

Los humanos vivirían entonces en aquellos lugares más aptos para obtener su alimento, en particular en los que habitaba el guanaco, en la llanura pampeana estos sitios bien pudieron ser las zonas serranas de Tandilia y Ventania, de hecho, hemos mencionado antes que en los 'picaderos', entre los médanos de la costa atlántica, se encuentran numerosas piezas de cuarcita, este material no es propio de las zonas costeras pero abunda en las sierras, lo que sugiere que quienes habitaban entre los médanos lo traían de aquella región. Toda la parte central y meridional de la provincia de Buenos Aires presenta sitios de interés arqueológico, muchos de ellos localizados a campo abierto.

Desde el punto de vista del atractivo que presenta un sitio para habitar en el, la parte de la costa tiene el ingrediente adicional, especialmente en épocas de calor, de ser una zona con corrientes de aire, lo que permitía a hombres y animales escapar de las plagas de insectos picadores.

Sin embargo no es posible establecer con certeza si los aborígenes residían permanentemente en la costa o en las sierras, o si las zonas costeras eran lugares de paso, o bien, zonas de cacería, la escasez de restos de alfarería sugiere la posibilidad de estas últimas alternativas. Si bien en la zona abundan los restos fósiles y el material arqueológico, la información que han brindado es escasa, en parte porque no existe un acuerdo respecto de los niveles estratigráficos lo que no permite tener certeza acerca de la antigüedad de las muestras. Podemos asumir que, en términos generales y en tanto no ocurriera algún cambio drástico, la vida del aborigen pampeano se mantuvo mas o menos invariable, y durante muchos años continuaría siendo un nómada cazador.

Pero seguramente los paleoaborigenes debieron vivir refugiados en las cuevas que presentan las formaciones de Tandilla y Ventana como lo demuestras numerosos sitios Arqueológicos, que poseen fauna extinguida menos espectaculares que los gigantes del Pleistoceno, y cuyas registros se lo pueden estudiar en forma sistemática desde principios de Holoceno hasta hace pocos centenares de años.

Luego en épocas de calor como primavera, verano y tal vez parte del otoño, se acercaban a las zonas costeras por otros tipos de motivos (además de los ya mencionados) como para colectar calcedonias rodadas para la fabricación de artefactos lítico. Así mismo, capturaban distintos animales de gran porte, especialmente el lobo marino de un pelo (Otaria flavescens) o el lobo marino de dos pelos (Arctocephalus australis), ricos en grasas y proteínas para épocas de poco temperatura. Es muy probable que mujeres y niños se dedicaran a la recolección de mariscos y otros tipos de invertebrados, encontrados asociados (y en algunos casos quemados) en los sitios arqueológicos.

Aguirre, M. L. 1995. Cambios ambientales en la región costera bonaerense durante el cuaternario tardío, evidencias malacológicas. 4  jornadas geológicas y geofísicas bonaerense.(Junin), actas 1: 35-45.

Bonomo M. y A. Matarrese 2006 Investigaciones Arqueológicas en la Localidad Nutria Mansa. En INCUAPA 10 AÑOS: Perspectivas en Arqueología Pampeana Contemporánea, editado por G. G. Politis. Facultad de Ciencias Sociales, UNCPBA, Olavarría. En prensa.

Bonomo, M. 2005  Costeando las llanuras. Arqueología del litoral marítimo pampeano. Sociedad Argentina de Antropología, Colección Tesis Doctorales, Buenos Aires.

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Fidalgo, F; Meo Guzmán, L; Politis, G; Salemme, M. y Tonni E. 1986. Investigaciones arqueológicas en el sitio 2 de Arroyo Seco (Partido de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, Republica Argentina). New Evidence for the Pleistocene Peopling of the Americas. Center for the Study Of Early Man. Alan Bryan Ed. Orono Maine.

 

El Scelidoterio. El gran topo prehistórico de la Región Pampeana.

Por el Museólogo y PaleoArtista Daniel Boh. Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar. www.museodemiramar.com.ar; museomiramar@gmail.com.

Algo que saben todos los paleontólogos y aficionados a los fósiles, es que en la zona pampeana es muy probable que, uno de cada dos restos hallados sea del omnipresente Scelidoterio. Este era un gran perezoso, de unos 3 metros de largo y más de una tonelada de peso. A pesar de su tamaño era una de las especies más pequeñas, ya que sus parientes podían competir con los elefantes.

En cambio sus parientes actuales; los perezosos arborícolas de la selva misionera no pasan el metro de largo. Todos ellos son Edentados, un grupo al que pertenecen también los Gliptodontes, los osos hormigueros, las mulitas y peludos. El nombre científico del  Scelidoterio es Scelidotherium leptocephalum, que significa: “Animal de patas iguales” y “cabeza alargada”. Este nombre le fue colocado por el científico inglés Richard Owen en 1840, gracias a unos restos hallados por Charles Darwin durante el famoso viaje alrededor del mundo que dio principio a su Teoría de la Evolución.

Este animal no era especialmente interesante, ya que la abundancia de restos y su  “modesto” tamaño no generaba gran entusiasmo. Era herbívoro, quizás algo carroñero y de posibles hábitos pacíficos. Sus restos se pueden encontrar en estratos de 700.000 años y de hace apenas 8.000 años, es decir, fueron unos animales relativamente exitosos.

UNA NUEVA VISIÓN.

A mediados de los años noventa se dieron a conocer los hallazgos de varias cuevas y galerías subterráneas en la ciudad de Mar del Plata. Normalmente estas son rellenadas por el correr de los siglos y las lluvias pero no en este caso, lo que permitió el estudio de las mismas con gran detalle. Se pudo observar que existían marcas de garras y hasta el roce del cuerpo del animal.

Se creyó que se trataba de obras realizadas por grandes peludos como el actual Tatú Carreta, y que en aquellos tiempos tenían hasta 2 metros de largo. Las discusiones se fueron acallando hasta que, cerca del 2000 se encontraron más pruebas de estos grandes topos pero, esta vez los culpables ya no eran los grandes acorazados, sino los perezosos de tamaño medio como los Scelidoterios o los Glossoterios (otros animales similares pero más grandes).

Estas nuevas cuevas tenían un diámetro de 1,20 mts. y fue posible hasta identificar ensanchamientos a modo de cámaras para crianza, etc.

