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A una década del robo de fósiles en el Museo Punta Hermengo.

Publicado en Paleo. Año 10. Numero 73. Julio de 2012.

Escribe Mariano Magnussen Saffer - Se cumplen diez años de un lamentable hecho ocurrido en la ciudad de Miramar, provincia de Buenos Aires, el 3 de agosto de 2002, cuando sujetos ignorados ingresaron en horas de la noche o madrugada y sustrajeron selectivamente piezas paleontológicas. Mas allá de la búsqueda en Internet de la pieza fundamental, como era el cráneo de un Arctotherium, en el mercado negro internacional de bienes culturales no fue ubicado el ejemplar de oso prehistórico de las pampas, como ninguna de las otras piezas robadas esa noche.

La difusión realizada en medios nacionales por la entonces Asociación de Amigos, el levantamiento de huellas dactilares de los responsables del hecho y la participación de INTERPOL en la investigación, nos hace dudar de la posible recuperación del material paleontológico, pero en tiempos en que la justicia no alcanza al grueso de la población en los temas mas variados, nos vemos en la penosa necesidad de pedir, que también la justicia llegue algún día a los responsables de destruir parte del patrimonio de los miramarenses y del pueblo argentino en su conjunto.

Al momento del robo, no se tenia un registro fotográfico de los elementos faltantes y que se encontraban en su totalidad exhibidos en la sala de paleontología del área de ciencias naturales del museo, pues los bajos recursos muy comunes en las instituciones del interior del país y la ausencia total de la tecnología digital que hoy nos acompaña, no se pudo publicar el catalogo de los faltantes, pero si, de la pieza fundamental de la institución y nuestro orgullo, como lo fue el cráneo del Arctotherium, del cual, suponemos que fue destruido, ya que no creemos que nadie hubiese comprado el cráneo en mercado negro por la exposición mediática que tubo la causa, como así también, para que los autores no sean incriminados en forma directa por tener conservados algunos de los elementos faltantes. La única esperanza que tenemos las de bien y quienes se dedican por buscar, cuidar, exhibir y difundir nuestro patrimonio natural, es que algún día se llegue a la verdad y que los responsables sean identificados, ya que las posibilidades y las muestras comparativas están resguardadas esperando un sospechoso directo para ser comparadas.

Por ahora, no hay ningún sospechoso directo. Primero se pensó en personas locales o regionales que podían haber creído en la facilidad de vender fósiles en el mercado negro.

Luego vino la hipótesis de lo profesional del robo, la selección de piezas de cierto interés hace pensar en una banda de traficantes de bienes culturales, que ingresaron con datos precisos y no se tomaron el tiempo de borrar pruebas o desviar la investigación, lo cual, también plantea si eran tan profesionales como parecía, o solo fue un robo por encargo.

Desde el punto de vista político, poco, nada. Solo se abrió un expediente al titular del museo (2002), y no por el robo, no por la falta de seguridad, no para explicar de qué manera sucedió todo, no por la preocupación de la perdida patrimonial, sino todo lo contrario, el expediente era para saber quien había comunicado a los medios nacionales del suceso, sobre todo al Diario La Nación, el primero de publicar la información mientras las autoridades ignoraban el tema. Después siguió todo igual. Bochornoso.

Habría que recordar, que posteriormente a este hecho, se sumaron otros robos en distintos museos del país, incluyendo objetos personales de Manuel Belgrano, sustraídos del museo de la Casa Rosada, o el robo a mano armado de huevos y fósiles de dinosaurios en el museo de Cipoletti. A continuación, una crónica de lo publicado en el Semanario El Sol de Miramar, días después del robo.

Durante el primer fin de semana de Agosto de 2002, la comunidad y parte de turistas que visitaban la ciudad en vacaciones de invierno, se despertaron con una desagradable noticia, que daba a conocer un hecho delictivo en el Museo local, el cual se encuentra ubicado en el centro del bosque del Vivero Municipal “Florentino Ameghino” de 502 hectáreas.

En horas de la madrugada, el edificio que alberga al área de ciencias naturales del Museo Municipal Punta Hermengo de la ciudad balnearia, ubicada a unos 35 kilómetros al sur de Mar del Plata, autores ignorados previo a forzar una reja, una ventana frontal y dos puertas internas, sustrajeron numerosos restos fósiles y otros artefactos de trabajo que se encontraban en la oficina de la institución, afirmo su titular, el Museólogo Daniel Boh, quien radico la denuncia en la comisaría local.

Los autores del hecho no intentaron llevarse computadoras ni otros objetos de valor que hay en el edificio, como artefactos históricos de bronce entre otros, lo que lleva a suponer que iban detrás de un objetivo definido como son las piezas paleontológicas, cuyo valor aún no fue cuantificado y fueron sustraídas de la sala de exhibición con previo conocimiento, ya que los delincuentes seleccionaron objetos dispuestos en vitrinas distantes y en ningunos de los casos se llevaron las copias de fósiles realizados en yeso y plástico.

Los restos que fueron sustraídos del Museo Municipal carecen de valor económico, ya que nuestro país prohíbe la venta de fósiles y su trafico es casi inexistente, por lo cual, es imposible de vender en el comercio negro de vestigios paleontológicos, además de que algunos de ellos se encuentran catalogados y publicados en revistas especializadas. La lista de faltantes se encuentra engrosada por él magnifico cráneo de un “Arctotherium”, un oso prehistórico hallado en 1988 en las inmediaciones de Mar del Sud y que conformaba la pieza central de la muestra de la presente sección del Museo local.

Un canino de un “Smilodon populator” conocido vulgarmente como tigre dientes de sable. Un cráneo de “Eutatus”, una especie de armadillo antiguo de gran tamaño.

Otras piezas de menor valor la conforman una serie de tubos caudales (colas) de los gigantescos armadillos conocidos como Gliptodontes hallados en los afloramientos geológicos de la ciudad, un cráneo semi-completo de “Platygonus”, un antecesor de los actuales pecaries, el cráneo de un “Psiloterus”, un ave de gran tamaño, carnívora y corredora, los cuales, fueron abandonados en el predio de la institución luego que se rompieran por su fragilidad en numerosos fragmentos.

También faltaron dos improntas de peces Teleósteos procedentes del Cretácico de la formación Santa Ana de Brasil, como así también, improntas de cangrejos patagónicos e invertebrados más comunes del sur de nuestro país.

Las autoridades policiales que se hicieron presentes en el lugar tras realizar un minucioso trabajo pericial, lograron recolectar evidencias que podrían llevar a los autores del hecho. La hipótesis del robo se encuentra orientado a posibles traficantes de vestigios naturales o un robo por encargo, ya que una de las piezas era muy conocida por distintos medios de comunicación.

Otra hipótesis sostiene que los autores del terrible episodio que sorprendió a esta pequeña localidad, confundieron el valor científico de los especimenes sustraídos por el valor económico. En las primeras horas del hecho, personal de la institución como de la Asociación de Amigos del Museo, dedicaron su tiempo a difundir rápidamente por Internet el episodio para desalentar posibles compradores y lograr su sustitución a la entidad local.

En la actualidad, los funcionarios municipales, se encuentran en un avanzado proyecto de mejoría de las instalaciones para el Museo Municipal Punta Hermengo, debido a su potencial científico, turístico y cultural para la región.

Si desea aportar información comuníquese con INTERPOL Argentina.

 


Visita de importante científico al Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar.

Publicado en Paleo. Año 10. Numero 72. Julio de 2012.

El director del Museo Municipal “Punta Hermengo” de Miramar, Daniel Boh recibió la visita del prestigioso paleontólogo Dr. Alfredo Zurita.

Zurita es científico del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL) y del CONICET, siendo su especialidad el estudio de los Gliptodontes, aquellos gigantescos armadillos de los cuales es común hallar las placas de sus caparazones en nuestras costas.  Su visita tuvo como motivo el conocimiento de diversos restos de estos animales que se encuentran depositados en nuestro museo y el interés por realizar algunos estudios en los mismos.

Cabe destacar que Alfredo ha recorrido el continente sudamericano para recopilar todos los hallazgos de estos animales en un gran esfuerzo por documentar todos los datos que se tienen hasta ahora. De este modo ha realizado comparaciones en las adaptaciones al medio ambiente, distribución, migraciones, diversidad, estructuras óseas y otros aspectos relevantes.

Si bien los restos de Gliptodontes son comunes en nuestro distrito, su biología es aún poco conocida. Posiblemente sean de los animales más extraordinarios que existieron en la historia de la tierra, puesto que su aspecto y probable comportamiento ya no es posible de ver en animales actuales, especialmente por ser tan acorazados como un tanque con patas.

Sus colas, que en ciertas especies poseían una gran maza en la punta de las mismas, similares a gigantescos garrotes,  aparentemente se usaban para agredirse entre ellos en el período de celo y para defenderse de los predadores. También sus cráneos son extraordinarias muestras de adaptación al medio y a su alimento, compuesto principalmente de pastos.

Hoy en día, el Museo Municipal tiene en exhibición una gran caparazón y también hay dos más esperando a ser preparadas, además de partes de colas de diversas especies, halladas en la región.

Debemos recordar también que hace unos meses también se recibió a un especialista del mismo instituto, el Lic. Ángel Miño Boilini, quien estudia los perezosos gigantes fósiles, de los cuales el museo posee varias e interesantes piezas, que sirvieron para completar sus investigaciones.

Mas info www.museodemiramar.com.ar

 


Concentración de fósiles del Cretácico patagónico en Rincón.

 Publicado en Paleo. Año 10. Numero 72. Julio de 2012.

Fueron encontrados en Puerto Narambuena. Tendrían entre 80 y 83 millones de años de antigüedad.

Por primera vez en la historia del Museo Paleontológico Argentino Urquiza se encontraron restos fósiles de dientes de peces prehistóricos. Fueron extraídos en cercanías de una antigua locación petrolera, en una zona conocida como Puesto Narambuena.

El hallazgo se produce a raíz de una denuncia de un trabajador petrolero, quien se presentó en el museo con algunos dientes de dinosaurios carnívoros, lo que provocó que el equipo paleontológico integrado por el paleontólogo Leonardo Filippi y los técnicos Carlos Fuentes y Salvador Palomo, se acercara para chequear y verificar la denuncia recibida. En diálogo con La Mañana de Neuquén, el director del Mueso, el paleontólogo Leonardo Filippi, aseguró que “fue muy grande la sorpresa cuando dimos con el lugar por la gran cantidad de material que encontramos” y destacó que “detectamos un registro de dientes de peces que para Rincón no habíamos encontrado todavía”.

