PaleoArgentina. Noticias de Paleontologia 2019. Descubren un lobo marino de 6 mil años. Reconstrucción en 3D del cráneo y cerebro de cocodrilos del Mesozoico.  Recuperan fósiles del ciervo Morenelaphus más completo de Argentina. Una misma especie para dos gliptodontes sudamericanos. Encuentran fósiles de una gigantesca ballena depresora del 15 millones de años en Rió Negro. Recuperan fósiles del ciervo Morenelaphus más completo de Argentina. Bajadasaurus pronuspinax, una nueva especie de dinosaurio saurópodo de Neuquén. Restos de un Gliptodonte en San Pedro. Barrosasuchus neuquenianus, un cocodrilo de 70 millones de años en Neuquén. Redescubren un lobo marino de 6000 años de antigüedad en Buenos Aires.  Encuentran restos de un esfenodonte de 90 millones de años en Río Negro. Nuevas evidencias sobre la extinción de los mamíferos gigantes en América. Recuperan un cráneo de Arctotherium angustidens en San Pedro. Mahuidacursor lipanglef, un nuevo dinosaurio de la Patagonia. Nuevas evidencias sobre la extinción de los mamíferos gigantes en América por humanos. Recuperan restos fósiles de un megaterio en Colonia Emilio Mitre, La Pampa. Descubren acumulaciones de fósiles en el Triasico de Ischigualasto. Material del Museo de Miramar en un libro del Smithsonian Institute.  .
 
   

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Recuperan restos fósiles de un megaterio en Colonia Emilio Mitre, La Pampa.

Un fémur de este mamífero prehistórico había sido encontrado en la zona hace algunos años por pobladores. Ahora, desde el Museo de Historia Natural ubicaron el lugar.

La Secretaría de Cultura del Gobierno de La Pampa informó que el Museo de Historia Natural de La Pampa efectuó con éxito tareas de prospección paleontológica en el área de Colonia Emilio Mitre, a los fines de relocalizar el sitio de hallazgo de los restos fósiles de un megaterio, mamífero extinto de gran tamaño, entregado hace algunos meses atrás a dicha institución para su identificación y resguardo.

Entre otras funciones, el Museo es el organismo encargado de recibir denuncias sobre hallazgos paleontológicos y velar por la correcta extracción y preservación de los restos fósiles dentro del territorio provincial. En este marco, tras el recibimiento de los restos de un megaterio en septiembre del año 2018, el museo provincial puso todo su esfuerzo para reubicar con exactitud el sitio de su hallazgo, tarea que solo fue posible gracias a la colaboración y compromiso por la preservación del patrimonio pampeano del antropólogo bonaerense Ambrosio González Rubio, así como de distintos referentes del pueblo ranquel.

La particular historia de este hallazgo paleontológico comienza en septiembre del 2018, cuando el antropólogo Ambrosio González Rubio se comunicó con el Museo de HIstoria Natural para hacer entrega de unos restos fósiles procedentes del área de Colonia Emilio Mitre.

González Rubio indicó que mientras realizaba sus estudios de tesis en Árbol Solo, el lonko Carlos Campú, máxima autoridad del Pueblo Rankülche, le había cedido los restos para que los hiciera llegar a la autoridad competente.

<<<Aspecto del gigantesco megaterio. Ilustración de Daniel Boh.

Campú también le indicó que los mismos los había recibido tiempo atrás de un poblador vecino, quien los halló al desmoronarse un médano vivo en la zona próxima a Emilio Mitre.

De acuerdo a los comentarios de Campú, en la zona del hallazgo aún se podían observar más restos en el terreno. De esta manera, luego de precisar que los restos pertenecían a un megaterio y ante la importancia del hallazgo dado que este tipo de restos son infrecuentes en el centro-oeste de la provincia, el Museo se dispuso a contactar al lonko para precisar con exactitud el lugar de hallazgo.

El contacto con Campú fue dificultoso debido a que se encontraba en Victorica comprometido en su salud, pero luego de varias semanas y gracias a la colaboración del Consejo Provincial del Aborigen, especialmente de Pedro Coria y María Inés Canhué, desde el Museo pudieron ubicar a su hijo Carlos, quien conocía la historia del hallazgo y amablemente se ofreció a colaborar con la reubicación del sitio.

Habiendo coordinado un punto de encuentro con Carlos Campú hijo, el personal del museo se trasladó a Emilio Mitre para reubicar los restos bajo la dirección de los paleontólogos Marcos Cenizo y Lucas Cheme Arriaga junto a los técnicos colaboradores Pablo Tejerina, Maximiliano Minuet y Nicolás Peralta Seen.

Siguiendo las indicaciones de Campú, el equipo prospectó una vasta zona de médanos al oeste del Emilio Mitre, buscando un área de deflación donde los médanos hubieran perdido su cobertura vegetal permitiendo así la exposición de sedimentos más antiguos, entre ellos aquellos pertenecientes a la Formación El Meauco, cuerpo de roca donde fueron hallados restos de megafauna en otros lugares de la provincia.

Finalmente, se observó las condiciones mencionadas en un área donde los médanos habían sido removidos para la instalación de un tanque australiano. Al llegar al puesto próximo, el equipo del Museo fue recibido por su propietaria, Juana Cabral, quien cordialmente señaló que los restos buscados efectivamente habían sido recuperados en un sector cercano.

<<<Esqueleto de Megaterio en el Museo de La Plata. Archivo.

Tras unas horas de prospección, el equipo halló el sitio exacto donde años atrás se había encontrado el megaterio. El lugar aún mostraba la presencia de grandes astillas incluidas en las arenas de la Formación El Meauco, donde además se recuperaron restos de otros mamíferos más pequeños.

Si bien no se recobraron nuevos restos del megaterio, la ubicación del sitio permitió reconocer exactamente las unidades geológicas que son portadoras de megamamíferos en el centro de La Pampa, algo que hasta el momento no contaba con evidencias concretas. Fuente; eldiariodelapampa.


Descubren acumulaciones de fósiles en el Triasico de Ischigualasto.

"Es una masa de hueso contra hueso acumulado, prácticamente no hay sedimentos. Es como si hubieran hecho un pozo y lo hubieran llenado de huesos", explicó el paleontólogo argentino Ricardo Martínez.

Un cementerio de dinosaurios de 220 millones de años fue descubierto en el oeste de Argentina, con fósiles de al menos una decena de individuos, anunció este miércoles una fuente científica.

"Se trata de un bloque, una verdadera acumulación de huesos, hay cerca de diez individuos distintos. Es una masa de hueso contra hueso acumulado, prácticamente no hay sedimentos. Es como si hubieran hecho un pozo y lo hubieran llenado de huesos. Es realmente impresionante", explicó el paleontólogo argentino Ricardo Martínez.

Según Martínez, investigador del Instituto y Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de San Juan (IMCN), "estos fósiles pertenecen a la cuenca de Ischigualasto, corresponde a 220 millones de años, una época de la que no se conoce mucho de la fauna".

El cementerio, una suerte de colchón sólido, fue encontrado en septiembre del año pasado en la provincia de San Juan (1.100 km al oeste de Buenos Aires), durante la última campaña a Ischigualasto, precisó Cecilia Apaldetti, investigadora del IMCN y del Consejo Nacional de Ciencia y Técnica (Conicet) y parte del equipo.

El descubrimiento "tiene doble importancia porque hay por lo menos siete u ocho individuos de dicinodontes, que son los antecesores de los mamíferos, del tamaño de un buey, y otros arcosaurios (reptiles) que no sabemos todavía qué son, pueden ser dinosaurios o un antecesor de los cocodrilos de gran tamaño", explicó a su vez el científico.

El hallazgo de esta "cama de huesos" de unos dos metros de diámetro y que podría tener uno o dos metros de profundidad, fue dado a conocer por la Agencia de Ciencia, Técnica y Sociedad de la Universidad de La Matanza (CTyS-UNLaM).

Al tratar de explicar las causas de esta acumulación de huesos, los investigadores estimaron que "pudo haber una época de gran sequía y que allí había un cuerpo de agua, un pequeño lago en el que se amontonaban los herbívoros para beber y, a medida que se evaporaba el agua, se iban debilitando e iban muriendo en el lugar".

Apaldetti contó que a medida que iban despejando el bloque para extraerlo iban apareciendo nuevos huesos y tuvieron que suspender la tarea por las altas temperaturas y las lluvias en la zona durante el verano austral.

"Esta acumulación de huesos es más grande de lo que pensábamos, aún no le encontramos la base. Vamos a regresar al sitio en estas semanas para poder extraer todo el bloque completo, posiblemente debamos hacerle una base de hormigón y precisaremos de una grúa y maquinaria adecuada", estimó la investigadora en declaraciones a la agencia CTyS-UNLaM.

Argentina cuenta con fósiles de los tres períodos de dominancia (el Triásico, el Jurásico y el Cretácico) de la era Mesozoica, y se hallaron individuos diferentes de los encontrados en el hemisferio norte. Los yacimientos de fósiles de dinosaurios más preminentes se localizan en la Patagonia (sur), La Rioja (Parque Talampaya) y San Juan, al oeste, y en Salta (norte).


El Museo de Miramar tendrá una nueva ubicación.

El municipio firmó un convenio con la Fundación Azara para que se reestructure una inutilizada propiedad de 1930, anteriormente residencia de ingenieros que trabajaron en el bosque.