Por otra parte se realizaron moldes de yeso de las marcas en las paredes y, o sorpresa, coinciden con las garras de nuestro amigo, el Scelidoterio. El hallazgo fue presentado por el técnico Alejandro Dondas del Museo Municipal de Ciencias Naturales de Mar del Plata  entre otros autores. En el Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar se exhibe una de estas marcas junto a una garra y la similitud es evidente, las cuales fueron recuperadas de una enorme galería con cámaras de 1,9 metros de diámetro, halladas por Mariano Magnussen Saffer del Grupo Paleo y colaborador del Museo miramarense.  

SE EXPLICAN ALGUNAS COSAS

Hasta principios de los 90 se creía que ciertas marcas en los acantilados costeros eran indicios de antiguos cauces provocados por grandes lluvias repentinas en medio de climas normalmente secos.

Estas marcas son identificadas por el ojo entrenado pero una vez que se conoce el patrón de su forma no cuesta demasiado darse cuenta que estamos viendo una cueva rellenada cortada transversalmente. Por otra parte es muy común encontrar huesos fosilizados que están desarticulados, rotos y hasta gastados por un posterior arrastre. Esto ocurrió, probablemente, por el trabajo de generaciones de estos perezosos, cavando incansablemente en el subsuelo de la región pampeana.

Es usual ver también grandes caparazones de gliptodontes en posición invertida dentro del yacimiento. Durante mucho tiempo se creyó, que estos gigantes caían en madrigueras de vizcachas. Con esta nueva forma de ver al asunto es más probable que con su gran peso desplomaban el techo de la cueva, con ocupantes o no. Durante la ampliación de la Ruta Nacional 2 a la entrada de Mar del Plata, se encontraron restos de un oso adulto y dos oseznos en lo que se cree fue una cueva. Posiblemente en este caso el dueño original fue expulsado y la nueva familia se instaló en el lugar con la mala suerte  que su refugio los dejara atrapados.

En la localidad de Mar del Sud fueron hallados un esqueleto de un Scelidoterio adulto, junto a un juvenil. Estos  se encontraban perfectamente articulados. Posiblemente sus cuerpos fueron enterrados en forma repentina y esto pudo ocurrir dentro de una cueva cuyo techo colapsó, por un gran peso o por un defecto en el terreno. Estos ejemplares se encuentran en el Museo Punta Hermengo.

ULTIMAS NOTICIAS

Recientemente se han realizado estudios sobre la anatomía de estos animales y se llegó a la conclusión que sus brazos estaban perfectamente adaptados para los movimientos de excavación.

Además las rugosidades en sus huesos indican que poseía unos músculos formidables. Por otra parte la pelvis está diseñada para soportar su peso sobre las patas traseras, dato importante para los movimientos mientras se hace una cueva. El andar bípedo de los grandes perezosos y gliptodontes es una teoría que está siendo cada vez más aceptada entre los paleontólogos.

Cuando pensamos en los antiguos, interminables y planos paisajes de la zona pampeana que vieron los primeros exploradores europeos, debemos recordar que seguramente no siempre fueron así, sino que los mismos estaban matizados con bosquecitos de talas, sauces, algarrobos y quebrachos; en un terreno modificado permanentemente por estos gigantescos topos prehistóricos.

Bibliografía recomendada:

Buenos Aires, un millón de años atrás.  Fernando Novas, editorial Siglo XXI, colección Ciencia que ladra… 2006.

Los mamíferos fósiles de Buenos Aires. Ricardo Pasquiali, Eduardo Tonni, Universitas, 2004.

Hallan una cueva realizada por mamíferos gigantes en el Pleistoceno de Miramar. Magnussen Saffer, Mariano. 2008.Paleo, Boletín Paleontológico. Año 6. Numero 29: 30-34.

 

Algunos integrantes de la paleofauna del Terciario del territorio argentino.

 Mariano Magnussen Saffer. Director Grupo Paleo. Presidente de la Asociación de Amigos del Museo Municipal Punta Hermengo. marianomagnussen@yahoo.com.ar

Sudamérica quedó separada de Norteamérica al finalizar el Paleoceno. Los único mamíferos placentarios que existían por ese entonces eran Ungulados terrestres arcaicos que evolucionaron y derivaron en lo que mas tarde conformaría la gran megafauna terciaria sudamericana.

Entre aquellas grande especies se hallaban los Toxodontes (el primer fósil de toxodonte fue hallado por Charles Darwin durante la expedición del Beagle), los Macrauquénidos, Megaterios, Milodontes, Dasypodios y Glyptodontes entre las especies de gran tamaño. Los tipoterios , los hegetoterios y los prototeroterios eran de menor tamaño, pero no memos asombrosos que los anteriores.

Los desdentados primitivos dieron lugar a los actuales armadillos como el tatú carreta; los pichi-ciego o las mulitas como también de osos hormigueros y perezosos, aquellos originales fueron mucho más grandes que los descendientes actuales, por ejemplo el Megatherium tuvo un tamaño semejante a un elefante. Otro grupo de desdentados extintos de gran tamaño fueron los Gliptodontes, rama colateral de los armadillos, cuya característica adaptativa en forma de defensa era poseer una gran coraza.

Por aquellos tiempos existían también en Sudamérica una gran diversidad mamíferos marsupiales. Como no existían placentarios carnívoros si los había marsupiales como Borhyaena que ocupaba exitosamente el nicho. Pese a la gran diversidad de los marsupiales durante un largo período geológico las especies se fueron extinguiendo.

Sólo las “zarigüeyas” son sobrevivientes de una época sudamericana con predominio marsupial, si bien la presencia de especies de zarigüeyas en Norteamérica no es grande, por el contrario son muy variadas todavía en Sudamérica donde proliferan unas 65 especies.

 

Durante el Oligoceno, sucedió que un conjunto de islas (mas tarde fue la elevación del istmo de Panamá) permitió que desde el norte de América pudieran pasar hacia Sudamérica grupos de mamíferos pequeños. Aquellos primeros “colonizadores” de territorio sudamericano fueron los roedores histricomorfos del suborden que agrupa a los puercos espines. De estos roedores evolucionaron en Sudamérica las vizcachas, coendúes, el paca, capibara y el coipú.