Además detalló que “logramos extraer unas 100 piezas dentales de dinosaurios carnívoros, saurópodos, dientes de cocodrilos, dientes de peces, restos de bivalvos, de invertebrados, restos vegetales, placas de tortugas, o sea, que nos está indicando que se trataba de un área de asociación de fauna y flora bastante importante”. El paleontólogo señaló que “algunos dientes están muy bien preservados, otros son fragmentos, pero encontramos abundante material que vamos a comenzar a estudiar”.

Añadió que ahora esperarán que la erosión del viento y la lluvia "actúen un poco más como para ir a recolectar nuevos materiales”. De todos modos, manifestó que “el material recolectado es bastante significativo y lo que queda es comenzar a estudiar para ver qué tipo de dinosaurios carnívoros hay, qué tipo de cocodrilos y ver bien los dientes de los peces para establecer a qué tipo de peces podrían pertenecer”. El lugar del hallazgo se encuentra a unos 20 kilómetros de la ciudad de Rincón, en un lugar conocido como Puesto Narambuena y corresponde a un área ubicada dentro del ejido urbano municipal, lo que facilita las tareas de expedición.

Si bien las precisiones del lugar se mantienen en reserva para evitar que el material sea extraído indiscriminadamente, Filippi, aseguró que “a priori podríamos decir que antiguamente estaría ubicado en cercanías de algún río o laguna, por la presencia de peces e invertebrados de agua dulce, los que podrían haber sido arrastrados por alguna corriente de agua y amontonados en esa área”.

Finalmente, resaltó la actitud de la persona que realizó la denuncia del hallazgo en el Museo y manifestó que “lo más importante es que gracias a esta denuncia encontramos materiales que no había registro para el museo de Rincón”.

Los fósiles encontrados se corresponderían con la etapa del Cretácico Superior, con una data de aproximadamente entre 80 y 83 millones de años, estimó el profesional.

 


Leyesaurus marayensis, una nueva especie de dinosaurio del Jurásico inferior de San Juan.

 Publicado en Paleo. Año 10. Numero 72. Julio de 2012.

Don Benito Leyes, un humilde habitante del poblado sanjuanino de Balde de Leyes, cercano al santuario de la Difunta Correa y distante 192 kilómetros de la capital, ya eternizó su nombre para la ciencia. Tras descubrir restos fósiles en la zona y dar aviso, paleontólogos del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) comprobaron que se trataba de una especie de dinosaurio, de largas vértebras, no descripta con anterioridad. Y lo bautizaron en su honor como Leyesaurus marayensis.

El espécimen pertenece al grupo de los sauropodomorfos, herbívoros que vivieron durante 160 millones de años y podían alcanzar un tamaño descomunal, y presenta varias características que lo distinguen de otros dinosaurios relacionados: por ejemplo, dientes aserrados especializados para cortar fibras vegetales, inusualmente abultados, y vértebras del cuello extremadamente largas. “Es un nuevo dinosaurio basal del grupo al que pertenecieron  los gigantes saurópodos, unos dinosaurios que llegaron a pesar casi 100 toneladas”, describió Cecilia Apaldetti, doctora de Paleontología de la UNSJ.

La especialista sostuvo que el hallazgo grafica la gran diversidad que habían alcanzado los sauropodomorfos hace 200 millones de años.

En este caso particular, la familia de los masospondílidos, a los que pertenece Leyesaurus marayensis, eran cuadrúpedos de dos a cinco metros de largo con amplia distribución en casi toda Pangea (la masa de tierra existente cuando todos los continentes estaban unidos). Los masospondílidos habitaron lo que hoy se conoce como Argentina, Sudáfrica, la India, Antártida y China.

El descubrimiento también ayuda a enriquecer el paisaje paleontológico de San Juan. “La mayoría de los dinosaurios hallados en la provincia provienen de Ischigualasto (Valle de la Luna), por lo que Balde de Leyes sería una nueva localidad fosilífera de la provincia”, afirmó Apaldetti, quien fue la autora principal de la investigación revelada en la revista científica PLoS One.

Asimismo, la nueva especie sirve para datar con más propiedad la formación Quebrada del Barro donde se encontraron los huesos fósiles. Aunque se consideraba que era triásica, es decir, que tenía una edad de 230 millones de años, ahora los paleontólogos propusieron que es más joven: del Jurásico inferior, hace “apenas” 200 millones de años atrás.

En el estudio también participaron los doctores  Ricardo Martínez y Oscar Alcober del Museo de Ciencias  Naturales de la UNSJ y el doctor Diego Pol, investigador del Conicet en el Museo Egidio Feruglio de Trelew, Chubut.

 


Lorosuchus nodosus, un primitivo cocodrilo del Paleoceno de Tucumán.

  Publicado en Paleo. Año 10. Numero 71. Julio de 2012.

Lorosuchus es un género extinto de mesoeucrocodilio sebécido conocido de la provincia de Tucumán en el noroeste de Argentina. Lorosuchus es conocido a partir del holotipo PVL 6219, un cráneo casi completo articulado hallado con la mandíbula inferior restos fragmentarios del esqueleto. Fue recolectado en el extremo sur del Alto de Medina, cerca del Lago El Cadillal en la Formación Río Loro, que data de las edades del Tanetiano o Selandiano entre mediados a finales del Paleoceno, hace entre 55.8 a 61.7 millones de años.

Lorosuchus se caracteriza por una combinación única de características, incluyendo cinco autapomorfias como un borde narial elevado y la presencia de una cresta sobre los márgenes anteromediales de ambos premaxilares. filogenéticamente, Lorosuchus es reconocido actualmente como el sebécido más basal conocido. Lorosuchus fue nombrado por Diego Pol y Jaime E. Powell en 2011 y la especie tipo es Lorosuchus nodosus.

El nombre del género se deriva de Loro en referencia a la formación Río Loro e la cual se halló a Lorosuchus, y suchus, es una forma latinizada del término griego souchos, a su vez derivado del dios egipcio Sobek. El nombre de la especie se debe a la ornamentación particular de la superficie dorsal del cráneo, a cual se parece a la del arcosauriforme basal Proterochampsa con el que no estaba cercanamente relacionado.

 


Animales extintos, ¿el regreso de los muertos vivos?.

Publicado en Paleo. Año 10. Numero 71. Julio de 2012.

Aseguran que podrían revivirse, en un futuro, a partir de sus restos de ADN. La ciencia ya ha secuenciado parte del genoma de especies desaparecidas hace cientos y miles de años.

El tema pasó de ser una utopía a una fantasía poco probable, para convertirse finalmente en una incógnita a futuro que cautiva a la comunidad científica mundial. La posibilidad de regenerar especies extintas a partir de sus restos de ADN surge de manera natural como una consecuencia de los avances en ingeniería genética.

La realidad actual muestra que se ha logrado secuenciar el genoma de muchas especies vivas y parte de algunas desaparecidas –como el mamut-, incluido el hombre de Neanderthal, homínido que vivió hasta hace 28 mil años atrás. Estos hechos despiertan en la humanidad una imaginación ilimitada, y los científicos son la fuente más acertada para hacer conjeturas.

“Es una posibilidad perfectamente factible en el largo plazo, dado que las limitaciones que existen son técnicas y, eventualmente, se resolverán”, opina el biólogo y genetista Rolando Rivera Pomar, investigador del CONICET y director del Centro Regional de Estudios Genómicos (CREG). En ese sentido, agrega: “Hoy no existe un método para clonar organismos complejos a partir del ADN; sí se hace con células vivas, y aún así es bastante ineficiente. Otra dificultad es que los restos hallados no están en buen estado de conservación”. De acuerdo al especialista, si se resolviera el primer inconveniente, sería necesario aplicar técnicas de la biología sintética, es decir, producir químicamente el ADN completo, algo que se ha hecho con bacterias.

“Pero sintetizarlo a partir de la información obtenida es algo en este momento parcialmente factible y muy costoso”, apunta.Desde el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, el paleontólogo Leopoldo Soibelzon, investigador de CONICET, coincide en la imposibilidad de recuperar cadenas de ADN completas en especies extintas, teniendo en cuenta que la mayoría de ellas tienen 10 mil años de antigüedad. “Ahora bien, si hablamos de animales desaparecidos en los últimos 200 años, creo que en un futuro próximo podrían obtenerse cadenas de ADN que permitieran su clonación”, opinó.

Su colega Eduardo Tonni, Jefe de la División Paleontología Vertebrados de la misma institución, explica que “desde un punto de vista teórico se ha especulado con intentar reconstruir cadenas insertando los eslabones recuperados de especies extintas en especies similares que viven actualmente. Es decir, no se reconstituiría la especie extinta en su totalidad sino un híbrido”. Así, por ejemplo, a la hora de considerar la posibilidad de devolver un mamut a la vida, el elefante sería el animal indicado para concretar la hazaña.

Un debate abierto

Ahora bien, a pesar de haber sorteado las barreras de lo irreal en un plazo de pocos años, la idea de regenerar especies extintas está impregnada de cuestionamientos éticos, que se presentan como un obstáculo más sólido que los propios impedimentos de orden tecnológico.

Si bien no ve razones por las cuales no experimentar en este terreno, Rivera Pomar subraya que “eso no debe suponer la liberación de las especies al ambiente, ya que casi todas han sido reemplazadas por otras dentro de cada ecosistema. Deberían ser tratadas como organismos genéticamente modificados”.

Por su parte, Soibelzon asegura no ver ningún sentido a la regeneración de especies. “La única utilidad sería poder observar por primera vez a un animal vivo que jamás vimos antes. Mucha gente argumentará que se podrían conocer aspectos de su biología que de otra manera no sería posible. Creo que detrás de esto hay algo más cercano a Jurassic Park; ¡imaginemos un zoo con mastodontes, glyptodontes y megaterios!”, dice apelando a la imaginación. En este punto, el investigador razonó que “como seres humanos, creo que no debamos ir en contra de la naturaleza, pues apenas conocemos sus reglas y menos aún las consecuencias de infringirlas”.

