PaleoArgentina Web. Hallaron restos de un Stegomastodonte. En un lago de Argentina hallan secretos para la vida en Marte. Recuperan restos juveniles de un Scelidotherium en Córdoba. Hallan fósiles del Pleistoceno en Entre Ríos. Nuevos restos de Sauropodos en el sur de Chubut.
 
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En un lago de Argentina hallan secretos para la vida en Marte.

 Publicado en Paleo. Año 8. Numero 49. Septiembre de 2010.

En un lago remoto, a 4.500 metros sobre el nivel del mar y con poco oxígeno en su hábitat, viven las "superbacterias". Son millones de organismos resistentes a condiciones extremas, descubiertos por un equipo de investigadores argentinos y con un alto potencial científico: podrían ayudar a revelar cómo comenzó la vida en la Tierra y cómo se podría sobrevivir en otros planetas.

El hallazgo ocurrió en el Lago Diamante, en la provincia del Catamarca, en el noroeste de Argentina. Un espejo de agua en medio de un gran cráter volcánico que –según los expertos- es el entorno más parecido que existe a la Tierra primitiva, de hace 3.400 millones de años. "Estas lagunas y las bacterias que sobreviven en ellas guardan el secreto de mecanismos de resistencia a condiciones extremas que pueden tener muchas aplicaciones biotecnológicas", explicó María Eugenia Farías, microbióloga del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) e integrante del equipo responsable del descubrimiento.

Y si las bacterias logran subsistir en este paisaje inhóspito, sugieren los investigadores, podrían sobrevivir también en un hábitat como el del planeta Marte. Esto forma parte de una ciencia muy nueva, llamada astrobiología y ocupada en investigar formas posibles de vida extraterrestre. Desde hace una década, Farías y su equipo se dedican a estudiar las lagunas andinas, ubicadas entre los 3.500 y los 4.600 metros sobre el nivel del mar. En la composición de sus aguas, muchas variables son extremas. En el lago Diamante, por ejemplo, la salinidad es cinco veces mayor a la del mar y el arsénico está 20.000 veces más concentrado que en aguas consideradas aptas para consumo humano.

Pero no sólo eso: la alcalinidad es altísima, hay muy baja presión de oxígeno y elevada radiación ultravioleta. Las variaciones de temperatura también son extremas, con oscilaciones de hasta 40 ºC entre el día y la noche. "Estas condiciones son muy parecidas a las de la Tierra primitiva donde no había una capa de ozono, y al planeta Marte, donde tampoco la hay. Se sabe que en el planeta Marte hay agua congelada o la hubo en otros momentos y en la Tierra primitiva también había agua, porque la vida se desarrolló desde el agua", señala Farías. Así, en plena Puna argentina, los científicos encontraron estos organismos formando los llamados "tapetes microbianos" o estromatolitos. Estas asociaciones microbianas de algas y bacterias son los primeros registros fósiles que se conocen, sólo que ahora han sido hallados vivos.

"Es como un fósil viviente: estamos encontrando el ecosistema más antiguo de la tierra, vivo y desarrollándose en las condiciones más parecidas posibles a esa Tierra primitiva", recalca la científica. Bacterias resistentes hay muchas, dicen los expertos. Al calor extremo, a la salinidad elevada, a la falta de agua. Lo particular de estas superbacterias es que son capaces de prosperar en entornos con múltiples condiciones extremas. De allí su nombre: poli-extremófilas. "Ahora queremos estudiar el ADN completo de todas estas comunidades de bacterias y estudiar los genes que les ayudan a vivir en estas condiciones. Esto nos puede contar mucho de nuestro pasado", señala la científica.

¿Y qué hay de la vida más allá de nuestro planeta? En teoría, para estudiar cómo sería la subsistencia de organismos en el llamado planeta rojo no hay mejor laboratorio que la Puna andina, con sus condiciones de extrema radiación ultravioleta, agua y oxígeno escasos y cambios drásticos de temperatura.

El hallazgo, único en el mundo, permite también anticipar otros usos para las bacterias poliextremófilas. Por ejemplo, la generación de biocombustibles.