Otra migración de primates ancestrales produjo la aparición de los actuales monos sudamericanos, quienes evolucionaron paralelamente de aquellos de Europa. Por último, emigraron los mapaches que dieron lugar en Sudamérica a los actuales Coatíes. Al mismo tiempo en el norte de América los placentarios mas avanzados ocupaban cada vez mas nichos y los marsupiales y ungulados arcaicos comenzaban a extinguirse.

Al finalizar el Plioceno comenzó a elevarse el itsmo de Panamá produciéndose un verdadero puente continental entre el norte de América y Sudamérica. Esto dio paso a grandes migraciones de placentarios avanzados. Entre los herbívoros se hallaban los Mastodontes, pecaríes, la llama y el caballo. Mientras que los carnívoros tales como el tigre dientes de sable, el jaguar, los zorros y los lobos representaban a los carnívoros placentarios.

Las presiones ejercidas por los recursos alimenticios (bióticos) que imponían estos grupos en Sudamérica contribuyó sin dudas a la extinción de los ungulados arcaicos quienes al final del pleistoceno desaparecen definitivamente al igual que aquellos carnívoros marsupiales (recuerden a Borhyaena) viéndose estos desplazados de 60 millones de años de ocupación del nicho. Pero no solo desaparecieron carnívoros, también musarañas, conejos, ardillas y los luego prósperos y exitosos roedores cricétidos, corrieron suerte parecida a los carnívoros marsupiales.

Como se ha dicho antes las zarigüeyas, los armadillos y coendúes lograron llegar al norte de América y sobrevivir, pero sin embargo son muy escasos estos éxitos comparándolos a aquellos mamíferos placentarios que migraron a Sudamérica.

La balanza evolutiva dictaminó que, una vez abierto el puente entre las dos América, placentarios y marsupiales se vieran “cara a cara” y disputaran los nichos. Borhyaena y el tigre dientes de sable. Los placentarios del norte eran especies que soportaron grandes presiones y extinciones. Los marsupiales no, vivieron sesenta millones de años sin grandes alteraciones. Una vez abierto el puente y, al medirse en la balanza, los marsupiales pesaron menos y desaparecieron. Esto no quiere decir sin embargo que los placentarios fueron “superiores” a los marsupiales. Fue la evolución el factor que cada América se desarrollo en función a las presiones extrínsecas. La medida hubiera sido de igual modo si los grupos de América del norte, en vez de ser placentarios hubieran sido marsupiales.

Sin embargo a fines del pleistoceno otro agente mundial desconocido de extinción hizo desaparecer no solo a especies sudamericanas sino también a aquellas norteamericanas. El caballo, el mamut, el mastodonte y los tigres dientes de sable se extinguieron, también el Megatherium que había sobrevivido a las incursiones de placentarios del norte. El tapir sobrevivió en Sudamérica pero no en el norte.

Esta es de alguna manera parte de la historia reciente de la historia evolutiva de la fauna sudamericana, muy resumida por cierto.

Bibliografía Sugerida.

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Recorriendo los grandes bosques petrificados de Argentina.

Con más de 120 millones de años, estas extensas áreas protegidas ofrecen al visitante la posibilidad de apreciar troncos, flores y frutos cubiertos por lava durante milenios. Considerados entre los más importantes de toda Sudamérica, se encuentran en las provincias argentinas de Mendoza, Río Negro, Chubut y Santa Cruz.

Escondidos durante miles de años bajo un grueso manto de lava y cenizas, originado por erupciones volcánicas que tuvieron lugar durante el período Cretácico, los bosques petrificados de la Argentina se posicionan en su mayoría en la extensa y mística Patagonia.

Coincidente este fenómeno natural con el surgimiento de la imponente Cordillera de los Andes, fueron la misma erosión del viento y el agua las que volvieron a sacarlos a la superficie.

Algunos de estos húmedos y frondosos bosques de centenarias araucarias y pehuenes, convertidos en duras rocas por los minerales que los cubrieron, fueron habitados por comunidades aborígenes que los utilizaron como talleres para elaborar objetos en piedra. Otros resultaron afectados, incluso, por el paso de vehículos destinados a la actividad petrolera.

Lo cierto es que los restos fósiles que se exhiben al visitante -al aire libre o en museos- llegan a medir hasta 35 metros de largo por tres de diámetro, considerados entre los más grandes que se conocen en el mundo.     

Una belleza santacruceña

Uno de los más importantes que se puede visitar al sur del país, fue declarado Monumento Natural en el año 1954. Se trata del Bosque Jaramillo, situado al noreste de la provincia de la provincia de Santa Cruz, en el Departamento de Puerto Deseado.

Distante unos 100 kilómetros del poblado más cercano, abarca 13.700 hectáreas protegidas, que la Administración de Parques Nacionales busca extender a 60 mil mediante la adquisición de las estancias linderas.

Un área que supo tener un clima estable de gran humedad, cuyos enormes árboles fueron cubiertos por cenizas que derivaron en este proceso de petrificación. Con un relieve ondulado, circundado por altas mesetas, invita a realizar salidas de trecking hacia el Cerro Madre e Hija, de apenas 400 metros de altitud. En el sector más bajo, también suele verse la laguna Grande, dependiendo de las lluvias caídas en la región.

Considerado único en el mundo, el Bosque Jaramillo resistió a la fuerza de ríos y glaciares, siendo los ejemplares ya antes de la petrificación de alrededor de mil años. Y por las actuales condiciones de aridez, la vegetación es más bien rala y achaparrada. Se pueden observar en el camino algunas cactáceas de grandes flores anaranjadas, y más alejados molles, duraznillos y calafates.

Bajo temperaturas que en verano alcanzan los 40 grados, la fauna se compone de grupos de guanacos, algunos zorros grises que se divisan a la distancia, variedad de aves y coloridas lagartijas. Como asiento de cazadores y recolectores, también evidencia entre sus riquezas antiguos picaderos y canteras de los que se extraía materia prima.

Además de un centro de información, fue erigido allí un pequeño museo. Y si bien posee áreas de acampe, es importante llevar alimentos y bebidas. Recién a 20 kilómetros existe un camping privado sobre el camino de acceso.