En la misma línea, Tonni opinó que “se estaría interfiriendo en el proceso evolutivo, habida cuenta que la extinción es parte sustancial de ese proceso. De cualquier forma, el hombre intervino e intervendrá en los procesos naturales y quizá esa intervención sea también parte del proceso natural que entronizó al hombre en lo más alto”. Yendo un poco más al fondo de la cuestión, señaló: “No estoy tan seguro de que la ética sea inmutable y no deba adaptarse a los cambios que el mismo hombre genera”.

“Si tuviéramos la capacidad (y la vamos a tener, sin duda) de sintetizar completamente el ADN de un hombre de Neanderthal y clonarlo usando un óvulo humano, ¿tendría derechos similares al Homo Sapiens? Si no tiene los mismos derechos por ser otra especie, ¿lo encerraríamos junto a la jaula de los chimpancés?”, se pregunta Rivera Pomar.

Como director del Centro Australiano de ADN Antiguo de la Universidad de Adelaide, el profesor Alan Cooper también aportó al debate, opinando que “es improbable que esto alguna vez suceda, por muchas razones, empezando por el costo.

Es completamente ridículo, siendo que estamos permitiendo la desaparición de miles de especies cada año por culpa de la deforestación. En esas situaciones el ecosistema está y puede ser preservado, mientras que los animales traídos del pasado estarían condenados a cadena perpetua en un zoo”, puntualizó.

Foto: Gentileza: Dr. Leopoldo Soibelzon y Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" (MACN) Por Mercedes Benialgo. Prensa Conicet. Dirección de Comunicación. prensa@conicet.gov.ar

 


Hallan restos de dinosaurio de 95 millones de años en Neuquén.

Publicado en Paleo. Año 10. Numero 70. Julio de 2012.

Corresponden a un ejemplar del Cretácico que fue encontrado el mes pasado cerca del Valle Medio a orillas del río Neuquén.

El director del Museo Provincial de Ciencias Naturales de esta ciudad, Alberto Garrido, confirmó el hallazgo de restos óseos articulados correspondiente a un dinosaurio Rebbachisaurio que se hallaría completo y también la de un Titanosaurio de un porte cercano a los 30 metros de largo en el marco de un recorrido por sitios de la provincia con afloramientos del Cretácico.

El primero es un ejemplar que data de unos 95 millones de años de antigüedad, de porte chico para el grupo de los saurópodos, que podría tener 10 metros de longitud. En tanto, el Titanosaurio, podría alcanzar una talla cercana a los 30 metros. Los restos fueron ubicados en abril en la Formación Candeleros cerca del Valle Medio a orillas del río Neuquén.

Garrido explicó que "lo interesante es que comenzamos a extraer el primero y se trataría de un Rebbachisaurio, un dinosaurio herbívoro primitivo, del grupo de los saurópodos y estaría completo, lo hallamos articulado y, si bien todavía no pudimos llegar al cráneo, es de suponer que se encuentra en el sector". Señaló que debido a lo inaccesible del terreno con resaltos de fuerte relieve, fueron extraídas solamente algunas partes del fósil y se continuarán los trabajos el año próximo. “Necesitamos diseñar una logística bastante grande para terminarlo de sacar porque el lugar donde se encuentra el dinosaurio es muy complicado. Se extrajeron sólo piezas chicas,” aseguró.

Respecto al Titanosaurio,  el especialista comentó que “tuvimos la suerte también dentro de esta campaña encontrar otro dinosaurio que desconocemos el porcentaje o cantidad de huesos que hay, pero lo que ya se vio es que las vértebras están perfectamente articuladas.

Esto en principio indicaría que hay un alto porcentaje de piezas del animal. Se trata de un Titanosaurio que también es un saurópodo pero más evolucionado que el anterior y de talla mucho más grande. Se trataría de un animal muy grande que fácilmente alcanzaría los 30 metros de longitud, pero este trabajo de extracción se iniciará dentro de dos años, una vez que terminemos con el anterior,” señaló.

La investigación permitió a los expertos localizar dentro de los Depósitos del Grupo Neuquén, dos dinosaurios más, pertenecientes también al cretácico, pero que en función de los tiempos y de la logística esperan extraerlos en un futuro próximo.

El grupo de investigación estuvo integrado por Garrido, Leonardo Salgado de la Universidad Nacional de Río Negro, José Ignacio Canudo de la Universidad de Zaragoza de España, Leandro Martínez de La Universidad Nacional de La Plata y José Luis Carballido del Museo de Trelew.

 


Hallaron en Chubut al dinosaurio carnívoro abelisáurido más antiguo que dominó en Sudamérica.

Publicado en Paleo. Año 10. Numero 70. Julio de 2012.

Su esqueleto casi completo, de más de 6 metros de largo, echó luz sobre los orígenes de los abelisáuridos, la familia de dinosaurios carnívoros bípedos que dominaron en el hemisferio sur durante el Cretácico y que, en base a este descubrimiento, se determinó que su origen se remonta al Jurásico.

El paleontólogo del Museo Egidio Feruglio (MEF) de Trelew, provincia de Chubut, Diego Pol, destacó que “es muy inusual encontrar un esqueleto tan completo, al que solo le falta una parte del cráneo y la mandíbula”.

Este espécimen supera por 50 millones de años la antigüedad a cualquier otro abelisáurido encontrado, por lo cual aportó datos claves sobre los orígenes de esta familia de dinosaurios carnívoros que dominaron en Sudamérica.

El doctor Pol explicó a la Agencia CTyS que “una de características típicas de estos dinosaurios bípedos es que tenían los brazos extremadamente cortos, aunque este individuo de 170 millones de años de antigüedad poseía unos brazos más extensos que los fósiles más recientes, por lo que nos indica cómo estos extremos se fueron atrofiando con el paso del tiempo”.

Los dinosaurios carnívoros más primitivos tenían grandes garras y se ayudaban de sus brazos para la depredación. Este abelisáurido, el más antiguo de los descubiertos, es un punto intermedio en el proceso evolutivo y sus manos ya eran insignificantes en comparación al tamaño de sus cuerpos. “Las falanges, es decir, los huesos que componían las manos de estos dinosaurios eran de un tamaño similar al de un caramelo masticable, y vale pensar que este individuo hallado medía más de seis metros, por lo que es claro que no podían disponer de sus manos para la predación”, explicó el investigador del CONICET.

Los restos fósiles fueron hallados en el centro de la provincia de Chubut, donde las rocas abren la ventana más importante que hay en Sudamérica hacia el período Jurásico.

Además de iluminar las teorías evolutivas sobre los dinosaurios carnívoros más importantes en Sudamérica, este trabajo publicado en la revista Proceedings of the Royal Society of London demuestra que existían cuando los continentes aun estaban unidos en el supercontinente Pangea.

Por ello, la cuestión es por qué durante los millones de años que duró la era Jurásica no emigraron los populares tiranosaurios rex hacia Sudamérica y por qué no se trasladaron los abelisáuridos hacia el hemisferio norte, cuando los mares rodeaban a un único bloque continental.

Al respecto, el investigador del MEF indicó que hay evidencias de que existía un gran desierto en la parte central de ese súper continente que pudo haber actuado como gran barrera climática y ambiental, para que no se produjeran intercambios entre los hemisferios y se desarrollaran faunas distintas en ellos. Es curioso que hubiera un gran desierto donde hoy se encuentra el Caribe y el mismísimo Amazonas. “Ocurre que al estar todos los continentes unidos, la dinámica climática global era completamente diferente, tanto por el desplazamiento de los vientos, de la humedad y por la lejanía a los mares en la zona central de ese gran bloque de tierra que luego se dividió en los continentes que conocemos”, explicó Diego Pol a la Agencia CTyS.


El clima en lo que hoy es el sur de Argentina también era muy distinto en el Jurásico. El investigador que estuvo a cargo de la descripción del abelisáurido más antiguo especificó que en aquella época “había más temperatura, más humedad, con ambientes lacustres, con grandes lagos rodeados por una vegetación mucho más exuberante que la que hoy se encuentra en la zona central de Chubut”.

 


Hallan huesos prehistóricos de Megaterio al excavar en un domicilio de Córdoba.

   Publicado en Paleo. Año 10. Numero 69. Mayo de 2012.

En un predio particular de San Sebastián, cerca de Mina Clavero, encontraron en forma accidental, restos óseos de un animal cuya especie sería parecida al megaterio

Un grupo de obreros descubrió la presencia de huesos prehistóricos, mientras realizaban el pozo para una pileta de natación. El hecho sorprendió a los albañiles y conmocionó a la comunidad de San Sebastián, el pueblo de Traslasierra cercano a Mina Clavero, donde sucedió el acontecimiento.

Según las primeras informaciones suministradas por investigadores de la zona, la especie a la que pertenecen los restos óseos, sería parecida al megaterio, un género extinto de mamíferos placentarios, parientes de los actuales perezosos que habitaron en América desde comienzos del Pleistoceno hasta hace 8.000 años.

“Lo grave del caso es que a los restos los agarró una topadora y están todos destruidos. Hay más restos en el montón de escombros que en el foso de la pileta”, explicó el propietario del museo Rocsen de Nono, Santiago Bouchon.

El profesional de origen francés señaló que se trata de “fósiles modernos, actuales, sumamente frágiles”; y agregó que “si bien la destrucción es casi total, se pudieron rescatar muchos pedacitos”.

 


Hallan restos Fósiles de Neosclerocalyptus en la localidad de General Madariaga.

 Publicado en Paleo. Año 10. Numero 69. Mayo de 2012.

El Museo Tuyu Mapu de Gral. Madariaga, informa que se ha producido el hallazgo de un animal de la Megafauna. Se trataría de un Neosclerocalyptus, perteneciente al grupo de los Gliptodontes.

El hallazgo se produjo semanas atrás, cuando integrantes de la Asociación Amigos del Fósil exploraban una cava en el este del Partido de Gral. Madariaga, a unos 20 km. de la localidad de Gral. Madariaga. Ese día, Emilio Charnelli, Mauricio Romiti, Germán Franco, María del Luján Tomaghelli, Ramon Menendez y el Dr. José María Lorenzo, realizando una exploración y relevamiento de una cava, hallaron tres o cuatro fragmentos óseos semienterrados en una de sus barrancas.

