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Una docena de hallazgos paleontológicos en  Miramar.

El Museo Municipal de la ciudad de Miramar, en la provincia de Buenos Aires, ha protagonizado al menos, una docena de hallazgos paleontológicos que se suman a otros tan importantes, que recorrieron los medios de comunicación del mundo, culminando así, un año de impresionantes descubrimientos.

El Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar, dio a conocer el hallazgo de una buena cantidad de fósiles, principalmente de los últimos 4 millones de años, mostrando la riqueza y variedad de especímenes, como restos vegetales, insectos, peces, aves, anfibios, mamíferos gigantes extinguidos y hasta huellas fosilizadas.

El equipo local de trabajo está conformado por Daniel Boh y Mariano Magnussen, ambos de la institución local, contando con la colaboración periódica de Francisco Di Cianni, del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires, además del asesoramiento de investigadores de la Fundación Azara y Conicet, que se encuentran estudiando varios hallazgos realizados con anterioridad en esta localidad.

Los restos fósiles recuperados, pertenecen a distintos organismos, los cuales ayudan a entender a los científicos como eran esos ambientes primitivos y su ecosistema. Las excavaciones para recuperar estos especímenes, variaron desde unas horas a varios días de trabajo, dependiendo del tamaño del fósil, dureza del sedimento y ubicación, más otros tantos días de preparación en el laboratorio. Posteriormente viene el estudio y clasificación para ser incorporados a la colección del museo local, como lo establece la ley 25743 que protege los sitios paleontológicos y arqueológicos de la República de Argentina.

Entre la docena de materiales recuperados, corresponden al Plioceno, Pleistoceno y Holoceno, es decir, entre 4 millones de años a 10 mil años antes del presente. Fueron realizados en los acantilados ubicados en la zona norte, Golf Club, Playa Náutico, Muelle de pescadores, Baliza  y Bosque del Vivero.

El material hallado corresponde a muestras de rizolitos (moldes  vegetales). Un nido con el molde de una larva, perteneciente a un escarabajo. Restos de un cráneo de Ceratorphys, un anuro (escuerzo) depredador. Varias vertebras  de al menos cuatro individuos de peces, poco frecuentes en el registro fósil bonaerense. Restos de carnívoros marsupiales dentro de una paleocueva, aún sin dentificar completamente. Cráneos y restos varios de un Paedotherium, un  pequeño notoungulado (ungulado del sur) extinto. Restos del genero Nothura,  una extraña ave Tinamidae,  conocidas  actualmente como Inambúes o Perdices. Restos de coraza y otras partes del esqueleto de una especie de Gliptodonte, un armadillo gigante. Una seguidilla de huellas fosilizadas atribuidas a Camélidos y Cervidos, que dejaron sus rastros en una antigua laguna. Restos de dos cráneos de un perezoso gigante llamado Scelidotherium, que en vida tenía  unos tres metros de largo. Restos varios de Lestodonte, otro perezoso gigante de unos cuatro metros de alto. Por último, en sedimentos más modernos, se recuperaron partes de un esqueleto de Lama guanicoe, un representante de los camélidos sudamericanos.

Un pequeño museo que apunta a lo grande.

El Museo de Miramar ha quedado muy pequeño para la cantidad de especímenes que se suman constantemente en las distintas áreas, ya sea por prospecciones propias o aquellas donaciones de los vecinos. “Por suerte, el Municipio y la Fundación Azara se encuentran encaminados en el anteproyecto de un nuevo y moderno edificio para albergar  la exhibición de ciencias naturales y sus colecciones, teniendo en cuenta que en la actualidad,  solo se expone una pequeña parte de la colección total”- argumento Daniel Boh, titular de la institución.

Mariano Magnussen del museo local, por su lado comento que; “tenemos algunos fósiles depositados desde hace más de diez años, aun sin procesar y estudiar por la falta de espacio y por la  cantidad de material que se  suma al museo, entre ellos, un enorme gliptodonte del tamaño de un automóvil, acompañado con el sedimento y envuelto en yeso que aún no sabemos el contenido exacto en su interior, más allá de la coraza visible”, detallo a los medios.

Los sorprendentes hallazgos y la calidad institucional que ha mostrado el Museo Punta Hermengo de Miramar en los últimos años,  permitirá que se concrete el nuevo edificio, además, la ciudad fue seleccionada  para que en el mes de abril del próximo año, sea la sede  del  Jornadas Paleontológicas y Arqueológicas de la provincia de Buenos Aires, donde asistirán investigadores y técnicos regionales, nacionales y extranjeros.


Descubrieron al primer plesiosaurio del Jurásico en la Antártida.

Se trata de un reptil marino carnívoro de 150 millones de años de antigüedad que superaba los seis metros de longitud. Fue descubierto en la Península Antártica, en un nuevo yacimiento paleontológico ubicado 113 kilómetros al sudoeste de la Base Marambio.

El paleontólogo José Patricio O’Gorman, investigador del Museo de la Plata (MLP) y del CONICET, comentó que “este registro de plesiosaurio es 80 millones de años más antiguo que lo que se tenía conocimiento para la Antártida”.

“Fue la primera campaña paleontológica que realizamos en este afloramiento que es como un mar congelado de 150 millones de años en un excelente estado de conservación”, destacó el autor principal del estudio que fue aceptado para ser publicado en la revista científica Comptes Rendus Palevol".

La doctora Soledad Gouiric Cavalli, especialista del MLP y del CONICET en el estudio de peces del Jurásico, indicó a la Agencia CTyS-UNLaM que “al caminar por el yacimiento se encuentra una gran diversidad de peces, amonites, algunos bivalvos, pero no esperábamos encontrar un plesiosaurio de tal antigüedad; fue sorprendente”.

“El hallazgo es bastante extraordinario, porque el yacimiento no posee el tipo de rocas en las que se puede encontrar materiales preservados en tres dimensiones, como es el caso de las vértebras de este reptil marino”, explicó la investigadora. A este afloramiento del Jurásico de cuatro kilómetros de largo por dos kilómetros de ancho solo se puede llegar tras dos horas de vuelo en helicóptero desde la Base Marambio, por lo que los investigadores remarcaron la logística impulsada por el Instituto Antártico Argentino (IAA).

Allí, durante la campaña antártica de verano de 2016, acamparon 40 días la doctora Gouiric Cavalli, el doctor José O’Gorman y los técnicos Juan José Moly y Leonel Acosta Burllaile. “Fue muy emocionante llegar allí, a un sitio que nadie había pisado en 23 años”, relató O’Gorman.

“Es el lugar más alejado a donde hemos llegado con las campañas de paleontología de vertebrados en la Antártida”, valoró la doctora Soledad Gouiric Cavalli. Y añadió: “Las campañas argentinas se suelen realizar en inmediaciones a la Base Marambio (en las islas Marambio, James Ross y Vega), pero aquí hemos ampliado bastante el rango de acción y tenemos el interés de ir a sitios aun más alejados”.

El doctor Marcelo Reguero, investigador del MLP y director de las campañas paleontológicas del Instituto Antártico Argentino (IAA), afirmó que “fue preciso realizar toda una logística para llegar a este yacimiento ubicado en Cabo Longing y el resultado fue muy exitoso, al haber rescatado una gran diversidad de peces, plantas y este plesiosaurio, y este verano se irá a la nueva campaña con aun mayores expectativas”.

“En la campaña de 2016, se obtuvo una gran cantidad de fósiles y para la expedición del verano próximo iremos con instrumentos para obtener una cantidad todavía mayor de ejemplares”, anticipó el investigador del MLP y del IAA.

La doctora Gouiric Cavalli, quien será parte de la nueva campaña que se hará en este mar congelado del Jurásico desde el 8 de enero hasta mediados de febrero, aseguró que “allí se encuentra una cantidad sorprendente de peces y es lógico pensar que el plesiosaurio que descubrimos se alimentara de ellos, porque es un reptil marino grande y hallamos peces de tamaño mediano, algunos chicos, y algunos bastante grandes también”.

Respecto a la excelente conservación de esta fauna y flora marina del Jurásico, la investigadora del MLP y del CONICET reveló que “se preservaron así porque el fondo de aquel mar tenía muy poco oxigeno, por lo que no se desarrollaban organismos que pudieran desarticular esos ejemplares y tampoco se producían los fenómenos de putrefacción”.

El doctor Marcelo Reguero señaló que “estos depósitos ricos y únicos en vertebrados del jurásico marinos pertenecen a la época en que la Antártida formaba parte del continente Gondwana y estaba junto a Australia, Nueva Zelanda, India, Madagascar, África y América del Sur”.

La temperatura de los mares era mucho más elevada hace 150 millones de años y el mapa mundial era muy diferente. Según manifestó el doctor José O’Gorman, este plesiosaurio, además de tratarse del primero de su clase en el Jurásico en la Antártida, sirve como evidencia a favor de la posibilidad de la dispersión de estos reptiles por medio de un pasaje que existía entre África y la Antártida, que en ese momento recién se habían separado.


Huevos fosilizados muestra el desarrollo de los pterosaurios.

Una inestimable colección de más de 200 huevos proporciona nuevos conocimientos sobre el desarrollo y los hábitos de anidación de los pterosaurios. Hasta la fecha, solo se habían encontrado y analizado un pequeño puñado de huevos de pterosaurio con una estructura en 3-D bien conservada y un embrión en su interior: tres huevos procedentes de Argentina y cinco de China.

Este escaso tamaño de muestra se vio drásticamente incrementado con el descubrimiento en China de 215 huevos de la especie de pterosaurios Hamipterus tianshanensis en un sitio yacimiento del Cretácico inferior. Xiaolin Wang et al. utilizaron la tomografía computarizada para examinar el interior de los huevos, 16 de los cuales contenían restos embrionarios en distinto grado de integridad.

El embrión más completo contiene un ala parcial y huesos craneales, incluida una mandíbula inferior completa. Las muestras de huesos de los muslos que permanecen intactas están bien desarrolladas, lo que sugiere que la especie disponía de patas traseras funcionales al poco de la eclosión. Sin embargo, la estructura que sostiene el músculo pectoral parece estar infradesarrollada durante la etapa embrionaria, lo que sugiere que los recién nacidos probablemente no pudieran volar.

De este modo, los autores proponen que los recién nacidos probablemente necesitaran las atenciones de sus progenitores. A partir de las marcas de crecimiento, el equipo estima que uno de los individuos tenía una edad de al menos 2 años y seguía creciendo en el momento de su muerte, lo que respalda el creciente cuerpo de evidencias de que los pterosaurios tenían largos períodos de incubación.

Por último, el hecho de que una sola colección de embriones muestre un rango de etapas de desarrollo insinúa que los pterosaurios participaron en el comportamiento de anidación colonial, afirman los autores. Denis Deeming discute estos hallazgos en un artículo de Perspective relacionado. (Fuente: AAAS)


Revelan que Panthera atrox, el león americano habitó la Patagonia.

Científicos del CONICET y del MACN develaron que restos fósiles hallados en el siglo XIX alojados en el Museo de La Plata pertenecen a un león americano extinto.

En el siglo XIX científicos de distintas partes del mundo exploraron cuevas y cavernas de la Patagonia en búsqueda de la posibilidad de hallar vivo al milodon, un perezoso gigante que podía pesar hasta 2 toneladas, extinguido, en realidad, miles de años antes.

Pese a no poder concretar dicho objetivo, los investigadores hallaron entre otros restos fósiles, esqueletos de una especie felina de gran tamaño que hasta el día de la fecha permaneció catalogada de manera errónea.

Si bien Santiago Roth, el primer paleontólogo que publicó los restos de esta especie, consideró que se trataba del felino sudamericano más grande y, al vincularlo a un misterioso animal del que hablaban las leyendas locales, lo bautizó con el nombre de Lemish listai, más adelante hubo acuerdo ente los investigadores que se trataba de una subespecie de yaguareté (Panthera onca) de gran tamaño que había habitado el sur del continente sudamericano.

Recientemente, investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN-CONICET) volvieron a analizar los fósiles conservados en el Museo de La Plata y concluyeron que en realidad corresponden al león americano (Panthera atrox), especie considerada hasta el momento como exclusivamente norteamericana y pariente cercano del león de la cavernas de Eurasia (Panthera spelaea). Los resultados fueron publicados en la revista Comptes Rendus Palevol

“El león americano era un 25 un por ciento más grande que los leones africanos actuales (Panthera leo), sobrepasaba los 3 metros de longitud y pesaba más de 250 kilogramos. O sea, tenía un tamaño mucho mayor al de los yaguartés. También podemos saber que se trataba de una especie caminadora y adaptada a los ambientes abiertos y secos como la estepa patagónica”, comenta Federico Agnolín, investigador adjunto del CONICET en el MACN y uno de los autores del artículo. Otra gran diferencia entre los leones americanos los yaguaretés es que los primeros acumulaban sus presas -muchas veces de gran peso y tamaño- en cavernas.

“Expediciones arqueológicas en cavernas en la Patagonia revelaron la existencia de grandes depósitos de huesos de milodon. Aunque en un principio, los arqueólogos consideraron que los esqueletos debían haber sido acumulados allí por los seres humanos, la presencia en todos ellos de marcas de dientes agudos les reveló que habían sido capturados por un gran predador felino, al cual comenzaron a denominar como ‘Pantera de la Patagonia’”, relata Nicolás Chimento, investigador del MACN y primer autor del artículo.

Junto a los huesos de los leones americanos fueron hallados también restos de cuero que permitieron revelar que la piel de estos predadores era de color rojizo. Algo que confirma el modo en que se lo retrata en una pintura rupestre hallada en una cueva en El Ceibo en la provincia de Santa Cruz en la década del ’70

“Se trata de una pintura de aproximadamente un metro y medio –mucho más grande que las que la rodean- en la que se puede ver un gran felino de color rojo con garras enormes y dientes muy agudos. Quien encontró la pintura dedujo a partir de ella el miedo que tenían los contemporáneos a este animal. Las pinturas de yaguartés, en cambio, los muestran mucho más pequeños y de color amarillo”, comenta Agnolín.

Este nuevo hallazgo plantea la necesidad de revisar otros hallazgos paleontológicos ocurridos en el área andina porque es muy probable que el patagónico no sea el único caso en los que huesos de león americano fueron confundidos con los de un yaguareté. (InfoGEI)Jd


Hallan en Miramar fósiles vinculados a una rara historia.

En la localidad bonaerense de Miramar, recuperaron restos fósiles de una extraña criatura prehistórica de 2 millones de años de antigüedad.

La historia de la Ciencia argentina y especialmente la Paleontología tienen en la localidad de Miramar, uno de sus lugares de inicio y de una gran polémica ocurrida hace más de cien años. La misma ha sido recordada debido a que recientemente, personal y colaboradores del Museo Municipal Punta Hermengo de dicha localidad, encontraron parte de la pelvis y una pata trasera de un robusto notoungulado (animal con pezuñas) denominado, según los datos disponibles, Toxodon chapalmalensis . Cuya antigüedad sería de unos 2 millones y medio de años y del tamaño de un ternero.

Los Toxodontes eran un género con varias especies que existieron en nuestro continente. En el mismo museo ya se exhiben restos de un Toxodon platensis, del tamaño de un rinoceronte que fueron hallados en sedimentos más “modernos”, o sea de unos 500.000 años.

El hallazgo fue posible debido a que un derrumbe en el acantilado dejó al descubierto a estos fósiles, que fueron observados y rescatados por Daniel Boh, Director del museo local y Francisco De Cianni, del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires, con el aporte de Mariano Magnussen en la restauración de los mismos.

Lo interesante de esto, es que a principios del siglo XX se estaba debatiendo en el mundo científico, el origen del ser humano y Florentino Ameghino insistía en que el mismo ocurrió en nuestro país. Luego de su muerte y con este tema en plena vigencia, sucedió un extraordinario hallazgo.

Un fémur de Toxodon con una punta de flecha clavada en él había sido desenterrado al norte de Miramar. Su antigüedad indicaba sin dudas que esta era la prueba que los seres humanos eran muy antiguos en la región y contemporáneos a esos animales ya extinguidos. Esto sucedió en 1914 y hasta los años 20 se siguieron realizando extraños y reveladores hallazgos, siempre en la zona de Miramar, por lo que el nombre quedó registrado en muchos artículos.

En estos se vertían opiniones entusiastas o críticas hacia los protagonistas de los hallazgos y a sus métodos de recolección. Este asunto fue tema de debate por años hasta que hace poco se realizó una tomografía a dicho hueso, y se determinó que la flecha fue clavada cuando el mismo ya era un fósil y que además no era una flecha, sino una raedera, un instrumento para raspar, abundante en los yacimientos arqueológicos de la región. El actual hallazgo fue realizado muy cerca de aquel polémico y famoso “hueso flechado”.

Este espécimen se incorpora al citado museo miramarense, para el cual se está trabajando junto a la Fundación Azara y la Municipalidad de General Alvarado, en la creación de nuevas y funcionales instalaciones para poder exponer y conservar mejor su amplia colección.

Para más información se invita a visitar la página web  www.museodemiramar.com.ar y al Facebook: Museo Miramar


Raíces y tallos fosilizados en San Pedro.