La denominada “Casa de Huéspedes”, que supo albergar a ingenieros y demás funcionarios que desarrollaron tareas de investigación y cuidado del vivero dunícola “Florentino Ameghino”, será la nueva sala de exposición del área del Ciencias naturales del museo municipal “Punta Hermengo”.

Así lo confirmó un convenio firmado entre el municipio, a través del intendente Germán Di Cesare y el presidente Ejecutivo de la Fundación Azara, Adrián Giacchino, con el aporte de la Asociación de Amigos del Museo.

Esto permitirá un trabajo conjunto de mayor despliegue y exhibición de la riquísima colección arqueológica y paleontológica que contribuirá en los aspectos científicos, pedagógicos, turísticos y patrimoniales.La Fundación Azara, de reconocida trayectoria y experiencia en gestión de museos regionales a nivel nacional, además de trabajar en múltiples acciones con Conicet, Parques Nacionales e instituciones afines, brindará un asesoramiento vital en el desarrollo del proyecto que en principio planteaba un nuevo edificio pero por una cuestión de costos elevados se tomó la opción de la casona construida en la década del ’30.

Las obras en la añeja propiedad que cuenta con entrada independiente en la culminación de la avenida 26 junto al acceso del mismo vivero, comenzarían a la brevedad y se espera que culminen a mitad de año para luego inaugurar oficialmente ese nuevo espacio histórico, necesario para revalorizar el patrimonio local.

“Vamos a exhibir la parte de Ciencias Naturales y en el edificio actual se potenciará el área Historia local que en ese caso esperamos esté organizada para el próximo verano. Será una doble satisfacción”, agregó.

Cuando el bosque vivero pertenecía al Gobierno de Provincia, los ingenieros que venían a realizar tareas de investigación se alojaban allí. En cercanías, está la conocida “Casa de los Presidentes”, que fue albergue justamente de figuras de la política nacional pero hoy se encuentra inutilizable ya que un durante un temporal cayó un árbol y dañó seriamente las instalaciones.


Hallan nuevos peces que habitaron la Patagonia durante el Cretácico.

Fueron identificados por investigadores del CONICET a partir del estudio de fragmentos de un cráneo y dientes encontrados en la Cuenca Neuquina.

El hallazgo de fragmentos del cráneo y la dentición de dos ejemplares de peces en la formación geológica Agrio, en la Cuenca Neuquina, permitió establecer un nuevo género y especie de durófagos –es decir aquellos que trituran su alimento con los dientes– que habitaron la Patagonia argentina en el Cretácico temprano, hace más de 130 millones de años. El trabajo fue realizado por investigadores del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y el Centro de Investigaciones Geológicas (CIG, CONICET-UNLP) en colaboración con un colega alemán, y publicado recientemente en Cretaceous Research.

Los dos ejemplares encontrados pertenecen al orden de los picnodóntidos, que agrupa a peces esféricos y comprimidos, muchos de los cuales habrían estado asociados a arrecifes de coral. Aunque existieron formas más grandes, muchos de ellos medían entre 50 y 60 centímetros y se estima que la gran mayoría de ellos se alimentaba de distintos tipos de bivalvos –moluscos similares a las almejas– y corales, gracias a su poderosa dentición adaptada a esos fines.    

 <<<Ejemplar de Gyrodus huiliches, recuperado en la Cuenca Neuquina.

“Una primera particularidad del hallazgo tiene que ver con la presencia de huesos del cráneo asociados a la dentición”, destaca Soledad Gouiric Cavalli, investigadora adjunta del CONICET en la FCNyM y primera autora del trabajo, y desarrolla: “En general, lo que se encuentra más habitualmente en el campo son los dientes, debido a la naturaleza propia del material dentario que es más resistente que otras partes del pez, lo que le brinda mayor potencial de fosilización en comparación, por ejemplo, con los huesos craneanos”.

“En este estudio pudimos ver que los ejemplares presentaban una combinación única de características en sus dientes. La ornamentación en la corona, es decir el dibujo que hace el esmalte sobre el diente permitió diferenciarlos entre sí y también de todos los géneros y especies de una de las tantas familias de picnodóntidos que se conocen en el mundo. La cantidad de hileras dentarias –cuatro en la mandíbula inferior– y la distribución de los dientes en ambas quijadas nos permitió establecer que el material debía ser referido al género Gyrodus como una nueva especie que denominamos Gyrodus huiliches”, explica.

Aspecto en vida del pez del Cretácico del genero Gyrodus.

Por otro lado, la experta puntualiza que la dentición incompleta de uno de los ejemplares cuadraba con la morfología descripta para el Macromesodon agrioensis, que hasta ese momento era la única especie conocida de picnodóntidos en Argentina, pero al reestudiar ese material original en relación con los fósiles hallados observaron que los dientes presentaban importantes diferencias, sobre todo en su ornamentación y morfología: “Al igual que en algunos dientes del previamente descripto M. agrioensis, los nuevos ejemplares tienen unos mamelones o protuberancias en la corona dentaria. Esa característica no es típica del género Macromesodon, por lo tanto erigimos un nuevo género para ese pez, al que denominamos Tranawuen, y la especie ahora se conoce como Tranawuen agrioensis

Para la especialista, “parte de la importancia de este trabajo radica en que es la primera revisión de los peces picnodóntidos en Argentina, configurándose como el paso inicial para el estudio más detallado de estas faunas. Si bien eran muy diversos y tuvieron una importante presencia durante el Jurásico y el Cretácico, el registro fósil en América del Sur es bastante incompleto”. Según explica, “los dos ejemplares que describimos son endémicos de nuestro país y representan el registro más austral de este grupo. Es interesante marcar que estos peces se habrían originado en Europa y migraron por el océano Pacífico en el Jurásico tardío a través de lo que se conoce como el Corredor Hispánico, una hipótesis que también se propone para explicar la distribución de otros vertebrados e invertebrados marinos”. Fuente Conicet.


Mahuidacursor lipanglef, un nuevo dinosaurio de la Patagonia.

Habitó el sur del país hace 85 millones de años. Tras dos años de trabajo, los técnicos formaron una vértebra coincidente con el ornitópodo.

El Mahuidacursor lipanglef, o el "corredor de los cerros de brazos ligeros", un dinosaurio herbívoro, de cinco metros, que habitó la Patagonia en el Cretácico Superior, fue presentado hoy por la Subsecretaría de Cultura de Neuquén como una nueva pieza del patrimonio paleontológico local.

El nuevo dinosaurio se incorporará a la colección del museo paleontológico de Rincón de los Sauces que, a partir de los restos encontrados, presentará una versión tal cual la que vivió hace millones de años.

El hallazgo se produjo en junio de 2016, cuando el equipo del museo Argentino Urquiza de la localidad neuquina de Rincón de los Sauces, realizó una salida de campo con el objetivo de explorar una nueva zona dentro del área conocida como Cerro Overo, ubicada a unos 50 kilómetros al sur de dicha ciudad. 

Mientras se realizaba la exploración, uno de los técnicos, Salvador Palomo, divisó fragmentos fósiles sueltos al pie de una loma donde afloran niveles de más de 85 millones de años de antigüedad, referidos a la formación geológica Bajo de la Carpa.

Los fragmentos hallados fueron ensamblados y dieron lugar a una vértebra de pocos centímetros de longitud, que fue identificada como perteneciente a la vértebra cervical de un ornitópodo, un grupo de dinosaurios herbívoros de andar principalmente bípedo.

Luego del trabajo con la vértebra, continuó la excavación que permitió a los investigadores descubrir un ejemplar articulado y en muy buen estado de preservación.

El paleontólogo Leonardo Filippi explicó que en esa zona han encontrado "una variedad de fósiles muy interesante, aparecen animales bastante completos y la preservación es muy buena".

"La vértebra que encontramos era pequeña, no era de las que estamos acostumbrados, que son las de los animales saurópodos, los de cuello largo", agregó Filippi.  Además, señaló que la formación Bajo de la Carpa tiene "entre 83 y 85 millones de años aproximadamente".

Por otra parte, la investigadora del Conicet Penélope Cruzado Caballero detalló que el dinosaurio "medía unos cinco metros, era juvenil, tenía alrededor de seis años y aún podía crecer un poco más.

Era herbívoro, bípedo y con unos brazos muy gráciles que podía apoyar sin soportar mucho peso".

El nombre genérico (Mahuidacursor) proviene de mahuida, una palabra mapuche que significa "montaña", en referencia a los cerros de origen volcánico que pueden observarse en la zona, y cursor, del latín "corredor". 

En tanto, el nombre de la especie (Lipanglef) proviene de dos palabras de origen mapuche, lipang, que significa "brazo o miembro anterior" y lef, "ligero". Mahuidacursor es parte de un grupo de dinosaurios ornitópodos dentro del cual se encuentran otros representantes patagónicos, como Talenkauen y Macrogryphosaurus.

Según informaron desde Patrimonio Cultural de la provincia, si bien tiempo atrás ya se habían recuperado materiales de este grupo de dinosaurios en esa misma zona, Mahuidacursor representa el primer registro significativo para el norte de la Cuenca Neuquina, y el primero para la formación geológica Bajo de la Carpa.

El estudio científico de este ejemplar estuvo a cargo de la doctora Penélope Cruzado Caballero y del doctor José Gasca, ambos especialistas en dinosaurios ornitópodos, el magister Leonardo Filippi, el doctor Ignacio Cerda y el geólogo Alberto Garrido.