 "Si se quiere usar algas para generar biocombustible, éstas pueden crecer en aguas con alto nivel de arsénico que no son usables para riego o para consumo humano, con lo cual no competirían en espacios donde se puedan producir otros cultivos, que es el gran problema de destinar superficies a cultivos de biocombustibles hoy: que podrían competir con el espacio que destinamos a cultivar alimentos", detalla Farías.

También tienen aplicaciones en procesos de "biorremediación", como se llama al uso de organismos vivos para recuperar ecosistemas dañados. Por caso, si se contamina una zona de alta salinidad o una porción de la Antártida, serían muy útiles las superbacterias capaces de resistir la salinidad o el frío extremos para restaurar esos hábitats. Hasta la industria farmacéutica podría beneficiarse: los mecanismos de resistencia que tienen estos organismos pueden servir para producir antioxidantes, antitumorales y hasta cremas con pantalla para la protección solar.

 

Recuperan restos juveniles de un Scelidotherium en Córdoba.

Publicado en Paleo. Año 8. Numero 49. Septiembre de 2010.

El director del Museo de Ciencias Naturales de Córdoba, Daniel Álvarez, y Carlos Luna, ambos paleontólogos de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Provincia, hallaron restos de un ejemplar juvenil de Scelidotherium, en Corralito, localidad ubicada a 150 kilómetros al sur de la ciudad de Córdoba.

Se trata de una especie de perezoso gigante que habitó la región pampeana hasta hace unos 10 mil años. Luna dijo que el mamífero medía unos 3,5 metros de largo, 1,60 metro de alto y llegó a pesar una tonelada.


"Era uno de los más pequeños perezosos gigantes que compartía el hábitat con el tigre diente de sable (Smilodon), el Gliptodonte, el Toxodon (un herbívoro parecido a un hipopótamo) y el Stegomastodon (elefantes fósiles), entre otros exponentes de la fauna prehistórica de esta región del planeta", agregó.

El investigador destacó que los restos encontrados hasta el momento (partes de patas y manos, escápula, costillas y vértebras) están "completamente articulados" y que el hecho de tratarse de un ejemplar juvenil convierten al hallazgo en un caso singular. "Todo indica que estaría el 80 por ciento de los huesos del esqueleto", precisó.

 

Hallan fósiles del Pleistoceno en Entre Ríos.

Publicado en Paleo. Año 8. Numero 49. Septiembre de 2010.

Restos fósiles de animales  prehistóricos, uno de los cuales pertenecería a un gliptodonte, fueron encontrados en las márgenes del Arroyo Feliciano, en el departamento entrerriano de Federal.

Los restos fueron hallados por investigadores del Museo  Municipal de Conscripto Bernardi en una zona ubicada en las  márgenes del Arroyo Feliciano, en el departamento Federal, a casi  200 kilómetros al noreste de la capital provincial. Fuentes del Museo informaron que el yacimiento, donde  se rescataron alrededor de 20 piezas, algunas de ellas de gran  porte, se encontró el último fin de semana, en una depresión  natural del terreno de más de 10 metros de profundidad.

El terreno se encuentra rodeado de grandes barrancas, donde  predominan bancos de arena, tosca blanca y peñascos de arenisca y  hay una tupida selva en galería, característica de la región, que  está surcada por arroyos de poco caudal, en una zona no inundable. Entre los fósiles de mayor valor hay una vértebra, una  costilla, algunas articulaciones y varios fragmentos, todos en  estado de petrificación. Según los estudios preliminares, parte de los restos  corresponderían a un gliptodonte, especie de armadillo gigante  perteneciente a la megafauna del lugar que se extinguió hace miles  de años.

Fuentes del Museo reconocieron que el rescate de las piezas  fue complicado, debido al declive de la profunda barranca, que los  obligó a trabajar en un desnivel de casi 45 grados.

Los investigadores encontraron también a unos 2.000 metros del  yacimiento otro reservorio paleontológico del que rescataron  alrededor de 15 piezas, algunas de gran porte, y todas en estado  de petrificación. Las autoridades del museo de Conscripto Bernardi se pusieron  en comunicación con técnicos del Museo de Ciencias Naturales y  Antropológicas de Paraná Antonio Serrano, para pedir el apoyo de  profesionales que puedan evaluar e identificar el material  rescatado.

 

Nuevos restos de Sauropodos en el sur de Chubut.

Publicado en Paleo. Año 8. Numero 49. Septiembre de 2010.