El equipo del Museo Paleontológico de San Pedro, a 170 km de Buenos Aires, descubrió centenares de fragmentos de raíces y tallos fosilizados de plantas acuáticas que vivieron durante la edad Lujanense, en el Pleistoceno superior.

El descubrimiento fue realizado por José Luis Aguilar y Bruno Rolfo, miembros del Grupo Conservacionista de Fósiles, equipo fundador del Museo Paleontológico de San Pedro, mientras inspeccionaban un zanjeo perimetral que se realizaba en un predio rural propiedad de la familia Spósito, sector ubicado al Este del partido de San Pedro.

En un área de unos 70 m2, la excavadora removió un cúmulo de sedimentos verdes grisáceos, entre los que observaron pequeños fragmentos de un tono rojizo amarillento que llamaron la atención de los integrantes del Museo.

Pacientemente, lograron recuperar centenares de esos fragmentos que luego fueron analizados en el museo, contrastando opiniones con diferentes investigadores. De la tarea de revisión y clasificación de los materiales fosilizados participaron el Dr. Eduardo Tonni y el Dr. Alfredo Carlini; ambos, investigadores del Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

Los fósiles recuperados por el equipo del Museo de San Pedro, corresponden a lo que, en paleontología, se denomina “moldes positivos” de raíces y tallos de juncos que habitaron la zona hace más de 10.000 años, durante una edad geológica denominada Lujanense.

Este es un hallazgo tan poco frecuente que los únicos antecedentes de vegetales fósiles en el norte de Buenos Aires, datan de más de 60 años atrás, cuando el naturalista Joaquín Frenguelli y el reconocido Florentino Ameghino, hicieron mención de casos similares.

Desde el Grupo Conservacionista de Fósiles, explican que “los fragmentos fueron observados semi ocultos en un sedimento verdoso que, dada sus características, ha sido parte del fondo de un sistema con presencia de aguas tranquilas, muy posiblemente, lagunares. Las raíces fósiles se presentan como pequeños tubos rojizos (producto del óxido de hierro), con paredes del orden del milímetro de espesor, con el interior vacío, debido a que el material orgánico que formaba la raíza originalmente, ha desaparecido quedando sólo la costra de residuos bacterianos que formaron los moldes positivos de aquellas raíces prehistóricas.

Los tallos fosilizados son mucho más escasos, pudiéndose recuperar unos pocos tramos, de los cuales sólo tres o cuatro están íntegramente conservados.


Rionegrochelys caldieroi, una tortuga del Cretácico de Cipolletti.

La Margen Sur es conocida por ser uno de los espacios naturales más hermosos de la región y se ha transformado en el destino preferido de los ciudadanos para realizar deportes y otras actividades recreativas. Sin embargo, el hallazgo de un fósil de 90 millones de años convirtió el punto turístico en escenario de uno de los descubrimientos más grandes de la historia, ya que es el primer ejemplar de una nueva especie.

Se trata de una tortuga fósil que mide alrededor de 45 centímetros, un tamaño “relativamente grande” para este tipo de reptiles. Si bien la encontraron en la zona de El Anfiteatro en el 2005, no fue hasta el viernes pasado que pudo ser presentada de manera oficial como la primera en su especie en todo el mundo y depositada en el Museo Carlos Ameghino.

Especialistas afirmaron que pertenece a la familia de las “tortugas-serpiente”, caracterizada por tener un cuello largo y por doblar la cabeza de manera horizontal para esconderla dentro del caparazón.

Investigadores de la Universidad Nacional de Río Negro y del Conicet la llamaron Rionegrochelys caldieroi, en homenaje a Victorino Caldiero, miembro del Ente de Desarrollo de la Margen Sur e impulsor de los estudios de desarrollo en Cipolletti.

“La fase de la preparación fue bastante rápida, pero formó parte de una tesis doctoral de un investigador y recién luego de presentarla se publicó el material. Lo importante es que se pudo comprobar que se trata de una nueva especie y, además, nombrarla. Este trabajo es como su partida de nacimiento, cualquier otro investigador que encuentre una tortuga de estas características deberá asignarla a esta especie”, explicó Leonardo Salgado, docente investigador del Instituto de Paleobiología y Geología de la UNRN, quien encabezó la exploración en la Margen Sur.

Para dar con el ejemplar también trabajó un amplio equipo de paleontólogos y geólogos argentinos y españoles, como así también José Ignacio Canudo, director del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza. Se desarrolló en el marco de un proyecto de colaboración con el Endemas, la Universidad de Zaragoza y la empresa Repsol-YPF.

 


Hallan en Mendoza un pez del Triasico bautizado como Calaichthys tehul.

Argentina se ha hecho famosa por los continuos hallazgos de fósiles de dinosaurios gigantescos en la Patagonia. Pero el registro fósil es mucho más rico y a veces científicamente más importante, aunque claramente sea menos espectacular. Es el caso de un hallazgo realizado en Mendoza por paleontólogos argentinos.

Los restos de un pez de 240 millones de años, que vivió en el Triásico medio y perteneció a una especie de la que no se tenía registro en Sudamérica, fueron descubiertos en la localidad de Potrerillo por un equipo de investigadores del Conicet. Se trata de un pez del grupo de los "Redfieldiiformes" que habitó el planeta en tiempos de Gondwana, el bloque continental meridional desprendido del supercontinente Pangea que al escindirse dio origen, entre otras cosas, a la Antártida y Sudamérica.

En ese entonces, lo que hoy se conoce como "Mendoza" se cubría de lagos efímeros, es decir, que se secaban rápidamente por la calidez del clima, y luego de la mayor extinción de especies que se registró en el planeta, esos espacios acuáticos fueron poblados por una gran diversidad faunística.

La campaña de los expertos del Instituto Argentino de Nivología, GlacioIogía y Ciencias Ambientales (Ianigla, Conicet - UNCU - Mendoza) y el Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" tenía como objetivo la recolección de plantas, "palinomorfos" e insectos de ese tiempo histórico. Pero durante las excavaciones se encontraron con lajas que contenían pequeños peces. Soledad Gouiric Cavalli, investigadora del Conicet en la División Paleontología Vertebrados del Museo de La Plata, quien estuvo a cargo de la identificación y descripción anatómica de los fósiles, explicó que "fue un hallazgo sorprendente, las lajas contenían pequeños peces exquisitamente preservados". En el trabajo que acaba de publicarse en "Papers in Palaeontology" se destaca que hasta el momento no se tenía registro de esa especie de pez.

"Debido a su larga historia evolutiva muchos órdenes que aparecen representados en el registro fósil y que hoy están completamente extintos no tienen una relación de parentesco con las formas actuales. Es el caso de este nuevo ejemplar, que tiene características compartidas con peces paleozoicos y con otros más modernos", dijo la investigadora. Estos fósiles son muy pequeños: caben en la palma de una mano y su estado de preservación es óptimo. "A simple vista dejan ver con nitidez el patrón de ornamentación de las escamas, que se encuentran perfectamente articuladas y las de la línea lateral están intactas. Además de los ojos los peces usan esa línea, que es un sistema sensorial presente en las escamas y los huesos del cráneo, para detectar vibraciones, movimientos y cambios en la presión del agua circundante, es decir, les permite percibir presas y posibles agresores", contó.

En los ejemplares se distinguen las aletas pectorales, pélvicas, dorsal y anal, en las que aparecen estructuras similares a las escamas que están en su borde anterior. "Habrían servido para favorecer la hidrodinamia.

Son características en las aletas pares e impares de muchos peces paleozoicos y mesozoicos, pero no están presentes en los de la actualidad", apuntó. Casi todos los ejemplares que la experta estudió en el museo local tienen intacta la cabeza, en la que se pueden distinguir fácilmente los grandes ojos, la mandíbula superior e inferior y el opérculo, que es el límite entre el cráneo y el tronco.

En los ejemplares se distinguen las aletas pectorales, pélvicas, dorsal y anal, en las que aparecen estructuras similares a las escamas que están en su borde anterior. "Habrían servido para favorecer la hidrodinamia. Son características en las aletas pares e impares de muchos peces paleozoicos y mesozoicos, pero no están presentes en los de la actualidad", apuntó. Casi todos los ejemplares que la experta estudió en el museo local tienen intacta la cabeza, en la que se pueden distinguir fácilmente los grandes ojos, la mandíbula superior e inferior y el opérculo, que es el límite entre el cráneo y el tronco.

Los peces se originaron hace aproximadamente 480 millones de años y son el grupo de vertebrados más numeroso y diverso que existe, superando las 32 mil especies vivientes. Fueron testigos y sobrevivientes de las grandes extinciones y a lo largo de la historia natural lograron ocupar con eficacia prácticamente todos los ambientes acuáticos. De allí que una novedad como la de Mendoza tiene una relevancia tal vez difícil de comparar con la de un dinosaurio, pero que es al menos igual de importante en términos de evolución biológica.

Gouiric Cavalli, que se dedicada al estudio de peces marinos del Jurásico, que vivieron millones de años después y llegaron a medir hasta 16 metros de largo, determinó que "se trata de un nuevo género y especie fósil que nunca antes habíamos registrado en Sudamérica" y añadió que "es un orden del que prácticamente no se conoce mucho y que fue revisado hasta los años 80, así que no teníamos un entendimiento moderno acerca de el. Fuente La Capital.


Argentinodraco barrealensis, un nuevo reptil volador de Patagonia.

A veces, las piedras hablan y cuentan historias de millones de años atrás. Así, científicos neuquinos y brasileños descubrieron que uno de los primeros animales que volaron por el cielo de la región fue el Argentinodraco barrealensis.

Se trata de un reptil alado de casi cuatro metros, que se alimentaba de insectos que extraía del barro con su particular pico alargado.

El hallazgo de los restos se hizo en 2011 en la excavación Futalongko, al norte del lago Barreales, donde funciona el parque paleontológico Proyecto Dino. Allí, entre otras piezas, el equipo de científicos rescató una mandíbula que se había conservado casi completa.

Tras seis años de estudios, el paleontólogo Jorge Calvo y su colega brasileño Alexander Kellner determinaron que el material pertenece a un pterosaurio o reptil volador de la variedad Azhdarchoid. El viernes pasado publicaron el descubrimiento en los anales de la Academia de Ciencias de Brasil.

En el artículo remarcaron que se trata de un animal con "una inusual mandíbula", perteneciente al Cretácico superior, o sea, de hace 90 millones de años. De la punta de un ala a la otra medía entre tres y cuatro metros.

Los investigadores bautizaron al nuevo pterosaurio como Argentinodraco barrealensis y, en diciembre, Kellner vendrá al parque neuquino para evaluar si hay otras piezas más pequeñas que pertenezcan al mismo ejemplar. Calvo explicó que el brasileño es un experto en pterosaurios y en Barreales guardan "más material que se sacó y quizás no se reconoció, en particular dos pedacitos de cinco centímetros que creemos que podrían corresponder a este individuo".

Detalló que el Argentinodraco tenía mandíbulas "fusionadas" y de una forma única, lo que les permitió individualizar la especie. Estiman que vivía cerca de cuerpos de agua meandrosos, dentro de lo que es hoy Neuquén, y usaba su pico fino y alargado para revolver el barro del fondo en busca de gusanos.

Según Kellner, que es profesor del Museo Nacional en la Universidad Federal de Río de Janeiro, este hallazgo demuestra la variedad morfológica de los pterosaurios y sugiere un modo de alimentación distinto de lo que se conocía hasta ahora.

En 2002 se había extraído en Barreales la parte de un ala de otro pterosaurio, de un tamaño estimado de seis metros, pero los datos eran insuficientes para poder identificarlo.

Ahora, con el nuevo descubrimiento, los científicos esperan conocer un poco más sobre el comportamiento de estos reptiles voladores, que fueron los primeros en atravesar el cielo de Neuquén.

Todos tienen nombres difíciles de pronunciar: Pterodaustro, Puntanipterus, Herbstosaurus, Aerotitan y Wenupteryx. Argentinodraco significa “dragón argentino”.


Hallan en la Quebrada de Humahuaca huellas de dinosaurios de hace 66 millones de años.

Huellas de dinosaurios saurópodos, terópodos y de aves del último período del Cretácico fueron descubiertas en la localidad jujeña de Maimará, en la Quebrada de Humahuaca , por investigadores de las universidades de Salta, Tucumán y Río Negro, como indicios de la existencia de "un mar de poca profundidad" pero con miles de kilómetros cuadrados de extensión, reveló hoy a Télam el investigador del Conicet Carlos Cónsole Gonella.

"Son muchas huellas, no hay un conteo individual, son dos planchones grandes que tienen varias decenas de metros cuadrado", contó a Télam Cónsole Gonella, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Las huellas, que alcanzan los 80 centímetros de diámetro, se encuentran a lo largo de toda la sierra de Alfarcito, cerca de Maimará, 76 kilómetros al norte de San Salvador de Jujuy.

"Era un mar de poca profundidad con máximo de diez metros, pero con miles de kilómetros cuadrados de extensión, y hay evidencias de que se extendía desde Venezuela hacia el sur llegando hasta el norte de Argentina e incluso parte de Brasil", indicó el investigador. Si bien los lugareños conocían la existencia de huellas de hace millones de años, "ahora se toma su real dimensión a partir de un trabajo de investigación que realizamos", expresó Cónsole Gonella.

Según el investigador, oriundo de Tucumán , desde las huellas "es difícil pero no imposible" poder llegar a determinar la especie a la que pertenece. Las huellas pertenecen básicamente a tres grupos grandes de dinosaurios, uno de ellos los saurópodos (titanosaurios), que tenían cuello largo y con un peso que podía alcanzar decenas de toneladas. Por estar comprendidos en el período Cretácico, no eran de gran tamaño como otros que vivieron antes, por ejemplo el Jurásico, donde sí eran dinosaurios de gran porte, dijo Cónsole, doctor en geología.

Algunas de las huellas revelan la existencia de Hadrosaurios, llamados "Pico de pato", y de Terópodos, que eran carnívoros, que "terminan de completar este ecosistema variable" que caracterizaba a la zona, explicó. Sobre la antigüedad de las huellas, el investigador señaló que fueron tratadas de forma relativa porque no se pudo hacer una datación absoluta, una medición geocronológica que requiere equipos específicos.

No obstante, por los tipos de huellas, se estima que son del último piso del Cretácico, antes de la extinción de los dinosaurios, es decir unos 66 millones de años. "Después de varios años surgieron estos resultados a partir de una descripción y reconstrucción del contexto paleoambiental", ya que antes no había sido estudiada de forma sistemática.

Años atrás, también en Maimará, un grupo de investigación halló huellas de dinosaurios en la formación Yacoraite, emblemática en la región ya que es la que brindó yacimientos de uranio, petróleo y cobre.

Cónsole Gonella refirió que el ambiente analizado es lo que en geología se llama "un sistema epicontinental", con ciertas similitudes de lo que es el mar Báltico, en Europa. "Era un mar bastante grande controlado por marea, que por ahí hacían variar su nivel -estimó-. Cuando se retraía, quedaban grandes lagos configurados, que tenían una extensión variable".

En ese contexto es que los dinosaurios pasaban caminando en esas costas, incluidas las aves que se cree relacionadas a las especies acuáticas como pueden ser las gallaretas. Para el profesional, es importante poder llegar a estas conclusiones para grupos de científicos que evalúan estos trabajos y hace muchos años trabajan en ello.

Junto al grupo de investigaciones están abocados de forma permanente al estudio en la Quebrada de Humahuaca -patrimonio de la Humanidad- y en Salta y Tucumán, donde hay rocas que tienen las mismas características y edades a las halladas en Maimará. Agencia Télam


Pampagyps imperator, una nueva especie de cóndor de 30 mil años de antigüedad en Buenos Aires.

Superaba los 2,50 metros con sus alas abiertas y tenía garras más fuertes que el cóndor actual, por lo que los paleontólogos estiman que podría cazar a sus presas. Sus restos fósiles fueron hallados en el partido de Marcos paz, a solo 34 kilómetros de la Capital Federal.

El investigador del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) y del CONICET Federico Agnolin comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “este hallazgo es único no solo para la provincia de Buenos Aires sino para toda la Argentina, porque es la primera vez que se encuentra un ejemplar tan bien preservado de un cóndor extinto y del que, hasta ahora, se desconocía su existencia”.

Este nuevo linaje  de cóndores fue bautizado como Pampagyps imperator. “Su nombre significa algo así como buitre emperador de las Pampas”, indicó Agnolin, autor principal del estudio que se publicará en la Revista del Museo Argentino de Ciencias Naturales. Y agregó: “Era un cóndor de gran tamaño, que pudo haber alcanzado hasta los tres metros de envergadura con las alas abiertas”.

Si uno viajara 30 mil años antes del presente, al momento en que esta ave imperaba en los cielos de la región pampeana y aun no había llegado el hombre hasta estas latitudes, se encontraría con una megafauna terrestre completamente distinta a la actual.

“Había mastodontes, que eran muy parecidos a los elefantes actuales; perezosos gigantes que superaban la tonelada de peso; gliptodontes, casi del tamaño de un Fiat 600; y entre los carnívoros estaba el conocidísimo tigre dientes de sable”, enumeró el especialista Agnolin.