Al  profundizar la excavación  con  pequeñas espátulas, que se usan para no dañar los fósiles,  comenzó a mostrarse el perfil de un caparazón con huesos depositados en su interior. Desde ese momento el equipo del Museo, encabezado por el Dr. José María Lorenzo concurrieron todos los días, para ampliar la excavación e ir extrayendo huesos del animal. Toda el proceso fue filmado y fotografiado,  remitiéndose  fotos a los Museos de Ciencias Naturales de La Plata, de Mar del Plata y el Museo Darwin de Bahía Blanca para su identificación.

El Dr. Eduardo Tonni, del Museo de La Plata contestó diciendo: Estimado Pepe Lorenzo, muy interesante el hallazgo, parece ser un Neosclerocalyptus … Más allá de la identificación es interesante el hecho de encontrar una ingresión marina por debajo… podría ser de una antigüedad  entre 35 mil y 26 mil años… ó más antiguo… Si logran juntar alrededor de 20 gramos de valvas (aunque sean fragmentadas) podemos intentar una datación por C14 ya también probar con el gliptodonte (lo que es más difícil ya que raramente conserve colágeno suficiente para datar)…

Alejandro Dondas del Museo de Mar del Plata, aseveró que se trataría de un Neosclerocalyptus, y por su parte, Cristian Oliva, director del Museo Darwin, también confirmó que se trataría de un Neosclerocalyptus paskoensis.

Los Neosclerocalyptus, eran  mamíferos acorazados (armadillos gigantes de caparazón rígido) del grupo de los gliptodontes.  Fue una especie muy exitosa que evolucionó en el Mioceno, y se adaptó a los sucesivos cambios ambientales que hubo en los últimos 35 millones de años. Se extinguieron hace unos 8.000 años, a principios del Holoceno junto con todos los ejemplares  de la Megafauna. Se desconoce la ó las causas de su extinción. Llegaron a convivir con los primeros hombres que llegaron a estas latitudes. Estos animales que habitaron la llanura pampean poseían una dieta herbívora.

Sus manos terminaban en fuertes garras (uñas), que las utilizaba para escarbar en la tierra en busca de raíces y tubérculos ó para bajar ramas de arbustos y árboles.

Las distintas especies  de Neosclerocalyptus que se sucedieron  en el tiempo, fueron adaptándose a los distintos  climas y ambientes. Neosclerocalyptus paskoensis  vivió durante el Pleistoceno superior y el Holoceno inferior (entre 125 mil y 8 mil años antes del presente).

En  y febrero y lo que va de marzo se continuó  trabajando en el sitio, ampliando la excavación con las técnicas indicadas, para completar el rescata. La extracción total del Neosclerocalyptus demandará un tiempo más, pues el sedimento donde yace el animal es muy duro. El fósil fue hallado  a unos 7 metros de profundidad. Aún no sabemos que antigüedad tiene, pero creemos que por la profundidad en la que lo hallamos, se trata de un animal que vivió hace muchos miles de años. Ya vamos a saber la fecha exacta.

Todos los días por la tarde, en el Laboratorio del Museo Tuyu Mapu,  se está realizando la restauración del neosclerocalyptus (caparazón, cráneo, huesos de los miembros, huesos de las manos y de los pies, vértebras, etc.) para proceder a su armado y exposición en la Sala del Museo. Se está confeccionando una estructura de metal para armar y montar el caparazón,

El  Neosclerocalyptus medía aproximadamente 1.90 a 2 metros de largo y pesaba alrededor de 250-300 kg. Es decir que es mas pequeño que otras especies de Gliptodontes que se  exhiben en el Museo. Pero en este caso el tamaño no tiene mucho que ver. Lo importante de este animal es que se trata de una especie muy antigua.

Más info en www.museotuyumapu.com.ar

 


Sorprende el hallazgo de fósiles del Pleistoceno en Marco Paz.

 Publicado en Paleo. Año 10. Numero 69. Mayo de 2012.

La expedición estuvo compuesta por estudiantes, graduados y docentes de la Universidad Nacional de La Plata, y fue coordinada por el director de Palentología del Municipio de Marcos Paz, David Piazza, quienes evaluaron que la campaña resultó altamente exitosa, por tratarse la gran cantidad de hallazgos en un área menor de 2000 m2.

Entre los hallazgos más importantes se encontraron varios ejemplares de perezosos y mulitas gigantes de varios metros de longitud, caballos, guanacos y ciervos prehistóricos, tortugas, comadrejas, roedores (vizcachas, tuco-tuco), muchas aves pequeñas, peces, etc.

Los fósiles fueron hallados por especialistas de la Universidad de La Plata en un terreno de mil metros cuadrados de la ciudad de Marcos Paz, a unos 40 kilómetros de Buenos Aires. Se trata de un total de 300 animales prehistóricos que se encuentran en buen estado de conservación.

Los investigadores encontraron "desde (fósiles de) un gliptodonte bebé hasta una manada completa de enormes mastodontes, antiguos parientes americanos de los elefantes actuales", indicó el responsable de la División Paleontología de Marcos Paz, David Piazza.

Los expertos también hallaron restos de caballos, guanacos, pecaríes y ciervos fósiles, además de tortugas, comadrejas, vizcachas y una gran variedad de aves pequeñas, anfibios y peces.

El descubrimiento "llamó la atención por la abundancia de fósiles de animales en una reducida superficie y la calidad de conservación de los mismos", explicó Piazza. Agregó además que uno de los hallazgos más importantes fue un cráneo y mandíbula completos de Macrauquenia, un mamífero gigante similar al camello.

El trabajo de campo es fundamental para la formación de un paleontólogo, y es por esta razón que el investigador consideró oportuno convocar a los alumnos de la carrera para que adquieran los conocimientos necesarios mediante la práctica directa de diferentes técnicas y metodologías. De esta forma, se organizó esta exitosa campaña paleontológica, donde asistieron 36 alumnos y graduados de aquella casa de estudios.

 


Exitosa presencia del Museo Punta Hermengo en la Tv Publica.

 Publicado en Paleo. Año 10. Numero 69. Mayo de 2012.

El pasado jueves, de 14:00 a 16:00, estuvo en nuestra ciudad el móvil de "Vivo en Argentina" (Canal 7, La TV Pública), saliendo en directo para todo el país por aire, cable y on-line.

Esta iniciativa- generada  por gestiones del Intendente Municipal, Patricio Hogan,- tuvo a nuestra ciudad como protagonista, los hallazgos paleontológicos realizados por el Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar, quienes mostraron fósiles de criaturas comprables con los personajes de la película “La Era de Hielo” hallados en nuestra ciudad.

La misma permitió mostrar a todos los argentinos que comparten este programa a lo largo y ancho del país, el constante trabajo que se realiza a diario en el Museo Local, tanto en lo cultural, educativo, científico y turístico como centro de interpretación de nuestro distrito, incentivando el posicionamiento de nuestra ciudad durante todo el año para ser visitada. La presencia del medio fue coordinada por la Secretaría de Turismo y Cultura MGA (Dirección de Promoción Turística), junto a la Dirección Municipal de Comunicación Social., decidieron que era importante promocionar la ciudad a través del museo.

Vivo en Argentina es un programa que promueve el encuentro entre todos los habitantes del país, fomentando la participación, el entretenimiento y la comunicación permanente. Con base en Buenos Aires, Carla Conte y Nicolás Pauls conducen este ciclo acompañados de una pareja de panelistas, mientras que el móvil recorre el país entero, visitando una provincia distinta cada semana.

En su visita en la ciudad, en un día poco particular, se trasmitió en vivo desde un balneario ubicado en intersección de av 23 debido al cambiante clima.

Tamara Hendel entrevisto a Daniel Boh y a Mariano Magnussen, quienes comentaron las actividades que se realizan en la institución local e hicieron un recorrido por los últimos hallazgos paleontológicos que tuvieron protagonismo en los principales medios periodísticos de Argentina y Latinoamérica en los últimos meses. 

Esta demás decir, la buena repercusión que dejo este programa, que se puede ver por  Internet en distintos sitios y redes sociales, como así también desde la web del museo. Mas info, fotos y videos en www.museodemiramar.com.ar

 


Los primeros “tucumanos”: una historia de más de 7.000 años.

   Publicado en Paleo. Año 10. Numero 68. Mayo de 2012.

La teoría más aceptada acerca de cómo se fue poblando el continente americano establece que el ser humano migró desde Asia hasta América atravesando el estrecho de Bering, posiblemente aprovechando el congelamiento del mar durante un periodo glaciar, hace aproximadamente 17.000 años. ¿Cómo habrán sido estos movimientos poblacionales en el actual territorio argentino? ¿Desde cuándo se puede decir que el ser humano habita estas tierras? En El Infiernillo, provincia de Tucumán, una reciente investigación arqueológica, a cargo de Nurit Oliszewski, investigadora del Conicet en el Instituto Superior de Estudios Sociales (ISES), produjo un hallazgo que podría ser una pieza fundamental para completar el rompecabezas del poblamiento humano en esta región.

Hasta el momento, todas las evidencias de tempranas ocupaciones se hallaban en la Puna, y había un gran vacío de información en otras regiones del Noroeste argentino, como en los valles y llanuras del este. Según el doctor Jorge Martínez, también investigador del Conicet e integrante de este equipo de investigación, se pudo conocer la presencia de grupos sociales sedentarios, agrícolas y pastoriles mediante exploraciones e imágenes satelitales, que detectaron numerosas estructuras a cielo abierto conformadas por muros de piedra. Estas estructuras son visibles en superficie, dado que la vegetación del área está conformada por pastizales de escasa altura, característicos de esa altitud tan particular: 3.000 metros sobre el nivel del mar. Según dataciones Carbono-14 (C14). Método de datación radiométrica para determinar la edad de materiales que contienen carbono hasta unos 60.000 años. La datación radiométrica es el procedimiento técnico empleado para determinar la edad absoluta de rocas, minerales y restos orgánicos, las huellas de estos grupos, ya productores de alimentos, corresponden al lapso comprendido entre el año 0 y el 500 DC.

En este contexto, dominado por evidencias arqueológicas posteriores al cero de la era cristiana, se produjo un novedoso hallazgo que abre nuevas perspectivas en cuanto a la antigüedad de las ocupaciones humanas en la provincia de Tucumán. En el Infiernillo, en el sector sur de la Quebrada de Los Corrales, fueron encontrados artefactos de piedra que por sus características morfológicas remiten a una antigüedad mayor que las establecidas para los mencionados grupos agro-pastoriles de 2000 años atrás.

