PaleoArgentina. Noticias de Paleontologia 2019. Descubren un lobo marino de 6 mil años. Reconstrucción en 3D del cráneo y cerebro de cocodrilos del Mesozoico.  Recuperan fósiles del ciervo Morenelaphus más completo de Argentina. Una misma especie para dos gliptodontes sudamericanos. Encuentran fósiles de una gigantesca ballena depresora del 15 millones de años en Rió Negro. Recuperan fósiles del ciervo Morenelaphus más completo de Argentina. Bajadasaurus pronuspinax, una nueva especie de dinosaurio saurópodo de Neuquén. Restos de un Gliptodonte en San Pedro. Barrosasuchus neuquenianus, un cocodrilo de 70 millones de años en Neuquén. Redescubren un lobo marino de 6000 años de antigüedad en Buenos Aires.  Encuentran restos de un esfenodonte de 90 millones de años en Río Negro. Nuevas evidencias sobre la extinción de los mamíferos gigantes en América. Recuperan un cráneo de Arctotherium angustidens en San Pedro. Mahuidacursor lipanglef, un nuevo dinosaurio de la Patagonia. Nuevas evidencias sobre la extinción de los mamíferos gigantes en América por humanos. Recuperan restos fósiles de un megaterio en Colonia Emilio Mitre, La Pampa. Descubren acumulaciones de fósiles en el Triasico de Ischigualasto. Material del Museo de Miramar en un libro del Smithsonian Institute.  Descubren en la Antártida fósiles de elasmosáurido ,un reptil gigante del Cretacico. Encuentran plantas fósiles del Eoceno en Patagonia y revelan una antigua conexión continental. Descubren que los pterodáctilos Argentina eran capaces de volar al nacer.hallan fósiles de un Gliptodonte en Correa, Santa Fe. Hallan mas de 300 huellas prehistóricas en Miramar.
 
   

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Hallan mas de 300 huellas prehistóricas en Miramar.

El Museo Municipal de Ciencias Naturales de la localidad bonaerense de Miramar, anuncio el peculiar hallazgo de cientos de huellas posteriores a la edad de hielo, con una antigüedad de seis mil años antes del presente..

Si bien el hallazgo fue realizado tiempo atrás, especialistas del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar, ubicada sobre la costa atlántica a unos 450 kilómetros de Buenos Aires, dieron precisiones a los medios de comunicación sobre uno nuevo yacimiento icnológico, donde se han observado al menos unas 300 huellas de diferentes animales prehistóricos que habitaron la región pampeana, pos ingresion marina producto de la finalización de la edad de hielo.

El yacimiento fue encontrado por Mariano Magnussen Saffer, investigador del Museo de Miramar, cuando se encontraba realizando prospecciones y observación de material paleontológico en  lo que fue una antigua laguna de agua salobre, alimentada por un arroyo y conectada temporalmente al océano, semejante al actual acuarifero de Mar Chiquita, señalaron las fuentes.

En el momento del hallazgo, se encontraron pisadas en dos sitios aislados, en uno pertenecían  dos Artiodactilos caminando a la par, y el otro a un camélido que camino varios metros y giro en forma de “U”, dejando una clara rastrillada.

Días después y luego del temporal, las huellas estaban nuevamente tapadas por arena, se las individualizo, se tomaron moldes, fotografías, y posteriormente junto al museólogo Daniel Boh del mismo museo, se pudieron individualizar otras centenares  de ellas que habían quedado al descubierto.

“Tenemos registrados parcialmente varias especies de animales en el sitio, la gran mayoría correspondes a Lama guanicoe (un camélido), otras a cervidos (posiblemente emparentados con especies vivientes) posiblemente Tayassuidae (pecaríes) , un pequeño felino, relacionado con el gato montés”, y un gran ave del genero Rhea”, argumento Mariano Magnussen.

Otras de las huellas que aparecen en el sitio, podrían ser pisadas profundas de a un humano primitivo.  Se trata de al menos seis huellas profundas y con distancia, lo que demuestra que se encontraba corriendo el productor e las mismas. La presencia humana en el sitio está sustentada por la presencia de material lítico en el yacimiento.

Daniel Boh comento”  que el sitio tiene varias curiosidades y material paleoambiental. Tenemos huellas de ejemplares adultos y juveniles, marcas de animales que se patinaron en el pantano, corrías, y animales paseando o alimentándose. También recuperamos un sinfín de material paleontológico, constituido por restos óseos de camélidos, roedores, peces, moluscos y crustáceos” lo que al finalizar los estudios nos contara como fueron esos tiempos en esta región.

Este yacimiento se encuentra depositado por encima de sedimentos de un antiguo fondo marino. El mar avanzó reiteradas veces sobre el continente (eventos conocidos como ingresos  marinos), dejando en tierra firme tanto sedimentos sedimentarios, como restos de invertebrados y de vertebrados marinos, e incluso, muy lejos de su ubicación actual. Sobre este se formó posteriormente un pantano donde aparecieron las huellas milenarias, pertenecientes a la edad geológica Holoceno medio, unos 6 mil años antes del presente.

Miramar, ya había sido protagonista de otros grandes hallazgos paleontológico, entre ellos, las huellas fósiles de un tigre dientes de sable únicas en el mundo, el que fue llamado “Felipeda miramarensis”, en homenaje a la ciudad donde se produjo el hallazgo, y a pocos metros del centro turístico de la costa miramarense.

Si bien no se dieron precisiones del lugar de los nuevos hallazgo, los investigadores locales que trabajan en conjunto con investigadores de la Fundación Azara y Conicet, comentaron que el sitio icnológico se encuentra en un balneario público y muy conocido, aunque gran parte del año está por debajo del nivel de arena, lo que lo ha preservado durante milenios a estas huellas, y a su vez, complica su estudio y observación.

Para conocer más de este hallazgo, los investigadores comunican sus hallazgos por medio de su sitio web, www.museodemiramar.com.ar

 


Por casualidad hallan fósiles de un Gliptodonte en Correa, Santa Fe.

Trabajadores de la comuna de Correa se llevaron una gran sorpresa al hallar restos de un gliptodonte mientras realizaban una excavación. Se trata de restos fósiles de una especie extinguida hace 8500 años.

Los obreros cavaban un pozo para una obra de cloacas cuando se encontraron con algo que les llamó la atención. Por eso, llamaron a personal especializado, que confirmó que se trataba de un gliptodonte, pariente lejano de los armadillos, y puso manos a la obra para recuperar los restos.

Según explicó Luciano Rey, subdirector del área de Patrimonio Arqueológico y Paleontológico de Santa Fe, Luciano Rey, al diario El Ciudadano, los gliptodontes están clasificados dentro de la “megafauna” de la región, siendo “animales gigantes o muy grandes desaparecidos hace unos 8.500 años”. El funcionario detalló que se hallaron partes de del caparazón y un diente, aclarando que “es muy raro encontrar un bicho de estos completos”.

En febrero de este mismo año, se encontraron restos de una macrauquenia, otra especie de esa época, en Arroyo Seco y hace un mes restos fósiles de un gliptodonte en San José de la Esquina.


Descubren que los pterodáctilos Argentina eran capaces de volar al nacer.

Los pterodáctilos, unos conocidos reptiles voladores extintos, tenían una gran habilidad: eran capaces de volar desde el momento de su nacimiento. Así lo ha revelado una investigación conducida por la Universidad de Leicester (Reino Unido), a partir del reciente hallazgo de embriones en avanzado estado de gestación en Argentina y China.

El descubrimiento cobra especial relevancia ya que no se conoce ningún otro vertebrado actual o extinto con esta capacidad. Según los investigadores, esto tiene un importante impacto en la comprensión de cómo vivían los pterodáctilos, lo que es fundamental para entender mejor cómo funcionaba el mundo de los dinosaurios en su conjunto.

Hasta el momento, se pensaba que los pterodáctilos solo podían volar una vez habían crecido casi al máximo, al igual que las aves o los murciélagos. Esta suposición se fundamentó en embriones fosilizados encontrados en China que tenían alas poco desarrolladas. Sin embargo, David Unwin, de la Universidad de Leicester y especialista en el estudio de los pterodáctilos, y Charles Deeming, zoólogo de la Universidad de Lincoln que investiga la reproducción de aves y reptiles, pudieron refutar esta hipótesis.

Compararon estos embriones con datos sobre el crecimiento prenatal de aves y cocodrilos, y descubrieron que aún se encontraban en una etapa temprana de desarrollo, muy lejos de la eclosión. El descubrimiento de embriones más avanzados en China y Argentina -que murieron justo antes de su nacimiento- les ha proporcionado evidencia de que los pterodáctilos tenían la capacidad de volar desde el nacimiento. 

Otra diferencia fundamental entre las crías de pterodáctilos y las aves y murciélagos es que no tenían cuidado parental, de modo que debían alimentarse y cuidarse a sí mismos desde el nacimiento. Su capacidad para volar les dio un mecanismo de supervivencia que les permitió evadir dinosaurios carnívoros. Pero también demostró ser uno de sus mayores peligros, ya que el exigente y peligroso proceso de vuelo llevó a muchos de ellos a morir a una edad muy temprana.

La investigación también desafía la teoría de que los pterodáctilos se comportaron de manera similar a los pájaros y a los murciélagos y ha proporcionado posibles respuestas a algunas preguntas clave que rodean a estos animales. El hecho de que fueran capaces de volar desde el nacimiento proporcionaría una posible explicación a por qué pudieron alcanzar enormes alas, mucho más grandes que cualquier especie de ave o murciélago extinto o actual. La forma en que pudieron llevar a cabo este proceso requerirá más investigación, pero es una pregunta que no se habría planteado sin estos nuevos resultados, según la información de la Universidad de Leicester recogida por DiCYT. (Fuente: DICYT)


Encuentran plantas fósiles del Eoceno en Patagonia y revelan una antigua conexión continental.

En la Patagonia Argentina, se halló el primer registro fósil de este género de plantas de la familia de las fagaceas en el hemisferio sur. El descubrimiento contó con la participación de un investigador del CONICET y fue publicado en Science.

Hace dos décadas, un equipo de investigación conformado por geólogos y paleontólogos del CONICET en el Museo Egidio Feruglio y de la Pennsylvania State University, iniciaron un proyecto conjunto con el objetivo de poder estudiar y poner en valor el sitio de Laguna del Hunco, un yacimiento de plantas fósiles de unos 52 millones de años (Eoceno temprano) ubicado al noroeste de la provincia del Chubut, que si bien era conocido desde los años ’20 del siglo pasado, hasta el momento no había sido todavía suficientemente explorado.

Durante los últimos 20 años, este equipo de investigadores dio a conocer una serie hallazgos de valiosos materiales fósiles (fundamentalmente de vegetales) que los condujo a establecer la hipótesis de que la descendencia de la flora que vivía en Patagonia hace 52 millones de años, sobrevive hoy en día en los bosques de sudeste asiático y el noreste de Australia, particularmente en la región biogeográfica conocida como Australasia.

“Durante el Eoceno, estas dos regiones, hoy distantes, se encontraban unidas a través del continente Antártico (millones de años antes de que se cubriera de hielo), que pudo oficiar de puente continental para el flujo de plantas y animales entre ambas áreas. Si bien el cambio drástico del clima que experimentó la Patagonia, que en ese momento era tropical o subtropical, fundamentalmente como consecuencia del ascenso de la Cordillera de los Andes y la separación de Sudamérica de la península Antártica -que llevó a que las corrientes frías provenientes de la Antártida ascendieran por el Atlántico Sur- hizo que muchos grupos de plantas y animales desaparecieran, en la zona australásica pudieron sobrevivir debido a que las condiciones climáticas se mantuvieron constantes durante todo este tiempo”, explica Rubén Cúneo, investigador principal del CONICET y director del MEF.

El hallazgo reciente de restos fósiles de plantas del género Castanopsis (de la familia de las fagaceas) en Laguna del Hunco, permite reconfirmar una vez más la hipótesis de que antiguamente existió un tránsito migratorio de especies vegetales entre la Patagonia y Australasia.

“Las fagaceas dominan los bosques desde la zona templada del norte hasta el Asia tropical y Malasia. Hasta el momento no se habían registrado fósiles de esta familia de plantas en el hemisferio austral, de ahí la importancia del hallazgo”, afirma el investigador.

De acuerdo a los investigadores, el estudio del yacimiento de Laguna del Hunco permite obtener una imagen de alta resolución del último ecosistema de América del Sur cuando todavía existía el supercontinente Gondwana (antes de que se produjera la separación en aguas profundas de Sudamérica, Antártida y Australia), que coincidió con lo que se conoce como el óptimo climático del Eoceno, una época en que la Tierra experimentó un calentamiento global generalizado.

“Lo curioso es que un bioma de características similares al que se perdió en la Patagonia debido a los cambios climáticos, puede encontrarse hoy en los bosques del sudeste asiático y el noreste de Australia”, resalta Cúneo.

Entre otros hallazgos realizados en Laguna del Hunco por este equipo de investigación internacional, que cuenta con el apoyo económico de la National Science Foundation de los Estados Unidos y al que se han incorporado científicos de otras instituciones como la Cornell University, pueden destacarse el de los restos fósiles más antiguos del género Eucalyptus, cuya distribución natural es casi exclusiva de Australasia, así como el del ancestro más antiguo de los tomatillos de la familia Solenaceae. Esto coloca a la Patagonia como un verdadero hito en la historia evolutiva de la vegetación en el hemisferio austral, la cual seguramente se verá exponencialmente incrementada en su conocimiento en los años por venir. (Conicet)


Descubren en la Antártida fósiles de elasmosáurido ,un reptil gigante del Cretácico.

Se trata del elasmosáurido más grande del mundo, de apariencia semejante al monstruo del Lago Ness. Con una masa corporal que superaba las 12 toneladas, duplica en tamaño a la mayoría de los reptiles de su familia conocidos hasta ahora. Según interpretan los investigadores, habría desarrollado una forma de alimentación con similitudes a la que poseen las ballenas.

El paleontólogo José O´Gorman del Museo de La Plata (MLP) y del CONICET aseguró a la Agencia CTyS-UNLaM que “se extrajo un ejemplar muy importante en la Isla Marambio; es el elasmosáurido más grande del mundo”.