En la conferencia de prensa llevada adelante esta mañana en la ciudad de Neuquén, informaron que los resultados de este estudio fueron publicados en la reconocida revista científica internacional Cretaceous Research. Fuente Conicet.


Nuevas evidencias sobre la extinción de los mamíferos gigantes en América por humanos.

Investigadores del CONICET hallaron en Olavarría artefactos de caza y huesos de un perezoso gigante que datan de hace aproximadamente 12.600 años.

El momento en que se produjo la definitiva extinción de los grandes mamíferos del Pleistoceno (comenzado hace cerca de 2,6 millones de años y culminado hace unos 12 mil años) y el rol que jugaron los seres humanos en su desaparición son ejes de controversias entre los arqueólogos y paleontólogos del continente americano.

Dataciones de Carbono 14 sobre los huesos de grandes mamíferos extintos hallados en la región pampeana de la Argentina, sugirieron que algunos de estos grandes animales pudo haber habitado la zona hasta hace aproximadamente 8 mil años, ya durante el Holoceno, varios milenios después de su desaparición en el resto de América.

“De alguna manera, se creía que los pastizales pampeanos podrían haber servido de refugio para los herbívoros gigantes del Pleistoceno, y que las poblaciones indígenas no los habrían cazado intensamente”, explica Gustavo Politis, investigador superior del CONICET y director del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Paleontológicas del Cuaternario Pampeano (INCUAPA, CONICET-UNICEN) ubicado en Olavarría

<<<Imagen ilustrativa. Daniel Boh.

Sin embargo, recientemente una investigación dirigida por investigadores del CONICET publicada en Science Advances cuestiona dicha hipótesis, a partir del hallazgo, a orillas del arroyo Tapalqué en el Partido de Olavarría, de los huesos de un perezoso terrestre gigante (Megatherium americanum) junto con las herramientas de piedra usadas para cazarlo y cortarlo que, según dataciones establecidas con métodos precisos, tendrían cerca de 12 mil seiscientos años.

“Varias líneas de evidencia permitieron reconocer el procesamiento del megaterio por parte de los grupos humanos como, por ejemplo, la identificación de huella de corte sobre los huesos realizadas con las herramientas de piedra y la confección de instrumentos con las costillas del perezoso”, explica Pablo Messineo, investigador adjunto del CONICET en el INCUAPA y uno de los autores del trabajo junto a Politis.

Las excavaciones fueron realizadas en el sitio conocido como Campo Laborde y gracias a un set de dataciones de Carbono 14, para las que se usaron métodos más precisos para la extracción del colágeno de los huesos del megaterio, se pudo obtener información original y de alta calidad con relación al impacto directo de los grupos humanos sobre la especie encontrada en particular y sobre los mamíferos gigantes en general. El espécimen cazado, del cual pudieron recatarse decenas de huesos, pesaba alrededor de 4 toneladas.

“La edades Holocénicas (menores a 12 mil años) obtenidas previamente se debieron a la degradación y perdida del colágeno en los huesos y por la contaminación de la materia orgánica de los sedimentos que rejuvenecieron las edades de Carbono 14, contaminantes que no pudieron ser removidos totalmente con las técnicas estándares de extracción del colágeno”, explica Thomas Stafford Jr. de la Stafford Research LLC (Colorado, Estados Unidos), especialista en datación de Carbono 14 y otro de los autores del trabajo.

Hasta el momento, Campo Laborde es el único sitio en América donde se documentó que los grupos indígenas antiguos cazaron este perezoso terrestre gigante. De acuerdo a Politis, los resultados obtenidos permiten evaluar cuál fue el rol de los grupos cazadores en la extinción de la fauna gigante Sudamericana. ”Las nuevas dataciones reducen a aproximadamente 2 mil años el tiempo de coexistencia entre los humanos y los megamamíferos en las Pampas de Argentina”, concluye el investigador. Fuente; Conicet.

 


Recuperan un cráneo de Arctotherium angustidens en San Pedro.

Se trata de un ejemplar de la especie de Arctotherium angustidens, la cual representa a los osos más gigantes que hayan existido. Los investigadores destacan el asombroso estado de conservación del cráneo y las dos ramas mandibulares de este nuevo espécimen de San Pedro.

El doctor Leopoldo Soibelzon, investigador del Museo de La Plata y del CONICET, comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “se trata de un oso de gran tamaño de la especie Arctotherium angustidens, cuyos ejemplares más grandes, en posición erguida, podían alcanzar hasta 4,5 metros de altura”.

Soibelzon fue quien presentó en sociedad al ejemplar más grande del que se tenga registro en 2011. En tanto, este nuevo ejemplar de San Pedro fue identificado como un macho joven que pesaba unos 800 kilos al momento de morir y que habría medido aproximadamente 2,5 metros de altura parado en dos patas.

El experto en el estudio de osos gigantes destacó que “el cráneo y la mandíbula de este nuevo ejemplar de San Pedro están increíblemente preservados, en tanto que también se encontró parte de su pelvis, el fragmento de uno de sus húmeros, parte de uno de sus radios y seis vértebras articuladas”.

El director del Museo de San Pedro, José Luis Aguilar, quien realizó este hallazgo junto Matías Swistun y Julio Simonini, coincidió en que “es impresionante el estado de preservación del cráneo junto a sus dos ramas mandibulares, las cuales han conservado todas sus piezas dentales, lo cual lo convierte en un ejemplar excepcional”.

“El cráneo de esta bestia es realmente asombroso en cuanto a tamaño y estado de conservación”, afirmó Aguilar. Y precisó: “Tiene colmillos de unos 6 centímetros de longitud, los cuales son fuertes, compactos, punteagudos y estaban preparados para desgarrar la carne de sus presas”.

“Las mandíbulas también conservan su par de colmillos, los cuales tienen 4,5 centímetros de largo, mientras que los molares de este oso estaban bien adaptados para cortar y para destrozar el tejido muscular y los huesos de los animales de los cuales se alimentaban”, contó el director.

Aguilar valoró que, para la concreción de este hallazgo, fue determinante la colaboración del maquinista Fausto Capre de la empresa Tosquera San Predo SA, propietaria de este sitio.

“Fue posible ver los restos de este ejemplar que caminó la región pampeana hace unos 700 mil años gracias al accionar de la excavadora para la extracción de tosca a nueve metros de profundidad”, mencionó.

A dicha profundidad, se ha detectado una capa sedimentaria con contiene restos de un antiguo pantano. Aguilar explicó que “algunos de los grandes animales que cazaban o que se acercaban para beber agua, quedaban atrapados en ese fango, en ese lodo, y es por ello que, desde hace un tiempo, venimos realizando diversos hallazgos en ese sitio”.

Los Arctotherium angustidens de mayor tamaño alcanzaban una medida mayor a la que se había estimado en 2011 cuando el doctor Soibelzon presentó al ejemplar más gigantesco. En tanto, la fuerza de la mordida de estos osos de tamaño bestial era de unos 225 kilogramos en la zona de los molares.

Estos molares poseían crestas cortantes y cúspides bien marcadas que revelan una dieta omnívora, pero con una fuerte tendencia al consumo de carne y de hueso de animales que obtenían de su propia caza, pero también al disputarle sus presas a otros carnívoros como por ejemplo a los tigres dientes de sable.

<<<Imagen ilustrativa de un esqueleto de Arctotherium en el MACN

José Luis Aguilar contó a la Agencia CTyS-UNLaM que, a partir de un trabajo junto a uno de los laboratorios del Centro de Ecología Aplicada de Litoral de Corrientes, se han identificado esporas y granos de polen de ciertos hongos, algas y algunos vegetales en el sedimento donde fueron encontrados los restos de este oso.

“Ello nos permite saber que este oso gigante habitó en un ambiente de estepa formado por plantas herbáceas, con suelo algo arenoso y siempre con cuerpos de agua cercanos”, relató el director del Museo.

El doctor Soilbelzon indicó que “estos osos vivieron en la región pampeana hasta hace unos 500 mil años”. En tanto, la llegada de los osos a Sudamérica fue posible a partir de que, hace unos 3 millones de años atrás, cuando se elevó el istmo de Panamá, estos animales terrestres pudieron arribar desde Norteamérica.


Conflicto antarcticus, el fósil hallado en el Paleoceno de la Antártida, brinda información de la evolución de las aves.

Científicos estudiaron un fósil antártico que permite conjeturar que este tipo de boca apareció evolutivamente temprano en las aves Anseriformes.

En el año 2007, investigadores del Instituto Antártico Argentino encontraron en la isla Marambio, al Noreste de la Península Antártica, el esqueleto casi completo de una nueva especie de ave que vivió hace 65 millones de años durante el Paleógeno Temprano. Luego de varios años de preparación y estudio del fósil, recientemente el hallazgo fue presentado en Zoological Journal of the Linnean Society.

El estudio, dirigido por Claudia Tambussi, investigadora principal del CONICET en el Centro de Investigaciones de Ciencias de la Tierra (CICTERRA, CONICET-UNC) determinó que el fósil analizado pertenece a un nuevo género y especie basal de Anseriformes (patos, cisnes y gansos) de una familia aún indeterminada. Se lo denominó Conflicto antarcticus en virtud de la conflictiva posición filogenética, debido a que sus características son diferentes a las de otras aves conocidas.