El paleontólogo Federico Brissón Egli, coautor de este estudio y también investigador del MACN y del CONICET, subrayó que “lo más importante de este yacimiento de Marcos Paz es que, además de encontrar fósiles de animales de gran tamaño, también se encuentran restos de animales pequeños, de microvertebrados, de aves, de lagartos, de peces, que es mucho más difícil que se preserven a través del tiempo, y eso es lo que hace a esta cantera diferente, al  mostrar una ventana de estas especies que son muy importantes para el ecosistema”.

Parte de la cantera fue declarada como reserva paleontológica, solamente utilizable con fines científicos. En las más de seis hectáreas que tiene el sitio explorado en su totalidad, los investigadores realizan un hallazgo nuevo a cada paso. Pero, sin dudas, el descubrimiento más importante que ha dado este lugar desde que comenzó a ser estudiado en 2010 es, justamente, el Pampagyps imperator, por tratarse de una especie desconocida hasta hoy.

Los investigadores determinaron que esta ave tenía una gran capacidad para abrir y cerrar sus garras. “Un hueso del miembro posterior nos muestra que las inserciones de los músculos eran mucho mayores a la de los cóndores actuales, por lo que posiblemente podría cazar presas”, explicó el doctor Federico Agnolin a la Agencia CTyS-UNLaM.

En la actualidad, los cóndores son animales que se alimentan solamente de carroña. Por su parte, el cóndor emperador de las Pampas, con sus hasta 3 metros de envergadura, debió de ser temible para sus presas, entre las cuales podía haber pequeños vertebrados como roedores, reptiles y patos.

No obstante, el Pampagyps imperator también debía alimentarse de los cadáveres de los grandes mamíferos que habitaban la región. “Piensen que, en aquella épocas, vivían especies enormes que cuando morían dejaban sus carcasas en descomposición; por ello, también había una gran diversidad de animales carroñeros, como lobos, otros mamíferos y otras aves, como los caranchos, con los que debía competir el Pampagyps”, analizó el doctor Agnolin.

En aquel entonces, las aves carroñeras eran mucho más abundantes que en la actualidad. También, había mamíferos de tamaños gigantes. Pero a todas estas especies les llegó su ocaso hace unos 10 mil años, tiempo que también quedó registrado en los sedimentos de la cantera de Marcos Paz, ubicada casi en el límite fronterizo con el partido de La Matanza y a unos 150 metros de la Ruta 3.

Aparentemente, la llegada del hombre tuvo un papel decisivo en la extinción de toda esta fauna prehistórica, pero no fue el único factor. “Hace 10 mil años, se produjeron grandes cambios climáticos que provocaron que la fauna estuviera en retracción, con pocas especies”, contó Agnolin. Y añadió: “Cuando llegó el hombre, comenzó a cazar esas enormes bestias, y ese fue el puntapié final para hacerlas desaparecer”.

Y fue igual la suerte que corrió el Pampagyps imperator.

 “Al desaparecer estos enormes animales que el hombre cazaba, también se extinguieron los animales carnívoros que se alimentaban de los cadáveres de esas bestias, entre los cuales se encontraban las aves carroñeras”, relató el investigador del MACN y del CONICET.

El estudio que se realiza en la cantera Vignogna de Marcos Paz está dirigido por el paleontólogo del Museo de La Plata y del CONICET Leopoldo Soibelzon. De este equipo de investigación también participan Esteban Soibelzon, Sergio Rodríguez, Facundo Iacona y la geóloga Elisa Beilinson, todos ellos también del Museo de La Plata. Asimismo, el estudiante de paleontología David Piazza ha participado desde las primeras exploraciones a este yacimiento.

Cuando vivían aquellas especies, la zona era muy distinta. “Hoy, tenemos pastizales, lagunas, tenemos bosques, pero, hace 30 mil años, el ambiente era prácticamente como el de la Patagonia, un semidesierto, con arbustos, muchos estepas, mucha aridez, el clima era mucho más frío que ahora, y en algunos períodos hubo ingresiones marinas hasta este sitio, por lo que también se encuentran peces de agua salada en uno de los niveles de la cantera”, detalló Agnolin.Ilustracion: Lio.


Avanza el proyecto del nuevo Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

El futuro edificio estaría ubicado en el acceso al vivero dunícola "Florentino Ameghino". En noviembre se presentará el proyecto arquitectónico final.

El próximo mes se activará el convenio oficial para construir el futuro museo de Ciencias Naturales de Miramar, tras la rúbrica de la documentación entre el municipio de General Alvarado y la Fundación Azara.

Si bien hay algunas cuestiones aún en estudio, LA CAPITAL pudo averiguar que la nueva sede edilicia se emplazará a la entrada del vivero dunícola “Florentino Ameghino” a partir de la división del actual museo municipal “Punta Hermengo”, creado en 1977 con temática general.

Allí permanecerá toda la documentación histórica de la ciudad y el distrito, previa refacción del lugar ya que habrá más espacio tras el traslado de las piezas y esqueletos.

La nueva sede contará con 500 metros cubiertos que contendrán un hall de ingreso, tres salas de exhibición con todo lo relacionado a geología, paleontología, biodiversidad y arqueología, en todos los casos con foco en la riqueza del patrimonio natural de la zona.

También habrá gabinetes de investigación, un laboratorio, depósito para las colecciones que no estén en exhibición, áreas de servicio y mantenimiento.

El municipio se comprometió a aportar el espacio físico para el emplazamiento de la nueva sede y la construcción de la estructura general hasta llegar al cerramiento, mientras que Azara brindará las terminaciones del edificio, equipamiento y el montaje moderno de las salas de exhibición.

Una vez en funcionamiento, el museo será gestionado entre ambas partes y la intención es que además de resguardar y divulgar el patrimonio natural de la zona, sea una institución educativa, cultural y científica viva en continua actividad.

La fundación ya se encuentra trabajando con funcionarios gubernamentales en la elaboración del anteproyecto arquitectónico y avanza con la producción de contenidos del futuro museo. Entre ellos, la fabricación de vitrinas, armado de algunas réplicas de esqueletos completos de la megafauna que complementarán didácticamente a los materiales originales que se exhiban y la realización de algunos modelos a tamaño natural de representantes que serán emplazados en el parque circundante al ingreso del museo, apoyando el trabajo de investigación.
Cabe señalar, que la Fundación Azara es institución dedicada a las ciencias naturales, ambientales y antropológicas, de reconocida trayectoria nacional, creada en el año 2000 y que en breve inaugurará un museo de Estudios Folklóricos en Catamarca, un Sitio Arqueológico de Pinturas Rupestres en la misma provincia y otra sala en San Martín de los Andes, que se suman a la gran cantidad de emprendimientos ya concretados. Fuente; LaCapitalNet.


Aprosdokitos mikrotero , un pingüino enano del Eoceno de la Antartida.

Un pingüino enano de 34 millones de años de antigüedad fue hallado en la Antártida por investigadores del Museo de La Plata y del Instituto Antártico Argentino. De menos de 35 centímetros de estatura, se encontraba al oeste de la Península Antártica.

El rescate de los fósiles se produjo en el año 2012, en los niveles conocidos como Submeseta III de la Isla Marambio. Desde ese momento, se inició el estudio hasta la reciente confirmación y presentación de la nueva especie.

La doctora Carolina Acosta Hospitaleche, investigadora del Museo de La Plata y del CONICET, comentó que por el tamaño diminuto de su húmero, dudamos de si este animal habría tenido alguna patología que afectase su crecimiento, pero lo comparamos con huesos patológicos y comprobamos que era un pingüino adulto sano”.

Bautizado como Aprosdokitos mikrotero (inesperado minúsculo), consideraron que es “sorprendente” saber que “convivió con pingüinos gigantes que lo quintuplicaban en estatura”, destacó la autora principal del estudio, publicado en la revista científica alemana Neues Jahrbuch für Geologie und Paläontologie.

Hace 34 millones de años, los pingüinos reinaban en la Isla Marambio, con ejemplares diminutos, más pequeños que el pingüinito azul que existe actualmente en Nueva Zelanda, que ronda los 40 centímetros de altura, hasta ejemplares descomunales de la especie Palaeeudyptes klekowskii que podían alcanzar los 2,20 metros, mucho más que los 1,20 metros que puede medir el pingüino emperador que hoy habita en algunas regiones de la Antártida.

Las especies gigantes se alimentaban de peces de gran tamaño, por tener picos más poderosos, en tanto que esta especie diminuta, posiblemente, no se alimentaba de peces, sino de crustáceos. “Es posible que buscaran su alimento en distintos nichos del ecosistema”, consideró la especialista.

Para este nuevo estudio, compararon a los fósiles del Aprosdokitos mikrotero con más de 400 húmeros de pingüinos disponibles en el área de Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata, que se han recolectado durante más de 30 años de expediciones impulsadas por el Instituto Antártico Argentino.

“Existe el consenso de que solo un pequeño grupo de los pingüinos del Eoceno logró evitar su extinción, al emigrar a Sudamérica y, a partir de ellos, es que existen pingüinos en la actualidad”, explicaron. Todos los linajes que se quedaron en la Antártida terminaron desapareciendo.

En tanto, en la campaña de 2017, la doctora Hospitaleche encontró un nuevo fósil de pingüino enano, en un sitio mucho más antiguo, de aproximadamente 50 millones de años. Fuente: Agencia CTyS-UNLaM.


Descubren nueva especie de mamífero en la Antártida de 50 millones de años.

La nueva especie, bautizada como Notiolofos regueroi, tenía el tamaño semejante a una oveja. Paleontólogos argentinos realizaron el hallazgo en la Isla Marambio, al este de la Península Antártica.

El doctor Javier N. Gelfo, investigador del CONICET y del Museo de La Plata, comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que la “nueva especie pertenece al grupo de los Litopterna, es decir, al mismo grupo de la Macrauchenia patachonica que había sido descubierta por Darwin en 1834 y a la que hace poco le logramos extraer el ADN mitocondrial”.

“A diferencia de la macrauchenia, que es el último representante de este grupo de los Litopterna, Notiolofos regueroi es uno de las primeras especies de este mismo grupo, con una antigüedad de 50 millones de años aproximadamente”, agregó.

Gelfo contó que realizó este hallazgo junto a la investigadora Carolina Acosta Hospitaleche del MLP-CONICET durante la campaña antártica de 2016: “Descubrimos solo un diente, el último molar inferior, pero fue lo suficientemente informativo como para estudiarlo y reconocer que pertenecía a una nueva especie”. “Es muy interesante estudiar la historia biológica de la Antártida, porque, en la actualidad, es el único lugar del mundo donde no existen vertebrados terrestres”, manifestó Gelfo. Y consideró: “No solo que no existen mamíferos terrestres, sino tampoco aves terrestres ni reptiles; todos los vertebrados están vinculados al ambiente marino”.

Los pocos mamíferos de la Antártida en la actualidad son cetáceos, como las ballenas, y pinnípedos como los elefantes marinos, los cuales se nutren y alimentan en el mar. Pero, hace 50 millones de años, había una conexión terrestre entre Australia, la Antártida y la Patagonia que permitía un flujo de fauna terrestre en ambas direcciones.

El investigador detalló que a la nueva especie descubierta en la Isla Marambio se le conoce un pariente muy próximo: “A Notiolofos regueroi, que pesaba entre 25 y 50 kilos, le conocemos un pariente próximo, Notiolofos arquinotiensis, descripto en el 2006 y que es de su misma antigüedad, pero que era mucho más grande, porque podía llegar a pesar hasta 500 kilos”.

Notiolofos regueroi y su cercano pariente de mucho mayor tamaño vivieron durante el Eoceno, un momento particular en la historia evolutiva del Planeta. “En aquel entonces, aún había contacto terrestre con la Patagonia y la temperatura en la Antártida era propicia para la existencia de animales terrestres”, aseveró Gelfo.

Pero, hacia el final del Eoceno, en un momento que se conoce como límite Eoceno-Oligoceno, hace unos 30 millones de años, acontece la formación de los primeros grandes glaciares en la Antártida y ahí comienza una merma en las especies por el descenso de la temperatura.

“Hoy hablamos de deterioro climático por subas de la temperatura y, en aquel momento, el deterioro se produjo por un enfriamiento muy marcado y la aparición paulatina de glaciares sobre el continente antártico”, analizó Gelfo. Y continuó: “De continuar el calentamiento global, se modificaría la fisonomía de la Antártida, hoy cubierta de hielo, y surgirían espacios apropiados para la colonización de nuevos grupos”.
Claro que, indicó Gelfo, este cambio significaría un ascenso importante del nivel de los mares, por lo que la mayoría de las ciudades costeras de la actualidad quedarían bajo el agua y esto provocaría un trastorno intenso en nuestras sociedades.

El nombre de la nueva especie, Notiolofos regueroi, incluye un reconocimiento al doctor Marcelo Reguero, investigador del Instituto Antártico Argentino y director de las campañas paleontológicas a la Antártida, según comentó Javier N. Gelfo, autor principal del estudio publicado en Antarctic Science.

El hallazgo no solamente radicó en el descubrimiento de una nueva especie, sino también en el hallazgo de una nueva localidad paleontológica. “Encontramos un nuevo sitio paleontológico en la Isla Marambio, llamado técnicamente IAA-2/16 por las siglas del Instituto Antártico Argentino, el número de la localidad y el año en que fue descubierta, 2016”, precisó el paleontólogo.

“Fuimos allí nuevamente en la campaña de este año, pero las condiciones climáticas no ayudaron, porque hubo muchas nevadas a partir de enero”, contó Gelfo. Y aclaró: “Si bien ya había pasado gente antes que nosotros por ese sitio, nunca se había encontrado fósiles de mamíferos allí y por ese motivo es que, ahora, pasó a ser una nueva localidad paleontológica”.


Patagotitan mayorum, la criatura más grande que caminó sobre nuestro planeta.

Paleontólogos argentinos presentaron en sociedad a Patagotitan, un megadinosaurio que vivió hace 101 millones de años en la Patagonia, donde también habitaron los gigantescos Argentinosaurus y Puertasaurus. Alcanzaba los 40 metros de longitud y su peso rondaba las 70 toneladas.

Patagotitan superó todos los parámetros conocidos. Al elevar su cuello, podía alcanzar una altura semejante al séptimo piso de un edificio. Pero, más allá de sus medidas descomunales, representa un valor aún mayor para los científicos, porque se encontraron al menos seis ejemplares de esta nueva especie y se pudo reconstruir la mayor parte de su cuerpo.

El paleontólogo del Museo Egidio Feruglio (MEF) y del CONICET José Luis Carballido comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “se encontró la mitad del cuello, ocho o nueve vértebras dorsales, el sacro, más de 30 vértebras caudales, escápulas, coracoides, costillas, el húmero, el pubis, el fémur, por lo que pudimos hacer una reconstrucción tridimensional de su cuerpo y una estimación muy precisa de cuánto pudo pesar en vida”.

“Es súper interesante este hallazgo, porque los restos que se habían encontrado de estos dinosaurios herbívoros gigantes de la Patagonia eran fragmentarios, siquiera teníamos de ellos un fémur y un húmero, que son los huesos que se suelen utilizar para establecer la masa corporal de los animales extintos”, explicó el autor principal del estudio publicado hace instantes en la revista científica Proceedings of the Royal Society.

Con este descubrimiento en la localidad La Flecha, a 260 kilómetros al oeste de Trelew, provincia de Chubut, los paleontólogos no solo pudieron establecer con precisión la masa corporal de esta nueva especie a la que bautizaron como Patagotitan, sino que también pudieron determinar las relaciones de parentesco con otros titanosaurios gigantes que hubo en la Patagonia.

El doctor Diego Pol del MEF y del CONICET aseguró que “el estudio de la anatomía y las comparaciones que llevamos a cabo reveló similitudes notables en las vértebras de Patagotitan con otros gigantes encontrados en Patagonia, tales como Argentinosaurus y Puertasaurus, que estaban también entre los dinosaurios más grandes conocidos. Estas otras dos especies, sin embargo, eran varios millones de años más modernas que el Patagotitan

“Realizamos un estudio filogenético, que consta de un análisis computacional de las diferentes similitudes y diferencias anatómicas de las especies de titanosaurios, el cual es un paso indispensable para comprender la evolución de este fantástico grupo de dinosaurios”, aseguró Pol. Y agregó: “Este análisis confirmó las sospechas y conocer tantos detalles de la anatomía de Patagotitan fue una pieza clave para unir muchas fragmentos de un gran rompecabezas“.

Carballido explicó que “como todas estas especies gigantescas de la Patagonia estaban muy emparentadas, relacionadas, al saber cuánto medía el Patagotitán, pudimos aproximarnos a saber cuánto midieron el Argentinosaurus, el Puertasaurus y el Futalognkosaurus”.

 “Todas estas otras especies también tenían dimensiones descomunales, apenas un cinco o diez por ciento menores que el Patagotitan”, mencionó Carballido. En efecto, los científicos tratan de interpretar por qué los titanosaurios desarrollaron formas tan gigantes hacía fines del Cretácico inferior y comienzos del Cretácico superior, hace unos 100 millones de años, en la Patagonia argentina.


Entre perezosos gigantes y  paleoaborigenes en una cueva de Neuquén.

En el sitio todo existe desde hace miles y miles de años. Al subir al cerro que conduce a Cueva Huenul hay que pisar basalto, obsidiana y otras piedras de origen volcánico. En su interior, un grupo de investigadores encontraron las primeras piezas de un rompecabezas que permiten conocer la evolución de las especies, el ambiente y el clima de la Patagonia a través del tiempo.