Para llegar desde Buenos Aires, la vía de conexión es la Ruta Nacional 3 hasta llegar a unos 150 kilómetros al sur de Caleta Olivia, donde es preciso ingresar en la Ruta Provicncial 49 y transitar poco más de una hora de ripio, hasta llegar a la Seccional de Guardaparques del Monumento. El ingreso es gratuito y permanece abierto durante todo el año, entre las 9 y las 20 horas.

Entre picos y glaciares

A escasos kilómetros de la ciudad de El Calafate, el destino por excelencia para llegar hasta el Parque Nacional Los Glaciares y el magnífico Perito Moreno, también se erige otro de los bosques petrificados argentinos, más conocido como La Leona. Es una excursión de día completo sobre la mística Ruta Nacional 40, donde diferentes agencias ofrecen largas caminatas entre los enormes árboles de piedra desde 129 dólares.

Muy cercano a los cristalinos lagos Argentino y Viedma, los corrientosos ríos Leona y Santa Cruz, y una impactante panorámica de los cerros Fitz Roy y Torre, se incluye una vista al casco histórico de una centenaria estancia donde también es posible encontrar los restos fósiles de distintos tipos de dinosaurios. Un área de casi 800 hectáreas, en la que se evidencia una superficie de particular característica lunar.

Tesoros chubutenses

Más al norte, otro de los bosques petrificados más importantes del país es el José Ormachea, situado a unos 25 kilómetros de la localidad de Sarmiento, en la provincia de Chubut.

Un lugar único, que en la década del '60 sufrió una fuerte depredación por la actividad de varias compañías petroleras que trabajaban en la región. Distante 165 kilómetros al este de Comodoro Rivadavia, el acceso se realiza por la Ruta Provincial 26, donde se encuentra un camino totalmente señalizado y una oficina de Guardafaunas.

En el otro extremo, también es posible visitar el Bosque Petrificado Florentino Ameghino, una muestra ineludible de la vegetación que fue arrasada por el mar hace ya unos 58 millones de años.

Con ejemplares que alcanzan los 22 metros de largo, es una de las excursiones más recomendadas cuando se visita Trelew, situado sobre la Ruta Nacional 25 y el valle inferior del río Chubut.

Cercanos a la Cordillera

Las últimas dos paradas ideales para recorrer este circuito temático que transporta al viajero a miles de años atrás, son el Bosque Petrificado de Valcheta, en la provincia de Río Negro, y el Bosque Petrificado Llano Blanco, en la provincia de Mendoza. Ambos protagonistas de ramas y frutos intactos pertenecientes a estos ancestrales árboles fosilizados.

El primero de ellos, es el más importante del norte de la Patagonia, y se ubica en cercanías del pueblo que lleva ese mismo nombre en la denominada Línea Sur, por la que pasa el legendario Tren Patagónico que sale de Bariloche. Un espacio donde también es posible encontrar un museo con huevos de dinosaurios que se exponen en lo que fue la primera usina de la urbe.

El Bosque Petrificado Llano Blanco se sitúa en cercanías a la Caverna de las Brujas y en las afueras de la localidad de Bardas Blancas, a poco más de una hora de Malargüe. Una extensa región de viejas araucarias que se desarrolla en el interior de una propiedad privada.

 

Un siglo del montaje del dinosaurio Diplodocus carnegii en el Museo de La Plata, Argentina.

Por Mariano Magnussen Saffer. Director de Grupo Paleo y Presidente de la Asociación de Amigos del Museo Municipal Punta Hermengo. marianomagnussen@yahoo.com.ar. Magnussen Saffer, Mariano (2012). Un siglo del montaje del dinosaurio Diplodocus carnegii en el Museo de La Plata, Argentina. Paleo, Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año 10. 74: 28-33.    

Aunque su imponencia ha llevado a que varias generaciones de visitantes la identifiquen como un emblema del Museo de La Plata, no muchos conocen la curiosa historia del Diplodocus carnegii, la pieza que este año cumple un siglo de presencia.

Desde 1912 se exhibe en una sala del Museo de La Plata el regalo que el multimillonario norteamericano Andrew Carnegie le hizo al entonces presidente Roque Sáenz Peña. Se trata de un calco de la reconstrucción del enorme dinosaurio Diplodocus carnegii, cuya reconstrucción proviene de cinco especimenes hallados en Estados Unidos, del cual se pudo armar uno.

Su homenaje a Carnegie por su mecenazgo al Museo de Pittsburg y a la paleontología norteamericana. La réplica es similar a las que existen en varios museos de historia natural de Europa, pero es la única en América Latina. La donación puede entenderse como parte de la misión de paz que las instituciones creadas y mantenidas por Carnegie pretendían impulsar en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial.

El reptil fósil norteamericano llegaba a la Argentina para compartir las salas con los grandes mamíferos autóctonos que expresaban la riqueza fosilífera de esta parte del continente; en el Norte, en cambio, los hallazgos de las expediciones paleontológicas norteamericanas a las montañas Rocallosas, rivalizaban con los dinosaurios de Inglaterra y Europa continental.

Además de ser uno de los hombres más ricos de su tiempo, Carnegie era un importante mecenas de la investigación científica. De hecho fue él quien financió las campañas paleontológicas que permitieron hallar en las Rocallosas varios de los ejemplares de ese enorme saurópodo que iba a llevar su nombre.

La categoría de los Dinosauriae fue creada en 1841 por Richard Owen, el especialista inglés en anatomía comparada. Comprendía a reptiles de enorme tamaño, cuello y cola largos, y cráneo pequeño en comparación con el resto del cuerpo. El orden se conformaba con especimenes de formas extremadamente variadas que vivieron en el Mesozoico (245 a 66 millones de años).

Su distribución mundial quedó demostrada ya a principios del siglo XX, por los hallazgos en toda América, Madagascar, China, India, Africa oriental y Europa. Recordemos que los primeros restos fueron descubiertos a comienzos del siglo pasado en las capas del Jurásico (208 a 114 millones de años) y del Wealden (144 a 138 millones de años) ingleses y que las primeras descripciones las realizaron Buckland en 1824 y Mantell en 1825. A la gran tarea sistemática  de Richard Owen, deben sumarse las de Thomas Henry Huxley, John Phillips, Edward Cope y Othniel Marsh.