Los Anseriformes actualmente habitan ambientes acuáticos y se considera que la explotación de los cuerpos de agua continentales proporcionó la base para la formidable diversificación de este grupo. A diferencia de la mayoría de las Neoaves acuáticas que son carnívoras -como los macaes y los somormujos-, los anseriformes se alimentan de plantas o pequeños invertebrados acuáticos. Para ello cuentan con unas laminillas en el pico que les permite filtrar su alimento.

¿Cuándo se produjo la diversificación de los Anseriformes? ¿Cuándo y cómo surgió este hábito filtrador? Son algunas de las preguntas que se formula el equipo de trabajo responsable de ésta y otras importantes investigaciones en aves prehistóricas.

Al analizar este esqueleto fósil, los científicos pudieron determinar que Conflicto antarcticus, a juzgar por la forma y las proporciones de los huesos pectorales y del ala, sin dudas tenía capacidad de volar. Aunque no se encontraron los tarsometatarsos ni las falanges (huesos del miembro posterior), los restos óseos que se conservaron de estas extremidades muestran que tenía patas alargadas.

Sin embargo, aunque pertenece al grupo de los Anseriformes, su apariencia no concuerda con la de los patos o gansos. Conflicto antarcticus tenía un cuerpo grácil y estilizado, con miembros alargados -como se observa en los flamencos)- pero poseía un cráneo similar al de un pato, aunque con un pico más delgado. Conflicto antarcticus, al estar representado por un material tan completo y bien preservado es posiblemente el más importante registro de un ave no marina del Paleoceno del hemisferio sur.

“Este nuevo hallazgo permite hipotetizar que la forma del pico típica de los patos actuales -la que les posibilita filtrar el alimento del agua- habría aparecido tempranamente en la evolución de este grupo de aves” explica Tambussi. Asimismo, los estudios filogenéticos establecen nuevas relaciones entre los miembros de los Anseriformes y las aves modernas que, sin dudas, serán motivo de debates futuros.

Según evidencias sedimentológicas y de otros fósiles, Conflicto antarcticus habría habitado un ambiente cálido y húmedo que se caracterizaba por bosques templados donde la temperatura media anual terrestre osciló entre 9 y 15°C.

Finalmente, Los investigadores ya estudian otros aspectos como el cerebro, cerebelo, oído y bulbos olfatorios a partir de tomografías computadas y comparando los modelos 3D obtenidos con lo conocido de otras especies fósiles y vivientes. La finalidad de estas comparaciones es obtener algunas conclusiones acerca del modo de vida del animal, de sus capacidades sensoriales y cognitivas. Fuente Conicet. Esquema del esqueleto de Conflicto antarcticus. Derecha: Reconstrucción en vida de Conflicto antarcticus. Dibujo realizado por H. Santiago Druetta. La concreción en uno de los momentos de su preparación que fue realizada por los técnicos Javier Pozik del Museo de La Plata e Ivana Tapia del CICTERRA.


Material del Museo de Miramar en un libro del Smithsonian Institute.

Científicos e ilustradores le dieron vida a este libro, que explica cómo era la biodiversidad del pasado, y en él se utilizó una pieza de gran valor educativo del Museo Municipal de Ciencias Naturales  Punta Hermengo de Miramar.

El libro Hace tiempo intenta responder, como en toda gran historia, el cómo, cuándo y quiénes participaron en nuestra historia biológica de Sudamérica. Los expertos, acompañados de ilustraciones, cuentan cómo se ha dado la evolución y la extinción de las especies, y cómo el clima, la geografía y la genética influyeron en eso.

El Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales o STRI es un centro de investigaciones administrado por el Instituto Smithsoniano y emplazado en Panamá, cuyo centro es la única dependencia de dicha institución ubicada fuera de los Estados Unidos y se dedica al estudio de la diversidad biológica de los trópicos, entre varios puntos, ilustra y detalla un organismo en proceso de fosilización.

Para ello, y como fiel ejemplo, no solo por el impacto visual, sino por el educativo y creatividad científica, utilizo el esqueleto de Thylacosmilus atrox exhibido en el Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar (el tercer esqueleto exhibido en el mundo de esta especie), para explicar en forma gráfica y texto el proceso de muerte de una animal prehistórico, y cuáles son los procesos de fosilización para que llegue hasta nuestros días es estado “fósil”.

La misión del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales es ampliar y divulgar los conocimientos sobre el pasado, presente y futuro de los ecosistemas tropicales y su relevancia para el bienestar humano. El libro fue editado por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

Como se hace en muchos casos, se reconstruyo el esqueleto de este raro “marsupial dientes de sable”, conocido científicamente como Thylacosmilus atrox, a partir de un puñado de restos fósiles conocidos, principalmente fragmentos de cráneo y mandíbula. Para ello, Mariano Magnussen Saffer, que desempeña tareas biológicas y paleontológicas en el museo miramarense, logro recrear el extraño animal extinto hace tres millones de años, a partir del conocimiento que se obtienen de otros organismos similares. La tarea se realizó en 2013 y fue exhibido en el museo local en 2015, luego de una gira educativa y científica que recorrió varios puntos de Argentina.

Magnussen comento; “ es la misma técnica que utilizamos para recrear grandes dinosaurios, a partir de un diente aislado, una pata, un cráneo o medio esqueleto. Al conocer la anatomía de organismos similares o de la misma familia, nos permite acercarnos al aspecto real, mientras esperamos que en un futuro nuevos hallazgos nos acerquen a un conocimiento más fidedigno del mismo”, enfatizo.

 


Encuentran restos de un esfenodonte de 90 millones de años en Río Negro.

El hallazgo, realizado por paleontólogos del CONICET, permite entender por qué este grupo de reptiles pudo sobrevivir a la extinción masiva que acabó con los dinosaurios.

Los esfenodontes o tuátaras (Sphenodon) son un grupo de reptiles que en la actualidad se encuentra representado solo por dos especies –Sphenodon punctatus y Sphenodon guntheri-, localizables únicamente en algunas islas menores de Nueva Zelanda, y cuyo registro fósil más antiguo data de tiempos del Tríasico Superior, hace más de 200 millones años.

A diferencia de lo que ocurre en la actualidad, durante la Era Mesozoica (comenzada 250 millones de años atrás y culminada hace alrededor de 65 millones años) en la que los dinosaurios gigantes llegaron a dominar la Tierra, diversas especies de tuátaras podían encontrarse dispersas en la mayor parte de los continentes.

En Sudamérica, los fósiles más recientes de este grupo de reptiles corresponden al Paleoceno (65 a 60 millones de años atrás), la época inmediatamente posterior a la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno que acabó con cerca del 75 por ciento de los seres vivientes existentes, entre los que se encontraban, por ejemplo, la mayoría de los dinosaurios.

<<<<Material recuperado.

En febrero de 2018, un equipo de paleontólogos del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN, CONICET) y la Fundación de Historia Natural Feliz de Azara dirigido por Fernando Novas, investigador principal del Consejo, encontró en la localidad de Campo Violante (Provincia de Río Negro), en la que afloran rocas del Cretácico Superior de 90 millones años, restos del esqueleto de una nueva especie de esfenodonte, a la que bautizaron Patagosphenos watuku. Tanto la descripción anatómica como los estudios paleohistológicos de los restos del espécimen hallado fueron publicados recientemente en la revista Cretaceous Research.

“Aunque la estructura anatómica de Patagosphenos watuk difiere de la de los esfenodontes actuales, desde el punto de vista histológico existen similitudes claves. Ambos poseen una corteza ósea relativamente gruesa en comparación con la de otros reptiles, lo cual podría favorecer la adaptación a climas fríos. Por otra parte, estudios recientes en mamíferos han mostrado una correlación entre el grosor de las paredes de los huesos y la actividad fosforial (cavar), patrón que parece repetirse al menos en los reptiles actuales. El hecho de que los antiguos tuátaras también tuvieran el hábito de vivir en cuevas podría explicar que hayan sobrevivido al invierno nuclear que se desató en nuestro planeta hace 65 millones de años”, explica Adriel Gentil, becario doctoral del CONICET en el MACN y primer autor del trabajo.

Esto llevaría a los investigadores a concluir que la adaptación de los esfenodontes actuales al clima frío, que les permite soportar temperaturas de hasta sólo 5°C, no sería un rasgo que adquirieron a lo largo del proceso evolutivo sino que ya estaba presente en sus parientes más antiguos.

<<<< Reconstrucción paleoartística de Patagosphenos watuku, por Sebastían Rozadilla.

“Esta capacidad de tolerar las bajas temperaturas diferenciaría a los esfenodontes, no sólo de gran parte de los reptiles actuales, sino también de  otros grupos que desaparecieron junto con los dinosaurios por no contar con las ventajas adaptativas necesarias como para sobrevivir a las bajas temperaturas que asolaron la Tierra durante aquel evento de extinción masiva”, explica Matías Motta, becario doctoral del CONICET en el MACN y otro de los autores del trabajo.

Uno de los aportes más novedosos de este trabajo es que pese a que existe un registro fósil bastante completo de especímenes de esfenodontes de diferentes períodos del Mesozoico, desde el punto de vista paleohistológico, hasta ahora sólo se contaba con la descripción de una especie del Triásico Superior que, aunque escueta, también señala el carácter grueso de las paredes de los huesos. El responsable de este aspecto particular de la investigación estuvo a cargo de Jordi García Marsá, becario doctoral del Consejo en el MACN.