“Se trata de un tesoro arqueológico que estamos estudiando desde hace seis años. Es un lugar excepcional que ha registrado en sus sedimentos evidencias históricas de los últimos dieciséis mil años y que marcan la transición a nivel planetario entre la era de las glaciaciones y los climas más cálidos que conocemos actualmente”, explica el investigador independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Cuyo, Ramiro Barberena.

Este sitio -que mide unos veinticinco metros de largo-, ubicado a lo alto de un cerro al noroeste de la Provincia de Neuquén en la localidad de Barrancas y conformado geológicamente por piedras expulsadas a lo largo del tiempo por erupciones volcánicas, está repleto de huesos, rocas milenarias, pinturas rupestres y otros elementos que confirman como una prueba inequívoca que ese lugar fue utilizado por diferentes especies a lo largo del tiempo, que evolucionaron o incluso se extinguieron, pero en ambos casos dejaron huellas que aún perduran en la Cueva Huenul.

“En nuestras excavaciones encontramos información sobre las especies animales presentes. Hemos hallado excremento de perezosos gigantes tan bien preservados que permitieron determinar de qué se alimentaban”, afirma el científico.

Las investigaciones indicaron que estos animales herbívoros, que podían alcanzar un peso de unas tres toneladas y medir dos metros de alto, comían principalmente hojas de algarrobo y molle, entre otros arbustos presentes en la zona.

Un gran interrogante científico y que este estudio permite develar para esta zona de la Provincia de Neuquén es el por qué de la extinción de los Perezosos gigantes.

“Si bien la desaparición de estos animales coincide en el tiempo con la culminación del último periodo glacial y con el momento en el que empiezan a colonizar Sudamérica los seres humanos, en esta región de Patagonia nuestros registros aseveran que los hombres y mujeres que habitaron allí, llegaron unos 1500 años después de la extinción de la megafauna. Esto refuerza la hipótesis que señala al efecto del abrupto cambio climático que se produjo en esos tiempos como el causante de la extinción”, explica Barberena.

Las dataciones realizadas por los científicos indican que las primeras personas en ingresar al interior de esta cueva, lo hicieron unos 11 mil años atrás y desde ahí y a lo largo del tiempo, el sitio fue asiduamente visitado.

“Los escasos artefactos, restos de comida y de fogones son algunas de las evidencias de esos humanos que colonizaron esta región de desiertos en Patagonia”, indica el investigador.

Sin embargo, los objetos encontrados no son el único registro. Las paredes de la cueva aportan información a través de decenas de pinturas rupestres; el desafío para el equipo multidisciplinario de científicos es comenzar a decodificar sus mensajes y contrastar estas imágenes con otras evidencias halladas en la cueva.

“Las paredes son otro documento histórico donde los humanos fueron dejando sus marcas y sus dibujos a lo largo del tiempo. La vasta cantidad de pinturas encontradas nos permite pensar que esta cueva no fue utilizada solo para reparo o para la realización de comidas sino también para actividades propias de una esfera que podemos denominar ritual”, asegura Barberena. Para los científicos es muy difícil poder comprender el significado específico de las representaciones pictóricas, sin embargo, como grandes detectives del tiempo y de la historia, fueron encontrando pistas adentro de la cueva e incluso en otros sitios. Este hallazgo les permitió establecer ciertas hipótesis vinculadas a la funcionalidad de las pinturas.

“En la Cueva observamos una serie de motivos geométricos que pueden verse también en otras zonas del norte de Neuquén. Creemos que estas pinturas en particular no responden a un interés artístico, sino que sus autores buscaban entablar algún tipo de comunicación. Entender por qué estos motivos aparecen en determinados lugares y no en otros, será el primer paso para poder descifrar el significado de la información que se estaba transmitiendo y de este modo empezar a conocer y a interpretar la forma de pensar de estos primeros habitantes de la Patagonia”, concluye.

A primera vista todo parece inaccesible. La localidad de Barrancas se ubica en el límite norte de la Provincia de Neuquén, bordeando la inmensidad de la Cordillera y los volcanes Tromen y Payún Matrú, que asoman cercanos y terminan de decorar un paisaje que al amanecer y en invierno, donde las temperaturas son bajas, suele tornarse gris. Sin embargo, si la vista es más aguda, su localización sobre la ruta 40 convierte al sitio de forma inmediata en un destino de inmenso potencial turístico.

Esta ruta, la más extensa del continente, comienza en la Provincia de Santa Cruz y culmina en la ciudad de la Quiaca en Jujuy, paralela a la Cordillera de los Andes.

La ubicación por un lado, pero sobretodo el convencimiento certero de los investigadores y de las autoridades locales de que los saberes científicos y la belleza del paisaje son cualidades que merecen ser preservadas y compartidas con la humanidad, es el motor que los empuja a impulsar el desarrollo de un parque arqueológico, paleontológico e histórico y la construcción de un museo en la región.

“Este proyecto busca ser tanto para turistas como para los habitantes de las propias comunidades cercanas: la puerta de acceso a una historia natural de millones de años y a miles de años de historia humana que gran parte de la sociedad aún desconoce”, describe Barberena. Fuente Conicet.


El Museo Paleontológico de San Pedro presenta un nuevo perezoso gigante.

El material fue hallado por el equipo del Museo Paleontológico de San Pedro y representa un gran avance en el estudio y comprensión de la diversidad de los mamíferos fósiles del noreste de la Región Pampeana

El cráneo fosilizado de una especie desconocida de perezoso prehistórico fue descubierto por el equipo del Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres”, de la ciudad de San Pedro, a 170 km al N de la Ciudad de Buenos Aires.

El fósil, que proviene de un nivel estratigráfico ubicado a 18 metros bajo el nivel del suelo actual, fue hallado por el equipo conformado por los Sres. Ignacio Verdón, José Luis Aguilar, Julio Simonini, Fernando Chiodini y Luis Dzickiewicz, integrantes del Museo, junto al joven Fausto Capre, maquinista de la empresa “Tosquera San Pedro”, mientras éste efectuaba trabajos de extracción de tosca a 4 km. de la ciudad.

El cráneo mide 65 cm de longitud y eso permite inferir que perteneció a un enorme perezoso extinguido de casi 4 m de longitud. Por el tipo de fosilización que posee, la pieza recuperada de la cantera pesa unos 25 kilogramos. Fue descubierto en el 2009 y permaneció en la colección del Museo esperando pacientemente una revisión en profundidad que permitiera su más precisa identificación.

Ese estudio en detalle llegó con el trabajo del Dr. Luciano Brambilla, del Laboratorio de Paleontología Molecular de la Universidad Nacional de Rosario quien, al observar por primera vez aquel fósil, comprendió que estaba frente a algo novedoso.

En conjunto con el equipo del Museo de San Pedro, realizó las mediciones, imágenes y relevamiento de datos morfológicos del cráneo fosilizado para poder efectuar, posteriormente, la comparación con fósiles de otros museos.

El Dr.Brambilla, junto al estudiante Damián Ibarra, también de la UNR, recorrieron colecciones de Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe y Córdoba, donde se alojan ejemplares fósiles similares. Revisando además, imágenes de museos de Estados Unidos y Europa, observó, midió, fotografió y obtuvo datos de unos 60 cráneos de perezosos fósiles tratando de identificar la especie, pero nada se correspondía con el fósil descubierto en San Pedro…

Las diferencias de formas y tamaño: una pista de su peculiaridad.....Al principio se pensó que el cráneo podía corresponder a un ejemplar de Mylodon o de Glossotherium, dos géneros conocidos de perezosos extintos que habitaron la Región Pampeana ya que, por su aspecto general, era a los que más se asemejaba el fósil encontrado.  Sin embargo, pronto surgieron diferencias que llamaron la atención.

Las dimensiones del cráneo hallado fueron el primer detalle......  Utilizando como medida de referencia la distancia entre los cóndilos occipitales (nuca del animal) y el primer molariforme, se midieron diferentes ejemplares de los dos géneros conocidos, Mylodon y Glossotherium.  El fósil de San Pedro excedía en más de 14 cm el promedio tomado sobre 17 cráneos de Glosoterios, y en unos 7 cm el promedio tomado sobre 11 cráneos de Milodontes, ubicando la talla del nuevo animal lejos del rango normal de los dos géneros investigados, sin lugar a dudas.

Las piezas dentales del animal fueron todo un tema.....Los Glosoterios, por ejemplo, poseían cinco dientes a ambos lados del paladar, y los Milodontes, cuatro. Sin embargo, el fósil de San Pedro tiene cinco piezas a cada lado de su paladar, como en los Glosoterios, pero su aspecto general es más cercano al de los Milodontes.

La forma de su paladar y la distribución de sus piezas dentales parecen ubicarlo en una posición intermedia entre los Milodontes y los Glosoterios, por lo que se podría inferir que su dieta era herbívora, pero bastante variada e inespecífica. Al observar la alineación de los dientes en su paladar, se observa que mantiene el paralelismo característico de los Milodontes, pero con la presencia de un caniniforme como el que poseían los Glosoterios.

Comparado con los dos grandes perezosos mencionados, el animal hallado en San Pedro presenta una prominencia robusta y marcada delimitando la región superior y anterior de la órbita del ojo, lo que seguramente aportaba un detalle particular al rostro de este animal.

A todos los cráneos de Mylodon y Glossotherium estudiados se les tomaron catorce medidas lineales de referencia entre diversos puntos de su anatomía. De los catorce parámetros, nueve arrojaron significativas diferencias con el fósil recuperado en San Pedro.

La reconstrucción de la apariencia en vida de este mamífero fósil fue realizada por el ilustrador Jorge Portaz, para el Museo Paleontológico de San Pedro, quien fue graficando los detalles morfológicos de la especie, surgidos del cráneo fosilizado y sugeridos por el Dr. Brambilla y el equipo del Museo.

El nombre de la nueva especie animal emergida de la edad Ensenadense, será consensuado entre el Dr. Brambilla, de la Universidad de Rosario, y el Grupo Conservacionista de Fósiles, equipo del Museo de San Pedro. La primera parte del nombre seguramente hará referencia a la antigüedad del fósil descubierto con respecto a sus parientes más cercanos, ya que el fósil posee una edad bastante mayor a los fósiles más próximos estudiados de ese grupo de mamíferos.

La segunda parte, por expreso pedido del Museo “Fray Manuel de Torres”, tendrá que ver con destacar la procedencia geográfica del lugar donde fue descubierta la nueva especie, y rendir homenaje a la ciudad de San Pedro ya que, en los últimos 20 años, esta zona ha aportado numerosos hallazgos a la paleontología argentina.


Hay huellas en Roca y Neuquén del cataclismo que extinguió a los dinos.

Científicos de Río Negro y del mundo persiguen, incansables, rastros del fenómeno que se desató tras el impacto del asteroide con la Tierra hace 66 millones de años. Hallan rocas que cuentan parte de esa historia en la barda norte de Roca y en Bajada de Jagüel

Para tratar de entender las maravillas del trabajo científico y una investigación que arrancó hace cinco años, de la mano de un puñado de investigadores de todo el mundo, hay que tratar de poner la mente en blanco. Después, intentar retroceder en el tiempo. Cien años... no. Mil años atrás... no. Un millón... tampoco. Imposible (para muchos o la gran mayoría). Tendríamos que tratar de irnos... 66 millones de años atrás, desde el aquí y ahora. Exactamente, cuando se produjo el choque de un asteroide contra la Tierra.

Lo que se sabe, hace tiempo, es que el impacto tuvo lugar en México, más precisamente en la península de Yucatán, y dejó un cráter de 180 kilómetros de diámetro que se conoce como cráter de Chicxulub.

Las consecuencias sobre la vida en el planeta fueron dramáticas e incluyeron la extinción de los dinosaurios y otras muchas formas de vida. Hace años, científicos de todo el mundo y de diferentes especialidades estudian rocas de esa edad buscando conocer cómo fue el clima y otras características ambientales antes y después del impacto y cuáles y qué tan profundas fueron sus consecuencias sobre la vida en el planeta. He aquí, una parte fundamental para nuestra región... (y el dato más asombroso!)

El problema con que se enfrentan los investigadores es que no abundan en el mundo las localidades en donde esas rocas estén disponibles para su estudio ya que, con el transcurrir del tiempo, se erosionaron o cubrieron de sedimentos por lo que se encuentran a miles de metros debajo de la superficie o en el medio del océano cubiertas por fango marino y centenares de metros de agua.

Sin embargo, dos lugares excepcionales para estudiar estos acontecimientos, que tuvieron lugar en el planeta mucho antes que los seres humanos lo habitaran, se encuentran (!!!!) a pocos kilómetros de General Roca.

Uno de ellos está en la barda Norte de General Roca y el otro en Bajada de Jagüel, muy cerca de Auca Mahuida, en la provincia de Neuquén.

En ambos lugares están expuestas en la superficie rocas que se formaron en el fondo del mar que hace 66 millones de años cubría gran parte de la Patagonia, las que contienen el nivel que corresponde al momento preciso del impacto del asteroide, explicó Silvio Casadío, uno de los expertos que lideró la investigación.

En Bajada de Jagüel, la capa que se formó pocas horas después del impacto fue identificada hace algunos años por un grupo de geólogos y paleontólogos de la Universidad de Buenos Aires y corresponde a los sedimentos que dejó el tsunami que se formó entonces como consecuencia del impacto.

Desde hace cinco años un grupo de investigadores de Holanda, Bélgica, Escocia, Italia y Argentina estudian las rocas y los fósiles de la barda Norte y Bajada de Jagüel con la finalidad de conocer cómo eran las condiciones climáticas antes y después del impacto del asteroide en el norte de la Patagonia y cómo se correlacionan estos datos con los de otras regiones del planeta.

Recientemente dieron a conocer parte de los resultados de sus estudios en un artículo que se publicó en la revista Paleoceanography de la American Geophysical Union. Fuente rionegro.com.ar


El debate sobre la dieta del megaterio. 

Durante el Pleistoceno (2,59 millones de años – 10.000 a. C.), Sudamérica era la tierra de los grandes mamíferos del género Xenarthra. En la región pampeana hasta la zona de la Cordillera de los Andes, vivían gliptodontes –armadillos gigantes- y megaterios que eran similares a los perezosos actuales pero de enormes dimensiones, que podían medir hasta 6 metros y pesar cerca de 5 toneladas. A diferencia de los actuales, estos eran terrestres.

Los perezosos extinguidos pertenecían a más de 80 géneros, agrupados en cuatro familias: Megatheriidae, Megalonychidae, Nothrotheriidae y Mylodontidae y, con la excepción de dos géneros actuales, desaparecieron hace 10 mil años. Sin embargo, la discusión sobre su tipo de alimentación de los Megatherium sigue hasta nuestros días. En un estudio reciente publicado en la revista Gondwana Research, científicos del CONICET aportan pruebas que respaldan a la hipótesis de que esta megafauna era herbívora.

“La idea que teníamos de su dieta ha ido cambiando con el tiempo. Originalmente se pensó que el megaterio se alimentaba de hojas y otros restos vegetales. Esa es la postura tradicional, sin embargo en los ’90 un paleontólogo uruguayo, llamado Richard Fariña, a partir de un análisis de la fauna de los otros mamíferos que habitaban en esas comunidades y luego sobre la base de estudios biomecánicos, sugirió que en realidad era un carroñero encubierto que comía la carroña de los animales que se morían”, explica Francisco Prevosti, investigador principal en el Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica de La Rioja (CRILAR, CONICET-Provincia de la Rioja-SEGEMAR-UNLAR-UNCA)

En este sentido, el investigador agrega que Fariña y colaboradores basaron su hipótesis en investigaciones paleoecológicas y biomecánicas sobre las capacidades del megaterio para atrapar presas y consumirlas y en la supuesta abundancia de grandes mamíferos que podían servir de alimento y de los pocos carnívoros que podrían dar abasto para consumir esa gran cantidad de carroña que quedaba disponible.

Esta nueva teoría abrió una nueva discusión, dado que esta nueva hipótesis no fue del todo aceptada por la comunidad científica ya que varios paleontólogos siguieron apoyando la hipótesis tradicional según la cual los megaterios se alimentaban de restos vegetales, basándose en rasgos de la anatomía del esqueleto y también en los hábitos conocidos para las especies vivientes, los cuales son relativamente pequeños, habitan en los árboles y son herbívoros.

Por otro lado, se encontraron coprolitos -heces fosilizadas- de otros grandes perezosos extinguidos, también parientes lejanos del megaterio, como por ejemplo el milodón que habitaba en el sur de Chile y Argentina en las que se ve que claramente estaban formadas por plantas.

Para evaluar estas hipótesis, un grupo de investigadores de distintos institutos del CONICET y de la Universidad de Tubinga en Alemania estudiaron los isótopos estables de ciertos elementos como carbono y nitrógeno que brindan información sobre distintos aspectos de la dieta o del ambiente en el que vivían las especies del pasado y del presente.