Othniel Marsh, profesor de la Universidad de Yale (EE.UU.), fue quien inventó el nombre de Diplodocus. El, gracias a la fortuna que le había legado su tío George Peabody, pudo costear sucesivas expediciones a las Rocallosas para buscar los preciados restos de dinosaurios. También creó en 1878 el género Diplodocus a partir de las vértebras de la cola y fragmentos de las patas que halló su equipo en los estratos del Jurásico del estado de Colorado (EE.UU.). 

Cuentan que Carnegie se encontraba en Escocia cuando recibió los primeros bocetos que le enviaban desde el museo de Pittsburgh para la reconstrucción que estaban por montar; y al ver esos dibujos el rey de Inglaterra, que se encontraba de visita, le encargó un Diplodocus para el Museo Británico. Así comenzó una serie de copias que llevarían a Carnegie a donar réplicas del esqueleto fósil a los museos de Berlín, París, Viena, Bologna, San Petersburgo y Madrid. La característica en común de todas las donaciones era que sólo se hacían como regalos a los primeros mandatarios de cada uno de los estados donde estaban los museos.

Desde 1906 el Museo de La Plata formaba parte de la nueva universidad nacional fundada por Joaquín V. González, y se había establecido contando con las colecciones con que en 1877 Francisco Moreno había creado el Museo Antropológico de la Provincia de Buenos Aires.

El volumen de las mismas no era suficiente para completar las salas del edificio monumental que se levantó en 1884 en la nueva capital provincial: las cartas de Moreno hablan a las claras de la premura con que tuvo que reunir los materiales para llenar esos enormes espacios que hacían parecer pequeños hasta los magníficos gliptodontes pampeanos.

Al observar las autoridades del Museo de La Plata la repercusión de aquellos regalos, surgió también en ellos el interés por contar con un Diplodocus, aunque los motivos que argumentaron al pedirlo parecían lejos del valor científico que se le atribuía a la pieza. Aún en la primera década del siglo XX había salas del Museo que estaban casi vacías por los pocos materiales de exhibición que tenía el edificio. Por eso en 1911 Lehmann-Nitsche, que era jefe de la sección de Antropología, inició las gestiones para recibir un Diplodocus diciendo que aquí había lugar de sobra para albergarlo.

Fue así que tras varios intentos, las gestiones tuvieron éxito y la donación se concretó siguiendo la misma formalidad que en el resto de los casos: como un regalo de Carnegie al entonces presidente Roque Sáenz Peña. La réplica llegó a la ciudad de La Plata a mediados de 1912 y dos técnicos del museo de Pitttsburgh que vinieron con ella tardaron poco más de un mes en montarla.

El acontecimiento fue celebrado con un multitudinario banquete en el Jockey Club. Durante la cena, en la que se sirvieron platos alusivos y se colocó como centros de mesas esculturas del Diplodocus similares a la que hoy se ve al pie de la réplica, uno de los oradores fue Joaquín V. González, fundador de la Universidad de La Plata, quien se refirió a la pieza como "un monumento a la convivencia pacífica entre los pueblos americanos".

Las memorias universitarias correspondientes al año 1912 destacan que para acomodar el Diplodocus hubo que modificar la disposición de la exhibición de la Sección Mineralógica que dirigía Walter Schiller, científico alemán contratado por la universidad; finalmente, se lo armó en la Sala III de plantas e invertebrados fósiles de la Sección Paleontología. Esta ubicación lo situaba en el espacio dedicado al Jurásico, pero sin respetar el orden natural que el museo pretendía reproducir en la disposición de las salas, ya que su gran tamaño no permitió acomodarlo junto con los congéneres locales.

La instalación duró aproximadamente un mes y pasó absolutamente inadvertida para los medios periodísticos; sólo Caras y Caretas envió un corresponsal a La Plata para conversar con el Dr. Holland, y publicó un artículo profusamente ilustrado con una nota autografiada donde el norteamericano expresaba su deseo de "reencarnar en este suelo". La ausencia de noticias sobre la llegada a La Plata del colosal dinosaurio no puede adjudicarse a la falta de interés por las ciencias naturales, tanto los diarios platenses como los porteños publicaban las novedades que ocurrían en los jardines zoológicos y los hallazgos de fósiles en distintas regiones del país.

Es notable que las crónicas periodísticas de los banquetes, sus menúes y el ceremonial académico, sean los únicos testimonios de la llegada al país de una copia del dinosaurio del Jurásico norteamericano. Ninguna de las revistas científicas argentinas se refirió al evento; sólo el Boletín de la Sociedad Argentina de Ciencias Naturales publicó una reseña del libro de Holland que comentaba su visita a los sitios de los hermanos Ameghino en la costa atlántica bonaerense y, como al pasar, mencionaba la instalación del Diplodocus. Holland, por su parte, regresó a Pittsburgh con ejemplares de milodontes, toxodontes y gliptodontes, los más preciados fósiles de la paleontología argentina con los que la Universidad de La Plata retribuyó el regalo de Carnegie.

A los pocos años, la permanencia pacífica del Diplodocus en las salas de paleontología del museo fue perturbada. En 1920 fueron desenterrados en Neuquén los restos de un dinosaurio que pasó a denominarse Antarctosaurus (recientemente fueron identificados como de Argentinosaurus) Los huesos de las patas medían más de dos metros, con lo que superaba en tamaño al Diplodocus y al Gigantosaurio africano: el "dinosaurio argentino" pasaba a ser el más grande de todos los tiempos y de toda la Tierra.

La Sección de Paleontología del Museo de La Plata aprovechó la estructura del dinosaurio norteamericano para montar al lado de sus patas traseras los dos fémures del Antarctosaurus, de manera tal que la imaginación del público pudiera concebir cuán grande debió haber sido el reptil local en comparación con su símil estadounidense. Este acto de orgullo nacional por poseer el dinosaurio más grande, hacía evidente la imposibilidad de reconstruir en la Argentina un modelo completo, no sólo por la falta de recursos técnicos, sino fundamentalmente por la desprotección económica en que se encontraba la investigación científica.