“Otro dato que arrojó el estudio histológico es que Patagosphenos  tenía un crecimiento cíclico, lo que le da al corte del hueso una apariencia similar a la del tronco de un árbol en la que se van marcando anillos concéntricos que representan aproximadamente un año cada uno. En este caso, se pudo deducir que el individuo que encontramos tenía cerca de 18 años de edad. La longevidad, si se los compara con lo que suelen vivir la mayoría de los reptiles, es un rasgo que también comparte los tuátaras actuales con sus parientes más lejanos”, afirma Gentil. Fuente Conicet; Reconstrucción paleoartística de Patagosphenos watuku. Crédito: Sebastían Rozadilla.. Federico Agnolin, Matías Motta, Adriel Gentil y Fernando Novas. Foto: gentileza investigadores. Restos del Patagosphenos watuku hallado Río Negro y una reconstrucción del cráneo. Foto: CONICET. El equipo dirigido por Fernando Novas trabaja en la localidad de Campo Violante (Río Negro). Foto: gentileza investigadores.


Descubren polen y esporas fosilizadas entre las patas de armadillos prehistóricos.

El hallazgo fue realizado a 5 kilómetros de la ciudad de San Pedro en sedimentos de 700.000 años.  Es un hecho inédito por estar asociado a megafauna de esa antigüedad. 

El Grupo Conservacionista de Fósiles, equipo del Museo Paleontológico de San Pedro, junto al Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CONICET-UNNE), de Corrientes, lograron muestrear e identificar granos de polen y esporas fósiles de diferentes plantas y hongos que habitaron los alrededores de un pantano cerca de la ciudad de San Pedro, provincia de Buenos Aires, hace unos 700.000 años.

El descubrimiento, que tiene diferentes facetas de interés científico, comenzó en junio de 2017 con el hallazgo de un grupo de armadillos gigantes o gliptodontes, que fueron extraídos en el predio de la empresa Tosquera San Pedro SA.

Allí se lograron recuperar restos de tres ejemplares adultos y un juvenil en etapa de desarrollo; siendo este último uno de los ejemplares de la especie más completos que se conocen en Argentina.

Los datos arrojados por los fósiles y el análisis del sedimento donde se encontraban, condujeron a los investigadores a  comprender que aquellos pesados animales habían muerto en  un antiguo pantano o humedal que existía en la zona y que actuaba como “trampa natural” cuando los grandes herbívoros se acercaban en busca de agua o comida.

Una vez comprendidas las características del ambiente que habitaron aquellos animales de unos 1.500 kilogramos de peso, se realizó un muestreo del barro consolidado que el ejemplar juvenil (el más completo) tenía entre sus patas. La intención del equipo de investigación era la de efectuar una búsqueda microscópica de elementos que permitieran determinar y corroborar el tipo de ambiente y conocer la flora que había coexistido con aquellos animales prehistóricos.

La extracción de los armadillos y el muestreo de los sedimentos estuvieron a cargo del equipo del Museo de San Pedro, mientras que la búsqueda e identificación de los granos de polen y esporas fue realizada por el laboratorio del CECOAL, en Corrientes, bajo la dirección del Dr. Lionel Pacella y la Lic. Claudia Lovera, integrantes del grupo de Paleoambientes Continentales y Palinología, respectivamente, de dicho centro de investigación.

<<<<Espora de hongo-Alternaria.

Allí se lograron separar e identificar los diminutos granos de polen y esporas fósiles correspondientes a diferentes familias de angiospermas (plantas con flores), esporas de hongos y restos de algas microscópicas que estarían indicando que se trataba de un ambiente de estepa formada por plantas herbáceas, de suelos arenosos, relacionada con cuerpos de agua cercanos.


Redescubren un lobo marino de 6000 años de antigüedad en Buenos Aires.

Sus restos fueron encontrados hace más de 100 años cuando se realizó la construcción del zoológico porteño, pero se perdió el rastro de estos fósiles poco después. Un grupo del Museo Argentino de Ciencias Naturales volvió a descubrir a este ejemplar en 2018 y recientemente publicó su estudio.

El paleontólogo Federico Agnolin del MACN indicó a la Agencia CTyS-UNLaM que “hace unos 6000 años, un mar bastante cálido llamado querandinense invadía gran parte del territorio de la provincia de Buenos Aires y es así que este lobo marino había nadado hasta estos sitios”.

De la investigación también participó la Fundación Azara y el CONICET. “Es interesante cómo fue cambiando el clima, la topografía e incluso la geografía de la Ciudad en el transcurso de los últimos miles de años “, comentó el autor principal del estudio publicado en la revista científica Urbania. El doctor Agnolín agregó que “hoy en día, los restos de este mar los podemos ver en algunas excavaciones que se hacen en edificios del centro, como por ejemplo en Palermo, e incluso en la reserva ecológica de la Costanera Sur, donde en ocasiones el río remueve ese mar antiguo y reflota restos de conchillas y otros elementos”.

El paleontólogo especificó que “Eduardo Holmberg, quien iba a ser el primer director del zoológico, recorría las excavaciones en donde se iban a poner las piletas para cocodrilos y allí vio un huesito que apareció en una capa de arena a un par de metros de profundidad”.

Holmberg percibió que era un hallazgo importante y le envió el material a Florentino Ameghino, quien era el paleontólogo más importante de aquella época y fue clave en la historia en esta área de investigación para Argentina y América.

“En reconocimiento a quien había sido su descubridor, Florentino Ameghino nombró a esta nueva especie como Arctocephalus holmbergi ”, indicó Agnolin. Y agregó: “Pero, poco después, se perdió

El registro de donde estaban este resto fósil y este pequeño lobo marino pasó perdido más de cien años en el MACN, hasta ahora que lo reencontramos y pudimos reestudiarlo”.


Barrosasuchus neuquenianus, un cocodrilo de 70 millones de años en Neuquén.

La especie, denominada Barrosasuchus neuquenianus, fue hallada en Neuquén por el investigador del CONICET Rodolfo Coria.

Un grupo de investigadores argentinos y extranjeros liderados por el paleontólogo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Rodolfo Coria presentaron el esqueleto de Barrosasuchus neuquenianus, un cocodrilo de la familia de los peirosáuridos, que en vida llegó a tener dos metros de longitud y habitó hace 70 millones de años la zona de Sierra Barrosa, a treinta kilómetros de Plaza Huincul, en Neuquén. Si bien este tipo de cocodrilos fósiles se conocen desde hace más de sesenta años, la particularidad de este hallazgo es que, por primera vez, se encontró un esqueleto prácticamente completo -la única pieza que falta es la cola-. El trabajo fue recientemente publicado en la revista Cretaceous Research.

Barrosasuchus es un aluvión de información peirosáurica”, indicó Coria, al reparar que el hallazgo incluyó el cráneo, el postcráneo, las mandíbulas, las patas, las manos, las costillas y las vértebras del cocodrilo peirosáurido. “Está absolutamente todo: lo único que no tenemos es la cola”, señaló el científico. “Encontrar ejemplares tan completos y tan bien preservados es muy extraño, especialmente de cocodrilos”.

El primer peirosaurio fue hallado sesenta años atrás en la localidad de Peirópolis, en el centro de Brasil. Más adelante, los científicos de la época notaron que ese ejemplar representaba a una familia de cocodrilos diferente a otras, y los denominaron peirosáuridos, por ser Peirosaurus el primer género reconocido de la familia. Estos cocodrilos, que habitaron en la era Cretácica, son abundantes y frecuentes en toda América del Sur, especialmente en la Patagonia, pero la mayoría de esos ejemplares se habían registrado de un modo muy fragmentario. “Hasta ahora se habían hallado trozos de mandíbula, de hocicos, cráneos incompletos, sin mandíbula –advirtió el paleontólogo del CONICET-. Si bien es frecuente encontrar restos de estos animales, y a veces los restos han permitido proponer especies nuevas, el hecho de encontrar esqueletos completos como Barrosasuchus es excepcional y totalmente único”.

El puntapié del hallazgo de este cocodrilo sucedió en febrero de 2001, cuando en una expedición conjunta del Museo Carmen Funes de Plaza Huincul, Neuquén y el Museo Royal Tyrrell de Paleontología de Canadá, a la localidad de Sierra Barrosa, ubicada a treinta kilómetros de Plaza Huincul, se colectaron numerosas piezas para estudiar en los años subsiguientes. “Allí encontramos huesos de dinosaurios carnívoros, herbívoros, mamíferos, pero nos llevó muchos años poder clasificar y registrar todo lo hallado en aquellas campañas de principio de este siglo. Por eso recién ahora logramos estudiar el ejemplar completo del cocodrilo y presentamos a Barrosasuchus”, advirtió Coria.

La etimología del nombre Barrosasuchus neuquenianus, el nombre con el que bautizaron este hallazgo, deviene de “Barrosa”, en alusión a la Sierra Barrosa, donde se encontró el espécimen, y “souchos”, del griego, en referencia a la divinidad egipcia con cabeza de cocodrilo y que es de uso normal en nombres científicos para especies de cocodrilos. Por otro lado, el nombre de la especie, “neuquenianus”, se eligió en referencia a la provincia de Neuquén.

Para Coria, “este ejemplar nos permite apreciar las maravillas que tenemos en la naturaleza y la fantástica fortuna que tenemos de que exista el proceso de fosilización, que nos permite atestiguar y observar restos de formas de vida extinguidas hace 70 millones de años en un estado tan bueno de preservación”.