“Debido al gran tamaño de este espécimen, su rescate se realizó durante sucesivas campañas del Instituto Antártico Argentino y su rescate culminó en 2017”, detalló el autor principal de este estudio publicado recientemente en la revista científica Cretaceous Research.

Además, este reptil gigante se destaca por ser el elasmosáurido más cercano a la extinción de los dinosaurios que se haya descubierto en el continente blanco. El doctor Marcelo Reguero, investigador del Instituto Antártico Argentino y del MLP, indicó que “este hallazgo es muy próximo al final del Cretácico, cuando se estima que cayó un gran meteorito y ocasionó la desaparición de muchas especies”.

“Este descubrimiento refuerza la idea de la extinción que se produjo hace 65 millones de años fue catastrófica, porque este ejemplar vivió unos 30 mil años antes, fue muy próximo a ese suceso, y demuestra que este ambiente marino de la Antártida continuaba soportando animales de gran tamaño”, comentó O´Gorman. Y agregó: “Pareciera que no hubo una preparación, que fue una extinción masiva sin previo aviso”.

Los restos de este reptil gigante se encuentran en el Museo de La Plata. Se ha encontrado parte de su columna vertebral, parte de sus aletas anteriores y posteriores y algunos elementos de la cintura escapular. Si bien no se ha encontrado su cráneo, los investigadores han analizado qué estrategia de alimentación podría haber tenido para desarrollar un tamaño tan grande.

Se estima que el largo de este ejemplar era de entre 11.2 y 12 metros. “Pesaba entre 10 y 13 toneladas, por lo que está muy por encima de los que se conocían hasta ahora, los cuales tenían una masa de entre cinco y seis toneladas”, precisó el doctor O´Gorman.

Los elasmosáuridos forman parte de la gran familia de los plesiosaurios, aquellos reptiles extintos en lo que posiblemente se inspiró el imaginario colectivo para crear al monstruo del Lago Ness o a “Nahuelito”.

Dentro de los elasmosáuridos, este reptil gigante forma parte de la subfamilia de los aristonectinos, los cuales tenían el cuello un poco más corto, vértebras mucho más robustas y un cráneo mucho más grande.

“La hipótesis que podría explicar el gran tamaño de este nuevo ejemplar, y que parece estar progresivamente apoyada por las evidencias, es que los aristonectinos tenían un modo de captura de sus presas diferente al resto de los elasmosáuridos; consideramos que, en lugar de capturar a sus presas de manera individual, estos animales abrían la boca y capturaban a un gran número de pequeñas presas al mismo tiempo, como crustáceos de pequeño tamaño por ejemplo”, relató O´Gorman.

<<<Imágenes de archivo.

Este tipo de captura tiene semejanza con el que aplican las ballenas actuales. El doctor O´Gorman aseveró que “las ballenas aprovechan una rugosidad que poseen en el paladar para atrapar al microplancton, en tanto que consideramos que los aristonectinos usaban la batería de dientes como una especie de trampa, en la que quedaba una gran cantidad de animales atrapados y expulsaban el agua”.

“Parece que la evolución repitió ciertos patrones de desarrollo entre estos dos grupos que no tienen ninguna relación”, analizó O´Gorman. Y diferenció: “Los plesiosauros son reptiles y no tienen nada que ver con los cetáceos que son mamíferos”.

Para que existieran animales tan grandes poco tiempo antes de la extinción masiva, debía haber una gran disponibilidad de alimentos en el océano. Hoy, el mar austral continúa siendo muy productivo y por ello es que hay una cuestión geopolítica relacionada con la pesca en el mar antártico.
El doctor Marcelo Reguero destacó la logística y el trabajo que hizo posible el rescate de este ejemplar como así también de otros fósiles en la Antártida.

En este sitio ubicado hacia el centro de la Isla Marambio, se encuentran sedimentos de un antiguo ambiente marino de poca profundidad. “Allí también hemos encontrado pequeñas vértebras muy pequeñas de plesiosaurios bebé digamos, y esto hace pensar que, en aquel momento, allí había un mar bastante tranquilo, donde los plesiosaurios tenían como una especie de guardería para las crías de la especie”, contó Reguero a la Agencia CTyS-UNLaM.

En estos yacimientos, también se han encontrado aves marinas voladoras y dinosaurios de diferentes grupos. Reguero valoró que “siempre que se realizan congresos internacionales donde se exponen los resultados de las investigaciones en la Antártida, los estudios en paleontología de vertebrados realizadas por los científicos argentinos se encuentran en muy bien posicionados”.

Este nuevo espécimen de reptil gigante fue descubierto en el año 1989 y recién se terminó de rescatar en 2017. “La colecta se realizó a lo largo de muchos años y han participado muchos equipos; esto evidencia la necesidad de un sostén de la actividad científica que el Instituto Antártico Argentino ha mantenido en el tiempo”, consideró el doctor O´Gorman.

Además de los doctores José O´Gorman y Marcelo Reguero, el investigador del Instituto Antártico Argentino Sergio Santillana y el paleontólogo Rodrigo Otero del Laboratorio de Ontogenia y Filogenia de la Universidad de Chile participaron de este estudio que dio a conocer al elasmosáurido más grande del mundo conocido hasta el momento.


Mussaurus patagonicus, un dinosaurio patagónico bebé en 3D.

Un investigador del CONICET La Plata lideró un trabajo que determinó los cambios en el andar de una especie que vivió hace 200 millones de años

No es un rasgo frecuente en animales a lo largo de la evolución, pero la ciencia acaba de confirmar que Mussaurus patagonicus, un gigantesco dinosaurio que habitó el sur argentino hace casi 200 millones de años, nació como un individuo que se desplazaba en cuatro patas y alcanzó la adultez caminando solamente sobre las dos traseras y utilizando los miembros superiores como brazos. La conclusión se alcanzó gracias al escaneo de esqueletos casi completos de ejemplares recién nacidos, juveniles y adultos que permitió simular la postura que habrían tenido en cada etapa, y que resulta similar a lo que experimentan los seres humanos durante el crecimiento. La novedad se publica hoy en la prestigiosa revista Scientific Reports.

“La evidencia más contundente fue obtenida a partir del centro de masa, que es el lugar del cuerpo en que se concentra la mayor parte del peso, algo así como un punto de equilibrio”, explica Alejandro Otero, investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP), y continúa: “Lo que vimos es que en los bebés se encuentra a mitad del tórax, forzando su peso hacia adelante. En los jóvenes de un año de edad, el centro de masa se ubica un poco más atrás, mientras que en los adultos está prácticamente en la cadera, y esto nos permite deducir que de pequeños eran cuadrúpedos y paulatinamente se iban enderezando hasta convertirse definitivamente en bípedos”.

Con restos fósiles correspondientes a esas tres etapas ontogénicas, es decir relativas al desarrollo morfológico del organismo, Otero y colegas del Colegio Veterinario Real de Londres, Reino Unido (RVC, por sus siglas en inglés) reconstruyeron las formas y estructuras de este dinosaurio a lo largo de su vida. Lo hicieron a través de una técnica llamada Micro Tomografía Computarizada que les mostró los huesos sin la roca en la que fueron hallados –algunos estaban adheridos y es imposible separarlos sin destruirlos–, y les permitió articular los esqueletos y agregarles tejido y volumen. Así, calcularon en qué punto del cuerpo estaba el centro de masa y por ende pudieron determinar cuál era su postura.

Otro dato importante que arrojó el análisis fue el crecimiento de los miembros. “Al nacer, tenían una extensión similar en las cuatro patas, pero a medida que pasaba el tiempo las delanteras se iban acortando en proporción a las traseras, hasta llegar a la adultez con patas considerablemente más largas que los brazos”, añade Otero, y enfatiza un particularidad sobre la forma de las manos que se suma a las evidencias anteriores: “Las garras eran muy potentes, especialmente la del que sería el dedo pulgar, que a su vez estaba inclinado hacia adentro.

Esto nos hace pensar que, si bien le era posible apoyarse con ellas, es probable que le sirvieran para otras funciones relacionadas a sus hábitos de vida”. Finalmente, un punto a destacar es la influencia que tuvo el desarrollo relativo de la cola y el cuello a lo largo de la ontogenia del animal, que resultó determinante para que ocurrieran los cambios en la postura mencionados.

Los huesos con los que se trabajó fueron hallados en distintos momentos a partir de la década del ‘60 en la provincia de Santa Cruz, territorio que habitaron estos dinosaurios hace 195 millones de años de acuerdo a la edad de las rocas que los expertos dataron. Las reconstrucciones arrojadas con la técnica empleada mostraron que el desarrollo de M. patagonicus era por sí solo extraordinario: mientras que los recién nacidos se parecían a un pollito de apenas 60 gramos y hubiesen cabido en la palma de una mano, doce meses después pesaban cerca de 7 kilos y alcanzaban la edad adulta –alrededor de los 8 años– con un peso de una tonelada.


Curioso hallazgo de dos Glosoterios en la localidad de San Pedro.

El Museo Paleontológico de San Pedro presentó, en el marco de “La Noche de los Museos”, los restos fosilizados de una peculiar pareja de perezosos prehistóricos hallados recientemente.

El descubrimiento fue realizado a escasos kilómetros del casco urbano, en las barrancas del río Arrecifes, por Juan Domingo y Juan Jesús Barrios, junto a Diana Imfeld O´Farrell, mientras transitaban por el lugar, quienes dieron aviso inmediato al Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres”.

Los fósiles, hallados en buen estado de conservación, corresponden a dos perezosos del género Glosoterio (Glossotherium robustum); uno de avanzada edad y otro juvenil, que provienen de sedimentos depositados en la zona durante el Pleistoceno tardío. Un equipo del Museo conformado por José Luis Aguilar, Julio Simonini, Matías Swistun, Bruno Rolfo y Bruno Zarlenga, logró preservar y acondicionar los fósiles.

Uno de los perezosos es un adulto que presenta signos de haber tenido una edad avanzada al momento de morir. La articulación del codo del animal muestra un alto grado de artrosis que ha producido deformaciones y callosidades en las carillas articulares de los cóndilos distales.

De la observación del húmero hallado, se puede deducir que el ejemplar había perdido los cartílagos que amortiguan el roce entre los huesos de una articulación. Esa pérdida de lubricación y amortiguación hizo que los huesos comenzaran a rozarse entre sí produciendo, seguramente, importantes dolores al animal.

Debido al grado de deterioro que se observa en el hueso del brazo y las callosidades que se aprecian en sus carillas articulares, es probable que el perezoso moviera su brazo derecho con un importante grado de dificultad.

El roce entre los componentes del codo hizo que el húmero produjera tejido óseo en zonas que debían ser lisas formando protuberancias que seguramente producían fuertes dolores. Por el mismo motivo, se ve que las carillas articulares se extendieron más allá de sus dimensiones normales produciendo rebabas en la articulación que, seguramente, hayan causado un intenso dolor al brazo del animal.

El perezoso más joven de este dúo prehistórico aún no había alcanzado su total desarrollo al momento de su muerte. La comparación de los restos óseos con ejemplares adultos muestra una notable diferencia en las dimensiones. Se recuperó la cola del animal completa, su pie izquierdo articulado y una número importante de pequeños huesillos dérmicos que el animal poseía embebidos en su piel.

Según describe José Luis Aguilar, director del equipo del Museo de San Pedro, “estos perezosos desarrollaron centenares de pequeños huesitos llamados “osteodermos” (huesos de la dermis) que se encontraban ubicados en el interior del cuero del animal formando una especie de malla flexible que otorgaba una dureza extra a la piel ante el ataque de los carnívoros.

En el caso del joven ejemplar descubierto en San Pedro, los osteodermos que se preservaron corresponden a la zona del glúteo izquierdo, la cola y el pie izquierdo del animal.

En el extremo final de la cola, muy completa y de unos 70 cm de longitud, se puede observar que los osteodermos se conservaron alrededor de las últimas vértebras en la posición que ocupaban cuando el animal vivía.

Este último detalle es importante ya que, desde el Museo de San Pedro, venimos recopilando información respecto de la conformación, crecimiento y variedad de formas que adquirían estos huesillos en diferentes perezosos prehistóricos”.

Para el Dr. Rodrigo Tomassini, investigador adjunto del INGEOSUR-CONICET, “el estudio de paleopatologías en perezosos fósiles ha cobrado mayor relevancia en los últimos años.

Entre las lesiones más notorias registradas en estos animales se encuentran la osteoartritis, osteomielitis, osteocondritis y osteoporosis. Resultan de gran importancia el hallazgo de fósiles como el de este húmero de Glosoterio con síntomas de estas enfermedades. Asimismo, es de gran relevancia que se haya descubierto asociado a restos de un juvenil ya que éstos, no son tan frecuentes en el registro fósil y permite comparar individuos de diferentes edades”.

<<<Glosoterios exhibidos en el Museo de La Plata. Archivo.

Por su parte, el Dr. Luciano Brambilla, de la Universidad Nacional de Rosario, puntualiza que “de acuerdo a la antigüedad de los sedimentos de donde provienen estos dos ejemplares, pertenecieron a la especie Glossotherium robustum, un perezoso de importante tamaño, de algo más de una tonelada de peso, con una piel gruesa y una densa pelambre, muy característica en estos animales.

Desde hace un tiempo, trabajamos en conjunto con el Museo de San Pedro para tratar de aportar detalles al estudio de los pequeños huesos dérmicos que poseían estos animales. Es por eso que este hallazgo, sin dudas, contribuirá al estudio de esas formaciones óseas en la piel y a un mejor conocimiento de las enfermedades que sufrían estos mamíferos con grandes masas corporales”.


Científicos argentinos en busca de osos y lobos prehistóricos en México.

Arctotherium y Protocyon, dos especies extinguidas. Participaron del hallazgo de restos fósiles de antiquísimos animales en cavernas subacuáticas de México

Un científico platense, el investigador Leopoldo Soibelzon, formado en la Facultad de Ciencias Naturales de la UNLP y actual investigador de esa unidad académica y del CONICET, participó del descubrimiento, a través de una investigación de coautoría, de restos fósiles de osos y lobos de hace más de 15 mil años en el marco de un trabajo desplegado en una caverna en México. De esta forma, ahora trabajan sobre una afianzada hipótesis acerca de que estos animales emigraron del sur del continente debido a cambios ambientales y condiciones más favorables “pocos miles de años antes de extinguirse”.