Un grupo de investigadores del Laboratorio de Paleovertebrados de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB) descubrió un dinosaurio en un yacimiento paleontológico cercano a Río Chico, al sur de Chubut.

Los especialistas estiman que los restos hallados corresponden al período próximo al momento de extinción de los dinosaurios, y aunque a priori suponen que sería un gran saurópodo, no descartan que podría tratarse de un nuevo género de estos enormes reptiles.

Gabriel Casal y Marcelo Luna fueron los encargados de la actividad de extensión que incluyó clases teóricas y prácticas con la visita a un yacimiento paleontológico en cercanías de Río Chico. La excavación contó con la colaboración tanto de personal de turismo del municipio de Sarmiento como de los guías turísticos que participaron del curso y dio lugar al hallazgo de las primeras vértebras de un animal herbívoro. “Tenemos algunos cuestionamientos, -dijo el geólogo Gabriel Casal- ya que todo el contenido fósil que hallemos en esta excavación será de suma importancia porque nos permitirá develar la edad de las rocas y en qué momento de la época de los dinosaurios nos encontramos.

Los restos de este gran dinosaurio se encuentran en niveles de la formación Bajo barreal, donde intuimos una edad de alrededor de 80 millones de años”.

“Creo -relató Marcelo Luna - que estamos muy próximos al momento de extinción de estos grandes reptiles que habitaron nuestro planeta. El sitio ya había sido explorado en 1893 por los hermanos Ameghino, con posterioridad una comisión de norteamericanos rescató algunos fósiles y luego de un tiempo sin que el lugar se explorara, en 1986, investigadores de Buenos Aires se acercaron al lugar. Ahora resulta de gran interés este sitio como parte del proyecto de investigación que se desarrolla en la Universidad ya que su fauna muestra vínculos paleo geográficos con America del Norte (Supercontinente de Laurasia)”.

El material que todavía se encuentra en el campo está compuesto por cinco vértebras caudales, cinco vértebras sacras articuladas y aproximadamente 6 vértebras dorsales articuladas; un hueso de la cadera, falanges y por lo que pudo observarse estarían los dos fémures. Es muy probable que aun haya más restos bajo las rocas. Se trataría de un gran saurópodo, dinosaurio herbívoro de cuello largo, de los más frecuentes de encontrar en esta zona, aunque podría corresponder a un género nuevo, cuestión que se develará con los estudios correspondientes.

“También estamos realizando estudios de tafonomía, es decir, la parte de la paleontología que estudia las condiciones de muerte y sepultamiento de los dinosaurios. Y se harán todos los estudios geológicos que nos permitan conocer el ambiente donde vivió este dinosaurio y los análisis para entender mejor el ecosistema y las condiciones de muerte de este animal” explican los científicos. Junto a estos restos, los paleontólogos hallaron los fósiles de otro animal, en apariencia más pequeño, que podría tratarse de un terópodo o un ornitópodo. Serían los restos de una extremidad posterior.

El personal de turismo del parque paleontológico de la ciudad de Sarmiento que participó en esta experiencia podrá narrar a los turistas todos los pormenores de esta salida de campo que significó el hallazgo de un nuevo dinosaurio, además de haber vivido durante tres días la rigurosidad del clima, y el manejo de las herramientas para la extracción de fósiles.

 

Hallaron restos de un Stegomastodonte en las

profundidades del océano Atlántico.

Publicado en Paleo. Año 4. Numero 20. Septiembre de 2006.

En una imaginaria diagonal entre Punta del Este y Punta Rasa, a más de 100 kilómetros de la costa bonaerense, un barco que pescaba con red de arrastre se topó con un extraño objeto que parecía ser una gran mandíbula. Tras una cuidada maniobra fue sacado a la superficie y posteriormente trasladado al Museo Municipal de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia de Mar del Plata. En la División Paleontología de Vertebrados del Museo de Ciencias Naturales de La Plata estudiaron de manera minuciosa las piezas. Destacaron el lugar donde se encontraron por dos razones: la gran profundidad y el sitio en sí, tan al sur del planeta.