La pieza más celebrada de las halladas fue el postcráneo: “Lo único que se conocía eran cráneos o fragmentos de cráneo. Barrosasuchus nos permite conocer muchísimo de la anatomía del resto de estos animales -las proporciones de las patas, el tipo de anatomía de las manos y de los pies, si las costillas eran rectas o curvas-, es decir, nos abre un ventanal de información que había permanecido cerrado a los científicos por muchos años, al menos sesenta años, desde que se describió el primer peirosáurido en Brasil”.


Restos de un Gliptodonte en San Pedro.

 

Martín Barrionuevo es un vecino de San Pedro que hace un tiempo observó dos fragmentos de un objeto al que rápidamente asoció con los fósiles que periódicamente recupera el Museo Paleontológico.

Los dos trozos poseían dientes planos, largos y curiosos. Enseguida pensó que "aquello" debía acercarse al museo para su identificación y resguardo.

 

El Grupo Conservacionista recibió el material acercado por Barrionuevo y pronto se lograron conocer datos de aquel hallazgo. Una pasada por el taller del museo posibilitó su restauración y acondicionamiento permitiendo unir los fragmentos hasta lograr determinar que se trataba de la rama mandibular izquierda de un gran mamífero acorazado de la especie Glyptodon munizi

 

Aquellos animales, del grupo de los gliptodontes o armadillos gigantes, llegaron a pesar más de 1.200 kilogramos y su cuerpo estaba cubierto por una gruesa "armadura" o coraza que tenía unos 5 centímetros de espesor en los ejemplares adultos. Eran herbívoros y recorrían la llanura en busca de pastos a los que trituraban con sus dientes planos adaptados para machacar vegetales. Las evidencias recabadas en nuestra zona permiten inferir que eran animales gregarios, es decir, que se mantenían en grupos o manadas.

 

La mandíbula fosilizada recuperada por Martín Barrionuevo proviene de la zona de barrio La Tosquera, un sector de nuestro partido donde el grupo del Museo Paleontológico viene observando y recuperando evidencias de la presencia de un antiguo y extenso pantano donde quedaron atrapados numerosos representantes de la fauna que habitó el norte de Buenos Aires hace unos 700.000 años, durante la etapa final de la edad Ensenadense. 

 

La pieza acercada por Barrionuevo, de unos 35 centímetros de longitud y muy completa, contribuye a sumar datos, ejemplares y materiales de estudio para continuar la reconstrucción de aquel momento en la prehistoria de la región.


Bajadasaurus pronuspinax, una nueva especie de dinosaurio saurópodo de Neuquén.

Fue bautizada con el nombre de Bajadasaurus pronuspinax. Investigadores del CONICET fueron responsables del hallazgo.

Los saurópodos son un grupo de dinosaurios herbívoros y cuadrúpedos que vivieron entre el Triásico Tardío y el final del Cretácico Superior  -cuando se produjo la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno- caracterizados por su gran tamaño y el largo de su cuello y cola.

Recientemente, un equipo de paleontólogos del CONICET del Área de Paleontología de la Fundación Félix de Azara (Universidad Maimónides) y del Museo Paleontológico “Ernesto Bachmann” (Villa El Chocón, Neuquén) encontró en el norte patagónico, más precisamente en la formación geológica conocida como Bajada Colorada, una nueve especie de saurópodo a la que nombraron Bajadasaurus pronuspinax, en simultánea alusión a la localidad en la que fue hallado y a las largas espinas inclinadas hacia delante que caracterizan su cuello. Los resultados de su estudio fueron publicados hoy en Scientific Reports.

La nueva especie pertenece a la familia de los dicreosáuridos, distinguida por largas espinas que cubren su cuello y espalda como continuación de sus vértebras, y vivió a comienzos del Cretácico Inferior hace alrededor de 140 millones de años. A este grupo de saurópodos pertenece también Amargasaurus cazaui, especie que habitó el continente sudamericano unos 15 millones de años después que Bajadasaurus y que fue hallada en Neuquén en la década del ´80 por el paleontólogo argentino José Bonaparte.

“La funcionalidad de las largas espinas en los dicreosáuridos es aun motivo de controversias entre los paleontólogos. Con el hallazgo de Bajadasaurus creemos que se puede arrojar claridad sobre algunas cuestiones”, afirma Pablo Gallina, investigador adjunto del CONICET en la Fundación Félix de Azara y primer autor del trabajo.

Algunas de las hipótesis formuladas indican que estas espinas servían de soporte de una especie de vela que regulaba la temperatura corporal de los dinosaurios o que conformaban una cresta de exhibición que les otorgaba mayor atractivo sexual. También se especuló, por ejemplo, que estas especies podrían haber tenido una joroba carnosa entre las espinas que servía para almacenar reservas. Otra presunción es que las espinas estaban cubiertas con fundas de de cuerno que cumplían una función defensiva frente a potenciales ataques.

“Nosotros creemos que las largas y puntiagudas espinas -extremadamente largas y finas- en el cuello y la espalda de Bajadasaurus y Amargasaurus  debían servir para disuadir a posibles predadores. Sin embargo, pensamos que si sólo hubieran sido estructuras de hueso desnudas o forradas únicamente de piel podrían haber sufrido roturas o fracturas fácilmente con un golpe o al ser atacados por otros animales.

Esto nos lleva a sugerir que estas espinas debieron estar protegidas por una funda córnea de queratina similar a lo que sucede en los cuernos de muchos mamíferos”, explica Gallina. El estudio del cráneo, el mejor preservado mundialmente para un dinosaurio dicreosáurido, sugirió a los investigadores que estos animales pasaban gran parte del tiempo alimentándose de plantas del suelo mientras las cuencas de sus ojos, cercanas al techo del cráneo, les permitían controlar lo que sucedía en su entorno.

“La importancia de este estudio radica, entre otras cosas, en que nos permite conocer un poco más sobre los dinosaurios que habitaron la zona de Patagonia Norte mucho antes del reinado que ejercieron durante el Cretácico Superior grupos de dinosaurios como los saurópodos titanosaurios o los terópodos abelisaurios sobre los que sabemos mucho más. Es con este objetivo que desde 2010 venimos explorando la zona de Bajada Colorada donde encontramos rocas de 140 millones de años atrás”, concluye el investigador. Ilustración del paleoartista Jorge A. González. Fuente Conicet.


Una misma especie para dos gliptodontes sudamericanos.

En una reciente revisión, investigadores del CONICET comprobaron que los gliptodontes que habitaron la región del sur de Sudamérica hace más de 10 mil años, durante el Pleistoceno tardío, pertenecían a una misma especie: Glyptodon reticulatus. El trabajo, publicado esta semana en el 'Journal of Vertebrate Paleontology', implica una redefinición de la diversidad de estos grandes mamíferos en el continente, que fue considerada mucho más amplia en relevamientos científicos previos.

El análisis incluyó registros fósiles del género que se encuentran en museos de Bolivia, Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Este minucioso estudio permitió que los paleontólogos verificaran una hipótesis que se barajaba hace varios años, que estimaba que muchos de los ejemplares que habían sido atribuidos a otras especies pertenecen a animales juveniles.

Las conclusiones que fueron presentadas en este artículo demandaron varios años de revisiones sistemáticas y forman parte de un trabajo acerca de los taxones australes de los gliptodontes y su dispersión, que está siendo realizado por el becario doctoral del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL, CONICET-UNNE), Francisco Cuadelli. “Desde 2015 estamos recopilando el material, estandarizando muestras y estableciendo comparaciones que nos permitieron comprobar que el Glyptodon reticulatus era el más abundante en la región y que muchos de los restos fósiles que fueron atribuídos a otras especies, como Glyptodon asper o Glyptodon clavipes, en realidad corresponden a ejemplares juveniles de la entidad dominante”, explica el paleontólogo, que trabajó en conjunto con investigadores de su misma institución en Corrientes, así como también con especialistas de la provincia de Buenos Aires y de Uruguay.

Para conseguir suficiente evidencia acerca del vínculo entre los registros, los investigadores aplicaron índices de similaridad, que reveló que las características de los materiales hallados, por ejemplo, en Córdoba, eran las mismas que los de Buenos Aires y los de Bolivia.

La coexistencia de distintas especies de gliptodontes era un hecho que llamaba la atención de los paleontólologos y esa inquietud fue el estímulo que dio inicio a esta línea de investigación.

 “Desde el punto de vista ecológico, es muy difícil que los animales de gran tamaño -que requieren una enorme cantidad de recursos espaciales y energéticos- evolucionen lo suficiente como para diferenciarse en tantas especies en simultáneo. La confirmación que se obtuvo con este estudio cambia radicalmente el panorama que teníamos respecto a la diversidad y estamos en condiciones de afirmar que en los últimos 70 mil años, hubo una sola especie de Glyptodon (Glyptodon reticulatus) en el sur del continente”, señala el investigador independiente del CONICET en el CECOAL, Alfredo Zurita, quien estudia este grupo de mamíferos hace más de 15 años y es otro de los autores del trabajo.

Respecto a las causas que llevaron a que se adjudiquen ejemplares de Glyptodon reticulatus a otras especies, Zurita explica que tienen que ver con que es muy frecuente la aparición de registros de ejemplares juveniles. “Ahora sabemos que estos gliptodontes más jóvenes tienen características diferentes a las de los adultos, pero que pertenecen a la misma especie”, señala.