Arctotherium y Protocyon son géneros de osos y lobos respectivamente que vivieron en Sudamérica y se extinguieron hace 10 mil años. Sus predecesores habían surgido en América del Norte mucho antes y llegaron a esta parte del mundo durante el fenómeno conocido como Gran Intercambio Biótico Americano (GIBA), la migración de diferentes especies de un hemisferio continental al otro a través del istmo de Panamá cuando ambas masas de tierra se unieron definitivamente, unos tres millones de años atrás.

<<<Cráneo de un gran canido extinto. Archivo.

Entre otros animales, a esta parte del mundo arribaron carnívoros gigantescos que se asentaron sin problemas e incluso alcanzaron dimensiones aún más grandes porque aquí se encontraron con gran variedad de herbívoros en ausencia de predadores. Lo que hasta ahora se creía era que, una vez establecidos en el sur, ya no habían vuelto a trasladarse nunca más, pero el reciente hallazgo en México de restos fósiles datados en entre 12 y 38 mil años de antigüedad es una prueba contundente de que sí lo hicieron.

El platense Soibelzon, uno de los autores del trabajo de investigación, señala que “creemos que en determinado momento las condiciones ambientales de Centroamérica y el sur de América del Norte comenzaron a cambiar y se volvieron favorables para que algunas de estas formas animales volvieran a cruzarse de continente. Eso tiene que haber sucedido unos pocos miles de años antes de extinguirse”.

<<<El investigador Leopoldo Soibelzon. Imagen archivo.

Cráneos, mandíbulas y dientes de varios ejemplares son los restos encontrados fortuitamente por buzos profesionales que estaban explorando Hoyo Negro, un sistema de cuevas subterráneas ubicado al norte de la península de Yucatán. Las especies de osos Arctotherium llegaron a pesar una tonelada y a medir 4 metros y medio estando erguidos, mientras que los perros o lobos pertenecientes al género Protocyon rondaban los 25 kilos. El hallazgo, coinciden los paleontólogos, muestra que futuras investigaciones en esas regiones probablemente cambiarán lo que hasta hoy se conoce sobre la historia biogeográfica de los mamíferos fósiles. Fuente; Conicet.


 Un imperdible de Corrientes. Arroyo Toropí, un paraíso paleontológico.

La zona, en suelo bellavistense, es considerada una de las mayores reservas de fósiles del país. Desde el inicio de las tareas, investigadores dieron con restos de más de 35 especies.

En las afueras de la ciudad de Bella Vista, a 150 kilómetros de la capital de Corrientes, se encuentra una de las mayores reservas de fósiles del norte de la Argentina: el arroyo Toropí. La gran diversidad de especies y el excelente estado de conservación en el que se encuentran los restos sorprende a los paleontólogos, quienes llegan hasta la enorme cárcava erosiva formada allí para buscar elementos que permitan reconstruir la evolución y desaparición de la fauna prehistórica en Sudamérica.

Los trabajos en Toropí comenzaron hace más de 40 años, a cargo de científicos del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (Cecoal) y de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE). Durante la última década y media, las campañas se hicieron más frecuentes y se multiplicaron los hallazgos de grandes mamíferos extintos, como mastodontes, gliptodontes o toxodontes.

Para ubicar históricamente a los animales que vivieron en la región de Toropí hay que remontarse a más de 30.000 años atrás. Los fósiles que allí se encuentran datan del pleistoceno, que fue la penúltima época del período cuaternario de la era cenozoica, previa al holoceno, que es la última etapa en la que se divide la historia de la Tierra y se extiende hasta la actualidad.

<<<Pieza tipo e Chelonoidis letzae, en el Museo Paleontológico de Topori, Corrientes.

“Aunque en términos evolutivos está muy alejada, la forma y el tamaño de la fauna que habitó esta región de Sudamérica hasta hace 10.000 años atrás –que es cuando se produjo la extinción–, es similar a la de África en la actualidad”, señala Alfredo Zurita, investigador independiente del Conicet en el Cecoal. Por sus características sedimentológicas, cada lluvia cambia el paisaje de Toropí y permite que aparezcan, con una extraordinaria frecuencia, los restos de estos animales.

En Toropí se hallaron fósiles de más de 35 especies que revelan que en esta zona de Corrientes existían mastodontes, que fueron grandes elefantes sudamericanos de más de 4 toneladas; gliptodontes, enormes armadillos de hasta 800 kilos y toxodontes, otro género extinto con características similares a las de los hipopótamos. También se encontraron restos de perezosos terrestres de más de 700 kilos y de tortugas gigantes, con un tamaño similar a las que actualmente se encuentran en las islas Galápagos, en Ecuador.
“La diversidad es muy grande no solamente en lo que hace al número de especies, sino también en cuanto a las formas. Hemos hallado registros de pequeños roedores, de 600 o 700 gramos, hasta de enormes mastodontes, de 4 o 5 toneladas”, destaca el paleontólogo.

Todas estas características configuran un magnífico escenario para el desarrollo de distintas líneas de investigación. “Es un yacimiento que desde el punto de vista científico tiene un valor enorme. Actualmente, tenemos en el grupo de investigación una becaria doctoral y una posdoctoral del Conicet trabajando específicamente temas vinculados a Toropí y estamos intentando sumar estudios desde otras perspectivas”, menciona Zurita, quien comenzó a trabajar en este emplazamiento hace unos 15 años junto a la paleontóloga Alicia Lutz, una de las pioneras de los estudios en este lugar.

Ambos fueron parte del equipo de científicos que en 2015 impulsó la fundación del primer Museo Paleontológico de la provincia de Corrientes, que está en la ciudad de Bella Vista y fue creado con el objetivo de mostrar la gran diversidad de la fauna que habitó la zona. Con la colaboración de organismos locales y nacionales, el proyecto aspira a seguir creciendo y convertirse en un parque paleontológico.

<<<Aspecto que presentaba en vida Morenelaphus. Recreado por el paleoartista Jorge Blanco en el libro Bestiario Fósil.

“El museo fue una consecuencia de nuestro trabajo y es un buen ejemplo de cómo la actividad diaria de los científicos puede transformarse en algo tangible para la sociedad”, resalta el investigador. Las tareas de extensión que realizan los investigadores, becarios y técnicos también incluyen capacitaciones a la comunidad para valorizar Toropí y evitar daños y saqueos de fósiles, un problema que preocupa a los grupos que trabajan en la zona.

Para Zurita, un fósil es casi un milagro. En este caso, explica, el proceso de fosilización ocurre cuando el mineral circundante reemplaza lo que fue el hueso del animal y lo transforma en una réplica en roca. “Cada fósil tiene un valor incalculable porque probablemente no aparezca otro igual. La pérdida de cualquier fósil es irreparable para la ciencia y para el patrimonio cultural del país”, advierte. Fuente larepublica.


Estudian cráneo de un zorrino prehistórico hallado en la localidad de Gobernador Castro.

Hace unos años, el equipo del Museo Paleontológico de San Pedro descubrió el cráneo muy completo de una especie de zorrino fósil en una cantera abandonada ubicada entre Gobernador Castro y Paraje Espinillo, partido de San Pedro.

Conepatus primaevus, tal su nombre científico, fue estudiado por Mauro Ignacio Schiaffini (del Centro de Investigación Esquel de Montaña y Estepa Patagónica) y Francisco Prevosti (del Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica de La Rioja).

El trabajo de los dos científicos hace un minucioso análisis de los diferentes géneros y especies de zorrinos fósiles que habitaron la región durante la prehistoria analizando características morfológicas, alimentación y demás datos que permiten conocer mejor a estos animales; discutiendo, a su vez, la validez de algunas especies.

Es en este punto, donde el material descubierto por el Grupo Conservacionista, junto a otros fósiles de diferentes colecciones, aportó caracteres fundamentales para que los paleontólogos pudieran reafirmar la existencia de la especie C. primaevus, la cual había sido puesta en duda en trabajos de autores anteriores.

<<<Cráneo y mandibula de Conepatus primaevus. Museo Paleontológico de San Pedro.

El trabajo científico fue difundido, recientemente, por la “Journal of South American Earth Sciences”, una publicación especializada en trabajos de diferentes autores  que investigan las ciencias de la tierra, principalmente en temas que son relevantes para América del Sur, América Central, el Caribe, México y la Antártida.

Para aquellos que recorran el Museo, este ejemplar se encuentra exhibido desde hace un tiempo junto a otras 30 especies que conforman la muestra permanente del Museo y es un indicador más de los valiosos materiales paleontológicos descubiertos en estos 20 años de trabajo del grupo sampedrino.


Evidencia de peleas entre tigres dientes de sable.

El estudio fue recientemente publicado en la Revista de la Academia de Ciencias de Francia “COMPTES RENDUS PALEVOL” y fue realizado por investigadores argentinos a partir de dos cráneos fósiles, uno de Río Tercero, (Córdoba) y el otro de la ciudad de Mercedes (Buenos Aires)

Sin lugar a dudas, el mamífero carnívoro más espectacular es el Smilodon populator o “tigre dientes de sable”. Fue uno de los mayores felinos conocidos, su longitud sobrepasaba el metro y medio, y su peso rondaba los 300 kilogramos. De tamaño comparable a un león, era muy robusto, de patas cortas y fuertes y cola muy corta. Sin embargo, la característica más llamativa de Smilodon eran los enormes caninos que alcanzaban los 30 centímetros de longitud. Estos dientes tenían forma de daga y los filos como un cuchillo dentado. Debido a sus grandes colmillos, el Smilodon debía abrir la boca en un ángulo mayor a los 120º para poder así morder a sus presas. 

Debido al descomunal tamaño de los colmillos y a su relativa fragilidad, algunos científicos pensaron que el Smilodon solo usaría sus colmillos como exhibición, o tal vez, solo podría morder a sus presas en zonas que no ofrecieran demasiada resistencia como el cuello o la panza. 

Un grupo formado por investigadores del CONICET, Museo de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, Fundación de Historia Natural “Félix de Azara”, Museo Regional “Florentino Ameghino” de Río Tercero, Córdoba y del Museo Municipal de Ciencias Naturales “Carlos Ameghino” de Mercedes, realizó un estudio excepcional.

<<< Cráneo con perforaciones en el Museo Ameghino de Mercedes.

Los investigadores analizaron dos cráneos de Tigres dientes de Sable que tenían una gran perforación en la parte dorsal. Uno de ellos proviene de Río Tercero, Córdoba, mientras que el otro es del Río Luján, Mercedes, provincia de Buenos Aires. 

Los científicos concluyeron que otro Tigre de Dientes de Sable hizo la gran perforación usando sus poderosos colmillos durante un combate. Es decir, estos grandes felinos podrían haberse causado lesiones muy graves entre sí, posiblemente durante combates por territorio, alimento, acceso a las hembras, etc., muy similar a lo que ocurre en la actualidad con muchos grandes felinos, que incluso pueden culminar en la muerte. Además, en esta investigación se concluye que los enormes colmillos característicos de los Tigres Dientes de Sable tenían una resistencia mucho mayor de lo que se pensaba , y evidentemente eran mucho más utilizados de lo que se creía hasta el momento, tanto para conflictos entre miembros de la misma especie como para la depredación de otros miembros de la “Megafauna”.

Pese a que a veces se trate de especies muy conocidas por su amplio registro y extensión geográfica, son pocos los casos donde el registro fósil nos deja ver claramente el comportamiento de los animales extintos, lo cual nos llena de asombro. 


Recuperan restos fósiles de un megaterio en Colonia Emilio Mitre, La Pampa.

Un fémur de este mamífero prehistórico había sido encontrado en la zona hace algunos años por pobladores. Ahora, desde el Museo de Historia Natural ubicaron el lugar.

La Secretaría de Cultura del Gobierno de La Pampa informó que el Museo de Historia Natural de La Pampa efectuó con éxito tareas de prospección paleontológica en el área de Colonia Emilio Mitre, a los fines de relocalizar el sitio de hallazgo de los restos fósiles de un megaterio, mamífero extinto de gran tamaño, entregado hace algunos meses atrás a dicha institución para su identificación y resguardo.

Entre otras funciones, el Museo es el organismo encargado de recibir denuncias sobre hallazgos paleontológicos y velar por la correcta extracción y preservación de los restos fósiles dentro del territorio provincial. En este marco, tras el recibimiento de los restos de un megaterio en septiembre del año 2018, el museo provincial puso todo su esfuerzo para reubicar con exactitud el sitio de su hallazgo, tarea que solo fue posible gracias a la colaboración y compromiso por la preservación del patrimonio pampeano del antropólogo bonaerense Ambrosio González Rubio, así como de distintos referentes del pueblo ranquel.

La particular historia de este hallazgo paleontológico comienza en septiembre del 2018, cuando el antropólogo Ambrosio González Rubio se comunicó con el Museo de HIstoria Natural para hacer entrega de unos restos fósiles procedentes del área de Colonia Emilio Mitre.

González Rubio indicó que mientras realizaba sus estudios de tesis en Árbol Solo, el lonko Carlos Campú, máxima autoridad del Pueblo Rankülche, le había cedido los restos para que los hiciera llegar a la autoridad competente.

<<<Aspecto del gigantesco megaterio. Ilustración de Daniel Boh.

Campú también le indicó que los mismos los había recibido tiempo atrás de un poblador vecino, quien los halló al desmoronarse un médano vivo en la zona próxima a Emilio Mitre.

De acuerdo a los comentarios de Campú, en la zona del hallazgo aún se podían observar más restos en el terreno. De esta manera, luego de precisar que los restos pertenecían a un megaterio y ante la importancia del hallazgo dado que este tipo de restos son infrecuentes en el centro-oeste de la provincia, el Museo se dispuso a contactar al lonko para precisar con exactitud el lugar de hallazgo.

