Hallan fósiles de un Tiburón blanco en Miramar. Mimetaster florestaensis, un nuevo marrellomorfo fue descubierto en Salta. Hallan fósil de oftalmosaurio, un reptil marino que vivió en Zapala, Neuquén. Hallan fósiles en Miramar de Carcharodon carcharias, un Tiburón blanco. PaleoArgentina. Hallazgo de científicos argentinos podrían responder dudas sobre la extinción de los dinosaurios Paleontologia del Mundo.Tralkasaurus cuyi, un nuevo  dinosaurio carnívoro de Cretácico de Patagonia.  José Bonaparte, el adiós a uno de los paleontólogos que más dinosaurios descubrió en la historia.Descubren restos de una playa marina en el Holoceno de San Pedro. Xiphactinus, un gigantesco pez encontrado en el Cretácico de Patagonia. El Museo de Ciencias Naturales de Miramar desarrolla actividades virtuales. Hallan en la Antártida la piel petrificada de un pingüino que vivió en el Eoceno. Recrean nuevos aspectos de antiguos reptiles del Triasico. Hallan nidos fósiles de abejas del Cretácico en Chubut. El fósil de bambú más antiguo de la Patagonia resulta ser una conífera.Hallan en Lobería, los restos de un enorme perezoso gigante llamado Mylodon darwinii. Prochelidaella buitreraensis, una nueva especie de tortuga de cuello largo de hace 100 millones de años. Desde dinosaurios hasta polen fosilizado en el Calafate. Brachyplatystoma elbakyani, una nueva especie de  bagre gigante que vivió en el Pleistoceno de Argentina. Chlamyphractus dimartinoi, una nueva especie de pichiciego fósil, del Mioceno de Chasico. Descubren fósiles de rana Calyptocephalellidae en el Eoceno de la Antártida. Megatherium vs Lestodon. Un nuevo conflicto entre gigantes cuaternarios. Encuentran huellas de un antecesor del Tero en el Cretácico de General Roca.  Estudian el hallazgo de fósiles de Piramiodonterio en San Pedro. Dinosaurios y coronavirus, como agua y aceite. Nuevos restos de un megarraptor en el Cretácico de Chubut. Mapean en la Antártida la huella del meteorito que acabó con los dinosaurios.Overoraptor chimentoi. Un pequeño dinosaurio hallado en Patagonia. Hallan fósiles de un puercoespín en el Pleistoceno de Santa Fe.  Una madriguera de un gran armadillo extinto de 200 mil años fue hallada en Miramar. 2020.
 
   

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Una madriguera de un gran armadillo extinto de 200 mil años

fue hallada en Miramar.

Personal del Museo de Ciencias Naturales de Miramar hallo evidencia paleontológica y geológica de que un gran armadillo extinto realizo una cueva como refugio.

Los armadillos son mamíferos de actividad fosorial, es decir, que está adaptado a la excavación y vida subterránea. En la zona del vivero de Miramar, próximo a los fogones de la costa, hemos encontrado en marzo, una crotovina. Esta estructura que representa una antigua madriguera llena de sedimentos (arenas, arcillas, etc.) que se han depositado a lo largo de los siglos a través de la lluvia y se han acumulado debido a la porosidad del terreno. 

En esta caso, se trata una crotovina excavada hace unos 200 mil años antes del presente, durante el Pleistoceno superior, y por el tamaño y las características, suponemos que se trata de un armadillo extinto de gran tamaño, como el extinto Eutatus, del cual, hemos encontrado en numerosos restos fósiles en esa misma zona.

<<< Corte longitudinal y remarcada del túnel de una crotovina de un armadillo extinto.

Próximamente haremos nuevas observaciones, ya que, en algunos casos, la erosión provoca un desgaste del material de relleno, y se pueden observar las garras marcadas (icnitas) en paredes y techo de esta galería excavada por este gran armadillo, lo que nos confirma  mejor si se trata de esta especie u otra similar, por la anatomía que presentaría las patas.

En la zona de Miramar, también hemos hallado crotovinas y paleocuevas realizadas por perezosos gigantes extintos, cuyo diámetro llega a 1,90.

En la imagen, en la parte de abajo, se observa el personal del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, señalando la estructura en el sedimento. Arriba, la misma imagen, en donde se remarcaron los bordes para que el público logre diferenciar lo que vieron los investigadores, con la recreación del Eutatus.

En algunos casos (por ahora no es este) encontramos restos de esqueletos de animales que murieron dentro de las cuevas, o que fueron ingresados a la misma por animales carnívoros o por cuestiones ambientales, que más adelante les mostraremos.


Hallan fósiles de un puercoespín en el Pleistoceno de Santa Fe.

Investigadores encontraron restos de una mandíbula con molares de un puercoespín que habitó América del Sur durante era de la megafuana (que recibe el nombre de Cuaternario).

Pariente de los puercoespines actuales (como el Coendú que aparece en la foto de fondo), esa mandíbula es el primer registro fósil para Argentina y Santa Fe. Su presencia nos demuestra la existencia de ambientes más vegetados, con árboles y arbustos, en lo que hoy conocemos como llanura pampeana para Santa Fe.

Esta investigación fue realizada por los paleontólogos Raúl Vezzosi (Argentina) y L. Kerber (Brasil) y ellos discuten la posibilidad de que en el pasado, hace 100-125 mil años atrás aproximadamente, estos animalitos se hayan dispersado como consecuencia de una expansión de la vegetación que existía en su momento y que estaba relacionada con los bosques tropicales estacionalmente secos, similares a los que aún persisten a la deforestación y tala indiscriminada en el Chaco argentino.

<<<Aspecto del puercoespín del Pleistoceno de Santa Fe.

Este ejemplar forma parte del patrimonio de la provincia de Santa Fe (Ley 25.743) y forma parte de la colección del Museo Provincial de Ciencias Naturales "Florentino Ameghino" con el número PV 1706.

Imágenes; Fragmento de mandíbula y de fondo un Coendú actual.  Lugar del hallazgo (barrancas del Carcarañá) y diferentes vistas de la mandíbula perservada con tres dientes molares (muelas m1, m2, m3). En el mapa las letras y los sombreados demuestran las especies actuales de puercoespínes que aún habitan sobreviven) en América del Sur.

Los números indican la misma especie fósil, que se ha encontrado en Santa Fe y en otros países. A su vez, se aprecia una última imagen donde se muestra la comparación con otras series dentarias (muelas) de la misma especie que se han encontrado como fósiles únicamente en otros países de América del Sur. Fuente; Facebook Museo Ameghino. https://www.museoameghino.gob.ar/


Overoraptor chimentoi. Un pequeño dinosaurio hallado en Patagonia

 arroja nuevas interpretaciones sobre el origen de las aves.

Como se ve en la ilustración, se estima que el Overoraptor chimentoi portaba plumas en sus largos brazos tal cual como lo hacen las aves hoy en día y sus pies estaban armados con una garra afilada para capturar a sus presas como en otros dinosaurios raptores. Si bien se cree que sus brazos se plegaban automáticamente como las de un ala; no se habría tratado de un animal volador, sino de un corredor.

En el camino por intentar comprender cómo fue el mundo de los dinosaurios que se extinguieron hace más de 65 millones de años, los paleontólogos también tienen sus debates internos. Uno de ellos es sobre la relación de parentesco que pudo haber existido entre distintos grupos de raptores (que dejaron fósiles de unas 5 familias distintas) y las aves (grupo que sobrevivió y hoy se encuentra distribuido alrededor del globo). Ahora, un nuevo dinosaurio identificado en la Patagonia Argentina arroja más datos para comprender la radiación adaptativa de los paravianos en Sudamérica.

Se trata del Overoraptor chimentoi, hallado en rocas del Cretácico Superior (unos 90 millones de años de antigüedad), en la provincia argentina de Río Negro, en el marco de una expedición liderada por el paleontólogo argentino y explorador de National Geographic Matías Motta, en febrero de 2018. El investigador también forma parte del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados (LACEV) del Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" (MACN - CONICET).

“Los primeros restos de este dinosaurio habían sido encontrados en 2013 en una breve expedición que realizaron el Dr. Fernando Novas y el Técnico Marcelo Isasi (MACN - CONICET) junto con otros colegas a esta localidad que está al noroeste de la provincia, al sur del embalse Ezequiel Ramos Mexía. Ellos pudieron rescatar unas garras y huesos de la mano de este dinosaurio”, relata el explorador.

Luego, los descubrimientos en la expedición liderada por Motta cinco años más tarde, que recibieron el apoyo de National Geographic Society, permitieron identificar otras partes del esqueleto incluyendo vértebras, elementos de las cinturas escapular y pélvica, huesos del ala y de las patas. Con estas nuevas piezas, los investigadores pudieron revelar rasgos anatómicos únicos en comparación con otros raptores.

El Overoraptor chimentoi recibe su nombre del término “overo” (por la particularidad de sus huesos, que fueron conservados en un patrón de color blanco y negro) y “chimentoi” en honor al Dr. Nicolás Chimento, quién fuese el descubridor de los primeros fósiles de esta especie.

Por el estudio anatómico, Motta puede indicar que se trataba de un animal pequeño (de 1,5 metros de largo, aproximadamente) con brazos y patas largas. “Presenta miembros súper alargados y gráciles, son muy frágiles los huesos de este dinosaurio. Y muestra características, en su miembro posterior, muy similares a las de animales corredores”, aclara el explorador, quien agrega que se trataría de uno muy veloz. Además, como sus parientes los unenlágidos, sus patas aportaban una gran garra curvada y filosa en el segundo dedo.

Sin embargo, estudiando la anatomía del brazo, el equipo de investigadores distinguió que sus huesos tenían características muy similares a las de las aves que no tienen otros dinosaurios raptores. “Este es un raptor, pero está muy emparentado con las aves”, afirma Motta.

Aunque el explorador estima que no haya sido un volador, reconoce que “es muy probable que sus brazos hayan sido capaces de realizar movimientos complejos y, como ocurre en las aves actuales, se hayan plegado automáticamente a los lados del cuerpo”.

Según la propuesta de los autores del trabajo, que se publicó en la revista científica The Science of Nature, esta capacidad de realizar el “plegado automático del ala” en un animal corredor indica que en primera instancia habría tenido otra función, como la de equilibrio durante la carrera, tal como lo hacen aves corredoras como el ñandú. Y se estima, que los brazos del Overoraptor chimentoi fueron capaces de moverse de manera acompasada para conseguir un mayor balance y precisión.

Otros de los puntos del interés de este descubrimiento, radica en que los investigadores del equipo que trabaja con Motta han encontrado a este Overoraptor emparentado de manera cercana al Rahonavis, un raptor del Cretácico ubicado en Madagascar.

Ambos dinosaurios tienen en común un pie de tipo raptor y brazos similares a las alas de las aves, representando un avance evolutivo que no estaba presente ni en los unenlágidos ni en los velocirraptores del hemisferio norte. Este resultado abre la posibilidad a la existencia de un nuevo grupo de dinosaurios paravianos (carnívoros) distribuidos en África y Sudamérica y que eran desconocidos hasta la fecha.

El descubrimiento del Overoraptor ayuda a los investigadores a conocer mejor la serie de cambios anatómicos que ocurrieron en el linaje de dinosaurios que condujo a las aves, mostrando que muchos rasgos que se creían presentes únicamente en aves voladoras ya habían evolucionado en dinosaurios corredores como el mencionado.

Los materiales fueron hallados en campos pertenecientes a la familia Violante y a la empresa SIMA Ingeniería. Los trabajos llevados a cabo contaron con la aprobación de la Secretaría de Cultura de Río Negro, y los fósiles descubiertos son patrimonio del Museo Provincial Carlos Ameghino de Cipolletti. Una pequeña garra del Overoraptor chimentoi comparada con una moneda. Fuente; nationalgeographicla.com. Fotografía Matías Motta. Ilustración Gabriel Lio.


Mapean en la Antártida la huella del meteorito que acabó con los dinosaurios.

Un equipo de científicos españoles y argentinos ha cartografiado en una isla de la Antártida la sección más extensa del planeta del límite K-Pg, una fina capa geológica que marca el transcurso desde el cretácico al paleógeno, hace 66 millones, cuando se cree que un meteorito impactó contra la Tierra provocando la extinción del 75 % de los géneros biológicos existentes, entre ellos los dinosaurios. 

Este hallazgo ha tenido lugar en la isla Marambio, un enclave excepcional del planeta por su riqueza geológica y paleontológica que contiene un extraordinario registro fósil, muy estudiado por científicos de todo el mundo

Este trabajo se traduce en la edición conjunta por parte del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y del Instituto Antártico Argentino (IAA), de la nueva “Serie Cartográfica Geocientífica Antártica” del IGME, de los Mapas Geológico y Geomorfológico a escala detallada (1:20.000) de la isla Marambio (Seymour, en la notación anglosajona). Los mapas, que se acompañan de una extensa y detallada memoria, son el producto de más de una década de fructífera colaboración entre los investigadores del IGME y el IAA.

"Esta cartografía geológica ayuda a comprender los grandes cambios climáticos y paleoecológicos que tuvieron lugar en la Tierra antes y después del límite.

El profundo trabajo de investigación que ha supuesto la realización del mapa representa una completa base de datos que será usada por futuros grupos de investigadores como paleontólogos, geoquímicos o paleoclimatólogos, entre otros", explica Manuel Montes, investigador del IGME.