En la capa más profunda, y por lo tanto la más antigua, se halló un fragmento de hueso de camélido que fue posteriormente enviado a un laboratorio de Estados Unidos para conocer su antigüedad. “¡El resultado de la datación C14 fue espectacular!” manifestó el doctor Martínez en julio de este año. “Dio 7.420 años de antigüedad, ¡equivalente a unos 5.470 años AC! Este es un excelente dato que confirma la presencia de "viejos" grupos cazadores en el oeste de la provincia de Tucumán. De hecho es, por ahora, el fechado más antiguo tanto para Tucumán como así también para los valles del noroeste en general”.

Este hallazgo demuestra que grupos tradicionalmente conocidos como cazadores-recolectores habitaron muy tempranamente tierras del Noroeste argentino, antes de establecerse como sociedades agrícolas. La denominación cazadores-recolectores hace referencia a la economía de subsistencia de estos grupos, que estuvo basada en la caza de animales silvestres, como guanacos, vicuñas y roedores, y en la recolección de frutos silvestres, como el algarrobo y el chañar. “Hasta el momento, las evidencias más antiguas de ocupaciones humanas en el NOA fueron detectadas sólo en el ámbito de la Puna, por lo cual contar con un registro de más de 7.000 años en una zona alejada de la Puna, nos permitirá completar y avanzar en el conocimiento y comprensión integral del pasado prehispánico de la región en su conjunto”, dijo Martínez.

Estos descubrimientos reflejan el gran potencial arqueológico de esta zona, casi inexplorada, y lo mucho que queda por descubrir sobre el pasado prehispánico en el Noroeste. En palabras del investigador, “una gran sorpresa, pero a la vez algo muy esperado". Finaliza el investigador: "Fue altamente gratificante para mí y para todo el equipo de trabajo ya que, a pesar de las dificultades, logramos sacar a la luz algo muy importante para la sociedad toda, aportando al conocimiento de un pasado remoto que aún tiene muchos interrogantes por resolver y permanecen escondidos bajo tierra”.

Por Jorgelina Martínez Grau. Prensa. Comunicación Institucional. prensa@conicet.gov.ar. Sobre Investigación. Nurit Oliszewski. Investigadora. Instituto Superior de Estudios Sociales (ISES). Foto:Pablo Khünert.

 


Hallan el cráneo de un Plesiomegatherium y otros fósiles en Miramar.

  Publicado en Paleo. Año 10. Numero 68. Mayo de 2012.

Integrantes y personal del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar, anunciaron el hallazgo de un cráneo de un antiguo representante de los extintos perezosos gigantes. El animal vivió en la ciudad balnearia hace tres millones y medio de años, cuando esta localidad se encontraba en el centro del continente.

La zona en la que se ubica la ciudad de Miramar y el Partido de General Alvarado es muy rica en restos fósiles de antiguos mamíferos, los cuales han sido recolectados por científicos argentinos y extranjeros desde hace más de un siglo. En las últimas décadas esta actividad es realizada por personal y voluntarios del Museo Municipal Punta Hermengo de esta ciudad e investigadores prestigiosos del Museo de La Plata y del Museo Argentino de Ciencias Naturales e Instituto Nacional de Investigación de las Ciencias Naturales.

“Recientemente se ha realizado un trabajo de campo al norte del balneario con interesantes resultados. Especialmente hay que destacar el hallazgo de un cráneo de un antiguo perezoso gigante denominado Plesiomegatherium,  en un estrato de más de 3 millones y medio de años” sostuvo el Museólogo Daniel Boh, titular del Museo de Miramar, quien participo de la extracción. Por su lado, Mariano Magnussen Saffer, presidente de la Asociación de Amigos del Museo argumento que: “Este animal es más antiguo y probablemente antepasado del gigantesco Megatherium americanum, cuyos restos son encontrados usualmente en sedimentos mas modernos, en el Pleistoceno en la pampa bonaerense y que superaba el peso de un elefante moderno, con unos 5 metros de alto, cuando se paraba sobre sus patas traseras”.

En cambio, el fósil hallado recientemente correspondería a un animal de unos 2 metros y medio de largo con un peso de unos 500 kilogramos. Su hábitat sería de bosques de algarrobos y quebrachales con un clima más cálido y húmedo que el actual, no tendría enemigos naturales ya que en esos tiempos los principales carnívoros eran marsupiales del tamaño de un perro grande y con dientes de sable.  Eran mamíferos poco sociables con hábitos vegetarianos y  terrestres, sin duda por su tamaño se veían imposibilitados de ser arborícolas como sus representantes actuales. El Plesiomegatherium, tenia un rostro  más ancho que largo y los molares superiores poseen sección cuadrangular. Los perezosos terrestres, como los demás xenartros, evolucionaron aislados  en Sudaamérica, el cual era un continente isla (como Oceanía”  durante el Paleógeno.

Durante el Plioceno, se formó el istmo panameño, causando el Gran Intercambio Biótico Americano, y una extinción masiva de mucha de la megafauna originaria sudamericana. Los perezosos terrestres sin embargo, se vieron poco afectados y continuaron prosperando a pesar de la competencia de los inmigrantes del norte. De hecho, los perezosos terrestres estuvieron entre los animales sudamericanos que migraron hacia Norteamérica, donde florecieron hasta el final del Pleistoceno. En el sur, los descendientes y parientes de Plesiomegatherium los perezosos gigantes vivieron hasta hace unos 10.000 años.

Se ha citado con frecuencia la aparición de una expansiva población de cazadores humanos como la causa de su extinción. Las especies de Megaterios  se volvieron mayores con el tiempo, siendo la especie del Pleistoceno tardío, el  Megatherium. americanum la de mayor tamaño alcanzando las dimensiones superiores a la de un elefante africano. Los megaterios llegaban a medir 6 m de altura cuando se alzaban sobre sus patas traseras; la cabeza era relativamente pequeña, las patas delanteras algo más largas y robustas que las traseras y tenían grandes garras que utilizaban tanto para escarbar en busca de raíces y tubérculos como para defenderse.

Sus fuertes mandíbulas constaban de 16 molares (8 en cada maxilar) carentes de esmalte. En la misma jornada se hallaron restos de Neochoerus, un Carpincho fósil de patas largas y de Paedotherium, un pequeño notoungulado (animal con pezuñas, como el caballo, etc.) corredor, de posibles hábitos nocturnos y del tamaño de una liebre. En la oportunidad los trabajos fueron realizados por Francisco Nahuel De Cianni, Francisco De Cianni, voluntarios del museo y por Daniel Boh, Director de la citada institución.

Mas info, fotos y videos en www.museodemiramar.com.ar

 


Nuevos hallazgos paleontológicos en Marcos Paz.

Publicado en Paleo. Año 10. Numero 68. Mayo de 2012.

Un nuevo hallazgo paleontológico sorprende a Marcos paz. El intendente municipal, Ricardo Curutchet, la secretaria de Desarrollo Humano, Verónica Mc Loughlin y el director de Paleontología, David Piazza, recibieron a los medios de prensa locales para informar las buenas nuevas.

"Se trata en principio, de la aparición de nuevos fósiles, en el área de la reserva Paleontológina Francisco Moreno.

Los fósiles encontrados son similares a los de la primera cantera, lo bueno es que en esta oportunidad tuvimos la suerte de hallar un gliptodonte completo, el que en estos días extraeremos mediante trabajo en el lugar y trasladaremos a la casa de la Cultura para trabajar en él", sostuvo Piazza.

Además se informó del hallazgo de un Tiramiforme. Se trata de una perdiz, que se encontró completa y articulada, hecho excepcional, ya que es un fósil de tamaño pequeño y por lo general no resiste completa el paso de las eras. Este hallazgo aparecerá por primera vez en una publicación científica, lo que nos llena de orgullo y nos prepara para el Marcos Paz que se viene, ya que poseemos la reserva Paleontológica mas cercana a Capital Federal.

 


Hallan huellas de mamíferos gigantes en la localidad de Guaminí.

Publicado en Paleo. Año 10. Numero 68. Mayo de 2012.

Rastros de animales gigantes que vivieron hace más de 10 mil años, durante la "Era del Hielo", fueron descubiertos en la costa de una laguna cercana a Guaminí, en el sudoeste bonaerense, informó a Télam Sergio Bogan, del Área Paleontología de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara.

"Lo fascinante y lo increíble del yacimiento de Guaminí es que están preservadas las huellas de animales, y en toda América del Sur hay sólo un yacimiento comparable, que se descubrió en 1990 en Pehuen-có, cerca de Monte Hermoso", dijo Bogan a Télam. Rodeado de fósiles a la espera de ser clasificados en la Universidad Maimónides, el investigador enfatizó la importancia en cantidad y diversidad de estos rastros para "saber cómo se movían estos ejemplares, cuyos esqueletos son conocidos desde el siglo 19 pero cuyas huellas recién salen a la luz.

Algunos de estos rastros permiten confirmar que había animales que realmente caminaban en dos patas", ejemplificó. Bogan celebró que el yacimiento supera las expectativas de los investigadores de esta disciplina porque posee gran extensión, contiene mucho material y su estado de preservación es excelente. Entre los rastros prehistóricos se encuentran huellas de gigantescos megaterios, enormes osos perezosos terrestres que alcanzaban unas cinco toneladas de peso y se desplazaban sobre sus patas traseras.

Un animal extraño en su apariencia, que dejó su rastro en Guaminí, es la Macrauquenia, un mamífero cuadrúpedo de casi una tonelada, que en su hocico poseía una trompa semejante a la de un elefante pero de menor longitud. Conjuntamente con esta fauna existieron grandes camélidos (como por ejemplo la Hemiauchenia, guanacos semejantes a los que se conocen actualmente y pequeños ciervos. Asimismo, hallaron huellas de aves similares a la de los flamencos que pueden encontrarse actualmente en las lagunas bonaerenses.

Las huellas fósiles encontradas, llamadas técnicamente icnitas, representan uno de los hallazgos paleontológicos más importantes de las últimas décadas en territorio bonaerense, emparentado con el de Pehuen-có, a unos 200 kilómetros de Guaminí, un yacimiento "paradigmático y maravilloso".