El contacto con Campú fue dificultoso debido a que se encontraba en Victorica comprometido en su salud, pero luego de varias semanas y gracias a la colaboración del Consejo Provincial del Aborigen, especialmente de Pedro Coria y María Inés Canhué, desde el Museo pudieron ubicar a su hijo Carlos, quien conocía la historia del hallazgo y amablemente se ofreció a colaborar con la reubicación del sitio.

Habiendo coordinado un punto de encuentro con Carlos Campú hijo, el personal del museo se trasladó a Emilio Mitre para reubicar los restos bajo la dirección de los paleontólogos Marcos Cenizo y Lucas Cheme Arriaga junto a los técnicos colaboradores Pablo Tejerina, Maximiliano Minuet y Nicolás Peralta Seen.

Siguiendo las indicaciones de Campú, el equipo prospectó una vasta zona de médanos al oeste del Emilio Mitre, buscando un área de deflación donde los médanos hubieran perdido su cobertura vegetal permitiendo así la exposición de sedimentos más antiguos, entre ellos aquellos pertenecientes a la Formación El Meauco, cuerpo de roca donde fueron hallados restos de megafauna en otros lugares de la provincia.

Finalmente, se observó las condiciones mencionadas en un área donde los médanos habían sido removidos para la instalación de un tanque australiano. Al llegar al puesto próximo, el equipo del Museo fue recibido por su propietaria, Juana Cabral, quien cordialmente señaló que los restos buscados efectivamente habían sido recuperados en un sector cercano.

<<<Esqueleto de Megaterio en el Museo de La Plata. Archivo.

Tras unas horas de prospección, el equipo halló el sitio exacto donde años atrás se había encontrado el megaterio. El lugar aún mostraba la presencia de grandes astillas incluidas en las arenas de la Formación El Meauco, donde además se recuperaron restos de otros mamíferos más pequeños.

Si bien no se recobraron nuevos restos del megaterio, la ubicación del sitio permitió reconocer exactamente las unidades geológicas que son portadoras de megamamíferos en el centro de La Pampa, algo que hasta el momento no contaba con evidencias concretas. Fuente; eldiariodelapampa.


Descubren acumulaciones de fósiles en el Triasico de Ischigualasto.

"Es una masa de hueso contra hueso acumulado, prácticamente no hay sedimentos. Es como si hubieran hecho un pozo y lo hubieran llenado de huesos", explicó el paleontólogo argentino Ricardo Martínez.

Un cementerio de dinosaurios de 220 millones de años fue descubierto en el oeste de Argentina, con fósiles de al menos una decena de individuos, anunció este miércoles una fuente científica.

"Se trata de un bloque, una verdadera acumulación de huesos, hay cerca de diez individuos distintos. Es una masa de hueso contra hueso acumulado, prácticamente no hay sedimentos. Es como si hubieran hecho un pozo y lo hubieran llenado de huesos. Es realmente impresionante", explicó el paleontólogo argentino Ricardo Martínez.

Según Martínez, investigador del Instituto y Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de San Juan (IMCN), "estos fósiles pertenecen a la cuenca de Ischigualasto, corresponde a 220 millones de años, una época de la que no se conoce mucho de la fauna".

El cementerio, una suerte de colchón sólido, fue encontrado en septiembre del año pasado en la provincia de San Juan (1.100 km al oeste de Buenos Aires), durante la última campaña a Ischigualasto, precisó Cecilia Apaldetti, investigadora del IMCN y del Consejo Nacional de Ciencia y Técnica (Conicet) y parte del equipo.

El descubrimiento "tiene doble importancia porque hay por lo menos siete u ocho individuos de dicinodontes, que son los antecesores de los mamíferos, del tamaño de un buey, y otros arcosaurios (reptiles) que no sabemos todavía qué son, pueden ser dinosaurios o un antecesor de los cocodrilos de gran tamaño", explicó a su vez el científico.

El hallazgo de esta "cama de huesos" de unos dos metros de diámetro y que podría tener uno o dos metros de profundidad, fue dado a conocer por la Agencia de Ciencia, Técnica y Sociedad de la Universidad de La Matanza (CTyS-UNLaM).

Al tratar de explicar las causas de esta acumulación de huesos, los investigadores estimaron que "pudo haber una época de gran sequía y que allí había un cuerpo de agua, un pequeño lago en el que se amontonaban los herbívoros para beber y, a medida que se evaporaba el agua, se iban debilitando e iban muriendo en el lugar".

Apaldetti contó que a medida que iban despejando el bloque para extraerlo iban apareciendo nuevos huesos y tuvieron que suspender la tarea por las altas temperaturas y las lluvias en la zona durante el verano austral.

"Esta acumulación de huesos es más grande de lo que pensábamos, aún no le encontramos la base. Vamos a regresar al sitio en estas semanas para poder extraer todo el bloque completo, posiblemente debamos hacerle una base de hormigón y precisaremos de una grúa y maquinaria adecuada", estimó la investigadora en declaraciones a la agencia CTyS-UNLaM.

Argentina cuenta con fósiles de los tres períodos de dominancia (el Triásico, el Jurásico y el Cretácico) de la era Mesozoica, y se hallaron individuos diferentes de los encontrados en el hemisferio norte. Los yacimientos de fósiles de dinosaurios más preminentes se localizan en la Patagonia (sur), La Rioja (Parque Talampaya) y San Juan, al oeste, y en Salta (norte).


El Museo de Miramar tendrá una nueva ubicación.

El municipio firmó un convenio con la Fundación Azara para que se reestructure una inutilizada propiedad de 1930, anteriormente residencia de ingenieros que trabajaron en el bosque.

La denominada “Casa de Huéspedes”, que supo albergar a ingenieros y demás funcionarios que desarrollaron tareas de investigación y cuidado del vivero dunícola “Florentino Ameghino”, será la nueva sala de exposición del área del Ciencias naturales del museo municipal “Punta Hermengo”.

Así lo confirmó un convenio firmado entre el municipio, a través del intendente Germán Di Cesare y el presidente Ejecutivo de la Fundación Azara, Adrián Giacchino, con el aporte de la Asociación de Amigos del Museo.

Esto permitirá un trabajo conjunto de mayor despliegue y exhibición de la riquísima colección arqueológica y paleontológica que contribuirá en los aspectos científicos, pedagógicos, turísticos y patrimoniales.La Fundación Azara, de reconocida trayectoria y experiencia en gestión de museos regionales a nivel nacional, además de trabajar en múltiples acciones con Conicet, Parques Nacionales e instituciones afines, brindará un asesoramiento vital en el desarrollo del proyecto que en principio planteaba un nuevo edificio pero por una cuestión de costos elevados se tomó la opción de la casona construida en la década del ’30.

Las obras en la añeja propiedad que cuenta con entrada independiente en la culminación de la avenida 26 junto al acceso del mismo vivero, comenzarían a la brevedad y se espera que culminen a mitad de año para luego inaugurar oficialmente ese nuevo espacio histórico, necesario para revalorizar el patrimonio local.

“Vamos a exhibir la parte de Ciencias Naturales y en el edificio actual se potenciará el área Historia local que en ese caso esperamos esté organizada para el próximo verano. Será una doble satisfacción”, agregó.

Cuando el bosque vivero pertenecía al Gobierno de Provincia, los ingenieros que venían a realizar tareas de investigación se alojaban allí. En cercanías, está la conocida “Casa de los Presidentes”, que fue albergue justamente de figuras de la política nacional pero hoy se encuentra inutilizable ya que un durante un temporal cayó un árbol y dañó seriamente las instalaciones.


Hallan nuevos peces que habitaron la Patagonia durante el Cretácico.

Fueron identificados por investigadores del CONICET a partir del estudio de fragmentos de un cráneo y dientes encontrados en la Cuenca Neuquina.

El hallazgo de fragmentos del cráneo y la dentición de dos ejemplares de peces en la formación geológica Agrio, en la Cuenca Neuquina, permitió establecer un nuevo género y especie de durófagos –es decir aquellos que trituran su alimento con los dientes– que habitaron la Patagonia argentina en el Cretácico temprano, hace más de 130 millones de años. El trabajo fue realizado por investigadores del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y el Centro de Investigaciones Geológicas (CIG, CONICET-UNLP) en colaboración con un colega alemán, y publicado recientemente en Cretaceous Research.

Los dos ejemplares encontrados pertenecen al orden de los picnodóntidos, que agrupa a peces esféricos y comprimidos, muchos de los cuales habrían estado asociados a arrecifes de coral. Aunque existieron formas más grandes, muchos de ellos medían entre 50 y 60 centímetros y se estima que la gran mayoría de ellos se alimentaba de distintos tipos de bivalvos –moluscos similares a las almejas– y corales, gracias a su poderosa dentición adaptada a esos fines.    

 <<<Ejemplar de Gyrodus huiliches, recuperado en la Cuenca Neuquina.

“Una primera particularidad del hallazgo tiene que ver con la presencia de huesos del cráneo asociados a la dentición”, destaca Soledad Gouiric Cavalli, investigadora adjunta del CONICET en la FCNyM y primera autora del trabajo, y desarrolla: “En general, lo que se encuentra más habitualmente en el campo son los dientes, debido a la naturaleza propia del material dentario que es más resistente que otras partes del pez, lo que le brinda mayor potencial de fosilización en comparación, por ejemplo, con los huesos craneanos”.

“En este estudio pudimos ver que los ejemplares presentaban una combinación única de características en sus dientes. La ornamentación en la corona, es decir el dibujo que hace el esmalte sobre el diente permitió diferenciarlos entre sí y también de todos los géneros y especies de una de las tantas familias de picnodóntidos que se conocen en el mundo. La cantidad de hileras dentarias –cuatro en la mandíbula inferior– y la distribución de los dientes en ambas quijadas nos permitió establecer que el material debía ser referido al género Gyrodus como una nueva especie que denominamos Gyrodus huiliches”, explica.

Aspecto en vida del pez del Cretácico del genero Gyrodus.

Por otro lado, la experta puntualiza que la dentición incompleta de uno de los ejemplares cuadraba con la morfología descripta para el Macromesodon agrioensis, que hasta ese momento era la única especie conocida de picnodóntidos en Argentina, pero al reestudiar ese material original en relación con los fósiles hallados observaron que los dientes presentaban importantes diferencias, sobre todo en su ornamentación y morfología: “Al igual que en algunos dientes del previamente descripto M. agrioensis, los nuevos ejemplares tienen unos mamelones o protuberancias en la corona dentaria. Esa característica no es típica del género Macromesodon, por lo tanto erigimos un nuevo género para ese pez, al que denominamos Tranawuen, y la especie ahora se conoce como Tranawuen agrioensis

Para la especialista, “parte de la importancia de este trabajo radica en que es la primera revisión de los peces picnodóntidos en Argentina, configurándose como el paso inicial para el estudio más detallado de estas faunas. Si bien eran muy diversos y tuvieron una importante presencia durante el Jurásico y el Cretácico, el registro fósil en América del Sur es bastante incompleto”. Según explica, “los dos ejemplares que describimos son endémicos de nuestro país y representan el registro más austral de este grupo. Es interesante marcar que estos peces se habrían originado en Europa y migraron por el océano Pacífico en el Jurásico tardío a través de lo que se conoce como el Corredor Hispánico, una hipótesis que también se propone para explicar la distribución de otros vertebrados e invertebrados marinos”. Fuente Conicet.


Mahuidacursor lipanglef, un nuevo dinosaurio de la Patagonia.

Habitó el sur del país hace 85 millones de años. Tras dos años de trabajo, los técnicos formaron una vértebra coincidente con el ornitópodo.

El Mahuidacursor lipanglef, o el "corredor de los cerros de brazos ligeros", un dinosaurio herbívoro, de cinco metros, que habitó la Patagonia en el Cretácico Superior, fue presentado hoy por la Subsecretaría de Cultura de Neuquén como una nueva pieza del patrimonio paleontológico local.

El nuevo dinosaurio se incorporará a la colección del museo paleontológico de Rincón de los Sauces que, a partir de los restos encontrados, presentará una versión tal cual la que vivió hace millones de años.

El hallazgo se produjo en junio de 2016, cuando el equipo del museo Argentino Urquiza de la localidad neuquina de Rincón de los Sauces, realizó una salida de campo con el objetivo de explorar una nueva zona dentro del área conocida como Cerro Overo, ubicada a unos 50 kilómetros al sur de dicha ciudad. 

Mientras se realizaba la exploración, uno de los técnicos, Salvador Palomo, divisó fragmentos fósiles sueltos al pie de una loma donde afloran niveles de más de 85 millones de años de antigüedad, referidos a la formación geológica Bajo de la Carpa.

Los fragmentos hallados fueron ensamblados y dieron lugar a una vértebra de pocos centímetros de longitud, que fue identificada como perteneciente a la vértebra cervical de un ornitópodo, un grupo de dinosaurios herbívoros de andar principalmente bípedo.

Luego del trabajo con la vértebra, continuó la excavación que permitió a los investigadores descubrir un ejemplar articulado y en muy buen estado de preservación.

El paleontólogo Leonardo Filippi explicó que en esa zona han encontrado "una variedad de fósiles muy interesante, aparecen animales bastante completos y la preservación es muy buena".

"La vértebra que encontramos era pequeña, no era de las que estamos acostumbrados, que son las de los animales saurópodos, los de cuello largo", agregó Filippi.  Además, señaló que la formación Bajo de la Carpa tiene "entre 83 y 85 millones de años aproximadamente".

Por otra parte, la investigadora del Conicet Penélope Cruzado Caballero detalló que el dinosaurio "medía unos cinco metros, era juvenil, tenía alrededor de seis años y aún podía crecer un poco más.

Era herbívoro, bípedo y con unos brazos muy gráciles que podía apoyar sin soportar mucho peso".

El nombre genérico (Mahuidacursor) proviene de mahuida, una palabra mapuche que significa "montaña", en referencia a los cerros de origen volcánico que pueden observarse en la zona, y cursor, del latín "corredor". 

En tanto, el nombre de la especie (Lipanglef) proviene de dos palabras de origen mapuche, lipang, que significa "brazo o miembro anterior" y lef, "ligero". Mahuidacursor es parte de un grupo de dinosaurios ornitópodos dentro del cual se encuentran otros representantes patagónicos, como Talenkauen y Macrogryphosaurus.