Otra de las razones tiene que ver con las corazas, que son los restos fósiles más abundantes de estos animales. El patrón de ornamentación de las placas presenta muchos cambios en los distintos sectores de un mismo ejemplar, lo que llevó a que en el pasado se vinculen estas variaciones con distintas especies.

“Todo lo que se ha asignado al Glyptodon clavipes tiene que ver con corazas, pero ha quedado demostrado que no es evidencia suficiente”, señala Cuadrelli.

Al mismo tiempo, aclara que esta revisión no da de baja a esa especie, sino que demuestra cómo muchos de los ejemplares que se le atribuyeron son, en realidad, juveniles de Glyptodon reticulatus.

Estos cambios en las clasificaciones en la diversidad de animales prehistóricos son frecuentes en el campo de la paleontología en los últimos años y también hubo casos similares en dinosaurios. Uno de ellos fue el del Nanotyrannus lancensis, que se diferenciaba del Tyrannosaurus rex por ser de un tamaño más pequeño y presentar un número diferente de dientes, pero que actualmente es reconocido como parte de la misma especie.

Los gliptodontes fueron uno de los animales cuaternarios más emblemáticos de Sudamérica y pertenecen a los xenartros, un grupo de mamíferos endémicos de Sudamérica. Sin embargo, durante la formación del istmo de Panamá, lograron llegar hasta América del Norte.

Su extinción ocurrió hace unos 9 mil años, en el límite entre el Pleistoceno y el Holoceno, cuando desapareció toda la megafauna compuesta por mastodontes, perezosos y toxodontes. El estrés ecológico que sufrían las poblaciones por la alternancia de ciclos glaciales e interglaciales, sumada a la presión que ejerció la llegada de los humanos y sus hábitos de cacería, habrían sido los factores que contribuyeron a su desaparición.

En la fauna que habita el planeta en la actualidad, no existen animales similares a los gliptodones, que podían llegar a pesar más de una tonelada. “Tienen características que no se ven en ningún otro mamífero, como la coraza que los cubría, que no estaba articulada y era completamente inamovible. Su biología era extraña y eso los vuelve fascinantes para la paleontología. Todavía nos queda mucho por descubrir acerca de estos animales”, asegura Cuadrelli.

Otra de las conclusiones a la que llegaron los paleontólogos en este reciente trabajo es que no sólo la diversidad del género es muy baja, sino que también su evolución morfológica fue muy lenta. “Si comparamos los registros de Glyptodon reticulatus con los de Glyptodon munizi, que vivieron en un período previo, vemos que tienen muchas similitudes, pese a que tienen casi un millón de años de diferencia”, señala Zurita. (Fuente: CONICET/DICYT).


Encuentran fósiles de una gigantesca ballena depresora del 15 millones de años en Rió Negro.

Tenía dientes de hasta 36 centímetros de largo, los más grandes que se conozcan para un vertebrado, y se alimentaba de ballenas. En aquella época, este “Movy-Dick” competía contra otro monstruo depredador de los mares: el megalodon, ese tiburón gigante que superaba los 18 metros de largo y en el que está inspirada la famosa película de Spielberg.

El investigador Federico Agnolin del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) y del CONICET comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “hace unos 15 millones de años, en la provincia de Río Negro, el Océano Atlántico había invadido parte de los que hoy es la estepa patagónica; este mar poco profundo era de un aspecto tropical, había corales, peces coloridos, ballenas y eran frecuentados por focas, lobos marinos y delfines”.

“En estos mares, así como había toda esta fauna, también había grandes predadores y uno que ya conocíamos era el megalodon, ese gran tiburón sobre el cual se basó la película de Spielberg”, relató Agnolin. Y agregó: “Pero, recientemente, acabamos de publicar el estudio sobre el hallazgo de dientes de un enorme cachalote que vivió en estos mares”.

<<< Diente de un cachalote fósil de Rió Negro. Imagen de archivo.

El paleontólogo del MACN explicó que “si bien en la famosa novela clásica Movy-Dick se cuenta la historia de un cachalote que ataca embarcaciones, estos cetáceos de gran tamaño actualmente se alimentan de calamares y otros animales de cuerpo blando”.

“En cambio, los dientes que encontramos en la provincia de Río Negro en el yacimiento Base del Gualicho nos indican que estas bestias eran grandes predadores que se alimentarían de ballenas y otros vertebrados que podrían atrapar con estos dientes que alcanzaban hasta 36 centímetros de largo y son los dientes más largos que se conocen para un vertebrado”.

Estas bestias semejantes a Moby-Dick son conocidas con el nombre científico de Levyatan, en alusión al monstruo marino descrito en la Biblia y que se toma como representación del demonio. “Este género fue encontrado primero en Perú, después en Chile, y esta es la primera vez que se lo encuentra en Argentina”, precisó el doctor Agnolin.

Actualmente, en dicho yacimiento, se puede ver una salina que está unos 70 metros bajo el nivel del mar (ver video). “Es un lugar increíble visualmente y lo más importante para nosotros es que se encuentran fósiles de todo tipo de vertebrados marinos y muchísima más información sobre cómo era la fauna de los mares tropicales que cubrieron Patagonia hasta hace unos 11 millones de años”, afirmó David Piazza, otro de los autores de este estudio publicado en la Revista Brasileira de Paleontologia.

Este hallazgo en Río Negro representa el primer descubrimiento del Levyatan en el Océano Atlántico e indica que estas bestias marinas estaban más extendidas de lo que se pensaba. “Los motivos de la extinción de estas ballenas depredadoras todavía son desconocidos, pero es probable es estén relacionados con la competencia por los alimentos y esta hipótesis debe ser evaluada a través de hallazgos de nuevos especímenes, así como un análisis detallado del registro fósil”, aseveró Piazza.

Asimismo, aún no se ha podido determinar el tamaño del animal. “Se calcula que podría haber medido entre 13 y 17 metros de largo, o incluso más, lo cual lo convertía en un rival importante para cualquier otro animal; incluso, podría haber sido hasta más grande que el megalodon y debió ser un importante rival para ese tiburón”, consideró el paleontólogo Agnolin.

Su cráneo medía más de 3 metros de longitud y sus mandíbulas estaban acompañadas por unos 40 dientes de más de 30 centímetros de largo. Actualmente, los dientes del Levyatan encontrados en Río Negro se encuentran en el Museo Municipal de Lamarque y el Museo de la Asociación Paleonológica de Bariloche.


Recuperan fósiles del ciervo Morenelaphus más completo de Argentina.

Se rescató alrededor del 70 por ciento de este animal, incluidas piezas dentarias, parte de sus extremidades y la columna vertebral articulada. Este fósil pertenece a la Edad Lujanense, que se extendió desde los 126 mil a los 8500 años antes del presente. Se realizarán dataciones en laboratorio para precisar su antigüedad.

El investigador Germán Gasparini del Museo de La Plata y del CONICET comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “el espécimen tiene un excelente estado de preservación y será identificado a partir de sus dientes conjuntamente con otros elementos craneanos y postcraneanos, lo cual es un rasgo novedoso ya que los ciervos fósiles históricamente se identifican por sus astas”.

El director del Museo Paleontológico de San Pedro José Luis Aguilar fue quien realizó el hallazgo de este ciervo fósil hace pocas semanas, cuando realizaba un relevamiento en el yacimiento de Campo Spósito, ubicado al Este del partido de San Pedro, donde hay un sistema de arroyos y riachos. Allí, ya se han encontrado 24 especies de mamíferos y reptiles de distintos tamaños en los últimos 17 años.

<<<Aspecto que presentaba en vida Morenelaphus. Recreado por el paleoartista Jorge Blanco en el libro Bestiario Fósil.

Los fósiles fueron trasladados al Museo de San Pedro, donde fueron preparados para su estudio y, posteriormente, serán expuestos al público.  El director Aguilar valoró que “cada uno de estos descubrimientos ayuda a reconstruir cómo era la zona norte de la provincia de Buenos Aires en diferentes momentos de la prehistoria”.      

En tanto, el paleontólogo Gasparini destacó que “este tipo de hallazgo nos brinda la posibilidad de realizar una investigación con un enfoque integral, tanto sistemática como anatómica, estratigráfica, paleobiogeográfica y paleoecológica junto al doctor Nicolás Chimento del Museo Argentino de Ciencias Naturales y al personal del Museo Paleontológico de San Pedro. A su vez, se contará con la colaboración de investigadores de Brasil, de España y de los Estados Unidos”.

Según expresó el especialista, los ciervos pertenecientes al género Morenelaphus podían alcanzar un peso estimativo comparable a la especie viviente del ciervo colorado -el cual puede alcanzar hasta los 200 kilos-. “Era un animal herbívoro de mediano a gran porte, que se extinguió junto a todos los megamamíferos y a una gran cantidad de grandes mamíferos hace unos 8000 años, al no poder sobreponerse a las alteraciones en los tipos de vegetación como consecuencia de los sucesivos cambios climáticos y a la llegada del ser humano”.

Por su parte, el doctor Nicolás Chimento del MACN aseveró que se están realizando “las primeras comparaciones morfológicas y morfométricas con géneros extintos y actuales, habiendo observado diferencias bastante claras que permitirán inferir detalles de su dieta, tamaño y ciertos aspectos de clasificación taxonómica; es muy valioso poder realizar los estudios paleontológicos con un ejemplar tan completo”.