El de Guaminí es un afloramiento de planchones de arcillas y rocas de un kilómetro de extensión, cuya edad se remonta a unos 30 mil años de antigüedad y constituye uno de los pocos yacimientos en América del Sur que preserva huellas de animales prehistóricos de esa época. Sólo condiciones verdaderamente excepcionales permitieron que estas huellas se conservaran hasta ahora. "La preservación de huellas es algo rarísimo, relacionado con la ocurrencia de una serie de eventos climáticos particulares, enfatizó Bogan.

El científico indicó que esto puede suceder si el viento acarrea arena que se deposita sobre las impresiones en el barro y si dicha arena está enriquecida por ceniza volcánica que mineraliza el terreno, que favorece la consolidación de la capa sedimentaria en la que estos animales caminaron". Los cientos de huellas permiten imaginar cómo era el paisaje y la vida del pasado en esta región de grandes llanuras lodosas, que conformaban las orillas de cuerpos lagunares pampeanos donde deambulaban y abrevaban gigantescos mamíferos prehistóricos.

El descubrimiento se conoció a través del intendente municipal Néstor Álvarez, en coordinación con el personal del Museo Municipal de Guaminí y el Centro de Registro de Patrimonio Arqueológico y Paleontológico de la Provincia de Buenos Aires. "El mes pasado, desde el municipio de Guaminí, nos dieron a conocer que se había producido el hallazgo fortuito de huellas fósiles y pidieron que mandemos gente a definir qué valor tenían", contó Bogan.

Si bien el hallazgo de fósiles en Buenos Aires es bastante frecuente -sobre todo del Pleistoceno, que es el período que abarca desde los dos millones de años de antigüedad a los 10 mil años antes del presente-, en este caso se trata del momento en que el territorio estaba habitado por mamíferos gigantes. Con el asesoramiento de los investigadores -Bogan, Fernando Oliva, Cristian Oliva, Claudia Di Leva y Federico Agnolin- el municipio de Guaminí protege el yacimiento y planifica el cercado del predio para evitar el acceso de ganado vacuno o de personas que por falta de información puedan pisotear las huellas fósiles, causando daño irreparable al patrimonio provincial.

Así, se planifica la confección de senderos y cartelería informativa para que los pobladores locales y potenciales turistas recorran el yacimiento sin generar daño a los restos fósiles.-

 


Bonapartenykus ultimus, un dinosaurio carnívoro junto a sus huevos en la Patagonia.

   Publicado en Paleo. Año 10. Numero 67. Marzo de 2012.

Si el hallazgo de huevos fósiles de dinosaurios es de por sí un acontecimiento infrecuente, encontrarlos asociados con restos de alguno de sus progenitores lo es mucho más. Por eso, el descubrimiento realizado por investigadores de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, el Museo Argentino de Ciencias Naturales, el Instituto Miguel Lillo de Tucumán y la Universidad de Upsala, en Suecia, es un premio mayor en paleontología: los científicos encontraron, estudiaron y describieron los restos fósiles de una nueva especie de dinosaurio claramente asociado con su camada de huevos. Uno de los ejemplares se aloja en el Museo de Paleontología y Geología de la ciudad de General Roca, en Río Negro.

"En el pasado ha habido varios descubrimientos de nidos y huevos de dinosaurios herbívoros, pero esto ha sido mucho menos común para los carnívoros -cuenta Fernando Novas, uno de los autores del trabajo, que se publica en la revista Cretaceous Research y que también firman Federico Agnolin, Jaime Powell y Martin Kundrat-. De hecho, es la primera vez en el mundo que se descubre esa asociación en el grupo de dinosaurios carnívoros llamado alvarezsaurios."

Como es la norma, los investigadores pudieron ponerle el nombre al nuevo ejemplar. Lo llamaron Bonapartenykus ultimus. " Bonapartenykus , en honor al doctor José Bonaparte, que fue quien bautizó a los alvarezsaurios en honor de Augusto Alvarez, un historiador neuquino -explica Novas-, y ultimus , porque vivió hacia el final de la era de los grandes saurios, en el Cretácico."

El Bonapartenykus, una especie de mediano porte, fue hallado en el centro de la provincia de Río Negro. No habría superado los tres metros de largo y, como todos los de su grupo, era bípedo, relativamente delgado y dotado de un cuello largo que culminaba en una pequeña cabeza de hocico agudo y pequeños dientes.

Probablemente su principal alimentación hayan sido los insectos y otros pequeños animales. Poseía el cuerpo cubierto totalmente de plumas (igual que las aves actuales) y su mano se encontraba muy reducida: tenía dedos cortos, con excepción del pulgar, que se encontraba agrandado, y poseía una enorme y pesada garra cuya función aún se desconoce.

Los alvarezsaurios se distribuyeron por la Patagonia durante el último período de la era de los reptiles gigantes. Ese tiempo, científicamente denominado Cretácico, se extiende entre los 100 y los 65 millones de años antes del presente, justo el momento previo a la desaparición de la mayor parte de los grandes saurios. En esas épocas, la Patagonia era muy distinta de lo que conocemos hoy. Verdes bosques se distribuían a lo largo y a lo ancho de lo que actualmente es una estepa, y numerosos brazos del mar habían penetrado bien adentro del territorio.

Actualmente, existen pruebas que sugieren que los dinosaurios cuidaban activamente de sus pichones, tal como ocurre con las aves actuales, y no los dejaban abandonados, como sí hacen muchos reptiles de hoy, como las tortugas y lagartijas. En efecto, los dinosaurios como el Bonapartenykus preparaban prolijamente su nido, empollaban sus huevos y luego de que éstos eclosionaran, alimentaban y protegían a sus pichones recién nacidos de los numerosos depredadores que abundaban en aquellas épocas lejanas.

Así, el hallazgo del Bonapartenykus ofrece nuevas pistas y evidencias acerca del comportamiento, reproducción, desarrollo y relaciones de parentesco de estos particulares dinosaurios bípedos. El de los alvarezsaurios es un grupo de terópodos descripto por Bonaparte en 1991. Fueron los cazadores terrestres dominantes hasta su extinción (hace 65 millones de años) junto con el resto de los dinosaurios y de gran cantidad de la fauna y flora de esa época. Su tamaño iba desde no más de un metro, como el Eoraptor luneisis , hasta los 15 metros de largo.

 


Descubren huellas de Rhea en el Pleistoceno de Pehuen Co.

   Publicado en Paleo. Año 10. Numero 67. Marzo de 2012.

El hallazgo se produjo en los últimos días y este domingo se tomarán moldes para luego poder reproducir esas pisadas y poder continuar con las investigaciones. Se trata de un rastrillaje de once huellas que un ñandú dejó marcadas en la arcilla hace unos 12.000 años.

El director del Museo de Ciencias Naturales Carlos Darwin, Lic. Ricardo Caputo, explicó que “las huellas son nuevas en cuanto a que no las habíamos encontrado antes, no porque no existieran. De hecho ya habíamos visto rastros de Ñandú en la zona del yacimiento Paleontológico, peor no habíamos tenido la oportunidad de tomar sus moldes”.

Es “frecuente” que aparezcan nuevas huellas “debido al movimiento de la arena que las cubre”, mencionó el geólogo, quien asegura que “siempre haya algo nuevo para ver en esta zona de Pehuen Co”. “El gran misterio de la naturaleza es que algo tan frágil como una huella en el barro pueda conservarse 12mil años. Porque además está sometido además a la acción marina desde hace algunos miles de años”.

 Estas marcas en el suelo se producían porque “el clima era muy árido, llovía menos que ahora y era muy frío, entonces cuando se producían lluvias torrenciales -muy de vez en cuando- se generaban avenidas de agua que arrastraban sedimento y lo depositaban en esa zona, generando una especie de banco de lodo”. Este ñandú pasó por allí y quedaron sus marcas, pero luego tuvo que darse una serie de condiciones ambientales para que eso se preservara.

“Esto es único en el mundo. Aquí el clima era árido. Luego de esas pisadas el agua se ha evaporado rápidamente y se ha secado la arcilla. Después vino una nueva capa de barro, y luego estas huellas fueron cubiertas por los médanos. Gracias a este proceso hoy podemos apreciarlas”, sostuvo Caputo. “Hace 12.000 años el mar estaba muy alejado, a unos 100kilómetros de donde se encuentra hoy. La costa desde ese lugar no se veía. Era un territorio interior de la provincia de Buenos Aires”.

El licenciado dijo estar “absolutamente convencido” que debajo de los médanos actuales el yacimiento se prolonga, muy probablemente hasta la altura de la laguna Sauce Grande. “Estamos seguros que eso está plagado de huellas”, aseguró.

Cabe recordar que en toda la reserva de Pehuen Co se han encontrado hasta el momento 24 especies de animales, que comprenden varios tipos de aves (cisnes, patos flamencos, gaviotas, chorlitos, etc., que no se han extinguido) y de mamíferos. Entre estos últimos se destaca la “mega fauna” que son los grandes mamíferos como megaterios, toxodontes, macrauquenias y mastodontes, que se extinguieron hace entre 8.000 y 10.000 años.

Este nuevo y pequeño yacimiento, ubicado a 800 metros de la bajada mencionada, hacia el sector oeste, donde se encuentra la reserva más grande, que hoy se encuentra alambrada. “Todavía no está cercado. Se va a hacer el domingo, con la colaboración de los guardaparques y un grupo de técnicos, para trabajar con los moldes. Después esperaremos a que nuevamente lo tape la arena”, explicó el director del Carlos Darwin.

Por último, Caputo pidió al público “que no vaya desesperado a verlas”, sino que esperen hasta el domingo que haya gente especializada para guiarlos.

 


La gran velocidad del Carnotaurus lo hacía un dinosaurio aún más peligroso.

  Publicado en Paleo. Año 10. Numero 67. Marzo de 2012.

Un dinosaurio carnívoro que aterrorizó a sus vecinos herbívoros en América del Sur fue mucho más letal de lo que se pensaba.

El dinosaurio de siete metros de largo y con dos cuernos en su frente fue uno de los cazadores más veloces en su época, según las conclusiones a las que se ha llegado en un nuevo estudio.

El paleontólogo Scott Persons (Universidad de Alberta, Canadá) ha analizado la forma de ciertos huesos del Carnotaurus, y ha determinado que esta bestia tenía una gran fuerza para impulsarse hacia delante.
En una investigación anterior, Persons encontró una configuración similar en el Tiranosaurio rex, probablemente el depredador más emblemático de la era de los dinosaurios.