Según informaron desde Patrimonio Cultural de la provincia, si bien tiempo atrás ya se habían recuperado materiales de este grupo de dinosaurios en esa misma zona, Mahuidacursor representa el primer registro significativo para el norte de la Cuenca Neuquina, y el primero para la formación geológica Bajo de la Carpa.

El estudio científico de este ejemplar estuvo a cargo de la doctora Penélope Cruzado Caballero y del doctor José Gasca, ambos especialistas en dinosaurios ornitópodos, el magister Leonardo Filippi, el doctor Ignacio Cerda y el geólogo Alberto Garrido.

En la conferencia de prensa llevada adelante esta mañana en la ciudad de Neuquén, informaron que los resultados de este estudio fueron publicados en la reconocida revista científica internacional Cretaceous Research. Fuente Conicet.


Nuevas evidencias sobre la extinción de los mamíferos gigantes en América por humanos.

Investigadores del CONICET hallaron en Olavarría artefactos de caza y huesos de un perezoso gigante que datan de hace aproximadamente 12.600 años.

El momento en que se produjo la definitiva extinción de los grandes mamíferos del Pleistoceno (comenzado hace cerca de 2,6 millones de años y culminado hace unos 12 mil años) y el rol que jugaron los seres humanos en su desaparición son ejes de controversias entre los arqueólogos y paleontólogos del continente americano.

Dataciones de Carbono 14 sobre los huesos de grandes mamíferos extintos hallados en la región pampeana de la Argentina, sugirieron que algunos de estos grandes animales pudo haber habitado la zona hasta hace aproximadamente 8 mil años, ya durante el Holoceno, varios milenios después de su desaparición en el resto de América.

“De alguna manera, se creía que los pastizales pampeanos podrían haber servido de refugio para los herbívoros gigantes del Pleistoceno, y que las poblaciones indígenas no los habrían cazado intensamente”, explica Gustavo Politis, investigador superior del CONICET y director del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Paleontológicas del Cuaternario Pampeano (INCUAPA, CONICET-UNICEN) ubicado en Olavarría

<<<Imagen ilustrativa. Daniel Boh.

Sin embargo, recientemente una investigación dirigida por investigadores del CONICET publicada en Science Advances cuestiona dicha hipótesis, a partir del hallazgo, a orillas del arroyo Tapalqué en el Partido de Olavarría, de los huesos de un perezoso terrestre gigante (Megatherium americanum) junto con las herramientas de piedra usadas para cazarlo y cortarlo que, según dataciones establecidas con métodos precisos, tendrían cerca de 12 mil seiscientos años.

“Varias líneas de evidencia permitieron reconocer el procesamiento del megaterio por parte de los grupos humanos como, por ejemplo, la identificación de huella de corte sobre los huesos realizadas con las herramientas de piedra y la confección de instrumentos con las costillas del perezoso”, explica Pablo Messineo, investigador adjunto del CONICET en el INCUAPA y uno de los autores del trabajo junto a Politis.

Las excavaciones fueron realizadas en el sitio conocido como Campo Laborde y gracias a un set de dataciones de Carbono 14, para las que se usaron métodos más precisos para la extracción del colágeno de los huesos del megaterio, se pudo obtener información original y de alta calidad con relación al impacto directo de los grupos humanos sobre la especie encontrada en particular y sobre los mamíferos gigantes en general. El espécimen cazado, del cual pudieron recatarse decenas de huesos, pesaba alrededor de 4 toneladas.

“La edades Holocénicas (menores a 12 mil años) obtenidas previamente se debieron a la degradación y perdida del colágeno en los huesos y por la contaminación de la materia orgánica de los sedimentos que rejuvenecieron las edades de Carbono 14, contaminantes que no pudieron ser removidos totalmente con las técnicas estándares de extracción del colágeno”, explica Thomas Stafford Jr. de la Stafford Research LLC (Colorado, Estados Unidos), especialista en datación de Carbono 14 y otro de los autores del trabajo.

Hasta el momento, Campo Laborde es el único sitio en América donde se documentó que los grupos indígenas antiguos cazaron este perezoso terrestre gigante. De acuerdo a Politis, los resultados obtenidos permiten evaluar cuál fue el rol de los grupos cazadores en la extinción de la fauna gigante Sudamericana. ”Las nuevas dataciones reducen a aproximadamente 2 mil años el tiempo de coexistencia entre los humanos y los megamamíferos en las Pampas de Argentina”, concluye el investigador. Fuente; Conicet.

 


Recuperan un cráneo de Arctotherium angustidens en San Pedro.

Se trata de un ejemplar de la especie de Arctotherium angustidens, la cual representa a los osos más gigantes que hayan existido. Los investigadores destacan el asombroso estado de conservación del cráneo y las dos ramas mandibulares de este nuevo espécimen de San Pedro.

El doctor Leopoldo Soibelzon, investigador del Museo de La Plata y del CONICET, comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “se trata de un oso de gran tamaño de la especie Arctotherium angustidens, cuyos ejemplares más grandes, en posición erguida, podían alcanzar hasta 4,5 metros de altura”.

Soibelzon fue quien presentó en sociedad al ejemplar más grande del que se tenga registro en 2011. En tanto, este nuevo ejemplar de San Pedro fue identificado como un macho joven que pesaba unos 800 kilos al momento de morir y que habría medido aproximadamente 2,5 metros de altura parado en dos patas.

El experto en el estudio de osos gigantes destacó que “el cráneo y la mandíbula de este nuevo ejemplar de San Pedro están increíblemente preservados, en tanto que también se encontró parte de su pelvis, el fragmento de uno de sus húmeros, parte de uno de sus radios y seis vértebras articuladas”.

El director del Museo de San Pedro, José Luis Aguilar, quien realizó este hallazgo junto Matías Swistun y Julio Simonini, coincidió en que “es impresionante el estado de preservación del cráneo junto a sus dos ramas mandibulares, las cuales han conservado todas sus piezas dentales, lo cual lo convierte en un ejemplar excepcional”.

“El cráneo de esta bestia es realmente asombroso en cuanto a tamaño y estado de conservación”, afirmó Aguilar. Y precisó: “Tiene colmillos de unos 6 centímetros de longitud, los cuales son fuertes, compactos, punteagudos y estaban preparados para desgarrar la carne de sus presas”.

“Las mandíbulas también conservan su par de colmillos, los cuales tienen 4,5 centímetros de largo, mientras que los molares de este oso estaban bien adaptados para cortar y para destrozar el tejido muscular y los huesos de los animales de los cuales se alimentaban”, contó el director.

Aguilar valoró que, para la concreción de este hallazgo, fue determinante la colaboración del maquinista Fausto Capre de la empresa Tosquera San Predo SA, propietaria de este sitio.

“Fue posible ver los restos de este ejemplar que caminó la región pampeana hace unos 700 mil años gracias al accionar de la excavadora para la extracción de tosca a nueve metros de profundidad”, mencionó.

A dicha profundidad, se ha detectado una capa sedimentaria con contiene restos de un antiguo pantano. Aguilar explicó que “algunos de los grandes animales que cazaban o que se acercaban para beber agua, quedaban atrapados en ese fango, en ese lodo, y es por ello que, desde hace un tiempo, venimos realizando diversos hallazgos en ese sitio”.

Los Arctotherium angustidens de mayor tamaño alcanzaban una medida mayor a la que se había estimado en 2011 cuando el doctor Soibelzon presentó al ejemplar más gigantesco. En tanto, la fuerza de la mordida de estos osos de tamaño bestial era de unos 225 kilogramos en la zona de los molares.

Estos molares poseían crestas cortantes y cúspides bien marcadas que revelan una dieta omnívora, pero con una fuerte tendencia al consumo de carne y de hueso de animales que obtenían de su propia caza, pero también al disputarle sus presas a otros carnívoros como por ejemplo a los tigres dientes de sable.

<<<Imagen ilustrativa de un esqueleto de Arctotherium en el MACN

José Luis Aguilar contó a la Agencia CTyS-UNLaM que, a partir de un trabajo junto a uno de los laboratorios del Centro de Ecología Aplicada de Litoral de Corrientes, se han identificado esporas y granos de polen de ciertos hongos, algas y algunos vegetales en el sedimento donde fueron encontrados los restos de este oso.

“Ello nos permite saber que este oso gigante habitó en un ambiente de estepa formado por plantas herbáceas, con suelo algo arenoso y siempre con cuerpos de agua cercanos”, relató el director del Museo.

El doctor Soilbelzon indicó que “estos osos vivieron en la región pampeana hasta hace unos 500 mil años”. En tanto, la llegada de los osos a Sudamérica fue posible a partir de que, hace unos 3 millones de años atrás, cuando se elevó el istmo de Panamá, estos animales terrestres pudieron arribar desde Norteamérica.


Conflicto antarcticus, el fósil hallado en el Paleoceno de la Antártida, brinda información de la evolución de las aves.

Científicos estudiaron un fósil antártico que permite conjeturar que este tipo de boca apareció evolutivamente temprano en las aves Anseriformes.

En el año 2007, investigadores del Instituto Antártico Argentino encontraron en la isla Marambio, al Noreste de la Península Antártica, el esqueleto casi completo de una nueva especie de ave que vivió hace 65 millones de años durante el Paleógeno Temprano. Luego de varios años de preparación y estudio del fósil, recientemente el hallazgo fue presentado en Zoological Journal of the Linnean Society.

El estudio, dirigido por Claudia Tambussi, investigadora principal del CONICET en el Centro de Investigaciones de Ciencias de la Tierra (CICTERRA, CONICET-UNC) determinó que el fósil analizado pertenece a un nuevo género y especie basal de Anseriformes (patos, cisnes y gansos) de una familia aún indeterminada. Se lo denominó Conflicto antarcticus en virtud de la conflictiva posición filogenética, debido a que sus características son diferentes a las de otras aves conocidas.

Los Anseriformes actualmente habitan ambientes acuáticos y se considera que la explotación de los cuerpos de agua continentales proporcionó la base para la formidable diversificación de este grupo. A diferencia de la mayoría de las Neoaves acuáticas que son carnívoras -como los macaes y los somormujos-, los anseriformes se alimentan de plantas o pequeños invertebrados acuáticos. Para ello cuentan con unas laminillas en el pico que les permite filtrar su alimento.

¿Cuándo se produjo la diversificación de los Anseriformes? ¿Cuándo y cómo surgió este hábito filtrador? Son algunas de las preguntas que se formula el equipo de trabajo responsable de ésta y otras importantes investigaciones en aves prehistóricas.

Al analizar este esqueleto fósil, los científicos pudieron determinar que Conflicto antarcticus, a juzgar por la forma y las proporciones de los huesos pectorales y del ala, sin dudas tenía capacidad de volar. Aunque no se encontraron los tarsometatarsos ni las falanges (huesos del miembro posterior), los restos óseos que se conservaron de estas extremidades muestran que tenía patas alargadas.

Sin embargo, aunque pertenece al grupo de los Anseriformes, su apariencia no concuerda con la de los patos o gansos. Conflicto antarcticus tenía un cuerpo grácil y estilizado, con miembros alargados -como se observa en los flamencos)- pero poseía un cráneo similar al de un pato, aunque con un pico más delgado. Conflicto antarcticus, al estar representado por un material tan completo y bien preservado es posiblemente el más importante registro de un ave no marina del Paleoceno del hemisferio sur.

“Este nuevo hallazgo permite hipotetizar que la forma del pico típica de los patos actuales -la que les posibilita filtrar el alimento del agua- habría aparecido tempranamente en la evolución de este grupo de aves” explica Tambussi. Asimismo, los estudios filogenéticos establecen nuevas relaciones entre los miembros de los Anseriformes y las aves modernas que, sin dudas, serán motivo de debates futuros.

Según evidencias sedimentológicas y de otros fósiles, Conflicto antarcticus habría habitado un ambiente cálido y húmedo que se caracterizaba por bosques templados donde la temperatura media anual terrestre osciló entre 9 y 15°C.

Finalmente, Los investigadores ya estudian otros aspectos como el cerebro, cerebelo, oído y bulbos olfatorios a partir de tomografías computadas y comparando los modelos 3D obtenidos con lo conocido de otras especies fósiles y vivientes. La finalidad de estas comparaciones es obtener algunas conclusiones acerca del modo de vida del animal, de sus capacidades sensoriales y cognitivas. Fuente Conicet. Esquema del esqueleto de Conflicto antarcticus. Derecha: Reconstrucción en vida de Conflicto antarcticus. Dibujo realizado por H. Santiago Druetta. La concreción en uno de los momentos de su preparación que fue realizada por los técnicos Javier Pozik del Museo de La Plata e Ivana Tapia del CICTERRA.


Material del Museo de Miramar en un libro del Smithsonian Institute.

Científicos e ilustradores le dieron vida a este libro, que explica cómo era la biodiversidad del pasado, y en él se utilizó una pieza de gran valor educativo del Museo Municipal de Ciencias Naturales  Punta Hermengo de Miramar.

El libro Hace tiempo intenta responder, como en toda gran historia, el cómo, cuándo y quiénes participaron en nuestra historia biológica de Sudamérica. Los expertos, acompañados de ilustraciones, cuentan cómo se ha dado la evolución y la extinción de las especies, y cómo el clima, la geografía y la genética influyeron en eso.

El Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales o STRI es un centro de investigaciones administrado por el Instituto Smithsoniano y emplazado en Panamá, cuyo centro es la única dependencia de dicha institución ubicada fuera de los Estados Unidos y se dedica al estudio de la diversidad biológica de los trópicos, entre varios puntos, ilustra y detalla un organismo en proceso de fosilización.

Para ello, y como fiel ejemplo, no solo por el impacto visual, sino por el educativo y creatividad científica, utilizo el esqueleto de Thylacosmilus atrox exhibido en el Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar (el tercer esqueleto exhibido en el mundo de esta especie), para explicar en forma gráfica y texto el proceso de muerte de una animal prehistórico, y cuáles son los procesos de fosilización para que llegue hasta nuestros días es estado “fósil”.