Años más tarde, luego de un pormenorizado estudio, se arribó a una trascendente conclusión científica: ese extraño objeto (para los pescadores) era una mandíbula de una especie desconocida en la región del genero Stegomastodon. Pertenece a una especie que hasta ahora se creía que no había vivido tan al sur del continente

Lo más sorprendente es que este fósil fue hallado por un buque que realizaba pesca de profundidad con una red de arrastre en el océano Atlántico, a poco más de cien kilómetros de la costa bonaerense, dentro de la plataforma submarina argentina y a más de 45 metros de profundidad.

Cione y Tonni, dos estudiosos de los climas del pasado, explican que durante la época en que vivió ese mastodonte -conocida por los especialistas como Edad Lujanense- el nivel del mar llegó a ser unos 130 metros inferior al actual y los continentes ocupaban tierras que actualmente forman parte del lecho del Río de la Plata y del océano Atlántico.

La otra especie, que se había descubierto en Brasil, Venezuela, Ecuador, Perú y, posiblemente, Colombia, es Stegomastodon waringi, en homenaje a un investigador de apellido Waring, que descubrió restos de este mastodonte en Brasil. A esta última especie pertenece la rama mandibular hallada en el lecho oceánico de Argentina.

El fragmento de rama mandibular descripta por Cione, Tonni y Dondas, que mide 43 centímetros de largo, se encuentra en un buen estado de conservación. Este fragmento fósil incluye los dos molares que poseían estos animales en cada rama mandibular, el mayor de los cuales mide 20,5 centímetros de largo y 8,6 centímetros de ancho.  

En los ejemplares juveniles, las muelas de los mastodontes presentan dos series longitudinales de cúspides cónicas con forma de pezón -mastodonte significa diente con forma de mama-. En los ejemplares adultos, algunas de las cúspides poseen una superficie de desgaste con forma de trébol. Es justamente la forma de estas superficies lo que permitió a los paleontólogos asignar el fósil a la especie Stegomastodon waringi .

En cuanto a la antigüedad, si bien no se pudo datar por el método del carbono 14 debido a que no contenía colágeno (la proteína que se extrae de los huesos fosilizados para su fechado), para Cione y Tonni tendría entre 8000 y 18.000 años. Esto se infiere a partir del hecho de que durante el máximo de la última glaciación (hace aproximadamente 18.000 años) el nivel del mar descendió más de 100 metros, mientras que el fósil fue recuperado a algo más de 45 metros de profundidad, lo cual indica un momento posterior al último máximo glacial y anterior al de la extinción de los grandes mamíferos del Pleistoceno, que ocurrió hace unos 8000 años.

Antes del hallazgo de la rama mandibular se habían descubierto molares de mastodontes en el área pampeana con características propias de la especie Stegomastodon waringi que, para Cione y Tonni, se asignaron incorrectamente a Stegomastodon platensis.

La dispersión de los mastodontes de la especie Stegomastodon waringi hacia el Sur podría haberse debido a cambios climáticos. Algo similar habría ocurrido con un armadillo gigante de Brasil, Holmesina paulacoutoi , que también se registra en el norte de la provincia de Buenos Aires y en el sur de Entre Ríos en tiempos correspondientes a un período interglacial, con condiciones climáticas similares a las actuales.

Tonni apunta Hoy que el “el material es muy completo, lo que permitió realizar el estudio y arribar a diversas conclusiones”, que fueron terminadas hace menos de un mes. El “material” es esa mandíbula, que en los próximos días será devuelta al museo marplatense.  La misma le servía al mastodonte para alimentarse de brotes tiernos de los árboles y de diversos vegetales. “Eran fundamentalmente animales pastadores”, agrega el jefe interino de la División Paleontología de Vertebrados, egresado de la Facultad de Ciencias Naturales platense en 1969.

Según este profesional, que además es miembro de la carrera de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) y profesor de la unidad académica, “rastros de la mandíbula indican que estuvo expuesta a la intemperie y que luego fue sepultada por el nivel creciente del mar”.

El fragmento fósil incluye los dos molares que poseían estos animales en cada rama mandibular, el mayor de los cuales mide 20,5 centímetros de largo y 8,6 centímetros de ancho. La pieza en su conjunto es de unos 43 centímetros.

Fuentes: Por Ricardo Pasquali para La Nació. Fotografía de Pascuali y Tonni. Ilustración del PaleoArtista Daniel Boh agregada por Grupo Paleo.

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