“Son herramientas muy buenas que complementan los estudios anatómicos tradicionales. En los herbívoros, por ejemplo, utilizando los isótopos estables del carbono, se pueden si comían pasto o arbustos y por lo tanto inferir el ambiente en el que vivieron. En cambio, los del nitrógeno indican el porcentaje de proteínas de origen animal que incluía la dieta, entonces es útil para separar formas carnívoras de herbívoras, aunque también se ven influenciados por el ambiente. En trabajos previos, ya se habían analizado estos isótopos en restos de megaterio y se veía que en algunos especímenes, el valor de nitrógeno era el mismo que en formas herbívoras, pero en otros estaban en un rango de superposición entre formas carnívoras y herbívoras.

No cerramos del todo la discusión aunque nos parecía más coherente la herbivoría porque asociados a esos valores altos de nitrógeno teníamos otros mamíferos extintos que sin duda son herbívoros”, advierte Prevosti.

Para avanzar en el estudio de la dieta de los megaterios, en este trabajo los científicos analizaron la relación entre los isótopos estables del carbono obtenidos a partir del colágeno (una proteína que forma parte de la composición de los huesos, dientes, pelos, etc.) y los preservados en los restos de carbonatos que preservan los huesos. Los isótopos estables de estos elementos pueden medirse en distintos tipos de tejidos, por ejemplo en un animal viviente se puede sacar una muestra de sangre o de huesos o un pelo. En este caso, lo que se introduce como herramienta novedosa es la comparación de los isótopos estables de carbono provenientes del colágeno con los carbonatos obtenidos de los dientes.

Los restos fósiles que se analizaron se tomaron de megaterios de la región pampeana que se encuentran en colecciones de distintos museos principalmente de la provincia de Buenos Aires como el de La Plata, el Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN, CONICET), el Municipal de Ciencias Naturales Pachamama y el Histórico Municipal “Alfredo Enrique Múlgura”.

“Me parece que la postura de que los megaterios eran herbívoros es la más soportada por los datos que tenemos, nunca se sabe si en el futuro, con nuevas tecnologías o restos, se va refinar o refutar esta hipótesis. Estos estudios son útiles para entender cómo funcionaban las faunas del pasado que incluían a estos megamamíferos que se extinguieron al final del Pleistoceno, entender los factores que causaron o facilitaron la extinción de las mismas y evaluar el rol del hombre en ese evento de extinción. Esto nos ofrece una ventana en el tiempo que brinda información que puede ser útil para el presente y los eventos de extinción que ocurrieron en los últimos cientos de años y los que están en puerta”, concluye el investigador. Fuente CONICET.


Lucianovenator bonoi, un nuevo dinosaurio del Triásico de San Juan.

El hallazgo del nuevo dinosaurio en la Cuenca de Marayes pertenece a investigadores del Instituto y Museo de Ciencias Naturales de la UNSJ. Se trata de un espécimen que dio origen a las aves y es el único en Sudamérica. Su nombre reconoce a un funcionario provincial y al baqueano cuyo apellido designa el lugar donde fueron encontrados estos fósiles: Balde de Leyes, o el sitio paleontológico del nuevo siglo.

Si Ischigualasto es el signo de los descubrimientos paleontológicos en San Juan, el país y el mundo en el Siglo Veinte -aunque su territorio sigue siendo un riquísimo potencial de hallazgos-, sin dudas el sitio Balde de Leyes, en el departamento de Caucete, es el signo del Siglo 21. Porque ni bien comenzado el milenio actual, los investigadores de la Universidad Nacional de San Juan empezaron a descubrir allí fósiles de más de cien especímenes, incluidos reptiles voladores y tortugas, que fueron ampliando la documentación paleontológica hasta llegar a la actual joya: el Lucianovenator bonoi.

El Lucianovenator bonoi es el primer dinosaurio encontrado en esa localidad caucetera. “Es un bípedo, cazador y carnívoro, seguramente un animal muy ágil, de unos dos metros de largo y de un peso de alrededor de 45 kilos. Existieron durante el Período Triásico alto, la parte más nueva de ese periodo, antes de las extinciones de animales entre el Triásico y el Jurásico, suponemos que tiene entre 205 y 210 millones de años”, explicó Ricardo Martínez, uno de los investigadores del Instituto y Museo de Ciencias Naturales (IMCN) de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNSJ.

El profesional dijo que el animal tiene una característica muy llamativa, que es que posee un cuello muy largo para ser carnívoro. Los dinosaurios carnívoros generalmente tenían cuellos cortos. Además, esta especie tiene en las vértebras del cuello cavidades llamadas Pleurocoelus. “Esas cavidades alivianan, pero por otro lado por allí pasan ‘sacos de aire’. Los sacos de aire son parte del aparato respiratorio de las aves”, dijo Martínez. El Lucianovenator bonoi pertenece a una familia denominada Coelophyísido. “Es el primer registro de esta familia en Sudamérica. Se los conocía en África, América del Norte y Asia, pero no aquí”, señaló.

Por su parte, Cecilia Apaldetti, también paleontóloga del IMCN, comentó que luego del estudio filogenético de la especie, el cual permite saber su relación con los demás animales, determinaron que el Lucianovenator bonoi está relacionado con los dinosaurios que posteriormente dieron origen a las aves.

“Tenemos conocimiento de muchos dinosaurios, pero no todos siguieron evolucionando y dejando especies actuales como las aves. Este particularmente sería uno de los primeros dinosaurios que se dirigió hacia ese camino evolutivo de las aves”, indicó la especialista. Fue así que a partir de profundos estudios de los investigadores de la UNSJ, hoy puede saberse que la especie es única en Sudamérica.

El nombre Lucianovenator bonoi tiene origen en dos personas. “Lucianovenator” hace referencia a Luciano, por Luciano Leyes. Ese apellido designa a la localidad de Balde de Leyes. Don Luciano actualmente vive en Las Chacritas, pero viaja constantemente a aquel terruño. En 2001 Luciano le comentó al paleontólogo Ricardo Martínez que hacía unos 15 años su hermano, Benito, ya fallecido, había visto unos huesos enterrados en aquel lugar caucetero. Los Leyes habían pensado que tal vez serían huesos de vaca, pero Martínez preguntó a don Luciano si habían visto esos huesos en tierra blanda o en piedras. Luciano respondió que estaban dentro de piedras. El paleontólogo le dijo “entonces no son huesos de vaca”. Tiempo después, los investigadores del IMCN fueron a Balde Leyes y comenzaban así su trabajo de buscar fósiles. “Venator” significa “cazador”, en latín. Fuente; revista.unsj.edu.ar


Reptiles voladores en el Triasico de San Juan.

Un equipo de investigación del Instituto y Museo de Ciencias Naturales (IMCN) de la Universidad Nacional de San Juan (Argentina), encabezado por Ricardo Martínez, halló, en la zona de Marayes, en Caucete, un yacimiento con fósiles. “Lo más llamativo fue encontrar restos de pterosaurios, es decir, aquellos antiguos reptiles voladores del período Triásico”, afirmó el docente.

En Marayes, a más de 150 kilómetros de San Juan Capital, los investigadores colectaron 113 especímenes. Entre ellos, encontraron fósiles de sauropodomorfos, que eran aquellos animales de cuello muy largo, muy avanzados y tendientes al grado de saurópodos -animales cuadrúpedos de grandes dimensiones-. “También dimos con dinosaurios basales, del tipo euroraptor, que había en Ischisgualasto (Valle de la Luna), aunque con diferencias; además hallamos fósiles de tortugas”, explicó Martínez.

Lo que más llamó la atención de los investigadores fue encontrarse con los restos de pterosaurios. “Estos que descubrimos suponemos que son norianos, es decir, del período triásico superior.

Salvo un noriano, descubierto en Brasil hace unos años, y que está en dudas si realmente es un pterosaurio, el que hallamos sería el primer registro de un pterosaurio triásico en todo el Hemisferio Sur”, remarcó Martínez.

Por las características fósiles, los paleontólogos suponen que debe haber sido un animal volador del tamaño de una paloma. Según el investigador, encontrar esta especie en San Juan no es habitual, ya que los pterosaurios triásicos son conocidos en la zona de Los Alpes, en Italia y Austria, y todos ellos se asocian a depósitos marinos, es decir, que deben haber vivido en costas marinas. En cambio, los restos hallados en Marayes son continentales. “Además, encontramos antecesores de cocodrilos, algunos muy pequeños y otros más grandes; también antecesores de mamíferos, completos, con cráneo”, añadió el investigador.

Los paleontólogos analizaron los fragmentos de rocas traídas de aquella localidad caucetera, es decir, calcularon su edad absoluta y, a primera vista, suponen que esas rocas y fósiles datan de 215 a 220 millones de años atrás. Esto indica algo muy interesante atesorado en ese yacimiento de Marayes. Martínez lo graficó: “Tenemos la fauna de Ischigualasto, con su importancia por guardar restos de los dinosaurios más primitivos que se conocen. Además, está la fauna de la formación Los Colorados, en el extremo oriental de Ischigualasto, que es una noriana de 213 millones de años.

Entonces, existe un bache en el conocimiento sobre qué sucedió entremedio de las dos. Hay unos mil metros de sedimento entre unas y otras rocas. Pensamos que esta fauna descubierta podría ubicarse entre las dos. Y si no fuera así, igual es importante porque es un yacimiento nuevo con especímenes similares a los de Los Colorados, pero la mayoría se trataría de animales nuevos. Esto es muy apasionante porque se trata de animales desconocidos”. (Fuente: Argentina Investiga)


Una flor fósil del Paleoceno de Patagonia ofrece nuevos datos sobre la evolución de las plantas.

Un equipo científico de Estados Unidos y Argentina ha identificado que se corresponde con el grupo de las Rhamnaceas y ha podido profundizar en cómo fueron las conexiones de la vegetación entre los continentes

Investigadores de la Cornell University (Estados Unidos), de la Universidad Nacional del Comahue y del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Ambiente (INIBIOMA-CONICET) de San Carlos de Bariloche, Rio Negro (Argentina) y de la Universidad Estatal de Pennsylvania (Estados Unidos) han estudiado flores fósiles halladas en rocas de 64 millones de años en la denominada Formación Salamanca, en la Patagonia (Chubut, Argentina).

El objetivo ha sido identificar a qué grupo de plantas se corresponden y de esa forma conocer hace cuánto que existen en la Tierra y cómo fueron las conexiones de la vegetación entre los distintos continentes. El trabajo acaba de publicarse en la revista 'Plos One'.

El estudio tiene su origen en algunos fragmentos de los más de 2.500 materiales fósiles vegetales hallados durante los estudios de doctorado de Ari Iglesias, investigador de la Universidad Nacional del Comahue en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Ambiente INIBIOMA-CONICET, en la Formación Salamanca, una unidad geológica de gran relevancia en las interpretaciones geológicas y paleontológicas del Hemisferio Sur.

Según explica a DiCYT el investigador, antes de los estudios realizados por su equipo no se conocía muy bien la edad de esta unidad y tampoco su composición vegetal. “En el Hemisferio Sur rocas de esta edad (64 millones de años) son muy escasas y su estudio muy importante, ya que corresponde al periodo de tiempo más antiguo que se conoce para la era Cenozoica, justo al que siguió a una gran extinción masiva a nivel global”, subraya.

Existen muy pocos registros en el mundo de lo que ocurrió después de esta gran pérdida de finales del periodo Cretácico, cuando más del 70 por ciento de la flora y fauna del planeta se extinguió. Además, precisa, los materiales de flores son muy poco comunes en el registro fósil pese a que pueden brindar un detalle mucho más indicativo de las especies o grupos de plantas que vivieron en el pasado, más que el registro del polen o las hojas y maderas fósiles.

“El estudio de los fósiles y los sedimentos de la Formación Salamanca en Patagonia resulta clave para entender los procesos que llevaron a la evolución de las plantas y animales hasta nuestros días. Poseen el potencial de explicar cómo es que se llega a una diversidad tan enorme en el Neotrópico y la distribución de los mismos grupos vegetales, actualmente tan distantes, en Australia y América del Sur”, apunta Iglesias.

Durante las campañas de campo en Patagonia realizadas entre el 2005 y el 2012, los investigadores pudieron recopilar varias flores fósiles que se preservaban dentro de rocas, aplastadas en forma de lajas.

Los materiales, muy pequeños, tuvieron que ser limpiados de sedimento que lo cubría, bajo lupa y con herramientas similares a las de los dentistas, un proceso que fue realizado en el Museo Egidio Feruglio de la ciudad de Trelew (Argentina).

Después, los materiales fueron fotografiados con cámaras digitales conectadas a las lupas y algunos materiales observados bajo luz fluorescente y microscopía electrónica para observar los caracteres más pequeños. Al mostrar cada fósil una cara diferente de la flor, los científicos pudieron realizar una reconstrucción completa. Fuentes; Cristina G. Pedraz/DICYT 


Científicos sugieren la existencia de un gran cráter en las Islas Malvinas.

En el mundo existen unos 200 grandes cráteres de impacto asociados a meteoritos y a eventos de extinción a lo largo de la historia terrestre.

Uno de los más grandes es el que los científicos describen ahora en un artículo de la revista Terra Nova, situado en las Islas Malvinas en el Atlántico Sur, y que de confirmarse estaría entre los más grandes del mundo.

Su diámetro tendría unos 250 kilómetros, comparable al famoso cráter de Chicxulub, descubierto en la Península de Yucatán hace casi cuatro décadas, y su análisis por los investigadores ha revelado características que lo relacionan con el impacto de un asteroide, e incluso con el evento de extinción del Pérmico, que acabó con el 90 por ciento de las especies del planeta.

La investigación se centra en las características geofísicas de una gran cuenca submarina situada en la meseta de las Malvinas, que forma parte de la plataforma continental patagónica, al noroeste de la isla Gran Malvina, la segunda en extensión del archipiélago.

El análisis de los perfiles de reflexión sísmica marina de la zona, de la gravedad y el magnetismo, sugiere que la cuenca posee rasgos consistentes con los cráteres de impacto causados por colisiones de asteroides.

En particular destaca una anomalía, caracterizada por la disminución de la fuerza de la gravedad sobre la zona. Esta anomalía negativa está rodeada por otra positiva en forma de anillo donde la fuerza de la gravedad y el magnetismo aumentan, muy similar a la observada en Chicxulub.

Los análisis también indican que la cuenca está enterrada por sedimentos de baja densidad más jóvenes, lo que sugiere que se rellenó mucho antes que su entorno, y que no tiene expresión topográfica en el actual fondo marino.

Según los científicos el cráter las Malvinas se remontaría a la Era Paleozoica tardía, hace aproximadamente 270-250 millones de años, lo que lo relaciona con el evento de extinción masiva del Pérmico-Triásico, también conocido como Gran mortandad, y que es la mayor extinción ocurrida en la Tierra, llevándose por delante al 95 por ciento de las especies marinas y al 70 por ciento de los vertebrados.

Justo hace un año otro equipo encontró en Australia evidencias del impacto de un gran asteroide, el segundo más antiguo conocido, que habría colisionado con la Tierra al principio de su existencia..

Fuentes: Geophysical evidence for a large impact structure on the Falkland (Malvinas) Plateau (Maximiliano C.L. Rocca et al.) / IBTimes / Phys.org.


La Patagonia estaba separada del continente por un mar antiguo.

Así lo revelan vestigios que hallaron un grupo de investigadores del MEF y estadounidenses que concentraron su trabajo en la cordillera del Chubut, donde obtuvieron muestras de invertebrados marinos de entonces, hoy transformadas en montañas. 

El dato fue confirmado en diálogo con Télam por la paleontóloga Alejandra Pagani, quien depende del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y desarrolla su actividad en el Museo paleontológico Egidio Feruglio de Trelew (MEF).

"En el lugar donde actualmente está la región de Sierra de Tepuel, unos 100 km. al sur de Esquel, se encontraron evidencias de invertebrados marinos que existían incluso antes que los dinosaurios, por lo que esos fósiles serían una demostración de que en ese punto había un mar que desapareció" con la irrupción de la cordillera que unió a la Patagonia con el continente, describió Pagani.

El equipo de investigadores encontró restos de braquiópodos, bivalvos, gastrópodos, corales, briozoos, crustáceos microscópicos, hyolithes, restos de trilobites, lirios de mar y escamas de peces.

   

Pagani inició el trabajo de investigación de campo en la década pasada pero desde el 2012 se sumaron a la tarea becarios y estudiantes de posgrado del Departamento de Geociencias de la universidad de Wisconsin-Milwaukee (EEUU), quienes se integraron al grupo de investigadores locales.

La doctora Pagani considera que "las sierras donde concentramos nuestra actividad tiene un potencial muy grande porque hay muchas muestras de restos que demostrarían la presencia allí de invertebrados, caracoles y bivalvos dando evidencias que allí había un mar 200 millones de años antes que los dinosaurios poblaran el mundo".

Los restos no son comparables con invertebrados de nuestra época porque además de haberse extinguido con el paso del tiempo, tampoco es posible cotejarlos o emparentarlos con ninguna especie que hoy esté sobre el planeta, al menos que se conozca.

"Toda esa zona era un inmenso mar y creemos que estaban sometidos, en procesos geológicos de millones de años a transgresiones o ingresiones marinas, es decir que el mar ingresaba y retrocedía según los períodos glaciares, creando una orilla de mar fluctuante" explicó la doctora en paleontología.