La misión del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales es ampliar y divulgar los conocimientos sobre el pasado, presente y futuro de los ecosistemas tropicales y su relevancia para el bienestar humano. El libro fue editado por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

Como se hace en muchos casos, se reconstruyo el esqueleto de este raro “marsupial dientes de sable”, conocido científicamente como Thylacosmilus atrox, a partir de un puñado de restos fósiles conocidos, principalmente fragmentos de cráneo y mandíbula. Para ello, Mariano Magnussen Saffer, que desempeña tareas biológicas y paleontológicas en el museo miramarense, logro recrear el extraño animal extinto hace tres millones de años, a partir del conocimiento que se obtienen de otros organismos similares. La tarea se realizó en 2013 y fue exhibido en el museo local en 2015, luego de una gira educativa y científica que recorrió varios puntos de Argentina.

Magnussen comento; “ es la misma técnica que utilizamos para recrear grandes dinosaurios, a partir de un diente aislado, una pata, un cráneo o medio esqueleto. Al conocer la anatomía de organismos similares o de la misma familia, nos permite acercarnos al aspecto real, mientras esperamos que en un futuro nuevos hallazgos nos acerquen a un conocimiento más fidedigno del mismo”, enfatizo.

 


Encuentran restos de un esfenodonte de 90 millones de años en Río Negro.

El hallazgo, realizado por paleontólogos del CONICET, permite entender por qué este grupo de reptiles pudo sobrevivir a la extinción masiva que acabó con los dinosaurios.

Los esfenodontes o tuátaras (Sphenodon) son un grupo de reptiles que en la actualidad se encuentra representado solo por dos especies –Sphenodon punctatus y Sphenodon guntheri-, localizables únicamente en algunas islas menores de Nueva Zelanda, y cuyo registro fósil más antiguo data de tiempos del Tríasico Superior, hace más de 200 millones años.

A diferencia de lo que ocurre en la actualidad, durante la Era Mesozoica (comenzada 250 millones de años atrás y culminada hace alrededor de 65 millones años) en la que los dinosaurios gigantes llegaron a dominar la Tierra, diversas especies de tuátaras podían encontrarse dispersas en la mayor parte de los continentes.

En Sudamérica, los fósiles más recientes de este grupo de reptiles corresponden al Paleoceno (65 a 60 millones de años atrás), la época inmediatamente posterior a la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno que acabó con cerca del 75 por ciento de los seres vivientes existentes, entre los que se encontraban, por ejemplo, la mayoría de los dinosaurios.

<<<<Material recuperado.

En febrero de 2018, un equipo de paleontólogos del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN, CONICET) y la Fundación de Historia Natural Feliz de Azara dirigido por Fernando Novas, investigador principal del Consejo, encontró en la localidad de Campo Violante (Provincia de Río Negro), en la que afloran rocas del Cretácico Superior de 90 millones años, restos del esqueleto de una nueva especie de esfenodonte, a la que bautizaron Patagosphenos watuku. Tanto la descripción anatómica como los estudios paleohistológicos de los restos del espécimen hallado fueron publicados recientemente en la revista Cretaceous Research.

“Aunque la estructura anatómica de Patagosphenos watuk difiere de la de los esfenodontes actuales, desde el punto de vista histológico existen similitudes claves. Ambos poseen una corteza ósea relativamente gruesa en comparación con la de otros reptiles, lo cual podría favorecer la adaptación a climas fríos. Por otra parte, estudios recientes en mamíferos han mostrado una correlación entre el grosor de las paredes de los huesos y la actividad fosforial (cavar), patrón que parece repetirse al menos en los reptiles actuales. El hecho de que los antiguos tuátaras también tuvieran el hábito de vivir en cuevas podría explicar que hayan sobrevivido al invierno nuclear que se desató en nuestro planeta hace 65 millones de años”, explica Adriel Gentil, becario doctoral del CONICET en el MACN y primer autor del trabajo.

Esto llevaría a los investigadores a concluir que la adaptación de los esfenodontes actuales al clima frío, que les permite soportar temperaturas de hasta sólo 5°C, no sería un rasgo que adquirieron a lo largo del proceso evolutivo sino que ya estaba presente en sus parientes más antiguos.

<<<< Reconstrucción paleoartística de Patagosphenos watuku, por Sebastían Rozadilla.

“Esta capacidad de tolerar las bajas temperaturas diferenciaría a los esfenodontes, no sólo de gran parte de los reptiles actuales, sino también de  otros grupos que desaparecieron junto con los dinosaurios por no contar con las ventajas adaptativas necesarias como para sobrevivir a las bajas temperaturas que asolaron la Tierra durante aquel evento de extinción masiva”, explica Matías Motta, becario doctoral del CONICET en el MACN y otro de los autores del trabajo.

Uno de los aportes más novedosos de este trabajo es que pese a que existe un registro fósil bastante completo de especímenes de esfenodontes de diferentes períodos del Mesozoico, desde el punto de vista paleohistológico, hasta ahora sólo se contaba con la descripción de una especie del Triásico Superior que, aunque escueta, también señala el carácter grueso de las paredes de los huesos. El responsable de este aspecto particular de la investigación estuvo a cargo de Jordi García Marsá, becario doctoral del Consejo en el MACN.

“Otro dato que arrojó el estudio histológico es que Patagosphenos  tenía un crecimiento cíclico, lo que le da al corte del hueso una apariencia similar a la del tronco de un árbol en la que se van marcando anillos concéntricos que representan aproximadamente un año cada uno. En este caso, se pudo deducir que el individuo que encontramos tenía cerca de 18 años de edad. La longevidad, si se los compara con lo que suelen vivir la mayoría de los reptiles, es un rasgo que también comparte los tuátaras actuales con sus parientes más lejanos”, afirma Gentil. Fuente Conicet; Reconstrucción paleoartística de Patagosphenos watuku. Crédito: Sebastían Rozadilla.. Federico Agnolin, Matías Motta, Adriel Gentil y Fernando Novas. Foto: gentileza investigadores. Restos del Patagosphenos watuku hallado Río Negro y una reconstrucción del cráneo. Foto: CONICET. El equipo dirigido por Fernando Novas trabaja en la localidad de Campo Violante (Río Negro). Foto: gentileza investigadores.


Descubren polen y esporas fosilizadas entre las patas de armadillos prehistóricos.

El hallazgo fue realizado a 5 kilómetros de la ciudad de San Pedro en sedimentos de 700.000 años.  Es un hecho inédito por estar asociado a megafauna de esa antigüedad. 

El Grupo Conservacionista de Fósiles, equipo del Museo Paleontológico de San Pedro, junto al Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CONICET-UNNE), de Corrientes, lograron muestrear e identificar granos de polen y esporas fósiles de diferentes plantas y hongos que habitaron los alrededores de un pantano cerca de la ciudad de San Pedro, provincia de Buenos Aires, hace unos 700.000 años.

El descubrimiento, que tiene diferentes facetas de interés científico, comenzó en junio de 2017 con el hallazgo de un grupo de armadillos gigantes o gliptodontes, que fueron extraídos en el predio de la empresa Tosquera San Pedro SA.

Allí se lograron recuperar restos de tres ejemplares adultos y un juvenil en etapa de desarrollo; siendo este último uno de los ejemplares de la especie más completos que se conocen en Argentina.

Los datos arrojados por los fósiles y el análisis del sedimento donde se encontraban, condujeron a los investigadores a  comprender que aquellos pesados animales habían muerto en  un antiguo pantano o humedal que existía en la zona y que actuaba como “trampa natural” cuando los grandes herbívoros se acercaban en busca de agua o comida.

Una vez comprendidas las características del ambiente que habitaron aquellos animales de unos 1.500 kilogramos de peso, se realizó un muestreo del barro consolidado que el ejemplar juvenil (el más completo) tenía entre sus patas. La intención del equipo de investigación era la de efectuar una búsqueda microscópica de elementos que permitieran determinar y corroborar el tipo de ambiente y conocer la flora que había coexistido con aquellos animales prehistóricos.

La extracción de los armadillos y el muestreo de los sedimentos estuvieron a cargo del equipo del Museo de San Pedro, mientras que la búsqueda e identificación de los granos de polen y esporas fue realizada por el laboratorio del CECOAL, en Corrientes, bajo la dirección del Dr. Lionel Pacella y la Lic. Claudia Lovera, integrantes del grupo de Paleoambientes Continentales y Palinología, respectivamente, de dicho centro de investigación.

<<<<Espora de hongo-Alternaria.

Allí se lograron separar e identificar los diminutos granos de polen y esporas fósiles correspondientes a diferentes familias de angiospermas (plantas con flores), esporas de hongos y restos de algas microscópicas que estarían indicando que se trataba de un ambiente de estepa formada por plantas herbáceas, de suelos arenosos, relacionada con cuerpos de agua cercanos.


Redescubren un lobo marino de 6000 años de antigüedad en Buenos Aires.

Sus restos fueron encontrados hace más de 100 años cuando se realizó la construcción del zoológico porteño, pero se perdió el rastro de estos fósiles poco después. Un grupo del Museo Argentino de Ciencias Naturales volvió a descubrir a este ejemplar en 2018 y recientemente publicó su estudio.

El paleontólogo Federico Agnolin del MACN indicó a la Agencia CTyS-UNLaM que “hace unos 6000 años, un mar bastante cálido llamado querandinense invadía gran parte del territorio de la provincia de Buenos Aires y es así que este lobo marino había nadado hasta estos sitios”.

De la investigación también participó la Fundación Azara y el CONICET. “Es interesante cómo fue cambiando el clima, la topografía e incluso la geografía de la Ciudad en el transcurso de los últimos miles de años “, comentó el autor principal del estudio publicado en la revista científica Urbania. El doctor Agnolín agregó que “hoy en día, los restos de este mar los podemos ver en algunas excavaciones que se hacen en edificios del centro, como por ejemplo en Palermo, e incluso en la reserva ecológica de la Costanera Sur, donde en ocasiones el río remueve ese mar antiguo y reflota restos de conchillas y otros elementos”.

El paleontólogo especificó que “Eduardo Holmberg, quien iba a ser el primer director del zoológico, recorría las excavaciones en donde se iban a poner las piletas para cocodrilos y allí vio un huesito que apareció en una capa de arena a un par de metros de profundidad”.

Holmberg percibió que era un hallazgo importante y le envió el material a Florentino Ameghino, quien era el paleontólogo más importante de aquella época y fue clave en la historia en esta área de investigación para Argentina y América.

“En reconocimiento a quien había sido su descubridor, Florentino Ameghino nombró a esta nueva especie como Arctocephalus holmbergi ”, indicó Agnolin. Y agregó: “Pero, poco después, se perdió

El registro de donde estaban este resto fósil y este pequeño lobo marino pasó perdido más de cien años en el MACN, hasta ahora que lo reencontramos y pudimos reestudiarlo”.


Barrosasuchus neuquenianus, un cocodrilo de 70 millones de años en Neuquén.

La especie, denominada Barrosasuchus neuquenianus, fue hallada en Neuquén por el investigador del CONICET Rodolfo Coria.

Un grupo de investigadores argentinos y extranjeros liderados por el paleontólogo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Rodolfo Coria presentaron el esqueleto de Barrosasuchus neuquenianus, un cocodrilo de la familia de los peirosáuridos, que en vida llegó a tener dos metros de longitud y habitó hace 70 millones de años la zona de Sierra Barrosa, a treinta kilómetros de Plaza Huincul, en Neuquén. Si bien este tipo de cocodrilos fósiles se conocen desde hace más de sesenta años, la particularidad de este hallazgo es que, por primera vez, se encontró un esqueleto prácticamente completo -la única pieza que falta es la cola-. El trabajo fue recientemente publicado en la revista Cretaceous Research.

Barrosasuchus es un aluvión de información peirosáurica”, indicó Coria, al reparar que el hallazgo incluyó el cráneo, el postcráneo, las mandíbulas, las patas, las manos, las costillas y las vértebras del cocodrilo peirosáurido. “Está absolutamente todo: lo único que no tenemos es la cola”, señaló el científico. “Encontrar ejemplares tan completos y tan bien preservados es muy extraño, especialmente de cocodrilos”.

El primer peirosaurio fue hallado sesenta años atrás en la localidad de Peirópolis, en el centro de Brasil. Más adelante, los científicos de la época notaron que ese ejemplar representaba a una familia de cocodrilos diferente a otras, y los denominaron peirosáuridos, por ser Peirosaurus el primer género reconocido de la familia. Estos cocodrilos, que habitaron en la era Cretácica, son abundantes y frecuentes en toda América del Sur, especialmente en la Patagonia, pero la mayoría de esos ejemplares se habían registrado de un modo muy fragmentario. “Hasta ahora se habían hallado trozos de mandíbula, de hocicos, cráneos incompletos, sin mandíbula –advirtió el paleontólogo del CONICET-. Si bien es frecuente encontrar restos de estos animales, y a veces los restos han permitido proponer especies nuevas, el hecho de encontrar esqueletos completos como Barrosasuchus es excepcional y totalmente único”.

El puntapié del hallazgo de este cocodrilo sucedió en febrero de 2001, cuando en una expedición conjunta del Museo Carmen Funes de Plaza Huincul, Neuquén y el Museo Royal Tyrrell de Paleontología de Canadá, a la localidad de Sierra Barrosa, ubicada a treinta kilómetros de Plaza Huincul, se colectaron numerosas piezas para estudiar en los años subsiguientes. “Allí encontramos huesos de dinosaurios carnívoros, herbívoros, mamíferos, pero nos llevó muchos años poder clasificar y registrar todo lo hallado en aquellas campañas de principio de este siglo. Por eso recién ahora logramos estudiar el ejemplar completo del cocodrilo y presentamos a Barrosasuchus”, advirtió Coria.

La etimología del nombre Barrosasuchus neuquenianus, el nombre con el que bautizaron este hallazgo, deviene de “Barrosa”, en alusión a la Sierra Barrosa, donde se encontró el espécimen, y “souchos”, del griego, en referencia a la divinidad egipcia con cabeza de cocodrilo y que es de uso normal en nombres científicos para especies de cocodrilos. Por otro lado, el nombre de la especie, “neuquenianus”, se eligió en referencia a la provincia de Neuquén.