Sin embargo, la cola del Carnotaurus era rígida, lo cual hacía que al animal le resultara difícil hacer giros cerrados de modo rápido y fluido. 

Para un dinosaurio herbívoro pequeño en las llanuras de la Argentina prehistórica, la mejor oportunidad de sobrevivir al desafortunado encuentro con un Carnotaurus hambriento era correr dando muchos giros cerrados.

Huir en línea recta tenía un final fatal en la mayoría de los casos, dado que resultaba muy difícil vencer en velocidad a la bestia en una carrera en línea recta.

 


Estudian a los ancestros de los cocodrilos y las aves en el norte argentino.

 Publicado en Paleo. Año 10. Numero 66. Marzo de 2012.

Una investigadora de la Universidad de San Luis analizó la anatomía de los proterochámpsidos, un grupo de reptiles de hace 230 millones de años, a partir de restos de las cuencas triásicas argentinas y logró conocer un poco más sobre la descendencia de estos animales tan curiosos.

No eran tan impresionantes como los dinosaurios, no tenían cabezas del tamaño de automóviles con grandes dientes y no se destacaban por su ferocidad. Los proterochámpsidos fueron unos pequeños animales que habitaron el actual territorio sudamericano hace más de 200 millones de años, en la era geológica denominada Triásico.

Aunque de ellos no se cuenten proezas cinematográficas, este linaje es el antecesor de los cocodrilos y las aves modernas y, hasta hace pocos años, no se tenían precisiones respecto a su evolución, porque eran una forma de vida perdida entre las especies del Triásico Medio (230 millones de años) y la irrupción de los grandes reptiles del Jurásico (150 millones de años).

“Su aspecto era parecido a los cocodrilos más pequeños, ya que se estima que los más grandes midieron 4 metros de largo y tenían un cráneo de 50 centímetros, pero algunos que se encontraron tenían el tamaño de un gato”, destacó Andrea Arcucci, paleontóloga de la Universidad Nacional de San Luis.

La investigadora estudió esta especie por más de diez años en uno de los pocos lugares del mundo donde se pueden encontrar especies del triásico, la cuenca fosilífera de 200 kilómetros cuadrado que incluye a las provincias de San Juan y La Rioja, un área compartida por el Parque Nacional Talampaya y el Parque Provincial Ischigualasto.

En diálogo con Agencia CTyS, Arcucci afirmó que “el objetivo del trabajo era revisar la composición y las relaciones entre los miembros de este grupo y otros reptiles. Luego del estudio realizado se concluyó que este grupo incluye cinco géneros y seis especies diferentes”.

Pese a conocerse desde hace muchas décadas, los fósiles de los proterochámpsidos nunca fueron comparados con otras especies de reptiles que vivieron en la misma época o períodos posteriores, por lo tanto, la investigación de la científica ilumina un poco más la historia de estos reptiles, que sólo habitaron el territorio que hoy ocupan Brasil y Argentina.

Primer paso en la oscuridad

Esta especie es endémica en las Formaciones Chañares e Ischigualasto (Cuenca Bermejo, San Juan y La Rioja) y en la Formación Santa María (Cuenca de Paraná, Rio Grande do Sul, Brasil), es decir, en esos lugares aparecen muchas rocas con restos en buenas condiciones para el análisis.

El problema evolutivo que planteaba este grupo es que no se tenían registros fosilíferos de sus antecesores y tampoco se sabía quiénes habían sido sus descendientes, sólo se conocía el lugar que habían habitado y la era geológica a la que pertenecían, sin embargo, parecía que desaparecían sin pena ni gloria en la cadena evolutiva de los reptiles.

Por este motivo, la investigadora de la UNSL realizó un trabajo de campo en las provincias argentinas donde se encontró el mayor número de proterochámpsidos, pero también tuvo la posibilidad de acceder a fósiles de reptiles del Triásico pertenecientes a museos de Brasil, Estados Unidos y Sudáfrica.

Armar un rompecabezas de huesos

“Con el análisis comparativo de fósiles se determinó que los protechampsidos tenían ancestros en Brasil y Sudáfrica y descendientes en Norteamérica, por lo tanto pensamos que las primeras especies llegaron desde Sudáfrica y luego con la evolución se diseminaron hacia el resto del continente”, explicó Arcucci.

Hace más de 200 millones de años el continente africano y el americano estaban unidos, porque no existía el océano Atlántico, sólo había una formación montañosa que recorría la actual costa de Brasil y el oeste de Sudáfrica.

Finalmente, estos animales no estaban aislados en la evolución y su aspecto se mantuvo hasta los actuales cocodrilos, pero también una rama de la familia está emparentada con las aves. En el agua o en el aire, muchas especies heredaron la anatomía de los proterochámpsidos.

Argentina es uno de los países del mundo que tiene mayor cantidad de fósiles con más de 200 millones de años de antigüedad, lo que permite a los paleontólogos investigar el pasado más lejano de varias especies actuales de reptiles, anfibios, aves y mamíferos. “El Triásico fue muy importante para la evolución de los tetrápodos, que es un grupo de animales vertebrados terrestres que poseen dos pares de extremidades” indicó la paleontóloga, quien se refirió a esta era geológica como “la época en la que aparecen la mayoría de los grupos de reptiles actuales como las tortugas, los cocodrilos y los lagartos”.

No serán los enormes dinosaurios de las películas de Hollywood, pero los protechámpsidos y otros reptiles ancestrales nos enseñan un poco más sobre el desconocido pasado de las especies que hoy habitan el mundo.

 


Estudio de Marsupiales en el Museo Municipal Punta Hermengo.

 Publicado en Paleo. Año 10. Numero 66. Marzo de 2012.

Recientemente se dio a conocer un trabajo realizado por Francisco J. Goin y Martín de los Reyes, ambos investigadores del Conicet y de la División Paleontología Vertebrados, Museo de La Plata y de Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de la Plata, respectivamente, quienes estudiaron el cráneo fósil de un mamífero marsupial hallado cerca de la Eufemia, Partido de General Alvarado.

El Titulo del trabajo “Contribución al conocimiento de los representantes extintos de Lutreolina” describe una nueva especie extinta del género Lutreolina del Mioceno tardío (Edad Huayqueriense) de la Amazonia peruana, se diferencia de las otras especies del género por su mayor tamaño y la presencia de molares inferiores con la paracrístida y la entocrístida más desarrolladas, la cresta posterolingual al metacónido (post-metacrístida) más grande, el hipoconúlido más reducido, la postprotocrístida formando un plano oblicuo con el talónido y el cíngulo anterobasal más estrecho.

Asimismo, se describen un resto de basicráneo y un fragmento de dentario, referibles a Lutreolina sp., procedentes de niveles del Pleistoceno temprano del sudeste bonaerense. Los restos pertenecen a una forma robusta, posiblemente representativa de una nueva especie, si bien la imposibilidad de confrontarlos con los de otras especies del género impide el establecimiento de una nueva entidad específica.

El objetivo de este trabajo es dar a conocer nuevos registros de los representantes extintos de Lutreolina en América del Sur. Por un lado se describe una nueva especie procedente de niveles del Mioceno tardío de la Amazonia occidental, en el este del Perú. Por el otro, se dan a conocer nuevos restos referibles a Lutreolina sp. exhumados en capas del Pleistoceno temprano del sudeste de la provincia de Buenos Aires (Argentina).

El ejemplar del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar fue exhumado en los acantilados costeros de la Estancia La Eufemia, un 1 km al sur de la localidad costera de Mar del Sur, provincia de Buenos Aires, Argentina; Pleistoceno temprano, Piso/Edad Ensenadense. De los mismos niveles fueron exhumados restos de Mesotherium cristatum, fósil guía del Piso/Edad Ensenadense. Se puede consultar trabajo en HISTORIA NATURAL Tercera Serie Volumen 1 (2) 2011/15-25. Fuente: Museo Municipal ”Punta Hermengo” de Miramar. www.museodemiramar.com.ar

 


Un escarabajo y bolas de estiércol fósil de 30 millones de años.

Publicado en Paleo. Año 10. Numero 66. Marzo de 2012.

El escarabajo estercolero, es famoso porque toma partes del estiercol de animales mamíferos, hace bolitas con ellos, y las lleva rodando bajo tierra para comerlas luego. Un nuevo estudio sobre bolas de estiércol de hace 30 millones de años, que tienen siete centímetros de diámetro, revelan toda un ecosistema extinto.

Las bolas de estiércol fósiles pertenecen a un mamífero gigante sudamericano extinguido. En ellas se puede ver que también eran comida de muchos otros insectos que le robaban algún mordisco cuando el escarabajo no miraba.

Victoria Sanchez, del Museo del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires, coautora del estudio, dijo que en las bolas de estiércol fósiles se pueden ver trazas y marcas de diversos insectos, como madrigueras y perforaciones que podrían ser de otros escarabajos, de moscas o gusanos de tierra.

“Si bien estos animales no se preservaron en estas rocas, las bolas de estiércol fósiles han preservado con asombroso detalle todo un ecosistema basado en estas grandes bolas de estiercol”, dice Sanchez.

 


Describen la anatomía de las tortugas gigantes del genero Chelonoidis del Pleistoceno de Corrientes.

Publicado en Paleo. Año 10. Numero 65. Marzo de 2012.

Las tortugas acuáticas de agua dulce tienen caparazones más aplastados y membranas entre los dedos; mientras que las marinas presentan un mayor desarrollo en el número de falanges.

Las tortugas terrestres tienen caparazones más globosos y con menos falanges en los dedos (generalmente, la reducción varía de tres a dos falanges) para soportar mejor el peso.

Los investigadores Marcelo de la Fuente y Gerardo Zacarías, de la Facultad de Ciencias Exactas, Naturales y Agrimensura, determinaron la anatomía y sistemática de las tortugas gigantes que habitaron en este territorio en tiempos prehistóricos. “Este trabajo comenzó en 2008, cuando se rescataron ejemplares fósiles de una tortuga gigante en Bella Vista y una tortuga acuática de menor tamaño de Santa Lucía, ambas localidades de la provincia de Corrientes. Estos fósiles provienen de sedimentitas de la Formación Toropí, con una edad aproximada de entre 50.000 y 35.000 años (Pleistoceno superior)”, Gerardo Zacarías.