La isla Marambio se encuentra en las proximidades del extremo nororiental de la Península Antártica y es uno de los lugares más interesantes y visitados de la Antártida desde el punto de vista científico. Mucho de este interés radica en que en ella se encuentra el estrato geológico más extenso y austral del planeta que alberga los restos del meteorito causante de la extinción de los dinosaurios. Esta capa corresponde al denominado límite K-Pg (entre las épocas geológicas Cretácico y Paleógeno) de una edad de 66 millones de años. El nivel contiene el registro de un cambio fundamental en la historia evolutiva de la vida en la tierra, pues significó la extinción de la mayoría de los grupos faunísticos dominantes hasta entonces en la Era Mesozoica, como los dinosaurios y los reptiles marinos (plesiosaurios), y la expansión de otros, como los mamíferos, a lo largo de la Era Cenozoica en la que nos encontramos.

Cuando el meteorito, de unos 10 km de diámetro, impactó contra la Tierra, al parecer en las costas de lo que hoy es la península del Yucatán en México, sus cenizas se esparcieron por todo el mundo y llovieron durante décadas sobre toda la superficie de la Tierra. Estas cenizas estaban enriquecidas en elementos raros como el Iridio, que aparecen en proporciones ínfimas en la superficie de la tierra pero que son más abundantes en los meteoritos. La anomalía geoquímica, junto con las extinciones de grandes grupos de fósiles (plesiosaurios, ammonites, etc.), se encuentran registradas dentro de un estrato verdoso, rico en un mineral llamado glauconita, de unos 5 m de espesor que, a lo largo de 7 km, atraviesa la isla de Marambio. Esta capa verdosa se ha cartografiado con detalle por primera vez en los mapas recientemente publicados.

El estudio de esta capa puede ofrecer la clave para entender los actuales cambios climáticos y su relación sobre la evolución de los seres vivos.

“De hecho en Marambio el límite K-Pg tiene asociado un horizonte de mortalidad de peces que no aparece en otras secciones de este tipo en el mundo”, apunta Manuel Montes. Tal es la importancia de estos afloramientos, que se está considerando declararlo como “Geosite” (lugar geológico de relevancia internacional) de la Antártida siguiendo las pautas metodológicas “Global Geosites” en la que participan una comisión internacional en la que también colaboran investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid y del IGME.

<<<Imagen de archivo.

Tanto los mapas como la información contenida en la memoria, ya están siendo la base de trabajo para la adecuada gestión y conservación de este importante patrimonio geológico mundial. Este corto periodo de cambios planetarios drásticos, ha sido muy estudiado en todo el mundo. Zumaya en la costa del País Vasco y Caravaca en Murcia, albergan en España sendas secciones de referencia mundiales del límite K-Pg. Fuente; El Imperial.es


Nuevos restos de un megarraptor en el Cretácico de Chubut.

Investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales encontraron un dinosaurio carnívoro de gran tamaño y de unos 70 millones de años de antigüedad al suroeste de la provincia de Santa Cruz. Se recuperaron vértebras, costillas y parte de lo que sería el pecho y la cintura escapular de este ejemplar.

Durante 15 días se efectuaron tareas de rescate para la extracción de este megarraptor. Seguramente, a partir de estos fósiles, los investigadores podrán presentar en sociedad una nueva especie de gran tamaño dentro de este grupo de dinosaurios carnívoros con características letales para atacar a sus presas.

El paleontólogo Mauro Aranciaga Rolando indicó a la Agencia CTyS-UNLaM: “Hemos encontrado un ejemplar muy grande de un nuevo megarraptórido, los cuales eran dinosaurios carnívoros formidables, porque tenían un conjunto de adaptaciones para la caza que era realmente espectacular”.

“A diferencia del Tyrannosaurus rex, los megarraptores eran animales más esbeltos, más preparados para la carrera, con colas largas que les permitían mantener el equilibrio, a la vez que tenían patas musculosas, pero alargadas para poder dar pasos largos”, contó Aranciaga Rolando, becario del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN).

Los megarraptores tenían varias características que permiten describirlos como letales. Según relató Aranciaga, “las armas principales de los megarraptores estaban en sus brazos, porque eran extremadamente alargados y musculosos, al tiempo que tenían garras a modo de guadaña en sus dedos pulgares, las cuales tenían un borde afilado y alcanzaban los 40 centímetros de largo, por lo que es probable que este animal haya conferido profundos zarpazos contra sus presas”.

El doctor Fernando Novas, jefe del Laboratorio de Anatomía Comparada del MACN e investigador del CONICET, comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “este nuevo hallazgo nos va a permitir conocer cómo fueron estos dinosaurios en este rincón de la Patagonia y conocer sus relaciones de parentesco con los megarraptores encontrados en otras partes del mundo”.

El paleontólogo Novas fue quien descubrió el primer ejemplar de este grupo de dinosaurios en el año 1996, en la provincia de Neuquén, y fue quien acuño el nombre Megaraptor (“gran rapaz”) para esta criatura.

Los megarraptores fueron grandes dinosaurios depredadores que prosperaron y se diversificaron durante el periodo Cretácico, fundamentalmente en el hemisferio sur, hasta la extinción masiva que se produjo hace unos 65 millones de años. También, se encontraron megarraptores en Australia y en Asia.

“Para mí, fue una gran satisfacción que, desde que hiciéramos aquel primer hallazgo en Neuquén, se encontraran primos del Megaraptor en otras regiones del mundo”, valoró Novas. Y destacó: “Ahora, sumamos otro megarraptor más de la Patagonia”.

Aranciaga Rolando aseveró que “esta posible nueva especie de unos 10 metros de largo, además de la importancia que tiene por su tamaño, representa una de los ejemplares más modernos de la familia de los megarraptores, ya que los que se conocían hasta ahora eran algunos millones de años más antiguos”. Otras de las características que Aranciaga Rolando indicó como favorables para la aptitud depredadora de los megarraptores es que poseían un cuello y un cráneo alargados, lo que seguramente les ayudaba a la hora de alcanzar a sus presas con más facilidad.

La condición de velocistas habría sido muy importante para los megarraptores. El paleontólogo Sebastián Rozadilla del MACN y CONICET indicó que “estos dinosaurios carnívoros no se habrían alimentado de los saurópodos, que son aquellos grandes dinosaurios de cuello largo que también habitaban en dicha zona, sino de otros dinosaurios herbívoros de los cuales también se ha encontrado una manada en esta formación Chorrillo, al oeste de Santa Cruz”.

“Estos dinosaurios herbívoros podían alcanzar entre cinco y seis metros de longitud y pertenecían a la especie Isasicursor, los cuales eran animales bípedos y grandes corredores”, aseveró Rozadilla. De allí que la velocidad de los megarraptores habría sido un factor importante para poder cazarlos.

Estos dinosaurios herbívoros vivían en grandes grupos, entre los cuales había crías, juveniles y adultos. “Vivían de forma parecida a como lo hacen actualmente las gacelas o antílopes en la sabana africana”, describió Rozadilla.

Los megarraptores más pequeños que se conocen miden unos cinco metros, en tanto que los más grandes alcanzan longitudes similares a este ejemplar encontrado al suroeste de Santa Cruz durante la última campaña realizada durante el mes de marzo.

Para extraer a este animal, el cual se encontraba en una roca extremadamente dura, hubo que emplear maquinaria apropiada como la cortadora de roca, con la cual se fueron abriendo canaletas en las cercanías de los fósiles.

En una labor que demoró unas dos semanas, con cinceles y martillos, los paleontólogos retiraron la roca que rodeaba al ejemplar a fin de retirar cada uno de los huesos. “Finalmente, se cubrió con yeso y con vendas a la roca que contenía en su interior al fósil, con el fin de que éste no se destruyera durante su transporte hasta Buenos Aires”, describió Aranciaga.

Por estas semanas, este depredador formidable se encuentra cumpliendo debidamente con su cuarentena en el Laboratorio de Anatomía Comparada del MACN, a la espera de que los investigadores puedan continuar con su preparación y estudio. Posteriormente, este velocista hará su viaje de regreso a la provincia de Santa Cruz para enriquecer las colecciones del Museo “Padre Molina”, en Río Gallegos. Fuente; Agencia CTyS-UNLaM.


Dinosaurios y coronavirus, como agua y aceite.

Aves, cocodrilos, plantas, troncos de árboles petrificados, caracoles…todo un Parque Cretácico de la última época de los dinosaurios fue hallado en Santa Cruz, lo cual representa un hecho único para comprender lo que ocurrió en el período previo a la extinción masiva acontecida hace 66 millones de años.

La campaña implicó un gran despliegue y los resultados fueron sorprendentes. El doctor Fernando Novas, jefe del Laboratorio de Anatomía Comparada del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) e investigador del Conicet, dirigió esta gran expedición junto al paleontólogo Makoto Manabe del Museo Nacional de Tokio.

“Descubrimos fósiles muy variados y esto se produjo, en gran medida, porque el grupo de trabajo que participó de la expedición fue muy numeroso, de unas 30 personas que incluyeron no solo a paleontólogos, sino también sedimentólogos de la Universidad Nacional de La Plata, geofísicos de la UBA, como así también al grupo de científicos que vino desde Tokio”, relató Fernando Novas a la Agencia CTyS-UNLaM.

El doctor Federico Agnolin, investigador del MACN, del Conicet y Fundación de Historia Natural Félix de Azara, destacó: “Tuvimos un éxito sin precedentes. Pudimos descubrir una enorme cantidad de fósiles, entre pequeños granos de polen, plantas y dinosaurios. Hemos encontrado de todo; nos hemos encontrado prácticamente con un ecosistema de entre 65 y 70 millones de años de antigüedad”.

<<<Imagen de archivo.

“Descubrimos gran parte de lo que componía la flora y la fauna de aquel lugar en aquel entonces”, valoró Agnolin. Y agregó: “En aquel entonces, no existía la cordillera de los Andes y el ambiente era totalmente distinto al actual. Los roquedales por los que caminamos eran lagos, lagunas, ríos y bosques”.

El paleontólogo Fernando Novas aseveró: “Los fósiles y toda la información que hemos recolectado nos va a permitir conocer cómo fueron los cambios ambientales, climatológicos, faunísticos y florísticos ocurridos en los últimos cinco millones de años del reinado de los dinosaurios”.

Según advirtieron los geólogos que participaron de la campaña, en ese sitio de montaña ubicado 25 kilómetros al sudoeste de El Calafate, había un río a fines del Cretácico y, a la orilla del mismo, se depositaban los sedimentos de estos animales y plantas ahora transformadas en fósiles.

“También, encontramos ranas, lagartijas, serpientes, tortugas acuáticas, dinosaurios carnívoros y herbívoros, e incluso restos de un gran cocodrilo”, continuó enumerando el doctor Agnolin a la Agencia CTyS-UNLaM.

El técnico Marcelo Isasi del MACN y del Conicet estuvo a cargo de las tareas logísticas para esta gran expedición. “No recuerdo que se haya hecho una campaña tan grande en los últimos años en Argentina y, ahora, nos resta volver, porque encontramos un dinosaurio enorme, pero el helicóptero de la Fuerza Aérea Argentina que iba a ayudarnos a extraerlo no pudo realizar el operativo con motivo del inicio de la cuarentena preventiva por el coronavirus”.

<<<Imagen de archivo.

“Cuando volvamos, nos va a ir muy muy bien”, consideró Isasi. Y agregó: “La montaña nos espera con un montón de maravillas paleontólógicas que estamos deseosos de ir a descubrir”.

Por su parte, Novas destacó: “Los fósiles que hemos encontrado nos van a permitir clarificar mucho más sobre cómo fueron las tendencias evolutivas que tuvieron los distintos organismos, sean plantas, caracoles, dinosaurios, tanto los pequeños como los gigantescos, durante los últimos millones de años antes de esta extinción y, también, para tratar de entender por qué otras especies sobrevivieron, algunas de las cuales viven hasta nuestros días”. Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.


Estudian el hallazgo de fósiles de Piramiodonterio en San Pedro.


El Museo Paleontológico de San Pedro investiga los rastros de un gran animal que habitó el Pleistoceno bonaerense

En 2018, el equipo del Museo Paleontológico de San Pedro, en una excavación minera de la firma Tosquera San Pedro, dio con el enorme fémur de un perezoso gigante en sedimentos cuya antigüedad ronda los 700.000 años. Estudios posteriores arrojaron como resultado que el enorme hueso habría pertenecido a un animal desaparecido mucho tiempo atrás: el Piramiodonterio.

Julio Simonini, integrante del equipo comenta que "para extraer los restos de este animal, se tuvo que recurrir a la técnica de enyesado previo y poder, luego, levantarlo con una excavadora; posteriormente, se lo llevó al museo y se iniciaron las tareas de limpieza y acondicionamiento habituales".

Se sabe que los Piramiodonterios (Pyramiodontherium, según su nombre en latín que significa “animal con dientes en forma de pirámide¨) fueron un género de grandes mamíferos que habitaron la prehistoria de nuestro país hasta fines del Plioceno, momento en el que desaparecen del registro fósil. Hay restos en Jujuy, Catamarca, La Rioja, Chubut y Entre Ríos. Posiblemente, de estos grandes perezosos provenga otro de los más corpulentos animales que conoció la región pampeana: el Megaterio (Megatherium o “bestia gigante”) del que se conocen las especies Megatherium gallardoi y Megatherium americanum; la primera más antigua que la segunda.

Y acá es donde el equipo de investigación sampedrino, que examina estos hallazgos en conjunto con el Dr. Luciano Brambilla, del Centro de Estudios Interdisciplinarios, que depende de la Universidad Nacional de Rosario, empieza a ver que “algo misterioso” gira en torno a este descubrimiento.