Para Coria, “este ejemplar nos permite apreciar las maravillas que tenemos en la naturaleza y la fantástica fortuna que tenemos de que exista el proceso de fosilización, que nos permite atestiguar y observar restos de formas de vida extinguidas hace 70 millones de años en un estado tan bueno de preservación”.

La pieza más celebrada de las halladas fue el postcráneo: “Lo único que se conocía eran cráneos o fragmentos de cráneo. Barrosasuchus nos permite conocer muchísimo de la anatomía del resto de estos animales -las proporciones de las patas, el tipo de anatomía de las manos y de los pies, si las costillas eran rectas o curvas-, es decir, nos abre un ventanal de información que había permanecido cerrado a los científicos por muchos años, al menos sesenta años, desde que se describió el primer peirosáurido en Brasil”.


Restos de un Gliptodonte en San Pedro.

 

Martín Barrionuevo es un vecino de San Pedro que hace un tiempo observó dos fragmentos de un objeto al que rápidamente asoció con los fósiles que periódicamente recupera el Museo Paleontológico.

Los dos trozos poseían dientes planos, largos y curiosos. Enseguida pensó que "aquello" debía acercarse al museo para su identificación y resguardo.

 

El Grupo Conservacionista recibió el material acercado por Barrionuevo y pronto se lograron conocer datos de aquel hallazgo. Una pasada por el taller del museo posibilitó su restauración y acondicionamiento permitiendo unir los fragmentos hasta lograr determinar que se trataba de la rama mandibular izquierda de un gran mamífero acorazado de la especie Glyptodon munizi

 

Aquellos animales, del grupo de los gliptodontes o armadillos gigantes, llegaron a pesar más de 1.200 kilogramos y su cuerpo estaba cubierto por una gruesa "armadura" o coraza que tenía unos 5 centímetros de espesor en los ejemplares adultos. Eran herbívoros y recorrían la llanura en busca de pastos a los que trituraban con sus dientes planos adaptados para machacar vegetales. Las evidencias recabadas en nuestra zona permiten inferir que eran animales gregarios, es decir, que se mantenían en grupos o manadas.

 

La mandíbula fosilizada recuperada por Martín Barrionuevo proviene de la zona de barrio La Tosquera, un sector de nuestro partido donde el grupo del Museo Paleontológico viene observando y recuperando evidencias de la presencia de un antiguo y extenso pantano donde quedaron atrapados numerosos representantes de la fauna que habitó el norte de Buenos Aires hace unos 700.000 años, durante la etapa final de la edad Ensenadense. 

 

La pieza acercada por Barrionuevo, de unos 35 centímetros de longitud y muy completa, contribuye a sumar datos, ejemplares y materiales de estudio para continuar la reconstrucción de aquel momento en la prehistoria de la región.


Bajadasaurus pronuspinax, una nueva especie de dinosaurio saurópodo de Neuquén.

Fue bautizada con el nombre de Bajadasaurus pronuspinax. Investigadores del CONICET fueron responsables del hallazgo.

Los saurópodos son un grupo de dinosaurios herbívoros y cuadrúpedos que vivieron entre el Triásico Tardío y el final del Cretácico Superior  -cuando se produjo la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno- caracterizados por su gran tamaño y el largo de su cuello y cola.

Recientemente, un equipo de paleontólogos del CONICET del Área de Paleontología de la Fundación Félix de Azara (Universidad Maimónides) y del Museo Paleontológico “Ernesto Bachmann” (Villa El Chocón, Neuquén) encontró en el norte patagónico, más precisamente en la formación geológica conocida como Bajada Colorada, una nueve especie de saurópodo a la que nombraron Bajadasaurus pronuspinax, en simultánea alusión a la localidad en la que fue hallado y a las largas espinas inclinadas hacia delante que caracterizan su cuello. Los resultados de su estudio fueron publicados hoy en Scientific Reports.

La nueva especie pertenece a la familia de los dicreosáuridos, distinguida por largas espinas que cubren su cuello y espalda como continuación de sus vértebras, y vivió a comienzos del Cretácico Inferior hace alrededor de 140 millones de años. A este grupo de saurópodos pertenece también Amargasaurus cazaui, especie que habitó el continente sudamericano unos 15 millones de años después que Bajadasaurus y que fue hallada en Neuquén en la década del ´80 por el paleontólogo argentino José Bonaparte.

“La funcionalidad de las largas espinas en los dicreosáuridos es aun motivo de controversias entre los paleontólogos. Con el hallazgo de Bajadasaurus creemos que se puede arrojar claridad sobre algunas cuestiones”, afirma Pablo Gallina, investigador adjunto del CONICET en la Fundación Félix de Azara y primer autor del trabajo.

Algunas de las hipótesis formuladas indican que estas espinas servían de soporte de una especie de vela que regulaba la temperatura corporal de los dinosaurios o que conformaban una cresta de exhibición que les otorgaba mayor atractivo sexual. También se especuló, por ejemplo, que estas especies podrían haber tenido una joroba carnosa entre las espinas que servía para almacenar reservas. Otra presunción es que las espinas estaban cubiertas con fundas de de cuerno que cumplían una función defensiva frente a potenciales ataques.

“Nosotros creemos que las largas y puntiagudas espinas -extremadamente largas y finas- en el cuello y la espalda de Bajadasaurus y Amargasaurus  debían servir para disuadir a posibles predadores. Sin embargo, pensamos que si sólo hubieran sido estructuras de hueso desnudas o forradas únicamente de piel podrían haber sufrido roturas o fracturas fácilmente con un golpe o al ser atacados por otros animales.

Esto nos lleva a sugerir que estas espinas debieron estar protegidas por una funda córnea de queratina similar a lo que sucede en los cuernos de muchos mamíferos”, explica Gallina. El estudio del cráneo, el mejor preservado mundialmente para un dinosaurio dicreosáurido, sugirió a los investigadores que estos animales pasaban gran parte del tiempo alimentándose de plantas del suelo mientras las cuencas de sus ojos, cercanas al techo del cráneo, les permitían controlar lo que sucedía en su entorno.

“La importancia de este estudio radica, entre otras cosas, en que nos permite conocer un poco más sobre los dinosaurios que habitaron la zona de Patagonia Norte mucho antes del reinado que ejercieron durante el Cretácico Superior grupos de dinosaurios como los saurópodos titanosaurios o los terópodos abelisaurios sobre los que sabemos mucho más. Es con este objetivo que desde 2010 venimos explorando la zona de Bajada Colorada donde encontramos rocas de 140 millones de años atrás”, concluye el investigador. Ilustración del paleoartista Jorge A. González. Fuente Conicet.


Una misma especie para dos gliptodontes sudamericanos.

En una reciente revisión, investigadores del CONICET comprobaron que los gliptodontes que habitaron la región del sur de Sudamérica hace más de 10 mil años, durante el Pleistoceno tardío, pertenecían a una misma especie: Glyptodon reticulatus. El trabajo, publicado esta semana en el 'Journal of Vertebrate Paleontology', implica una redefinición de la diversidad de estos grandes mamíferos en el continente, que fue considerada mucho más amplia en relevamientos científicos previos.

El análisis incluyó registros fósiles del género que se encuentran en museos de Bolivia, Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Este minucioso estudio permitió que los paleontólogos verificaran una hipótesis que se barajaba hace varios años, que estimaba que muchos de los ejemplares que habían sido atribuidos a otras especies pertenecen a animales juveniles.

Las conclusiones que fueron presentadas en este artículo demandaron varios años de revisiones sistemáticas y forman parte de un trabajo acerca de los taxones australes de los gliptodontes y su dispersión, que está siendo realizado por el becario doctoral del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL, CONICET-UNNE), Francisco Cuadelli. “Desde 2015 estamos recopilando el material, estandarizando muestras y estableciendo comparaciones que nos permitieron comprobar que el Glyptodon reticulatus era el más abundante en la región y que muchos de los restos fósiles que fueron atribuídos a otras especies, como Glyptodon asper o Glyptodon clavipes, en realidad corresponden a ejemplares juveniles de la entidad dominante”, explica el paleontólogo, que trabajó en conjunto con investigadores de su misma institución en Corrientes, así como también con especialistas de la provincia de Buenos Aires y de Uruguay.

Para conseguir suficiente evidencia acerca del vínculo entre los registros, los investigadores aplicaron índices de similaridad, que reveló que las características de los materiales hallados, por ejemplo, en Córdoba, eran las mismas que los de Buenos Aires y los de Bolivia.

La coexistencia de distintas especies de gliptodontes era un hecho que llamaba la atención de los paleontólologos y esa inquietud fue el estímulo que dio inicio a esta línea de investigación.

 “Desde el punto de vista ecológico, es muy difícil que los animales de gran tamaño -que requieren una enorme cantidad de recursos espaciales y energéticos- evolucionen lo suficiente como para diferenciarse en tantas especies en simultáneo. La confirmación que se obtuvo con este estudio cambia radicalmente el panorama que teníamos respecto a la diversidad y estamos en condiciones de afirmar que en los últimos 70 mil años, hubo una sola especie de Glyptodon (Glyptodon reticulatus) en el sur del continente”, señala el investigador independiente del CONICET en el CECOAL, Alfredo Zurita, quien estudia este grupo de mamíferos hace más de 15 años y es otro de los autores del trabajo.

Respecto a las causas que llevaron a que se adjudiquen ejemplares de Glyptodon reticulatus a otras especies, Zurita explica que tienen que ver con que es muy frecuente la aparición de registros de ejemplares juveniles. “Ahora sabemos que estos gliptodontes más jóvenes tienen características diferentes a las de los adultos, pero que pertenecen a la misma especie”, señala.

Otra de las razones tiene que ver con las corazas, que son los restos fósiles más abundantes de estos animales. El patrón de ornamentación de las placas presenta muchos cambios en los distintos sectores de un mismo ejemplar, lo que llevó a que en el pasado se vinculen estas variaciones con distintas especies.

“Todo lo que se ha asignado al Glyptodon clavipes tiene que ver con corazas, pero ha quedado demostrado que no es evidencia suficiente”, señala Cuadrelli.

Al mismo tiempo, aclara que esta revisión no da de baja a esa especie, sino que demuestra cómo muchos de los ejemplares que se le atribuyeron son, en realidad, juveniles de Glyptodon reticulatus.

Estos cambios en las clasificaciones en la diversidad de animales prehistóricos son frecuentes en el campo de la paleontología en los últimos años y también hubo casos similares en dinosaurios. Uno de ellos fue el del Nanotyrannus lancensis, que se diferenciaba del Tyrannosaurus rex por ser de un tamaño más pequeño y presentar un número diferente de dientes, pero que actualmente es reconocido como parte de la misma especie.

Los gliptodontes fueron uno de los animales cuaternarios más emblemáticos de Sudamérica y pertenecen a los xenartros, un grupo de mamíferos endémicos de Sudamérica. Sin embargo, durante la formación del istmo de Panamá, lograron llegar hasta América del Norte.

Su extinción ocurrió hace unos 9 mil años, en el límite entre el Pleistoceno y el Holoceno, cuando desapareció toda la megafauna compuesta por mastodontes, perezosos y toxodontes. El estrés ecológico que sufrían las poblaciones por la alternancia de ciclos glaciales e interglaciales, sumada a la presión que ejerció la llegada de los humanos y sus hábitos de cacería, habrían sido los factores que contribuyeron a su desaparición.

En la fauna que habita el planeta en la actualidad, no existen animales similares a los gliptodones, que podían llegar a pesar más de una tonelada. “Tienen características que no se ven en ningún otro mamífero, como la coraza que los cubría, que no estaba articulada y era completamente inamovible. Su biología era extraña y eso los vuelve fascinantes para la paleontología. Todavía nos queda mucho por descubrir acerca de estos animales”, asegura Cuadrelli.

Otra de las conclusiones a la que llegaron los paleontólogos en este reciente trabajo es que no sólo la diversidad del género es muy baja, sino que también su evolución morfológica fue muy lenta. “Si comparamos los registros de Glyptodon reticulatus con los de Glyptodon munizi, que vivieron en un período previo, vemos que tienen muchas similitudes, pese a que tienen casi un millón de años de diferencia”, señala Zurita. (Fuente: CONICET/DICYT).


Encuentran fósiles de una gigantesca ballena depresora del 15 millones de años en Rió Negro.

Tenía dientes de hasta 36 centímetros de largo, los más grandes que se conozcan para un vertebrado, y se alimentaba de ballenas. En aquella época, este “Movy-Dick” competía contra otro monstruo depredador de los mares: el megalodon, ese tiburón gigante que superaba los 18 metros de largo y en el que está inspirada la famosa película de Spielberg.

El investigador Federico Agnolin del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) y del CONICET comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “hace unos 15 millones de años, en la provincia de Río Negro, el Océano Atlántico había invadido parte de los que hoy es la estepa patagónica; este mar poco profundo era de un aspecto tropical, había corales, peces coloridos, ballenas y eran frecuentados por focas, lobos marinos y delfines”.

“En estos mares, así como había toda esta fauna, también había grandes predadores y uno que ya conocíamos era el megalodon, ese gran tiburón sobre el cual se basó la película de Spielberg”, relató Agnolin. Y agregó: “Pero, recientemente, acabamos de publicar el estudio sobre el hallazgo de dientes de un enorme cachalote que vivió en estos mares”.

<<< Diente de un cachalote fósil de Rió Negro. Imagen de archivo.

El paleontólogo del MACN explicó que “si bien en la famosa novela clásica Movy-Dick se cuenta la historia de un cachalote que ataca embarcaciones, estos cetáceos de gran tamaño actualmente se alimentan de calamares y otros animales de cuerpo blando”.

“En cambio, los dientes que encontramos en la provincia de Río Negro en el yacimiento Base del Gualicho nos indican que estas bestias eran grandes predadores que se alimentarían de ballenas y otros vertebrados que podrían atrapar con estos dientes que alcanzaban hasta 36 centímetros de largo y son los dientes más largos que se conocen para un vertebrado”.

Estas bestias semejantes a Moby-Dick son conocidas con el nombre científico de Levyatan, en alusión al monstruo marino descrito en la Biblia y que se toma como representación del demonio. “Este género fue encontrado primero en Perú, después en Chile, y esta es la primera vez que se lo encuentra en Argentina”, precisó el doctor Agnolin.