La reproducción en serie del Diplodocus carnegii fue posible gracias a un proceso de institucionalización de las ciencias que se fundaba en la estrecha alianza entre los organismos de investigación y el capital privado. En este sentido, la exaltación de la grandeza natural estadounidense era sólo una excusa para propagar por el mundo entero la gloria industrial del sueño americano. Las patas del Antarctosaurus, en cambio, daban al Diplodocus de La Plata la apariencia de un monstruo de seis patas: el dinosaurio argentino quedaba anclado en los sueños retóricos sobre la grandeza del pasado.

La Primera Guerra Mundial acabó con los sueños de paz y amistad internacional promovidos por la ciencia y, en consecuencia, en la posguerra se afianzaron definitivamente los principios de clausura y rivalidad entre las tradiciones científicas de cada país. Andrew Carnegie murió en 1919, cuando ya era evidente el fracaso de la misión de paz de su Diplodocus.

Recién en el año 2003, después de 91 años de su armado, fue desmontado Diplodocus carnegii en su totalidad para refaccionar la sala de exhibición y se le dio otra apariencia al gran esqueleto, un símbolo de la institución platense.

Hoy en dia el esqueleto se encuentra montado con un aspecto mas didactico, en una sala reacondicionada y moderna que da gusto de visitar. Anteriormente se hallaba exhibido en una sala lateral con recorrido semi-lunar.

El Diplodocus.

Es un género de dinosaurios saurópodos diplodócidos, que vivieron a finales del período Jurásico, hace aproximadamente 150 a 147 millones de años, en el Kimeridgiano y el Titoniano, en lo que hoy es Norteamérica. Los primeros fósiles fueron descubiertos en 1877 por S. W. Williston.

Vivió en lo que es hoy el oeste de Norteamérica durante el período Jurásico Superior. El Diplodocus es uno de los más comunes dinosaurios de la parte superior de la Formación Morrison, una secuencia de sedimentos marinos y aluvionales depositados alrededor de 150 a 147 millones de años atrás.

El Diplodocus está entre los dinosaurios más fácilmente identificables, con su forma clásica, cuello y cola larga y cuatro patas robustas. Durante muchos años, era el dinosaurio más largo conocido. Su gran tamaño pudo haber sido un impedimento a los depredadores Allosaurus y Ceratosaurus cuyos restos se han encontrado en los mismos estratos, lo que sugiere que coexistieron con el Diplodocus.

Bibliografía sugerida.

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Kohler, Robert e., 1991, Partners in Science. Foundations and Natural Scientist 1900-1945, The Chicago University Press, Chicago.

Magnussen Saffer, Mariano (2012). - Gigantes Herbívoros y Prehistóricos del Periodo Cretácico. Paleo, Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año 10. 65: 17-23.

Podgorny, Irina y Plöger, Tobías. (1999).  El largo viaje al Plata del Diplodocus carnegii, Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Asociación Ciencia Hoy.  Volumen 9 - Nº51.

Rudwick, Martin J.S., 1972, The meaning of Fossils: Episodes in the History of Paleontology, MacDonald. (Hay traducción española), Londres.

Rudwick, Martin J.S., 1992, Scenes from the deep time, The Chicago University Press, Chicago.

 

El stegomastonte que cojeaba.

Por Mariano Magnussen Saffer. Grupo Paleo. Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar. Fundación Argentavis. marianomagnussen@yahoo.com.ar. Tomado de; Magnussen Saffer, Mariano. 2015. El stegomastonte que cojeaba. Paleo Revista Argentina de Paleontología. Boletín Paleontológico. Año XIII. 134: 21-23.

La observación, interpretación y clasificación de distintos procesos paleopatológicos o alteraciones en la estructura ósea de un fósil permiten analizar la causa de muerte y otros múltiples factores que actuaron en el pasado. Éstos incluyen: condiciones antemortem, modo de vida, comportamientos grupales o individuales, condiciones paleoambientales y paleobiológicas, procesos postmortem y tafonómicos en su conjunto.

La Paleopatología es la disciplina científica que estudia las enfermedades padecidas por personas o animales en la antigüedad, a través de vestigios hallados en los huesos, restos orgánicos e inmediaciones donde se hallan dichos restos.

Recientemente, personal del Museo Municipal Punta Hermengo y de la Fundación Argentavis, dieron a conocer una tibia con patologías visibles atribuida al genero Stegomastodon, la cual, fue recuperada por el equipo técnico del Museo de Miramar en el año 1996 en sedimentos tentativamente asignables al Pleistoceno tardío (hace unos 50 mil años antes del presente del sitio “Las Vacas”, a 20 kilómetros al S.E de la ciudad de Miramar, y depositado en las colecciones de la mencionada institución.

El ejemplar se encontraba asociado a otros integrantes de la megafauna cuaternaria, entre ellos, los géneros: Macrauchenia, Toxodon, Lestodon, Hippidion y Stegomastodon, lo que permitió establecer tentativamente su antigüedad.

En América del Sur, los restos fósiles asignados a la familia Gomphotheriidae se registran desde el Pleistoceno medio hasta el Pleistoceno superior y se reconocen como dos géneros distintos, Cuvieronius y Stegomastodon

Para la región pampeana se reconocen dos especies del genero Stegomastodon, diferenciado en América del Norte, posiblemente desde el Plioceno temprano, que se extiende en ese subcontinente hasta el Pleistoceno temprano-medio. A nivel sudamericano, las revisiones llevadas sostienen la existencia de dos especies de este género: S. platensis y S. waringi.

La primera se reconoce por sus 'defensas rectas', que en su porción más anterior se curvan ligeramente y presentan esmalte; mientras que en la segunda se observa la ausencia de esmalte. La distribución de S. platensis es más austral que la de S. waringi, y alcanza al Uruguay, Paraguay, Brasil y gran parte de Argentina, donde tiene un biocrón que se extiende desde el Ensenadense hasta el Lujanense, es decir, desde el Pleistoceno temprano-Pleistoceno tardío-Holoceno ( 2 millones de años a 10 mil años antes del presente).

En la Argentina, sus restos han sido exhumados en la Provincia de Buenos Aires (donde se halla su límite más austral, a los 37°S), y en las provincias de Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe, Santiago del Estero y Corrientes. Se ha inferido para este taxón una marcada preferencia por climas de tipo templado cálido y hábitats de zonas abiertas o sabanas arboladas. Estos taxones habrían estado adaptados principalmente a ambientes templado cálidos de altura, alimentándose de especies vegetales arbustivas.