El investigador mencionó que de la primera localidad ya se habían extraído ejemplares de tortugas gigantes. “El primer ejemplar fue rescatado por los doctores Beatríz Álvarez y Rafael Herbst pero, lamentablemente, este fósil fragmentario se perdió de las colecciones paleontológicas del FACENA. El segundo ejemplar, un poco más completo pero bastante fragmentario, fue extraído por el grupo de Paleontología del Centro de Ecología Aplicada del Litoral, e investigadores del Centro de Investigaciones Científicas y Transferencia de Tecnología a la Producción, Entre Ríos.

Este ejemplar fue estudiado por Noriega y colaboradores en el año 2000, quienes llegaron a la conclusión de que, tentativamente, corresponde al género Chelonoidis. No se podía confirmar este postulado por la naturaleza fragmentaria del material”, recordó el investigador. 

Es así que en 2009, Zacarías y De la Fuente confirman la presencia del género Chelonoidis, a partir de un ejemplar más completo exhumado en 2007 por investigadores del FACENA/ CECOAL e investigadores de la Universidad de La Plata. “El carácter que permitió confirmar el género es la particular forma de los escudos pectorales, como un estrechamiento medial con una expansión distal”, explicaron los expertos.

También se recolectaron varios fósiles de Santa Lucía, entre ellos, unas placas desarticuladas de una tortuga acuática, que por su forma particular se lo asigna de manera tentativa al género Trachemys. 

Tortugas del género Chelonoidis 

El género Chelonoidis incluye un grupo de tortugas terrestres neotropicales; actualmente están representadas por las especies Chelonoidis chilensis, a la cual se la conoce como tortuga chaqueña, o “Chaco Tortoise”. Ésta puede llegar a alcanzar los 30 cm de longitud recta del caparazón. 

En Argentina, se distribuye en la región fitogeográfica chaqueña, es decir, en las provincias de Chaco, Formosa, Santiago del Estero, parte de Santa Fe y Salta. Chelonoidis carbonaria, conocida vulgarmente como “tortuga de patas rojas”, puede llegar a medir 60 cm de longitud recta del caparazón; vive en zonas abiertas semiáridas como la sabana arbolada, pero también puede habitar áreas más cerradas como la selva.

Puede encontrarse en Chaco y Misiones, aunque no de manera abundante. Chelonoidis denticulata puede llegar a medir 70 cm de longitud recta del caparazón; “es la tortuga de patas amarillas”, vive netamente en selvas amazónicas, no llega hasta nuestro país.

Estas tres primeras son continentales, mientras que la tortuga terrestre insular es Chelonoidis nigra, conocida como la tortuga Galápagos; es la más grande de las 4, ya que llega a medir 110 cm de longitud recta del caparazón, presenta diferentes razas de acuerdo al ambiente que viven en las distintas islas.

Trachemys es una tortuga acuática que habita actualmente lagunas de cierta profundidad -1.20 m; su distribución en Argentina es en las cuencas del Río Paraná, desde la provincia de Corrientes hasta el Río de la Plata. Aunque podría haber variaciones en su población. 

Consultado respecto a las zonas de la provincia donde las tortugas gigantes habitaron y por qué, Zacarías recordó que a partir de una inferencia ecomorfológica del húmero grácil de una tortuga gigante terrestre de BellaVista, estudiada por Noriega y colaboradores en el año 2000, las tortugas gigantes en la Mesopotamia habitaron áreas abiertas de condiciones más frías y áridas que las actuales. “Lo que no se sabe con seguridad es si este ambiente era muy árido o con influencia tropical”, dijo. 

“Tampoco se sabe sobre la biología de las tortugas terrestres gigantes porque en Sudamérica los restos completos de tortugas asignables al género Chelonoidis (sumado a los ejemplares de la provincia de Corrientes) son 9”, agregó. 

Sin embargo, “lo que sí se sabe es que estas tortugas terrestres gigantes continentales fósiles se diferencian de las de las islas Galápagos porque éstas últimas adquirieron el gran tamaño debido a la carencia de depredadores en las islas. El caparazón de estas tortugas es más abierto y de menor espesor, el cual contrasta mucho con las continentales fósiles, dado que su caparazón es menos abierto y de notable espesor debido a que tenían que hacer frente a depredadores tales como lobos de gran porte, felinos conocidos como 'tigre de sable' y otros mamíferos carnívoros”, explicó el investigador. 

Por otro lado, Trachemys es una especie actual y vive en un ambiente de lagunas rodeado por selvas en galería. “Posiblemente ésas eran las condiciones en Santa Lucía hace 35 mil años”, infieren los investigadores. 

En la actualidad, “se sigue trabajando en el tema, con el fin de ampliar el registro fósil y esclarecer la taxonomía del ejemplar de tortuga terrestre gigante hallado en 2007. Este ejemplar podría ser, o no, una nueva especie del género Chelonoidis. Y conocer mejor las condiciones ambientales en el momento en que vivió la tortuga terrestre gigante”, dijo. 

 


Fósiles de un Glossotherium en el Pleistoceno de San Pedro.

 Publicado en Paleo. Año 10. Numero 65. Marzo de 2012.

Investigadores del Museo Paleontológico de la ciudad argentina de San Pedro hallaron restos fósiles de un perezoso de 8.000 años de antigüedad, informaron hoy los científicos.

El hallazgo fue hecho en un campo de San Pedro, unos 160 kilómetros al norte de la capital argentina, y corresponde “al cráneo completo de un Glossotherium junto a una de sus manos, que datan del período Pleistoceno superior”, destacaron los expertos en un comunicado. “Por su estado de conservación los restos son prácticamente únicos”, precisaron.

Los Glosoterios fueron bestias de unos tres metros y medio de longitud que habitaron la llanura pampeana hasta el Holoceno temprano. Según detallaron los especialistas, se pudo confirmar, mediante estudios científicos, que estos animales tenían la capacidad de excavar cuevas para guarecerse y tener a sus crías.

Se alimentaban predominantemente de plantas y su característica más distintiva era la conformación de su piel, que poseía una red de pequeños huesillos dérmicos cuya forma recuerda a la de un “riñón”. Miles de estas osificaciones distribuidas en diversas partes del cuerpo le conferían una gran resistencia.

El Glossotherium poseía un cráneo relativamente bajo y bastante alargado, con sus fosas nasales muy amplias y dientes de forma semi- cilíndrica con una importante superficie de masticación que le permitía triturar vegetales duros. El Museo Paleontológico de San Pedro indicó que el sedimento arcilloso que contenía al fósil pesaba unos 50 kilos al momento de ser recortado de una barranca.

“En él se encontró el cráneo absolutamente completo, las dos ramas mandibulares articuladas con su dentición completa y la mano izquierda del animal que conservaba intacta su forma gracias a que se preservó una parte importante de los componentes osificados de su piel”, detalló.

 


Llegaron más restos del dinosaurio sauropodo gigante al museo de Malargüe.

 Publicado en Paleo. Año 10. Numero 65. Marzo de 2012.

Esta vez trajeron las vértebras y el cuello. Los fósiles fueron hallados en la zona que explora Vale para Potasio Río Colorado.

Los restos de las vértebras y el cuello del que podría ser el segundo dinosaurio más grande del mundo llegaron ayer al CCT (ex Cricyt) para ser analizados por un equipo de siete paleontólogos y veinticinco técnicos, que determinarán finalmente qué tipo de animal fue, cuánto midió y hace cuántos millones de años vivió.

Lo que trajeron, en realidad, son nueve vértebras y el cuello, hallados en los terrenos donde la minera Vale hace las exploraciones para Potasio Río Colorado, en Malargüe. El animal ha sido traído por partes, pero las piezas que llegaron ayer envueltas en yeso asombran a los estudiosos porque están completas. Cada una fue cuidada por diez expertos durante el traslado y se bajaron con una grúa.

"Aún es necesario hacer verificaciones, pero se trataría de un Titanosaurio", comentó Bernardo González Riga, paleontólogo a cargo del equipo. Por ahora, lo que creen es que el animal medía más de 21 metros y vivió hace 83 millones de años.  Si bien en la mayoría de las excavaciones han aparecido huesos aislados, para la sorpresa de los científicos, las vértebras se encontraban articuladas entre sí. El traslado de los restos se hizo en un camión proporcionado por la minera Vale, y cada pieza se revistió con telas de arpillera y yeso. Además, se le colocó un soporte de varillas metálicas especialmente soldadas. Finalmente, se puso la pieza sobre una cama de arena en el camión.

Ahora, en el laboratorio, el paso siguiente será corromper esas protecciones para poder reconstruir los huesos rodeados de minerales de valor histórico y luego analizarlos.  Por ahora, los restos servirán para estudiarlos y conocer un poco más del pasado de nuestro planeta, pero no estarán en exhibición.

Hace unos 80 millones de años, el sur de Mendoza y Neuquén tenían un paisaje de bosques de coníferas, atravesado por ríos que fluían hacia el sudoeste, con muchas curvas, y donde la montaña elevada era la Sierra Pintada, ya que la cordillera aún no se había levantado. Este sitio es hoy una de las áreas paleontológicas más importantes de América.

Allí se han encontrado varios restos que pertenecen a los saurópodos -herbívoros de cuello y cola largos-; dentro de este grupo se encuentran los Titanosaurios - especie más grande que ha existido y más difícil de encontrar-.La Declaración de Impacto Ambiental (DIA) identifica áreas que tienen altas posibilidades de alojar fósiles, como en la mina Potasio-Río Colorado.

Por eso es que desde hace siete meses, Vale empezó con los movimientos de suelo en Malargüe para desarrollar el proyecto Potasio Río Colorado con el asesoramiento de expertos.  Pero como es una zona donde se han encontrado fósiles en el pasado, la empresa convocó a un equipo de paleontólogos y técnicos. Los operarios de las máquinas sólo inician su trabajo bajo la supervisión de un miembro de este equipo, que debe estar con la mirada atenta para que uno de los mayores tesoros del pasado remoto del planeta se puedan preservar. Cada 10 minutos, el técnico observa el material removido y si halla un fósil detiene la tarea para comenzar la de rescate y preservación.

Estas tareas pueden demandar entre una y tres semanas. Durante ese tiempo se suspende la actividad de la máquina, que se deriva a otro punto, y recién puede regresar cuando los especialistas no encuentran más restos y firman un acta. Hasta ahora, han hallado más de 100 piezas y, en dos sitios, huesos asociados, que parecen corresponder a esta especie hasta ahora desconocida.

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