El equipo del Museo de San Pedro que realizó las tareas de rescate en Campo Spósito estuvo compuesto por Matías Swistun, Julio Simonini, Gabriel Tettamanti y el propio Aguilar. De su cráneo, se pudo rescatar parte de su maxilar con algunas piezas dentarias y ambas ramas mandibulares con su dentición prácticamente completa.

<<< Ilustrativo; Esqueleto en el Museo Provincial de Ciencias Naturales de Córdoba.

 “Por las dimensiones del ejemplar, consideramos que se trata de un animal juvenil, es decir, que aun no había completado su desarrollo al momento de morir”, indicó Aguilar.        


Descubren un lobo marino de 6 mil años.

El Museo de Ciencias Naturales de la ciudad de Miramar, dio a conocer el hallazgo de fósiles atribuidos a un lobo marino, cuyos restos estaban articulados junto a un conjunto faunístico de la época.

Tras una prospección paleontológica llevada a cabo por el museo municipal de la ciudad balnearia bonaerense, el personal de la institución encontró y recupero restos parciales  articulados de un lobo marino que vivió en esta zona durante el Holoceno, hace seis mil años antes  del presente, cuando el mar estaba muy por arriba de su nivel actual y la costa se encontraba  dentro de la que hoy es la ciudad.

Daniel Boh, titular de la institución, indico que; “se trata de restos de un lobo marino del genero Arctocephalus, aunque aún no pudimos determinar si está relacionado con la especie actual, el lobo marino de dos pelos o bien a una especie localmente extinta”.

Estos sedimentos pertenecen a un fondo marino, cuyo mar ingreso por ejemplo hasta la ciudad de Rosario en Santa Fe y  Diamante en Entre Ríos. Por lo cual, gran parte de la provincia de Buenos Aires estaba debajo del mar, en algunas zonas, ingreso a unos 120 kilómetros de su ubicación actual. Las aguas continuaron su ascenso hasta que en un periodo datado entre los años 6500 y 6000 atrás lograron llegar a su nivel máximo de  6,5 metros sobre el nivel actual, lo que genero la modificación del paisaje.

<<<conjunto de restos óseos recuperados.

Los investigadores locales  recuperaron distintas muestras de todo un ambiente de un fondo marino profundo semejante a la  plataforma marina continental en la actualidad. Entre ellos dientes aislados de otros lobos marinos, una infinidad de muestras de moluscos (considerados fósiles guías para comprender los cambios ambientales  y climáticos para la costa bonaerense durante los últimos 10 mil años), como así también restos de dos especies de cangrejos y varias vertebras de peces aún sin determinar su género, debido a la escasez de los mismos en el registro fósil. Años anteriores también se recuperaron restos de grandes ballenas.

“El hallazgo fue realizado al norte de la ciudad de Miramar en un balneario muy conocido, momento posterior a un temporal, que retiro arena de la costa y dejo al descubierto unos sedimentos con gran contenido fosilífero”, argumento Mariano Magnussen integrante del museo local. Además destaco que; “es la primera vez que encontramos restos fósiles articulados de esta especie, ya que en otras oportunidades habíamos recuperado restos aislados de mandíbulas, vértebras, huesos largos etc., argumento.

El material  fue recuperado ante la presencia de numerosas familias que se encontraban en las inmediaciones del sitio paleontológico disfrutando un intenso día de calor y playa. Esto sirvió además para explicarle a los niños y padres curiosos sobre cómo fue esta región en  los últimos 4 millones de años y los gigantes que la habitaron.

<<<Aspecto de Arctocephalus.

Los fósiles están depositados en las colecciones paleontológicas del Museo de Miramar, ubicado dentro del bosque del Vivero Florentino Ameghino, un gran espacio verde de médanos forestados. Allí, en unas instalaciones modestas funciona la institución local, donde exhibe fósiles de animales gigantes recuperados en esta localidad, además de una muestra llamada “La Era de Hielo en Miramar”, única en su estilo, que compara a los animales que vivieron en la región pampeana Argentina con aquellos de la gran pantalla. Restos de ballenas y otros organismos marinos y continentales, arqueología regional e historia local.


Reconstrucción en 3D del cráneo y cerebro de cocodrilos del Mesozoico.

Si bien es motivo de interés científico desde hace casi un siglo, en las últimas décadas la formación geológica Vaca Muerta, situada en la Cuenca Neuquina (Argentina), ha cobrado un singular interés por el enorme potencial económico que significa su característica roca madre generadora de hidrocarburos. Pero además de ser una fuente inconmensurable de gas y petróleo, resguarda información muy valiosa sobre las especies que habitaron la Patagonia hace millones de años atrás.

Uno de los aspectos que la vuelve única es la conservación de un tipo de restos fósiles que se conoce como “moldes naturales”, estructuras que mantienen la forma de los órganos reales de los animales porque, en lugar de degradarse, se fueron rellenando con sedimentos durante muchísimo tiempo. Precisamente, con los huesos de la cabeza y los moldes del cerebro y otros tejidos asociados de dos cocodrilos de hace 160 millones de años, investigadores del CONICET (Argentina) pudieron reconstruir en tres dimensiones sus neurocráneos –esto es la caja craneana ósea que recubre las estructuras blandas como cerebro, nervios, vasos sanguíneos y oído–. Las conclusiones obtenidas fueron publicadas recientemente en la revista PeerJ.

“Cuando un animal muere, el tejido blando decae y se pudre. Por algún motivo las membranas conectivas que lo rodean y le dan soporte –las meninges, por ejemplo– se preservan un tiempo más. En estos casos, el sedimento se fue alojando en su interior y, cuando ese estuche desapareció, quedó expuesto lo que sería una réplica del órgano original.

Esos son los moldes naturales, que en Vaca Muerta se encuentran en gran cantidad. Realmente nos dan una fuente excepcional de información paleobiológica, es decir sobre la biología de los animales extintos”, describe Marta Fernández, investigadora principal del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y parte del equipo de trabajo.

“Nosotros trabajamos en un grupo de cocodrilos acuáticos predominantemente marinos que vivió en el Mesozoico, denominado Thalattosuchia, y formado por dos grandes familias: los metriorrínquidos y los teleosáuridos”, explica Yanina Herrera, investigadora adjunta del CONICET en la FCNyM y primera autora del artículo, y amplía: “Si bien eran grupos hermanos, externamente se diferenciaban bastante porque los primeros se desenvolvían en ambientes marinos abiertos, con lo que sus características estaban adaptadas a esos espacios. Por ejemplo, sus miembros anteriores se encuentran modificados en aletas natatorias y tenían la cola como la de un pez. Los otros, relacionados con ambientes costeros, eran más similares a algunos de los cocodrilos que conocemos en la actualidad”.

Tomando como base un cráneo de metriorrínquido que forma parte de la colección del Museo de La Plata (UNLP) y uno de teleosáurido aportado por colegas alemanes, más los moldes naturales de cerebros y del sistema vascular cefálico –la principal vía de suministro de sangre de ese órgano– extraídos de Vaca Muerta en los años ’70 por expertos platenses, los investigadores se abocaron a analizar si esas diferencias morfológicas externas que se conocían tenían su correlato a nivel interno, específicamente en el neurocráneo y sus estructuras blandas.

Para ello, Herrera viajó a Alemania a fin de especializarse en el uso de tomografías computadas con el objetivo de obtener modelos tridimensionales. “Lo que se hizo fue reconstruir digitalmente ambas cosas, huesos y estructuras blandas por separado y luego, con esas fuentes de información, las cotejamos y vimos que eran compatibles. Utilizamos un microtomógrafo alemán y recreamos el encéfalo, los nervios, los vasos sanguíneos y los órganos de los sentidos”, resalta.

El trabajo permitió establecer algunas características que eran comunes a las dos familias, pese a que se las creía únicas de los metriorrínquidos: “Tenían las arterias carótidas agrandadas y un seno venoso, una suerte de colchón de sangre, en la parte dorsal del cerebro conectado a través de dos grandes vasos sanguíneos, en lo que se configuraba como un sistema muy útil para hacer circular la sangre y regular la temperatura del cerebro y sus órganos asociados en ambientes totalmente marinos. Con este estudio pudimos ver que esas características también estaban presentes en los teleosáuridos, por lo que entendemos que no están relacionadas exclusivamente con la adaptación de los metriorrínquidos al medio en el que se desenvolvían, sino que venían desde la base misma del grupo, de sus ancestros”, subraya Herrera.

Otra particularidad tiene que ver con una reducción en el sistema de senos de aire que rodea al oído, muy desarrollado en el linaje de los cocodrilos. “Si bien ambas familias lo tienen reducido, en los metriorrínquidos es todavía más evidente. De esto se desprende que habrían sufrido una reestructuración mayor en esta región, única en este grupo, lo que incluso pudo haber tenido implicancias en la disminución de la percepción de sonidos de baja frecuencia”, puntualiza Herrera.

Al finalizar, Fernández destaca, por un lado, las posibilidades que supone la formación Vaca Muerta para las investigaciones en paleontología, y por otro la buena recopilación de materiales que se hizo allí desde el Museo de La Plata: “El cráneo que forma parte de nuestra colección fue colectado en 1972 por el investigador Rosendo Pascual y se encuentra perfectamente conservado. Mide cerca de 50 centímetros y está completo, con el hocico y los dientes. Y tenemos también una gran cantidad de moldes naturales hallados en la misma época, por lo que podemos decir que contamos con un potencial fantástico para continuar formando discípulos y contrastando hipótesis sobre estos animales”. (Fuente: CONICET / DICYT)


 

 

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