Asimismo, las enfermedades y los traumas se consideran también como factores que pueden afectar el desarrollo óptimo de estas poblaciones. Los marcadores de actividad se definen como cambios de la arquitectura interna y/o externa del hueso, que se desarrollan bajo condiciones de estrés continuado y prolongado derivado de la realización de actividades habituales. La información que aporta el estudio de estos marcadores se proyecta tanto a nivel individual como colectivo.

La tibia analizada presenta una serie de afecciones paleopatológicas y posibles cambios morfológicos de carácter funcional compatibles con mamíferos de gran porte. Se determinó la presencia de: 1) miositis osificante o un caso morfológicamente similar a exostosis muy desarrollada, 2) robustez de la entesis, provocando una cavidad ósea intermuscular, 3) osteoartritis y derivados en la región articular y 4) periostitis estriada a lo largo de la diáfisis

Se obtuvo la tibia de un individuo de Stegomastodon, no se lo ha podido relacionar con otros restos. EL material disponible brinda una serie de datos e información que fueron puestos en comparación con los antecedentes obtenidos sobre patologías ya citadas. La observación de procesos patológicos y otras alteraciones esqueléticas es una valiosa fuente de información dentro de la investigación.

El conjunto de afecciones óseas, limito el normal desplazamiento del individuo, con una sobrevida prolongada a la lesión inicial, sin descartar algún tipo de stress nutricional y/o  mecánico, sumado a enfermedades degenerativas articulares de leve a moderada evolución que afectaron particularmente a la pata del animal. Seguramente también se vieron afectadas otras articulaciones, como la cadera y la columna vertebral, sugiriendo potencialmente estas últimas afirmaciones por la ausencia de otros restos para examinar de este mismo individuo.

Luego de los estudios realizados, podemos proponer como hipótesis, que el individuo de Stegomastodonte, tuvo una importante lesión en partes blandas mucho tiempo antes a su muerte. Estos daños en el esqueleto muscular produjo como reacción defensiva, el desarrollo de cartílago y sobrehueso reemplazando las partes blandas ausente, como respuesta a una lesión inicial, provocada por el ataque de algún depredador o un accidente (en ambos casos acompañado por graves heridas, inflamación de la pata e infección).

Al curarse y sobrevivir con la ayuda de su manada, facilitándole comida y protegiendo al individuo herido y lesionado por largo tiempo de otros depredadores, supero la lesión, quedando como consecuencia de la misma la formación de miositis osificante, provocándole posibles cambios morfológicos de carácter funcional, es decir, la forma de apoyar la pata, la forma de caminar, o el tiempo de marcha, lo que provoco la presencia de otras enfermedades oportunistas, como la osteoartritis, originada por el mal apoyo del miembro posterior afectado, con lecciones repetitivas por su actividad diaria de desplazamiento, observado en amimales actuales y fósiles con gran peso.

A nuestro entender, es la primera descripción de este conjunto de enfermedades asociadas para grandes gonfoterios sudamericanos.

Bibliografía sugerida

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Cione, A.L.; Tonni, E.P. & Dondas, A. (2005). A mastodont (Mammalia, Gomphotheriidae) from the Argentinian continental shelf. Neues Jahrbuch fu.r Geologie und Paläontologie, Monatshefte, 2005: 614-630.

Cooper BJ, Valentine BA. 2002. Tumors of muscle. In: Meuten DJ, editor. Tumors in Domestic Animals. 4th ed. Ames, Iowa: Iowa State Press :319–363.  

Dominato, V.H. ; Mothe, D. ; Avilla, L. S. ; Bertoni-Machado,C. 2009. Ação de insetos em vértebras de Stegomastodon waringi (Mammalia, Gomphotheriidae) do Pleistoceno de Águas de Araxá, Minas Gerais, Brasil. Revista Brasileira de Paleontologia , v. 12(1), p. 77-82.

Dominato, V.H. ; Avilla, L. S. ; Silva, R.C. ; Pomar, D.  2010. Registro da ação de besouros necrófagos (Coleoptera: Dermestidae) em restos de Stegomastodon waringi (Gomphotheriidae: Mammalia) do Pleistoceno da Colômbia. In: VII Simpósio Brasileiro de Paleontologia de Vertebrados, Rio de Janeiro. Paleontologia em Destaque (Rio de Janeiro). Rio de Janeiro: Rafael Costa da Silva e Leonardo Santos Avillla, 2010. p. 85-85.

M. Magnussen Saffer, D. Boh y C. Estarli. 2015. Observaciones paleopatologicas y cambios morfológicos de carácter funcional en una tibia de Stegomastodon (Mammalia, Gomphotheriidae) en el Pleistoceno tardío del Partido de General Alvarado, Provincia de Buenos Aires, Argentina. XXIX Jornadas Argentinas de Paleontología de Vertebrados. Diamante, Entre Ríos. Mayo de 2015. Libro de Resúmenes.

 

 

El Yacimiento Paleoicnologico de Pehuen Có.

Fragmento del Articulo: Magnussen Saffer, Mariano (2005). El Yacimiento de Icnitas de Pehuen Co. Naturaleza Pampeana, pasado y presente. Publicación digitalizada del Museo Municipal Punta Hermengo. marianomagnussen@yahoo.com.ar

En la costa del suroeste bonaerense posee un abundante registro de pisadas antiguas y en Pehuencó se ha descubierto el yacimiento paleoicnológico [paleo=antiguo; icno= traza o huella; logos=ciencia] más importante de toda América.

Estas huellas representan a una comunidad de animales que vivió hace unos 12 mil años, en este continente. Además toda esa comunidad y las rocas que las contienen nos están contando una historia de un clima diferente, de animales que no viven más y de no hace tanto tiempo. Nos están advirtiendo de extinciones, de cambio de clima que nos pueden ayudan a la proyección de nuestro futuro. Hay grandes cambios climáticos, pero quienes estudiamos a las rocas ya lo sabemos. A veces para proyectar un pueblo cerca del mar, un camino, debemos tener en cuenta esa historia. No es solamente información, es supervivencia conocer nuestro pasado.