Según apreciaciones del Dr. Brambilla, “las características de los fémures hallados en San Pedro nos cuentan de la existencia de un animal que vivió en un período de tiempo del que bastante poco sabemos de la evolución de estos grandes perezosos. Es un animal que parece haber vivido cercanamente en el tiempo con el Megaterio (hacia finales de la edad Ensenadense), es decir, en el Pleistoceno medio; pero cuyas características son más parecidas al Piramiodonterio que habitó más antiguamente, durante el Plioceno. Por lo tanto, es posible que estemos ante el descubrimiento de una especie de `eslabón perdido` en la línea evolutiva de los Megateridos, grupo al que pertenecieron estos grandes animales”.

Desde la Dirección del Museo de San Pedro, José Luis Aguilar, opina que “desde que en 2018 hallamos el primer fémur de este enigmático animal, venimos siguiendo de cerca los restos fósiles que vamos recuperando en ese antiguo ecosistema de pantano o humedal ya que podríamos estar ante una especie desconocida y, a la vez, asombrosa. Tanto por el tamaño de este animal como por su importancia en la reconstrucción de la línea evolutiva de los grandes perezosos, es importante continuar la búsqueda de nuevas piezas que nos vayan dando información del aspecto general de un animal que, por ahora, parece ocultarse en la niebla de los tiempos.

Esta especie de ´cacería prehistórica´ nos lleva a buscar los restos de un gran mamífero que, según las primeras estimaciones que surgen del análisis de sus fémures, podría haber superado los 4 metros de longitud y pesar unas 4 toneladas”.


Encuentran huellas de un antecesor del Tero en el Cretácico de General Roca.

El hallazgo de pisadas similares a la de los teros -que quedaron fosilizadas en una barda de General Roca- sirve como un nuevo aporte para interpretar cómo era la paleogeografía de la región hace 70 millones de años, cuando el mar ingresó desde el Atlántico y formó un gran delta. 

En un triángulo más amplio  de la zona que hoy ocupa la confluencia de los ríos Limay y el Neuquén, convivieron dinosaurios, aves, cocodrilos y criaturas marinas, en medio de un clima semihúmedo y con copiosas lluvias. 

A diferencia de los dinos, son pocos los registros de huellas de aves prehistóricas en el país. Las pisadas tenues, sin peso, no dejan huellas profundas y es muy difícil que se preserven. En la región hubo un gran hallazgo en 2003, en Sierra Barrosa, pero sin precisar especies.

 

<<<Imagen de archivo. Ilustrativo.

Las lajas donde quedaron registradas las huellas de los teros pertenecieron a un fondo de laguna. Las descubrió en Paso Córdoba el técnico en paleontología Raúl Ortiz. Ahora forman parte de una colección registrada en el Museo Patagónico de Ciencias Naturales de General Roca.

En ellas se ven las pisadas. Tres dedos abiertos en forma de letra V y pequeños agujeritos que marcan los picotazos en el fango. Son las señales características del momento en que se alimentaban. La placa fina, de color marrón muy claro y aspecto quebradizo, también muestra ondulitas - surcos lineales que dejó el paso de la corriente suave del agua- y rastros de moluscos. 

El hallazgo de pisadas similares a la de los teros -que quedaron fosilizadas en una barda de General Roca- sirve como un nuevo aporte para interpretar cómo era la paleogeografía de la región hace 70 millones de años, cuando el mar ingresó desde el Atlántico y formó un gran delta. 

En un triángulo más amplio  de la zona que hoy ocupa la confluencia de los ríos Limay y el Neuquén, convivieron dinosaurios, aves, cocodrilos y criaturas marinas, en medio de un clima semihúmedo y con copiosas lluvias. 

A diferencia de los dinos, son pocos los registros de huellas de aves prehistóricas en el país. Las pisadas tenues, sin peso, no dejan huellas profundas y es muy difícil que se preserven. En la región hubo un gran hallazgo en 2003, en Sierra Barrosa, pero sin precisar especies. Fuente Diario Rio Negro.


Megatherium vs Lestodon. Un nuevo conflicto entre gigantes cuaternarios.

La naturaleza tiene siempre la última palabra. No es como las ciencias exactas. Megatherium es considerado como el  mamífero continental fósil más grande del Cuaternario de América (últimos 2 millones de años aprox). Pero un reciente hallazgo en Miramar, muy cerca del muelle de pescadores podría reescribir la  historia de estos gigantes extintos.

Personal del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, recupero el fémur de un Lestodonte, y que desafía el tamaño de un fémur adulto de un Megaterio. Con casi 80 centímetros, el nuevo rival desea destronar al gigante americano de la edad de hielo.

En las fotos, se observa el nuevo fósil de color negro, junto al fémur de Megaterio de color marrón. El fémur de Lestodon durante la extracción y el trabajo de laboratorio.

Lestodon era muy grande, pero menor que el Megatherium americanum, o al menos eso creíamos. Median aproximadamente unos 4 metros de longitud. Su cráneo tenía una región rostral muy ensanchada.

<<<Fémur de un Lestodon hallado en Miramar.

Los huesos de sus miembros eran grandes y gruesos. Su dentición era simple, pero resaltaban hacia afuera de la boca unos caniformes muy grandes, lo que se convertía en una defensa contra los posibles depredadores.

Su masa estimada es de 2,5 toneladas. Después de ScelidotheriumLestodon es uno de los mamíferos fósiles del Cuaternario más comunes en el territorio pampeano. Las especies de Lestodon, junto a las de Megatherium, son los Tardigrada de mayor tamaño corporal de ese momento. 


Descubren fósiles de rana Calyptocephalellidae en el Eoceno de la Antártida.

El descubrimiento de los primeros anfibios modernos conocidos en la Antártida proporciona más evidencia de un clima cálido y templado en la Península Antártica antes de su separación del supercontinente del sur, Gondwana.

Los fósiles, que pertenecen a la familia de las ranas con casco, se describen en una publicación de la revista Scientific Reports en la que participa el Instituto Antártico Argentino.

Thomas Mörs y sus colegas descubrieron los restos fosilizados de un hueso de la cadera y de un cráneo adornado durante las expediciones a la Isla Seymour, Península Antártica, entre 2011 y 2013. Los especímenes tienen aproximadamente 40 millones de años y son del período Eoceno, y ambos pertenecen a familia Calyptocephalellidae , también conocida como ranas con casco. Hasta la fecha no se han encontrado rastros de anfibios de sangre fría o reptiles de familias que aún existen en la Antártida.

La evidencia previa sugiere que las capas de hielo se formaron en la Península Antártica antes de la ruptura final del supercontinente meridional Gondwana en los continentes del hemisferio sur actual, incluidas América del Sur y la Antártida.

El nuevo descubrimiento sugiere que las condiciones climáticas de la Península Antártica durante el Eoceno medio tardío pueden haber sido comparables con el clima húmedo y templado en los bosques de América del Sur en la actualidad, donde se encuentran exclusivamente las cinco especies vivas de rana con casco.


Chlamyphractus dimartinoi, una nueva especie de pichiciego fósil, del Mioceno de Chasico.

Es uno de los animales más misteriosos que habitan en Sudamérica y, por sus esquivos hábitos, muchas de sus características son aún desconocidas. Investigadores del CONICET identificaron restos de 9 millones de años que permitirán entender cómo fue su evolución.

Un grupo de investigadores del CONICET identificó por primera vez restos fósiles de un pichiciego, un armadillo que es considerado el más pequeño del mundo y que habita únicamente en Argentina y otros países del sur de Sudamérica. Es considerado uno de los animales más extraños de la región ya que, por sus esquivos hábitos, muchas de sus características biológicas son aún desconocidas.

La descripción de este inusual mamífero representa el primer registro fósil del género y de la especie y fue publicada recientemente en el Journal of Vertebrate Paleontology, con el nombre de Chlamyphractus dimartinoi. Los restos tienen entre 9 y 10 millones de años de antigüedad y fueron hallados en la provincia de Buenos Aires hace más de 30 años, pero recién en 2019 los paleontólogos lograron determinar a qué animal pertenecían.

Este descubrimiento permitirá conocer cómo fue la evolución de este minúsculo armadillo, cuyos ejemplares actuales miden apenas unos 10 centímetros, pesan menos de 100 gramos y tienen un fascinante caparazón de color rosa que cubre sus pelos blancos. “Haber encontrado este fósil equivale a hallar una aguja en un pajar”, señala el becario doctoral del CONICET en el Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL, CONICET – UNNE), Daniel Barasoain, primer autor del trabajo y responsable del descubrimiento.

Mientras estudiaba materiales vinculados a su tema de tesis —referida a distintos aspectos de los cingulados del Mioceno tardío en Argentina —, el paleontólogo se encontró con fósiles que habían sido hallados en la década del 70 en cercanías de la laguna Chasicó, en la provincia de Buenos Aires, pero que hasta ese entonces no habían podido ser identificados. Formaban parte de la colección del Museo de Ciencias Naturales de Monte Hermoso, creado por Vicente Di Martino, un coleccionista y aficionado que había colectado estos restos.

Ante la sospecha de que se trataba de un pichiciego, Barasoain se contactó con distintos expertos, como la investigadora independiente del Instituto de Medicina y Biología Experimental de Cuyo (IMBECU, CONICET – UNCUYO), Mariella Superina, considerada la principal especialista en este género en Argentina.

Fue ella quien ayudó a confirmar que estaban frente al primer registro fósil de este esquivo animal, que pertenece a una subfamilia de cingulados denominada clamiforinos, y del que todavía se desconocen múltiples aspectos vinculados a su hábitat y a su reproducción. Es que los pichiciegos tienen hábitos similares a los de los topos: son nocturnos y se desplazan por debajo de la tierra. Estas características, sumadas a su pequeño tamaño, hacen que sean muy difíciles de identificar y de avistar en el campo.

Actualmente, se conocen dos especies de pichiciegos: Chlamyphorus truncatus, que sólo habita en Argentina y se encuentra en la región de Cuyo, y Calyptophractus retusus, que tiene un tamaño ligeramente mayor y se encuentra las provincias del NOA, en Bolivia y en Paraguay. Por sus características, el fósil hallado es considerado una especie distinta y fue nombrado Chlamyphractus dimartinoi, en homenaje al coleccionista que lo halló.

“Este descubrimiento nos permite empezar a conocer a estos animales tan raros con mayor profundidad. A partir de ahora, vamos a poder ver cómo ha sido su historia evolutiva, que es muy curiosa ya que está totalmente presionada por sus hábitos subterráneos. Eso ha condicionado una serie de morfologías y estructuras muy derivadas que son únicas en el mundo”, indica Barasoain

Ilustración de un pichiciego, considerado el armadillo más pequeño del mundo. FOTO: Gentileza Pedro Cuaranta. Fuente; Conicet.


Brachyplatystoma elbakyani, una nueva especie de  bagre gigante que vivió en el Pleistoceno de Argentina.

La localidad de Paraná además de ser la capital de la provincia de Entre Ríos es la cuna de una serie de hallazgos paleontológicos de gran relevancia para entender la evolución de la fauna que vivió en Argentina durante los últimos diez millones de años.

Desde la visita al sitio de viajeros famosos como Darwin y D`Orbigny, el lugar fue conocido mundialmente por la abundancia de fósiles, restos que aun hoy no dejan de sorprender al mundo.
Investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia", de la Fundación Azara-Universidad Maimónides, y el CONICET dieron a conocer una nueva especie extinta de bagre Goliath. Los fósiles fueron hallados en las barrancas del río Paraná en la provincia de Entre Ríos y tienen una edad cercana a los 10 millones de años de antigüedad. Los autores de la publicación Federico Agnolin y Sergio Bogan.

Estos bagres gigantes forman parte de un linaje único de América del Sur que incluye una de las especies vivientes más grandes del mundo, el Piraiba, un monstruo de río que puede superar los tres metros y medio de longitud y los 200 kilos de peso.

Estos gigantes viven hoy en día en los ríos más grandes de las cuencas del Orinoco, Amazonas y Guyanas, bien al Norte de Sudamérica. Hasta hoy nadie sospechaba de sus fósiles podrían encontrarse en el Paraná. Este descubrimiento representa la forma más austral hasta ahora conocida de estos bagres.

El río Paraná es el mayor curso de agua de Argentina y uno de los más grandes de América del Sur. Su cuenca tiene una larguísima historia que se remonta a varios millones de años antes del presente. Actualmente se encuentra bien separada de su vecina del Norte, la super cuenca del río Amazonas. Pero esto no siempre fue así, y los fósiles de peces son muy importantes para entender las antiguas conexiones entre las cuencas de los grandes ríos Sudamericanos.

La nueva especie fue nominada Brachyplatystoma elbakyani en honor a Alexandra Elbakyan, investigadora en Neurociencias de Kazajistán. En 2011 Alexandra creó Sci-Hub, una plataforma que otorga acceso gratuito a los artículos científicos publicados por las principales editoriales del mundo.

Esto permite a los investigadores e interesados de todo el mundo acceder gratuitamente a casi la totalidad de los artículos publicados. Fuente; Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados.

 


Desde dinosaurios hasta polen fosilizado en el Calafate.

“Los resultados de la exploración han sido excepcionales”. Con esta frase resumió Novas la campaña 2020 de un equipo conformado originalmente por 30 personas; científicos, técnicos, becarios e inclusive investigadores científicos japoneses, pertenecientes al Museo de Tokio.

Se trata de la tercera exploración - y la más importante dijo Novas – a un yacimiento situado a unos 40 kilómetros al sur de El Calafate, en lo alto de los cerros en propiedades de la Estancia Anita. Guiados por el encargado de la estancia, Facundo Echeverría, la expedición atravesando barreales y caminos de cornisa, hasta montar un gran campamento en altura, desde donde realizaron toda la investigación (entre el 8 y el 24 de marzo)

En el año 1980 el geólogo Francisco Nullo estaba realizando trabajos de topografía y se encontró con un afloramiento rocoso que tenía huesos fosilizados. Hace un par de años el paleontólogo Novas encabezó una primera campaña que localizó algunos restos de un  saurópodo de cuello y cola larga, al que llamó Nullotitan Glacialis. El primer nombre en homenaje al descubridor y el segundo porque desde el lugar se tiene una fabulosa vista al Glaciar Perito Moreno.