Se estima por otra parte que el emplazamiento de la "patagonia insular" estaba más al sur y sometida a condiciones de temperatura extremadamente bajas.

   

En diálogo con Télam, la especialista explicó que el estudio no es "solamente la generación del conocimiento que es una virtud en sí mismo sino el conocer la historia de la vida y de la geología de la tierra, porque eso nos puede ayudar a comparar períodos más recientes incluso cuando no estaba el hombre interviniendo en la dinámica del clima lo cual nos daría muchas pistas".

En tiempos del paleozoico ocurrieron períodos glaciares "como la era del hielo" -aclara Pagani para hacerlo más práctico- que están claramente representadas en la orografía de la zona.

El trabajo colaborativo es reconstruir las comunidades a lo largo del tiempo y poder compararlas con otras de la misma edad en otras regionales del mundo.

"Con más campañas y estudios en la región, podremos tener una mejor idea de cómo era el mar en el pasado y entender el funcionamiento de los ecosistemas antiguos" explicó. Fuente diariojornada.com.ar


Diversos hallazgos de fósiles en yacimientos petroleros en Neuquén.

Diversos hallazgos de fósiles en cercanías de las ciudades de Senillosa y Añelo fueron informados por la  Subsecretaría de Cultura de Neuquén, la mayoría de ellos concretados en lugares donde hay actividad de exploración petrolera.

Los hallazgos se difundieron a través del Departamento de Paleontología de la Dirección Provincial de Patrimonio Cultural, que sigue las tareas de campo para atender denuncias de hallazgos paleontológicos realizadas por vecinos y trabajadores de empresas petroleras.

El primer hallazgo se realizó en el yacimiento concesionado a TecPetrol, “Los Bastos”, a unos kilómetros al noroeste de la ciudad de Senillosa. En el lugar se rescataron numerosos materiales fósiles expuestos, tanto sueltos como incluidos en la roca madre, propios de un ecosistema de más de 85 millones de años atrás.

Durante los trabajos de campo se rescataron varios fragmentos de huesos fosilizados de dinosaurios saurópodos (herbívoros), y se armaron bochones de yeso y arpillera para asegurar la preservación de otros fósiles in situ.

Además, se realizó una exploración preliminar de otros sectores de bardas y de viejas picadas sismográficas, que ha consentido registrar ulteriores hallazgos paleontológicos y marcar nuevos sitios para futuras prospecciones.

La segunda denuncia de hallazgo se atendió en el yacimiento YPF de “El Orejano”, a unos kilómetros al noreste de la ciudad de Añelo, en proximidad de la RP Nº7. En el lugar se encontraron varios fósiles de vertebrados, probablemente de dinosaurios saurópodos, la mayoría fragmentados y en mal estado de preservación, y restos de troncos fosilizados.

Sin embargo, en la ladera de una pequeña loma, se registró un extenso nivel fosilífero con varios huesos largos de dinosaurios, los que necesitarán una rápida intervención para preservar su integridad y las informaciones útiles a futuras investigaciones. El hallazgo se realizó gracias a las indicaciones de unos trabajadores del sector y permitió gestionar con la empresa YPF las medidas necesarias para mitigar el impacto sobre el patrimonio paleontológico.

La tercera localidad recorrida fue en proximidad de Aguada San Roque, unos kilómetros al noreste de la ciudad de Añelo. En dos distintos sitios se corroboró la presencia en superficie de numerosos troncos petrificados, de gran porte y en algunos casos con la estructura interna bien preservada.

Estos hallazgos permitieron ampliar el conocimiento sobre la flora presente millones de años atrás en el sector cercano a la zona del Auca Mahuida. Fuente diariamenteneuquen.com.ar


Bonapartesaurus rionegrensis un nuevo hadrosáurido en la Patagonia.

Abr. Los hadrosáuridos son un clado de dinosaurios herbívoros que podemos encontrar en prácticamente todos los continentes, salvo África y Australia. En Argentina son conocidos desde hace varias décadas. La primera especie que se describió fue Secernosaurus koerneri y lo hizo el paleontólogo Brett-Surman en 1979. 

Desde que se describió Secernosaurus la paleobiodiversidad de este clado de dinosaurios ha sufrido de diferentes interpretaciones. Hasta el año 2016 habían descritas cuatro especies: Secernosaurus, Kritosaurus australis (Bonaparte, Franchi, Powell & Sepúlveda, 1984), Willinakaqe salitralensis (Juárez Valieri, Haro, Fiorelli & Calvo, 2010) y Lapampasaurus cholinoi (Coria, Riga & Casadío, 2013). Pero en 2010 Kritosaurus y posteriormente en 2016 Willinakaqe fueron propuestas como especies no válidas (ver Prieto-Márquez & Salinas, 2010; Cruzado-Caballero & Coria, 2016). Quedando de esta forma sólo dos especies válidas para Argentina Secernosaurus y Lapampasaurus.

En el marco del proyecto de investigación de la Dra. Penélope Cruzado Caballero sobre el estudio de los restos de hadrosáuridos de Argentina se trabajó con unos huesos que fueron excavados en la década de los 80 por el paleontólogo Jaime Powell y coautor de la especie nueva. Estos restos proceden de un yacimiento denominado Salitral Moreno y se localiza en las cercanías de la ciudad de General Roca (provincia de Río Negro). Estos huesos representan la mitad posterior de un individuo adulto y fueron encontrados en conexión anatómica, es decir, en la misma posición en la que estuvieron en vida del animal.
 
Dichos restos fueron presentados por Powell en el X Congreso Geológico Argentino de 1987 como posibles restos del primer lambeosaurino (hadrosáurido que tienen una cresta hueca sobre su cabeza) de Argentina.

Poco después quedaron en el olvido hasta que Juaréz Valieri y colaboradores lo incluyeron en 2010 dentro del paratipo de la especie Willinakaqe. Con la resiente invalidez de Willinakaqe los paleontólogos Penélope Cruzado Caballero y Jaime Powell decidieron re-estudiar dichos materiales. Como resultado de la investigación se estableció que los restos pertenecían a una especie nueva de hadrosaurino (hadrosáurido que no tienen cresta o tienen una cresta sólida sobre la cabeza) diferente a Willinakaqe y a la que han denominado Bonapartesaurus rionegrensis.

Bonapartesaurus es un representante de los dinosaurios hadrosaurinos y está emparentado con las especies norteamericanas Prosaurolophus maximus y Saurolophus osborni y la especie asiática Saurolophus angustirostris. Quienes conforman la tribu Saurolophini. De esta forma Bonapartesaurus se convierte en el primer representante de dicha tribu para Argentina. Fuente; Somosaguas.


Cuatro nuevas especies fósiles homenajean a la gestión K.

Abr. Según contó la ex mandataria a través de Telegram, Twitter y Facebook, el lunes recibió la visita en el instituto Patria de dos científicos que le hicieron un regalo muy particular.

Julián Petrulevicius, licenciado en Biología, doctor en Ciencias Naturales e investigador del Conicet, y Pedro Gutierrez, doctor en Ciencias Geológicas de la UBA e investigador del Conicet, le llevaron un cuadro con una de las libélulas milenarias que hallaron el año pasado en La Rioja.

Los insectos de seis alas, a diferencia de las cuatro de las libélulas actuales, datarían de hace 325 millones de años y son los más antiguos especímenes encontrados junto a otro en República Checa.

Sin embargo, esto no es lo más llamativo sino el nombre que recibieron de parte de Petrulevicius y Gutierrez: las llamaronArgentinala cristinae”, “Tupacsala niunamenosyKirchnerala treintamil en apoyo a estas causas y dirigentes.

   

Por otro lado, cuatro científicos del Conicet descubrieron que un fósil guardado en un museo pertenecía a una nueva especie de Ñandú. Al nuevo animal lo llamaron Opisthodactylus kirchneri, en homenaje al expresidente Néstor Kirchner. "Cuando empezamos la investigación creímos que el nombre era un simple homenaje, hoy resulta una gratificante obligación de sentar posición en un momento tan difícil para la ciencia", explicó a El Destape Jorge Noriega, el investigador de Conicet y decano en la Universidad Autónoma de Entre Ríos que lideró la investigación.

El trabajo fue publicado por la prestigiosa revista Journal of Vertebrate Paleontology y les llevó a los investigadores más de cinco años. "Durante ese tiempo entrecruzamos las caracterìsticas del fósil con las de otros animales que se habían encontrado. Tras un largo análisis pudimos determinar que se trataba de una especie única de Ñandú", explicó Noriega.

En la presentación de la investigación explican el nombre del descubrimiento: "En honor al Presidente de Argentina Néstor Kirchner (1950-2010) por sus logros en la promoción de los derechos humanos y la libertad de expresión y sus duraderas contribuciones al desarrollo de la ciencia en su país de origen. Los hábitos de caminar de Opisthodactylus kirchneri representan una metáfora de la ardua tarea que emprendió Néstor de poner a nuestro país a caminar por un sendero que conduce hacia la independencia económica"

Además de Noriega, en la investigación también formaron parte el investigador del Conicet Juan I. Areta y los becarios también del Conicet Emilio A. Jordan y Raúl I. Vezzosi.

"El material fósil había sido encontrado en la década del 40 por un naturalista y permaneció en el Museo Florentino y Carlos Ameghino de Rosario hasta que hicimos un análisis preliminar en 2012", explicó Noriega.

Luego se inició el proceso de investigación con otros fósiles y también ñandúes vivientes para establecer su parentesco. La especie existió hace unos ocho millones de años. La investigación quedó terminada y fue recientemente publicada. "No llegamos a presentarla antes del balotaje que era nuestro objetivo, lo hacemos ahora que es menester dar testimonio en momentos tan complejos para el país", cerró Noriega. Fuente Unidiversidad.


Reconocimiento científico internacional para ENCUYO.

Abr. El artículo "Un gigantesco nuevo dinosaurio de Argentina y la evolución de la pata trasera de los saurópodos", publicado en 2016, fue uno de los 100 mejores de la revista "Mega Journal" Scientific Reports de Nature y tuvo 11 160 vistas. El equipo es liderado por Bernardo González Riga, director del Laboratorio de Dinosaurios de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.

Investigadores argentinos, entre ellos el mendocino doctor Bernardo González Riga, investigador independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y director del Laboratorio de Dinosaurios de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la Universidad Nacional de Cuyo, fueron distinguidos en un ranking mundial de publicaciones científicas por el descubrimiento y estudio de uno de los dinosaurios más grandes del mundo. Se trata del árticulo publicado en el "Mega Journal" Scientific Reports de Nature llamado "Un gigantesco nuevo dinosaurio de Argentina y la evolución de la pata trasera de los saurópodos", que fue considerado entre los 100 más importantes de 20 mil que publicó esa revista en el año 2016.

El artículo, distinguido a nivel mundial por una de las revistas más prestigiosas del mundo, comprende el estudio sobre el descubrimiento de Notocolossus gonzalezparejasi, uno de los tres dinosaurios más grandes del mundo. Este hallazgo realizado por Bernardo González Riga proporcionó información clave sobre la anatomía de la extremidad trasera de los titanosaurios gigantes. Los huesos fósiles de Notocolossus fueron hallados en el sur de la provincia de Mendoza en rocas de fines del período Cretácico, cuya antigüedad se estima en 86 millones años.

El investigador se refirió al reconocimiento y afirmó que "es un logro muy importante, es una de las cosas que más espera un investigador. No sólo fue impactante por el tamaño del fósil, sino también porque el estudio ha sido reconocido como una obra valiosa para la comunidad científica, todo el equipo ha sido distinguido. El Notocolossus es uno de lo más pesados que habitaron la tierra; estimamos 60 toneladas y 35 metros de largo. Esto es muy importante para la región y para la ciencia".

El estudio de este ejemplar fue realizado en el Laboratorio de Dinosaurios creado por González Riga junto a su equipo, "polo de investigación, docencia, divulgación científica, transferencia social y preservación de bienes fosilíferos en Mendoza". El científico se encuentra también investigando estas especies en otros países, como Chile, Brasil y Estados Unidos, integrando equipos con colegas de otras nacionalidades.

"El laboratorio cuenta con proyección internacional, con un grupo de estudiantes numerosos y muy entusiastas por seguir esta línea de investigación, entonces creemos que es importante lograr un apoyo institucional, no sólo de la UNCUYO y del Conicet, sino también de otras instituciones para que nosotros logremos relacionar y entrelazar lo que es la investiagación con la docencia y la transferencia, aspectos que a veces están un poco separados en nuestra sociedad".

El equipo distinguido estuvo compuesto, además, por el paleontólogo norteamericano doctor Matt Lamanna, curador del Museo Carnegie de Historia Natural de Pittsburgh, de Estados Unidos, y otros tres paleontólogos argentinos, dos de ellos integrantes del Laboratorio de Dinosaurios de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNCUYO: el licenciado Leonardo Ortiz David, becario doctoral del Conicet y profesor de la FCEN, y el licenciado Juan Coria, curador del Laboratorio de Dinosaurios y también profesor de la FCEN. El equipo se completa con el doctor Jorge Calvo, director del Centro Paleontológico Lago Barreales de la Universidad Nacional del Comahue, de Neuquén. Fuente: Unidiversidad.


Hallan huevos de dinosaurio con embriones en Neuquén.

Abr. Fueron encontrados en un sitio denominado "Auca Mahuevo", en cercanías del paraje Aguada San Roque, con similares características a los encontrados en 1997 en el cerro Auca Mahuída, "Zona Natural Protegida" de la provincia.

Huevos de dinosaurio con embriones en su interior, que tienen una antigüedad de 70 millones de años, fueron hallados en un sitio denominado "Auca Mahuevo", en cercanías del paraje Aguada San Roque, 160 kilómetros al noroeste de Neuquén, con similares características a los encontrados en 1997 en el cerro Auca Mahuída, "Zona Natural Protegida" de la provincia.

El hallazgo, que fue reportado hace varios años por un "criancero" (pequeño productor de chivos y ovejas) de la zona, se conoció esta semana durante una exposición de la directora provincial de Patrimonio Cultural de Neuquén, Claudia Della Negra, para pobladores de Aguada San Roque.

"Auca Mahuevo es un sitio donde aparecen huevos de dinosaurios en nidos y a su vez asociados a esos restos aparece fauna que eran los que comían los huevos", explicó a Télam Della Negra, al culminar el encuentro en San Roque con autoridades y vecinos de este pequeño paraje rural de Neuquén.

La funcionaria explicó que "la idea es generar el "Parque Paleontológico" como un lugar de visita turística aunque la prioridad es preservar este sitio para las futuras generaciones".

Della Negra indicó que "se va a mostrar y además se va a generar en Aguada San Roque un Centro de Interpretación y un museo en Añelo" y agregó que "todo esto complementa lo que es la puesta en valor del patrimonio arqueológico y paleontológico de la zona".

La directora de Patrimonio Cultural que a su vez es arqueóloga, dijo que "esto también se asocia con Auca Mahuida que es el Área Natural Protegida donde se está trabajando con pinturas rupestres que está más al norte del Parque Paleontológico".

La funcionaria precisó que el sitio Auca Mahuevo tiene más de 70 millones de años y está vigilado por quienes viven en el lugar con un guardia pagado por el Estado para preservarlo, e indicó que "las investigaciones recibieron aportes de National Geographic, CONICET y de Zaragoza (España) para hacer el análisis de los materiales".

"El sitio era un pantano que en su momento fue tapado por las aguas muy suavemente y esto hizo que el sedimento cubriera y ahogara a los embriones dentro de los huevos, se sedimentó porque salió del Volcán Auca Mahuida diez millones de años después", señaló.

 

 

Della Negra explicó que "ese sedimento volcánico tapó estos sedimentos y luego la erosión del viento y del agua lo dejó al descubierto y es lo que ahora podemos disfrutar en las nidadas".

"Se están investigando los embriones completos y se pudo hacer un análisis de la piel embrionaria y de la dentadura", añadió. Al frente del equipo de investigadores está el paleontólogo Rodolfo Coria, quien también trabajó en el rescate del sitio de "nidadas" localizado en el Cerro Auca Mahuida, cerca de la localidad de Añelo.

Della Negra hizo hincapié en la preservación del lugar y en la cantidad de recursos paleontológicos que tiene parte del territorio provincial.

"Pedimos siempre a cualquier persona, sea trabajador, criancero, turista que si encuentra algo no lo levante del lugar y si encuentra pinturas las deje intactas, que no le haga grafitis arriba porque cualquier denuncia de un hallazgo es importante porque puede ser fortuito pero puede tener una relevancia muy grande como en este caso (los huevos), que tiene trascendencia internacional".

El Parque Paleontológico de Auca Mahuevo formará parte del 'Shale Tour-Vaca Muerta', que anunció el gobierno local para aprovechar las riquezas paisajísticas, culturales y paleontológicas de la formación que se conoce en el mundo por el desarrollo de yacimientos de petróleo y gas no convencionales de la provincia de Neuquén. Fuente; Telam.


Miramar, tierra de Gigantes Prehistóricos.

Marz. Mientras los niños juegan en la arena y los padres comparten unos mates bajo el sol en la playa, a centímetros de ellos hay historias milenarias que esperan ser descubiertas y contadas.