Actualmente, en dicho yacimiento, se puede ver una salina que está unos 70 metros bajo el nivel del mar (ver video). “Es un lugar increíble visualmente y lo más importante para nosotros es que se encuentran fósiles de todo tipo de vertebrados marinos y muchísima más información sobre cómo era la fauna de los mares tropicales que cubrieron Patagonia hasta hace unos 11 millones de años”, afirmó David Piazza, otro de los autores de este estudio publicado en la Revista Brasileira de Paleontologia.

Este hallazgo en Río Negro representa el primer descubrimiento del Levyatan en el Océano Atlántico e indica que estas bestias marinas estaban más extendidas de lo que se pensaba. “Los motivos de la extinción de estas ballenas depredadoras todavía son desconocidos, pero es probable es estén relacionados con la competencia por los alimentos y esta hipótesis debe ser evaluada a través de hallazgos de nuevos especímenes, así como un análisis detallado del registro fósil”, aseveró Piazza.

Asimismo, aún no se ha podido determinar el tamaño del animal. “Se calcula que podría haber medido entre 13 y 17 metros de largo, o incluso más, lo cual lo convertía en un rival importante para cualquier otro animal; incluso, podría haber sido hasta más grande que el megalodon y debió ser un importante rival para ese tiburón”, consideró el paleontólogo Agnolin.

Su cráneo medía más de 3 metros de longitud y sus mandíbulas estaban acompañadas por unos 40 dientes de más de 30 centímetros de largo. Actualmente, los dientes del Levyatan encontrados en Río Negro se encuentran en el Museo Municipal de Lamarque y el Museo de la Asociación Paleonológica de Bariloche.


Recuperan fósiles del ciervo Morenelaphus más completo de Argentina.

Se rescató alrededor del 70 por ciento de este animal, incluidas piezas dentarias, parte de sus extremidades y la columna vertebral articulada. Este fósil pertenece a la Edad Lujanense, que se extendió desde los 126 mil a los 8500 años antes del presente. Se realizarán dataciones en laboratorio para precisar su antigüedad.

El investigador Germán Gasparini del Museo de La Plata y del CONICET comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “el espécimen tiene un excelente estado de preservación y será identificado a partir de sus dientes conjuntamente con otros elementos craneanos y postcraneanos, lo cual es un rasgo novedoso ya que los ciervos fósiles históricamente se identifican por sus astas”.

El director del Museo Paleontológico de San Pedro José Luis Aguilar fue quien realizó el hallazgo de este ciervo fósil hace pocas semanas, cuando realizaba un relevamiento en el yacimiento de Campo Spósito, ubicado al Este del partido de San Pedro, donde hay un sistema de arroyos y riachos. Allí, ya se han encontrado 24 especies de mamíferos y reptiles de distintos tamaños en los últimos 17 años.

<<<Aspecto que presentaba en vida Morenelaphus. Recreado por el paleoartista Jorge Blanco en el libro Bestiario Fósil.

Los fósiles fueron trasladados al Museo de San Pedro, donde fueron preparados para su estudio y, posteriormente, serán expuestos al público.  El director Aguilar valoró que “cada uno de estos descubrimientos ayuda a reconstruir cómo era la zona norte de la provincia de Buenos Aires en diferentes momentos de la prehistoria”.      

En tanto, el paleontólogo Gasparini destacó que “este tipo de hallazgo nos brinda la posibilidad de realizar una investigación con un enfoque integral, tanto sistemática como anatómica, estratigráfica, paleobiogeográfica y paleoecológica junto al doctor Nicolás Chimento del Museo Argentino de Ciencias Naturales y al personal del Museo Paleontológico de San Pedro. A su vez, se contará con la colaboración de investigadores de Brasil, de España y de los Estados Unidos”.

Según expresó el especialista, los ciervos pertenecientes al género Morenelaphus podían alcanzar un peso estimativo comparable a la especie viviente del ciervo colorado -el cual puede alcanzar hasta los 200 kilos-. “Era un animal herbívoro de mediano a gran porte, que se extinguió junto a todos los megamamíferos y a una gran cantidad de grandes mamíferos hace unos 8000 años, al no poder sobreponerse a las alteraciones en los tipos de vegetación como consecuencia de los sucesivos cambios climáticos y a la llegada del ser humano”.

Por su parte, el doctor Nicolás Chimento del MACN aseveró que se están realizando “las primeras comparaciones morfológicas y morfométricas con géneros extintos y actuales, habiendo observado diferencias bastante claras que permitirán inferir detalles de su dieta, tamaño y ciertos aspectos de clasificación taxonómica; es muy valioso poder realizar los estudios paleontológicos con un ejemplar tan completo”.

El equipo del Museo de San Pedro que realizó las tareas de rescate en Campo Spósito estuvo compuesto por Matías Swistun, Julio Simonini, Gabriel Tettamanti y el propio Aguilar. De su cráneo, se pudo rescatar parte de su maxilar con algunas piezas dentarias y ambas ramas mandibulares con su dentición prácticamente completa.

<<< Ilustrativo; Esqueleto en el Museo Provincial de Ciencias Naturales de Córdoba.

 “Por las dimensiones del ejemplar, consideramos que se trata de un animal juvenil, es decir, que aun no había completado su desarrollo al momento de morir”, indicó Aguilar.        


Descubren un lobo marino de 6 mil años.

El Museo de Ciencias Naturales de la ciudad de Miramar, dio a conocer el hallazgo de fósiles atribuidos a un lobo marino, cuyos restos estaban articulados junto a un conjunto faunístico de la época.

Tras una prospección paleontológica llevada a cabo por el museo municipal de la ciudad balnearia bonaerense, el personal de la institución encontró y recupero restos parciales  articulados de un lobo marino que vivió en esta zona durante el Holoceno, hace seis mil años antes  del presente, cuando el mar estaba muy por arriba de su nivel actual y la costa se encontraba  dentro de la que hoy es la ciudad.

Daniel Boh, titular de la institución, indico que; “se trata de restos de un lobo marino del genero Arctocephalus, aunque aún no pudimos determinar si está relacionado con la especie actual, el lobo marino de dos pelos o bien a una especie localmente extinta”.

Estos sedimentos pertenecen a un fondo marino, cuyo mar ingreso por ejemplo hasta la ciudad de Rosario en Santa Fe y  Diamante en Entre Ríos. Por lo cual, gran parte de la provincia de Buenos Aires estaba debajo del mar, en algunas zonas, ingreso a unos 120 kilómetros de su ubicación actual. Las aguas continuaron su ascenso hasta que en un periodo datado entre los años 6500 y 6000 atrás lograron llegar a su nivel máximo de  6,5 metros sobre el nivel actual, lo que genero la modificación del paisaje.

<<<conjunto de restos óseos recuperados.

Los investigadores locales  recuperaron distintas muestras de todo un ambiente de un fondo marino profundo semejante a la  plataforma marina continental en la actualidad. Entre ellos dientes aislados de otros lobos marinos, una infinidad de muestras de moluscos (considerados fósiles guías para comprender los cambios ambientales  y climáticos para la costa bonaerense durante los últimos 10 mil años), como así también restos de dos especies de cangrejos y varias vertebras de peces aún sin determinar su género, debido a la escasez de los mismos en el registro fósil. Años anteriores también se recuperaron restos de grandes ballenas.

“El hallazgo fue realizado al norte de la ciudad de Miramar en un balneario muy conocido, momento posterior a un temporal, que retiro arena de la costa y dejo al descubierto unos sedimentos con gran contenido fosilífero”, argumento Mariano Magnussen integrante del museo local. Además destaco que; “es la primera vez que encontramos restos fósiles articulados de esta especie, ya que en otras oportunidades habíamos recuperado restos aislados de mandíbulas, vértebras, huesos largos etc., argumento.

El material  fue recuperado ante la presencia de numerosas familias que se encontraban en las inmediaciones del sitio paleontológico disfrutando un intenso día de calor y playa. Esto sirvió además para explicarle a los niños y padres curiosos sobre cómo fue esta región en  los últimos 4 millones de años y los gigantes que la habitaron.

<<<Aspecto de Arctocephalus.

Los fósiles están depositados en las colecciones paleontológicas del Museo de Miramar, ubicado dentro del bosque del Vivero Florentino Ameghino, un gran espacio verde de médanos forestados. Allí, en unas instalaciones modestas funciona la institución local, donde exhibe fósiles de animales gigantes recuperados en esta localidad, además de una muestra llamada “La Era de Hielo en Miramar”, única en su estilo, que compara a los animales que vivieron en la región pampeana Argentina con aquellos de la gran pantalla. Restos de ballenas y otros organismos marinos y continentales, arqueología regional e historia local.


Reconstrucción en 3D del cráneo y cerebro de cocodrilos del Mesozoico.

Si bien es motivo de interés científico desde hace casi un siglo, en las últimas décadas la formación geológica Vaca Muerta, situada en la Cuenca Neuquina (Argentina), ha cobrado un singular interés por el enorme potencial económico que significa su característica roca madre generadora de hidrocarburos. Pero además de ser una fuente inconmensurable de gas y petróleo, resguarda información muy valiosa sobre las especies que habitaron la Patagonia hace millones de años atrás.

Uno de los aspectos que la vuelve única es la conservación de un tipo de restos fósiles que se conoce como “moldes naturales”, estructuras que mantienen la forma de los órganos reales de los animales porque, en lugar de degradarse, se fueron rellenando con sedimentos durante muchísimo tiempo. Precisamente, con los huesos de la cabeza y los moldes del cerebro y otros tejidos asociados de dos cocodrilos de hace 160 millones de años, investigadores del CONICET (Argentina) pudieron reconstruir en tres dimensiones sus neurocráneos –esto es la caja craneana ósea que recubre las estructuras blandas como cerebro, nervios, vasos sanguíneos y oído–. Las conclusiones obtenidas fueron publicadas recientemente en la revista PeerJ.

“Cuando un animal muere, el tejido blando decae y se pudre. Por algún motivo las membranas conectivas que lo rodean y le dan soporte –las meninges, por ejemplo– se preservan un tiempo más. En estos casos, el sedimento se fue alojando en su interior y, cuando ese estuche desapareció, quedó expuesto lo que sería una réplica del órgano original.

Esos son los moldes naturales, que en Vaca Muerta se encuentran en gran cantidad. Realmente nos dan una fuente excepcional de información paleobiológica, es decir sobre la biología de los animales extintos”, describe Marta Fernández, investigadora principal del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y parte del equipo de trabajo.

“Nosotros trabajamos en un grupo de cocodrilos acuáticos predominantemente marinos que vivió en el Mesozoico, denominado Thalattosuchia, y formado por dos grandes familias: los metriorrínquidos y los teleosáuridos”, explica Yanina Herrera, investigadora adjunta del CONICET en la FCNyM y primera autora del artículo, y amplía: “Si bien eran grupos hermanos, externamente se diferenciaban bastante porque los primeros se desenvolvían en ambientes marinos abiertos, con lo que sus características estaban adaptadas a esos espacios. Por ejemplo, sus miembros anteriores se encuentran modificados en aletas natatorias y tenían la cola como la de un pez. Los otros, relacionados con ambientes costeros, eran más similares a algunos de los cocodrilos que conocemos en la actualidad”.

Tomando como base un cráneo de metriorrínquido que forma parte de la colección del Museo de La Plata (UNLP) y uno de teleosáurido aportado por colegas alemanes, más los moldes naturales de cerebros y del sistema vascular cefálico –la principal vía de suministro de sangre de ese órgano– extraídos de Vaca Muerta en los años ’70 por expertos platenses, los investigadores se abocaron a analizar si esas diferencias morfológicas externas que se conocían tenían su correlato a nivel interno, específicamente en el neurocráneo y sus estructuras blandas.

Para ello, Herrera viajó a Alemania a fin de especializarse en el uso de tomografías computadas con el objetivo de obtener modelos tridimensionales. “Lo que se hizo fue reconstruir digitalmente ambas cosas, huesos y estructuras blandas por separado y luego, con esas fuentes de información, las cotejamos y vimos que eran compatibles. Utilizamos un microtomógrafo alemán y recreamos el encéfalo, los nervios, los vasos sanguíneos y los órganos de los sentidos”, resalta.

El trabajo permitió establecer algunas características que eran comunes a las dos familias, pese a que se las creía únicas de los metriorrínquidos: “Tenían las arterias carótidas agrandadas y un seno venoso, una suerte de colchón de sangre, en la parte dorsal del cerebro conectado a través de dos grandes vasos sanguíneos, en lo que se configuraba como un sistema muy útil para hacer circular la sangre y regular la temperatura del cerebro y sus órganos asociados en ambientes totalmente marinos. Con este estudio pudimos ver que esas características también estaban presentes en los teleosáuridos, por lo que entendemos que no están relacionadas exclusivamente con la adaptación de los metriorrínquidos al medio en el que se desenvolvían, sino que venían desde la base misma del grupo, de sus ancestros”, subraya Herrera.

Otra particularidad tiene que ver con una reducción en el sistema de senos de aire que rodea al oído, muy desarrollado en el linaje de los cocodrilos. “Si bien ambas familias lo tienen reducido, en los metriorrínquidos es todavía más evidente. De esto se desprende que habrían sufrido una reestructuración mayor en esta región, única en este grupo, lo que incluso pudo haber tenido implicancias en la disminución de la percepción de sonidos de baja frecuencia”, puntualiza Herrera.

Al finalizar, Fernández destaca, por un lado, las posibilidades que supone la formación Vaca Muerta para las investigaciones en paleontología, y por otro la buena recopilación de materiales que se hizo allí desde el Museo de La Plata: “El cráneo que forma parte de nuestra colección fue colectado en 1972 por el investigador Rosendo Pascual y se encuentra perfectamente conservado. Mide cerca de 50 centímetros y está completo, con el hocico y los dientes. Y tenemos también una gran cantidad de moldes naturales hallados en la misma época, por lo que podemos decir que contamos con un potencial fantástico para continuar formando discípulos y contrastando hipótesis sobre estos animales”. (Fuente: CONICET / DICYT)


 

 

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