Entre enero y marzo del año pasado se encontró una variedad de restos fósiles que entusiasmo al equipo, que este año regreso con un despliegue mucho mayor. Y los resultados fueron extraordinarios, mas allá de que la campaña se vio interrumpida por la pandemia del Coronavirus. “Aparecieron piezas de distintos organismos que habitaron esta zona entre 70 y 65 millones de años atrás, en el fin de la era de los dinosaurios. Se encontraron restos fósiles de caracoles terrestres y de agua dulce, de ranas, peces, tortugas y de mamíferos pequeños”, describe Novas en FM DIMENSION.

También hallaron plantas, troncos petrificados, impresiones de hojas y hasta el polen fosilizado.  “Podemos reconstruir los bosques y el hábitat de aquel momento. Es un yacimiento excepcional”, agregó el paleontólogo.

Pero además se realizó el descubrimiento de restos de un nuevo ejemplar de Nullotitan glacialis,  de tamaño similar al primero encontrado.  Novas explicó que son vértebras mejor conservadas y articuladas de manera de conocer mejor la anatomía de ese titán.

Estos descubrimientos permiten reconstruir el ecosistema de esta región hace 65 o 70 millones de años, cuando no existían ni la Cordillera de los Andes ni mucho menos los glaciares, y cuando el océano tenía periódicos ingresos y luego retrocesos sobre la actual Patagonia Austral.

En la entrevista con el programa Radio Activa, Novas dijo estar sorprendido, por este yacimiento. “Tuve la oportunidad de trabajar en el Valle de la Luna – Talampaya, también en Chile (Aysén),  en Salta, Río Negro y otro montón de lugares. Pero este yacimiento es increíble, porque a diferencia de los otros está mostrando todo el ecosistema”.

Novas adelantó que esperan volver el año próximo y continuar con estos estudios “que tienen impacto a nivel internacional,  porque desde Sudamérica estamos aportando información sobre el límite entre el cretácico y el terciario, que es en el momento en el cual se extinguieron los dinosaurios”, dijo el paleontólogo en la radio de El Calafate.  (Guillermo Pérez Luque)


Prochelidaella buitreraensis, una nueva especie de tortuga de cuello largo de hace 100 millones de años.

Por primera vez se recupera un cuerpo con cráneo de una de las primeras tortugas de laguna. La investigación está a cargo de investigadores del CONICET, de la Fundación Azara, de la Universidad Maimónides y del Museo de Historia Natural de San Rafael (Mendoza).

Las tortugas son un conocido grupo de reptiles que se originaron allá entre mediados y fines del Triásico, junto con los cocodrilos, los lagartos, los dinosaurios y los mamíferos. Las primeras ya se mostraban acorazadas y sin dientes y no conocemos mucho acerca de cuál grupo de reptiles fue el que les dio origen. Sin embargo, desde aquellas primeras tortugas, mucho han caminado y muchos grupos de tortugas existieron, algunos completamente extintos ya, y otros con descendencia en la actualidad.

De los muchos grupos de tortugas, algunas se especializaron en la vida marina, otras en tierra firme y algunas en los ríos y arroyos. Aunque las tortugas siempre tuvieron coraza, no siempre tuvieron la habilidad de esconder su cabeza dentro del caparazón. Este raro atributo se originó en algún momento del Jurásico y lo hallamos como característico de las tortugas del Cretácico (¡Valientes tortugas! ¡Se pasaron la mitad de la época de los dinosaurios sin esconder la cabeza!).

A partir del Cretácico (144-65 millones de años atrás), comienzan a aparecer algunos grupos de tortugas que podríamos incluir entre las de tipo moderno (comparadas con las anteriores).

Dentro de las tortugas de aguas dulces, hay dos grandes grupos, clasificados de acuerdo a su modo de ocultar la cabeza: Las criptodiras (las que retraen el cuello directamente hacia dentro, como nuestra conocida tortuga de tierra), y las pleurodiras (aquellas que retraen el cuello lateralmente).

Hoy, las pleurodiras se agrupan en tres grandes familias: Pelomedúsidas (que hoy viven en África), Podocnemídidas (que hoy viven en Madagascar) y las Quélidas, de Sudamérica y Australia.

Nuestras quélidas de Argentina habitan hoy con éxito los ríos y lagunas desde Misiones hasta Buenos Aires, con tres géneros: Hydromedusa, Phrynops y Acantochelys. Como son de climas cálidos, no habitan ya la Patagonia.

Prochelidaella buitreraensis es una antigua tortuga quélida de unos 30 centímetros de largo pero de unos 95 millones de años de antigüedad. Fue descubierta en La Buitrera, una localidad fosilífera situada cerca de Cerro Policía, en el noroeste de Río Negro, a unos 1.300 kilómetros de Buenos Aires.

La Buitrera se viene estudiando desde 1999 y ha provisto una impresionante lista de hallazgos completamente nuevos como dinosaurios carnívoros del grupo de los velocirraptores (Buitreraptor, Alnashetri), cuello-largos (Cathartesaura), cocodrilos omnívoros a herbívoros con hocico de zorro (Araripesuchus buitreraensis), reptiles esfenodontes herbívoros (Priosphenodon), lagartijas, serpientes con patas (Najash), mamíferos driolestoideos de hocico largo (Cronopio), tortugas y peces pulmonados o dipnoos.

A pesar de que la localidad de La Buitrera se conoce y se trabaja desde hace 20 años, y las tortugas que aquí presentamos se conocen desde entonces, recién en las últimas campañas apareció por vez primera una tortuga con cráneo, un hallazgo bastante raro, ya que cuando las tortugas mueren y su cuerpo se descompone, la cabeza suele ser llevada por el agua y se pierde.

<<<Aspecto de Prochelidaella buitreraensis. Ilustración de Carlos A. Gonzáles.

En el verano de 2017, en la campaña dirigida por integrantes del Área de Paleontología de la Fundación Azara - Universidad Maimónides y del CONICET en coordinación con un equipo del Museo de Ciencias Naturales de San Rafael (Mendoza), trabajando en el Cañadón de las Tortugas, un sitio breve, dentro de la Localidad de La Buitrera.

El Cañadón de las Tortugas es levemente diferente al resto de los sitios en la localidad de La Buitrera. Un detallado estudio desarrollado por los geólogos Lic. Joaquín Pérez Mayoral y la Dra. María Lidia Sánchez nos permitieron conocer que los 20 metros de depósitos rocosos representan tres etapas que nos muestran cómo se contraían y expandían los márgenes del viejo desierto Kokorkom como resultado de los cambios climáticos de la época. Las tortugas se hallan en depósitos de río intercalados con dunas, donde se preservan rellenos de cuevas de invertebrados.

Los resultados del estudio de los restos indican que, efectivamente, se trata de una nueva especie, que fue nombrada como Prochelidaella buitreraensis.

El Dr. Ignacio Maniel -paleontólogo, investigador del CONICET, primer autor de la investigación- trabaja en el Museo de Historia Natural de San Rafael (Mendoza) y también participa el Dr. Sebastián Apesteguía -paleontológo del Área de Paleontología de la Fundación Azara -Universidad Maimónides- (Buenos Aires). Además de sus publicaciones científicas es autor de libros para el público como “Nuestros Dinosaurios” y “Vida en Evolución” y fue columnista del programa Científicos Industria Argentina.

El material estudiado incluye un cráneo muy completo, el mejor preservado mundialmente para una tortuga quélida del Cretácico, junto con varios otros huesos y partes de caparazón.

En aquellos tiempos del Cretácico, un vasto desierto se había formado entre Río Negro y Neuquén, el Kokorkom, o desierto de los huesos. Las arenas depositadas, endurecidas, compactadas y petrificadas, se conocerían luego como Formación Candeleros.

En la estación de lluvias, las zonas entre las dunas se inundaban y allí habitaban por un tiempo peces pulmonados (dipnoos) y tortugas de agua dulce que se alimentaban de ellos. Eso lo sabemos gracias a que de las tortugas no sólo se encuentran huesos sino también coprolitos (heces petrificadas). Gracias a esto se pudo inferir que, como sus parientes actuales del grupo de las Chelidae, aquellas tortugas también se alimentaban de peces.

Prochelidella vivió en una época coincidente con los más grandes dinosaurios conocidos, como el dinosaurio carnívoro Giganotosaurus y apenas un poco antes del dinosaurio herbívoro Argentinosaurus.

Las tortugas quélidas viven hoy en nuestros grandes ríos y lagunas. Son muy pretenciosas en cuanto a sus requerimientos ambientales. El hallarlas en medio del ambiente desértico de Kokorkom nos dice mucho acerca de las características del ambiente en La Buitrera. Además, la anatomía de Prochelidella nos muestra cómo evolucionó el cráneo de estas tortugas a lo largo de los últimos 100 millones de años.

Las expediciones a La Buitrera fueron realizadas mediante un convenio con la Agencia Cultura del Gobierno de la Provincia de Río Negro. Los materiales fósiles corresponden al Museo Provincial Carlos Ameghino, de la ciudad de Cipolletti. Los materiales fósiles originales de este saurópodo se hallan depositados en el Museo Paleontológico “Carlos Ameghino”, de Cipolletti, Río Negro, bajo el número de colección MPCA PV 307.

La publicación de estos resultados son la parte final de un proyecto que incluyó numerosos trabajos de campo, laboratorio y gabinete. Para todo esto se necesitaron recursos humanos y financieros.

En los trabajos de campo participaron los autores junto con Fernando Garberoglio, Lucila Fernández Dumont, Riguetti, F., Rougier, G. W., Cimorelli, E., Pazo, L. J., Prámparo, M., Carignano, A. P., Veiga, G. y Caldwell, M. La preparación técnica de los fósiles fue realizada por Javier Pazo y Jonatan Kaluza.  Los dueños del campo, la familia Avelás, gentilmente dieron permiso para trabajar en su propiedad.

El apoyo financiero fue otorgado a los autores por distintas instituciones nacionales e internacionales, como Agencia (Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica), Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), Fundación Azara, Universidad Maimónides y National Geographic Society. Ilustracion de Carlos A. Gonzales. Fuente; Fundación Azara.


El Museo de Ciencias Naturales de Miramar desarrolla actividades virtuales.

Pionero en muchas actividades recreativas y educativas, el museo miramarense de Ciencias Naturales, desarrollo actividades especiales en su sitio web para disfrutar en familia.

Al igual que todas las instituciones científicas y educativas del país están cerradas al público, el museo miramarense nuevamente apelo a llegar a todas las familias y seguir trasmitiendo conocimiento, desde la misma manera que desarrollo su campaña educativa durante el proceso de la Gripe A.

Muchos son los desafíos para la familia en esta cuarentena debido a las prevenciones por el coronavirus. Una de las más importantes es cuidar a nuestros más pequeños y abuelos, tomando todas las medidas necesarias para evitar contagios de algún tipo frente al flagelo

Pero como si esto fuera poco debemos tenerlos en casa y también entretenerlos, el cual es el desafío más grande. Muchas horas frente al televisor o todo el tiempo en Internet; y sí, es que allí, se encuentra la mayor distracción, la posibilidad que nos brinda la comunicación multimedial, y a la vez comunicación directa con los amigos y familiares, que por ahora no podemos frecuentar. Esta cuarentena planteó a los padres una nueva realidad en familia:

¿qué hacemos con los chicos en casa? Internet es una muy buena opción de entretenimiento y conocimiento, aunque lamentablemente aún no está al alcance de todo el mundo, pero hay muchas formas de llegar a ella.

Fue así que Mariano Magnussen, que se desempeña en el laboratorio paleontológico del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, retraso algunas presentaciones científicas que serán novedades interesantes en los medios de comunicación nacionales y del extranjero más adelante, y desarrollo una serie de cuestionarios y entretenimientos virtuales para niños y padres a partir de la Pagina Web del nuevo museo miramarense  (Entrar Aquí), conformada por una serie de actividades recreativas sobre ciencias naturales, en donde la familia podrá encontrar las respuestas a sus inquietudes.

Estas se encuentran publicadas en formato pdf, y contiene una serie de preguntas para investigar temas relacionados con dinosaurios y otras criaturas prehistóricas de nuestra región, animales marinos y continentales de la actualidad, e incluso, sobre el coronavirus.

Para los más pequeños, se puede obtener un cuadernillo con ilustraciones para colorear, crucigramas, descarga gratuita de libros, videos educativos temáticos especialmente seleccionados, actividades para el hogar y manualidades varias, juegos virtuales, entre otros.

En este momento, el desafió es el mismo que llevamos a cabo en las muestras y visitas guiadas en el museo local junto al apoyo de la Fundación Azara, pero en otro escenario frente al coronavirus.

Durante esta semana, y sin previo aviso, las actividades recreativas y virtuales del museo de Miramar, fueron visitados por miles de usuarios. La Web se constituye como nuestro mejor aliado al momento de entretener y aprender con nuestros hijos en el maravilloso mundo de la red y las ciencias naturales.


Hallan en Lobería, los restos de un enorme perezoso gigante llamado Mylodon darwinii.

Por medio de un comunicado, se dio a conocer la visita del Dr. Luciano Brambilla, (biólogo de la universidad de Rosario), en 2019 al Museo Gesué Pedro Noseda de la localidad de Loberia, para estudiar y analizar los restos fósiles de perezosos hallados en estos últimos tiempos en el interior de la pcia. de Bs. As.