No es sorpresa que en Miramar se hagan hallazgos paleontológicos de repercusión internacional, o así al menos es lo que viene sucediendo desde que Florentino Ameghino visito la ciudad en 1908 generando hallazgos y teorías que aún son utilizadas en toda América.

   

Recientemente se hallaron y recuperaron restos óseos de gran tamaño pertenecientes a gigantescos animales ya extintos que deambulaban por lo que hoy es la ciudad de Miramar, a pocos metros del muelle de pescadores, y a 1,5 kilómetros de la zona céntrica de la ciudad.

Especialistas del Museo Municipal Punta Hermengo, dependiente de la Secretaria de Turismo y Cultura de la Municipalidad de General Alvarado, comenzaron el año con el hallazgo de restos fósiles de Perezosos gigantes que vivieron en esta zona hace algo más de 100 mil años.

Paralelamente cuando la prensa mundial hablaba del hallazgo de un cráneo y otros restos fósiles de un Promacrauchenia, también encontrados por el museo local a unos 4 kilómetros de este sitio, el personal del Museo de Miramar realizaba otro hallazgo paleontológico excepcional.

Durante los últimos días de diciembre ocurrió una sudestada, algo poco frecuente para esta época. El mar había retirado gran parte de la arena de la playa a pocos metros del muelle de pescadores de la ciudad balnearia, dejando a simple vista, un afloramiento geológico en el cual asomaban unos restos óseos de pocos centímetros y de color negro.

En ese momento, Mariano Magnussen, integrante del museo observaba el sitio desde el lado norte y Daniel Boh observaba desde el lado sur, y encontraron restos de por lo menos cinco individuos semi articulados e incompletos de perezosos gigantes.

Se comenzaron las tareas de excavación, pero esas pequeñas “manchas negras” en los acantilados, se convirtieron en enormes huesos de Lestodontes,  conocidos científicamente como Lestodon armatus, un perezoso gigante que habito en esta zona, cuando el área era un gran pantanal que albergaba grandes criaturas ya desaparecidas, a muchos kilómetros de la playa costera de entonces, ya que la playa en ese momento se encontraba a unos 200kilometros mar adentro de su ubicación actual.

Sin dudas, Miramar, conocida como la ciudad de los niños y la familia, atesora unos de los yacimientos fosilíferos más ricos del mundo correspondientes a los últimos 4 millones de años. Justamente el sabio Florentino Ameghino, el primer gran científico sudamericano fue quien publico la riqueza de esta zona, cuya extensa bibliografía de los hallazgos en la ciudad balnearia se encuentra en las bibliotecas universitarias de todo el mundo.

Posteriormente científicos de gran prestigio del Museo de ciencias naturales de Buenos Aires y La Plata dieron sus maravillosas contribuciones. Hoy en día, el Museo local resguarda principalmente los hallazgos realizados en los últimos 30 años por equipos locales.

En estos momentos solo exhibimos en nuestro museo algo menos del 10 % de la colección total que poseemos, pero a pesar de ello, mostramos al público una importante diversidad de formas extintas de nuestra región, sostuvo Mariano Magnussen.

El Lestodonte era un gran herbívoro, el cual recogía su comida a orillas de los pantanos o cauces fluviales, y era el tercer animal continental de mayor tamaño, después del Megatherium (otro perezoso) y del Stegomastodon (elefante sudamericano), argumento Daniel Boh.

Su cráneo tenía una región rostral muy ensanchada. Los huesos de sus miembros eran grandes y gruesos. Su dentición era simple, pero resaltaban hacia afuera de la boca unos colmillos muy grandes, lo que se convertía en una defensa contra los posibles depredadores. Su masa estimada es de 2,5 toneladas. Tenía 1,80 de ato y 4 metros de largo.

Daniel Boh, detallo; “en pocos metros se recuperaron días atrás restos fósiles de al menos cinco individuos, incluyendo mandíbulas, fémures enormes, articulaciones, falanges, vertebras, costillas entre otros, sumado al material que ya se encontraba en el museo, podemos decir que podemos armar un esqueleto completo de este gigante extinto”.

Por su lado Mariano Magnussen comento a los medios; “Este sitio es paleontológicamente fascinante y único, ya que ha aportado a la ciencia mucha información por más de un siglo. Nosotros en el museo de Miramar hemos recuperado todo un ambiente, es decir, un ecosistema extinto a metros de la urbanización. Sabemos que el Lestodonte vivió con muchos otros animales, ya que recuperados fósiles de Toxodontes, Mastodontes, Caballos americanos, Megaterios, Scelidoterios, Macrauchenidos, roedores, peces, reptiles, aves, escarabajos, hormigueros y hasta huellas fosilizadas de varios animales, entre ellos las únicas conocidas de un Smilodon o tigre dientes de sable”.

Los fósiles que fueron recuperados luego de una prospección paleontológica luego de varios días de trabajo, fueron levados al Museo Punta Hermengo, dentro del Bosque Vivero y fueron procesados químicamente para su preservación, tarea, que contó con la colaboración de Francisco De Cianni, cuyas piezas serán estudiadas en conjunto con investigadores de la Fundación Azara, y Gisel Sánchez, quien realizó el registro fílmico y fotográfico durante las tareas de excavación

En este momento, el público puede ver en la sala de paleontología regional restos de Lestodonte recuperados en campañas anteriores, como el cráneo, un brazo completo y un voluminoso fémur, mientras los más curiosos pueden observar (puertas adentro) como se procesa y trabaja el material, Luego es registrado como lo establece la ley 25.743 nacional y la ordenanza municipal 248/88 que protege los yacimientos fosilíferos y colecciones paleontológicas en el Partido de General Alvarado.

Ahora ya saben, si visitan las hermosas playas de Miramar, recuerden que hace mies de años, Ahí mismo, vivieron criaturas gigantes, cuyas evidencias fósiles de su paso por esta zona, se encuentran en el Museo Municipal de la ciudad balnearia.

Video sobre el hallazgo de restos fósiles de perezoso gigante llamado Lestodonte. Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar.

 
Hallan fósiles de Neolicaphrium recens en Termas de Rió Hondo.
 

Marz. Recientemente dieron a conocer una publicación científica “El primer registro del Neolicaphrium recens, Frenguelli, 1921 (Mammalia, Litopterna) en los depósitos del Pleistoceno del río Dulce, departamento de Rio Hondo, Santiago del Estero, Argentina”

El registro más septentrional y más occidental de la especie, ampliando así su distribución. Los datos geológicos sugieren que el material proviene del pleistoceno, es decir, de los últimos 2 millones de años.

En el año 2015, el Museo Municipal Rincón de Atacama de Termas de Rio Hondo y el Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar, dieron a conocer restos fósiles de otro proteroterio que vivió durante el Mio- Plioceno (5 millones de años) anterior a este último, procedente de Las Cañas.

Eran animales con aspecto de caballo, que vivieron entre el Oligoceno y el final del Pleistoceno (Neolicaphrium recens, el último representante de los proteroteríidos).

Hubo otra familia de meridiungulados, perteneciente al suborden de los Notoungulata que también presentaron formas semejantes a los caballos. La difusión de las planicies abiertas por todo el continente sudamericano contribuyó a la evolución de unos animales corredores de estructura ligera.

Animales de pequeño y mediano tamaño que por su aspecto y sus proporciones eran caballos en miniatura, como ocurrió después paralelamente entre los équidos arcaicos. Los primeros proteroterios tenían un dedo central muy grande en cada pie, y dos laterales más pequeños que apenas tocaban al suelo, algo similar a lo que ocurre en las patas traseras de los jabalíes actuales.

 

Isaberrysaura mollensis, el nuevo dinosaurio patagónico con el estómago lleno.

Marz. El descubrimiento sugiere que el pequeño dinosaurio, perteneciente al período Jurásico en la Patagonia, devoró las semillas en vez de tomarse el tiempo necesario para masticarlas.

Un reciente descubrimiento del período Jurásico en la Patagonia muestra ahora la última comida de un dinosaurio, fosilizada en sus entrañas. El hallazgo corresponde a una nueva especie de dinosaurio, llamada Isaberrysaura mollensis, y proviene de uno de los principales grupos de dinosaurios llamados Ornithischia - los lagartos con forma de pájaro, (no el linaje de dinosaurios que llevó a las aves). El herbívoro de 5-6 metros de largo habitaba los deltas de la hoy provincia de Neuquén, en Argentina, en la primera parte del Jurásico.

El nuevo dinosaurio se parece un poco a un estegosauro temprano, pero el análisis extenso de su anatomía muestra su más estrechamente relacionado con los antepasados tempranos de dinosaurios tales como Iguanodon e Hypsilophodon. Lo más especial de este descubrimiento, sin embargo, es que parte de su última comida se conserva todavía después de 180 millones de años en el espacio donde antes estaba su tripa, un órgano que hace mucho tiempo ha desaparecido.

<<<< Ilustración de Nobu Tamura.

El nombre Isaberrysaura no tiene nada que ver con las bayas, pero es en honor de Isabel Valdivia Berry, que fue la primera en reportar el descubrimiento en 2009. Las semillas han sido permineralizadas, lo que significa que han sido reemplazadas por minerales duros que permitieron su preservación durante millones de años. Algunas de las semillas todavía estaban en gran parte completas, lo cual sugiere que el pequeño dinosaurio hambriento las devoró (¿es la primera vez que se "engulló" alguna vez en un papel de investigación de dinosaurio?), en lugar de tomarse el tiempo para masticarlas.

Estas semillas endurecidas probablemente habrían pasado a través de los tractos digestivos del dinosaurio, para ser 'expulsadas' como granos de semilla, lo que significa que aún habrían sido capaces de germinar. Los dientes de Isaberrysaura parecen haber sido bastante pobres en el procesamiento de alimentos, especialmente en comparación con sus primos hadrosauros posteriores y sus inmensas "baterías dentales" para moler la materia vegetal en el olvido, lo que ayuda a explicar por qué las semillas se conservan en tan buenas condiciones.

Los investigadores identificaron estas semillas como pertenecientes a un tipo antiguo de cícada, así como de otras plantas. Según la investigación, comentada en PLOS Blogs, esto es interesante, ya que muestra que algunos dinosaurios, al igual que los mamíferos modernos, podrían haber sido importantes para ayudar a dispersar las semillas de plantas a lo largo de los paisajes a través del ingenio de las plantas de explotar el hecho de que los dinosaurios a caca de vez en cuando. Fuente; Antena 3.


Mussaurus patagonicus ha sido escaneado con un sincrotrón.

Marz. Los fósiles de 'Mussaurus patagonicus', procedentes de la Patagonia argentina, están formados por 30 huevos, un esqueleto de un recién nacido y un cráneo de un individuo joven

Una colección excepcional de fósiles de dinosaurio de la especie Mussaurus patagonicus, formada por 30 huevos, un esqueleto de un recién nacido y un cráneo de un individuo joven, ha sido examinada por primera vez con un sincrotrón, según informa hoy el ESRF (European Synchrotron Radiation Facility) de Grenoble, que cuenta con una potente máquina de rayos X de gran resolución.

<<<<<Dibujo de Irma Dariozzi.

El prosaurópodo Mussaurus patagonicus, un dinosaurio herbívoro que vivió hace unos 200 millones de años, fue un antepasado de los dinosaurios gigantes. Sus fosiles, descubiertos en la cuenca triásica El Tranquilo, una zona desértica de la Patagonia argentina, corresponden a la fase embrionaria y juvenil de la especie.

Los fósiles, que han viajado por primera vez desde Argentina hasta Francia, fueron escaneados la semana pasada durante cuatro días y sus respectivas noches. El objetivo: comprender mejor el desarrollo y el crecimiento del Mussaurus y descubrir cómo evolucionaron los dinosaurios hasta convertirse en las criaturas más grandes de la Tierra.

Los científicos se preguntan cómo fue la transición entre los prosaurópodos y los saurópodos; la transformación drástica conllevó unas importantes modificaciones esqueléticas y el Mussaurus se sitúa muy cerca de esa transición y del origen de los saurópodos.

 "Hace aproximadamente una década, cuando comenzaron los estudios que utilizaban la radiación de sincrotrón, fue una revelación descubrir todas las posibilidades que teníamos de observar el interior de los fósiles sin destruirlos", expresa el paleontólogo argentino Diego Pol, quien encontró la mayor parte de los fósiles.

"Antes eran pocas las posibilidades de descubrir lo que había en el interior de los huevos, pues no podíamos cortar los especímenes", comenta. Imágenes ilustrativas. Fuente; nationalgeographic.com.es


Llega a Trelew la réplica del dinosaurio más grande del mundo.

Marz. En 20 días un equipo de técnicos alemanes instalarán una réplica corpórea del dinosaurio más grande del mundo hallado en la zona de Los Altares en el año 2014. La réplica que quedará emplazada en el ingreso a Trelew cuenta con 40 metros de extensión.

En el acceso norte a Trelew se está construyendo la plataforma para instalar la réplica del dinosaurio más grande del mundo hallado en la provincia del Chubut en 2014, en un establecimiento rural ubicado cerca de Los Altares.

La instalación estará a cargo de técnicos alemanes, y se adelantó que se trata de una réplica corpórea a diferencia del esqueleto que se exhibió ya en la provincia y en el Museo de Nueva York, Estados Unidos.
La directora de Turismo de Trelew, Mónica Montes Roberts, explicó a Radio El Chubut que el operativo para instalar el dinosaurio al ingreso de la ciudad valletana se va a producir en un plazo de 20 días, cuando tiene previsto el arribo del dinosaurio al puerto de Puerto Madryn. "Ya tenemos todo el terreno listo para emplazarlo", dijo.

En cuanto al lugar seleccionado para el emplazamiento se informó que no va a ser en la rotonda (como surgió en un primer momento) porque iría en contra de la ley de tránsito a nivel nacional a la que Trelew está adherida. Sería al norte de Gendarmería.

La réplica de unos 40 metros entre la cola y la cabeza y veinte de la altura para ser ubicada requiere de una obra para su plataforma, para su disposición y garantizar que persista en el tiempo, técnicos especializados en estas estructuras llegarán desde Alemania.

Cabe señalar que el trabajo para exponer la réplica está a cargo de la Fundación Egidio Feruglio y los propietarios del terreno donde estará emplazado, el traslado con Vialidad Nacional. Para Montes Roberts, "esto realmente va a ser un sueño cumplido. Poder tener nuestro principal producto turístico emplazado en el principal acceso de la ciudad".

El titanousario, especie a la que pertenece el gigante, fue hallado en el campo La Flecha, en el paraje El Sombrero, cerca de Los Altares, descubierto por el peón rural Aurelio Hernández en una de sus habituales recorridas por el campo.

Este dinosaurio pesaba alrededor de 70 toneladas, el equivalente a 10 elefantes y vivió en la Patagonia hace alrededor de 100 millones de años, durante el período Cretácico.

La excavación para extraerlo, se inició en enero de 2013, pero la alerta sobre la existencia de un hueso de insólitas dimensiones, había sido dada seis años antes. El Patagonico.
 


 
Importante reconocimiento para la Fundación Azara.

Feb. La Diputación Provincial de Huesca (DPH) ha celebrado este viernes, 24 de febrero, la XIX edición del Galardón y Premios Félix de Azara, que anualmente entrega esta institución y cuya máxima distinción ha recaído en esta ocasión en la Fundación de Historia Natural Félix de Azara de Argentina.

Estos premios distinguen a entidades, colectivos, empresas y particulares que han trabajado en la defensa y difusión del medio ambiente en cada una de las categorías. El presidente de la DPH, Miguel Gracia, ha mostrado su satisfacción por una nueva edición de unas distinciones en las que "existe la complicidad absoluta de mucha gente del territorio" ya que "han sido los habitantes de los pueblos los que han logrado un equilibrio con la naturaleza".

Asimismo, ha afirmado que "cualquier acción o proyecto sobre el medio natural ha de tener en cuenta las afecciones sociales, económicas y de sostenibilidad que pueden originar" y deben abordarse "desde la perspectiva del principal protagonista: el ser humano". En la línea de la defensa del freno a la despoblación, Miguel Gracia ha recordado que "nunca hasta ahora había un discurso tan unánime y coincidente, desde todos los ámbitos sociales y políticos, como el que hace referencia en la actualidad al fenómeno de la despoblación".

 

Por eso, ha estimado que esta visibilidad ha de aprovecharse para que, por primera vez, la despoblación se aborde como una cuestión de Estado y se considere la urgencia de actuar desde todos los ámbitos posibles.

Por otra parte, se ha referido al "cariz más internacional" que esta edición tienen los premios ya que "están con nosotros los representantes de los galardonados de Argentina, que prestigia el nombre de este altoaragonés en su territorio". El director de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara de Argentina, Adrián Giacchino, ha manifestado el honor que representa "recibir este galardón por parte de la ciudad de Huesca", una entidad que nación en el año 2000 y en la que "llevamos el nombre de Félix de Azara con lo cual para es un reconocimiento y un compromiso para seguir en las tareas comunes a las que realizaba Félix de Azara".


Hallaron huellas de gliptodonte en la reserva natural de Pehuen Co-Monte Hermoso.

Feb. Es un yacimiento paleoicnológico ubicado a 2.500 metros al este de la localidad.

Especialistas descubrieron luego de una tormenta un grupo de 11 huellas de gliptodonte, en la zona 1 de la Reserva Natural de Pehuen Co. 