El yacimiento de huellas fósiles se prolonga a la largo de la costa por más de tres kilómetros, a la altura de la playa media y alta, entre Pehuen Co y Monte Hermoso. Pero además las capas de rocas, que forman como una escalinata que baja hacia el mar, se extienden hasta debajo del médano. Eso no da esperanzas de que algo se vaya a conservar para el futuro.

Las huellas se descubrieron en 1986 después de una gran marejada. Por momentos, el yacimiento permanece cubierto con arena y entonces la gente que pasa por el lugar no lo ve y provoca involuntariamente daños en las rocas que están debajo de la arena.

Después de un fuerte viento desde el mar se pueden destapar en diferentes sectores y es así como se descubren nuevas icnitas.

En estos momentos, se están haciendo campañas que incluyen investigación, tomas de moldes y de fotografías, y la obtención de la mayor cantidad de datos para que quede un registro para el futuro, sobre todo de lo que se va destruyendo no sólo por la acción humana sino porque se está elevando el nivel del mar. Como consecuencia de ello, en nuestras costas tan planas la erosión marina avanza tierra adentro, descubriendo nuevas capas con huellas y huesos.

Cuando quedan expuestas, las observamos minuciosamente, las fotografiamos y sí se justifica, hacemos moldes porque hay miles de pisadas.

Este sitio ha sido investigado por S. Aramayo y T. Manera de Bianco, quienes han registrado centenares de pisadas de mamíferos y aves del Pleistoceno superior entre 12.000 y 9000 años antes del presente a lo largo de más de 3 km de afloramientos. La fauna representada es notablemente variada y las pisadas son atribuibles, por una parte, a animales que se han extinguido: megaterios, milodontes, gliptodontes, camélidos de gran talla, macrauchenia, osos y mastodontes; por otra lado, a especies actuales como cérvidos, pumas, guanacos, un carnívoro semejante al aguará guazú, zorros, ñandúes, flamencos, perdices y aves acuáticas, semejantes a los que habitan en la actualidad.

Los sedimentos que contienen las pisadas están apoyados sobre depósitos de edad pleistocénica -hace más de 10.000 años- expuestos en la zona intermareal de la playa. La unidad que corresponde al Holoceno se inicia con capas esencialmente arcillosas de color gris claro, laminadas, con delgadas intercalaciones de arenas. Aquí es donde se observa la mayor densidad de pisadas. Por encima se disponen sucesivos bancos de arena, entre los que se intercalan delgadas láminas de arcillas. Es en estos contactos donde se han detectado las pisadas mejor preservadas, que son poco profundas y muchas conservan aún sus rellenos.

Sobre las icnitas se hicieron moldes en una parte ínfima del yacimiento, de las huellas de un perezoso gigante, posiblemente un Lestodon, que es diferente al megaterio. En el verano que pasó se hallaron las marcas del pelaje en las huellas grandes de megaterio. Hace unos años, 36 huellas seguidas de megaterio que tenían unos 90 centímetros cada una, conforman el pisadero mas largo y llamativo del yacimiento.

Hay huellas aisladas o rastrilladas enteras: un caminito dejado por un animal que fue circulando y que a veces desaparece. Aquí era un lugar donde se acumulaba agua dulce y en los bordes había barros. Entonces el animal caminaba desde un sitio seco hasta el agua.

Para que se conserve un registro paleoicnologico tan frágil como el de las pisadas de megamamiferos u otros vertebrados mas pequeños, deben darse una serie de eventos en un orden adecuado. En el caso estudiado, un ambiente de relativa quietud (de baja energía), como las aguas de una laguna costera, favoreció la preservación.

El orden de los eventos fue el siguiente:

1.- Debajo del agua se depositó una capa de grano fino que fue importante para registrar los detalles con mayor fidelidad.

2.- El sedimento de las márgenes, al quedar expuesto al aire, perdió parte del agua de los poros y adquirió cierta plasticidad, deformándose parcialmente con el peso de los caminantes.

3.- Luego de impresas las pisadas, el agua debió cubrirlas rápidamente pero con baja energía. Las huellas que se conservaron no quedaron expuestas por mucho tiempo, pues en caso contrario se hubieran borrado. De este modo, perduraron las más cercanas al borde de la laguna, y es lo que determina que los sitios con pisadas estén, casi siempre, en las márgenes de antiguos cuerpos de agua.

4.- Con posterioridad a su enterramiento, el depósito no sufrió grandes transformaciones hasta que fue erosionado por un agente "sutil" como el agua. En este caso, el mar al penetrar entre la huella y su relleno hizo que se separaran dejando a la vista la impronta. Sin embargo, en la medida en que la erosión marina actúa sobre los sedimentos con pisadas, las destruye. Al principio remueve el relleno y la marca de la pata queda a la vista; luego, como la acción abrasiva continúa, comienza a afectar la huella hasta que la borra totalmente. Este proceso es casi imposible de detener, pero en la medida en que el mar va erosionando algunas pisadas, deja otras tantas al descubierto.

Los moldes son importantes porque se obtiene un negativo en tres dimensiones de lo que está impreso en la roca. Ahora se guardarán en el Museo de Ciencias Naturales `Carlos Darwin` en forma de moldes, pero sirven para hacer réplicas (copiar lo que ahora está en la playa) y analizar un montón de detalles que se utilizan para el estudio.

Rastrillada de Megatherium.

El autor junto al cráneo de un Megaterio.

El material sintético que se emplea se llama caucho siliconado, que es muy caro, pero por suerte ahora las técnicas requieren de poca cantidad que se combina con un respaldo de poliuretano y resina con fibra de vidrio que hace base resistente para después tomar copias.

Todo conlleva a que necesitemos de buen tiempo, que no siempre se da. Se realiza una campaña de 10 días, en la cual se emplean algunos de ellos para tomar moldes. Pero cuando no se realizan, se llevan a cabo mediciones con GPS y teodolito para llevar hace un mapa del yacimiento. Y se toman muestras del sedimento para hacer diferentes estudios. Las huellas quedan fantásticas.

Ahora se encuentra un stock bastante importante de moldes, en el depósito del Museo de Punta Alta, realizando nuevas campañas para ir acrecentando la colección.

Fuentes: XVIII Jornadas Argentinas de Paleontología de Vertebrados. Bahía Blanca 2002. Museo Municipal de Ciencias Naturales Carlos Darwin. Fotografías de Daniel Boh.

 

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