Luciano es especialista en xenartros, dentro de este grupo se encuentran los gliptodontes y perezosos gigantes, por tal motivo se acercó a investigar y estudiar el material de esta localidad y otras, dada la diversidad de los mismos. Luego de su visita, se le solicitó un informe de un nuevo espécimen de perezoso que se encuentra en el Museo, y compartimos el mismo.

Me dirijo a ustedes para hacerles llegar mi análisis acerca del material fósil que observé en mi visita de marzo de 2019 a su institución. Siendo mi principal foco de interés en investigación el grupo de animales denominados Xenarthros (grupo que incluye a los perezosos, los gliptodontes y los osos hormigueros) me encontré con que el fósil por ustedes presentado corresponde a un perezoso terrestre denominado Mylodon darwinii.

<<< Aspecto de Mylodon.

El fósil en cuestión corresponde a la parte más posterior del cráneo de un ejemplar de la especie mencionada, que se muestra entre líneas de puntos ejemplificado sobre un cráneo completo al final de este documento. El cráneo presenta preservado los parietales, frontal, escamosos, y parte de los denominados procesos cigomáticos. En los mylodontes la región occipital, que es la parte posterior del cráneo, adopta una forma aplanada y de contorno redondeado, alta en sentido dorso ventral, pero no se encuentra preservada en el fósil hallado.

Se insinúa también la parte posterior de la órbita ocular y procesos supraorbitario. El cráneo tampoco preserva la región anterior del cráneo y por lo tanto no conserva los huesos nasales, molariformes, maxilar, premaxilar, etc.

Mylodon darwinii fue una especie de perezoso terrestre de gran tamaño, alcanzó un peso que se estima en unos 1000 a 1500 kg. Parte de un cuero perteneciente a esta especie se encontró momificado en la cueva “Ultima Esperanza”, ubicada al sur de Chile, a finales del siglo XIX por lo que conocemos que presentaba un largo y rubio pelaje compuesto por gruesas cerdas.

<<<Aspecto de Mylodon. Imagen ilustrativa.

Estos animales tenían un arco óseo (arco nasal) que unía la parte más anterior de los huesos nasales con el premaxilar lo que lo distingue del resto de los perezosos conocidos que vivieron al final del Pleistoceno. Esta especie tenía sólo 4 molares (molariformes) a cada lado del maxilar con lo que reunía un total de 8 molariformes en el maxilar y otros 8 en su mandíbula.

Habitó el actual territorio de Argentina, Uruguay, Sur de Chile y Bolivia de donde se conoce un único hallazgo. En general los hallazgos de Mylodon darwinii son muy poco frecuentes si se lo compara con la abundancia de restos de otros perezosos como Glossotherium robustum, y Scelidotherium leptocephalum. Esto ha hecho que hasta la actualidad no se conozca completamente la anatomía ósea de Mylodon darwinii y en este escenario el hallazgo de un nuevo fósil de esta especie cobra relevancia. En argentina lo hallazgos provienen de Santa Fe, Entre ríos, Buenos Aires y Córdoba. En la porción más austral del continente sus hallazgos se dieron en cuevas y aleros como la cueva anteriormente mencionada de Ultima Esperanza y Pali-Aike, ambas en Chile.

Se estima que la especie vivió en el período conocido como Lujanense, entre 120.000 y 10.000 años cuando finalmente se extinguió. Lo hallazgos producidos en el sur de Chile y Argentina datan de 12.000 a 11.000 años. Finalizo el informe el Dr Luciano Brambilla. Fuente Museo Gesué Pedro Noseda.


Xiphactinus, un gigantesco pez encontrado en el Cretácico de Patagonia.

La Patagonia se hizo famosa por sus gigantescos dinosaurios pero lo que la gente no imagina es que en esa época vivía también un colosal pez depredador que podía superar los 6 metros de longitud.

Investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” y de la Fundación Azara - Universidad Maimónides describieron por primera vez para Argentina el registro fósil del gigantesco pez Xiphactinus. El material descripto consiste en una vértebra abdominal y un gran fragmento de maxilar, descubierto en el año 1946 en el área geográfica circundante al Lago Coluhe Huapi en la provincia de Chubut.

Se conocen muchos ejemplares de Xiphactinus provenientes de estratos del Cretácico tardío en todo el hemisferio norte, aunque hasta la fecha, las ocurrencias equivalentes en el hemisferio sur incluyen un solo espécimen descubierto en Venezuela. Este nuevo reporte indica que Xiphactinus alcanzaba en su distribución las extremidades paleolatitudinales de nuestra Patagonia.

Xiphactinus, es un género de grandes peces teleósteos que vivieron en el Cretácico. Se le atribuyen clásicamente instintos caníbales. Su nombre significa «aleta de espada». 

Todas las especies de Xiphactinus eran peces depredadores voraces. En al menos una docena de ejemplares de X. audax se han hallado los restos de presas grandes, sin digerir o parcialmente digeridos, en el estómago.

<<Cráneo ilustrativo.

Xiphactinus medía de 4,3 hasta 6 metros de longitud. Poseía radios óseos que sobresalían del cuerpo y se introducían en las aletas para mantenerlas firmes. Controlaba su enorme cuerpo gracias a estas aletas, y de esta manera conseguía una buena maniobrabilidad para su talla, optimizando su eficacia depredadora. Sus mandíbulas tenían un gran tamaño, y pudieron funcionar a modo de tubo de succión para atrapar sus víctimas. La cabeza era chata, un poco parecida a la de un bull dog y su cola más bien fina. Fuente, Fundación Azara.


Hallan en la Antártida la piel petrificada de un pingüino que vivió en el Eoceno.

Pertenece a un animal que medía 1,8 metros de altura. Científicos del CONICET pudieron inferir la posición y densidad de las plumas.

El denominado continente blanco supo ser una región de clima templado a frío con mucha vegetación y bosques de tipo andino-patagónicos como los que hoy predominan en Tierra del Fuego. En ese ambiente de fauna diversa, los primeros pingüinos aparecieron hace unos 60 millones de años y paulatinamente se fueron convirtiendo en las aves costeras más numerosas, de ahí la enorme cantidad de fósiles que se han colectado en territorio antártico desde que comenzaron a hacerse allí exploraciones científicas.

Si bien todos los rastros hallados son valiosos y aportan información sobre la biología y ecología de tiempos remotos, de vez en cuando aparece algún material que destaca por sobre los demás y es considerado una verdadera joya paleontológica. En esta ocasión, ese lugar le corresponde al ala de un animal que no sólo conserva sus huesos y articulaciones intactas sino también, y he aquí la sorpresa, la piel.

“Único en el mundo”, enfatiza Carolina Acosta Hospitaleche, investigadora del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP), cuando habla del resto fósil que, con 43 millones de años de antigüedad, conserva la piel de un pingüino petrificada en ambos lados del ala envolviendo los huesos articulados en su posición original.

<<<Imagen ilustrativa-

“Pertenece a una especie llamada Palaeeudyptes gunnari, animales de 1,8 metros de altura que habitaron el lugar durante una época llamada Eoceno. Es la primera vez que se encuentra un material con este grado de conservación correspondiente a un ejemplar primitivo de aves que todavía existen”, relata la científica, encargada junto a colegas del estudio del fragmento colectado 2014 en el marco de la campaña de verano del Instituto Antártico Argentino (IAA, DNA), y cuya descripción acaban de publicar en la revista científica Lethaia.

Desde su hallazgo, el ala estaba guardada en la colección de vertebrados fósiles del Museo de La Plata, que con alrededor de 16 mil piezas es una de las más completas del mundo. Fue ordenando y catalogando los materiales que Martín de los Reyes, técnico del IAA con lugar de trabajo en la FCNyM, se topó con ella. “Me llamó la atención porque estaba cubierta por una costra muy particular alrededor del hueso. Cuando se lo comenté a Carolina, arrancó la investigación que nos permitió probar nuestra sospecha: era la piel mineralizada”, relata. Los análisis consistieron en observaciones con lupas binoculares para compararla con el tejido de los pingüinos actuales; y el examen de la cobertura a través de un microscopio electrónico de barrido, donde verificaron que las fibras de la dermis también están preservadas.

En el estudio comparativo con las especies actuales, los expertos hicieron foco en la densidad de los folículos o “agujeritos” donde se insertaba el plumaje. “La piel está desnuda pero no es blanda como podría ser la de una momia, sino que está fosilizada, es decir, transformada en roca”, describe Acosta Hospitaleche. Las cavidades que habrían contenido a las plumas muestran un patrón y distribución similares a los pingüinos modernos, aunque en estos últimos la concentración es mucho mayor, teniendo en cuenta que viven en aguas heladas. “Lo que nos deja ver este rastro es la adquisición temprana de características ligadas a la adaptación al frío, modificaciones que ya desde ese momento  les permitieron a estos grupos primitivos tolerar temperaturas más bajas y por ende diversificarse y dispersarse por los mares del Hemisferio Sur, donde residen hasta el presente”, concluyen.

En paralelo al trabajo de los pingüinos se reportó otra novedad científica de la Antártida, esta vez en la revista Journal of South American Earth Sciences. Se trata de dos mandíbulas pertenecientes a pelagornítidos, una familia extinta de aves marinas caracterizadas por tener pseudo o falsos dientes y de la que este nuevo hallazgo deja ver que la diversidad de especies que la formaban era aún más amplia de lo que se creía. Con diez campañas antárticas en su haber, Acosta Hospitaleche también es autora de este estudio.

<<< Imagen de Archivo.

“Hablamos de pseudodientes o dentículos porque no eran como los nuestros, con esmalte, dentina e insertos en un alvéolo, sino que se trataba de prolongaciones del hueso del pico, que se extendía y formaba esas estructuras con la misma apariencia y función de los dientes, aunque más frágiles”, relata la investigadora. Las mandíbulas descriptas en el trabajo se suman a otras encontradas en campañas anteriores, como así también a fragmentos óseos del cráneo, curiosamente todos diferentes entre sí, lo cual confirma que en la Antártida no habitó una sola especie de pelagornítido sino que coexistieron muchas y de diversos tamaños: mientras que algunos medían cuatro metros con las alas extendidas, los más grandes alcanzaban los siete metros.

También los pseudodientes, se pudo observar, variaron su tamaño con el paso del tiempo: mientras que los más primitivos medían alrededor de 2 milímetros, a medida que evolucionaban fueron creciendo, y en las mandíbulas más recientes aparecen algunas piezas de más de 1 centímetro de altura. “En realidad, los pelagornítidos existieron en todo el mundo, con un rango de aparición temporal muy amplio: desde hace 60 millones de años hasta unos 5 millones”, explica Acosta Hospitaleche, y continúa: “Eran aves planeadoras de hábitos costeros que fueron muy exitosas hasta que aparecieron los albatros y petreles, dos especies con una morfología y modos de vida muy similares, y que al ocupar el mismo nicho ecológico, que es no sólo el lugar físico sino también la función en la comunidad, los fueron desplazando hasta hacerlos desaparecer”. Fuente Conicet.


Recrean nuevos aspectos de antiguos reptiles del Triasico.

Dos investigadoras, una de ellas platense, lograron reconstruir su esqueleto a partir de los restos de cuatro ejemplares hallados en La Rioja a fines de los años sesenta

Aunque en algún momento la paleontología los relacionó con los dinosaurios, hoy se sabe que los ornitosúquidos -un grupo de reptiles que vivió hace unos 225 millones de años- fueron en realidad los que dieron origen a los cocodrilos. Referentes en el estudio de estos animales, las investigadoras Julia Brenda Desojo, de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de La Plata, y su colega Belén von Baczko, del Museo Argentino de Ciencias Naturales lograron “revivirlos” a partir de dos importantes trabajos publicados recientemente en revistas científicas de prestigio mundial.

El primero de estos trabajos, que apareció en el Journal of Vertebrate Paleontology, consiste en la reconstrucción en un 90% del esqueleto de la especie Riojasuchus tenuisceps a partir de los restos de cuatro ejemplares encontrados a fines de los ’60 en la formación Los Colorados de La Rioja.

“Eran animales terrestres de hábitos carnívoros carroñeros, es decir que comían restos de cadáveres sin ser cazadores, y cuadrúpedos aunque probablemente se paraban sobre sus patas traseras para correr. Medían alrededor de dos metros de longitud y tenían una cabeza muy particular con un hocico en forma de punta y curvado hacia abajo”, cuenta von Baczko.

<<<Imagen Archivo.

Tanto ella como Desojo sostienen que “era realmente necesaria una descripción detallada y actualizada”, ya que la única que había hasta ahora era la presentación original de la especie que hizo el paleontólogo autodidacta José Bonaparte en 1972, y desde entonces se han descubierto muchos otros reptiles.

El trabajo de las investigadores del CONICET permitió reafirmar la posición de estos reptiles entre los antepasados más antiguos de los actuales cocodrilos.

Además del Riojasuchus en Argentina se conoce una segunda especie llamada Venaticosuchus rusconii, encontrada en la Formación de Ischigualasto, también en La Rioja. A éstas sólo se les suma a nivel mundial una tercera que corresponde a un ejemplar descubierto a comienzos de 1900 en Escocia.

“Con restos fósiles aparecidos únicamente en dos países hoy tan distantes, alcanza para inferir que la dispersión geográfica de estos reptiles fue muy amplia en Pangea, el supercontinente único que se formó durante el Paleozoico y que empezó a separarse hace 250 millones de años”, señala Desojo.

<<<Imagen Archivo.