Encabezado por la doctora Teresa Manera de Bianco, un grupo de alumnos de la carrera de Geología de la Universidad Nacional del Sur, guardaparques y personal del Museo de Ciencias Naturales Carlos Darwin de Punta Alta, inició el relevamiento fotográfico y de moldes, a fin de preservar el registro.

La Reserva Geológica, Paleontológica y Arqueológica Provincial “Pehuen Co-Monte Hermoso" fue declarada por Ley Provincial N° 13394, al entender que ese ambiente natural y cultural se encuentra amenazado por la acción antropogénica y climatológica, y "necesita una presencia activa del estado nacional para resguardar sus singularidades naturales y los elementos fósiles y arqueológicos que se encuentran en su territorio".

Las huellas fósiles de 12.000 años de antigüedad están impresas en la plataforma de abrasión de la playa, en las capas arcillo-limosas que se hallan cubiertas parcialmente por las altas mareas.


Las papas, tomates y pimientos tuvieron su origen en la Patagonia Argentina.

Ene. Así lo describió Peter Wilf, el científico que lideró el descubrimiento en la Patagonia argentina de un fruto fosilizado que data de 52 millones de años.

El fruto antiguo pertenece a una familia de plantas que incluye alimentos populares como papas, tomates y pimientos. La historia del origen de esta familia es en gran parte desconocida ya que hasta ahora, solamente se habían encontrado algunas semillas.

Los científicos dicen que los orígenes de esta clase de fruto se remontan decenas de millones de años, mucho más de lo que se pensaba anteriormente.

La planta, un tipo de Physalis, se encontró en una selva fosilizada en la Patagonia. Pertenece a la Solanaceae, o hierba mora, familia de plantas con flores, que incluye cultivos, tabaco, plantas medicinales y flores de jardín como la petunia. Peter Wilf además de dirigir el equipo que descubrió el fruto antiguo es profesor de Geociencias en la Universidad Estatal de Pensilvania, en EE.UU.  "Es la única fruta fósil que se ha encontrado en todo este grupo de plantas, que ahora tiene más de 2.000 especies", explicó a la BBC.

Peter Wilf, Penn State Especímenes de frutos secos de una cereza de tierra costera moderna de Florida Especímenes de frutos secos de una Physalis costera moderna de Florida. "Mucha de la historia evolutiva de la vida, especialmente de las plantas, que es raro encontrarlas como fósiles, es en gran parte desconocida".

"Aquí tenemos este descubrimiento de estos increíblemente inusuales y delicados fósiles. Es casi inaudito que tal cosa pueda fosilizarse". Esta fruta está estrechamente relacionada tanto a los tomatillos, que se utilizan comúnmente en la cocina mexicana, como a las Physalis.

Tienen cáscaras parecidas a los farolillos de papel que crecen alrededor de carnosas y a menudo comestibles bayas. Previamente se pensó que los tomatillos y las Physalis evolucionaron más recientemente alrededor del tiempo en el que la cordillera de los Andes se levantó.

Hace unos 50 millones de años, Sudamérica estaba más cerca de la Antártida y Australia de lo que está hoy y la temperatura del mundo también era mucho más elevada. Los investigadores creen que el área producirá muchos más descubrimientos de plantas fósiles.

"Los descubrimientos paleobotánicos en la Patagonia probablemente están destinados a revolucionar algunas visiones tradicionales sobre el origen y la evolución del reino vegetal", dijo Rubén Cuneo investigador del CONICET en el Museo Palentológico Egidio Ferulgio, en Chubut, Argentina.


El registro más antiguo de formas vegetales o animales hallado en Sudamérica.

Ene. Con 560 millones de años, los fósiles hallados por los investigadores de la Universidad Nacional de La Plata en una cantera de Olavarría son los más antiguos de la Argentina y de América del Sur en lo que respecta a formas de vida de gran tamaño. Pero más allá de ese dato récord, los miles de ejemplares de aspidella -organismo marino conformado por una base con forma de disco de la que emergía una suerte de pluma de hasta 20 centímetros- permiten llenar un vacío en el conocimiento de los seres vivos que habitaron las aguas poco profundas que cubrían parte de lo que hoy es el territorio bonaerense antes de la llamada "explosión del Cámbrico", que se produjo hace 542 millones de años.

Los aspidellas descubiertos en Olavarría pertenecen a la llamada fauna de Ediacara, integrada por formas de vida que habitaron los océanos, pero que no dejaron descendencia directa que llegue a nuestros días, tras ser barridos en la "explosión del Cámbrico" por nuevas formas de vida que son las predecesoras de la fauna actual. El problema es que, sin esqueletos y sin caparazones, estos organismos de cuerpo blando no dejaron mucha evidencia fósil que permita reconstruir la historia de su paso por el planeta.

"Éste es un hallazgo sumamente importante, en parte porque su registro en el planeta es muy escaso", comentó Daniel Poiré, experto en sedimentos del Centro de Investigaciones Geológicas de la universidad platense y uno de los autores del trabajo que resume los hallazgos y que fue publicado en los Scientific Reports de Nature.

Tan escaso es el registro fósil de la fauna de Ediacara que generó un debate en torno a cómo eran y cómo vivían sus integrantes. El caso de los aspidellas lo ilustra: son fósiles con forma de disco de hasta seis centímetros de diámetro que antiguamente se creía que eran las marcas que medusas parecidas a las actuales dejaban al morir sobre el fondo del mar. Sin embargo, cuenta Poiré, "cuando se encontraron ejemplares de Rangea, otro fósil de la fauna de Ediacara con forma de fronde o pluma que en sus bases mostraban discos similares a los de aspidellas, se comenzó a interpretar que los discos de aspidella eran las bases de frondes. Hoy se cree que eran grandes organismos filtradores marinos que se alimentaban de los microorganismos planctónicos en suspensión".

Pero la discusión no está del todo zanjada. "Hoy se duda de su asignación biológica. Incluso se reemplazó el término fauna por biota, por las dudas de que en realidad hayan sido algún tipo de vegetal que hoy no conocemos", explicó Poiré, que dirige Precámbrico Sedimentario en Argentina, el proyecto de investigación que halló los fósiles gracias a la colaboración de Cementos Avellaneda SA, empresa que opera la cantera de Olavarría donde se produjo el hallazgo.

Los aspidellas de Olavarría no dejan de ser una postal -con forma más de rompecabezas que de instantánea- de un mundo perdido, recuerdos de un fallido ensayo de la naturaleza.

"Son los únicos macrofósiles que aparecen tan sólo unos millones de años antes de la gran explosión del Cámbrico -señaló el investigador-. Recordemos que la gran mayoría de la fauna que hoy conocemos apareció de golpe en la explosión del Cámbrico, hace 542 millones de años. Los macrofósiles de Ediacara serían como los antecesores y que no pudieron cruzar esa línea de tiempo. Es como si los «nuevos» fósiles animales les hubieran ganado el hábitat marino."

El paper publicado por Poiré y sus colegas del Centro de Investigaciones Geológicas platense, junto con expertos de la Universidad Estatal Paulista y la Universidad Federal de Uberlandia (ambas de Brasil), no sólo aporta datos sobre la vida en el Precámbrico en el mar de aguas someras que cubría la tierra que hoy se extiende entre Barker y Olavarría. También suma evidencias al debate sobre la existencia de un océano llamado Clymene que, en tiempos de los aspidella, habría cubierto el sur del megacontinente llamado Gondwana.

"Existe una gran discusión sobre la existencia o no del océano Clymene en lo que hoy es parte de Brasil y de la Argentina hace más de 540 millones de años -explicó Poiré-. Es como armar un rompecabezas sobre la geografía de los paleocontinentes. Lo que queda claro es que este mar de Olavarría perteneció al océano Clymene, con el continente probablemente al Oeste y el mar abierto hacia el Este." Del otro lado de Clymene estaba lo que hoy es la parte central de Brasil, que habría de unirse a Gondwana al retroceder estas aguas. Fuente La Nacion.


Estudiaran la evolución de los Gliptodontes.

Ene. De Argentina a Estados Unidos, buscan reconstruir el camino de evolución del gliptodonte Desde el CECOAL de Corrientes, plantean nuevas perspectivas para el estudio de mamíferos prehistóricos.
 
Durante los últimos 30 millones de años y hasta su extinción hace unos 10 mil años atrás, los gliptodontes fueron uno de los grandes mamíferos que habitaron Sudamérica. Con su cuerpo totalmente protegido por una coraza, se destacaban entre los animales más imponentes de la fauna continental y lograron migrar hasta América Central y del Norte.
 
Pese al gran número de especies fósiles de gliptodontes que existen en todo el continente americano, la evolución de estos grandes mamíferos herbívoros todavía presenta capítulos inciertos. Para conocer más precisiones de ese proceso, científicos argentinos y norteamericanos proyectan nuevos estudios.
 
En un reciente viaje a Estados Unidos, investigadores del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL, CONICET– UNNE) de Corrientes, iniciaron un trabajo conjunto con científicos del Museo de Arizona del Norte, que consistió en un análisis preliminar de las distintas colecciones que contienen restos de gliptodontes. Este primer encuentro permitió intercambiar ideas acerca de ejemplares de distintas partes de Sudamérica y América del Norte y formular nuevas hipótesis respecto a la diversidad de estos mamíferos, que serán profundizadas en el marco de un proyecto conjunto con investigadores del Museo de La Plata, al que también se sumarán especialistas de otros países en futuras instancias.
   

“Nuestros estudios han demostrado que en algún momento del Pleistoceno y posiblemente relacionado a una glaciación que transformó a América Central en un ambiente propicio para la migración, los gliptodontes norteamericanos entraron a Sudamérica. Así lo atestiguan los restos hallados recientemente en Venezuela y Brasil. Es decir, no solamente llegaron a América del Norte, sino que luego de algunos millones de años volvieron a Sudamérica, ya diferenciados en un género diferente”, explica el investigador independiente del CONICET en el CECOAL, Alfredo Zurita, uno de los principales especialistas en gliptodontes del país.

A diferencia de otros grupos de mamíferos emparentados (como los perezosos y los armadillos), los gliptodontes fueron relativamente poco estudiados, pese a haber sido bastante comunes en toda América. El objetivo de los paleontólogos argentinos y norteamericanos es realizar un estudio detallado, comparando la diversidad y evolución en América del Sur y del Norte de los gliptodontinos, una subfamilia particular dentro de los gliptodontes. Con estos resultados, podrán establecer las diferencias o similitudes que tuvieron estos mamíferos en las distintas áreas y conocer más acerca de su evolución.

 
“Hasta hace un tiempo atrás sabíamos muy poco de los gliptodontinos excepto que, dentro de la notable diversidad de gliptodontes que habitó Sudamérica, fueron probablemente los únicos en llegar a América del Norte, con una historia que es muy particular. Estimamos que tuvieron su origen en el norte de Sudamérica, hace unos 12 millones de años y que hace unos 8 millones de años arribaron al sur de Sudamérica, gracias a que en ese momento existían grandes planicies –en lo que fuera denominada la “Edad de las Planicies Australes”-, que facilitaron los procesos de migración. Sin embargo, los gliptodontinos parecen haber sido muy escasos en estas latitudes durante varios millones de años hasta que, repentinamente y hace unos dos millones de años, pasaron a ser uno de los grupos más comunes de gliptodontes”, señala Zurita.
 
Junto con el grupo norteamericano liderado por el paleontólogo David Gillette, del Museo de Arizona del Norte, los científicos argentinos recorrieron en Estados Unidos distintas colecciones paleontológicas que cuentan con materiales de gliptodontinos. “Este encuentro fue clave para ambos grupos de investigadores porque nos permitió cotejar ideas, interactuar y ampliar el panorama de los estudios que existen en todo el continente acerca de los gliptodontes y sus procesos migratorios. Generó un panorama nuevo y tenemos que empezar a trabajar con conceptos radicalmente distintos, basados en una evolución morfológica sumamente lenta y en que la diversidad siempre fue mucho mayor en Sudamérica con respecto a América Central y del Norte”, explica el investigador.

 

 

“Se pensaba que los gliptodontinos habían tenido una evolución rápida desde que ingresaron a América del Norte, dado que se encontraron con un ecosistema diferente, al que debieron adaptarse. Sin embargo, lo que observamos ahora es que prácticamente no tuvieron cambios morfológicos importantes en casi 4 millones de años.

 
De hecho, es posible que los fósiles de 4 millones de años y aquellos de 30 mil años correspondan a una misma especie. Incluso, su distribución geográfica fue bastante limitada, ya que ningún gliptodontino superó los 35° de latitud norte. La diversidad de gliptodontes en América Central y América del Norte parece ser asombrosamente baja en comparación con lo que estamos viendo en Sudamérica”, indica Zurita.
 
“Este nuevo escenario que se nos presenta nos obliga a reinterpretar mucho de lo que creíamos saber sobre la evolución y diversidad de los gliptodontes en general, tanto en América del Sur como en América del Norte. Ese es un proceso muy interesante, propio de la ciencia: a veces uno tiene una idea dando vueltas en la cabeza durante décadas, pero no puede terminar de cerrarla porque falta algo. Nos pasaba lo mismo tanto a nosotros como a los investigadores de Estados Unidos y este encuentro nos permitió configurar nuevas perspectivas para todos,” finaliza el paleontólogo. Por Cecilia Fernández Castañón. CCT Nordeste. Conocet.  Imágenes ilustrativas.

Huellas de Reyesichnus punensis, aves fósiles en la Puna.

Ene. Los animales que vivieron en el pasado geológico dejaron pruebas irrefutables de su existencia en forma de huesos, dientes, conchillas, caparazones o bien por las impresiones de sus pisadas conservadas como huellas. Dichas huellas se conocen como icnitas y su campo de estudio es la icnología. Cuando se trata de huellas fósiles entonces es la paleoicnología.
 
Salta es famosa por sus huellas de dinosaurios que aparecieron a doble página en la revista National Geographic en enero de 1993. En todo el norte argentino se han registrado huellas de dinosaurios asociadas a las calizas de la Formación Yacoraite. Y no sólo de dinosaurios, sino también de un grupo de aves que se extinguieron con los dinosaurios y son los enantiornithes, descubiertas en el Valle del Tonco en el punto donde se encuentra la mina de uranio Don Otto.
   

Son menos conocidas las abundantes huellas de aves fósiles que se descubrieron en la Puna. Las más antiguas se encontraron en unas lajas rojas de Farallón Catal en el salar del Hombre Muerto y tenían una edad de 15 millones de años. Las dimos a conocer en 1978 en un trabajo que publicamos en un congreso de paleontología junto a los colegas Eduardo Carbajal y Mario Raskovsky, ambos ya fallecidos.

<<<< Imagen ilustrativa.

Corresponden a un representante antiguo de los teros y las bautizamos como Reyesichnus punensis, en homenaje al Dr. Celso Reyes, que fuera profesor de la Universidad Nacional de Salta. En la sierra de Sijes, en el salar de Pastos Grandes, se encuentran capas de boratos formadas entre 5 y 7 millones de años atrás. Esos mantos boratíferos yacen entre camadas de cenizas volcánicas, yeso, arenas, limos y arcillas.
 

Representan el relleno sedimentario de una antigua cuenca tectónica tal como lo es el actual salar de Pastos Grandes, y fueron plegadas por los movimientos orogénicos andinos. Las capas se formaron en un ambiente de lago alcalino, rodeado de playas arcillosas y sobre el cual llovían periódicamente cenizas volcánicas generadas por los grandes volcanes del arco andino.
 
En aquel tiempo la Puna, al igual que ahora, estaba salpicada de lagos salinos de distintos tamaños. En esos lagos vivía una abundante avifauna que medraba en sus playas y dejaba impresas sus huellas en el barro fresco.
 
Cada tanto las pisadas eran enterradas por sedimentos que las preservaban como estructuras fósiles. Téngase presente que una pisada es una marca inorgánica producida por un organismo vivo y no un verdadero fósil. Pero más allá de los tecnicismos lo cierto es que allí quedaron sepultadas para los millones de años venideros, las evidencias de vida de aquellas aves pretéritas emparentadas por su morfología con las aves actuales.
   

A veces se encuentran también huellas de roedores y algún otro mamífero.

Gracias a los minerales radiactivos de las cenizas volcánicas se pudo calcular con precisión la antigüedad de las capas portadoras de las pisadas fósiles. Los cristales de zircón permiten conservar como un reloj atómico el tiempo transcurrido desde su formación. A su vez las huellas fósiles de organismos en general y de aves en particular tienen un gran valor para interpretar como fueron aquellos ambientes antiguos o paleoambientes.

 
Hay huellas pequeñas, medianas y grandes; tridáctilas y tetradáctilas; con o sin membranas interdigitales, entre otros detalles. Se han identificado representantes morfológicos de los actuales flamencos, patos, guayatas, teros, teritos y otros pájaros y zancudas.
 
Por el tipo y tamaño de las huellas se puede saber la profundidad del agua desde el borde hasta el centro de los cuerpos lacustres. Esto permite valiosas reconstrucciones paleobatimétricas. Su relación con las capas de boratos permiten inferir cuales fueron los ambientes en que éstos se formaron. Imagen de Archivo. Fuente; eltribuno.info. 

 

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