A esta hipótesis se sumó una evidencia inesperada que contribuyó precisamente a completar los huecos dentro de esta gigantesca distribución ya conocida, y sobre esto trata el segundo trabajo, publicado en Acta Paleontologica Polonica: el descubrimiento de un nuevo ejemplar de un ornitosúquido distinto a los anteriores, esta vez en Brasil. Su descubridor, el investigador de la Universidad Federal de Santa María Rodrigo Muller convocó a las científicas argentinas por su experiencia en esta fauna triásica. Además de bien preservado, el esqueleto resultó estar muy completo: hay numerosos huesos del cráneo y la mandíbula que permiten reproducir la silueta de la cabeza; varias vértebras pertenecientes al cuello, el tronco, la cadera y la cola; y las patas delanteras y una de las traseras casi íntegras.

La nueva especie recibió el nombre de Dynamosuchus collisensis, y el análisis de las relaciones de parentesco posibilitó reconocer que es muy cercana a una de las argentinas. A su vez, ambas son contemporáneas de la hallada en Escocia. “Fue una gran sorpresa y también un orgullo que nos hayan llamado para el análisis de las piezas, especialmente porque se trata de un animal del que se conocían muy poquitas especies en todo el mundo”, admiten las científicas. Fuente eldia.com


Hallan nidos fósiles de abejas del Cretácico en Chubut.

Un equipo de investigadores del CONICET reportó el hallazgo de varios nidos de abejas en un "paleosuelo" de 100 millones de años, en un yacimiento del período Cretácico Inferior ubicado en Cañadón Tronador, Chubut. Se trata de uno de los registros más antiguos de estos insectos y corresponde a una tribu actualmente existenta.

Aunque desde la filogenética molecular se considera que las abejas deben haber surgido a fines del Cretácico Inferior, hace cerca de 123 millones de años, en congruencia con la expansión de las dicotiledóneas, esta hipótesis hasta ahora no contaba con registros fósiles que pudieran respaldarla. Los restos más antiguos que habían sido descubiertos hasta ahora (de alrededor de 100 millones de años) eran controversiales y no correspondían a grupos que existan actualmente.

Recientemente, un equipo de investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) reportó el hallazgo de varios nidos de abejas que se pueden asignar a la tribu Halictini, un grupo con representantes actuales, en un paleosuelo de 100 millones de años en un yacimiento del Cretácico Inferior ubicado en Cañadón Tronador en la provincia del Chubut. El descubrimiento de una traza fósil tan antigua, característica de un grupo específico que abarca sólo algunos géneros y que tiene continuidad hoy en día, constituye una evidencia de la pronta diversificación de las abejas en el Cretácico Inferior en forma paralela a la ya acreditada para las plantas con flores. La nueva icnoespecie fue bautizada con el nombre de Cellicalichnus krausei.

“Es uno de los registros más antiguos de la existencia de abejas, pero además no plantea las controversias que suscitan otros fósiles de tipo corpóreo que tienen aproximadamente la misma edad, pero que no se corresponden con ningún grupo actual.

Una ventaja que ofrecen las trazas fósiles respecto de los restos corpóreos -sobre todo en insectos- es que se las halla siempre en su ambiente original (es decir, no transportadas) lo que permite conocer más sobre el marco en el cual vivían estas especies y discernir, incluso, cuestiones comportamentales fundamentales para distinguir, por ejemplo, si se trata de una avispa o de una abeja y ubicarlas correctamente en un árbol filogenético”, afirma Jorge Genise, investigador del CONICET, jefe de la División Icnología del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN, CONICET) y primer autor del trabajo.

Los nidos de las abejas se conservan porque estas tienen que darle a las celdillas un tapiz impermeable para que las provisiones no difundan hacia el suelo. Es este tapiz impermeable lo que las preserva después de tantos años. Los nidos de las avispas, en cambio, no se preservan porque no les resulta necesario impermeabilizar las celdillas en las que aprovisionan las presas.

Fue justamente la arquitectura de los nidos encontrados la que permitió adjudicarlos a la tribu Halictini (un grupo de abejas de lengua corta), con sus típicas celdillas unidas a túneles principales. El hallazgo, además de servir para mostrar que las abejas se co-diversificaron rápidamente con las primeras plantas con flor en el Cretácico Inferior, implicó también la posibilidad de recalibrar la filogenia de las abejas de lengua corta.

“Este nuevo hallazgo muestra que los halictinos tienen cerca de 100 millones de años, cuando en la filogenia de la que partimos consideraba que habían aparecido unos 40 millones años después. Esto coincide con lo que se conoce sobre la evolución de las dicotiledóneas. Es esperable que los polinizadores y las flores se hayan diversificado de forma conjunta y estas trazas fósiles permiten corroborarlo”, señala Pablo Dinghi, investigador del Grupo de Investigación en Filogenias Moleculares y Filogeografía de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (FCEN, UBA) y otro de los autores del artículo.

Hasta ahora se creía que la evolución de las abejas había sido más gradual, pero gracias a este descubrimiento y el recálculo de los tiempos de divergencia entre las especies, los investigadores pudieron acotar el período de su diversificación, indicando que habrían alcanzado formas más parecidas a las actuales hace cerca de 100 millones de años.

<<< Nido fósil hallado en Chubut (arriba), a la izquierda posible aspecto de la avispa.

Aunque los investigadores sabían que se trataba de un sitio del Cretácico Inferior, con la colaboración de Brian R. Jicha, investigador de la Universidad de Wisconsin (Estados Unidos), se determinó que los paleosuelos en los que se hallaron los nidos tenían exactamente 100 millones de años. Además, gracias al trabajo de un grupo de geólogos a cargo de Eduardo Bellosi, investigador del CONICET en el MACN, se pudo establecer las condiciones del ambiente en que estas abejas vivían.

“Hicimos una análisis de los paleosuelos en el que encontramos los nidos y los estudiamos de forma micro y macroscópica para poder inferir cómo era el paisaje en aquel momento. La zona era un valle fluvial en el que eran frecuentes los desbordes y en el que además ocurrían lluvias de cenizas provenientes de los volcanes que se encontraban en la antigua cordillera patagónica. La vegetación era predominantemente herbácea y arbustiva con poco follaje y el clima era de cálido a templado y entre semiárido y subhúmedo”, resume el geólogo.

Los científicos indican que conocer más sobre la historia evolutiva de las abejas resulta clave para entender mejor los ecosistemas del presente y cómo se los puede preservar. Fuente: CONICET


El fósil de bambú más antiguo de la Patagonia resulta ser una conífera.

Una rama frondosa fosilizada del Eoceno temprano en la Patagonia descrita en 1941 todavía se cita a menudo como el fósil de bambú más antiguo y la principal evidencia fósil de un origen de bambúes de Gondwan. Sin embargo, un examen reciente realizado por el Dr. Peter Wilf de la Universidad Estatal de Pensilvania reveló la naturaleza real de Chusquea oxyphylla. Los hallazgos recientes, publicados en el artículo en la revista de acceso abierto Phytokeys, muestran que en realidad es una conífera.

 La identificación corregida es significativa porque el fósil en cuestión era el único macrofósil de bambú que todavía se consideraba desde el antiguo supercontinente meridional de Gondwana. La evidencia de microfósiles más antigua para el bambú en el hemisferio norte pertenece al Eoceno medio, mientras que otros fósiles sudamericanos no son más antiguos que el plioceno.

 En las últimas décadas, algunos autores han dudado si el fósil patagónico era realmente una especie de bambú o incluso una hierba. Pero a pesar de su importancia general, nunca se publicaron reexaminaciones modernas del espécimen original. La mayoría de los científicos que lo mencionaron tuvieron la oportunidad de estudiar solo una fotografía encontrada en la publicación original de 1941 por los famosos botánicos argentinos Joaquín Frenguelli y Lorenzo Parodi.

 En su reciente estudio del espécimen holotipo en el Museo de La Plata, Argentina, el Dr. Peter Wilf reveló que el fósil no se parece a los miembros del género Chusquea ni a ningún otro bambú.

 "No hay evidencia de nodos, vainas o lígulas de tipo bambú. Las áreas que pueden parecerse a las características de bambú consisten solo en los puntos de partida rotos de las bases de las hojas que divergen de la ramita. Las hojas decurrentes y muy juntas son muy diferentes de las hojas característicamente pseudopetioladas. de bambúes, y las bases de hoja libre heterofacialmente retorcidas no se encuentran en ningún bambú o hierba ", escribió el Dr. Wilf.

En cambio, Wilf vinculó el holotipo con los fósiles recientemente descritos del género de coníferas Retrophyllum del mismo sitio fósil, el prolífico lecho de lagos fósiles Laguna del Hunco en la provincia de Chubut, Argentina. Coincide precisamente con la forma de follaje fósil difícil de Retrophyllum spiralifolium, que se describió en base a un gran conjunto de datos: un conjunto de 82 especímenes recolectados tanto de la Laguna del Hunco como del sitio Eoceno medio temprano del río Pichileufú en la provincia de Río Negro.

Retrophyllum es un género de seis especies vivas de coníferas de la selva tropical. Su hábitat se encuentra tanto en el Neotrópico como en el Pacífico occidental tropical.

La evidencia reunida confirma firmemente que Chusquea oxyphylla no tiene nada en común con los bambúes. Por lo tanto, requiere cambiar el nombre. Preservando la prioridad del nombre anterior, Wilf combinó Chusquea oxyphylla y Retrophyllum spiralifolium en Retrophyllum oxyphyllum.

La exclusión de un género de bambú vivo del Nuevo Mundo de la lista floral general para la Patagonia del Eoceno debilita la señal biogeográfica del Nuevo Mundo de la vegetación de Gondwanan tardío de América del Sur, que ya mostró vínculos mucho más fuertes con las floras vivas del Pacífico occidental tropical.

La señal más fuerte del Nuevo Mundo que queda en la Patagonia del Eoceno basada en macrofósiles bien descritos proviene de los frutos fósiles de Physalis (un género de plantas con flores que incluyen tomatillos y cerezas molidas), que es un género completamente estadounidense, concluye el Dr. Wilf. (Fuente: DICYT) Foto;  El holotipo de la especie Retrophyllum oxyphyllum, anteriormente considerado el bambú más antiguo conocido. (Foto: Peter Wilf)


Descubren restos de una playa marina en el Holoceno de San Pedro.

Es una acumulación de moluscos y vertebrados cuya antigüedad permitiría relacionarla con el diluvio bíblico

Un tramo de cordón marino costero de una ingresión del mar que cubrió el norte de Buenos Aires entre 7500 y 4.000 años atrás, fue descubierto al Este de la ciudad de San Pedro, en provincia de Buenos Aires. El equipo del Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres” fue alertado por personal del establecimiento donde aparecieron los restos mientras se realizaban tareas rurales en una zona conocida como Bajo del Tala.

El campo donde sucedió el hallazgo es propiedad de la familia Spósito y está ubicado a unos 10 km de la pintoresca ciudad bonaerense. Marcelo Zurita es uno de los puesteros del lugar y fue quien comentó al grupo del Museo que estaban “apareciendo caracoles” en el sedimento removido por una excavadora.

De inmediato, un equipo del museo conformado por José L. Aguilar, Julio Simonini, Matías Swistun, Javier Saucedo, Bruno Rolfo, Fernando Chiodini y David y Germán Tettamanti, se movilizaron hasta el lugar.  La sorpresa fue mayúscula al ver la gran concentración de material correspondiente al avance del mar sobre la zona ocurrido durante el Holoceno. Se recolectaron decenas de ejemplares de conchillas del género Erodona y numerosos ejemplares de Heleobia australis, un pequeñísimo caracol de 7 mm de longitud, así como ostras y almejas junto a caracoles de agua dulce acumulados por el antiguo oleaje.

Según apreciaciones del Dr. Eduardo Tonni, Profesor Emérito de la Universidad de La Plata y prestigioso paleoclimatólogo argentino, “tanto Heleobia australis como Erodona no son indicadores marinos netos, sino de ambientes de mezcla de aguas, es decir estuariales.

La presencia de estos moluscos a la altura de San Pedro indican, para aquel período, un incremento estuarial, es decir, de penetración y mezcla de aguas marinas mucho más allá de donde llegan en la actualidad. Actualmente las aguas marinas, más densas, pueden penetrar por debajo de las dulces hasta la altura de la ciudad de Buenos Aires. Condiciones similares a éstas  se dan actualmente a la altura de Punta Indio, en la zona de Bahía Samborombón”.     <<<Imagen de archivo.

Con el avance de los muestreos de campo, en el equipo del Museo de San Pedro comenzaron a comprender que habían descubierto un cordón marino costero de unos 30 metros de ancho que se había depositado al pie de un antiguo acantilado que hoy no es otra cosa que las altas barrancas de la zona.

La rompiente de aquella antigua playa, al agitarse con los vientos, había depositado contra la barranca restos de fauna acuática pero también de vertebrados y plantas que vivían en la costa de aquel ecosistema. Bancos de conchillas, caracoles, ostras, fragmentos de peces, cáscaras de huevos de ñandú, huesos de roedores, partes de ciervos y, como si fuera poco…madera, espinas y hasta algunas semillas. Toda una acumulación de materiales animales y vegetales cuya antigüedad se estima en unos 5.000 años.

En definitiva, es un conjunto de materiales de diferentes épocas y ambientes que fueron acumulados por acción y erosión de aquel estuario que dominó toda la región durante un lapso importante de tiempo, depositándolos al pie del antiguo acantilado que no es otra cosa que la actual barranca de la zona norte de la provincia.

Sin saberlo, la excavadora expuso restos de tres momentos de la prehistoria de la zona. El equipo del Museo de San Pedro logró identificar y clasificar tres niveles desde donde provenían los elementos recuperados. El nivel más profundo, ubicado a unos dos metros y medio bajo el suelo actual, preserva los restos claros de la ingresión del mar en la zona. Mucha arenilla, moluscos y el cordón costero con la acumulación de restos provienen de esa capa de suelo cuya antigüedad se estima en unos 5.000 años.

 <<<Imagen de archivo.

Por encima de ésta se encuentra un nivel medio formado por un sedimento oscuro, casi sin arena, pero todavía con muchas conchillas y caracoles. Corresponde a un período en el que la ingresión se había retirado, el humedal recuperaba su lugar y se volvían a depositar los barros aportados por las crecidas del Paraná sobre los restos que habían quedado de la ingresión marina que se retiraba. En esta capa se preservaron muchos restos de madera.

El nivel más moderno ya no posee moluscos, es de color negro y en él aparecieron restos de ciervos de los pantanos, algunos restos de peces y algunos escasos fragmentos de alfarería. Según trabajos anteriores, este nivel se podría haber formado hace unos 1.000 años.

En este nivel se logró descubrir un asta de ciervo que presenta llamativas y numerosas marcas de “cortes” en uno de sus lados.

Al respecto, el Dr. Daniel Loponte, arqueólogo e investigador del CONICET, opina que “Las evidencias paleontológicas y arqueológicas que tenemos del Holoceno medio para el Delta del Paraná son muy escasas, y por ello se debe resaltar la importancia de este nuevo registro descubierto en el área. Si bien se deben analizar con profundidad los artefactos hallados, la recuperación de astas modificadas en los niveles superiores, que son  similares a las obtenidas en el nivel pre-cerámico del sitio Isla Lechiguanas I, fechado en 2300 años, son un dato sumamente importante, y se podría estar en presencia de un registro arqueológico inmediatamente posterior a la ingresión marina, fecha para la cual carecemos de todo dato acerca de las poblaciones humanas que vivieron en la región.” . Fuente; Museo Paleontológico de San Pedro.


Hallan cuatro gliptodontes juntos, en el Pleistoceno de Bolívar.

Se trata del primer hallazgo de esta cantidad de animales todos juntos en las pampas, se estima que su cronología es de 20.000 años aproximadamente, antes de la llegada de los primeros grupos humanos a la región.

Un equipo de profesionales de la arqueología y la paleontología perteneciente al Instituto de Investigaciones del Cuaternario Pampeano (INCUAPA – CONICET) con sede en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNICEN trabajan en la extracción de restos de caparazones de cuatro gliptodontes que fueron hallados en el lecho del arroyo Salado, que descarga sus aguas en la Laguna San Luis, del partido de Bolívar.

<<<Cuatro coraza y colas de Gliptodontes hallados en Bolivar.

Se trata del Lic. José Luis Prado, el Dr. Ricardo Bonini (ambos paleontólogos), el Dr. Pablo Messineo, el Dr. Manuel Carrera Aizpitarte, el Dr. Julio Merlo, el Lic Jonathan Bellinzoni (arqueólogos) y el Tec. Juan Manuel Capuano, quienes llevan adelante las tareas en el lugar.

El equipo de docentes de la Facultad de Ciencias Sociales e investigadores del INCUAPA – CONICET, fueron convocados para el rescate por la Municipalidad de Bolívar, tras el hallazgo por parte de un lugareño, que informó al municipio de la situación.

“En una primera visita yo (Messineo) y Ricardo Bonini fuimos a constatar la presencia de unos fósiles que al parecer eran dos gliptodontes pero cuando empezó el rescate detectamos dos caparazones más”, indicó el Dr. Pablo Messineo, quien tiene permiso de investigación en la zona del hallazgo desde el 2011. De acuerdo a las primeras apreciaciones, los restos corresponderían a la familia `Glyptodontidae´, un animal de gran tamaño que habitó los pastizales pampeanos, que pesaron 800 kilos y de un metro y medio de largo, en promedio. 

<<<<Archivo. Recreación paleoartistica de Daniel Boh.

Si bien aún no culminaron las tareas de rescate, los investigadores indicaron que los restos fósiles están “en sedimento del Pleistoceno final y la cronología estimadas es de 20.000 años o más, antes de la llegada de los primeros grupos humanos a la región”, según sostuvo Messineo. Estos indicios permiten determinar que la muerte de los animales se debió a causas naturales como puede ser el empantanamiento en un bajo o cuerpo de agua. “Lo relevante del hallazgo es que son cuatro gliptodontes y esto representa el primer registro de esta cantidad de animales todo juntos en las pampas” manifestó el investigador.

El proceso de rescate continuará con la extracción de los fósiles y su posterior traslado a un espacio designado por el municipio local, donde se realizarán las tareas de limpieza, conservación y puesta en valor. Estas tareas demandarán tiempo ya que el equipo de investigadores deberá trabajar de manera minuciosa y detallada para su preservación y futura exposición al público.  Ilustración Daniel Boh. Fuente; unicen.edu.ar


José Bonaparte, el adiós a uno de los paleontólogos que más dinosaurios descubrió en la historia.

A los 91 años falleció Bonaparte, investigador autodidacta que revolucionó la disciplina en Argentina. Cuál es su legado, qué dicen los principales referentes.

Nació en Rosario en 1928 y pronto se mudó a Mercedes –a 96 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires–. La localidad sirvió de cuna y escenario principal para un apasionado por los fósiles, un fanático desde el principio y hasta el final. Bonaparte elaboró catálogos enteros con hallazgos que protagonizó a lo largo de su vida de manera descollante. Según reconocen quienes le siguieron el paso de cerca “era una máquina que nunca cesaba de picar y palear rocas”.

A pesar de que originalmente no pertenecía al ámbito académico –no cursó ninguna carrera ni jamás ingresó al sistema universitario formal– de joven, sus trabajos se destacaban tanto que las instituciones científicas comenzaron a abrirle las puertas de par en par. En los 50’s fue convocado por el biólogo Osvaldo Reig –otro prócer– para formar parte del staff de la Fundación Miguel Lillo en Tucumán. Primero se desempeñó como técnico, más tarde participó de investigaciones, hasta que en un momento –casi sin advertirlo– comenzó a liderarlas. Ingresó en el mundillo paleontológico hasta que lo dominó por completo. Tozudo, disciplinado, talentoso, dueño de un carácter fuerte que muchas veces le trajo complicaciones con sus colegas. Todo eso por separado y todo eso junto fue José Bonaparte, el hombre que siguió el rastro de los fósiles con perspicacia detectivesca.

Su presencia marcó un antes y un después para la paleontología. Y, aunque a veces sea justo desconfiar de los relatos fundacionales, lo de Bonaparte –a todas luces– implicó un punto de inflexión para la ciencia que estudia el pasado de la vida en la Tierra a través de fósiles. “Los dinosaurios descubiertos en Argentina son noticia en todo el mundo. Puedo asegurarte que ello no sería así si José no hubiese existido. Fue el pionero y gestor principal de la paleontología. Tradicionalmente, la disciplina estaba dominada por antecedentes de mamíferos; la información disponible sobre los dinosaurios era casi nula. Durante los 70’s y los 80’s realizó grandes descubrimientos sobre muchas especies que habitaron Sudamérica”, señala Diego Pol, uno de sus tantos discípulos e investigador Principal de Conicet en el Museo Egidio Feruglio.

<<<José Bonaparte, junto a restos fósiles de chubutusaurus.

“Sin lugar a dudas fue el gran paleontólogo del Mesozoico de América del Sur, la edad de oro de los reptiles; el equivalente de lo que significó Ameghino para el Cenozoico y el esplendor de los mamíferos en la región. Sus descubrimientos e interpretaciones han tenido un impacto en la comprensión de la evolución de los vertebrados. Sus trabajos tuvieron una verdadera trascendencia internacional; muchos de los conceptos que creó todavía son operativos y siguen vigentes”, apunta Fernando Novas, doctor en Ciencias Naturales e investigador Principal del Conicet. Sus hallazgos no solo marcaron un hito a nivel doméstico sino también se destacaron en todo el hemisferio sur. “Si bien la comunidad científica tenía buena información sobre lo que había acontecido a nivel mundial, Bonaparte fue el responsable de colocar en el mapa lo que había sucedido en esta parte del mundo.

Así evidenció que la historia en el sur había sido muy diferente respecto de lo que había pasado con estos grandes reptiles en el norte”, plantea Pol. Previo a sus aportes, las contribuciones habían sido minúsculas por estas geografías. No había prácticamente datos sobre el derrotero que habían tenido estas bestias gigantes en continentes enteros como el americano. Y eso, por supuesto, dejaba a la vista un vacío enorme. “Realizó un intenso trabajo en el escritorio pero sobre todo en el campo. Era un tractor, tenía una capacidad asombrosa. Supo rodearse de gente muy trabajadora, primero en Tucumán desde donde realizó sus primeros pasos en los 50’s, así como también en Buenos Aires”, dice Novas.

Desde este punto de vista, Bonaparte operó como una muestra del modo en que pueden articularse ciencia y soberanía. En concreto, a partir de sus experiencias y sus resultados en las campañas fue posible afirmar que “nosotros, los sudamericanos, también tenemos nuestros dinosaurios, tenemos nuestra historia”, expresa Pol y continúa: “Muchos de los que descubrió eran grupos directamente desconocidos, únicos de esta región. Inauguró un concepto biogeográfico al apuntar que la fauna del sur era muy diferente de la del norte, que tenía sus propias características, sus peculiaridades”. 

<<<José Bonaparte en el MACN.

De esta forma ya no fue posible –ni recomendable– extrapolar los modelos de estudio que imperaban en las naciones centrales; pues, el aislamiento que existió entre ambos hemisferios fue muy temprano y, producto de ello, las faunas de uno y otro escenario continuaron caminos evolutivos muy diferentes a partir de la separación de Pangea en Laurasia y Gondwana.

En sus decenas y decenas de campañas realizó innumerables bautismos. Sin embargo, en la vitrina de sus principales hallazgos se ubican el Carnotaurus, el Amargasaurus y el Argentinosaurus, íconos que representan linajes completamente diferentes a los que hasta ese momento se habían develado y, por lo tanto, sentaron auténticos precedentes. “Fueron emblemáticos porque tenían características únicas: durante muchos años el Carnotaurus fue el único carnívoro con cuernos hallado; el Amargasaurus, saurópodo, un herbívoro de grandes espinas en el lomo que fue vinculado, rápidamente, a una especie conocida de África y permitió trazar nuevos paralelismos entre los ejemplares de diferentes continentes que en el pasado conformaban Gondwana. Y el Argentinosaurus fue el primer gigante que se encontró e inauguró esa característica de gigantismo que luego destacaría a la Patagonia de hace unos 100 millones de años”, describe Pol.

Además de un trabajo descollante en el campo, se encargó de formar a una gran cantidad de discípulos. De hecho, los grandes paleontólogos actuales crecieron en sus carreras con Bonaparte como guía. Diego Pol era voluntario, apenas un joven de 18 años, cuando dio sus primeros pasos en la disciplina y conoció al maestro. “Gran parte de los especialistas en reptiles que hoy tiene el país pasaron por Bonaparte. Lo conocí cuando era todavía estudiante de colegio secundario. Era voluntario en el Museo Argentino de Ciencias Naturales (CABA) y él era el jefe del área de Paleontología de vertebrados. Inicié mis pasos en la investigación y preparé mis primeros fósiles.

Sin dudas, ha tenido una influencia muy grande en relación a la cantidad de gente que, aunque provenía desde diferentes ámbitos, vinculó a la temática. Era muy abierto a que participasen todos los que estaban verdaderamente interesados”, detalla Pol.

Y esta situación se conecta de modo directo con su historia: Bonaparte ejerció como autodidacta durante toda su vida. No cursó ninguna carrera y, sin embargo, llegó a ser reconocido con el título de doctor honoris causa por la Universidad Nacional del Comahue en 2011. “Su legado es enorme”, comenta Novas y remata: “Hay instituciones enteras que crecieron gracias a sus aportes, como el Instituto Miguel Lillo que cuenta con una colección impresionante de fósiles. Muchos fueron preparados por sus propias manos, ya que actuó como técnico. No diré que la paleontología argentina ha perdido con su fallecimiento sino todo lo contrario: ha ganado con la vida de un tipo realmente apasionado por lo que hacía”. Fuente Pablo Esteban. Página 12.


Tralkasaurus cuyi, un nuevo  dinosaurio carnívoro de Cretácico de Patagonia.

Investigadores confirmaron el descubrimiento de una nueva especie de dinosaurio, bautizada como Tralkasaurus cuyi. Del tipo carnívoro, sus restos fueron recuperados en una zona próxima al Embalse Ezequiel Ramos Mejía, del lado rionegrino, en lo que corresponde a la meseta de El Cuy. De allí deriva su segundo nombre. En mapudungun, la denominación completa significa “Reptil Trueno”.

Según lo describieron, el Tralkasaurus cuyi pertenece al grupo de los terópodos abelisáuridos y su contextura fue mucho más pequeña que los carnívoros de ese tipo conocidos hasta ahora: medía cuatro metros de longitud, mientras que los otros alcanzan entre siete y once metros.

<<<Fragmento de maxilar de Tralkasaurus cuyi. Prensa.

Este hallazgo "revela que ese grupo abarcaba un nicho ecológico mucho más amplio de lo que se pensaba”, aseguró Mauricio Cerroni, autor principal del estudio publicado en la revista Journal of South American Earth Sciences.

Para reconstruir su estructura y rasgos, los trabajadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) y del CONICET contaron con restos puntuales:
- del cráneo se encontró el hueso maxilar que forma parte del hocico, el cual aun preserva los dientes;
- costillas cervicales, que salen del cuello y son muy largas, por lo que se piensa que son tendones que se fosilizaron;
- parte del espinazo de la cadera y de la cola.

<<<Aspecto de Tralkasaurus cuyi. ilustración Sebastián Rozadilla.

A su vez, destacó que “hay un elemento que sostiene a la costilla que es muy delgado, algo que nunca se ha visto en ningún otro grupo de carnívoros”.

El equipo de trabajo estuvo integrado también por los investigadores Matías Motta, Alexis Aranciaga Rolando, Federico Brissón Egli y Fernando Novas. Fuente Rió Negro.


Hallazgo de científicos argentinos podrían responder dudas sobre la extinción de los dinosaurios.

Se trató del descubrimiento de especies de flora y fauna en un área de fósiles donde también se terminaron de encontrar huesos del Nullotitan Glaciaris, uno de los dinosaurios patagónicos.

Un equipo de científicos argentinos anunció el hallazgo de un ecosistema diverso dentro de un yacimiento paleontológico en la provincia de Santa Cruz, cuyo estudio y análisis podría aportar a la ciencia mayores detalles sobre la extinción de los dinosaurios. 

Se trató del descubrimiento de especies de flora y fauna en un área de fósiles donde también se terminaron de encontrar los huesos del Nullotitan Glaciaris, uno de los dinosaurios del sur patagónico que data de la era mesozoica, hace unos 66 millones de años. A unos 5 kilómetros del glaciar Perito Moreno, dos expediciones de paleontólogos argentinos encontraron fósiles de mamíferos, aves y anfibios junto a plantas modernas y polen, todos éstos hoy estudiados en los laboratorios del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia de la ciudad de Buenos Aires.

"Por primera vez tenemos vestigios de fauna y flora que convivieron juntas en un mismo ecosistema justo antes de que cayera el meteorito", explicó Federico Agnolin, miembro del equipo. Esta circunstancia, agregó, "es interesante porque permite saber qué ecosistema existió previo a la extinción de los dinosaurios, y también qué animales van a sobrevivir a esta extinción y por qué los dinosarios no. 

El equipo encontró restos de sapos, serpientes, tortugas, caracoles de agua dulce y vértebras de posibles mamíferos. Actualmente todas las muestras son analizadas por un equipo interdisciplinario conformado por integrantes del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la Fundación de Historia Natural Félix de Azara.

 "Entre esos animales pequeños es donde, realmente, hay muchas novedades, estos animales nos pueden dar las grandes sorpresas y son los que nos ayudan a entender ese ecosistema... también tomamos muestras de plantas y de polen para saber qué tipo de vegetales existían en la zona y determinar cuáles sobrevivieron y cuáles no", continuó Agnolin, investigador del CONICET, al ser entrevistado por Xinhua News.  Fuente; Perfil.com


Hallan fósiles en Miramar de Carcharodon carcharias, un Tiburón blanco.

Identifican los primeros restos fósiles bonaerenses de un Tiburón blanco prehistórico de unos 10 mil años antes del presente. Fueron hallados casualmente por dos vecinos de la ciudad balnearia.

El tiburón blanco es la especie de pez más afamada por ser uno de los depredadores marinos con una contextura imponente y contar con un prontuario extenso de ataques a seres humanos. Sin dudas es una de las especies más grandes de tiburones, alcanzando los 6 metros de longitud.

Un peculiar y casual hallazgo paleontológico realizado por dos vecinos en la ciudad balnearia de Miramar, demuestra la presencia de este curioso depredador marino a partir de fósiles identificados recientemente. Los fósiles tendrían una antigüedad cercana a los 10 mil años.

El tiburón blanco, es una especie rara vez registrada en el mar argentino. Hace unos días fue identificado en el registro paleontológico de la ciudad de Miramar, a partir de dos dientes depositados en las colecciones científicas del Museo de Ciencias Naturales de esa ciudad, ubicada a unos 450 kilómetros de Buenos Aires.

Hace unos años, dos vecinos de la localidad los encontraron mientras  juntaban caracoles en la playa. En ocasiones aparecen fósiles desplazados o rodados en nuestra costa, pero estos restos marcaron la diferencia. “De forma separada en distancia y tiempo, se recuperaron los dientes que muestran un importante proceso de fosilización. Los materiales en cuestión fueron llevados al Museo Municipal de Miramar, y quedaron guardados en un cajón durante unos años” comento Daniel Boh, titular del museo local.

El primer diente, fue encontrado por José Puente en las playas ubicadas en el bosque del vivero dunicola, y el segundo, fue descubierto por Miguel Babarro y procede de la localidad vecina de Mar del Sud, distante a unos 15 kilómetros al sur de Miramar.

Pasaron varios años, hasta que Mariano Magnussen del Laboratorio Paleontológico del nuevo museo miramarense, noto la importancia del hallazgo mientras revisaba cientos de fósiles depositados en las colecciones. Junto a Federico Agnolin (Museo Argentino de Ciencias Naturales, Conicet, Fundación Azara y Universidad Maimonides) realizaron las primeras observaciones sobre los mismos, y desarrollaron algunas hipótesis sobre su origen, ya que en varios sectores de las playas locales suelen aparecer restos fósiles de ballenas, caracoles y erizos que estarían vinculados con los ambientes donde vivian estos tiburones prehistóricos.

Posteriormente, Sergio Bogan (Fundación Azara y Universidad Maimonides) consulto la colección fósiles de esta institución y observo estos dientes, identificándolos de inmediato como los de un Carcharodon carcharias, popularmente conocido como tiburón blanco. “Si bien presentan erosión se trata de dos excelentes piezas fósiles, uno de ellos de la mandíbula superior y el otro de la inferior”, sostuvo Sergio Bogan, y agrego “Se trata de los primeros restos fósiles de esta especie descubiertos en este sector de la costa bonarense”, “El tiburón blanco en la actualidad es sumamente inusual en nuestras costas … y este hallazgo refuerza el modelo paleontológico previamente propuesto, donde la especie era mucho más abundante en el pasado reciente de nuestro mar”.

Al ser consultado, Mariano Magnussen enfatizo que; “Miramar es uno de los pocos lugares del mundo, donde tenemos registros paleontológicos, arqueológicos e incluso históricos de la presencia del Carcharodon carcharias”. 

Hace unos años, un equipo de arqueólogos del Museo de La Plata, recuperaron dientes de esta especie con una antigüedad de 3 mil años en el sitio Nutria Mansa.

Estos materiales fueron utilizados como pendientes y utensilios de corte por los pueblos indígenas que vivieron en el lugar. Además en 1954, justamente en los balnearios céntricos de Miramar, un tiburón blanco ataco a un joven nadador, siendo este el único registro de ataque de tiburón en Argentina hasta este momento.

Es de destacar la participación y debida conciencia de ambos vecinos en acercarse al museo y dejar las muestras a disposición de la ciencia. Todos los fósiles y yacimientos están protegidos por la ley 25.743/03 y por la ordenanza municipal 248/88 donde el estado provincial (a través del Centro de Registro del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico) tiene jurisdicción ante estos temas de recuperación de fósiles. Los fósiles son patrimonio de todos, y resultan materia de fascinación para los visitantes de los Museos y una fuente de constante de información para conocer el pasado de nuestra región. Es sumamente importante preservarlos entre todos.


Mimetaster florestaensis, un nuevo marrellomorfo fue descubierto en Salta.

En la sierra de Mojotoro (provincia de Salta) fue hallado recientemente el fósil de un animal perteneciente a un grupo de artrópodos con un registro muy pobre, los marrellomorfos. Los restos fósiles pertenecen a una nueva especie, bautizada con el nombre de Mimetaster florestaensis, y corresponden al Tremadociano (Ordovícico) de Argentina. Noroeste Salvaje dialogó con la paleontóloga de la UNSa (Universidad Nacional de Salta) Josefina Aris, quien comunicó el hallazgo, junto a quien encontrara los restos, en el Congreso Geológico Argentino celebrado en Córdoba en 2014, y una de las autoras del artículo científico con la primera descripción de la especie, publicado en 2017.

Lo que se encontró es una fauna a la que los paleontólogos llamamos “Tipo Burgess Shale”. Este tipo de fauna tiene una gran importancia ya que consiste en especies que aportan una gran cantidad de información desde diferentes puntos de vista; especialmente aportan elementos que permiten dimensionar la magnitud de lo que fue la Radiación Ordovícica. En nuestro caso, se trata de marrellomorfos, artrópodos, poríferos y conularias, entre otros.

Entre las especies halladas, una de las más importantes pertenece al grupo de los marrellomorfos que son artrópodos no trilobites que habitaban en el fondo marino. La especie salteña está emparentada con otra del género Mimetaster que procede de rocas devónicas de Alemania. De manera que la denominamos Mimetaster florestaensis. El nombre específico hace referencia al lugar de procedencia del ejemplar que es la Formación Floresta.

El fósil fue hallado en la Formación Floresta de la sierra de Mojotoro, que es la cadena montañosa que se encuentra al este de la ciudad de Salta. Las rocas que componen esta formación corresponden a un ambiente marino antiguo en el que las olas y tormentas tenían una gran influencia en la dinámica ambiental. Esas rocas fueron alguna vez el fondo del mar, una de las tantas veces que en Salta hubo mar. Luego el mar se retiró, ese sedimento se consolidó y transformó en roca para, finalmente, elevarse como montañas gracias a los procesos tectónicos intervinientes. Estamos hablando de rocas de 480 millones de años aproximadamente.

El ejemplar fue hallado por un alumno de la carrera de Geología de la UNSa (Universidad Nacional de Salta) en una salida de campo de la materia Paleontología. Su descubrimiento le valió la comunicación del hallazgo, en coautoría con la suscrita, en el Congreso Geológico Argentino celebrado en Córdoba en el año 2014. Posteriormente, se publicó la descripción completa de la especie con sus implicancias filogenéticas y paleobiogeográficas en una revista internacional.

Los marrellomorfos son un grupo de artrópodos no trilobites marinos. Se originaron en el Cámbrico (hace 541 millones de años) y el último registro data del Devónico (383 millones de años). Su cuerpo estaba aplanado en sentido dorso-ventral lo que significa que habitaban los fondos marinos con probables incursiones nectónicas7. Tenían el cuerpo segmentado con importantes escudos cefálicos de diferentes tamaños y formas.

El hallazgo de Mimetaster florestaensis es muy importante por varias razones. En primer lugar, se trata de la primera cita de este tipo de artrópodos para Argentina y Sudamérica, lo que completa el registro del grupo a nivel mundial, ya que faltaba encontrarlo en Sudamérica; por otra parte, a lo anterior se le suma el hecho que se trata de una nueva especie, lo que incrementa el número de especies del grupo de los marrellomorfos; además, se pudieron establecer relaciones de parentesco de M. florestaensis con otras especies de otras partes de mundo; y finalmente es importante señalar que esas relaciones de parentesco establecidas fueron nuevas evidencias paleobiogeográficas. Específicamente, la unión de la placa sudamericana con la africana en un supercontinente llamado Gondwana, que tenía una posición más austral que la que tienen esas placas en la actualidad que, además, están separadas. Fuente: noroestesalvaje.com.ar


Hallan fósil de oftalmosaurio, un reptil marino que vivió en Zapala, Neuquén.

Neuquén no deja de sorprender a los científicos con su riqueza paleontológica. Investigadores del CONICET anunciaron esta semana el hallazgo en Zapala de restos de un ejemplar de un reptil terrestre que se adaptó a la vida marina hace 150 millones de años. Se trata de un oftalmosaurio perteneciente a un grupo de reptiles denominados ictiosaurios.

La pieza encontrada arroja pistas de altísimo valor científico que explican cómo estos animales fueron modificando su cuerpo a lo largo del tiempo para poder alimentarse en las profundidades del mar que en ese momento cubría la zona urbana y rural de la actual Zapala.

Según señaló el CONICET, recientemente investigadores del organismo que se desempeñan en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata reportaron el hallazgo del cráneo, huesos del oído interno y el miembro anterior derecho de un ejemplar de oftalmosaurio que vivió hace unos 150 millones de años en cercanías de lo que hoy es la ciudad de Zapala. La novedad se acaba de publicar en la revista Zoological Journal of the Linnean Society donde se precisan las características del animal.

“El cráneo hallado mide alrededor de medio metro. Estimamos que este animal debe haber tenido unos sesenta y cinco centímetros desde la zona occipital hasta la punta de la trompa, y un cuerpo de dos a tres metros de largo”, señaló el becario del CONICET Lisandro Campos, primer autor del trabajo.

El científico remarcó que se trata de “un tamaño discreto si consideramos que su familia alcanzó dimensiones de ocho a diez metros”.

El CONICET explicó que más allá del hallazgo del material en sí, una de las particularidades del trabajo radica en el método utilizado para su estudio posterior. Valiéndose de tomografías computadas y utilizando un software especial, los expertos pudieron diferenciar digitalmente los huesos del sedimento adherido a ellos. Los científicos del CONICET estiman que el tamaño de los oftalmosaurios era de aproximadamente 10 metros de longitud.

<<<Ilustrativo.

Los ictiosaurios fueron un grupo de reptiles, entre los que se encontraba el oftalmosaurio, que forman parte de lo que se considera el paradigma de adaptación al medio marino de los tetrápodos, es decir los vertebrados terrestres con dos pares de extremidades, señaló el CONICET. Se estima que estas especies se desplazaban con sus cuatro patas sobre la tierra, a lo largo de su extensa historia evolutiva que comenzó en los albores del período Triásico hace 250 millones de años. Fuente; www.lmneuquen.com

 

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